Capitulo dos: El huérfano noxiano

Noxus, mi tierra, el lugar donde nací. El lugar donde el más fuerte siempre tiene privilegio sobre el más débil. Lugar donde no importa tu posición o tu rango económico, solo tu fuerza te traerá la gloria que mereces. Yo mismo soy la prueba viviente de esa mentalidad.

Mi nombre es Talon. Soy un hijo de Noxus en toda regla. No tengo madre ni padre, mi nación es mi familia. Aunque no siempre fue así. Nunca conocí a mis padres biológicos, crecí solo en un orfanato esperando a que alguien me adoptara. Nunca apareció nadie. En ese orfanato aprendí a cocinar muy bien, ayudaba en la cocina casi todo el tiempo. Ese era el único sitio en donde me sentía bienvenido, las cocineras y cocineros eran muy buenos conmigo. No era alguien realmente sociable, le guardaba rencor a muchos de mis compañeros. Los odiaba profundamente.

A los diecisiete años, casi asesino a uno de ellos con un cuchillo de cocina, por lo cual me vi forzado a escapar.

Habiendo escapado y teniendo que vivir en la calle, me di cuenta que tenía un talento innato con los cuchillos y el sigilo. A mis diecinueve años, había entrenado por mi cuenta el arte de las navajas, logre aprender trucos de sigilo robando la poca ropa que podía conseguir y mis comidas del día a día, las cuales solían ser algunas frutas y carnes crudas. Mis primeros atuendos eran andrajosos, pero a pesar de eso, cumplían su cometido, ocultarme de mis enemigos y hacerme pasar desapercibido. Aunque eso no evitaba que aparecieran de vez en cuando hábiles contrincantes y agentes de la ley que quisieran llevarme ante la justicia, por supuesto, esos hombres no volvieron a ver a sus familias. Me hice con una reputación en los barrios por donde deambulaba, eso me volvió confiado y descuidado.

Un día, buscaba un poco de suministros, le robe un reloj de oro a un hombre encapuchado que tenía un bastón, y gire para intentar correr como era lo usual. Estos viejos ricos nunca pelean por sus joyas. Aunque no esperaba lo que paso luego. Antes de empezar a correr, el hombre me golpea en el muslo izquierdo haciéndome caer, mi pierna no se movía, y sentía un enorme dolor. Fue un golpe certero, demasiado certero.

-No está bien robar en Noxus, ¿lo sabías joven?- Tenia una voz muy apagada. –Eres el ladrón que siempre andan mencionando en esta zona, ¿verdad? Ese que ha matado a los perseguidores, ¿no?- Saque mi navaja rápidamente, pero un cuervo muy peculiar me la arranca de la mano y se la deja en la mano al hombre encapuchado. –Buena chica, mi linda Beatrice.- el hombre acaricia al ave negra con ternura, pude notar que el ave tenía seis ojos, tres de cada lado, mientras el hombre se me acerca lentamente. –Pareces una de esas personas interesantes.

El hombre se quita su capucha, y pude reconocerlo. Su boca y su nariz estaban cubiertas con un pañuelo. Swain, el mejor estratega noxiano. No lo podía creer. Su fama era bien descripta por la prensa, su capacidad de análisis era impresionante. Eso explico el golpe tan preciso y frio. Me toma de mis ropas y me levanta en el aire, quede bastante impresionado por la increíble fuerza que ese viejo tenía aun y a pesar de su apariencia decrepita y frágil.

-¿Sabes lo que voy a hacer ahora contigo?- su voz apagada se volvió muy violenta y salvaje, parecía que me hablaba alguien más, era una sensación aterradora. –Voy a enseñarte a no robarle a los que están por encima de ti, gusano asqueroso.

Swain deja escapar una risa seca, pero entonces una voz firme e imponente exclama.

-Baja al joven, Swain, no vinimos para hacer esto, ¿lo recuerdas?- Me gire a ver quién me había defendido. Era un hombre alto y robusto, con una cicatriz que le recorría el rostro, llevaba una armadura con el símbolo de Noxus en el centro y a su espalda se encontraba un pelotón de unos veinte hombres pertenecientes al ejército noxiano. Un general, y parece que están buscando algo, o a alguien pensé.

-Ah general Du Couteau, no entiendo porque debería…- en ese momento el general le interrumpe.

-Te dije que lo bajaras Swain… ¿O acaso tengo que obligarte? Recuerda que estamos buscando a un prisionero fugitivo, no tenemos tiempo que perder.- sentir la imponencia y la severidad con la que el general le hablaba al estratega maestro me hizo sentir un escalofrió que recorría todo mi cuerpo, erizándome la piel, no me imagino que hará este hombre cuando realmente estuviese enojado. Finalmente, luego de unos segundos de silencio, Swain me deja caer y dice.

-A veces creo que usted es muy blando con los criminales, general Du Couteau. - Swain continua su camino con las tropas del ejército siguiéndolo, mientras trato de recuperarme de la caída, me doy cuenta que el general no se había ido con ellos, es más, lo tenía frente a mí.

Si antes de solo escuchar su tono autoritario me daba escalofríos, tenerlo enfrente de mí hizo que todo mi cuerpo se petrificara por unos instantes. El general solo me miraba hasta que me dijo.

-¿Estas solo? ¿Eres huérfano?- Su voz era diferente, me resulto cálida y comprensiva, por un momento me recordó a las cocineras y cocineros del orfanato, lo cual hizo que mi cuerpo recuperara un poco la movilidad. A sus preguntas solo pude responderle con un leve movimiento de cabeza, hablar no era una opción, ya que aun cuando me había relajado, mi instinto aun estaba en alerta máxima. Después de todo, era un general del ejército noxiano, y no cualquier general. El general Du Couteau, decían que era el más fiero y el mas diestro con la espada, aunque en ese tiempo no lo creía, hoy en día no puedo dudarlo realmente. En ese momento, el general me lanza una espada, su tono de voz se endurece otra vez mientras desenvaina su propia espada personal. –Escuche que eres diestro con la espada. Voy a darte una oportunidad. Si logras desarmarme, te dejare vivir. Pero si yo logro desarmarte, morirás.-

La emoción y la adrenalina empezaron a correr por mi cuerpo. Era joven y estúpido, creía que el general era solo un veterano de guerra retirado bastante fanfarrón, solamente intimidante por lo grande que era. Grave error.

Fui el primero en atacar, el general no se molestaba en evadir mis ataques, simplemente los bloqueaba, sin moverse más de lo necesario. Creí que se estaba burlando de mí, lo cual aumento mi furia y la fuerza de mis golpes. Pero luego de un golpe que hizo al general tambalearse de su posición serena, me confié e hice presión con mi espada, sin embargo, había caído en su trampa. El general cuando vio mi fuerza implementada en un solo punto durante el choque de espadas, se movió ligeramente a la derecha, y perdí el equilibrio, moviéndome hacia adelante por toda la presión acumulada por mi propia fuerza, lo que hizo que mi mano que sostenía la espada se aflojara, momento que el general aprovecho para patear la espada fuertemente haciendo que esta se clavara en una pared cercana. Me había desarmado.

Rápidamente me arrodille en el piso y me prepare para ser asesinado, sin embargo, el general dijo.

-Eres libre de irte, este reto solo fue una prueba para tus habilidades, tienes talento, no lo dudo, si entras al ejercito serás un gran soldado.- Su voz se había vuelto otra vez muy cálida. Me dio la espalda y se dispuso a irse, cuando yo lo detuve con un grito.

-¡GENERAL!- cuando el general se dio vuelta me vio con la cabeza en el suelo. –¡LE SUPLICO QUE ME VUELVA SU APRENDIZ! - grite con todas mis fuerzas. El general repitió con una expresión extrañada en su voz.

-¿Aprendiz?- repitió el general mientras me miraba humillándome. Escucho como suspira, y lo piensa unos momentos, para finalmente contestar. –Está bien joven, ¿Cuál era tu nombre?-

-Soy Talon… Maestro.- le digo aun sin levantar la vista.

-Muy bien Talon, levanta la mirada, ahora eres mi aprendiz, vivirás conmigo y mis hijas, e iras a la escuela militar. Tendrás un entrenamiento especial conmigo, pero también serás como cualquier noxiano, aprenderás lo que los demás aprenden, y solo el tiempo y tu fuerza determinaran donde terminaras. - dijo mientras yo me levantaba y me pidió que lo siguiese.

A partir de entonces el general me crio como su hijo. Sus hijas al principio eran bastante escépticas. Logre ganarme el respeto y la confianza de la mayor, Katarina, cuando terminamos empatados en un combate de espadas. Ambos reconocimos nuestra fuerza, y nos propusimos a ser cada vez más fuertes, ayudándonos entre nosotros, como el general quiso desde el inicio.

Por su parte, la más joven, Cassiopeia, era un misterio para mí. A diferencia de su padre y su hermana, a ella no se le daban bien las espadas, su especialidad era su elegancia y su lengua, cual serpiente engatusaba a todos, incluso a su propio padre para que hicieran lo que ella quería. Cuando pienso en ella, siempre me da risa lo desagradable que puede llegar a ser el destino, y como las personas pueden terminar volviéndose en lo que aparentan, pero ese es harina de otro costal.

Con respecto a la vida al lado del general, pues debo de decir que tuve la oportunidad de conocer a basuras muy grandes, como lo era Swain, y personas muy respetables. Pude escuchar muchas cosas por parte de los compañeros de mi maestro que normalmente venían a la casa a pasar una tarde.

Un año después de mi encuentro con el general, finalmente entre a la academia, tenia veinte años.

En esos años conocí a una chica, que siempre me resulto particularmente interesante, su manejo con la espada era excepcional. Era la mejor de la clase en ese entonces, junto conmigo y Katarina, pero siempre note que estaba sola luego de clases, y que desaparecía patio principal durante los descansos. Nunca me atreví a hablarle, mas por timidez que por otra cosa, pero si sabia algunas cosas sobre ella, ser cercano al general me daba acceso a saber ciertas cosas sobre las personas que me rodeaban. Su nombre era Riven, venia de una familia humilde, pero, aun así, su potencial se dejaba ver en cada práctica y demostración que protagonizaba, cosa que le encantaba a los altos mandos del ejército noxiano, incluyendo a mi maestro. Se le veía un gran futuro por delante.

No fue hasta pasados dos años, cuando por fin pude hablar con ella. Fue durante inicios de curso, habíamos sido elegidos para enfrentarnos en combate, durante la primera práctica de entrenamiento de ese año. Era costumbre que se seleccionaran a dos alumnos con capacidades y calificaciones similares para que hicieran una presentación. Habiendo tenido dos años en la academia solo había presenciado dos. Eran secos, sin respeto alguno, el ganador se solía regodear en su victoria, sin darle importancia al perdedor. Algo bastante desagradable si me preguntan.

El general me dijo una vez que los guerreros se conocen mejor durante los combates, y así fue efectivamente. La fuerza de sus golpes, el ímpetu de sus impulsos al atacar, las expresiones en su rostro. Su habilidad transmitía todo lo que yo sospechaba. Soledad, miedo, valor y deseos de auto superación. Finalmente termine ganando la pelea, mi entrenamiento con el general y las clases de pelea ayudaron mucho y significaron una ventaja, aunque no había sido nada fácil.

-Buen enfrentamiento.- Alcance a decir mientras extendí mi mano para ayudarla a levantarse. Ella me mira sin entender ese gesto al principio, como mencione antes, el honor con los rivales no era muy común. Pero finalmente cedió y tomo mi mano para que así pudiera levantarla.

-Eres el hijo adoptivo de Du Couteau, Talon, ¿cierto? He escuchado hablar mucho sobre ti.- Al parecer no era el único que tenía información tomada de otras fuentes.

-Sí. Y tú eres Riven, también se habla mucho de ti en la academia y en el Alto Mando. - Al darme cuenta lo que había dicho, me di vuelta dándole la espalda. Había hablado de más, fue una suerte que nadie me había oído salvo ella, por supuesto. El profesor aplaudió y nos felicito. Dio un pequeño discurso, en el cual nos mostraba como figuras idílicas de cómo deberían ser todos los alumnos. Esto claramente nos trajo cosas buenas, y cosas no tan buenas a ambos.

Luego de la clase, llego el descanso, yo aún estaba bastante nervioso. Había revelado información que podría condenarme, o en el mejor de los casos volvería a la calle, echado a patadas por mi maestro. En ese momento, siento que alguien me toca la espalda, y sobresaltado me giro para ver que era Riven, aunque estaba bastante seria mirándome fijamente.

-Necesito hablar contigo. Sígueme. - dice la chica mientras empieza a caminar y yo la seguí en silencio. Llegamos a un callejón alejado del patio central, eso respondía por qué desaparecía durante los descansos. Ella se detuvo y me comenta.

-Dijiste que en el alto mando hablaban de mi…- su voz parecía apagada. Yo desvié la mirada y dije un poco preocupado.

-Bueno... Realmente no debí decir eso, discúlpame. - quería tratar de desviar su atención, no quería que preguntara.

-No debiste, pero lo hiciste. Entonces… ¿Realmente es verdad? – Replico ella. Su tono había cambiado, parecía como si se estuviera aferrando a una esperanza. Algo que me extraño y que por un momento me conmovió.

-Sí, es verdad. – Ella se gira y pude ver que sus ojos estaban llorosos. - ¿Por qué estas llorando? –

-Bueno, me he esforzado mucho realmente, mi sueño es llegar a ser parte de la elite algún día, y que tú me digas eso, realmente me pone muy feliz. – ella sonríe tímidamente. De solo recordar esa hermosa sonrisa mi corazón se acelera. Aun teniendo veinte años era tan hermosa.

-Ya veo, jeje. – Trato de disimular mi nerviosismo. -De todas formas, intenta no hacerlo público, se supone que no debo dar este tipo información. – digo tratando de relajarme y sonriendo nerviosamente.

-Tranquilo, me doy cuenta por tus nervios, no diré nada, te lo prometo. – ella sonríe y yo suspiro aliviado. -Entonces, ¿te gustaría ir a comer después de la escuela?

Sin pensarlo mucho acepte. Desde ese momento, nuestra amistad se fue forjando cada vez más y más, compartimos muchísimas cosas. Nos vimos entre nosotros ascender cada vez más y más en el mando de Noxus, hasta que, pasados diez años, ella y yo habíamos logrado nuestros cometidos. Mientras que yo, me volví el asesino personal de mi maestro, siempre velando por la seguridad de mi familia desde las sombras. ella logro llegar a ser una de las capitanas más respetadas, hasta había sido condecorada por el Alto Mando con una de las espadas rúnicas de piedra negra más poderosas de Valoran, forjada y encantada con hechicería noxiana, tan pesada y ancha como un escudo, algo que le encantaba. Es una pena que esa felicidad no durara mucho.

Poco tiempo después de eso, ella fue enviada a Jonia a pelear en la guerra, con los malditos lunáticos de Zaun acompañándola. Tuve un muy mal presentimiento de eso, traté de evitar que se fuera, pero no lo conseguí, ella tenía un orgullo nacional muy fuerte, era admirable.

Pasaron las semanas, no supe nada de ella, hasta que la guerra termino. Mi peor temor se había cumplido, ella había muerto.