Holaaa! Chicas(os) que leen esto, para los que leyeron Buen niño y tamb el mensaje que siempre deje en las notas de autor I'm so sorry, publique que actualizaria antes pero las cosas se me complicaron... ok ahora al fic, se que mi escusa es pobre pero ñe!... Solo queda o un cap largo o dos semi largos no se bien aun pero ya estamos a puertas de terminar, gracias a los que han apoyado con este proyecto con todos sus review desde el principio!
Psdt. Mukuro is sexy as hell!
KHR no me pertenece... pero si la muerte del Rosseti muajajaj...ok no fue graciono 'v
Cap. 5: Declaraciones
Yamamoto llego de su misión con su espada colgando en su hombro, silbando y caminando de la manera despreocupada que era usual en él, la misión le había sido casi un chiste ya que al parecer nadie reconocía las caras de los nuevos miembros. Takeshi lo tuvo demasiado fácil.
El guardián apenas cruzo las puertas de la Mansión Vongola se detuvo. Las sirvientas iban corriendo de un lugar a otro sin reparar ni un segundo en el pelinegro lo cual de por si era extraño ya que, si había un índice de popularidad entre los sirvientes de la mansión, en especial entre las mujeres, Yamamoto era el ganador. Takeshi frunció ligeramente el ceño al percatarse de los artículos que llevaban las sirvientas con rapidez. ¿Para que querían papel tapiz, pintura, floreros decorativos, cuadros y otros artefactos? ¿Quién había destruido una parte de la mansión en esta ocasión? ¿Hibari y Mukuro con una de sus tantas peleas? ¿Reborn habría molestado a Lambo? ¿Hibari y Reborn habrían peleado? ¿Reborn se había descargado con alguien? ¿o habría sido Hibari? ¿o Mukuro? ¿Hayato habría vuelto a usar descuidadamente sus bombas?
El espadachín sintió una punzada en el pecho al pensar en el peli plata pero aun siguió la dirección por la que se habían ido las sirvientas solo para encontrar el área de la sala de estar completamente salpicada con manchas negras que luego de unos momentos lo reconoció como sangre seca, además de que habían disparos por doquier; en un rincón se encontraban los objetos que con anterioridad las sirvientas habían estado transportando. Aquello no era causa de uno de los berrinches de cualquiera de los otros Guardianes ni de Reborn, alguien había atacado la mansión mientras no había estado.
-Quítate herbívoro.
Takeshi a duras penas pudo salir del camino del Guardián de la Nube.
-¿Hibari?
El mencionado ni le escucho, siguió su camino como si nada, después de todo aun tenía que terminar de desquitarse y cierto pseudo maestro suyo estaba por la ciudad. Oh, como disfrutaría morder hasta la muerte al Potro Salvaje.
Yamamoto observo a Hibari con cuidado y decidió no interferir en su camino, con el tiempo había aprendido cuando no molestar a Hibari cuando cargaba semejante aura asesina.
-Ese sádico de las peleas no puede entregar un maldito reporte sin hacer un berrinche.
Takeshi se quedó estático por un segundo para luego colocarse esa cara alegre que solía llevar, su mascara. Cuando el pelinegro volteo a ver al peli plata este lucia su usual ceño fruncido pero también se veía algo cansado.
-Yo! Gokudera. ¿Qué ha pasado?
La expresión de la mano derecha del Decimo se tornó oscuramente complacida, como la de un niño travieso que ha hecho la mayor de las travesuras y nadie le ha atrapado.
-Hibari volvió de una misión– Takeshi se relajó, tal vez Hibari solo tuvo uno de sus usuales berriches. –Y de terminar con más de la mitad de una Famiglia.
-¡¿Qué?! –Oh, no. Oh, no. Oh, no. Debía de haber oído mal.
-Lo que oíste. –Hayato simplemente se encogió de hombros restándole importancia a la exagerada reacción del espadachín.
-No creo que a Tsuna le guste oír eso.
Hayato bufo.
-Por supuesto que Joudaime estaría más que feliz con que el sádico de las peleas hubiese acabado con toda la Famiglia de los Rosseti.
Takeshi sabía que algo debía de haber pasado, algo grave si es que Tsuna se alegraba por la destrucción de Hibari.
-¿Qué fue lo que sucedió?
La vista del peliplata se desvió un por unos segundos en dirección a la habitación en la que hace unos días su Joudaime había perdido los papeles.
Yamamoto se sintió de alguna manera ansioso.
-Atacaron la mansión, no hubo bajas o al menos no nuestras. –Takeshi frunció el ceño, no le gustaba como aquello empezaba a sonar y menos aún cuando la mirada de Gokudera se oscurecía a cada palabra. –Aunque el bastardo de Piña salió herido por proteger a Joudaime.
-¡¿Qué?! ¡¿Cuándo paso?! ¡¿Cómo esta Mukuro?!
Gokudera no exploto como solía hacer, no empezó a blasfemar diciéndole que se callase, pero si le dio una mirada fastidiada que gritaba ¨cállate por un jodido segundo¨. Takeshi se calmó al instante, ya no era un muchachito que tomaba todo a la ligera sin ningún tipo de plan por lo que debía escuchar todo si es que quería tener el panorama completo.
Gokudera suspiro.
-Sucedió hace un par de días atrás. El bastardo de piña esta fuera de peligro, pero aun no despierta además de que tiene comprometidos los nervios de la columna. –Aquello no pintaba bien. –Todo saldrá bien siempre y cuando despierte en las siguientes 12 horas.
Yamamoto asintió, al menos no todo estaba tan mal.
-¿Entonces ellos hicieron el desastre en la sala?
Gokudera dudo por un segundo antes de negar con la cabeza.
-Fue Joudaime.
El pelinegro ni se sorprendió, en cierto modo ya se lo había estado esperando.
- ¿Dónde está Tsuna?
- En la enfermería, no está herido, pero Shamal y el cabeza de césped lo están revisando.
-¿Ryohei no estaba de luna de miel?
-Volvio ayer. –Por la situación en la que se encontraban era de lo más entendible.
-Espera, ¿No dijiste que Tsuna no tiene nada? ¿por qué sigue en la enfermería?
- Joudaime estará en estado de observación por unas semanas. Puede salir de la enfermería cuando quiera, pero ahí está el detalle, no quiere salir de la enfermería, al menos, no hasta que el cabeza de piña recupere la conciencia. –Hayato aun recordaba claramente el momento en el que trataron de sacarle de la enfermería, aquello hizo que una sonrisa leve apareciese en su rostro.–Debiste ver cuando Reborn-san trato de sacarlo de ahí.
-¿Lastimo a Tsuna?
Si Hayato hubiese estado de humor, se hubiese reído.
-Yo diría que Joundaime lastimo a Reborn-san donde más le duele.
-No entiendo.
Gokudera saco un cigarrillo de su bolsillo.
8 horas luego del Ataque a la Mansión Vongola.
El ambiente fuera de la enfermería era tan tenso que se podía cortar con un cuchillo.
Tanto Tsuna como Hayato se encontraban sentados fuera de la enfermería a la espera de que Shamal terminase de operar. Tsuna tenía cada musculo en tensión, estaba más que listo para saltar a matar a cualquiera que no le dijera lo que quería oír, y eso incluía a Shamal.
Mukuro. Tsuna apretó los puños.
Tanto el castaño como el peliplata se levantaron apenas las puertas de la enfermería fueron abiertas dejando ver a Shamal con su uniforme de cirujano.
-Mukuro está fuera de peligro. –Tridente Mosquito odiaba tratar a hombres, pero con el joven Capo prácticamente torciéndole el cuello no tuvo mas opciones.
-No vayas a andar con rodeos y dime todo de una vez, Shamal.
Shamal chasqueo la lengua. ¿Por qué no podía tratar a lindas señorita en vez de a estos brutos?
-La bala ha perforado el pulmón izquierdo hasta llegar a la columna, tuvo una pérdida de sangre considerable así que hemos tenido que hacerle una transfusión. –Tsuna apretó la mandíbula, las cosas no sonaban nada bien para su Guardián de la Niebla. –Las llamas habían hecho la ilusión del pulmón por lo que fue difícil detectarlo. En un primer momento no supimos que el pulmón había sido perforado así que la cirugía se complico cuando operábamos para extraer la bala. –Shamal aun recordaba cómo casi pierde al psicótico guardián. Malditas llamas de la niebla, siempre complicaban su trabajo.– le habíamos administrado la suficiente anestesia para sedar a un caballo por eso es que sus llamas dejaron de hacer la ilusión del pulmón– Tsuna asintió.– Se le ha cerrado el pulmón y extrajimos la bala sin más complicaciones que esas pero no hay seguridad en que despierte pronto.– Los ojos de Tsuna brillaron con esa llama rojiza pero solo fue por un momento.– Usamos una máquina de Verde para probar los nervios y otras funciones vitales, puede que no tenga complicaciones futuras.
-Si es que despierta.
Tsuna se tensó y por unos escasos segundos sus ojos volvieron a brillar con ese color naranja rojizo. Gokudera coloco una mano sobre el hombro del castaño a lo que este se calmó ligeramente.
-Reborn.–Shamal nunca sabría cómo era que el ex arcobaleno se las arreglaba para llegar en los momentos precisos para despertar la tensión. ¿Amor al drama? –Tan encantador como siempre.
Reborn simplemente dejo que el ala de su sombrero cubriese su mirada.
Tsuna decidió que no tenía el tiempo para esto. Necesitaba respuestas y las necesitaba ya.
-¿En cuánto tiempo debería despertar?
Shamal volcó toda su atención nuevamente hacia el joven Capo.
-Por la cantidad de anestesia debería despertar en uno o dos días como mínimo. Podría entrar en un coma, también.
-¿Y cuánto como máximo?
Shamal se encogió de hombros.
-No hay un tiempo específico.
Gokudera suspiro, sin duda Shamal no se daba cuenta del ánimo de su Joudaime.
-¿Cuánto. Tiempo. Como. Máximo.?
Shamal trago seco. ¿Acaso el Vongola estaba por saltarle al cuello? Porque eso parecía.
-Cuanto mucho 4 días si es que se quiere que no tenga ninguna complicación futura.
Tsuna asintió.
-Entendido. Estaré con Mukuro.
El castaño no espero ningún tipo de contestación para desaparecer por la puerta de la enfermería, Gokudera dio un cabeceo en dirección de Reborn antes de seguirle los pasos a su Joudaime.
Shamal esperaba que Reborn también se fuese, pero sabía que no tenía tanta suerte.
-¿Y bien, qué hay de Dame-Tsuna?¿quién le reviso?
Shamal frunció el ceño.
-El Décimo no tiene ninguna lesión, la sangre solo salpico su ropa. –Si bien el mismo pensó que estaba herido, no pareció ser el caso apenas le vio caminar. Podía reconocer un enfermo o herido en menos de un segundo.
-Vi el video de seguridad. Sus llamas son diferentes, parecían llamas de la Ira.
-Es imposible. –Las llamas eran únicas en cada persona, estrictamente irrepetibles.
- Hay testigos y un video ¿qué más quieres? ¿qué te lo dibuje?
Shamal asintió solemne.
-Si no es molestia a colores. –Reborn apunto a la cabeza de Shamal. –Solo bromeo. Baja el arma, le hare unas pruebas.
El arma de Reborn se transformó en León. El ex arcobaleno no dirigió ni una última mirada en dirección al doctor antes de entrar en la enfermería.
Shamal presentia que su trabajo se complicaría en el futuro.
Gokudera se quedó a unos pasos del castaño, observándole. Su Joudaime se veía rodeado por una melancolía absoluta al mirar al cabeza de piña.
Tsuna desde que entro a la enfermería no se había podido creer el estado en el que se veía Mukuro, su pilar, su amigo, su confidente, su… persona preciada. Los respiradores y sueros estaban conectados al cuerpo del guardián, así como lectores de pulso y otras máquinas. Las sabanas de la habitación eran blancas. Tsuna sabía que Mukuro odiaba el blanco ya que una vez el ilusionista le confeso que ese color le hacía recordar el tiempo que paso como un experimento de Estraneo. Mandaría a cambiar las sabanas.
El capo observo la expresión neutra del heterocromatico y no le gusto ni un poco. Mukuro era una diva natural que sabía sacarle una sonrisa o llegarle a exasperar en cualquier tipo de situación, el solo hecho de que no se moviera o estuviese en silencio no era parte de él.
Ni el castaño ni el peli plata voltearon al escuchar la puerta ser abierta.
-Dame-Tsuna.
-Decimo, necesito hacerle unas pruebas para verificar sus llamas.
Gokudera simplemente negó, ya sabía lo que pasaría.
-Retírense, los dos.– Tsuna no volteo pero su voz tenía todo el poder autoritario de un Capo Mafioso.
El calor en la habitación aumento un par de grados.
A Reborn no le pudo importar menos. El ex arcobaleno del Sol le venía importando un reverendo pimiento si es que su ex alumno se encontraba en una crisis sentimental, el solo quería saber cómo iba la su salud de su ex alumno y que era ese cambio de llamas que vio en el video de seguridad. Reborn fue directamente hacia Tsuna. Nadie se metió en su camino, pero había clara desaprobación en la mirada de Hayato y Shamal.
Tsuna no había dejado de mirar a Mukuro, ni siquiera aparto la mirada cuando sintió como su ex tutor le tomaba por el brazo.
-No creas que puedes darme ordenes, Dame-Tsuna. TÚ te iras a duchar a tu habitación, te cambiaras y volverás a que Shamal te haga las pruebas.
Era caliente, Tsuna podía sentir aquella sensación crepitar en cada parte de su cuerpo. Ese fuego intenso que sintió cuando vio caer a Mukuro fue miles de veces más fuerte pero la sensación que sentía en esos momentos tenía la misma esencia. Ira pura.
La enfermería se llenó de una presión casi aplastante, el calor de la habitación volvía a subir algunos grados.
-Pedófilo narcisista con complejo de dios–Shamal se atraganto con su propia saliva y Gokudera se persigno. –Suéltame de una vez o gritare todo lo que se sobre ti, absolutamente TODO. –Reborn soltó a Tsuna.
El ex arcobaleno estaba en el más profundo shock, sabía que había sido descuidado cerca de su alumno, pero nunca creyó que este tuviese la pelotas para sacárselo en cara y menos para amenazarlo. Reborn nunca había sido hablado de esa manera por su ex alumno, es más, su Dame-alumno ni una sola vez le había contradicho de la manera en la que lo hacía en esos momentos. ¿Era este el mocoso al que la mafia italiana se había inclinado? Al parecer así era, había hecho un buen trabajo y nunca se dio cuenta de que tan bien lo había hecho, hasta ahora. Reborn tenía sentimientos encontrados.
Shamal se aclaró la garganta, tenía que hacer las cosas lo más delicado que pudiese o terminaría en otro baño de sangre.
-Decimo. –¿Enserio, es que el Décimo o los guardianes no podían ser lindas señoritas? Facilitaría mucho su trabajo.– El psic.. su guardián, tiene el sistema inmune débil, así que, no puede estar cerca de alguien que está lleno de sangre seca y polvo.
Tsuna dejo de observar a Mukuro y se miró a si mismo por primera vez desde el ataque a la mansión, decir que su traje era un desastre era hacer una broma de mal gusto. Ese traje iría directo al incinerador de trajes de Lussuria.
Tsuna chasqueo la lengua. No quería separarse de Mukuro.
-Hayato.
El peliplata dio un paso adelante.
-¿Si, Joudaime?
Tsuna se alejó de la cama de Mukuro, no quería contaminar la habitación por más tiempo. Shamal tenía razón. Su presencia, en esos momentos, solo traería problemas al ilusionista.
-Ire a tomar una ducha. Pide a una de las mucamas que me baje una muda de ropa y zapatos a la habitación más cercana a la enfermería. Lo más rápido posible.
-Como ordene, Joudaime.– Hayato asintió antes de desaparecer por la puerta.
Tsuna miro directamente hacia Shamal y este por fin pudo ver la diferencia en los ojos del Capo, aquello era serio.
-Cualquier prueba me la puedes hacer aquí. No me alejare del lado de Mukuro a menos de que sea ciento por ciento necesario ni nadie me sacara de aquí si es que no lo deseo.
-Como ordene, Decimo.
Tsuna dejo la habitación sin decir ni una palabra más.
Reborn miro la espalda de su alumno una última vez antes de que este desapareciese. El ex arcobaleno oculto su rostro bajo el ala de su fedorra. Puede que el mocoso se atreviese a amenazarle y hasta atreverse a darle una orden directa, pero en esos escasos minutos acababa de ganar más respeto del que había ganado en todo el tiempo que lo tuvo como su tutorado.
-No me lo creo.
Gokudera dio una calada a su cigarro no sin antes dejar ver una sonrisilla prepotente.
-Le grito lo que todo el mundo a querido gritarle a Reborn. Eso hasta Tu has querido hacerlo. –Gokudera dio una última calada a su cigarro antes de apagarlo en la parte trasera de su anillo. Hayato podría jurar que hasta el mismísimo papa hubiese querido decir lo que su Joudaime le dijo a Reborn.
-Eso es… cierto. –Yamamoto no podía encontrar una manera de negar aquello, después de todo. ¿Quién que conociese a Reborn no había querido llamarle pedófilo voz alta y vivir para contarlo? –Pero Tsuna no es así.
Takeshi conocía a Tsuna desde hacía tantos años que juraba conocerlo tan bien como se conocía a si mismo.
Gokudera se encogió de hombros.
-Joudaime.. tiene el ánimo delicado en estos momentos. –El peliplata no encontraba palabras para describir la situación más allá de lo que ya lo había hecho.
-¿Estamos en ese día del mes?
Gokudera casi escupe sangre antes de blasfemar como poseso.
Refrescante. Esa era la única palabra con la que Takeshi podría describir la reacción de Gokudera, algo normal después de todo el asunto de la confesión. Mierda.
Gokudera estuvo tan ocupado tirando uno que otro insulto que no vio la expresión momentánea que tuvo el Guardián de la Lluvia.
-¡Joudaime no es una chica, estúpido friki del baseball!
Yamamoto simplemente soltó una de sus carcajadas fáciles, aquello era más fácil y menos doloroso.
-Jaja tienes razón–Tenía que irse de ahí rápido, realmente rápido o no lo aguantaría. –Bueno, te veo luego. Iré a la enfermería.
Takeshi reacomodo su espada sobre su hombro al mismo tiempo de pasaba a Gokudera sin dejar caer su sonrisa de idiota, su máscara.
Hayato se mordió el interior de la mejilla con fuerza antes de tan siquiera moverse. ..simplemente dile de tus sentimiento no creo que te reproche nada si le cuentas tus razones.Hazlo. Gokudera alcanzo fácilmente a Yamamoto deteniéndole al ponerle una mano en el hombro.
-Espera.
A Takeshi volteo lentamente, no le importo nunca que Gokudera le tocase, pero en esos momentos dolía, dolía más que nada en el mundo.
La mano de Gokudera no quito la mano del hombro del pelinegro en ningún momento.
-¿Gokudera?
El nombrado dejo que su cabello cubriese su mirada, no podía mirar al pelinegro o todo su valor se iría en un segundo.
-Quiero hablar contigo.
Antes de que Takeshi tan siquiera se diese cuenta, Hayato ya le había soltado y empezado a caminar. El guardián de la Lluvia a sabiendas de lo que el peli plata quería lo siguió pero cuando se dio cuenta hacia donde se dirigían su corazón sintió una profunda punzada.
Takeshi se vio entrar a Gokudera a la biblioteca en la biblioteca en la cual hace tan solo unos días se había confesado.
-Eres malo conmigo, Gokudera.– Takeshi entro a la biblioteca.
Al igual que la última vez que ambos hombres estuvieron ahí, uno de ellos se sintió de lo más nervioso al punto que pensaba que sus latidos podían ser escuchados en toda la habitación mientras que el otro solo quería salir de ahí lo más rápido posible. Gokudera juraba que tendría una falla arrítmica futura si es que su corazón no dejaba de latir tan rápido.
El peliplata por fin miro al pelinegro pero esta vez este le rehuyó la mirada.
-Te rechace la última vez–Takeshi sintió una punzada en su pecho. ¿Cuál era el punto de hacerle recordar? – pero no te dije por qué. –Gokudera se mordió el labio inferior. ¿Tal vez el idiota del baseball había cambiado de parecer?
Por algunos segundos reino un silencio pesado hasta que las palabras del peli plata fueron reconocidas por el pelinegro. ¿Acaso…?
Takeshi miro a Gokudera a los ojos, el verde en lo ojos del peliplata seguía casi igual al que recordaba solo que ahora se veía una resolución que antes no había estado.
-Creía que simplemente no te gustaba.
Gokudera apretó y soltó sus puños.
-Mentí. –Era el momento. –Mentí y lo hice porque fui un cobarde, pero ahora quiero dejar de serlo.
-No entiendo.
Hayato tomo algo de aire. Lo que estaba por decir era prácticamente confesar que era un doble agente, era como decir que había traicionado a Vongola. El idiota del baseball con el tiempo había llegado a ser tan leal a Tsuna y a Vongola como el mismo.
-Sabes que mi padre es el Capo de los Gokudera, una Famiglia Mafiosa.–El pelinegro asintió. Hayato tembló internamente cual gelatina, estaba a punto de decir algo que solo había comentado con su Joudime. –Hace varios años había prometido dos cosas a mi padre a cambio de estar en Vongola como la mano derecha y Guardián de la Tormenta de Joudaime.–Takeshi no entendía que tenía que ver aquello con ellos y por qué Gokudera le había rechazado pero dejaría que este se explicase–Tengo que suceder a mi padre como Capo a los 25 años aunque solo será de nombre ya que mi padre seguirá con el mando de los Gokudera, esa es la primera condición. –Takeshi se quedó frio. ¿Gokudera se iría? El pelinegro tenía todo el panorama mas claro, que idiota había sido. –La segunda es tener una esposa e hijo, mi hijo será quien suceda realmente a mi padre.
Esposa.Hijo. Las palabras flotaron un par de segundos entre ambos Guardianes.
Gokudera cerró los ojos esperando lo peor, pero los abrió casi al instante al escuchar las carcajadas de Takeshi.
-¡¿Es enserio, solo es eso?!
El guardián de la Lluvia estaba que no se lo creía. ¡Era prácticamente una bendición lo que acaba de escuchar! Takeshi siguió riendo por lo fácil que se habían vuelto las cosa, todo este tiempo creyendo que Gokudera simplemente no le amaba y resultaba que era un malentendido.
Gokudera miro consternado al espadachín.
-Si. Eso es todo
La sonrisa de Yamamoto hubiese podido iluminar la torre de Tokyo. Gokudera sintió su rostro calentarse.
-Gokudera, te amo. ¿tu me amas? –Takeshi miro directamente a los ojos del ruborizado peli plata. Aquella era la segunda vez que se confesaba ¡Y en el mismo lugar!
-Si. –Si antes Gokudera sentía su rostro caliente ahora sentía que este iba a incendiarse. ¿Es que el idiota del baseball no tenía ni la vergüenza para ruborizarse?
-Eso es todo lo que realmente me importa. –Takeshi se acercó poco a poco hasta llegar al otro guardián y rodearle con los brazos por la cintura. – ¿Ahora si saldrías conmigo?
Takeshi apoyo su frente en la del peliplata.
Gokudera por primera vez en los que eran años hizo lo que había querido hacer desde hace mucho tiempo, jalo al pelinegro del cuello de la camisa uniendo sus labios. Aquella era toda la respuesta que Takeshi necesitaba. Ambos guardianes se enfrascaron en un beso que debió haberse dado hace tanto pero no se dio, el tiempo había hecho que el deseo les consumiese y quemase. Las jaladas de labios y los mordiscos no eran suficientes, no importaba cuan agresivos eran, no era suficiente. Querían tener más de lo que tenían en esos momentos, pero ninguno de los dos guardianes quería forzar aquella prematura relación que tenían.
Por el pasillo solo se podían escuchar los pasos del capo de la Famiglia Vongola quien había tenido que tomar otra ducha rápida para no contaminar el área en la que Mukuro se encontraba. Las duchas, cambios de traje y el recorrido hasta la enfermería quitaban más tiempo del que al joven Capo le gustaría. El castaño se había auto impuesto tomar de una a dos duchas diarias para no contaminar el área, no quería empeorar de ningún modo la delicada situación de su guardián de la Niebla.
Mukuro.
Tsuna apretó los puños sin ser consiente que sus ojos resplandecieron con ese color anaranjado rojizo del que al parecer Shamal aún no tenía ni idea de dónde provenía.
Tsuna estaba más que seguro de que si tuviese la oportunidad de volver a golpear al heredero de los Rosetti, lo volvería a hacer. Lástima que el Rosetti hubiese muerto.
El Capo finalmente llego a las puertas de la enfermería, pero no espero encontrar en frente a la puerta con los brazos cruzados a la esposa de su Guardián del Sol.
-Hasta cuando seguirás actuando como un estúpido mono, Sawada
Las palabras de la pelinegra sonaban de lo más frustradas, lo cual a Tsuna le venía importando un reverendo pimiento. Solo quería ver a Mukuro.
-No estoy de humor para tus comentarios, Hana. –La nombrada frunció el ceño.– ¿Te podrías mover? Necesito entrar.
-No me voy a mover hasta que dejes de actuar como una muchachita con la regla y afrontes lo que está sucediendo.
El ambiente empezó a ser más tenso a cada momento.
-¿El hecho de que Mukuro esté en coma y no me dejes entrar a verle? ¿Es eso?
Hana sonrió complacida.
-Exacto. Talvez no todo este perdido, aún.
Tsuna soltó un suspiro cansado, no tenía tiempo para las adivinanzas de la pelinegra.
-Solo déjame pasar, Hana.
La nombrada borro cualquier signo de sonrisa para remplazarla con una mirada incrédula.
-Enserio, ¿como es que Vongola sigue en pie?
-Hana.– Tsuna empezaba a perder la de por si corta paciencia que ahora tenía.
-Escúchame bien, Sawada– Si había algo con lo que Hana era familiar era con la densidad y estupidez de los hombres, mirar a algunos de los Guardianes de la Décima Generación por todos los años que los conocía era más que suficiente. –Al principio me pareció divertido quedarme callada y dejar que tu solo te dieses cuenta, pero solo enredaste tu mente y te confundiste totalmente. – Hana juraba que nada de lo que vio en el video de seguridad hubiese pasado si hubiese intervenido antes, no quería arriesgarse más. –Mira, Sawada. Tu estas...
-Hana.– Tsuna nunca interrumpía a Hana en sus múltiples discursos ya que sabía que eran importantes en cierto modo, pero esta vez no tenía ánimo para escucharla.–Cualquier cosa que me quieras decir puede esperar hasta que Mukuro despierte.
-No, no puede esperar más. –La pelinegra empezaba a comprender a Reborn y su insana fascinación por golpear a su estudiante. –Llevo demasiado tiempo aguantando esta mierda como para seguirte viendo actuar como un completo Dame-Los ojos de Tsuna brillaron peligrosamente pero aun asi Hana no se detuvo ni se dejó amedrentar –No estás enamorado del mono del baseball.
Tsuna se quedó frio, aquello fue como un balde de agua fría.
-¿Cómo..?
¿Acaso había sido demasiado obvio?
-Por favor, Sawada. No me creas tan estúpida como ese ex tutor tuyo o tus guardianes, con excepción de mi esposo. –Hana aun no podía creer como es que nadie se había dado cuenta de la obviedad del asunto. Sin duda las hormonas de esa tira de monos los volvía idiotas. – Me he cansado de ver cómo te enredas tu solo. Por lo que le paso al psicótico y por el desastre de una de mis habitaciones preferidas, es demasiado peligroso no hacerte ver la realidad. –Tsuna entrecerró los ojos peligrosamente a lo que la pelinegra simplemente le ignoro.– No estás enamorado de ese mono, te gusta el otro mono. Mukuro por si te lo preguntas.
Tsuna soltó un suspiro cansado, pero aun así se sintió raro.
-Hana, si es una broma es una de muy mal gusto. Te pido por última vez que me dejes pasar por las buenas o lo hare por las malas.
-¡¿Como no puedes aceptar que te gusta el mono psicótico cuando es más que obvio que no puedes ni estar ni un segundo apartado de el?!
Tap. Tap.
-No me gusta Mukuro. –Tsuna sintió un hincón en su pecho, pero lo ignoro.
-Si, lo haces. –Hana golpeo el piso con su pie cual niña pequeña, la situación le era de lo más exasperante, todo el asunto en sí lo era.
-No, ahora muévete. –Tsuna se trató de acercar a la puerta, pero Hana no se movió ni un ápice. Era más terca que cualquier mafioso.
-Te gusta, Mukuro. Acéptalo.
-No.
-Si.
-N-O.
Tap. Tap.
Hana chasqueo la lengua.
-Acéptalo de una vez, Sawada. Estás enamorado de tu guardián de la Niebla.
Tap. Tap.
Tsuna sujeto a Hana de los hombros mirándole directamente a los ojos. La mirada del Capo empezaba a volver a tener esa coloración rojiza.
-¡Me gusta Takeshi, no Mukuro!
-¡¿Qué?!
Tsuna se quedó frio. Hayato.
Hana chasqueo la lengua, la había jodido y en grande.
Gracias por leer!
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