Este fic lo tengo tanto en Wattpad como en AY, no es plagio. Simplemente quiero invadir mis páginas favoritas de estas suculentas parejas, no pude evitarlo xD

Disclaimer: Los personajes de Supernatural, claramente no son míos (joder, que Gabriel jamás hubiese muerto!), sino de Eric Kripke.

Una noticia Importante abajo por favor.


Capítulo IV:

Calamidad en tus ojos.


— Recostémoslo. — ordenó una voz varonil de un sujeto, mientras con la ayuda de otro dejaba con cuidado el cuerpo que cargaba sobre la cama de pieles.

Dean sintió la suavidad de sus pieles como si fuese una nube, mientras olfateaba su aroma adormilado y el cuero, una forma para seguir creyendo que estaba en la vida real y no en un mal sueño.

— Lo siento. — la voz proveniente de Benny que se escuchaba fue más débil que sus pasos fuera de su habitación.

Inhaló, exhaló, y repitió la acción varias veces pese a que sentía el ardor de su piel rasgada al subir y bajar. No tenía ni idea de cómo había quedado su espalda, pero tal vez la evidencia quedaba resuelta cuando todos miraron asqueados esa parte de su anatomía magullada y la cara de Cristopher de color rojo pese a la distancia que había entre ellos; John sólo permitió que Pamela y Missouri cerraran las heridas grandes y profundas, las demás debían curarse por sí solas para aumentar su dolor, su castigo. Dean podía jurar que debió ser una herida enorme si las dos sanadoras se miraban preocupadas y sus propios cazadores quisieron arremeter contra Cristopher por no haber puesto límites en su fuerza, gracias a los cielos que Bobby puso orden.

Maldito sea su primo. Sólo le quedaba el gusto de haber intimado primero con el beta que perseguía actualmente. Oh, bueno, tal vez de ahí venga su disgusto, ¿pero nadie le dijo que su pretendiente era un chico muy "sociable"? Puff.

El sueño se estaba apoderando de él y el silencio que lo rodeaba apoyaba a la causa, pero su mente no podía dejar de pensar en que la habitación del otro lado de la cabaña estaba vacía, porque Adam seguía siendo atendido con urgencia a manos del pastor Jim. Su pequeño hermano.

Metido en su mente y con poca energía, no sintió la presencia tímida que entraba en su cuarto, así que gruñó con sorpresa y dolor cuando una mano palmeó su hombro supuestamente en la zona no dañada, pero para él hasta el aire lo estaba torturando.

— Dean.

Era Sam. Sam y su mirada tambaleante, avergonzada y preocupada. Su hermano no tenía los ojos tan verdes como él, al contrario, era una extraña mezcla entre el jade y el zafiro, dándole un toque como las aguas del rio que chocaba con el verde césped. La mirada de Sam anteriormente era como esas aguas tranquilas pero llena de fortaleza para ir siempre contra la corriente. Ahora, ahora lucían extrañamente calmadas, en modo de espera.

Sam, ¿qué estaba esperando?

— Lo siento Dean. De verdad lo siento. — el castaño recorría sus heridas con aquella cara de perrito herido, y como siempre, él no soportaba verla.

— ¡Hey, Sammy! ¿Disfrutando de la vista? — vale, tal vez intentar bromear no era una de sus mejores ideas, pero tal parece que su visitante decidió ignorarlo por ahora.

— Padre por fin se volvió loco.

Lo que soltó Sam fue como una queja al aire, un suspiro ignorado o sin comprender, pero el rubio volteo a verlo olvidando el dolor por un posible latigazo en plena cicatrización en su cuello, sólo para mirar fijamente a su compañero de sangre. El castaño se dejó caer a su lado con un agotamiento recorriendo todo su cuerpo, bufando y mirando hacia la nada, pero meditándolo todo.

El rubio de ojos verdes no paro de observarlo, sin pensar en nada, solo observándolo. No mirando al hombre frente a él si no al niño que siempre pedía que jugara con él o el que reclamaba su atención por no querer compartirlo con un Adam infante. Entonces ese niño levantó su mirada y chocó con la suya, dando palabras que hasta cierto punto él se creía.

— Ash, Andrew y Ava murieron Sam. Creo que es lo menos que merecía. — sonaron decididas pero en murmulló, sin ánimos de refutar la antología pero dejándolas como afirmación

— ¡Claro que no Dean! No fue tu culpa. — contrarió el castaño, negando ferrovialmente con la cabeza y apretando los labios.

Sam creía en él, aún lo apoyaba, pero el vacío en su pecho, esa calamidad que notaba esperar en su hermano para ser desatada le estaba oprimiendo el corazón desde hace ya varias noches oscuras. Entonces un odio se apoderó de su mente así como la imagen de una sola mujer.

— Tal vez Sam, no fue completamente mi culpa. — su voz fue más sombría, cada vez llenándose más por deseos de un asesinato

— ¿Qué quieres decir?

— Ruby dijo que los wargos estaban del otro lado del rio… ¿cambiaron de planes repentinamente? — comentó Dean con verdadero veneno y estuvo tentado a escupir tras escuchar ese nombre, pero no quería más sangre en sus propias cobijas.

Sam lo miro fijamente, precavido, escogiendo cada palabra tras saborear en su mente su propio análisis de la acusación.

— Quieres decir…

— ¡Nos engañó Sam! — rugió el rubio con ira, sin importarle que alguien pudiese escucharlos tras la gruesa cortina que los separaba.

— No lo creo Dean, ella no tiene por qué hacer eso. — negó sin siquiera dudarlo.

— ¿No tiene por qué? ¿La estas defendiendo? — el futuro líder no lo podía creer y la furia crecía y crecía. Amenazaba con brotarle del pecho, y pobre de la maldita desgraciada si se atrevía aponer su fea cara frente a él.

— No es eso. — aseguró el castaño, pero fue más por sentir las emociones negativas que irradiaba su hermano mayor.

La habitación de pronto pareció mucho más pequeña para ambos hermanos de lo que en verdad era. La tensión era demasiada, ambos perdidos en mantener el control y la mente fría, ya sin saber para ambos en qué punto exacto se encontraban ahora. Más sin embargo el Lycan herido se dio la tarea de tranquilizarse, tomar aire nuevamente y aferrado al montón de tela que tenía debajo de él.

— ¿Ava y Andrew no eran tus amigos? ¿No era Ash como nuestra familia? ¡Están muertos Sam! — siseó con rencor, herido y en pena. Sam se vio en el acto de agachar la mirada, pero Dean ya no sabía cómo interpretar aquella acción que en el pasado no dudaría en definirla como pena ante la muerte, ahora parecía extraña en ese rostro — Joder, ¡mira mi espalda y dime si la sigues defendiendo!

No hubo contestación, lo peor de todo es que ya no sabía qué respuesta era la que quería recibir. Ya no sabía si quería al Sam enojado o al avergonzado, al tímido o al fuerte, a un Sam indignado o a este que parecía indiferente con la reciente tragedia. Solo sabía que estaba recibiendo silencio de la persona en la que más confiaba, en su maldita otra mitad que parecía desvanecerse como imagen sobre el agua.

Sam levantó la cabeza en lo alto, con una oscuridad atravesando sus ojos que Dean ya no entendía si le asustaba o le sacaba de quicio.

— Lo descubriré hermano — anuncio el castaño con fiereza —, te juro que lo hare por qué esto debe tener una explicación.

Ahí estaba su respuesta. Y no pudo sentirse más inconforme con ella que sin tenerla. Ahora Dean sabía a dónde se dirigía su hermano, pero no tenía ni ganas ni la cordura suficiente para detenerlo, porque estaba seguro que de ver a la bestia de Ruby no se contendría con gritarle. Pero debía tener fe en que Sammy le sacaría la verdad a la muy desgraciada, o que la mataría en el instante de notar su traición.

Porque, eso es lo que haría Sammy.

— Idiota… — se ofendió a si mismo por dudar de su propia sangre. Ya estaba delirando, seguro por las heridas que seguían abiertas.

Más le vale a Cristopher haber usado un látigo limpio, porque si le ocasionó una infección no importaría que tanto parentesco familiar tuviesen o si ofendía a sus ancestros, lo molería a golpes y después le volvería a quitar a su noviecito. Seh. Suena perfecto el plan.

Y así es como va perdiendo la conciencia, tratando de imaginar todo escenario gracioso en el que su primo podría encontrarlo a él y a su beta "sociable" en todo tipo de situación, sólo para olvidar que Sam esta una vez más en la boca de la bestia.

Así que cuando despertó en la madrugada faltando el par de horas para ver el sol amanecer no se le hizo raro encontrarse a sí mismo en la misma posición que en la que se quedó dormido, solo, en su habitación con la brisa fresca que se infiltraba entre la madera y rozándole la piel y la antorcha apagada. Gracias a su raza no pasaba frio con esas temperaturas, acostumbrado al ambiente del bosque y roca helada que lo rodeaba siempre también apoyaba a la causa, pero sin duda sus cicatrices más profundas debían seguir frescas para sentir el viento sobre ellas.

Puesto que el cuerpo lo tenía tan entumido por haberlo dejado inactivo tanto tiempo, sacudió la cabeza un poco y bostezó otro rato antes de decidir que ya podía pararse. Con sus brazos subió el tronco y con un golpe de valor dobló las rodillas; la espalda entera le crujió en su momento y el mordió su mejilla interna para callarse el aullido que amenazo con salir de su boca. No le seguía doliendo, pero por lo mismo de haber mantenido una misma posición, ahora sufría las consecuencias con todos los músculos engarrotados y la sangre de sus heridas seca.

Se tomó un respiro antes de ponerse de pie en definitiva, y si bien sintió un leve mareo todo paso rápido, saliendo de su cuarto sin problema alguno. Caminó por el pasillo a su derecha y llegó al final del piso, donde tenía una agradable vista de las montañas del oeste, también la escalera en vertical pegada a un poste que lo llevaba al primer piso.

No terminó ni de bajar los escalones para cuando saltó desde la mitad y cayó en cuclillas. ¡Bien! Tal parece que ya estaba perfecto, a excepción del olor que desprendía de carne podrida y sudor enfermizo. Qué asco; era un guerrero, un cazador, no una desagradable y apestosa bestia de las sombras.

Se acercó a los barriles llenos de agua que los omegas encargados del orden en su cabaña dejaban siempre en ese lado y no dudo en echarse con un bote pequeño toda la que podía. Estaba helada pero no importaba, se sentía tan bien contra su lastimada piel. Fue el ruido de piedras friccionadas lo que le hizo detenerse cuando iba por la mitad del barril, volteando por curiosidad a saber quién estaba despierto a esa hora.

Era un omega por su olor, de los que trabajaban en su casa y muy joven. ¡Ah! De los que perseguía constantemente Adam y lo ignoraban. Sintió un pinchazo en el pecho al recordar al pequeñito.

— Señor. — saludó e inclinó su cabeza adelante. — Lamento la interrupción.

El omega era de cuerpo delgado y con figura delineada, cabellos oscuros y ojos del mismo color, de tez bastante clara pese a la poca luz que les iluminaba y sus pantalones de cuero negro le daban un toque tan adorable que su instinto se alteró al imaginarlo solitario a esas horas.

— No importa. — habló con tranquilidad y sin ponerle mucha atención — Dime, ¿qué haces despierto tan temprano? Y solo además.

Un omega tenía prohibido salir en cuanto el sol se ocultara y no tuviera escolta o compañía apropiada. Pese a que la época de celo era una vez al año para ellos y muy agresivo en ciertos casos, eso no impedía que su aroma atrajera a más de uno a perder la razón. En su aldea se castigaba al que abusara de la situación, y aunque ninguno en su pueblo era tan salvaje, lo mejor era evitarlo a toda costa. Aparte, sus territorios eran fronterizos con el enemigo y sin restricciones fuera del área, cualquiera podría pasar y abusar de uno de sus omegas.

Los omegas-alfa también entraban en celo una vez en el año, pero aun así podían defenderse a toda costa contra su atacante. O ser extremadamente apasionados en el momento de la unión. La verdad, Dean les tenía un gran agrado por eso último.

El chico se encogió en su lugar y su aroma transmitía nerviosismo, también un toque a pan dulce y calidez. Si él no tuviese control sobre sí mismo, no dudaría en cortejarlo, aunque pronto se le irían las ganas. Nunca ha sabido por qué razón un omega nunca llama su atención de manera fácil, como sí no terminara por convencerle.

Nada que agua helada cayendo sobre él no cortara con la tensión. Sacudió la cabeza una vez más salpicando a todos lados, incluso el omega se vio obligado a dar un paso atrás y al mismo tiempo tomar valor para responder.

— Los asistentes de la casa decidimos turnarnos para su cuidado. Aunque… — pese a sus mejillas sonrojadas, Dean se fijó más en el paño seco que llevaba en manos —, bueno, su padre no lo sabe. No nos permitió entrar a su cuarto. Aun así nosotros quisimos vigilar por si despertaba.

Eso fue una sorpresa. Si bien Dean no se consideraba caprichoso o malcriado, tener ese tipo de afecto por parte de los demás que estaban a su servicio lo hacía sentir algo desorientado todavía. La preocupación de sus asistentes era amable y al mismo tiempo hilarante para él. Ósea, ni siquiera sabía el nombre de quien tenía enfrente. Ups.

El omega pareció recordar su tarea y con el mismo sonrojo elevó el paño en su dirección, el rubio comprendió que el acto en sí ofrecía que el omega le secaría o al menos ayudaría con las heridas en su espalda, pero Dean no quería tenerlo tocando su cuerpo, más por cuidado del omega que por su propio instinto que se supone debía hacer que saltara sobre él.

Diablos. Por eso prefería a los betas o alfas como lo era Cassie, eran mucho más fáciles de seducir y no sentir culpa al respecto.

— Lo agradezco. — tomó el pedazo de tela seco antes de que el chico hablara, este boqueó unos segundos confundido pero mejor se ahorró las palabras.

El omega asintió con la cabeza y lo siguió observado. Dean se había dado el último bote para sentirse por completo aseado y paso el paño por su torso y lo que pudo de su espalda para no frotarla con dureza. Sus pantalones no importaban, se secaban muy rápido.

Y aun así durante todo el tiempo, el omega no dejo de observarlo.

— ¿Algo que quieras decirme? — fue directo y giró para quedar cara a cara, notando de esa forma que el chico mordía su labio inferior y su aroma se intensificaba de puros nervios y vergüenza, comenzando a marear al alfa con tanto dulce en el ambiente.

— Señor — lo llamó, tomó aire con valentía y soltó la sopa —, el joven Sam no estuvo aquí anoche. Cuando salió de su cuarto se fue por el bosque.

Silencio.

Estupefacto.

Con cara de roca pero con la mente hecha toda una revolución.

Sam no ha regresado desde la noche temprana de ayer, y aunque no era la primera vez que se salía a sus anchas sin avisar a nadie por obvias razones, esta vez el pequeño omega sí que se había dado cuenta. Dean en algún punto de su cabeza pasó la escena donde acorralaba al asistente y le amenazaba con decir una sola palabra de la desaparición de Sam, pero logró controlarse sin mostrar sus verdaderas intenciones.

No, sí el chico se lo dijo con cara de cachorro perdido era porque su acción de confesarse era banalmente impulsado por la preocupación, no por morbo, siquiera curiosidad. Y él tampoco debía de estar tan preocupado, seguramente Sam al volver le traería la ubicación exacta de donde se pudría el cadáver de aquella wargo tan odiosa.

Entonces pudo volver a mostrar señales de vida mientras el pelinegro pequeño temblaba por la incertidumbre.

— ¿Mi padre lo sabe? — sus brazos a sus costados estaban tensos pero mantuvo la barbilla firme y los ojos tranquilos, al menos pareció incomodar menos al omega porque este ya no tardo nada en contestar.

— No señor, el jefe estuvo toda la noche con el joven Adam, quien por cierto sigue grave aunque recupera la conciencia por momentos. — Dean se percató que el nombre de su hermanito fue acompañado por un sonrojo tremendo y un brillo ocular muy raro en alguien cuyo iris era negro, pero se lo guardo sin tener curiosidad en esa pequeña muestra de interés. — Ahorita su padre se acaba de meter a su alcoba.

A lo mejor su cara no mostro todo desinterés posible porque el omega volvió a temblar cual gelatina posiblemente por la vergüenza de verse descubierto. Dean no pudo evitar levantar una ceja así como su comisura derecha un poquito en muestra de una sonrisa burlona, pensando que los intentos fallidos de Adam no eran tan "fallidos" después de todo. El omega enterró sus ojos en la tierra ya sin intentar esconder lo evidente, pero al menos se callaría su vergüenza.

Dean negó con la cabeza tremenda demostración de enamoramiento infantil, pero no negó que le ponía feliz saber que a Adam le tocarían mejores cuidados al llegar a casa que los que él recibió esa noche.

— Vuelve adentro. No debes salir cuando aún esta tan oscuro.

— Claro. Con su permiso.

— Y no le digas nada al jefe, ayer fue un mal día y Sam sólo necesitaba espacio. — el omega asintió a la orden y dio la vuelta casi volando.

Dean no se movió de su lugar hasta que esa silueta pequeña se desapareció con velocidad de la luz por la planta baja de su hogar y aún después siguió concentrado en su olor hasta que desapareció detrás de algunas cortinas que indicaban que llegó a casa.

Con eso el rubio se conformó para quedarse tranquilo sabiendo que la nueva futura presa de Adam estaba a salvo.

Adam.

Aún era muy temprano pero tenía ganas gigantescas de ir con su hermanito para saber cómo estaba desde ayer. Sus heridas fueron fuertes y mortales, eso fue lo último que escuchó del pastor Jim antes de que Missouri y Pamela le hicieran rechinar los dientes al curarlo.

Sin replicas camino a grandes zancadas colina abajo dando vuelta por la pequeña montañita detrás del mercado y de las chozas de su pueblo, más abajo y del lado derecho de la aldea se encontraba la única cabaña grande con cuatro entradas colaterales y con antorchas encendidas, los arboles a su alrededor eran especiales pues sus hojas moradas contrarrestaban con el color tradicional, así como su uso práctico medicinal. Las hojas apestaban horrible si las aplastabas, pero su función curativa era una de las pocas cosas que tenían a su favor ya que cerraba cualquier herida y calmaba el dolor a grandes rasgos.

La cabaña era para los heridos que tienen que estar bajo supervisión noche y día, pero cuando entró a su gran habitación de entre todas las colchas de pieles dobladas en orden de hileras, sólo unas en el centro del lado derecho estaban estiradas por la madera mientras le daban comodidad a un solo cuerpo. El de su hermanito.

Dean se acercó con pasos silenciosos aunque no había señales de nadie, el único huésped era un adolescente rubio y de piel acaramelada, delgado pero musculoso y alto, su apariencia tan tranquila en la lejanía diría que estaba dormido, pero eran las vendas en la mitad de su cuerpo, el sudor frio y el subir y bajar de su pecho un poco acelerado lo que indicaba su mal estado.

El ojiverde no podía creer que este era Adam. El mismo Adam que llegó una mañana nublada en brazos de su padre después de no haberlo visto durante semanas, y esa mañana justamente llegaba no sólo con noticias de una victoria más, sino con un cachorro de poco más de un año que ahora era su nuevo hermano.

Al principio no lo comprendía pues su pequeña mente de un niño de ocho años no aceptaba que tuviese un medio hermano porque su padre se haya acostado y preñado a una omega que no era su mamá. Dolió, se sintió traicionado y que traicionaba la memoria de su hermosa madre, pero entonces la manita del nuevo integrante se poso en su mejilla y él miro en su dirección con el ceño fruncido, que no duro dado a la enorme sonrisa que le estaba brindando su intruso.

Suspiró fuerte, bajó sus pequeños hombros en resignación e implorando a los cielos que a Sam le pareciera buena idea tener un hermano menor, sin mirar a su papá o a Bobby giró con el pequeño balbuceando adentrándose a su casa en busca de su otro niño balbuceante.

Dean salió de ese recuerdo tan bonito y nítido que guardaba, porque lo que sintió con esa manita en su rostro fue lo mismo que pasaba cuando Sam en aquella época pedía su atención: proteger y dar todo a su familia.

Por eso él era así, debía ser fuerte, el mejor, un alfa excelente que velara por los suyos y sus tierras. Y ver a Adam en ese estado, pensar que Sam estaba en el bosque con aquella maldita, no se lo podía perdonar ni estar en paz: porque era su trabajo, de nadie más, mantener el orden, la paz y la grandeza.

— Hmm.

Dean levanto los ojos saliendo de sus delirios y cuando notó que su hermano parecía estar despertando él se puso de rodillas a su lado esperando en verdad que por fin se abrieran esos parpados y dejasen ver los ojos azules gríseos que escondieron en angustia.

Y así fue, el rubio no soltó el aire hasta que esos irises se despertaron bien y se fijaron en su persona.

— Hola enano. — su tono de voz fue bajo y tranquilo, intentando que no le temblara por la fuerte ola de éxtasis

— Dean. — Adam tragó en seco en un intento de que su voz no se escuchara tan lejana, pero tan sólo el intento le dolió lo suficiente para dejarlo ahí. Su mayor se paró de inmediato y volvió enseguida, pero esta vez trayéndole un tazón con agua.

Adam en verdad lo agradeció aunque le hubiese dolido tomarla, pero no lo expreso en voz alta evitando que su familiar se pusiera tenso y preocupado. Hizo un gesto con la cabeza para parar su bebida y Dean alejó el tazón de los labios del herido y lo dejo a un lado.

— Dean — el pequeño Lycan volvió a llamarlo con una sonrisa agotada —, Dean estas bien. Están todos bien.

Dean quería decirle que no, que su mejor amigo Andrew y su prometida estaban muertos junto con Ash, que su espalda fue castigada por su negligencia, que perdió la confianza total de su padre, que la fiebre parecía estarle subiendo de nuevo, y que Sam estaba viéndose a escondidas con una Wargo estúpida, mala y rubia para rematarla.

— Claro que sí, tú eres el que se parece a una serpiente alvina. Frio, pálido y feo. — se tragó toda la verdad de nuevo, sonriendo y bromeando con el tonto que tenía por hermano menor, quien le hizo un puchero

— Muérdeme. — No perdió tiempo ante la orden, se acercó a la cabeza rubia y con sus caninos le dio una buena mordida ordenada al gusto. — No, ¡idiota!

— Cumplía órdenes. — respondió como si nada. Eso sí que era verdad. Adam resopló mientras él sonreía con burla.

Entonces los gestos en el rubio menor se pusieron serios mientras miraba a la nada y Dean se preocupó por eso creyendo que le dolía o molestaba algo, pero antes de preguntarle los ojos azules se voltearon a él con toda seriedad posible.

— ¿Y Sam? No lo he visto. — Adam sólo podía mover la cabeza, pero con eso basto para mostrar una actitud completamente diferente en él.

— Vendrá a visitarte pronto.

— Dean, debo decirte algo. — Dean no terminó ni dar la excusa de Sam para cuando Adam volvía a hablar con la cara seria y en un tono mucho más bajo del que disponía ahora. Pero en algún momento Adam tuvo que cerrar sus ojos con fuerza e inhalar y exhalar con fuera antes de poder hablar. — Yo, tuve miedo Dean

— Todos lo tenemos. No te avergüences de eso. — el ojiverde sobrepuso su mano en el pecho vendado, pero Adam puso la suyo también mientras las apretaba contra sí.

— No fue por la pelea, sino por un sueño. Debí tener tanto miedo que antes de desmayarme soñé con alguien entre los arbustos.

— ¿A quién? — Dean también había bajado su rostro cercas del otro, bajando a un tono que casi se perdía con el sonido del viento. El rubio menor pareció perder el valor de seguir hablando, pero Dean ya estaba con una intriga enorme para no saberlo — Adam, habla. Dime a quien.

— Era Sam. — vale, el ojiverde eso no se lo esperaba mientras en la mirada de su hermano se encontraba el terror — Estaba ahí Dean, sus ojos eran diferentes pero, estoy seguro que lo soñé a él.

— ¿De qué color eran esos ojos? — pregunto al instante, con su semblante frio y amenazador pero que Adam no pareció notar porque siguió hablando y temblando a su vez.

— Negros. Tan negros como los de un wargo. — Adam cerró con fuerza sus ojos y negó con la cabeza sin importarle sus heridas. — No sé qué me paso Dean, no sé por qué soñé con eso.

Dean lo sabía, pero apenas llegó esa idea a su mente la desecho de inmediato. No podía ser cierto, no podía serlo.

— Seguramente sólo querías que Sam estuviera ahí Adam. — contestó sin verlo realmente. No podía hacerlo, no con todos los pensamientos peleando dentro de su cabeza.

— Sí. — Adam pareció relajado con aquella respuesta. Respiró y sacó el aire con fuerza y recuperó una sonrisa agotada, pero valía. — Sí, por supuesto. Siempre van a cuidarme, ¿cierto?

No lo sé.

— Hasta que te crezcan colmillos de verdad. — fue lo único que Dean pudo responder y con una sonrisa tan falsa, que a su hermano le debió de haber subido la temperatura si no la notó. — Te dejo descansar, aún es temprano.

Dean sacudió el cabello rubio del menor y salió escuchando solo el sonido de esos labios despidiéndole. No le importo no escuchar, no le importo haber salido como si nada pese a la salud tan grave de Adam. No importaba nada más que ir a buscar inmediatamente a Sam y exigirle toda la verdad.

Algo pasaba, algo malo, porque el viento estaba volando en su contra y el amanecer anunciaba un rojo en los cielos muy extraño y penetrante.


Hola gente!

Antes que nada quisiera dar gracias por quienes leen esta historia, pese a que son poquitos RR, se agradece tambien a los lectores fantasma que me han soportado mis faltas ortograficas hasta aqui. Dios mio, revise los capis anteriores y hasta yo me quiero sacar los ojos. Los corregire en cuanto pueda. Y descubra cómo.

Segunda cosa. No se me desesperen, este fic es por completo amor y más amor, pero primero ponemos el drama, ¿vale? Pido paciencia, en el siguiente se viene la acción y despues el encuentro con Tu-Ya-Sabes-Quien :v

Tercero, me gustaría hacerles una pregunta: ¿Le veen mucho OoC a esta historia? Veran, una amiga mía dijo que en mi otro fic estaba cometiendo mucho OoC en los personajes, y pese a que la historia es diferente, tengo miedo a que este cometiendo lo mismo aquí. Si hay algo en esta vida que deteste, es el OoC, y sí yo lo estoy cometiendo por mi falta de concentración, no creo que haya peor error en mi vida. Por favor, ¡Por favor! Necesito que me digan si lo estoy cometiendo, tan sólo eso. Sí bien no corregire la trama ni la historia, haré lo mejor que pueda para regresar a los personajes a su carácter de verdad.

Y pues bueno, eso sería todo gente. Muchas gracias por seguir leyendo y comentar!