Este fic lo tengo tanto en Wattpad como en AY, no es plagio. Simplemente quiero invadir mis páginas favoritas de estas suculentas parejas, no pude evitarlo xD

Disclaimer: Los personajes de Supernatural, claramente no son míos (joder, que Gabriel jamás hubiese muerto!), sino de Eric Kripke.

Este capítulo fue basado en "War - Poets of the fall"


Capítulo V

Caín era bueno, Abel era ingenuo.


Los ansíanos de las antiguas tribus, cuando Terranium apenas era habitada, decían que los ojos de un Lycan era el reflejo de su pureza, la evidencia que reflejaba ser los guardianes de los territorios de los cielos. Todo Lycan debía poseer ese brillo de paz, y quien no lo tuviese, era el significado de que su alma estaba siendo consumida.

La forma lobuna de Dean siempre opuso autoridad por sí sola, aún más respetable que la de un alfa promedio; su pelaje negro era tan parecido a la noche, las largas patas eran fuertes mostrando seguridad en cada huella que dejaba a su paso, exponiendo su ferocidad con sus grandes colmillos, sin contar que sus ojos guardaban bosques fríos en ellos, demostrativos en su deseo para cazar y destruir siempre salvajes en batalla. Sus ojos de cazador.

En ese momento su postura estaba en su máxima demostración, pasando sobre las raíces de los arboles sin importar si hubo destrozos, dejando bien marcadas sus pisadas en la tierra que crujía a su andar, a la velocidad que iba el viento parecía ir en su contra, ahuyentándolo de su destino, pero él no daba marcha atrás.

Él sólo estaba consciente que seguía el mismo camino que maldecía casi todas las noches, ese que sin atravesar el río llegaba a donde la terracería era aún más densa y el bosque más sombrío, casi sin el aroma de animales dóciles alrededor, sino gruñidos de pequeños depredadores. Estaba lejos de casa, a casi dos horas del límite de sus territorios, y aunque aún faltaba mucho para estar entre las líneas enemigas el ambiente ya le advertía que no estaba tan lejos de la frontera.

Era ahí, a mitad de un claro muerto y triste donde encontraron a Ruby por primera vez hace seis meses. Herida y pidiendo clemencia, Dean se vio obligado a escuchar sus suplicas por petición de Sam, y después fue orillado por su mismo hermano hasta el cansancio para dejarla viva y usarla como espía, pese que desde un inicio vio el modo en que su menor la trato con cuidado. No recelo, ni precaución, ni siquiera hubo dudas sobre ella, desde un principio la protegió.

No. ¡No!

Negó con la cabeza y siguió su recorrido, ya no faltaba nada para estar en el lugar y terminar con todo el misterio de una vez por todas.

Entonces se arrepintió de esa decisión.

Ahí parados en el prado, de forma fantasiosa justo en el centro visible a todo, cuerpos pegados por un abrazo posesivo y atroz, estaba su hermano con la maldita wargo, sumidos en lo que parecía ser la despedida después de una entrega prohibida. Y eso último lo sabía porque el lugar olía a sudor, intimidad, con ambas esencias juntas dejando un aroma repugnante en las hojas secas del suelo.

Dean no lo resistió ni tenía por qué, su instinto le decía que eso no estaba bien, que debía atacar. Así lo hizo.

Pasó todo su peso a sus patas traseras para impulsarse desde su lugar y era la distancia perfecta, cayó directamente sobre la rubia derribándola y empujando a Sam tan lejos como se permitió el golpe.

Una pata delantera sobre la tierra para medir su peso, la otra sobre el pecho de la chica con las garras listas para perforarle la carne. Los Wargos no tenían corazón como tal en el lado izquierdo, sino que era en el centro donde no había lugar para su alma, y ahí es donde Dean quería enterrar las garras.

Ruby tenía un cuerpo mundano atractivo pese a la raza que pertenecía y con la piel bronceada, usando los harapos diminutos mal puestos que simulaban la piel asquerosa de una hiena del inframundo; su cabello rubio llamativo así como sus labios pequeños pero carnosos, de ojos grises cuya verdadera forma era un negro completo. Justo ahora los transformó en su verdadera forma intentando quitarlo de encima, a Dean le carcomían las ganas de arrancarle la cabeza.

No lo logró cuando Sam en su forma Lycan lo quitó de encima.

Dean rodó por el suelo ante la fuerza que fue empujado. Agitó la cabeza de un lado a otro para orientarse nuevamente, algo sorprendido por el golpe recibido. Desde su sitio en el cual bufaba para concentrar su visión, notó como Ruby se protegía a espaldas de Sam, quien le hacía señas con la cabeza, que la wargo huyera de una buena vez. Esta parecía estar en negación, para Dean era perfecto que permaneciera ahí.

Se volvió a aventar en su contra, pero nuevamente el cuerpo de Sam lo detuvo antes de lanzarse en el aire de un salto. Ambos cayeron y rodaron pero con menos distorsión en el impacto, Dean confundido miro a su hermano, quien se encontraba en una postura desafiante notable por sus diferencias en estatura.

Dean, cálmate. pidió Sam por medio de su enlace, a lo que el mayor gruñó con negatividad — Dean, por favor, vamos a hablar.

El rubio se la pensó muy bien, pero aún con cierto recelo tomo posesión de su forma mundana aunque su lobo interno le gritase que corriese a matar a Ruby, que no la dejara irse con vida. Pero la voz de su hermano opacaba toda "irracionalidad".

— ¡Sam vete! — gritó la rubia llamando la atención de ambos hermanos — Lo entretendré lo suficiente, ¡tú vete!

Dean pasaba su mirada de uno al otro confuso con la situación, interesado en saber a dónde se suponía que tenía que ir su hermano y al mismo tiempo con ganas extremas de matar a esa arpía. Pero al final no pudo evitar que Sam asintiera con la cabeza ante la petición de la hiena, cruzaran por última vez sus miradas verdes donde Sam, con la exactitud de las palabras, parecía pedir disculpas y al mismo tiempo un milagro. El hermano mayor quiso seguirlo, quitarle la angustia que estuviese cargando y llevarla a él sólo por verlo feliz.

— No Dean, no lo harás. — Ruby no alzaba la voz y permanecía estoica, pero cuando Dean volvió a querer saltar sobre ella, esta puso una sonrisa ególatra en su cara y ya no parecía tan indefensa —; No me matarás sí quieres saber qué le pasa a tu hermano.

Suficientes palabras para calmarlo un poco, enfriar la cabeza y esperar no equivocarse.

El pecho lampiño del mayor subía y bajaba con fuerza, la marca de su clan en su piel simulaba la forma en la que su corazón parecía querer salir de su cuerpo el cual vibraba de la ira contenida. Pero debía despejar su mente que le estaba pasando malos trucos, engaños ruines, nada en realidad y razonado con lógica. Debía haber una justificación y él iba a encontrarla.

Si bien calmó su exaltada reacción, su voz áspera seguía saliendo pesada y los ojos amenazando con volverse las de su bestia interna.

— ¿Qué se supone que hacías con Sam? — cuestionó desde su sitio — ¡¿Qué mierda crees que estás haciendo con mi hermano?!

— Yo no he hecho nada, Dean.

— ¡Eres una ramera! ¡Maldita perra del inframundo! — vale, tal vez no tenía un control totalmente logrado, pero la estúpida sonrisa burlona en la rubia no ayudaba.

— Esta hiena del inframundo te ha dado mucha información, ¿recuerdas?

— Opino que no fue por un acto de bondad. Nos has usado todo este tiempo.

— ¡Bravo, ya era hora! — la rubia festejó desde su lugar con tinta de sarcasmo — Sam dijo que eras idiota, pero ya estaba comenzando a dudar seriamente de tu estabilidad mental.

El silencio los sucumbió a ambos, ella con la línea de los labios aprisionándolos en un intento de sonrisa, Dean buscando la serenidad hasta en lo más profundo de su ser para poder seguir soportándola y escuchar lo que supiese de su hermano. No que se fuera a fiar por completo de ella, pero ya estaba cansado de jugar al tira y jala con su menor, además de la escena tan asquerosa que presencio con esa hiena… ¡Puaj!

— ¿Qué harás con mi hermano, Ruby?

— Voy a unirme a él, como su pareja.

Dean se olvidó de respirar por la sorpresa, Ruby se mordía su labio inferior con fuerza por primera vez pareciendo nerviosa ante la situación. Lo dijo tan tranquila, como si fuese una cosa normal que no afectase el curso de la vida como se conocía. Ella tomó fuerzas traviesas para seguir hablando

— En cuanto sepa cómo hacerlo sin que me mate, lo uniré a mí.

En los libros sanadores de Missouri había textos muy antiguos, en ellos se decía que un wargo y un lycan no podían unirse de forma intima sin que alguno de los dos saliera dañado; en los casos conocidos sí el wargo era hembra ella moría por la fuerza empujada dentro de sus entrañas, cuando el lycan alfa buscaba el realizar el nudo completo era como una apuñalada interna para ella, desangrándose instantáneamente. Un omega lycan podía morir al inicio de la intimidad o con el tiempo perecía enfermo por la podrida esencia que buscaba reproducirse en su interior.

Pocos han sido los idiotas a través de la historia en cometer tal locura y terminaban con su miembro deshecho por la sangre venenosa de una wargo, pero claramente Sam tenía todo en su lugar, deduciendo que obviamente no ha llegado tan lejos con Ruby, siquiera apenas frotarse uno contra el otro. Da el mismo asco.

— Eres repugnante. — Ruby no lucía ofendida por completo, pero con la mirada que él se cargaba debería ser suficiente para demostrar toda la molestia, el desacuerdo y la protesta que sentía ante tremenda blasfemia.

— ¡Pues yo lo he ayudado mucho más que tú! — Ruby sonaba más feliz de lo que debería, Dean entrecerró los ojos con esto último

— ¿Le has ayudado? ¿Cómo?

— Lo hago más fuerte, con mi sangre — su cara de confusión debió ser por completo obvia, porque ella rodó los ojos antes de abrir la boca de nuevo — ¿Sabías que la sangre de un wargo es el alimento de los suyos para volverse más fuertes? De preferencia para un mestizo.

Dean no entendía nada, ¿qué tenía que ver una cosa con la otra? Aparte de que todo lo que tenga que ver con un wargo, hasta su misma sangre, era peligroso para todo ser viviente en Terranium. — Tu sangre es venenosa. Liquido hirviente y burbujeante destrozando nuestras gargantas.

— Pero efectiva para un mestizo, Dean. — Ruby embozó una sonrisa completa y maligna, mientras tanto Dean tuvo un bloqueo completo.

Para cuando pudo reaccionar, que no fue ni lejos de tres segundos, estaba hecho una furia y dio largas zancadas para estar frente a ella, más al contrario, ella comenzó a dar vueltas alrededor tratando de alejarse de nuevo.

— ¡Sam no es un mestizo!

— Mary es su madre, pero John es otro cantar.

— ¡Mentira!

— ¿Y tú qué sabes Dean? No eras más que un cachorro bobo entonces.

— ¡No te atrevas a insultar el enlace de mis padres, zorra!

— ¿Sabes que es lo mejor de todo esto? Sam no lo dudó tanto.

Dean detuvo su danza frenética, su pecho subía y bajaba con fuerza pero sus ojos orientados en esa rubia, que bien empezaba a ponerse nerviosa pero tal parecía que tenía su objetivo muy claro, decirle toda la supuesta verdad. Pero nuevamente, el nombre de su hermano lo frenaba de cualquier ataque, solo escuchando lo que posiblemente podía ser otro engaño, pero una parte de raciocinio animal le hacía creer.

La desconfianza en su hermano debió reflejarse en sus ojos, porque Ruby parecía satisfecha al quedarse callado.

— Así es Dean, no tuve que gastar tanta saliva para convencer a Sam que era un bastardo. Que sus padres se odiaban.

— ¿Pero a que mierdas te refieres? — el Lycan no sonó desesperado aunque muy en el fondo realmente lo estaba

— John siempre buscaba la forma de alejarse de tu madre, Mary desconsolada encontró con quien pasar sus temporadas de celos cuando su marido no cumplía — por su tonó, Ruby parecía que contaba una asombroso cuento —; Y como sólo les importaba tenerte a ti, a John ni le intereso saber de la llegada de Sam. Pero Mary no quería que marginaran a su hijo por un desliz, entonces decidió fingir que nada había pasado. Grave error que le costó la vida.

Dean recordaba peleas seguidas, gritos en su casa y como la espalda de su padre se marchaba algunas veces, y tal vez fuese por las palabras embrujadas de la rubia de ojos negros o porque ya no tenía casi ningún recuerdo solido de cuando tenía cuatro años, pero le estaba costando encontrar una contradicción a lo que escuchaba.

Claro que no. Sus padres se amaban, ¡eran compañeros de vida! Ruby estaba loca.

Además no tenía lógica. Si fuese cierto lo que decía y Sam fue engendrado por un wargo, ¿por qué matar a su madre?

— Yo estuve ahí Dean, tú también. — Ruby dejó de sonreír, adivinando sus pensamientos una vez más —; La primera noche que cruzamos las tierras Winchester, el amante de Mary la mató por ocultarle a su cría.

La noche en que murió su madre sí que la recordaba; él estaba dormido cuando escuchó ladridos y aullidos de las hienas por primera vez, la cabaña estaba oscura por completo y más golpes lo animaron a levantarse y saber qué pasaba. Siguió los ruidos al cuarto donde recién dormían a Sam, pero antes de llegar a la puerta, la mitad del cuerpo de su madre se arrastraba por el piso protegiendo al bebé con sus brazos.

Se quedó temblando en su lugar por ver la sangre y carne arrancada en las zonas desnudas de su madre, y cuando ella volteo a mirarlo desesperada le gritó que tomará a Sam y salieran corriendo. Gritó pocas veces la misma orden mientras lo veía, llorando y asustada, pero recordaba que de un momento a otro la arrastraron de nuevo dentro de la habitación. La última vez que la vio.

Reaccionó en el momento justo cuando un wargo pequeño alargaba la pata para tomar al bebé, y aunque él estaba completamente asustado por vero a esos monstruos, no le importó pasar corriendo a tomar a su hermano, ni siquiera lo pensó cuando se transformó por primera vez en un cachorro Lycan para salir corriendo del lugar y esconderse en la cabaña de Ellen aunque esta no estaba.

De ahí en adelante recuerda solamente cuando su padre lo encontró hasta el amanecer entre unas canastas, aun siendo un lobo y permitiendo que Sam jugara con sus orejas para que no llorará. Después durmió tres días seguidos por no poder controlar la transformación, y al despertar se enteró que su madre había sido asesinada por Azazel.

Alastair era en aquel entonces el wargo diminuto que intentó llevarse a Sam al principio, y cuando lo mató sintió tanto gusto, pero ahora que escuchaba aquella historia descabellada, recordaba claramente los ojos amarillos del monstruo que arrastró a su madre dentro del cuarto. Esos ojos eran de Azazel, esa noche los conoció, siguieron en sus pesadillas, y ahora se venía a enterar que él… él era…

— ¿Azazel es el padre de Sam? — su voz fue muy baja, no un susurro, pero si lo suficientemente lúgubre y atónita.

— Debiste de ver la cara de Sam cuando le dije todo esto. Inmemorable.

— No…

Logró alcanzarla antes de que volviera a esquivarlo, forcejeó casi nada cuando puso sus manos alrededor del cuello dorado de la mujer. Apretó con toda la furia que cargaba, con aquella negación y firmeza, los ojos del wargo mostraron su verdadero color cuando el de su piel comenzaba a abandonarla, pero aun así se las arregló para seguir soltando su veneno.

— ¡Aún hay más! — sonó su voz crujiendo.

— No me interesa.

— Sam me lo creyó todo Dean, y eso no fue mi culpa, sino tuya. — él no reaccionó esta vez a sus palabras pero ella insistió — Lo sobreprotegiste desde el principio, y con el paso del tiempo lo hacías menos, ocultándolo en las sombras de tu brillante gloria. Ahora él es el fuerte, y él más listo si me permites opinar.

— ¿Qué hiciste?

— Sólo le abrí los ojos. Le mostré que no debe de seguirte ciegamente, que él sería mejor jefe del clan de lo que serías tú, que podía terminar la guerra y que tu padre lo menosprecia por lo que es.

El agarre se hizo más flojo, sus ojos desorbitaron de aquellos oscuros al recordar los decepcionados que se mostraban los de su hermano. Sam haría directo a una trampa, una donde lo culparían a él mismo, pero que terminaría con la confianza de su hermano. Y todo esa charla con Ruby, cierta o no, había sido sólo para entretenerlo.

— No… Sammy.

— Le dije que tú harías lo que fuera para ser el líder. Justamente ahora debe estarse dando cuenta de la verdad.

Una verdad que los destruiría por completo.

Dean gruño nuevamente y sus ojos tomaron el brillo del lobo, pero cuando le iba a partirle el cuello, hienas del inframundo aparecieron para rodearlos. Las malditas eran grandes y había por lo menos cinco a su vista. No permitirían que matará a Ruby, tampoco que saliera bien parado de ahí.

Teniendo como prioridad llegar hasta su padre y hermano no le quedo más de otra que lanzar con un brazo a la wargo lo más lejos que pudo hacerlo. Dos de los monstruos la siguieron para amortiguar su caída, los demás que efectivamente eran cinco corrieron apenas él pudo salir del prado seco.

Saltó sobre uno y le rompió el cuello a otro que estorbaba en su camino, pero aún le quedaba un buen tiempo para llegar a su territorio y deshacerse de esos tres que restaban. No sería fácil, más pronto de lo que creía sentiría la fatiga por tener toda la madrugada corriendo, pero así como corrían los rayos del sol en la mañana por la montaña, así debía de ir él para hacer su único trabajo: proteger a su familia, el viento esta vez corría a su lado.

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Fue una larga carrera sin duda alguna y se llevó varios golpes, rasguños y mordidas, pero por fin cuando el sol se mostraba con un nuevo día tras la colina de su casa, él llegó. La ruta más rápida era por el camino rocoso atravesando el acantilado, de esa manera se evitaría subir por todo el camino empinado de la aldea y alarmar a su gente. Mejor pasar desapercibido.

Salto desde una piedra afilada para llegar a su patio, pero en cuanto piso la hierba verde, el aroma a sangre corría por la brisa que cubría su hogar. Entró corriendo esperando atacar al intruso, pero en el centro de la cabaña no estaba más que el trono de su padre, y el mismo hombre tirado sobre su propia sangre que salía sin parar.

Dean tomó inmediatamente su forma de hombre, arrodillándose apenas pudo frente al cuerpo de su padre aunque se embarrase del charco rojo.

— ¡Padre!

John apenas localizaba con su vista a su hijo, el pecho con una sola herida pero muy grande que si no fuera por la sangre que brotaba, la carne atravesada se vería.

— Te sacaré de aquí, vas a estar bien. — el rubio realmente no estaba seguro sí esa fuese una buena idea pero necesitaba creer que aún había esperanza para su padre, que ambos hablaran con su hermano y cazaran de una buena vez a Ruby.

La maldita no hizo todo eso por diversión, había un plan mucho más grande tras todo ese circo que le estaba montando. Debían solucionarlo, pero por primera vez no se sentía capaz de hacerlo él, necesitaba a su padre.

— Hijo… tus hermanos. — John trataba de hablar, pero eran sus ideas confusas, era la vida que se le iba o simplemente todo lo que necesitaba decir pero no podía— Sam, él no… él…

John se dio cuenta que efectivamente no podía decir todas las verdades que ocultaba, pero su hijo entendió todo. Sus padres tuvieron sus peleas, pero siempre vio amor, cariño y entrega completa el uno con el otro, presenció el nacimiento de su hermano y recordaba lo bella que era su madre, y todo eso se resumía en que John Winchester no podía odiarla y ella no podía remplazarlo, que Mary peleó hasta el final por sus hijos, que John la seguía amando pero tampoco se arrepentía de Adam, que apreciaba a sus cachorros por igual, y sobre todo lo que hizo, estaba orgulloso solamente por ellos tres.

Dean asintió a todo eso en silencio y tragándose el nudo en la garganta y las lágrimas en los ojos, sólo para despedir a su padre con un buen recuerdo. John agradeció el gesto y partió de Terranium sonriendo.

— Papá… — murmuró por última vez el hijo prodigio, mientras una brisa fresca para esa época acariciaba el rostro de su padre, llevándoselo más allá del horizonte.

— ¿Dean?

La voz temblorosa a su espalda le hizo girar la cabeza, con la mirada sería y sin ninguna evidencia de llanto que jamás salió, Dean se encontró cara a cara con Sam, a espaldas de este Missouri, el pastor Jim, Pamela, Ellen, Rufus y el mismo Bobby con caras incrédulas cada uno.

Al fin Dean se dio cuenta de la finalidad de todo aquello, querían inculparlo. No había rastro más que el suyo alrededor de toda la cabaña y eso hasta él lo sabía; arrodillado frente al cuerpo y sus manos llenas de sangre. Ahora pensaban que el mató a su propio padre.

Era lo que Ruby quería que Sam pensara.

— Sam, no… No, yo no lo hice. — Dean comenzó a alterarse cuando nadie se movió, Sam con los ojos fijos en el cuerpo de su padre — ¡Sammy!

— ¿Llegaste tan lejos? — su hermano no lo estaba escuchando. Nadie.

Sus ojos pasaron por todos los presentes y si no veían con pena el cadáver del antiguo jefe, lo veían a él con incredulidad y temor.

— ¡No lo hice! — Volvió a gritar pero nada, nadie le estaba haciendo caso.

— Amárrenlo. — ordenó Sam sin siquiera mirarlo, fue entonces cuando dos de los cazadores de su padre dieron pasos al frente que decidió pararse.

— Sam, no lo hagas. — su hermano parecía no reaccionar — ¡Sammy!

— ¡Atrápenlo ahora!

Los cazadores tomaron su forma lobuna pero Dean no quería ir contra ellos, no era lo mismo que defenderse de los enemigos, creció con estos cazadores, eran familia.

Pero no tuvo necesidad ni de moverse, no al menos para su resistencia. El cuerpo lobuno y canoso de Bobby estaba entre él y los cazadores, gruñendo y retando a los lobos más jóvenes en acercarse. Los ojos grises de su mentor y segundo padre lo observaron, y con un asentimiento de cabeza le prestaba la confianza que siempre ha tenido.

Dean no necesito más incentivo cuando vio a Bobby agitar la cola antes de saltar contra esos dos, salió corriendo nuevamente en su forma Lycan y esta vez fue cuesta abajo por el camino de la aldea.

Fue consiente hasta a mitad del centro del mercado que más cazadores de su padre lo rodeaban, pero nuevamente se llevó la sorpresa cuando sus propios soldados salieron en su defensa. Cole, Cassie, Bella, Jessica, Anni, Richard, Garth, Andy, Cesar, Evan, hasta el mismo gemelo omega de Andrew; Jo y Benny corrieron un buen par de kilómetros a su lado por el bosque, pero entonces se dieron cuenta que había más Wargos de los que nunca habían visto tan cerca de sus tierras. Dean quiso quedarse a su lado para pelear, pero ambos amigos lo convencieron que debía alejarse lo más pronto posible antes de que lo alcanzaran los cazadores de su padre.

Dean fue empujado por el destino a correr lejos de casa, a seguir sin parar por caminos desconocidos y peligros al asecho, dejando atrás una mentira y tragedia del mismo peso, familia y amigos, y cobre todo, dejaba que una calamidad creciera.


Que alguien me expliqué porque me inspiro tanto con canciones tristes y en plena semana de examenes xD!

Holi.

Creo que tengo una falla en la palabra "consejo! y "concejo"... no recuerdo si la corregí. ¡Demonios! xD

Me tarde mucho en actualizar pero fue porque tenía otra duda existencial. La escena de Ruby y Dean no estaba planeada, en lugar de ella sería Sam quien enfrentara a su hermano, pero después me di cuenta que eso ya era mucho OoC y totalmente dispareja al plano universal que manejo. Me base en la tmporada cinco donde Sam decide confiar más en Ruby que en su propio hermano, pero en vez de tener un hermano mayor preocupado, ahora e perseguido.

Fuera de eso me complace anunciar que ya viene Castiel! En el siguiente capítulo y posiblemente Gabriel tambien. Del mismo modo terminé el siguiente capítulo, solo me falta editarlo, así que espero este para la siguiente semana. Espero JuasJuasJuas :v

Muchas gracias por leer, votar, guardar a favoritos y shalalala, los quiero mucho por eso *^*

NOS VEMOS!