Holaaaa! Chicas/os que leen esto, este es un fic que ya tenia y no había subido por falta de tiempo pero bueno aquí esta, esta ambientado para el tiempo en el que los guardianes se encuentran en Italia y tienen 23, sera corto unos 5, 6 o 7 caps cuando mucho.
Psdt. Mukuro es sexy!
KHR no me pertenece... sigo rogando pero no se me cumple TnT
Capitulo 1: Ignorancia
Podía quedarse viendo los libros de cuero forrado de las repisas, apreciar los finos tallados de la madera a los lados de los libreros, memorizar los nombres de los países que se encontraban en los mapas esparcidos por el escritorio, tratar de descubrir todas la formas del intrincado de las alfombras o inclusive podría sentarse en uno de los sofás que se usaban para la lectura pero no haría nada de eso, había demorado mas de cinco años en armarse de valor para ese momento además que había hablado con Tsuna mas de una vez preguntándole si era bueno o no hacerlo; había preguntado a Gokudera si podría hablar un momento con él y para su buena suerte este había aceptado, ahora no sabia como empezar y por el ceño fruncido del peliplata se estaba impacientando.
Era ahora o nunca.
-Gokudera…
Demonios. Su voz sonaba nerviosa.
El pelinegro miro directamente a los ojos verdes del peliplata los cuales parecían no querer mirarle pero aun así lo hacían; en el ultimo momento el ex-basebolista cerro sus ojos.
-…me gustas.
Takeshi sintió como si un peso que hubiese tenido durante años se hubiese ido, por fin le había dicho a Gokudera de los sentimientos que llevaba guardando desde hacia tantos años aunque el silencio que había no le estuviese gustando, abrió sus ojos lentamente encontrando el semblante algo ¿triste? del peliplata.
-Lo siento.
Fue doloroso.
Es doloroso.
Seguiría siendo doloroso por un tiempo o tal vez para siempre.
La mascara usual que usaba nunca le sirvió mas de lo que hizo en esos momentos, esa sonrisa y esa risa fácil que le cubría el rostro como si lo sucedido no le hubiese afectado en lo mas mínimo aunque por su espalda recorriese el sudor frio.
-Jajaja no te preocupes solo quería decírtelo…
Mentira!
Sucia y vil mentira, quería que sus sentimientos fuesen correspondidos, quería estrechar entre sus brazos al peliplata, quería tenerle, quería demasiadas cosas de él pero ninguna se le cumpliria.
-…suerte en tu misión! Oí que irías a Nápoles, los Casaretto no son gente fácil.
Al parecer el comentario causo la impresión deseada ya que el peliplata soltó un bufido indignado. En muchas ocasiones disfruto ser la persona que mas fácilmente lograba sacar al peliplata de sus casillas pero esta vez la sensación fue agridulce.
-Estúpido friki del baseball, no necesito de la suerte para la renovación de Alianzas.
Si, tal vez si era un estúpido. Un estúpido enamorado.
Takeshi simplemente rio con esa risa fácil que acostumbraba mientras que un enfurruñado Hayato salía de la biblioteca.
Pasaron algunos minutos en los que siguió riendo, mejor reír a llorar.
Estaba solo y ya no podía mantener su mascara, su sonrisa y su mirada alegre se borraron mientras seguia viendo la puerta por la que había salido Gokudera.
-El amor es un asco.
Dejo el lapicero a un lado, de nada serbia realizar el papeleo cuando no podía concentrarse en ni una sola palabra de este y firmaba en los lugares que no debía firmar, era mejor posponerlo a que se reprodujesen sin control.
Soltó un suspiro pesado.
Para este momento ya deben ser pareja.
Se mordió el labio inferior.
¿Se habrán dicho que se aman? Lo mas seguro era que si lo hubiesen hecho.
Dolía. Dolía demasiado.
El castaño se estiro en su asiento, de nada le serbia pensar en algo que solo le lastimaba, había estado bien con sus sentimientos antes y podía seguir estando bien con ellos en un futuro después de todo él sabia desde un principio que se amaban, le dolió y se mintió a si mismo cuando lo supo pero con los años lo acepto e incluso dio consejos. Claro que dio consejos, Takeshi siempre venia por ellos, era el mas franco de los dos y era a quien mas le dolía dárselos, mas aun el ultimo que le dio.
Soltó un suspiro.
-Kufufufu en cada suspiro se va la felicidad, Tsunayoshi-kun.
Voltio a ver a su guardián de la niebla quien se apoyo en su asiento.
-Ya te he dicho que no te aparezcas así.
No se alarmo ya que era algo que ocurría seguido, había perdido la cuenta de las veces en las que le dijo a Mukuro que dejase de aparecerse cuando quisiese pero este siempre hacia oídos sordos como en esos momentos que giro su silla poniéndoles cara a cara.
-Eres masoquista.
El castaño hizo una mueca.
Si, lo era.
Estar enamorado de uno de sus guardianes y no solo eso sino que estar enamorado de uno de sus mejores amigos además de alentarle a que se confesase con la persona de la que había estado enamorado era masoquista, mas aun cuando lo hacia con una sonrisa en la cara. Fuese masoquista o no quería que su guardián de la Lluvia y su guardián de la Tormenta fuesen felices.
El castaño volvió a suspirar.
-Dime algo que no sepa.
La sonrisa gatuna que le dio el ilusionista no le gusto para nada.
-Te va el rojo, de preferencia en encaje.
Tsuna sintió el rostro enrojecer a la vez que miro mal a su guardián quien le veía de lo mas inocente, quien no le conociese diría que es un pan de Dios.
-Mukuro!
Maldijo a Reborn en todos los idiomas que conocía, si no fuese por él y su insana manera de verle avergonzado lo mas seguro era que nunca hubiese tenido que traer puesto ese babydoll hace algunos años atrás. Tsuna observo como el peli índigo se ponía las manos en la frente y el pecho en una actuación burda de una persona herida, ya hace varios años atrás había descubierto, aceptado y agradecido la distractiva forma de ser de su guardián, era una diva y eso nadie lo cambiaria.
-¿Que? Me dijiste que te diga algo que no sepas ¿o no lo hiciste? Me lastimas.
El castaño dio una pequeña sonrisa a su guardián de la Niebla quien se acerco a él para revolverle los cabellos; nunca espero que alguien descubriese su secreto, ni siquiera Reborn, de milagro, lo había hecho pero su guardián de la Niebla se le dijo cuando aun estaba en su ultimo año escolar, al principio se asusto y espero a que el peli índigo le hiciese cualquier clase de chantaje pero, para su sorpresa, Mukuro era quien siempre aparecía cuando necesitaba que le ayuden a sostener las piezas de si mismo, ni el sabia que su guardián podía llegar a ser tan atento con alguien aparte de él mismo, era divertido ver las distintas facetas del peli índigo, sino fuese porque ya estaba enamorado lo mas seguro es que cayese por su guardián de la Niebla.
-Gracias.
El guardián no dejo de revolver los suaves cabellos castaños.
-Oya~ Oya~ No bromeo con la parte del encaje, apreciaría un buen modelaje.
Tsuna dio un manotazo a la mano que revolvía sus cabellos para luego hacer un puchero.
-¿Me vas a abrazar o no?
Tsuna sintió como la enguantada mano de su guardián le alzaba el mentón haciendo que viese la diversión bailar en los heterocromáticos ojos.
-Ni unas míseras palabras bonitas, solo falta que me lleves a la cama con un contrato.
El castaño volvió hacer un puchero pero antes de que dijese algo Mukuro ya le había levantado de su asiento para luego rodearle los hombros con sus brazos a lo que Tsuna rodeo con los suyos la cintura del peli índigo hundiendo su rostro en el pecho del mas alto, la lagrimas por fin hicieron acto de presencia, si…era doloroso pero un dolor que su guardián había podido calmar con los abrazos que siempre le daba, nunca sabría si era porque este sabia su secreto, o porque añoraba el calor humano, o porque le caía bien su descarado guardián, si es que era porque Mukuro siempre estuvo ahí para ayudarle a sobrellevar lo que le pasaba o si simplemente era porque el peli índigo era su soporte, lo que fuese lo agradecía ya que así se podía desahogar, en esos momentos no era el Decimo Vongola sino simplemente Tsunayoshi Sawada quien estaba enamorado de su guardián la Lluvia y sufria mal de amores.
Tras un rato de soltar sus lagrimas sintió como Mukuro le apartaba para luego limpiarle con cuidado las lagrimas que aun caían, el rostro de su guardián siempre era burlón sin importar la situación lo cual en esos momentos aun no cambiaba y aun así había una mescla de calidez en él.
- Oya~ Oya~ Tsunayoshi-kun, tu payaso favorito esta en camino…
Su corazón dio un vuelo a la vez que las alarmas en su cabeza se encendieron, de seguro tenia los ojos rojos.
-… las ilusiones no sirven de mucho con Ave-kun pero si con el resto.
El castaño suspiro aliviado a la vez que veía desaparecer a su guardián de la Niebla; cayo en su asiento soltando un suspiro para luego volver la vista al demoniaco papeleo, antes de coger una hoja la puerta fue abierta de golpe dejando ver a un agitado Takeshi con la peor cara que le hubiese visto en todo el tiempo que le conocía.
Su corazón se oprimió al verle así.
-¿Takeshi, que sucede?
Pese a que preguntaba su intuición le decía que las cosas no habían resultado.
Pero…¿Por qué? Siempre supo que sus guardianes de la Lluvia y la Tormenta se amaban, entonces ¿que sucedió?
-Me rechazaron.
Tsuna sabia que no debía alegrarse pero algo dentro de si estuvo feliz aunque a la vez estaba triste, tenia sentimientos en contra pero como siempre no dejo ver nada de eso en su rostro, Reborn le había enseñado bien aquello.
-Pudiste haber malinterpretado algo.
El pelinegro negó cerrando la puerta de la oficina de su amigo y jefe para luego irse a sentar a uno de los dos asientos que habían en frente al escritorio.
-Un ¨Lo siento¨ no creo que sea malinterpretado, Tsuna.
La habitación se lleno de un silencio algo pesado.
El castaño ya no sentía ni esa alegría insana de que hubiesen rechazado a su guardián sino que se sentía molesto, muy molesto pero no podría intervenir diciéndole a su guardián de Lluvia que Hayato también le quería era romper a su promesa para con su mano derecha aunque en esos momentos le diesen ganas de hacerlo solo para volver a ver la sonrisa genuina de Takeshi, no la mascara que solía usar o la cara decaída de esos momentos.
-Takeshi…
El nombrado levanto su mirada café solo para encontrarse con la tranquila expresión de su amigo y jefe.
-…deja que Hayato vuelva y confiésate, otra vez.
El pelinegro bajao la mirada a la vez que suspiraba para luego negar, si le volvían a rechazar lo mas probable es que el peliplata no le volviese a hablar además de que aun no sabia como comportarse de ahora en adelante con él.
Pasaron algunos segundos en silencio hasta que el Guardián de la Lluvia levanto la mirada hacia el castaño quien le miraba de lo mas serio.
-No creo…-
Tsuna detuvo la negativa del pelinegro alzando una mano delante de si.
-Hazlo.
Las palabras del joven Capo nunca se habían escuchado mas seguras hasta ese momento.
Puede que a Tsuna le doliese lo que hacia pero prefería sufrir él a que también sufriesen sus dos amigos y guardianes, ese par se gustaba desde antes que a él le llegase a gustar su guardián de la Lluvia además su intuición le decía que lo suyo con Takeshi nunca funcionaria de la manera en la que él quería como tampoco se atrevería a decirlo.
-Lo intentare.
Tsuna dio una de sus mejores sonrisas al asentir para luego volverse a poner serio
-Cambiando de tema, me alegra que llegases.
El pelinegro se enderezo en su asiento.
-¿Una misión?
Tsuna asintió.
-Una corta.
Tsuna paso uno de los fólders de misiones a su guardián quien lo empezó a revisar con esa cara seria de hitman, en realidad esa era una misión para su guardián del Trueno pero en esos momentos necesitaba a su guardián de la lluvia lejos de ahí, al menos hasta que hiciese lo que tenia que hacer.
-Infiltración y sabotaje.
El castaño asintió a la vez que veía como su guardián se levantaba colocándose esa mascara feliz.
-Ten cuidado.
El pelinegro asintió antes de salir de la habitación.
No le gustaba esa mascara que traía su guardián, la odiaba.
-Reafirmo lo que dije, eres masoquista.
Sabia que la ilusión se había desecho por lo que sus ojos debían de volver a estar rojos, no es que le importase demasiado; de reojo podía ver al peli índigo parado a su lado, se hundió en su asiento.
-Mukuro…
El nombrado giro el asiento haciendo que estuviese frente a frente con él.
-…solo abrázame, por favor.
La voz del castaño sonaba quebrada pero no había ni atisbo de arrepentimiento por lo que iba hacer. El peli índigo había perdido la cuenta de las veces que Tsunayoshi-kun había pronunciado esas palabras, la primera vez que lo hizo fue una sorpresa pero luego dejo de serlo, había pasado bastante tiempo asiendo lo mismo, era prácticamente una rutina masoquista.
-Mo ni fe, Tsunayoshi-kun.
Fue un susurro, uno que siempre decía cuando abrazaba al castaño, un susurro tan bajo que el castaño nunca lo llegaba a escuchaba y si alguna vez lo hacia nunca sabría a lo que se refería.
Estúpido friki del baseball.
Estúpido.
Idiota.
Gokudera soltó un suspiro pasando por las puertas de la mansión.
Deseaba no haber terminado tan pronto.
Había completado su misión fácilmente, incluso le había dado tiempo de regresar un día antes de lo planeado por lo que solo le faltaba hacer su reporte y entregárselo a su Joudaime aunque para esas horas debía de estar durmiendo, no le molestaría hasta la mañana.
Ignoro el punzar repetido de su pecho al pasar por la puerta de la habitación del Guardián de la Lluvia.
Soy un idiota.
Llego a su habitación pero aun no quería conciliar el sueño, no quería rememorar el momento en el que Yamamoto se le confesaba, no quería que su pecho se le volviese a oprimir de la misma manera dolorosa en la que lo hizo cuando le dijo ese ¨lo siento¨ al pelinegro, hubiese deseado poder decirle que también le quería, que lo hacia desde hace mucho pero era algo que no haría, era un secreto que moriría en su boca y seria guardado por su Joudaime.
Fue a su escritorio a empezar a hacer su reporte.
¨ Gokudera, me gustas¨
Dejo su reporte de lado por unos momentos para pasarse una mano por sus cabellos plateados.
-A mi también.
el idioma en el que hablo Mukuro es Yoruba
Mo ni fe: te amo
Gracias por leer!
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