Hola a todos, pues aquí les traigo otro capítulo, tardo en actualizar puesto que no me encuentro bien de salud, y entre las visitas al doctor, los días que tienen que internarme, y el reposo que me manda, no me dejan tomar la computadora, pero, aquí me tienen de contrabando, espero que les guste así como a mi me gusta escribirlo.
Ningún personaje me pertenece, sino ya fuera rica jajajaja, yo sólo les comparto esta locura que nació en mi cabeza.
Sin más parloteo, ¡A leer!
5. Confesiones
Su visión se encontraba algo borrosa, pero aquella mancha blanca que se cruzó en su mirada era, hasta en ese estado, reconocible, corrió, y por primera vez odio llevar tacones, un grito de dolor se desprendió de sus labios, el tobillo se le había doblado, debido a la inestabilidad de sus zancadas, cayó estrepitosamente al suelo, su cabeza golpeó el suelo, alertando a la única alma que se encontraba allí. Sintió como era levantada por unos brazos, y aspiró profundamente, su aroma lo delataba, levantó su mirada y, aunque su vista no era clara, esbozo una sonrisa.
- Sabía que eras tú - dijo arrastrando las palabras.
- ¿Sabes qué hora es? - Preguntó una voz masculina. La mujer únicamente ensanchó más su sonrisa, trato de apoyar el pie, pero era inútil, él meneó la cabeza en forma negativa, y pasó un brazo por su espalda, y con el otro, la tomó de la cintura, atrayéndola más de lo que quería debido a la diferencia abismal de estaturas, se aseguró que estuviera bien sujeta, y caminó a la posada donde estaba hospedado.
oooo0000oooo
Estaba a punto de entrar, cuando escuchó algo caer, volteó y sus ojos, casi se salían de sus cuencas, allí, tirada en el suelo, estaba la mujer que evocaba en el bar, de todos los momentos menos indicados, tuvo que elegir ese para aparecerse, aguardo unos segundos, y se percató que no se movía, corrió y la levantó, el rostro de la dama le miró, y una bobalicona sonrisa apareció, su tono de voz le dio a entender que estaba, incluso más ebria que él, sonrío para sí mismo y negó con la cabeza, no tenía remedio.
No podía caminar en ese estado, pasó un brazo por su espalda y con el otro le sujetó la cintura, odiaba ser más alto que ella, si quería caminar con ella debía atraerla más de lo normal, y daba gracias al cielo que se encontrara en ese estado, de lo contrario, se encontraría volando los cielos. La guió hasta la posada donde se estableció.
El recepcionista los miró, no se inmuto de ver a la Hokage en ese estado, simplemente los saludo, subió las escaleras y abrió la habitación, la introdujo, y la sentó en la cama, después dejó resbalar su espalda contra la pared, hasta quedar sentado en el suelo.
-¿Cuándo volviste? - preguntó Tsunade entre hipos.
-Hace unas horas - cerró los ojos y respiró profundamente - creí que mañana te vería - decía resignado.
-¿Y qué te trajo tan pronto? - La rubia se había acostado en la cama, su cabeza reposaba en sus manos, que eran sostenidas por sus codos, mirando hacia donde se encontraba él.
-Naruto - contestó - después de que me enteré del ataque del kazekage necesitaba saber cómo estaba - aún no podía revelar sus motivos, abrió los ojos y la miró.
- Ya veo - su voz sonaba desilusionada, cosa que no pasó inadvertida para Jiraiya - por qué otra cosa vendrías tan pronto.
Levantó una ceja en señal de sorpresa, había imaginado, o es que ella esperaba algo más, es el alcohol, tiene que ser eso, se dijo así mismo, sin embargo el sollozo de Tsunade le borró el pensamiento, sus ojos claros, estaban derramando lágrimas, y se había mordido el dorso de su mano, evitando que más gemidos salieran de su boca, le contempló un momento, ella por su parte, se sentó nuevamente y en un intento fallido de reprimir el llanto, suspiro fuertemente, sin embargo, el hipo iba en aumento, y las lágrimas no se detuvieron. El hombre se levantó y se sentó a su lado, esperó unos momentos y después pasó un brazo por sus delicados hombros, el llanto aumentó, la atrajo hacia él y después le habló.
-¿Qué pasa? - susurro suavemente cerca de su oído. Ella se echó a llorar libremente, cubriendo su rostro con sus manos, la envolvió con el otro brazo, y recargo su rostro en su pecho - Sabes que puedes decirme, siempre voy a estar para ti - recargó su mentón en la cabellera rubia, y la apretó suavemente.
Pasó un largo tiempo para que el llanto se calmara, el silencio se había apoderado del lugar, y él la seguía manteniendo en esa posición, la tranquilidad era únicamente perturbada por los ligeros espasmos que producía el cuerpo de Tsunade, con un brazo la tomaba por los hombros, mientras con la otra acariciaba su cabellera, aspiraba el olor a almendras que emanaba de su cabeza, pensaba que el estrés era la causa de su colapso, y comprendía que debía de explotar en algún momento, otro instante indefinido pasó, hasta que ella susurro contra su pecho.
- Mi problema eres tú - El peliblanco la separó, le tomó el rostro y le obligó a que lo mirara.
- ¿Qué fue lo que te hice? - preguntó, ella le dedicó una mirada cargada de reproche que lo desconcertó más - Dime qué te he hecho.- dijo levantando la voz un poco alterado. Tsunade se deshizo del agarre del hombre y después rompió el silencio.
- ¡No sé qué diablos siento por ti! - gritó tan fuerte que se balanceó - ¡No sé por qué estoy tan confundida! - el llanto volvió a brotar - ¡No sé por qué diablos estoy llorando por ti! - la voz se le quebró, apretó sus labios, tratando de evitar el llanto.
- Estas ebria - le contestó - Has bebido mucho, seguramente es el trabajo …
- ¡No! - El grito fue opacado por una sonora bofetada que le soltó al peliblanco, el cuerpo le temblaba de la súbita ira que le invadía - ¡Tu no lo entiendes! ¡Eres un …
-¡Tsunade! - Sujeto sus manos, evitando que le diera otra bofetada, con movimientos torpes trato de zafarse, pero la fuerza del hombre era mucho mayor, le obligó a sentarse y después de que dejara de forcejear, la soltó
- Si estoy ebria es por ti - dijo en un susurro, mirando el piso - Si me embriague hoy es porque no dejaba de pensar en ti. - El hombre le escuchaba atentamente - Cada vez que te vas, siento que no te volveré a ver - apretó sus rodillas - Pensé que se debía a ser Hokage, a tomar esta aldea como mi familia, pero - Las lágrimas regresaron - El tenerte cerca, me genera sensaciones que no creí volver a sentir - le miró con el rostro lleno de lágrimas - Jiraiya, hiciste que mi corazón volviera a latir - su labio inferior temblaba y la voz le salía a empujones, quebrada por el nudo en la garganta que se había formado.
Los brazos fuertes de Jiraiya la estrecharon contra su pecho, la presión era suave, fracciones de segundo fueron las que que se quedó estática, para después agarrarse de sus ropas, hundiendo su rostro su pecho, había pasado mucho tiempo desde la última vez que había llorado tanto, se sentía indefensa, ante ese hombre, que le había hecho palpitar el corazón, e irónicamente era en él donde podía encontrar esa seguridad. Se dejó abrazar, pegándose lo más que pudo a él, con la poca entereza que le quedaba, fue capaz de parar su llanto, y le empujo suavemente, dejando el suficiente espacio para levantar el rostro y encontrarse con su mirada, sus ojos miel estaban rojos e hinchados, sus labios le temblaban, en cambio él le dedicaba una sonrisa cálida, su mirada, a pesar del golpe que había recibido, no expresaba enojo, sino, comprensión. El tiempo se detuvo en ese instante, le contemplaba tan tranquilo, siendo él un hombre tan hiperactivo como su estudiante, su seguridad y tranquilidad le fueron contagiadas, enderezó su postura y estiró su cuello, ansiando saborear sus labios.
La distancia era corta, podía apreciar cada detalle de su rostro, sentía su aliento, rosandole la piel, estaba a punto de alcanzar tan deseados labios, pero él le rompió la ilusión, sintió la presión de sus labios en su frente, abrió los ojos, y trato de articular palabra, sin embargo el asombro y la frustración empezaron a emerger, ¿Qué acaso no era lo que él tanto le había pedido?¿Una oportunidad?, y ahora que estaba dispuesta a reconocer lo que sentía, ¿Él la rechazaba?, tenía que ser un impostor, y como si fuera capaz de leer su mente, le respondió lo que sus ojos le preguntaban.
- Tsunade - esbozó una sonrisa - estás ebria - frunció el ceño y estuvo a punto de replicar, cuando levantó una mano, pidiéndole continuar - Quiero besarte, incluso consumar el amor que siento por ti en esta pocilga - le miró sin comprender - Y, tal vez Bunta me diga que tire mi única oportunidad contigo, pero, no puedo hacerlo en el estado en que estamos.
- Pero, ¿No es lo que deseas? - le reprochó - ¿No es lo que has estado pidiendo todos estos años? - le costaba trabajo contener su ira, sentía su cuerpo temblar, en cualquier momento su paciencia se esfumaría. - ¿Por qué ahora …
- Porque te amo - le soltó, dejándola aún más confundida - Te amo, Tsunade.
- ¡No entiendo! - chilló, sosteniéndose la cabeza con ambas manos - ¿Por qué?
Jiraiya se levantó de la cama, y caminó hasta la ventana, se recargó, observando un momento la luna y suspiró, no era lo que tenía planeado, incluso quería evitarla esa noche, pero siempre el destino le jugó chueco, cerró los ojos un momento y después, tomando toda la paciencia y autocontrol que le quedaba, habló.
- Puedo besarte ahora, puedo hacerte mía, pero, mañana despertarás, y todo el valor que reuniste hoy se irá con el primer rayo del sol - cerró los ojos y sonrió - me golpearas y dirás que todo fue un error, y después, poco menos que colegas seremos. - Abrió los ojos y giró sobre sus talones para encontrarse con su mirada - Te amo, seré el peor idiota, porque te amo tanto, que no quiero perderte, ¿Hace cuánto tiempo que te conozco?
- Hace mucho - admitió Tsunade bajando la mirada.
- 43 años para ser exactos, y 38 años amándote - Ella levantó el rostro sorprendida - resignado a tenerte como amiga, con tal de no perderte, aguantando todos y cada uno de los rechazos - Su sonrisa se ensanchó - Todo mi cuerpo y parte de mi conciencia quiere aceptar tu ofrecimiento, pero, no quiero sacrificar lo que tengo contigo, por sólo una noche. Prefiero seguir esperando, y ser el mayor idiota jamás conocido, a perderte - sentenció.
El silencio reino, ella lo miraba. Siempre creyó que era un pervertido, sin embargo, la pureza de sus sentimientos le conmovió, era capaz de sobreponerse a sus impulsos, con tal de obtener lo que desea como se debe. Un suave rubor se apoderó de sus mejillas, apenada de lo que estaba a punto de cometer. La respetaba, y la cuidaba, más de lo que ella creía, y, a pesar de su comportamiento, seguía sonriéndole. Sintió como su corazón se aceleraba, palpitando alegremente, esas palabras, sólo habían avivado más el sentimiento que florecía en su interior. Pero él tenía razón, no había por qué precipitarse, y menos, influenciados por el alcohol.
- Mañana - habló después de un momento el sabio - cuando los efectos del alcohol se te hayan pasado, ven a encontrarme, arriba del monumento Hokage, antes de la puesta de sol - Tsunade abrió la boca pero él se adelantó - solamente - aclaró - sigues sintiendo lo que ahorita crees, entonces hablaremos, como los adultos que somos, sino - su rostro adoptó un semblante serio - Por favor, no te aparezcas - Ella arqueó las cejas - No necesito publico, cuando me esté golpeando la cabeza, por lo idiota que soy - Ella le sonrió y negó con la cabeza, no tenía remedio aquel hombre.
Los golpes que provenían de la puerta, llamaron la atención de Tsunade, dando por finalizada su conversación, miró a Jiraiya interrogante y este le contestó.
- ¿Acaso creíste que te dejaría ir sola? - preguntó divertido, ella frunció el ceño, dedicándole una mirada asesina - ¡Pase! - exclamó, entre risas, esa mujer siempre sabía cómo divertirlo.
La puerta se abrió, dejando ver a Shizune, sus ojeras mostraban el cansancio de su cuerpo, traía en brazos a un Tonton adormilado. Entró y después estalló.
- ¡Tsunate-sama! - chilló - ¡Le he estado buscando en todos los bares de la aldea! - su cuerpo se tensiono y apretó a Tonton haciendo que abriera sus ojos, y se moviera desesperado de soltarse del agarre que le estrujaba - ¡¿Sabe qué hora es?! - estaba a punto de explotar como una olla express.
- Basta Shizune - Tsunade se levantó y caminó tambaleándose - Deja de gritar, haces que me duela la cabeza - Su ayudante no paraba de quejarse, y apretar al pobre cerdito, que lloraba desesperado. Jiraiya por el contrario, reía. Antes de salir de la habitación, Tsunade se giró, y le miró por última vez.
- Mañana - habló la rubia - espero que el atardecer sea impresionante - Shizune paró de golpe, mirándola con curiosidad, sin embargo el peliblanco, volvió a reír.
- Ya veremos - Shizune miraba de un lado a otro, tratando de averiguar qué se traían entre manos ellos dos, sin embargo, la voz de Tsunade le hizo salir de inmediato.
- ¡¿No te andabas quejando?! - su ayudante salió corriendo - ¡Ya vámonos!, que me estoy cayendo - las voces se fueron alejando, caminó hasta la puerta y la cerró, después se dejó caer en la cama.
- Apuesto que si Bunta se entera de esto, no me dejara de molestar hasta que muera - Dijo al aire - Yo también espero un atardecer impresionante - sonrió y después cerró los ojos, vencido por el cansancio, mañana el cielo lo sorprendería.
