Disculpen que tardé tanto en actualizar, pero he estado ocupada con la escuela y algunas otras cositas, pero estoy de vuelta.
Espero que les guste el capítulo...


Entró a su departamento y cerró la puerta. Aún pensaba en la hermosa mirada que había tenido aquella rubia que lo hacía perder la razón. Temía hacer o decir algo que pudiera alejarla aún más de él, así que debía ser cuidadoso con sus movimientos. Le había costado mucho trabajo mantener su distancia esa noche, sobre todo después de lo que ocurrió la noche anterior. Y cuánto la había deseado, pero no en esas circunstancias. No si tuviera que aprovecharse de ella en un momento vulnerable.
Entró a su habitación y se quitó la chaqueta y la camisa, lanzándolas a la cama. Comenzó a deshacerse del cinto que sujetaba sus pantalones cuándo, de pronto, comenzó a sonar su teléfono móvil. Lo sacó del bolsillo del pantalón, pero no parecía estar recibiendo llamada. Abrió los ojos bien grande cuando se percató que era el otro móvil el que sonaba, aquel móvil negro que su padre le había entregado la otra noche. Continuó sonando dentro de un bolsillo de la chaqueta que había dejado sobre la cama. Lo buscó y respondió rápidamente -¨lo he encontrado¨ - dijo la voz al otro lado de la línea. Sintió que la sangre le ardía al escuchar aquello, se sentó sobre la cama apretando los dientes y preguntó -¨¿dónde está?¨. Tragó saliva con dificultad apretando los labios y después agregó -¨voy para allá¨- terminó la llamada y lanzó el móvil a la cama. Se pasó ambas manos por el cabello mientras intentaba sofocar un gruñido enardecido, lleno de odio y frustración.

¨Claro, bombón¨- sonrió el oji-azul rodeando la cintura de una linda rubia de coletas -¨todo lo que quieras¨- terminó de decir besando su mejilla. ¨Me estás malacostumbrando, Seiya¨- bromeó la chica -¨si sigues consintiéndome, terminaré engordando¨- fingió cara de puchero. ¨Eso no importa, solo quiero que mi princesa sea feliz¨- sonrió de nuevo mientras se acercaban al puesto de helado. Ordenó diferentes sabores para cada uno y continuaron caminando por el parque mientras disfrutaban de su postre y de la dulce compañía que ofrecía cada uno. ¨El tuyo se ve más rico¨- dijo la rubia en desaprobación, -¨me da gusto que digas eso sobre el mío¨- sonrió pícaramente mirándola a los ojos. Serena se sonrojó al ver aquella mirada y le dio un suave golpe en el brazo -¨estaba hablando del helado¨- dijo volteándole la cara. El oji-azul rio animado ante la divertida reacción de su chica -¨solo bromeaba, bombón¨- sonrió acercándose a ella para abrazarla -¨es más, toma. Si quieres te doy el mío¨- dijo ofreciéndole un poco de su helado de chocolate. Serena sonrió mientras el chico se acercaba y, aún un poco sonrojada, no pudo evitar decir -¨¿y el helado también?¨- terminó de decir tímidamente. El chico sonrió y le dijo -¨olvídate del helado, mejor vámonos¨- y besó los labios de la chica, que asintió con la cabeza. La tomó de la mano y comenzó a guiarla de vuelta al auto, planeando mentalmente todo lo que le gustaría hacer esa noche. Lanzó el resto de su helado a la basura, mientras Serena volvía a dedicarle una mirada de desaprobación. Se encogió de hombros y caminó hasta el auto, abrió la puerta para que pudiera entrar la chica, quien dijo -¨ni creas que yo tiraré mi helado¨- y subió al auto decidida. ¨Lo sé¨- dijo el chico -¨pero.. ¨- en eso sonó su teléfono móvil y cerró la puerta del auto con cuidado. Tomó el móvil de su bolsillo y vio que se trataba de su hermano. ¨¿Ocurre algo?¨- preguntó al responder la llamada, se quedó en silencio escuchando lo que decía y agregó -¨¿pero cómo se te ocurre, Yaten?¨- preguntó pasándose una mano por el cabello -¨maldita sea, ¿dónde estás?¨- se volvió para ver a la chica que estaba en su auto -¨no, espera¨- apretó los labios decepcionado -¨voy para allá¨- terminó la llamada bruscamente. Rodeó el auto y abrió la puerta del lado del conductor, subió y cerró la puerta con semblante serio. ¨¿Ocurre algo?¨- preguntó Serena tímidamente, el chico se volvió a ella y apretó los labios para luego acariciar el bello rostro de la rubia -¨tengo que ir con Yaten, lo siento bombón¨- se disculpó. ¨¿Le ha ocurrido algo?¨- preguntó preocupada, -¨no, descuida¨- sonrió el chico -¨pero tendré que llevarte a tu casa¨- bajó la mirada. ¨De acuerdo¨- dijo la chica -¨además, esto queda pendiente ehh¨- sonrió al ver que el chico levantaba la mirada, encontrándose con la suya.

Estacionó el auto frente a la casa de Serena y lo apagó, para luego pasarse una mano por el cabello. ¨¿Ocurre algo?¨- preguntó la chica. Seiya negó con la cabeza -¨no, solo¨- decía mientras se volvía a la chica para verla a los ojos -¨no ocurre nada, bombón¨- sonrió mientras acariciaba su rostro con una mano. La acercó a él y besó sus labios tiernamente -¨te amo¨- dijo al separarse de ella. La rubia sintió un ligero tono rosa aparecer en sus mejillas, y sus ojos abrirse muy grande al escuchar aquello -¨¿qué?¨- dijo en un hilo de voz. El oji-azul sonrió y volvió a acariciar el suave rostro de la chica -¨discúlpame, bombón¨- hizo una pausa -¨no debí decirlo así nada más, pero es lo que siento y creí que deberías saberlo¨- se encogió de hombros dedicándole una dulce mirada. ¨Seiya, yo…¨- decía la rubia un poco confundida -¨no sé qué decirte¨- apretó los labios, que después fueron callados por los labios del chico -¨no hace falta que digas nada¨ -sonrió separándose de ella -¨me haces la persona más feliz de la tierra, tan solo con estar conmigo¨ -terminó de decir. Serena se quedó en silencio mirándole a los ojos, quizá no sentía lo mismo que él en ese momento, pero estaba segura que sentía amor por él. ¿Le amaba? No estaba segura, le parecía muy rápido para poder responder a esa pregunta, pero no había sido tan feliz como lo había sido los últimos meses con él. Sonrió tímidamente y despegó la mirada de la suya -¨debería irme¨- levantó la mirada -¨espero que Yaten se encuentre bien¨- hizo una pausa -¨gracias por traerme, ¿te veo después?¨- preguntó tímidamente. El chico asintió -¨solo tienes que llamarme, y aquí estaré¨- le guiñó un ojo y volvió a besarla rápidamente. Sonrió embelesado mientras veía a su chica bajar del auto y caminar hasta la entrada de su casa.
Encendió el auto y esperó a que Serena entrara y cerrara la puerta. Tomó su móvil y seleccionó un nombre de sus contactos. Emprendió camino mientras esperaba a que contestara. ¨¿Dónde estás?¨- preguntó bruscamente en cuanto atendieron la llamada, -¨no, no ¡en 5 minutos llego!¨- terminó la llamada y piso el acelerador del auto. Estaba cerca, pero tenía que apresurarse. No estaba seguro de lo que ocurría, pero parecía que algo andaba mal. Yaten le llamó y detecto un extraño tono en su voz. Su relación no había sido muy buena los últimos años, pero seguían confiando en sí mutuamente a pesar de todo. A pesar de las diferencias, y a pesar de lo mucho que le había molestado que interfiriera en la decisión de su padre. Sonrió. Pero ahora que pensaba más las cosas, le había sentado bien. No tenía que ser él quien se preocupara de los problemas del negocio familiar, y tenía todo el tiempo del mundo para dedicárselo a la mujer que amaba. Porque amaba a aquella chica, a su chica. La mujer más hermosa del mundo. Además de su madre, por supuesto. Pero no podía compararles en ninguna forma, era dos polos completamente opuestos. Pero él y Serena, era como si se conocieran de otra vida y estuvieran destinados a estar juntos. ´¿Cuándo me volví un romántico frustrado?´- preguntó para sí estacionando el auto. Sacudió la cabeza un poco, y bajó del auto mientras tomaba su móvil para volver a llamarlo. ¨No hace falta¨- dijo una voz aproximándose a él. Guardó el móvil en el bolsillo de su pantalón y se volvió hacia su hermano, que salía del edificio. ¨Vamos¨- dijo el platinado haciéndole una seña de que le siguiera hasta su auto. El oji-azul le siguió y subió al auto sin decir nada. Emprendieron camino y al fin se dignó a preguntar -¨¿vas a decirme qué es lo que ocurre?¨- alzó una ceja, mirándole de reojo. A juzgar por la manera en la que estaba manejando esa noche, parecía que Yaten tenía prisa por llegar a donde quiera que le estuviera llevando. ¨¿Y bien?¨- insistió el oji-azul al no recibir respuesta. ¨Creo que cometí un error¨- fue lo único que dijo mientras seguía concentrado en llegar a su destino lo más rápido posible. ¨Vaya que si¨- dijo Seiya bruscamente -¨pero, ¿Erlik?¨- preguntó en voz baja -¨¿qué estabas pensando?¨- le miró de reojo. Se mantuvo en silencio por el resto del camino, hasta que llegó a una antigua bodega, a las afueras de Brighton. Parecía estar abandonada o quizá solo desatendida. ¨Debes estar bromeando¨- dijo el oji-azul desaprobatoriamente mientras abría la puerta para bajar del auto. Exhaló sacudiendo la cabeza, y acomodó su chaqueta para luego dirigir la mirada al platinado -¨¿y ahora?¨- preguntó encogiéndose de hombros. Yaten se sentía muy tenso, apretó los dientes e ignorando toda pregunta de su hermano menor comenzó a caminar hasta una de las puertas de aquel extraño almacén. No quería aceptarlo, pero en verdad sentía un poco de nervios con cada paso que daba. Llegó hasta la puerta y dudó un segundo al escuchar extraños ruidos proviniendo del interior. Se volvió a su hermano, que tenía los ojos bien abiertos al distinguir que aquellos ruidos extraños eran en realidad gritos de agonía. Tragó saliva y abrió la puerta, sin saber qué esperar detrás de ella.

Justo al centro, estaba un cuerpo semi-desnudo y con la cara cubierta. Gritaba y temblaba, intentando moverse pero las cuerdas y cadenas que aprisionaban sus brazos se lo impedían. Colgaba de un arnés al techo, y tenía las manos amarradas detrás de su espalda. El dolor y terror parecían escucharse en las amargas suplicas que salían de su boca. Justo debajo, entre sombras, comenzaba a acumularse un pequeño chorro de sangre que corría por sus piernas. ¨Por favor¨ - lloraba e imploraba, una y otra vez, mientras una sombra se movía ágilmente entre sus muslos. Yaten y Seiya se quedaron paralizados ante la escena, no iban preparados para algo como aquello. ¨No, ya no más. ¡Basta, por favor!¨ - insistía aquella persona mientras movía débilmente las piernas intentando alejar a aquella silueta. Yaten se acercó un poco más, solo para encontrar que, cerca de donde se encontraba aquel cuerpo colgado del arnés, había una pequeña mesa de metal. Sobre ella, una manta con distintos instrumentos bien acomodados. Uno justo al lado del otro. Sintió nauseas al escuchar aquellas suplicas, imaginando el dolor y el instrumento que estaba siendo utilizado en ese momento. Quizá se había sobrepasado. Eso no era lo que tenía pensado. Se pasó ambas manos por el cabello, lleno de frustración. Volvió la mirada al centro, respirando con dificultad. Aquella silueta continuaba con su labor en silencio. ¿Qué había hecho? Volvió la mirada a su hermano menor que estaba un poco más lejos que él, la mirada perdida y horrorizada que aparecía en su rostro le indicaba que en verdad se había equivocado. Apresuró el paso y salió de la bodega lo más rápido que pudo. Se alejó lo más que pudo, acercándose un poco al muelle para sentir la brisa marina. Eso le ayudaría. Cerró los ojos mientras intentaba respirar tranquilamente, aspirando el agridulce olor a sal y pescado. Sal. Justo cómo se lo había dicho Mina aquella noche en la playa. ´Maldita sea´- apretó los dientes. ¨¿Estás bien?¨- preguntó una voz detrás de él. El platinado negó con la cabeza rápidamente -¨esto no tenía que ocurrir así¨- apretó los puños sintiéndose culpable. ¨¿Qué era lo que esperabas?¨- preguntó el oji-azul deteniéndose a su lado. El platinado se encogió de hombros y negó con la cabeza -¨no lo sé¨- respondió lleno de frustración y por una fracción de segundo, sintió lastima por el tipo que estaba dentro del almacén -¨no estaba pensando, me dejé llevar por mi odio y mira cómo terminaron las cosas¨- se pasó ambas manos por el cabello bruscamente. ¨Oye¨- dijo Seiya poniendo una mano sobre su hombro -¨los dos sabemos que se lo merece¨- dijo intentando animarlo, el platinado sacudió la cabeza -¨no así¨ - dijo evitando mirar a su hermano, y se dio la vuelta para regresar al almacén.

Los gritos habían cesado, y la silueta ahora se encontraba frente a la mesita de metal. Esperó unos segundos, y el hombre se volteó a él y comenzó a caminar en dirección a donde se encontraba. Le hizo una seña para que le siguiera y salieron del almacén. El aire se había tornado más denso y frío, le costaba trabajo respirar lo salado de la brisa marina. El hombre permaneció en silencio y le entregó un paquete húmedo, envuelto en un extraño papel viejo. Con algunas manchas oscuras, que preferiría no preguntar nada al respecto. ¨¿Qué es esto?¨- preguntó el platinado al examinar el paquete y descubrir una dirección escrita en él. El hombre asintió con la cabeza y solo dijo -¨un recuerdo¨. El platinado arrugó las cejas sin comprender de qué se trataba y volvió a leer la dirección que estaba escrita en el paquete. Iba dirigido a alguien ahí mismo, en Brighton, pero... -´Hollingworth´- leyó sobre el paquete. Debía estar dirigido al padre de aquel tipo, ¿era lo que estaba pensando? Era demasiado mórbido y de mal gusto, y seguía sin comprender todo aquello. Se quedó en silencio mirando al hombre, e hizo una seña a su hermano para que se acercara a ellos. Le pidió que sostuviera el paquete y sacó un sobre de su chaqueta. El hombre negó con la cabeza -¨no hace falta, este ha ido por mi cuenta¨- dijo el hombre manteniendo la fría mirada sobre los ojos verdes del chico. Yaten le miró extrañado, después de lo que acababa de ocurrir se negaba a aceptarle su dinero -¨¿puedo preguntar por qué?¨- arrugó las cejas. El hombre miró la hora en su reloj, como sin querer prestarle atención a lo que le decía y después volvió la mirada a la del chico -¨nuestro amigo aquí adentro¨- movió la cabeza para señalar hacía el almacén -¨gustaba de niñas¨- hizo una pausa -¨tenía varios cargos en distintas zonas¨- frunció el ceño -¨mi hija acaba de cumplir 14 años, y me siento más tranquilo sabiendo que hay una sabandija menos en esta ciudad¨ - asintió con la cabeza. Seiya y Yaten voltearon a verse confundidos, y el platinado solo optó por guardar el sobre dentro de su chaqueta -¨¿y… ahora qué?¨- preguntó sutilmente. El hombre le dedicó la más tétrica y fría sonrisa que jamás imaginó ver y le dijo -¨vendrá alguien a curarlo, y después irá a la cárcel¨- hizo una pausa -¨le ira peor cuando descubran lo que le falta¨- alzó una ceja, orgulloso de si mismo.

Se retiraron de aquel sombrío almacén, sin pronunciar palabra alguna. Subieron al auto y dejaron el temible paquete en un enorme buzón de correspondencia para que fuera enviado en los siguientes días. Emprendieron camino de regreso a Londres y, aún en silencio, llegaron hasta el departamento de Yaten. Estacionó el auto y ambos bajaron de él. ¨¿Quieres un trago?¨- preguntó el platinado dirigiéndose a su hermano menor. El oji-azul negó con la cabeza -¨necesito irme a casa¨- fue lo único que dijo antes de despedirse y dirigirse a su auto. Había tenido suficiente esa noche. Subió al elevador y llegó a su piso. Se dirigió a su departamento, y abrió la puerta bruscamente. Se fue directo a su pequeño bar y tomo la botella de whiskey para servirse un trago. Lo bebió de golpe. Se sirvió otro e hizo lo mismo. Arrojó el vaso contra la pared, haciendo que estallara en miles de pequeñas partículas de vidrio. ¨¡Maldita sea!¨- dijo mientras escuchaba el vaso destrozarse contra la pared. Se pasó las manos por el cabello, jalándolo y gruñendo lleno de desesperación. Tomó las llaves de su auto y volvió a salir de su departamento, quizá no todo estaba perdido. Subió al auto y salió lo más rápido que pudo, excediendo de la velocidad permitida. Se detuvo en un lugar primero, extrañado de haber encontrado una florería abierta a esas horas, pero agradeciendo lo último que le quedaba de suerte. Subió al auto y continuó su camino hasta llegar a aquellos departamentos cerca de su universidad. Estacionó el auto. Sentía que esta sería su última oportunidad y tenía que hacer algo al respecto.
Salió del elevador y se detuvo frente a la puerta de un departamento en particular. Dudó de si mismo unos minutos, no era la decisión correcta. Como ninguna de las que había tomado recientemente. Tragó saliva con dificultad, y bajó la mirada al ramo de hermosas rosas rojas que tenía en su mano derecha. Se arrepintió y se dio la vuelta, para regresar al elevador. Justo estaba por acercarse cuando las puertas se abrieron y se encontró con una hermosa y elegante joven de lindo cabello aguamarina, que conocía desde hace algún tiempo. ¨¿Yaten?¨- preguntó la chica al verlo frente a ella -¨qué gusto verte, ¿qué haces aquí?¨- sonrió acercándose a saludarlo. ¨Lo mismo digo¨- respondió el chico mientras besaba su mejilla. La chica sonrió dulcemente y desvió la mirada al hermoso ramo de rosas que sostenía en su mano -¨¿también vienes a ver a alguien especial?¨- le guiñó un ojo -¨no sabía que salías con alguien¨- sonrió la chica alegremente. El platinado negó con la cabeza, -¨ah, ya veo¨- dijo la chica sin dejarle decir algo -¨debe ser una chica muy linda¨- sonrió -¨y seguro le encantará ver ese hermoso detalle¨- comenzó a caminar en dirección al apartamento de Haruka. ¨Espera¨- dijo el chico caminando detrás de ella y extrañándose de ver que se detuviera en el departamento justo al frente del de Mina, y sonrió para sí. Lo había olvidado, aquella vez en el concierto del parque había visto a Mina y a esa chica con Michiru. ¨¿Si?¨- preguntó la aguamarina sonriente esperando que le respondiera. Yaten caminó hasta el departamento de Mina y se detuvo justo al lado de la chica -¨olvidalo¨- sonrió y se dio la vuelta para llamar a la puerta. Michiru le vio un poco sorprendida -¨¿así que esa niña?¨- sonrió mientras sacaba algo de su bolso -¨es una gran chica, pero¨- hizo una pausa para acercarse y decirle en voz baja -¨le vendría bien un poco de apoyo y comprensión¨- sonrió suavemente y se dio la vuelta para dirigirse al departamento de Haruka.


¿Y qué tal?
¿Buena o mala idea que vaya a ver a Mina después de lo que pasó en ese almacén?
¿Creen que Mina deba enterarse o no?

Como siempre, gracias por su tiempo y por sus reviews.
Saludos! :)