Hola, les traigo un nuevo capítulo, disculpen la tardanza, espero y lo disfruten así como yo disfruto escribirlo.

Ningún personaje me pertenece, y no gano nada a cambio.

Gracias a todos los que siguen está historia.

4.- Sueños.

Estaba sentado en un banquillo, no sabía exactamente qué era lo que buscaba, sentía una extraña sensación, algún lugar conocido pero del cual no podía recordar el nombre. Alguna mala jugada de su cabeza, no sabía exactamente qué sucedía, pero sus preguntas fueron reemplazadas por un nudo en la garganta, la emoción inundo sus sentidos, una sonrisa de formó de manera temblorosa en su rostro, lo que observaban sus ojos tenía que ser una de las cosas más hermosas que podía existir, se acercaba con una gran sonrisa, el bultito envuelto en una mantita infantil, reposaba en sus brazos. No pudo contenerse y se levantó para aproximarse a su encuentro.

-Aún me cuesta trabajo creerlo – dijo el peliblanco, parándose frente a ella.

- Pues acostumbrate – estiro los brazos sosteniendo con cuidado al bebé – Adelante, esta inquieto y quiere que lo cargues – Jiraiya lo sostuvo con cuidado y el niño dejo de moverse, estiro su manita para sostener el dedo del hombre, y una vez con seguido cerró los ojos.

- Yo soy su padre y solo con usted deja de llorar– Un hombre de cabellos amarillos se acercó tras la mujer pelirroja – No hay nadie como usted para que sea su padrino.

- Minato, ¿Estas seguro de lo que estás diciendo? – El Sabio lo miraba sorprendido, mientras que el pequeño, apretaba el dedo que sostenía de aquel hombre.

- Jiraiya-sensei – interrumpió Kushina con una sonrisa – Él te escogió, le agradas, - Jiraiya la observaba con incredulidad – además, Naruto es un lindo nombre y nosotros le pedimos si podíamos utilizarlo. – Minato tomo a su esposa con los hombros mientras asentía con una sonrisa. El Sannin sintió sus mejillas húmedas, tal vez producto de la emoción contenida, pero más que desahogar el nudo de su garganta, la humedad empezó a ser molesta, cerró los hijos con fuerza y los abrió. Su visión cambio por completo, pues el trasero de un sapo era lo que tenía enfrente, aquel sapo lo había orinado, haciendo que se enfureciera y se levantará de golpe.

-¡¿Y ahora qué?! – grito molesto el Sannin, se había sentado bruscamente y con la mano se quitó los rastros de orina, observó al sapo que traía en su espalda un pequeño pergamino, lo tomo con brusquedad y procedió a darle lectura.

-Ya veo – murmuró – tenia excelente vista pero tengo que regresar – dejo el pergamino a un lado y después de una visita al baño, para quitarse el desagradable olor, empacó sus cosas y se dispuso a ir a su llamado.

-¿Esto es todo? – Por primera vez el papeleo de su mesa estaba ordenado y revisado, junto con otras tres columnas de archivos que se levantaban en el suelo.

- Así es, por hoy terminó – dijo Shizune, acomodando los últimos papeles - Tsunade-sama, es la primera vez que termina – colocó la última columna de papeles en el suelo.

- Estoy segura que mi abuelo no podía con esto - dijo la rubia masajeándose la sien con la mano – si no fuera por mí tío Tobirama, hubiera muerto en el intento. – Se echo para atrás dejándose resbalar en la silla.

- Puede que sea cierto – tomo al cerdito, que estaba en su sillón y lo coloco en el suelo junto a su comida – pero por hoy tiene la tarde libre, sólo le pido que no se aleje demasiado, puede ocurrir cualquier incidente, aunque se haya obtenido éxito en la misión de rescate del Kazekage, el peligro sigue.

Tsunade cerró los ojos, hacia días que había recibido un informe por parte de la arena, la misión fue un éxito, aunque lamentaba el deceso de uno de los ancianos de la misma, la paz estaba en juego, y los hechos de tornaban más violentos, respiro profundamente y abrió los ojos – Me alegro que esto resultara bien - dijo al fin de un rato – pero hay algo que me preocupa. – Shizune vio la preocupación en su maestra y como asiento prestándole toda la atención posible.

-Jiraiya nos advirtió de esto, y aunque su información llegó después de que nos enteráramos del secuestro, hemos alertado a las demás naciones. – Tsunade giro su silla un poco, viendo hacia la aldea.

- Eso es bueno para nosotros, así podemos estar un paso adelante – comentó la morena con optimismo – es bueno tener un ninja como Jiraiya-sama.

- Eso es lo que me preocupa – Shizune observó con atención el rostro de Tsunade – Si Jiraiya llega a caer, no sabría qué hacer – la morena estudio la última frase sorprendida, y no era porque no compartiera el sentimiento, sin embargo en esa frase había una palabra que la perturbaba, "no sabría", no se refería a una pérdida como aldea, apostaba por la expresión de su rostro y el vacío de su mirada que tenía que ver más que un sentido de compañerismo.

-Tsunade-sama, - dijo preocupada Shizune ante su intuición y pensamientos – no por nada es nombrado también como uno de los legendarios Sannin – dijo tratando de animarla.

- Aún así, eso no lo exenta de los peligros – Su mirada estaba perdida en el cielo anaranjado, el sol pronto se iría, dejando pasó a la noche, pero, no sin antes, dejar las nubes, momentáneamente, manchadas de destellos rojos y naranjas. Aunque la vista era digna de apreciar ella odiaba las puestas de sol, a él siempre le gustaba irse después de una puesta de sol, y, desde que tomó el título de Hokage, siempre lo acompañaba a ver cada puesta antes de su partida, se había vuelto una costumbre, había ocasiones en que charlaban de cualquier cosa, importantes o triviales, o simplemente disfrutaban el silencio, y, las últimas despedidas, habían sido, en cierta parte, dolorosas, los peligros aumentaban y, aunque su determinación no dudaba, siempre la dejaba con una punzada en el corazón, cada vez era más difícil, quería suponer que era la amenaza constante de Akatsuki, pero aquella noche, que sintió la cercanía del hombre, le hizo entender, que había algo más mezclado, aún no lo lograba entender, no sabía si era la soledad que la hacia creer cosas, o porque había sido capaz que su corazón volviera a latir.

Shizune la seguía mirando, estaba perdida en sus pensamientos, esa mirada y ese rostro, le recordaba a los días en que, aún no podía con la pérdida de su tío, tan ajena de su alrededor. Ella estaba al tanto, de los constantes rechazos de la rubia hacia el Pervertido, y sabía que había un lado especial entre ellos, una amistad que, después del encuentro con Orochimaru, se había reforzado, después de tantos años, siempre estaba junto a ella, y era lógico pensar que la preocupación que sentía era por mera amistad, pero la morena era la única que podía descifrar la mirada perdida de su señora, aún más que ella, y, como una vil epifanía, los ojos de Shizune se abrieron como platos, la verdad era más que obvia, y lo peor, es que su maestra aún no había dado en el clavo, la conocía tan bien que podía anticipase a todo, y ahora lo veía. Agacho la vista y vio a Tonton, que le dedicaba una mirada de preocupación, su misma mascota lo presentía y no sabía qué era lo que podría suceder, no sabía si el corazón de su maestra podría resistir, el amor siempre era un arma de doble filo, y ella no estaba segura si ella sería capaz de blandir esa arma sin llegar a hacerse daño.

-Creo – dijo en un suspiro la rubia – que tendré que confiar en el idiota – Shizune levanto el rostro y la miro con preocupación – es lo único que puedo hacer, después de todo – sonrió suavemente – él tiene más suerte que yo. – Se levanto y se abrigo con su chaqueta para después salir de su oficina, seguida por una apresurada Shizune, ahorcando a Tonton en el trayecto.

Tenía planeado regresar en cualquier momento y por eso se había instalado, momentáneamente, cerca de la frontera de Konoha, en aquellas aguas termales, y aunque ahora se encontraba a escasos pasos de la entrada principal, el camino se le hizo eternamente largo. Tal vez se debía al mar de pensamientos que rondaban en su cabeza, o la decepción de terminar abruptamente con su "investigación". Resignado y cansado, llegó al complejo que albergaba el área de inteligencia de Konoha, observó el cielo y supuso que era pasada la media noche, y a pesar de la hora, los guardias ANBU's seguían estoicos en su puesto de vigilancia. Se acercó a una caseta, y después de un intercambio breve de palabras, se le autorizó el acceso al complejo.

Camino por pasillos pobremente iluminados, hasta que alcanzó la puerta del Jefe de área, llamo a la puerta y se inmediato se abrió.

-Disculpe la hora Jiraiya-sama – expreso un hombre de altura considerable, y aunque cualquier persona estaría muriendo de sueño por las altas horas, el rostro de aquel hombre no tenía rasgo alguno de cansancio. Su vestimenta lo distinguía como jefe del cuerpo de tortura, y haciéndose a un lado, dejo pasar al peliblanco al cubículo.

- Descuida, Ibiki – dijo haciendo un ademán con la mano restándole importancia – en cualquier momento tenía que regresar. – El aludido asintió con la cabeza y tomó asiento detrás de su escritorio, toda la habitación se e contrabando llena de archiveros y rollos, pero una rana en forma de calabaza llamo la atención del Sannin, tomo asiento frente a él, dejando su equipaje en el suelo.

- Hice lo que me pidió – Ibiki le extendió una hoja – encontrarás toda la información que pude extraer, en ese papel – Jiraiya lo tomo – pero hay algo preocupante – el Sannin echo un pequeño vistazo a la hoja y después puso atención a las palabras de Ibiki – No pude confirmar si efectivamente se trataba del líder de Akatsuki, pero los ojos de ese "Dios" me dejaron anonadado.

- Viste su aspecto – pregunto con sumo interés.

- Inoichi-san lo describió y – Trago un poco de saliva antes de continuar – sólo tuvo acceso a un recuerdo, donde observó el rostro de aquella persona y sus ojos – la mención de aquello le ponía nervioso – el los describió como los ojos del Sabio de los seis caminos.

-¿El Rinnegan? – pregunto sorprendido.

- He estado investigando – dijo un poco más calmado – y no tenemos información de un ninja que haya despertado tremendo poder ocupar, así que no sé cómo interpretar esa información.

- Hay alguien que sí es portador – Ibiki se quedó paralizado, sus ojos se abrieron de par en par ante tal declaración – pensaba que había muerto, pero ahora has confirmado que no, y tiene sentido que lo relacionen con un Dios en aquella aldea.

- Si es así, ¿Cree que este relacionado con Akatsuki? – dijo recuperando el habla.

- No lo sé, debo seguir investigando. – Se levanto y se acomodó su equipaje – aún no es prudente que digas algo a Tsunade, si confirmó mis sospechas yo mismo le diré, gracias por la ayuda Ibiki.

- ¿Esta seguro?, Jiraiya-sama – pregunto antes de que saliera de su oficina.

- Si le explicó algo, seguro se pondrá más insoportable y la tendrán que aguantar ustedes, mejor hasta que confirme – el Sannin se despidió y se marchó.

Su encuentro con Ibiki lo había dejado sorprendido, si era cierto entonces aquellos huérfanos seguían con vida. Una sonrisa fugaz apareció en su rostro, quería saber más, pero mezclarse en esa aldea, era, tal vez, lo más peligroso que haya hecho. Camino por las de ciertas calles hasta encontrar una posada, se instaló y después salió por algo de alimento, la noche era fresca y agradable. Seguía haciéndose muchas preguntas, y después pasó por su mente, ¿Tsunade lo dejaría infiltrarse en aquella aldea?, sonrió para sus adentros, seguramente le diría que no. Últimamente se preocupaba más por sus ausencias, pidiéndole reportes periódicos, para saber qué seguía con vida, pensaba que se debía a su posición como Hokage, pero cada día era más confuso.

-¿Será que por fin me este considerando? – se preguntó en voz alta y después echo a reír, debía haber consumido alguna droga para pensar eso, sería tan feliz si fuese realidad, cosa que desechó en un instante, la vida no se lo iba a permitir, la conocía a la muy ingrata, estaba condenado, y aún a su pesar, una sonrisa de formó en sus labios, aquel sueño que había tenido con Minato y Kushina le había removido las entrañas, por un pequeño instante en su cabeza se formó la idea que, aquella mujer pudiera ser Tsunade, cargando al fruto de su amor. Una carcajada sonó, tenía que estar muy loco para pensar en algo así, y eso era señal que tenía que irse de allí y descansar, la cabeza lo estaba traicionando, mañana le anunciaría su regreso, dormiría y sus ideas se acomodarán, porque si en ese momento se la llegase a encontrar, podría no sólo ofrecerle una declaración, podría darse el lujo de ofrecerle más. En definitiva, el suelo y el alcohol no lo volvería a mezclar. Salió del establecimiento y dio gracias que la posada estuviera a unos pasos, si fuese más lejos el cuerpo lo iba a traicionar y podría desatar una catástrofe peor que la liberación del zorro de las nueve colas.