¡Hola! Ya regresé, disculpen que no actualicé pronto pero estoy por terminar mi semestre en la universidad y estoy inundada de tareas y proyectos finales.
Otra cosa, sé que no fue muy de su agrado el capítulo anterior, y lo siento mucho, estaba viendo un programa de televisión cuando lo escribí y pasó una escena un tanto similar y creí que sería buena idea incorporarlo a mi historia, pero quizá no fue muy buena idea para ustedes... Lo siento, pero tengan paciencia, las cosas mejoraran.
Y bueno, aquí les dejo con un capítulo reciente...
Llamaron a la puerta repentinamente. ¿Quién podría ser a esa hora?
Dejó el libro sobre la mesa y se levantó lentamente. Había perdido la noción del tiempo. Estaba demasiado enfocada en estudiar para sus exámenes, como para notar que las horas habían volado. Pasó por detrás de su oreja un mechón de cabello que caía por su frente y caminó hasta la puerta con un poco de temor. Volvieron a llamar a su puerta antes de que pudiera atenderla, pero al fin llegó a ella. Su corazón latió un poco más rápido al encontrarse con unos intrigantes ojos verde claro justo al abrir la puerta. ¨Hola¨- dijo el apuesto dueño de aquellos ojos claros, con una suave sonrisa haciendo que las piernas de Mina se debilitaran en fracción de segundos al verle -¨¿cómo estás?¨- preguntó suavemente. Mina asintió con la cabeza sin saber cómo reaccionar. No habían pasado muchas horas desde la última vez que lo había visto. Esa misma tarde le acompañó a su departamento, y le había dicho tantas cosas tan lindas que aún no podía terminar de comprenderlas. ¨Bien¨- dijo la rubia al fin, recargándose en el marco de la puerta. Una parte de ella estaba feliz de verle ahí, mientras la otra temía que volviera a perder la razón y terminara lanzándose a sus brazos de nueva cuenta. Se quedaron en silencio unos instantes, dejando que sus miradas se dijeran todo lo que sus labios negaban a confesarse. El platinado sonrió dulcemente al ver que la chica bajaba la mirada tímidamente. Lucía tan hermosa como siempre; el cabello desaliñado de una manera tan encantadora y amarrado en una coleta de lado, dejando que gran parte de su brillante cabellera cayera por su hombro. Vestía el mismo extraño suéter gris de la noche anterior. Admitió que empezaba a gustarle aquella prenda extraña mientras recorría con la mirada el cuerpo de la chica. Se sentía tranquilo tan solo de verla, algo en ella le daba paz. Esa paz que tanto necesitaba en esos momentos. Sobre todo después de aquel mal rato que había pasado, y del que se sentía tan culpable.
Extendió un brazo hacia adelante, ofreciéndole las rosas que sostenía -¨disculpa que venga a molestarte tan noche¨- dijo cayendo en cuenta que había sido una mala idea ir a verla -¨pero no he podido dejar de pensar en lo de hoy¨- continuó -¨en ti¨. Mina sintió como sus mejillas se encendían ligeramente; era el segundo hombre en regalarle rosas. Un nudo se formó en su estómago. Aunque el primero había terminado como una de las peores experiencias de su vida. Su respiración se aceleró y sintió que estuvo a punto de desfallecer, pero sostuvo su peso sobre el marco de la puerta en el que estaba recargada. Sacudió suavemente la cabeza, esperando que el chico frente a ella no lo notara. ¨¿Mina?¨- preguntó el chico preocupado. Parecía que lo había notado. La tomó suavemente de un brazo -¨¿te ocurre algo?¨- insistió. La rubia negó con la cabeza y levantó la mirada, encontrándose con sus brillantes ojos. Pero algo había en su mirada aquella noche, parecían tan vacíos y distantes -¨si, disculpa¨- dijo al fin incorporándose un poco. Aclaró su garganta y exhaló suavemente -¨¿quieres pasar?¨- preguntó fingiendo una sonrisa. El chico asintió con la cabeza nerviosamente y Mina le indicó que pasara.
Se sentó en el pequeño sillón, con el ramo aún en sus manos, y permaneció en silencio con la mirada perdida en el vacío. Mina cerró la puerta y después se sentó a su lado nerviosamente y también se quedó en silencio. Se sentía incómoda solo de verlo, quería preguntar si algo le ocurría pero no se atrevía a pronunciar palabra alguna. Mordió su labio sutilmente y le miró de reojo. Ahí estaban de nueva cuenta, solos a mitad de la noche sobre aquel sillón en la sala. Justo como aquella noche en que… -´nada pasó´- dijo para sí mientras su corazón comenzaba a acelerarse recordando aquella extraña noche. Se volvió a él y se quedó admirándolo en silencio. Era un hombre joven y atractivo. E imponente. De delicadas y masculinas facciones en el rostro perfectamente rasurado. No había ni un solo rastro de vello facial. Sonrió para sí al notarlo. Pero, sin duda, lo que más le gustaba de él eran aquellos encantadores y cautivantes ojos verde limón. Aunque esa noche estaban ausentes y perdidos en el espacio que les separaba de los suyos. Posó su mano suavemente sobre la mano del chico, haciéndolo sobresaltarse un poco -¨Yaten¨- le llamó en voz baja. Y solo eso bastó para hacerle regresar a la realidad. Aquella melodiosa voz, y aquella encantadora forma en la que pronunciaba su nombre. Se volvió a ella sintiendo la calidez su mano sobre la suya mientras una ligera sonrisa se formaba en sus labios. Parecía preocupada, y eso la hacía lucir tan linda. Por Dios, que todo en esa chica era tan hermoso y ella tan encantadora. Sonrió un poco más mientras la miraba a los ojos -¨lo siento¨- bajó la mirada, sacudió la cabeza y notó que aún tenía entre sus manos el regalo que había llevado para ella. ¿Cómo se había olvidado de ello? Ni siquiera estaba seguro de por qué estaba ahí o qué haría -¨por cierto¨- fingió una sonrisa ofreciendo el ramo de rosas a la chica a su lado -¨te he traído un pequeño detalle¨- terminó de decir. Mina sonrió con aquella brillante mirada tan característica de ella -¨son muy hermosas¨- dijo tomándolas con delicadeza y acariciando los pétalos de una de ellas. ¨No se comparan contigo¨- dijo el chico sin pensar. La rubia sonrió incómodamente mirándole a los ojos -¨las pondré en agua¨- dijo secamente levantándose para ir a la cocina -¨¿te ofrezco algo?¨- preguntó mientras tomaba su florero de cristal y acomodaba las rosas en su interior.
¨Estoy bien¨- dijo el platinado sin moverse del sillón. Sentía que sus manos temblaban. Cerró los ojos con brusquedad y se pasó ambas manos temblorosas por el cabello. Había perdido el control de las cosas y necesitaba tranquilizarse. Abrió los ojos y se levantó rápidamente del sillón, necesitaba salir de ahí antes de que pudiera terminar diciéndole a Mina lo que había ocurrido. En ese momento, no podía arriesgarse a que le odiara. La necesitaba. Probablemente más de que lo debería.
¨¿Quieres salir a… alguna parte?¨- preguntó repentinamente. Mina se quedó en silencio al escucharle hablar, no sabiendo a lo que se refería. Acomodó el florero en el centro de la mesa, ignorando aquella pregunta. ¨Mina¨- dijo el platinado acercándose a ella. La chica parecía no interesarse en su propuesta. Todo lo contrario, estaba muy concentrada en sus flores que acababa de dejar sobre la mesa. Se acercó un poco más a ella por detrás de su espalda, embelesado con la desnudez de su hombro cubierto por su dorado cabello brillante. La necesitaba, necesitaba sentir que seguía ahí. Que seguiría ahí. Mina sintió que su respiración se entrecortó y cerró los ojos al sentir unas cálidas manos sobre su cintura. Sus piernas dejaban de funcionar de nueva cuenta, y su cuerpo comenzó a sentirse un poco tenso. Nerviosamente, y con las manos torpes y temblorosas, la rodeó suavemente por la cintura y la acercó más a su cuerpo. Cerró los ojos embriagándose del dulce olor a flores que desprendía su cabello, y la estrechó en sus brazos tranquilizándose solo un poco por sentir su cálido y frágil cuerpo junto al suyo. Abrió los ojos manteniendo sus brazos alrededor de la cintura de la rubia y sonrió para sí. Todo de ella le parecía encantador. Besó su mejilla suavemente haciéndola sobresaltarse y alejarse de él en un rápido movimiento -¨¿qué estás haciendo?¨- preguntó nerviosa en estado de alerta. Se sintió como un estúpido y aún así respondió -¨besándote¨- dijo suavemente encogiéndose de hombros -¨discúlpame¨. Los ojos de Mina se abrieron muy grandes, y tragó saliva con dificultad -¨no, no¨- sacudió la cabeza -¨disculpa, no sé qué…¨- hizo una pausa llevándose una mano a la frente -¨lo siento¨- terminó de decir. Yaten mantuvo su distancia y prefirió llevarse las manos a los bolsillos del pantalón -¨jamás haría algo para lastimarte¨- dijo suavemente, sintiendo que aquellas palabras quemaban sus labios. Pero no estaba mintiendo. Lo que había pasado momentos antes, no era para nada lo que tenía en mente. En lo más mínimo. Y ahora no tenía forma de solucionar el daño que había hecho. Mina volvió a tragar saliva con dificultad y asintió con la cabeza -¨¿puedo preguntarte algo?¨- mordió su labio suavemente. Yaten asintió y la chica continuó -¨¿ocurre algo?¨- preguntó tímidamente mirándole a los ojos y acercándose solo un poco a él -¨cuando llegaste¨- hizo una pausa y bajó la mirada -¨parecía que algo te había molestado o¨- jugaba nerviosamente con las mangas de su suéter -¨no lo sé, quizá solo imagino cosas¨- se encogió de hombros y levantó la mirada. Yaten permaneció en silencio. Una sonrisa se formó en sus labios ante la actitud de la rubia, le parecía encantadora la forma en la que intentaba hacerle una pregunta tan sencilla. Pero le preocupaba que aquella inocencia tan linda de esa chica, terminara haciéndole soltar toda la historia -¨no, Mina¨- respondió -¨no ocurre nada¨- mintió sintiéndose la peor basura del mundo. ¿Cómo podía mentirle? Jamás se lo perdonaría, era lo peor que podía hacerle a Mina. Sobre todo a ella, que se merecía lo mejor y sobre todo, la verdad. Alejó esos pensamientos de su mente y acarició suavemente la mejilla de la chica frente a él -¨¿y tú cómo estás?¨- preguntó mientras la chica cerraba los ojos al sentir su caricia. ¨No lo sé¨- respondió la chica abriendo los ojos cuando terminó su suave caricia, y tomándole de la mano antes de que pudiera separar su mano de su mejilla. Su respiración comenzaba a acelerarse cada vez más. La forma en la que la miraba, aquella torturante y seductora mirada que tanto le intimidaba. Ambos permanecieron en silencio, perdiéndose en el momento. La mano de Yaten obligada a permanecer en el rostro de la hermosa rubia. Pero no le molestaba, al contrario le encantaba poder sentir su piel. Sentir su calidez, que estaba ahí para él y con él.
En un instante que creía no poder volver a respirar jamás, Yaten se acercó a ella y la beso. Le arrebató el poco aliento que le quedaba, y la besó con fuerza. Sosteniendo su rostro con una mano y presionando su espalda con la otra. Un beso violento y lleno de deseo. Yaten soltó su rostro y bajó su mano suavemente recorriendo su espalda y, al llegar a su cintura, la acercó más a él. Un sutil gemido escapo de los labios de Mina al sentir la proximidad de sus cuerpos. El chico profundizó más el beso sintiendo que le faltaba el aire, pero sin poder despegarse de aquellos suaves y deliciosos labios. Acariciaba su lengua con la suya, en una cálida caricia y la besaba con más ganas. Mina llevó sus manos hasta el cuello del chico, ansiando sentirlo más cerca de ella; otro gemido salió de sus labios, y el platinado bajó sus manos acariciando su cadera. Sin darse cuenta, Mina estaba sentada sobre la mesa, aferrándose al cuello del apuesto platinado, que no dejaba de besar sus labios. Acercó su cuerpo más al suyo y continuó acariciando su espalda por encima de la tela del extraño suéter que comenzaba a odiar. Esa estúpida tela que le separaba de ella, que le hacía desearla aún más. En un inocente y excitante movimiento, Mina se posicionó de tal manera que sus piernas rodearon las del chico y lo aprisionó para sentirlo más cerca. Pero quizá sintió un poco más de lo que esperaba, y se sobresaltó un poco. ¨¿Qué pasa?¨- preguntó el chico al notarlo y se separó de sus labios con mucha dificultad. Mina respiraba muy rápido y le costaba trabajo hablar. Sentía los labios hinchados por aquellos apasionados besos, y la cabeza le daba vueltas sin permitirle pensar en qué decir. ¨¿Mina?¨- preguntó el chico en una raspante voz ronca intentando recuperar el aliento, mientras su pecho se levantaba con fuerza cada que inhalaba aire. Tragó saliva con dificultad y sacudió nerviosamente la cabeza, no muy segura de qué decirle -¨lo siento, yo¨ - hizo una pausa para recuperar el aliento y bajó la mirada sonrojada. El chico sonrió al darse cuenta de que sus cuerpos estaban demasiado cerca, y probablemente Mina se había percatado del efecto que estaba teniendo en él en esos momentos. Acarició su mejilla, y la tomó suavemente por la barbilla para hacer que le viera a los ojos -¨¿te he asustado?¨- preguntó manteniendo aquella voz ronca, haciendo que Mina se sonrojara aún más. Rió para sí cuando la chica no respondió, y continuó -¨discúlpame, no quise hacerlo pero¨ - hizo una pausa -¨me cuesta trabajo mantenerme alejado de ti, me gustas demasiado¨- terminó de decir. Los ojos de Mina se abrieron muy grandes y mojó sus labios sin darse cuenta -¨también me gustas¨- admitió en un hilo de voz.
El chico, sin creer lo que acababa de escuchar, se separó un poco de ella. Le había tomado por sorpresa, aunque debía esperarlo después de dejar que la besara en repetidas ocasiones, pero al escucharlo de sus labios había adquirido un significado completamente diferente. ¨¿En verdad?¨- preguntó con la voz llena de esperanza sin despegar sus ojos de los de ella. La chica solo asintió tímidamente con la cabeza y bajó la mirada. Yaten sonrió sintiéndose tranquilo y feliz, como un niño pequeño. ¿Desde cuándo algo tan sencillo como aquellas palabras tenían la capacidad de hacerle sentir que era la persona más feliz del mundo? Se acercó a ella y la besó suavemente en la mejilla -¨¿entonces irías conmigo a la graduación?¨- preguntó ilusionado. Mina frunció el ceño al escuchar aquella pregunta, le había tomado por sorpresa el repentino cambio en el platinado y le miró extrañada -¨me había olvidado de eso¨- dijo sin pensar. Yaten la miró con sorpresa y se encogió de hombros -¨no te culpo¨- dijo -¨con tantas cosas que debes tener en la mente, dudo mucho que recuerdes algo tan simple como eso¨- agregó. ¨No quise decir eso, Yaten¨- dijo la chica sintiéndose un poco culpable sin razón alguna -¨¿en verdad tengo que ir?¨- preguntó apretando los labios. Yaten sonrió y acarició su mejilla de nueva cuenta -¨no, no tienes que hacerlo¨- dijo dándole un suave beso en los labios -¨pero me encantaría que fueras, ¿recuerdas lo que te dije?¨- alzó una ceja -¨no quisiera ir sin ti¨- agregó. Mina negó con la cabeza -¨no me necesitas para eso¨- bajó la mirada indecisa, -¨te equivocas, Mina¨- interrumpió el platinado -¨te necesito demasiado¨- dijo haciendo que la chica volviera su mirada a él -¨por eso quiero que estés ahí conmigo¨- volvió a pedirle.
Le parecía extraño el cambio en su actitud. Segundos antes, era el seductor y decidido hombre que tanto le atraía, y ahora no era más que un chiquillo suplicándole que estuviera con él. No podía mentir, le causaba un poco de gracia ver esa faceta desconocida de Yaten. Le gustaba conocerlo, estar cerca de él. Negó con la cabeza y apretó los labios -¨ni siquiera tengo algo decente que ponerme para una fiesta así¨- se encogió de hombros tímidamente. Yaten alzó las cejas al escucharle y sonrió dulcemente -¨¿eso te preocupa?¨- preguntó -¨no es problema alguno, le pediré a Lita que te acompañe a buscar un vestido¨- sugirió como si fuera algo sin importancia. Mina sintió que su cuerpo se tensaba, no tenía dinero suficiente para un gasto de ese tipo -¨pero¨- hizo una pausa sin saber cómo decirlo, aunque no hizo falta pues fue interrumpida -¨mándame la factura y me encargaré de ello¨- agregó el chico descifrando lo que intentaba decirle la chica. La rubia abrió los ojos bien grandes -¨no, Yaten eso no¨- negó con la cabeza incómodamente, no le gustaba esa idea para nada. ¨¿Por qué no quieres aceptar?¨- preguntó el platinado -¨¿acaso soy tan insoportable que no crees poder pasar unas horas conmigo?¨- agregó alzando una ceja. Mina rio tímidamente -¨puedo sobrevivir¨- sonrió haciéndolo reír -¨es solo que no me siento cómoda con este tipo de..¨- decía pero fue interrumpida, -¨déjame consentirte tan solo una vez¨ - pidió acercándose a su rostro y dándole un suave y rápido beso en los labios -¨te prometo una cosa¨- comenzó a decir al separarse de ella -¨si te sientes incomoda en cualquier momento de la noche, o crees que fue una mala idea y decides que no quieres estar cerca de mi jamás¨- hizo una pausa mirándole a los ojos -¨prometo no volver a molestarte y evitarte la molestia de tener que soportarme¨- sonrió galantemente. Mina sacudió la cabeza -¨¿qué clase de promesa es esa?¨- preguntó confundida y con una sonrisa en los labios. El chico se encogió de hombros -¨estoy arriesgando todo¨- apretó los labios -¨si descubres lo aburrido que soy, quizá cambies de parecer y no quieras que vuelva a molestarte¨- dejó salir un largo y abrumante suspiro.
La rubia bajó la mirada y se quedó pensativa unos instantes -¨creí que habías prometido cuidar de mi¨- dijo en voz baja. Un nudo se formó en el estómago del platinado al escuchar aquel dolor en sus palabras, la tomó del rostro suavemente haciendo que le mirara a los ojos -¨por supuesto que lo haré, hermosa¨- tragó saliva con dificultad -¨eres la persona más importante en mi vida y no permitiré que nada malo te vuelva a ocurrir¨- terminó de decir sintiendo un amargo sabor de boca. Quizá por lo que había ocurrido con el patán de Liam, o por lo idiota que era en ocultarle la verdad. Sintió que sus manos comenzaban a temblar y las alejó del bello rostro de la chica. ¨¿Por qué me dices esas cosas?¨- preguntó tímidamente la chica -¨¿por qué tienes que hacer todo tan difícil, Yaten?¨- se llevó las manos a las mejillas. El chico frunció el ceño confundido -¨¿qué quieres decir?¨- preguntó. ¨Haces todo tan complicado¨- cerró los ojos con fuerza -¨después de lo que ocurrió con Liam, me prometí odiar a los hombres y no querer estar jamás con nadie, pero¨- hizo una pausa y abrió los ojos para mirarle -¨llegas con tu capa y espada, prometiendo ser diferente y¨- tragó saliva -¨soy muy débil, Yaten¨- fingió una sonrisa -¨quiero creerte pero tengo mucho miedo¨- sintió que sus ojos comenzaban a nublarse un poco y mordió su labio para evitar seguir hablando. ¨Mina¨- dijo el chico acariciando su mejilla -¨no sé bien por lo que estés pasando, pero te aseguro que jamás te haré daño, y que haré todo lo que sea necesario para asegurarme de que nadie te vuelva a lastimar¨- hizo una pausa para limpiar una solitaria lágrima que caía por la mejilla de la chica -¨no te voy a obligar a nada, será tu decisión si estás conmigo o no¨- fingió una sonrisa -¨en cualquier sentido, aceptaré tu decisión aunque me duela¨- terminó de decir. Mina sacudió la cabeza -¨precisamente a eso me refiero¨- alzó la mirada al techo, luchando contras las lágrimas que estaban por brotar de sus hermosos ojos -¨eres tan bueno conmigo, Yaten¨- sollozó un poco -¨discúlpame por todo mi drama¨- fingió una sonrisa mirándole a los ojos -¨han pasado tantas cosas, y estoy tan estresada con mis exámenes¨ -mordió su labio. El chico asintió -¨entiendo, hermosa¨- sonrió -¨¿quieres que te ayude en algo?¨- preguntó amablemente intentando calmarla y ella aceptó bajándose de la mesa y sentándose en una de las sillas, para después pedirle ayuda con una de sus tareas.
¨¿Ocurre algo?¨- preguntó saliendo de la habitación. ¨¿Poder ir a tu estudio?¨- preguntó nervioso señalando las escaleras que estaban cerca. El hombre asintió confundido y le siguió escaleras abajo. Entraron a su estudio que servía casi como oficina y se sentaron en uno de los sillones de piel negra que había en la habitación. ¨¿Y bien?¨- preguntó el hombre después de un largo e incómodo silencio. ¨No sé por dónde comenzar¨ - dijo nervioso pasándose una mano por su negra cabellera -¨tu hijo ha hecho una estupidez¨- confesó. El semblante del hombre se tensó y sus ojos se abrieron bien grandes -¨¿qué quieres decir?¨- preguntó apretando la mandíbula temiendo por la respuesta que pudiera recibir. El pelinegro suspiró molesto -¨creo que sabes de que hablo¨- alzó las cejas. El hombre apretó los puños y se levantó del sillón rápidamente. Caminó hasta el mueble de madera oscura que tenía cerca y tomó la botella de cristal que estaba sobre ella. Destapó cuidadosamente la botella y vertió un poco de ella en un vaso que estaba junto. Dio un trago de golpe y se quejó al sentir como raspaba su garganta. ¨Le he dicho que tuviera cuidado con él¨- sacudió la cabeza nervioso -¨¿en qué se ha metido?¨- preguntó el hombre sirviendo un poco más en su mismo vaso y después en otro para ofrecérselo al chico que comenzaba a ponerlo al corriente sobre las barbaridades que había presenciado. ¨Por Dios santo¨- dijo el hombre horrorizado -¨¿quién más sabe de esto?¨- preguntó nervioso dando otro largo trago a su bebida. ¨Solo nosotros, pero no sé si Erlik…¨- decía cuando el hombre lo interrumpió, -¨no, él jamás hablaría, su vida está en juego y no puede arriesgarse por alguien tan insignificante como Hollingworth¨- se llevó una mano a la frente y comenzó a masajearla -¨tu madre no debe enterarse de esto¨- pidió. El chico asintió -¨te mataría¨- sonrió de lado. El hombre arrugó las cejas y lo miro con molestia -¨y de paso a ti también Seiya, así que no sientas inocente en esta situación¨- suspiró exasperado -¨maldita sea, debí haberle ayudado en vez de dejarlo hacer las cosas solo¨- sacudió la cabeza. El ojiazul le tomó del brazo -¨no quiero defenderlo, pero creo que eso no es lo que Yaten tenía en mente¨- se encogió de hombros cuando su padre se volvió a él -¨mira, me matará por habértelo dicho¨- hizo una pausa y rodó los ojos -¨el tipo ese andaba con una amiga de Serena, y resulta que tu hijo, aunque no quiere aceptarlo, anda..¨- se encogió de hombros -¨tu sabes, supongo que fue un acto de rabia y desesperación lo que lo llevó a tomar medidas tan drásticas¨- apretó los labios. El hombre se quedó en silencio y arrugaba cada vez más las cejas -¨a ver si te entendí¨- hizo una pausa sacudiendo la cabeza -¨Yaten gusta de esa chica, y tomó medidas drásticas para protegerla¨ -miró molesto al chico -¨¿y cómo se supone que eso me va a tranquilizar?¨- preguntó irritado. El ojiazul se quedó en silencio. ¨¿Tienes idea de lo mal que quedaría mi compañía si alguien se llega a enterar?¨- siguió el hombre levantándose de su asiento -¨maldita sea con ustedes dos¨- dejó su vaso sobre la mesita de madera de donde lo había tomado -¨¿cómo pueden hacerme esto?¨- se pasó ambas manos por el cabello apretándolo con fuerza -¨¡¿tienes idea de lo que diría tu madre?!¨- preguntó más molesto caminando hasta su escritorio -¨maldita sea¨- continuó diciendo mientras levantaba el auricular del teléfono y comenzaba a presionar algunos números para comenzar su llamada.
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Gracias por su tiempo y por continuar leyendo mis historias.
Por aquellos que no sepan y esten interesados, también tengo otra historia que se llama ¨Todo cambió¨. También es un Minako/Yaten, pero completamente diferente a esta historia. O al menos a mi me parece así.
Saludos!
