¡Hola! Bueno, soy feliz de anunciar que esta serie está completa. Yay, 13 drabbles sobre Timmy y una lista de sentimientos que encontré por ahí.
Um, todo está bastante inspirado en la serie de Red Robin y los cosos no están e n un orden específico.
DISCLAIMER: NADA ME PERTENECE.
NOSTALGIA
Ver a Damian atravesar la ciudad en su traje de Robin aún revuelve las entrañas de Tim. Ya no es envidia o rencor lo que guarda, porque ha pasado mucho desde la última vez que fue el compañero de Batman y no es algo que quiera. No. Verlo le provoca una retorcida ola de nostalgia.
Le recuerda que una vez fue un niño, una leyenda pura, parte de lo mejor de Gotham —algo que no es ahora, porque Red Robin está manchado y triste, y roto, y hace parte de las sombras que la ciudad protege con cariño aterrador—; le recuerda las razones, los amigos y las pérdidas que pasaron mientras él portaba la R en su pecho. Incluso trae algo de la vieja y agridulce determinación que lo guio un día —y que sigue allí, dentro suyo, en una versión más oscura, con menos moral pero la misma fuerza.
No es que Damian esté haciendo un mal trabajo —o uno bueno, para el caso, pero Robin siempre fue el ejemplo de errores juveniles y pasión impúber—, ni siquiera es por Damian en realidad. Es Robin —siempre Robin—, quien le saluda inalcanzable en sus colores brillantes y le recuerda cuánto bien pudo hacer en el tiempo que tuvo —cuánta gente, amigos, pudo haber salvado si hubiese tratado mejor.
Timothy no odia la sensación. El mareo, el nudo en el estómago y las cosquillas que le nacen en las costillas son dulces —y amargas, y un tormento, en ocasiones, pero no estaría en ese trabajo si no fuera un poco masoquista—, son el sabor de la memoria que hace burbujear sonrisas en unos labios que ya no son usados para ellas.
Porque es lindo no olvidar. Sentir, todavía, la euforia de un primer beso, la emoción de nuevos amigos, las promesas a los muertos, el legado…
Robin.
310 palabras.
