DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, aunque a Edward lo secuestré y lo tengo amarrado a mi cama. La trama es completamente mía
POR AMOR AL ARTE
CAPITULO 8.
SORPRESA
La bailarina
Dicen que el tiempo pasa volando cuando te diviertes, y yo pienso que ese dicho no podía ser más cierto.
Un día estábamos llegando a Nueva York, instalándonos en nuestro nuevo departamento – que resultó ser un magnifico loft a tan solo quince minutos del NYCB – conmigo muerta de nervios por el rumbo que estaba a punto de tomar mi vida tanto a nivel profesional como personalmente. Y hoy, un par de años después, estoy a la espera de los resultados de las últimas audiciones, para saber si obtuve mi primer protagónico.
Es cierto que no había sido del todo fácil; adaptarse al ritmo de vida en la gran manzana había sido caótico, a eso súmenle que estaba iniciando en una prestigiosa y exigente compañía de Ballet, y que empezaba a vivir con mi novio, quien además tenía que salir constantemente de gira, y no se en que momento no me volví completamente loca.
Hace un par de semanas, se habían anunciado las audiciones para la siguiente puesta en escena que presentaría la compañía durante su temporada de primavera, la cual resultó ser Giselle, un ballet que yo amaba desde muy pequeña y que siempre había soñado con protagonizar.
Como ya mencioné antes, mis inicios en la compañía no fueron lo que se dice fáciles, independientemente de luchar contra el estigma de ser de las nuevas, el hecho de que había llegado a esta con pase directo y sin necesidad de audicionar (algo que no pasaba muy a menudo), desató la envidia de muchas de mis compañeras, quienes pensaron que había entrado por alguna especie de favoritismo, y cuando todos se enteraron que era la novia de Edward Cullen, ese rumor no hizo más que crecer. Sin embargo, decidí seguir el consejo que siempre me daba mi abuela "cállalos con hechos y no con palabras". Por lo que haciendo oídos sordos a todos sus comentarios mal intencionados, me esforcé como siempre acostumbraba hacerlo y les demostré que si estaba aquí, no era por otra cosa que no fuera mi desempeño, perseverancia y gran calidad como bailarina.
La audición para Giselle fue hace una semana y dado que, durante la última temporada me había ido realmente bien, y animada por Edward y James, me permití ser ambiciosa y audicionar para el papel principal.
Durante la audición di no el cien, sino el 200% y, según comentarios de algunos de los coreógrafos, había estado espectacular y tenía grandes posibilidades de obtener el protagónico.
Cuando llegué a la compañía esta mañana, no pude evitar echar una mirada hacia la tabla de avisos, sabía que era en vano, ya que aún faltaban dos días para que publicaran los resultados de las audiciones, pero uno nunca sabe, tal vez por esta ocasión habían decidido acabar antes con nuestra agonía.
- Buenos días solecito – me saludó James en cuanto entré al salón de ensayos.
- Hola corazón, ¿cómo te trata la vida en este día tan maravilloso? – pregunté dándole un beso en la mejilla
- Oh, alguien está muy feliz ¿acaso tendrá que ver con el regreso de cierto actor que está como para comérselo?
- ¡Si! ¿puedes creerlo? Después de dos meses por Italia, por fin terminó de grabar su nueva película y regresará a casa. Lo extraño tanto. No sé cómo he podido soportar tanto tiempo sin verlo.
- Tampoco han sido exactamente dos meses ¿recuerdas ese fin de semana que te sorprendió y estuvo aquí como por 12 horas para venir a saciar sus instintos carnales contigo?
- ¡James! – le di un golpe en el brazo mientras reía de su expresión, aunque no voy a negar que tenía algo de razón en ello – no seas vulgar.
- ¿Me vas a decir que el muchacho cruzó el océano atlántico de ida y vuelta en menos de 48 horas para poder pasar aunque sea una noche contigo y solo estuvieron jugando ajedrez?
- Pues no, pero…
- ¡Todos a la barra! – el grito de Patrick, nuestro instructor de técnica del ballet, me salvó de tener que idear una respuesta para evitar darle la razón a mi mejor amigo – Isabella, el señor Martins quiere hablar contigo en su oficina en este momento, así que puedes ir.
- Gracias Patrick – le dije algo desconcertada
Caminé por el pasillo que daba hasta la oficina del director del NYCB pensando en cuál podría ser el motivo por el que me había mandado a llamar, ya que no era muy común en él solicitar que acudiéramos a su despacho, y mucho menos en horas de ensayo.
Cuando finalmente llegué, me encontré con su secretaria, quien con una sonrisa me indicó que pasara sin anunciarme ya que el señor Martins me estaba esperando.
Di un suave toquido a la puerta y la abrí solo lo suficiente para asomar mi cabeza por ella y preguntar si podía pasar.
- Pasa Isabella – me invitó, por lo que me apresuré a entrar cerrando la puerta detrás de mí – siéntate, necesito hablar contigo de un asunto referente a tu audición para Giselle – agregó una vez que estuve frente a su escritorio.
- ¿Ocurre algo malo? – pregunté poniéndome nerviosa.
- Como bien sabes, en un par de días se darán a conocer los resultados de las audiciones
- Si, la verdad es que estoy un poco ansiosa por eso – respondí con sinceridad.
- Generalmente, no solemos anunciar a ninguno de los aspirantes sobre los resultados hasta el momento en que se colocan las listas en la pizarra, pero en esta ocasión necesitamos hacer una excepción contigo.
- Disculpe, pero estoy un poco confundida
- Isabella, cuando te vi en aquella presentación del IRDA intuí que tenías un enorme potencial, y no me equivoque. Durante el tiempo que has pertenecido a la compañía has demostrado un gran esfuerzo y dedicación y eso se ve reflejado en tu crecimiento como bailarina, tanto que en tan solo dos años has logrado obtener varios solistas, sin contar con la oportunidad de ser la suplente de Odette cuando presentamos "El lago de los cisnes", cosa que no se puede decir de muchas de tus compañeras con más antigüedad que tú.
"Eso, aunado a la magnífica audición que presentaste, no me deja lugar a dudas de que tú eres perfecta para encarnar a Giselle.
- ¿En verdad? ¡muchísimas gracias señor Martins! – le dije emocionada y con una sonrisa plasmada en el rostro, suprimiendo mis enormes ganas de hacer el ridículo baile de la victoria que habíamos inventado James y yo
- Espera un momento Isabella – me reprendió – aun no es dicho que el papel es tuyo – en cuanto dijo esas palabras sentí que me desinflaba como un globo que ha sido pinchado por algún niño travieso, pero me obligué a ser fuerte
- ¡Oh! Comprendo, necesito tener más trayectoria en la compañía para aspirar a un papel de esta importancia ¿no es así?
- No, no se trata de eso, y si me dejaras terminar de hablar podría explicarte la situación.
- Lo siento.
- Como te decía, si de mí dependiera, y generalmente es así, en este momento yo estaría imprimiendo la lista final con tu nombre como protagonista en ella. Pero al revisar los exámenes médicos que fueron tomados antes de las audiciones, nos encontramos con una situación muy particular que nos impide otorgarte este papel, o cualquier papel en esta temporada de hecho – me dijo entregándome un sobre con mis exámenes médicos, mismo que yo tomé con manos temblorosas.
¿Acaso me estaba muriendo?
Leí atentamente los resultados y todo parecía estar normal, por supuesto, todo a excepción de la última parte donde se leía un claro: "Test de embarazo en sangre = Positivo"
- ¿Estoy embarazada? – pregunté como una idiota, como si no acabara de leerlo con mis propios ojos.
- Eso parece
- Pero, recién tuve mi periodo y no he sentido ningún síntoma ¿Cómo puedo estar embarazada?
- Bueno Isabella, creo que eso es algo que el señor Cullen te puede responder mejor que yo – me dijo guiñándome un ojo, provocando que me sonrojara.
"El asunto aquí – continuó – es que necesito que tomes una decisión. No estoy a favor del aborto, ni mucho menos te lo estoy proponiendo. Pero ha habido casos de muchas bailarinas en tu posición, que prefieren interrumpir el embarazo antes de perderse la oportunidad de un protagónico, y aún más con su carrera a punto de despuntar. Sé que es una decisión muy importante y que no se debe tomar de manera apresurada, probablemente incluso necesites conversarlo con tu pareja, pero pasado mañana a primera hora necesito saber lo que has decidido para poder dar a conocer la lista con los resultados del cast.
- ¡No voy a matar a mi bebé! – dije sintiéndome horrorizada de tan solo pensarlo.
- Tranquilízate, nadie te está pidiendo que lo hagas. Solamente quise informarte de tu situación y dejarte la decisión final a ti. Lamentaría mucho no darte el papel debido a tu embarazo y que al final de todos modos hubieras decidido interrumpirlo.
- Señor Martins, interpretar a Giselle ha sido uno de mis más grandes sueños desde que era pequeña. No tiene una idea de lo feliz que me hace saber que obtuve el papel en la audición y espero con todo mi corazón que Dios me dé nuevamente la oportunidad de lograrlo algún día, pero, aunque no le voy a negar que la noticia me tiene aún en shock, y que para nada había planeado embarazarme en estos momentos, jamás renunciaría a mi bebé.
- No sabes cuánto me alegra oír eso Isabella y no te preocupes, estoy completamente seguro de que más adelante tendrás la oportunidad interpretar a Giselle – me dijo con una sonrisa sincera y poniéndose de pie agregó – ahora, permíteme ser el primero en felicitarte, no por el papel, sino por ese pequeño bailarín que llevas en tu vientre – yo también me puse de pie permití que me diera un abrazo, mismo que correspondí.
- Muchas gracias señor – dije sinceramente – y gracias también por darme la oportunidad de decidir.
- No tienes nada que agradecer Isabella – dijo soltándome – Bien, ya puedes marcharte, tómate el resto del día libre, después de todo, en tu estado no puedes esforzarte mucho – agregó dándome un guiño –. Mañana te espero aquí a las 11:00 am para que hablemos acerca de tu licencia por maternidad.
Me despedí de él agradeciéndole nuevamente y me dirigí de vuelta al salón de ensayo para recoger mi maleta que había dejado ahí.
Cuando entré, me acerqué a Patrick, quien estaba observando a un grupo de mis compañeros ejecutar una secuencia, y le entregué el pase de salida que me había dado previamente el señor Martins.
Lo revisó y, después de comprobar que era autentico, me permitió retirarme, no sin antes asegurarse de que todo estaba bien conmigo.
Ni bien había dado dos pasos fuera del salón, fui alcanzada por James en el pasillo.
- ¿Pasó algo? ¿Por qué te vas? ¿Tiene algo que ver con que Martins te haya mandado a llamar? – me hizo una pregunta tras otra luciendo preocupado.
- Sí, tengo que irme – le respondí mordiéndome el labio y pensando rápidamente en una excusa – no te preocupes, no pasa nada malo, es solo que la semana pasada le pedí el día libre al señor Martins, ya sabes, para prepararle una sorpresa a Edward, y con todo el ajetreo de las audiciones el olvidó decirme que si me lo había autorizado, hasta hoy que se lo recordó su secretaria.
Me dolía mucho mentirle a James, él era mi mejor amigo, y casi nunca nos habíamos mentido el uno al otro, y me moría por compartir con él esta noticia que me tenía con ganas de saltar por los pasillos de felicidad. Pero por mucho que deseara gritar a los cuatro vientos que Edward y yo íbamos a tener un bebé, no se me hacía justo contárselo a nadie antes de que él se enterara.
- ¡Oh! Me alegro que se tratara solo de eso, ya me había preocupado de que algo malo estuviera pasando.
- No cariño, nada malo. Al contrario – aseguré y mi sonrisa se ensanchó de solo pensar en la verdadera razón por la que me marchaba.
- De acuerdo zorris, pues ve a ponerte sexy para tu hombre que yo tengo que regresar al ensayo. Te diría que te llamo más tarde, pero estoy completamente seguro de que apagarás el teléfono para que nada interrumpa su reencuentro pasional.
- Me conoces muy bien Jim – le dije dándole un fuerte abrazo – ahora, es mejor que te des prisa antes de que a Patrick le dé por castigarte con cientos de Fouettés[1] por ausentarte tanto.
El solo sonrió y me dio un beso en la mejilla antes de regresar al salón de ensayo.
Mientras caminaba por la calle, con dirección a casa, no pude evitar pensar en cómo toda tu vida puede cambiar en un solo segundo. Cuando me levanté esta mañana jamás me imagine que iba a recibir una noticia que sería muchísimo más importante que mi primer protagónico.
Suspiré y llevé mi mano a mi vientre dándole una pequeña caricia. Ahí dentro se estaba formando una nueva vida, una vida que era producto del amor que Edward y yo sentíamos el uno por el otro. Una pequeña personita de la que aun desconocía si se trataba de un niño o una niña, de qué color serían sus ojos o su cabello, o si se parecería a su padre o a mí. Pero a pesar de todo, una personita a la que, aunque aún no había pasado ni una hora desde que sabía de su existencia, ya amaba con toda mi alma.
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El actor
Dos meses, dos malditos meses había pasado fuera de casa y era una verdadera tortura.
Es cierto que amo mi trabajo y que no podía imaginarme haciendo algo diferente con tanta pasión (a excepción de todo lo relacionado con Bella claro está) pero esto de tener que estar separado de mi novia durante tanto tiempo realmente apestaba, tanto, que hubo una vez en la que no pude soportar más y en cuanto tuve un periodo de descanso de un par de días tomé el primer avión a Nueva York y vine a ver a Bella. Es cierto que el vuelo entre Italia y Nueva York es de nueve horas, y si a eso le sumamos el asunto de la diferencia de horario y los tiempos de espera en el aeropuerto, hizo que en realidad solo pudiera estar con ella alrededor de medio día, pero no me importó porque puedo asegurar que hicimos que cada segundo valiera la pena.
Ese encuentro, lejos de calmarme, me dejó aún más hambriento de ella, por lo que ni bien había subido al avión que me llevaría de vuelta a Italia, ya había tomado una decisión, en cuanto volviera a Nueva York le pediría a Bella que aceptara ser mi esposa. No veía la hora en que se convirtiera en Isabella Marie Cullen, aunque conociendo el carácter fuerte e independiente de mi novia, lo más seguro es que quisiera conservar su apellido, por lo que en realidad sería Isabella Marie Swan Cullen.
Así que, en cuanto tuve un descanso entre filmaciones, me dirigí a la joyería más prestigiosa de Italia y compré un hermoso anillo con el cual le pediría matrimonio.
Afortunadamente por fin habían terminado las grabaciones de mi próxima película – donde interpretaría a un policía encubierto que viajaba a Roma para proteger a la principal testigo del asesinato de un importante político – y finalmente estaba de regreso en casa.
Sonreí cuando por fin salí – después de haber pasado por el engorroso proceso de la aduana – del aeropuerto JFK, ya que finalmente era libre y estaba a unas cuantas horas de ver a mi princesa.
Cuando hablé con ella ayer por la noche – de madrugada para mí en Italia – y le dije que llegaba alrededor de las 2:30 pm estaba bastante molesta por no poder venir a recogerme al aeropuerto ya que a esa hora ella aún se encontraba en la compañía y no saldría sino hasta un par de horas más tarde, sin embargo, le dije que no se preocupara, que tomara las cosas con calma y que ya nos veríamos en casa. Aunque en realidad tenía un plan distinto: iría a casa a dejar la maleta y darme un baño rápido para quitarme el cansancio del viaje, me arreglaría y entonces la sorprendería yendo a buscarla a la compañía.
Cuando llegué a nuestro edificio salude a Benjamín, el portero en turno, y subí rápidamente hasta nuestro loft. Aún tenía tiempo de sobra para prepararme pero quería hacerlo lo más rápido posible para irme con tiempo de sobra, no fuera a ser que Bella saliera más temprano y entonces nos cruzáramos en el camino.
En cuanto estuve frente a nuestra puerta metí la llave en la cerradura y me di cuenta de que el cerrojo no estaba echado, fruncí un poco el ceño ante este hecho, imaginando que tal vez Bella, nuevamente, había olvidado cerrar con llave la puerta al salir de casa, y preguntándome cuantas veces más lo había olvidado durante mi ausencia. Si bien es cierto que vivíamos en un barrio tranquilo y que nuestro edificio contaba con una excelente seguridad, aun así corríamos el riesgo de que alguien lograr colarse en nuestro departamento, no me preocupaban tanto las cosas materiales, al fin y al cabo eso podía reponerse, pero temblaba de miedo de solo pensar que alguien pudiera entrar y esperarla para sorprenderla cuando ella volviera y hacerle daño.
Abrí la puerta aun imaginando los peores escenarios posibles, pero todo pasó a segundo plano cuando – tras cerrar detrás de mí – me giré y me encontré con la visión de una hermosa morena sentada en el sofá de la sala leyendo un libro. Ella levantó la vista al escuchar la puerta abrirse y una hermosa sonrisa se plasmó en sus labios cuando nuestras miradas se encontraron.
- ¡Edward, llegaste! – dijo soltando un pequeño gritito de emoción y arrojó su libro a un lado antes de ponerse de pie para correr a mis brazos.
Yo la atrapé a medio camino y la levanté en el aire para comenzar a dar vueltas con ella.
- Te extrañe tanto – me dijo cuándo la deje suavemente sobre el suelo.
- Yo también cariño – le respondí y sin poder contenerme ni un segundo más, atrapé mi boca con la suya en un voraz beso.
Es cierto que en un inicio yo había planeado que nuestro reencuentro fuera dulce y lleno de palabras de amor, pero al parecer ambos estábamos ansiosos el uno del otro, como un sediento en un oasis.
Sin una sola palabra de por medio, la tome por su bien formado trasero y la alce, provocando que ella enredara sus piernas en mi cintura.
Sin dejar de besarnos, subí las escaleras que daban a nuestra habitación y en cuestión de segundos nuestras ropas habían desaparecido por completo y ambos caíamos sobre la cama (su cuerpo debajo del mío).
- Te amo – me dijo cuándo separé mis labios de los suyos para mordisquear la piel de su cuello.
- Y yo te amo a ti – le respondí antes de penetrarla con una fuerte envestida que nos arrancó a ambos un fuerte gemido de placer.
Hicimos el amor de una manera salvaje y ansiosa, demostrándonos con nuestro cuerpo cuanto nos habíamos extrañado y necesitado durante este tiempo separados.
Sentí como Bella llegaba al orgasmo, pero yo aún no tenía suficiente de ella, por lo que tomé sus piernas y las puse sobre mis hombros, logrando así penetrarla más profundamente. Era en momentos como estos cuando agradecía la elasticidad que el ballet le daba a mi novia, ya que podíamos intentar prácticamente cualquier posición sin miedo a que ella saliera con una fractura de columna. Al cabo de un momento, sentí nuevamente las paredes de Bella comenzar a contraerse y esta vez decidí acompañarla, por lo que, con un par de embestidas más, llegamos juntos al orgasmo.
Con sumo cuidado salí de ella y me tumbé de espaldas en la cama atrayéndola contra mí.
- Bienvenido a casa – me dijo con una radiante sonrisa, misma que yo correspondí antes de dejar un suave beso en sus labios.
- A esto es a lo que llamo una magnifica bienvenida – le respondí y comencé a acariciar su cabello, mientras ella apretaba su abrazo en torno a mí – por cierto, no es que me queje pero, ¿no se supone que a esta hora deberías de estar en la compañía? – pregunté recordando mi plan original de sorprenderla a la hora de la salida.
- Tengo el día libre – fue su sencilla respuesta
- ¿Pediste el día libre cuando tan solo faltan dos días para los resultados de las audiciones? ¿no puede resultar eso contraproducente?
- Si, veras – comenzó y noté que se ponía un poco nerviosa – el señor Martins me llamó hoy a su oficina para hablar sobre el papel de Giselle y… bueno, no lo hare – concluyó mordiéndose el labio inferior.
- ¡Oh cariño lo siento tanto! – le dije abrazándola más fuerte en un intento de consolarla, sabía cuánto anhelaba ella ese papel, así que podía darme una idea de cómo se sentía – sé que probablemente esto no sea suficiente consuelo pero, estoy seguro de que ya habrá otra oportunidad más adelante.
- No Edward – dijo separándose un poco de mi e incorporándose un poco para poder mirarme a los ojos – de hecho, yo obtuve el papel, sin embargo, tuve que rechazarlo
- ¿Qué? pero ¿por qué? – pregunté atónito por sus palabras – Creí que protagonizar a Giselle era tu sueño.
- Y lo es, sin embargo no puedo hacerlo.
- Por supuesto que puedes, tú naciste para ese papel ¿a qué viene esa actitud tan fatalista? Tú no eres así Bella
- No estoy siendo fatalista ni nada por el estilo. No se trata de que tenga miedo de no lograr una buena interpretación ni nada eso, es que literalmente no puedo hacerlo – aseguró, lo que me confundió aún más.
- No entiendo a qué te refieres
- A que dudo mucho que al público le agrade mucho ver a una bailarina embarazada, interpretando a una doncella que murió siendo virgen – declaró con una sonrisa tímida en su rostro.
Si, en definitiva el sexo salvaje con Bella había acabado con las pocas neuronas que me quedaban, porque no podía entender qué tenía que ver una bailarina embarazada con…
- ¿Estás embarazada? – pregunté cayendo finalmente en la cuenta de lo que me estaba diciendo
- Si – respondió ensanchando aún más su sonrisa.
- Mi amor, eso es maravilloso – dije y fue mi turno de plasmar una sonrisa estúpida en mis labios – un bebé, nuestro bebé – agregué antes de adueñarme de sus labios en un beso cargado de pasión – pero, ¿Cómo fue eso posible?
- ¡Por Dios Edward! Si lo que acabamos de hacer hace unos momentos no te da una idea, eso quiere decir que nunca prestaste atención a tus clases de biología
- No me refería a eso tonta – le dije dándole un mordisco juguetón en el hombro – me refiero a… ¿no se suponía que estabas tomando la píldora?
- Bueno, sí, sobre eso… – comenzó mordiéndose el labio inferior – se suponía que tu no ibas a estar aquí durante dos meses, y mi cuerpo necesitaba descansar un poco, así que pensé que sería buena idea suspenderlas por ese periodo de tiempo, después de todo, no es como si me fuera a embarazar con sexo telefónico. Y luego, tú viniste de visita relámpago y yo estaba tan emocionada de verte que simplemente olvide que no estaba tomando anticonceptivos y, pues aquí está el bebé – concluyó llevando mi mano hasta su vientre, el cual acaricié con reverencia.
- Cásate conmigo – le dije sin siquiera pensarlo, es cierto que no era esta la propuesta que yo había planeado, pero no podía pensar en un momento mejor que este para pedírselo.
- ¿Qué? – me preguntó luciendo adorablemente confundida.
- Cásate conmigo, Bella
- Edward, vamos a tener un bebé, pero esa no es una razón suficiente para casarnos, podemos seguir como estamos hasta ahora, no quiero que te sientas presionado ni mucho menos.
- Espera un momento – le dije y me separé de ella.
Sin siquiera molestarme en vestirme, bajé hasta la sala, donde había dejado olvidada mi maleta en mis prisas por hacerle el amor a mi mujer, y regresé con ella a la habitación; después de ponerla sobre una silla, la abrí y rebusqué en el cierre oculto de donde saqué la pequeña caja de terciopelo rojo en forma de corazón que contenía el anillo que había comprado en Italia.
Cuando me giré nuevamente hacia la cama, Bella estaba sentada recargada contra la cabecera y, para mi desilusión, se había cubierto con la sabana hasta los pechos.
- Edward – exclamó en un susurro bajo en cuanto me di la vuelta y vio lo que tenía en mi mano.
Con paso lento regresé hasta su lado en la cama e imité su posición, pero en vez de dejar que ella permaneciera en su lugar, la atraje de manera que ella quedara sentada a horcajadas sobre mi regazo para de esta manera quedar frente a frente y poder mirarla a los ojos.
- Isabella, – comencé tomando sus manos – te he amado desde el momento en que te conocí, primero como a una amiga, luego como a mi novia, como a mi amante, y ahora, el que vayas a ser la madre de mi hijo, me hace amarte aún más, si es que eso es posible.
Solté las manos de Bella solo lo necesario para tomar el estuche que había dejado sobre la mesita de noche, y lo abrí revelando así un hermoso anillo de oro blanco con un diamante en corte de corazón al centro.
Ella soltó pequeño jadeo al tiempo que cubría su boca con sus manos. Dado que estaba sosteniendo el estuche abierto con una mano, con mi mano libre tomé una de las manos de Bella y la llevé hasta mis labios para dejar un beso reverencial en ella antes de proseguir.
- Compré este anillo en Italia después de mi visita relámpago. Mi intención era dártelo dentro de dos días, cuando te llevara a cenar para festejar que habías obtenido tu primer protagónico, porque estaba seguro de que lo lograrías y no me equivoqué, aunque finalmente hayas tenido que rechazarlo debido a nuestro bebe, lo lograste.
"Es cierto que puede parecer que él bebe apresuró las cosas, pero no es así, y estás muy equivocada si piensas que el pedirte que nos casemos es precipitado, o que solo lo hago por algún tonto sentido de responsabilidad. Lo hago porque quiero compartir mi vida entera contigo, porque amo cada parte de ti: desde tu sedoso cabello, hasta tus pies llenos de ampollas, y eso sin mencionar la maravillosa persona que eres en el interior.
"Te estoy pidiendo que te cases conmigo, no porque estés embarazada, sino porque te amo y quiero hacer de lo nuestro algo oficial y permanente. Quiero que vayas de mi brazo y poder sentirme orgulloso de presentarte como mi esposa.
"Es cierto que podemos seguir como hasta ahora, y entiendo si no quieres casarte conmigo inmediatamente, si quieres esperar hasta que el bebé nazca o si quieres esperar algunos años más, no me importa, será como tú digas y en el momento en que tú lo desees. Solamente quiero que me prometas que aceptaras ser mi esposa.
Para cuando terminé de hablar, gruesas lágrimas caían por las mejillas de Bella, pero la gran sonrisa en su rostro me indicaba que eran de felicidad. Así que, sacando el anillo de su estuche, procedí a hacer la pregunta que definiría el rumbo que tomarían nuestras vidas a partir de ahora.
- Isabella Swan, prometo amarte para siempre, todos los días de mi vida ¿quieres casarte conmigo?
- ¡Oh por Dios! Por supuesto que si Edward, quiero casarme contigo – respondió mitad riendo, mitad llorando por la emoción – y no quiero esperar, es más, vistámonos y vámonos ahora mismo al registro civil – completó tratando de levantarse de su lugar en mi regazo.
- Ey, espera pequeña bola de adrenalina – dije sonriendo y sujetando firmemente sus caderas para mantenerla en su lugar – ¿no crees que primero debo ponerte el anillo? Además, creo que nuestros padres nos matarían si no los hacemos participes del gran momento – completé
- Cierto – me respondió completamente sonrojada y estiró su mano izquierda para que colocara el anillo al lugar en el que pertenecía – Es hermoso – dijo poniendo su mano frente a ella y contemplándolo fijamente
- No tanto como la mujer que lo lleva puesto – respondí tomando su mano para dejar un beso sobre el dedo que portaba el anillo de compromiso, y luego la atraje hacia mis labios – Te amo.
- También te amo – respondió y nos perdimos en un nuevo beso.
Esta vez el beso fue más suave y, por supuesto, dio paso a una nueva ronda de hacer el amor, solo que ahora de manera más lenta, deleitándonos de cada centímetro de nuestro cuerpo, demostrándonos con besos y caricias todo lo que había en nuestros corazones. Cada vez que hacia el amor con Bella era como una experiencia religiosa, pero en este momento, el hecho de saber que era mi prometida, y que estaba esperando un hijo mío lo hacía aún más sublime.
El resto de la tarde pasó entre una combinación de comer desnudos en la cama, hacer el amor y, mientras descansábamos entre rondas, hacer planes para nuestra boda, pero sobre todo, soñar con la maravillosa personita que venía en camino para completar nuestra pequeña familia y, sobre todo, llenar de alegría nuestras vidas.
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La bailarina
¡Iba a casarme con Edward Cullen, y eso me hacia la mujer más feliz del mundo!
Si alguien me hubiera dicho que mi vida iba a cambiar tanto en menos de veinticuatro horas, me hubiera reído en su cara. Sin embargo, así fue.
El día de ayer, a esta hora, estaba llegando a la compañía preparada para tener una larga jornada de trabajo, ansiosa por conocer los resultados de las audiciones para Giselle y emocionada porque, después de dos meses lejos de casa, por fin volvía Edward. Y hoy, mi vida ha dado un giro de 180°.
Y no es solo el hecho de saber que había obtenido el papel que tanto deseaba y que aun así tuve que rechazarlo debido a mi embarazo (del que tampoco sabía nada), sino porque ahora el dedo anular de mi mano izquierda estaba adornado con un hermoso anillo de compromiso, claro signo de que iba a casarme con el hombre al que amo.
Esta mañana, llamé temprano a James para decirle que no iría a los ensayos de la compañía – ya que estaba segura que se volvería loco de la preocupación si simplemente no me veía llegar – pero que de todos modos me pasaría por el NYCB ya que tenía una cita con el señor Martins. Si pensé que esa llamada lo tranquilizaría obviamente estaba muy equivocada, pero finalmente se calmó un poco cuando le dije que Edward y yo los invitaríamos a él y a Riley a cenar y entonces les pondríamos al corriente de lo que estaba pasando.
Eran las once de la mañana en punto cuando el señor Martins me pidió que entrara a su oficina. Durante la entrevista hablamos de las diferentes opciones que tenía con respecto a mi situación:
La primera, era que me tomara un año de licencia por maternidad, durante ese tiempo no tendría goce de sueldo, pero mi lugar en la compañía seguiría asegurado para después de que el bebé naciera. Aparentemente era la mejor opción, y el asunto del dinero no era un problema, pero honestamente dudaba mucho poder estar un año entero lejos del mundo del ballet.
La segunda opción era que siguiera viniendo a la compañía y que ayudara, dentro de la medida de lo posible, tras bastidores: vestuario, cambios de ropa, tal vez apoyar a coordinar alguno de los ensayos con las chicas nuevas y cosas así. Esta opción me agradaba un poco más, no era mi elección soñada, pero al menos me ayudaría a no ausentarme tanto, y tal vez incluso pudiera aprovechar a practicar un poco, claro si es que mi embarazo iba bien y mi ginecólogo me lo permitía.
- Tenemos una última propuesta Isabella – me explicó el señor Martins – no es algo común que la ofrezcamos, pero en lo personal me parece la más adecuada para ti.
"Como bien sabes, el NYCB ofrece cada año el programa de verano para nuevas promesas del ballet. Este programa está dirigido a niñas y adolescentes que desde muy pequeñas muestran grandes cualidades en este arte. Nos gustaría mucho que este año formaras parte del equipo docente de ese programa.
- ¿En verdad? – respondí sin poderme creer que me dieran una oportunidad como esta.
- Así es, nos gustaría mucho que alguien con tu calidad escénica diera tutorías a las niñas, obviamente debido a tu condición no podrás estar cien por ciento al frente de un grupo, ya que necesitaras trabajar con alguien que les indique como realizar la gran mayoría de los pasos, pero puedes ayudarles con su expresión corporal, a mejorar sus posturas, etc.
"El programa no empieza sino hasta dentro de tres meses, eso te daría el tiempo suficiente para que tu primer trimestre lo pases de manera tranquila, ya que solo tendrías que venir algunos días previos a la fecha de inicio a preparar material y a organizar tus clases con tu compañera de apoyo. Y dado que es solo por el verano, terminara mucho antes de que tu fecha de parto este próxima, así que podrás tomar esos últimos meses para preparar todo lo relacionado con el bebé.
No podía creer lo que escuchaba. ¡Esta oportunidad era perfecta! Tenía suficiente tiempo por delante para planificar mi boda con Edward – ya que habíamos decidido que no queríamos nada ostentoso – y tal vez tener una pequeña luna de miel antes de tener que presentarme al programa. Y luego, cuando acabara, tendría el tiempo suficiente para relajarme antes de que naciera el bebé.
- Acepto – dije sin siquiera detenerme a pensarlo un segundo
- No tienes que responderme ahora mismo Isabella, puedes tomarte el resto de la semana pasa sopesar bien en las opciones, supongo que tienes que comentarlo también con el señor Cullen. ¿Qué te parece si fijamos una nueva cita para el próximo lunes y entonces me das tu respuesta?
- No es necesario señor Martins, me encanta la idea de dar las tutorías, y estoy segura de que Edward estará de acuerdo con cualquier decisión que yo tome. Igual dependeré solamente de lo que diga mi ginecólogo respecto a cómo vaya avanzando mi embarazo para ese momento. Pero si no hay ningún problema, me encantaría pertenecer al programa de verano.
- Perfecto. Entonces le hare saber a la junta directiva de tu situación y de la decisión que se ha tomado al respecto. Una vez que tengas tu cita con el ginecólogo programaremos una nueva reunión para que me informes sobre el estado de tu embarazo y, si todo marcha bien, darte la información necesaria para tu participación en el curso de verano.
- Muchísimas gracias por esta oportunidad señor Martins, le prometo que no lo voy a defraudar.
- Cuento con ello Isabella. Por cierto, tus compañeros se preguntaran por qué de pronto dejaras de asistir a los ensayos, así que mañana, cuando demos a conocer las listas con los papeles para Giselle, planeo informar a tus compañeros acerca de tu embarazo y de cómo quedará tu situación dentro de la compañía.
- Si no es mucha molestia, ¿podría estar presente cuando dé la noticia de mi embarazo?
- Por supuesto, aunque estés temporalmente retirada de los escenarios aun formas parte de la compañía y eres bienvenida a presenciar los ensayos cuando quieras.
Después de una breve despedida, salí de la compañía para encontrarme con mi prometido que me esperaba en una cafetería cercana.
Cuando volvimos a casa, tuvimos una videoconferencia con nuestros padres para contarles las buenas noticias. Está por demás decir que todos se mostraron sumamente entusiasmados por la boda, pero cuando se enteraron de que estaban próximos a ser abuelos parecía que iban a volverse locos de felicidad. Incluso Esme y mi madre hicieron una coreografía extraña que pretendía ser un baile de la victoria, y luego comenzaron a bombardearme acerca de todos los cuidados que debería de tener durante el embarazo.
Pero si creía que la escena entre mi madre y mi futura suegra había sido ridícula, esto no tenía nada que ver con la reacción de James cuando se lo contamos más tarde durante la cena. Él literalmente gritó a todo pulmón "¡Riley, vamos a tener un bebé!" (Si, porque al parecer el pequeño ser que habitaba en mi vientre no solo era de Edward y mío, sino también de ellos), afortunadamente Edward había solicitado un reservado en el restaurant para tener intimidad en nuestra cena, de lo contrario estoy segura de que todos los comensales se hubieran girado a vernos debido a su grito.
- No puedo creerlo, un pequeño Cullen viene en camino – exclamó poniendo su mano en mi vientre – y con lo malditamente sexy que son ustedes, estoy seguro de que será el bebé más hermoso del planeta.
- Eso puedes apostarlo – le respondió Edward muy pagado de sí mismo.
Muy al contrario del recelo que Edward sentía hacia James cuando estábamos estudiando juntos, ahora tenían una relación muy amena, es cierto que mi novio a veces no terminaba de acostumbrarse a las excentricidades o los comentarios fuera de lugar y en doble sentido de mi amigo, pero al menos ya no quería saltarle a la yugular cada vez que me tocaba e incluso ya había aprendido que algunas veces era mejor seguirle la corriente.
- Muchas felicidades – dijo ahora Riley – imagino que deben de estar muy emocionados
- No tienes una idea Ry – le respondí – es cierto que nunca nos lo imaginamos y que para nada lo habíamos planeado, pero no podemos estar más felices.
- Espera – interrumpió James – si estas tan solo de unas cuatro semanas, eso quiere decir que en aquella visita relámpago de Edward… – dejó la frase sin terminar, pero sabíamos exactamente lo que quería decir.
Yo solo asentí ruborizándome un poco y mordiendo mi labio inferior, mientras que mi novio me abrazaba y se reía.
- Eso parece – les confirmó.
- ¡Wow! Aunque no me sorprende, después de un mes de estar separados ya imagino le menudo reencuentro que han de haber tenido – dijo Riley de manera pensativa pero lo suficientemente fuerte para que todos lo oyéramos, lo cual nos provocó una carcajada.
- Bueno, entiéndenos, llevábamos un mes sin vernos, e íbamos a estar separados por otro mes más. ¡Teníamos que aprovechar! – nos defendí.
Charlamos un poco más acerca del bebé y de la oportunidad que me ofreció el señor Martins en el taller de verano, así como de lo nervioso que estaba James por los resultados que se publicarían mañana, ya que él había audicionado para el papel de Albrecht. Edward nos platicó un poco acerca de cómo habían sido las grabaciones de su nueva película, y de todo el proceso que aún tenía por delante. Mientras que Riley nos hablaba de lo duro que estaban siendo los ensayos y lo ansioso que estaba por el próximo recital que iban a presentar sus pequeñas alumnas de la academia donde era instructor.
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El actor
Para cuando llegó el momento del postre, Bella y yo decidimos que era el momento de soltarles la segunda bomba, por lo que comenzó a buscar en su bolso su anillo de compromiso (que se había quitado solamente porque no quería correr el riesgo de que lo notaran antes y arruinar la sorpresa de la noticia).
- Hay algo más que queremos decirles – comencé…
- ¡Vamos a casarnos! – me interrumpió mi prometida con un grito de emoción y extendiendo su mano izquierda para mostrar el anillo que ya se había puesto.
- ¡Oh por Dios! pequeña zorra – le respondió James contagiado con su emoción y jaló a Bella para ponerla de pie y darle un fuerte abrazo antes de tomar su mano para observar más de cerca el anillo.
- ¡Lo sé! – dijo ella entre risas – lo tenía todo planeado desde que la señorita Ramos nos emparejó en clase, ¿Por qué crees que me embaracé? Tenía que atrapar al galán – concluyó guiñando un ojo y riendo a carcajadas, contagiándonos a todos por su loca ocurrencia.
- Tengo que ser la dama de honor – proclamó James como si no hubiera otra opción.
- Pues claro que sí, tonto ¿A quién más se lo iba a pedir si no? – estuvo de acuerdo Bella y, a pesar de que aún no hablábamos al respecto, me pareció la decisión más lógica.
Es cierto que, a pesar de la distancia, Bella tenía una excelente relación con Alice y Rosalie, e incluso hasta podría decirse que puede considerarlas unas grandes amigas. Pero su relación con James, siempre ha sido más fraterna, y durante estos últimos años no ha hecho más que afianzarse. No puedo negar que había ocasiones en las que aun sentía algún resquicio de celos cuando los veía bromear con comentarios sexuales, y una parte muy en el fondo de mi subconsciente todavía me decía que James de alguna manera la deseaba, sin embargo, sabía que no había nada de qué preocuparse, así eran ellos, como hermanos separados al nacer y, honestamente, no podía pedir un mejor amigo para mi prometida.
- Están locos ¿verdad? – me preguntó Riley en voz baja mientras mirábamos embelesados al objeto de nuestro afecto haciendo el ridículo baile de la victoria que habían inventado tiempo atrás.
- Sí – estuve de acuerdo – pero creo que eso es parte de lo que nos hace amarlos aún más.
- Propongo un brindis – exclamó Riley en voz alta, atrayendo nuevamente la atención de nuestras parejas, quienes regresaron a sus lugares a nuestro lado.
Llenamos nuestras copas con jugo de manzana espumoso, debido a que Bella no podía ingerir alcohol decidimos acompañarla y beber lo mismo, y posteriormente Riley prosiguió:
- Por Edward y Bella, porque el amor que se tienen el día de hoy y que los llevará al altar perdure para toda la vida. Y por nuestro sobrinito que viene en camino, y al cual Jim y yo vamos a disfrutar malcriando, para que su vida este llena siempre de triunfos y felicidad.
- Y por la mejor dama de honor que una novia pueda desear – completó Bella dirigiéndole una sonrisa a James quien solo le guiño un ojo en respuesta.
- ¡Salud! – dijimos todos a coro y chocamos nuestras copas.
Hay algo de lo que estoy completamente seguro, con el paso del tiempo, puedo tener una carrera exitosa, filmar decenas de películas, e incluso llegar a ganar los más valiosos reconocimientos… pero es en momentos como este, celebrando las buenas noticias con algunos de nuestros amigos y viendo la cara de felicidad y plenitud de mi prometida, donde está la verdadera felicidad.
[1] Fouetté en Tournant: Espectacular giro donde el pie de trabajo es estirado y recogido durante las vueltas. La cabeza se mantiene mirando un punto fijo y los brazos ayudan a la postura y al giro.
HAPPY BIRTHDAY TO ME!
Que tal vampiresas (y vampiros si es que hay algún chico por aquí)
Primero que nada, quiero contarles que hoy es mi cumpleaños, y no solo mio, sino también del fic (que como ya conté antes, se inicio un 17 de junio) así que quise celebrar con un nuevo capitulo.
Déjenme les cuento que este capitulo originalmente no terminaba aquí, pero se me empezó a alargar por lo que decidí dividirlo en dos, la buena noticia es que el siguiente esta a mas de la mitad, así que tardará menos en llegar.
Cuéntenme ¿comó les pareció el capitulo? ¿qué opinan del embarazo de Bella? y aun mas importante ¿qué creen que vaya a ser el bebé, niño o niña?
Muchísimas gracias a Isa Martinez del grupo Universidad Fanfiction, a Yoliki y a danielaMc1 por sus hermosos comentarios. En verdad chicas, los aprecio mucho, sobre todo porque es la única manera de saber que a alguien mas aparte de mi le gusta esta historia.
Y ya que el fic y yo estamos de cumpleaños ¿nos regalan un rewiew?
Hasta la próxima :)
"Mi vida era como una noche sin luna y entonces EDWARD cruzó mi cielo como un meteoro"
Ruby
