"you love him

and it's a goddamn tragedy

because you look at him and he's blinding, he's the sun,

and he touches you and it burns,

leaves your heart in flames.

.

and you love him,

god, you do love him,

.

and you want to talk,

you want to open your mouth,

.

iloveyouiloveyouiloveyou,

.

no words come out

but he understands -

.

he always does." -(vía llionhearts )


Capítulo 9, o "Cuando John Watson se cayó de un guindo":

No abrió los ojos. Le daba una pereza tremenda; no recordaba haberse sentido tan cansado en siglos, ¿no podía hacerse el dormido un poquito más? Hizo acopio de fuerzas, abriendo primero un ojo y luego otro y pegándose un susto de muerte al ver a un Sherlock mirándole fijamente a su lado con, por una vez, un aspecto desastroso.

-¿Nunca te han dicho que es de mala educación mirar a alguien tan fijamente? –soltó, enarcando una ceja. Sherlock esbozó una leve sonrisa.

-No las veces suficientes –replicó, con una voz más ronca de la que acostumbraba. Dios, realmente tenía un aspecto horrible; más pálido que de costumbre, ojeras, leve barba… ¿cuánto tiempo llevaría as…

-Cinco días y nueve horas. Lo que has tardado en despertarte, básicamente.

Oh. Y entonces le volvió todo a la mente, acompañado de un bonito dolor de cabeza. Hizo una mueca, desagradado, teniendo la sensación de que había sido todo un sueño. Pero sintió entonces una punzada en el hombro, indicándole que eh, soy tu herida de bala y existo, no lo has soñado. Estás en el hospital, imbécil. Espabila.

-John… –la voz de Sherlock hizo que voltease de nuevo la cabeza hacia él, aún sin terminar de procesarlo. Le miró a la cara y se dio cuenta entonces de por qué parecía tan distinto repentinamente: estaba, de forma literal, desbordado por las emociones. Y, por encima de todo, parecía increíblemente aliviado de verle ahí, despierto, consciente, vivo. El corazón empezó a latirle en el pecho a una velocidad desorbitante, sin saber por qué-. Lo sient…

Pero algo interrumpió las disculpas del detective, rompiendo el momento en mil cuando se abrió la puerta de la habitación.

-¡JOHN! –la voz de Mary inundó la sala, teñida de preocupación, y en menos de dos segundos tenía a la rubia encima de él, abrazándole con fuerza- Oh dios mío, John, nos tenías a todos preocupadísimos, ¿estás bien? ¿Te duele? ¿Lo notas? Llevas cinco días aquí, la espera me estaba matando, parece ser que la bala… -detuvo su aluvión de información de repente, percatándose de la presencia del detective a su lado. Se irguió, con una mirada que haría temblar continentes, y no exagero al decir que la bofetada resonó por todo el hospital y despertó a una abuela que dormía la siesta en Gales. John abrió la boca, alucinando, y Sherlock parecía igual de impresionado que él, mientras su mejilla izquierda se tornaba de un rojo intenso. Al menos ya no estaba tan pálido.

-¡CÓMO SE TE OCURRE! NO ME PUEDO CREER QUE SEAS TAN. INCREÍBLEMENTE. ESTÚPIDO, SHERLOCK HOLMES.

El apelado, ya recuperado del golpe, aceptó sin reparos los gritos de Mary, sabiendo que eran justificados. Aun así no terminaba de ver a qué tanto drama; al fin y al cabo, John estaba bien, todo lo bien que se podía estar después de recibir un balazo en el hombro, claro. Pero estaba vivo. Después de cinco minutos desgarrándose la garganta soltó un "dios mío, necesito tres cafés. Pero aún no he terminado contigo, Holmes. Sigues siendo un imbécil", y desapareció por la puerta, no sin antes darle un beso en la mejilla a John y asegurando que iría a verle pronto.

Después de Mary, las visitas fueron un no-parar. El detective había desaparecido prudentemente, y de algún modo se había corrido la voz, aunque nadie sabía qué había sucedido exactamente, y él lo prefería así. La versión oficial era que, por algún motivo desconocido, John estaba con Sherlock en Londres en mitad de la noche, le habían intentado atracar y había sido disparado. Explicar la verdad habría sido muy complicado y en realidad ni siquiera él la tenía clara. Con tanto ajetreo no se había parado a pensar en todo lo sucedido con Sherlock antes de que le disparasen, y para aquel entonces ya tenía la certitud de que lo que sucedió aquella noche, durante su guardia, lo había soñado. No había habido beso, nunca lo hubo, y se llevaría aquel recuerdo ficticio con él a la tumba, como un secreto vergonzoso que nunca debería ser desvelado.

Lo que quedaba de tarde fue un desfile de personas: gente del hospital que lo único que quería era cotillear, más que nada. Recibió sorprendido una visita de Greg, que por supuesto sabía lo que había sucedido, y tuvo que aguantar una buena bronca (Por dios, John, todo el mundo sabe que Sherlock es un inconsciente, pero ¿tú? ¡Cómo se te ocurre no llamarme…!), de sus padres (su madre le dejó al menos tres tuppers en la mesilla, después de diez minutos asegurándole que sí, mamá, estoy bien, es sólo un rasguño), e incluso de Harriet. John no dijo nada, viéndola en el umbral. Estaba mucho más recuperada: color en las mejillas, bien vestida, sana. Estaba ahí, en la puerta, dudando si entrar o no, temerosa por una vez en su vida. E hizo entonces lo que John no se atrevió cuando era ella la que estaba postrada en una cama de hospital: entró, como si se hubiesen esfumado todas sus dudas, y le abrazó con tanta fuerza que John pensó que si no había muerto del disparo, moriría ahogado por su hermana. Correspondió a su abrazo, sin poder evitar una sonrisa.

-Estaba preocupadísima. ¿Se puede saber en qué líos te metes? –dijo, una vez se separaron.

-Me atracaron y…

-Oh, venga, Johnny. Véndele la historia del atraco a quien quieras, pero a mí no, porque no me lo trago. Siempre has sido un mentiroso terrible; mamá te las pillaba todas.

John enarcó una ceja.

-Te lo cuento cuando tú me digas quién es tu nueva novia –Harry le miró, sin entender-. Venga, hombre, está claro que tienes a alguien. Te veo menos gruñona que de costumbre, y esa pulsera es nueva, no me digas que…

-¿No lo sabes?

-… ¿debería? –Harriet frunció levemente el ceño, reflexiva. Al cabo de unos segundos se inclinó sobre su hermano, dándole un beso en la frente.

-Me tengo que ir, Johnny. Nos vemos en poco, te lo aseguro.

-Eh, ¡eh! No me dejes así, ¿se puede saber qué pasa? –pero la rubia ya había desaparecido por la puerta, ignorándole por completo. John puso los ojos en blanco, dejándose caer de nuevo en los almohadones de su cama. Típico de Harry.

Le dieron el alta la mañana siguiente, no con pocas reticencias, después de mucho insistir. Dicen que los médicos son los peores pacientes, y no hay afirmación más cierta que esa. John odiaba estar ahí, postrado en una cama sin nada que hacer, y justamente por eso dio la tabarra alegando que sabía perfectamente cómo cuidarse la herida hasta que el personal no le quiso ver más y aceptaron que saliese por la puerta él solo. Miró el móvil, ya en la calle, por primera vez en días: los mensajes de siempre y… cinco llamadas perdidas de su compañero de piso.

Compañero de piso, sí. No podía permitirse pagar él solo un apartamento, así que convivía con un asiático que se la pasaba jugando al World of Warcraft y sabe dios qué más. Por acordarse, no se acordaba ni de su nombre; a decir verdad, lo único que compartía con él eran los gastos. Básicamente ni se cruzaban ni se hablaban, llevando únicamente una relación cordial de hola-adiós-gracias, y por eso le extrañó tanto recibir llamadas suyas. Era algo malo fijo. Soltó un suspiro, poniéndose el abrigo y sintiendo una punzada de queja por parte de su hombro. Ya tardaban los problemas en alcanzarle, ya.

Resultó ser que tenía un mes para encontrar un nuevo compañero de piso, porque Ravi (así parecía llamarse, por lo visto) se mudaba. Fantástico.

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Retomó sus días en el hospital con normalidad, procurando volver a la rutina de siempre. Sara ya no le hablaba, procurando evitarle siempre que podía, y John no le quitaba razón porque al fin y al cabo que se comportó como un imbécil. Sherlock seguía tocándoles las narices y mandándole guardias nocturnas cada dos por tres, el café seguía estando aguado y ardiendo y Mary seguía consumiendo dos termos al día… nada nuevo bajo el sol. Salvo una cosa: se acercaba el final de sus prácticas, y se notaba en el ambiente. De repente los errores parecían sobresaltar mucho más que los aciertos. Y había siempre alrededor un aire de tensión, de preocupación, ¿pasaré? ¿sí? ¿no? No había alumno que no se lo preguntase al menos una vez al día.

Aunque John mentiría si dijese que estaba tan preocupado como los demás: a él, suspender o aprobar no le quitaba el sueño, porque estaba casi seguro de que aprobaría. Segurísimo. Después de todo lo que había sucedido no había manera humana de suspenderle. Tal vez era una fe inútil la que tenía, pero confiaba ciegamente en que Holmes no dejaría que eso pasase, era una certeza, para él estaba tan claro como que el cielo es azul y la Tierra redonda. Aún no tenía clara su relación con Sherlock Holmes- era algo extraño. Estaba el Sherlock de siempre, el "soy tu supervisor y soy un imbécil, haz esto y haz lo otro" y luego el Sherlock "sigo siendo el mismo imbécil de siempre pero ahora soy detective… ven conmigo" que conoció hace poco y que, siendo sinceros, le gustaba mucho más. Sobre todo porque se había percatado de que aunque no parecía desagradarle del todo trabajar en un hospital, no era nada comparado con lo exultante, lo feliz que le vio aquella noche. Por primera vez.

El ruido de la máquina de café le sacó de sus cavilaciones y recordó que tenía una cosa pendiente aún. Se alejó de la cafetería, consciente de la mirada interrogante de Mary, y bajó las escaleras paseándose por un ala del hospital hasta ahora desconocida para él hasta detenerse delante de la puerta que rezaba "Dr. Sherlock H." escuetamente, bastante más discreta que las demás. Se tomó la libertad de entrar sin llamar, viendo por primera vez su despacho. Él estaba ahí, por supuesto. No se molestó siquiera en darse la vuelta para comprobar quién era, porque seguro que ya lo sabía.

-¿Dónde está la chica? –preguntó John, apoyándose en una de las desordenadas estanterías.

-Estaba en la habitación contigua a la tuya… de hecho, sigue en el hospital, aunque le dan el alta mañana.

El rubio puso los ojos en blanco, cruzándose de brazos.

-¿Y se puede saber por qué no me avisas? –Sherlock se encoge de hombros.

-No me lo preguntaste. Además, te recuerdo que estabas bastante ocupado. No te preocupes por ella; sólo tenía una sobredosis. Cuando la encontré aquella noche no estaba muerta, únicamente inconsciente. Lamentablemente no se acuerda de nada, así que de poco nos sirve.

-¿Y el tipo al que… bueno, al que maté? –Así, admitiéndolo en voz alta, parecía algo tan insignificante... Hasta ahora no había tenido tiempo de pensar en ello. De hecho, ni se acordaba. Pero había matado a una persona. ¿Le convertía eso en un asesino? ¿En peor persona? Las dudas empezaban a brotar de su mente, atenazándole, un cúmulo de nubes oscuras amenazando tormenta. Sacudió la cabeza, intentando deshacerse de ellas, al menos por ahora. Tensó la mandíbula, apretó los nudillos.

-Uno de los dos hermanos Ranskahov, Vladimir –asintió, fingiendo que sabía de quién estaban hablando-. Tampoco te preocupes por él, está todo resuelto.

John frunció el ceño, mordiéndose la lengua.

-Pero, entonces… ¿no sirvió de nada?

-Oh, a mí sí que me sirvió de algo, créeme. Varias cosas –la mirada del detective centelleó, atravesándole por una décima de segundo, y John supo con certeza que ni se lo estaba contando todo, ni se lo iba a contar. En fin, empezaba a acostumbrarse. Se dio la vuelta, dispuesto a salir de la habitación, pero Sherlock se lo impidió rápidamente, poniéndole una mano en el hombro para interceptarle. Levantó la vista, tragando salida. Otra vez. Quemaba.

-John –dijo, y su voz parecía salida de los abismos. ¿Cómo podía alguien tener un tono tan increíblemente grave?

-¿… sí? –consiguió musitar, a media voz.

-No te vuelvas a poner delante de mí. Nunca. En ninguna parte pone que tu vida vale menos que la mía. Es mi primer requisito.

-¿Requisito? ¿Requisito para qué?

-Para enfrentarnos al mundo juntos, John. ¿Para qué sino? –respondió, como si fuese lo más obvio del mundo. Levantó la mano de su hombro, se subió el cuello del abrigo con dramatismo y, no sin antes lanzarle una media sonrisa aún más dramática, salió del despacho sin añadir nada más, dejándole ahí. John puso los ojos en blanco, exasperado. Cómo se puede ser tan presumido.

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Mike Stamford guardó silencio y se esforzó por aparentar alegría. Porque se alegraba por sus amigos, por supuesto. A su alrededor todo el mundo gritaba, reía, celebraba. Molly y Sarah se abrazaban, dando pequeños saltos, y hasta Sebastian en una esquina había esbozado una pequeña sonrisa, tan imperceptible como él. Observó el sobre que yacía delante de él, casi inofensivo y de un blanco inmaculado que hacía daño a la vista. Lo cogió entre sus manos, cuidadosamente, como si se fuese a romper; era un estúpido sobre de papel y sin embargo le pesaba tanto como el universo entero. Tragó saliva, se lo guardó en el bolsillo interior de su chaqueta, y no se le pasó por la cabeza abrirlo ni una sola vez. Más que nada porque no lo necesitaba, no hacía falta tener más de dos dedos de frente para saber lo que se encontraría escrito dentro: Mike Stamford, SUSPENDIDO, o algo así. Lo sabía y lo aceptaba, porque llevaba bastante tiempo viéndolo venir. John entró en la sala, sonriente, y se preguntó de dónde vendría y por qué había tardado tanto en aparecer para celebrar su Aprobado, aunque sospechaba ligeramente con quién había estado el rubio antes de subir a la cafetería. Sus miradas se cruzaron, y no fue necesario decir nada para que Watson comprendiese la situación. Se acercó a él, pasándole la mano por los hombros con ademán protector.

-No pasa nada, Mike. Venga ya, el Barts se lo pierde: acaba de perder al fabuloso Stamford.

Mike sonrió, apreciando el apoyo de su amigo.

-Supongo que a ti no tengo ni que preguntarte qué tal te ha ido… ¿Tu aprobado te lo ha dado Holmes en persona? –le dio un codazo, enarcando una ceja, divertido ante la cara de desconcierto repentino de John. Juraría que hasta había enrojecido levemente.

-No digas burradas.

-Te conozco desde hace años, Johnny. Qué mal se te da mentir. Dejo que te hagas el sueco conmigo pero porque soy buen amigo, que sino…

-No sé de qué me estás hablando.

-No sé cómo nadie más se ha dado cuenta…

-De qué.

-Está más claro que el agua. ¿Te acuerdas de cuando estábamos en primero y te enamoraste perdidamente de Rebeca? Te pillé en menos de dos días.

-Se llamaba Ana y de verdad, Mike, no sé de qué me estás hablando…

-Te pasabas las horas suspirando y mordiéndote el labio porque te ponía nervioso.

-¿Has terminado ya?

-Tienes heridas en los labios, John. Te los muerdes constantemente.

-¿Y qué?

-Que estás enamorado.

Ajá, ahora sí que había enrojecido. Sus orejas parecían una señal de stop. Mike soltó una carcajada, dándole un par de golpes en el hombro y negando con la cabeza. Había que ser tonto para no darse cuenta, y eso a John se le daba muy bien. El pobre chico no dijo nada aún, con la boca entreabierta y pestañeando muy rápido, soltando a media voz varios "yo no… quiero decir, Mike, no… yo gay no… A ver, enamorado no es la palabra que… O sea, que yo no… quiero decir, gay… Que no, Mike, que no". El apelado rio más fuerte, mirándole con algo de compasión.

-Te tiene caladísimo, ¿eh? Si te soy sincero no sé qué le ves, aunque algo tendrá. Venga, hombre, admítelo ya, Johnny. Estás enamorado de Sherlock Holmes.

La gente gritaba a su alrededor, pero de repente se hizo el silencio entre los dos, como si el mundo hubiese dejado de girar durante un instante, expectante, conteniendo su respiración, porque se avecinaba un momento importante, aunque nadie se diese cuenta: ¿lo estoy?

Sí.


¡Hasta aquí hemos llegado! Si os soy sincera, no sé muy bien si continuar el fic o dejarlo en esto, porque mientras que la historia hasta ahora estaba toda planeada (y asegurando así un capítulo por semana), a partir de aquí estoy en una especie de punto muerto... esto me pasa por ser tan vaga... vosotros diréis. Si queréis que esto siga, lo pedís con una review bonita, que ya se sabe que quien no llora no mama. La cosa es que al tener reviews me siento muy culpable, es todo una estrategia para ver si consigo ponerme las pilas un poco. No sé. Hasta otra 3.