Espero que les guste. Muchas gracias por todos sus comentarios y espero que me digan lo que piensan de lo que voy a escribir a continuación :).
Perdonen que sea cortito, pero me caigo de sueño. Les traigo la segunda parte mañana (11:01 pm aquí y tengo clases muy temprano, además de deberes). Besitos.
[Capítulo 1: Marcos vacíos]
Aunque normalmente se despertaba con buenos ánimos para emprender sus obligaciones diarias, aquella mañana tenía aún más disposición y no podía esperar para bajar a desayunar.
Pasó rápidamente entre los estudiantes y a pesar de que Ginny intentó entablar una conversación con ella, antes de bajar y como siempre, ni siquiera pudo seguirle el paso mientras la chica de cabellos castaños y rizados, se calzaba el suéter y se echaba la mochila al hombro, dando pequeños traspiés al salir del retrato.
"¡Ten cuidado, niña!" iba exclamando el retrato a lo lejos, mientras corría en dirección a las escaleras y pasando entre estudiantes, todavía bostezando y observando su actitud con ceños fruncidos.
Dejó de correr a partir del cuarto escalón y en cambio, comenzó a caminar a pasos largos, sin darse cuenta de que mantenía una sonrisa casi boba en el rostro. Al encontrar un lugar no tardó en sentarse y su mirada inmediatamente viajó a lo largo de la mesa de profesores, hasta el lugar que Snape siempre ocupaba.
Mantenía su usual ceño fruncido en infinito desprecio por la humanidad que lo rodeaba, distraído con un panecillo que sostenía con una de sus manos y en la otra, un cuchillo.
Sintió un extraño corrientazo por todo su cuerpo, así como la noche anterior, de querer consolarlo por una vida llena de sufrimientos que no se merecía. Cada vez que veía a Albus Dumbledore, intentar entablar una conversación con él, esa energía se convertía en rabia y comenzaba a cerrar sus manos como puños, apretando la cuchara con la que intentaba comerse su avena, más de la cuenta. De no ser de metal la habría partido en dos.
- ¿Teniendo un mal día, Hermione? – ni siquiera se sobresaltó en cuanto la cabeza de Sir Nicholas y luego, el resto de su cuerpo, atravesó su plato de avena y flotó sobre su cabeza, con una sonrisa. Rodó los ojos con hastío, finalmente despegándolos del director y encarando al fantasma que parecía esperar una respuesta.
- No. Sólo pensaba en algo que me trae malos recuerdos.
- Entonces por qué pensarlo. – cuestionó el fantasma con arrogancia. – Aquellos que tienen la dicha de estar vivos, son tan tontos a veces. Complicándose la vida más de la cuenta.
Pero que podía saber un fantasma acerca de manipulación.
- Es complicado, Sir Nicholas. – intentó decir para zanjar la conversación. Harry, Ron, Ginny y el resto, de seguro que ya estaban por venir y a pesar de que sabía una verdad que no le correspondía conocer, no quería compartirla realmente con los demás y causar problemas. Sólo la profesora McGonagall lo sabía y ahora ella también. Si el resto del colegio se enteraba, no quería ni imaginárselo.
- Quizá ahora sea un fantasma, pero vi muchas cosas a lo largo de los años (tanto vivo como muerto), que a lo mejor puedan servir como consejos. – Sir Nicholas no parecía dispuesto a aceptar un no como respuesta. Había estado extrañamente más interesado en Harry y sus amigos, desde que éste se había convertido en el cuarto campeón y no dejaba de desearle la mejor de las suertes, sin dejar de recordarle que estaba invitado a su club de muerte, si perdía la vida en una de las peligrosas pruebas.
- ¿Cómo podría escuchar una conversación, sin que los involucrados se den cuenta de que estoy allí? – preguntó de repente, pensando que quizá los fantasmas sabían mucho sobre escuchar conversaciones ajenas, si siempre aparecían en los momentos menos indicados y de las formas más escalofriantes que se pudiera imaginar.
- ¡Oh! – Nicholas guardó silencio por unos minutos y a pesar de estar muerto, Hermione sintió que su mirada intentaba atravesar los confines de su mente y descubrir la verdadera razón de su extraña pregunta. – Bueno para nosotros los fantasmas, no representa un problema. Ahora, en tu caso…
- Sí claro, yo no puedo atravesar las paredes.
- El director tiene retratos vacíos por toda la escuela. Los utiliza para vigilar los pasillos. No sé si te sirva, pero si pudieras encontrar una forma de utilizarlo a tu favor…
¿Retratos vacíos? Despegó los labios para preguntar, pero Harry y Ron corrían en su dirección y como atolondrados, sentándose cada uno a su lado y de forma estrepitosa, para desayunar rápidamente a pocos minutos de la clase de pociones.
- Veo que se les pegaron las cobijas. – dijo ella, mientras Sir Nicholas se despedía tras desearle a Harry, la mejor de las suertes y alejarse flotando sobre las cabezas de los niños en la mesa. Ron se encogió de hombros y habló, tras tragar un gran pedazo de salchicha y picadillo de huevo.
- Trata de dormir cuando eres el elegido y terminas metido en un torneo mortal, contra tu voluntad.
- Comprendo que esa idea le quite el sueño a Harry. – frunció el ceño tanto por su planteamiento, como por su forma de comer. – Pero cómo eso puede afectarte a ti.
- Soy su mejor amigo, ¿recuerdas? – el pelirrojo apresuró su vaso de jugo de calabaza, mirando dentro de su mochila y asegurándose de tener su libro de pociones (que para su disgusto, no había olvidado). – Ni siquiera sé cómo duermes, con la idea de que Harry pueda ser tragado por un perro de tres cabezas o golpeado por un enorme gigante con un mazo. ¡Esas pruebas son una verdadera locura!
- Gracias… - sonrió Harry al otro lado, con cierta tristeza, A pesar de estar agradecido con el incondicional apoyo de su amigo, no sonaba tentador su panorama. O al menos de la forma en la que Ron lo veía. Negó con la cabeza y se disponía a replicar, pero la mayoría de los estudiantes y profesores se ponían de pie y casi perdía a Snape de vista que, con andares apresurados, caminaba en dirección a las mazmorras.
- Démonos prisa que llegaremos tarde. – en cuanto lo dijo, la expresión de Ron había pasado del cansancio a la evidente sorpresa.
- Pero si se trata de Snape. De verdad, Hermione, ¿hay alguna clase que no te guste?
- Adivinación. – respondió Harry, mientras se ponía en pie y se acomodaba la mochila por sobre los hombros. – Pero ella tiene razón y será mejor que nos demos prisa. Si llegamos un milisegundo tarde, estoy seguro de que Snape nos quitará una buena suma de puntos y no me apetece cargar también con la responsabilidad de ganar o no, la copa de las casas.
Siguieron al muchacho a través del vestíbulo y de los escalones hasta las frías mazmorras, abandonando el agradable aire hogareño que brindaba el gran comedor, para sentarse en espacios un poco reducidos y muy cerca del techo.
Hermione sentía que su corazón iba a salir rebotando por su boca, apenas y podía mantenerse quieta en el asiento. No estaba precisamente segura de lo que iba a hacer en cuanto lo viera, pero sin duda que Sir Nicholas le había dado mucho en lo que pensar.
Estaba bocetando en su cuaderno, la forma de aprovechar los marcos vacíos alrededor del castillo, cuando Snape entró como un vendaval, su forma usual de hacer acto de presencia en clase, a paso militar y deteniéndose al frente de la clase. Sus ojos negros se posaron en cada uno de los rostros presentes en el aula, demorándose en Harry, Ron y Hermione, un par de minutos extra.
- ¡Señorita Granger! – exclamó, al darse cuenta de que Hermione ni siquiera había prestado atención y de que se encontraba escribiendo algo en su cuaderno. La joven aludida, alzó su rostro con ligero desconcierto y al darse cuenta de que todos la miraban, inclusive Snape, se ruborizó bajo la poca luz en las mazmorras y se acomodó en el asiento, dejando la pluma sobre su mesa. – Supongo que ha de saber cómo preparar todas y cada una de las pociones en el libro, y no necesita prestar atención. Sabelotodo insufrible…
A pesar de que fue dicho con toda la intención de herirla, prácticamente ni le afectó, aunque la mayoría de Slytherin riera y Ronald maldijera en voz baja, esperando que sus palabras se convirtieran en objetos sólidos y golpearan a Snape de lleno.
"Está bien, ya sabes por qué es tan amargado. No es su culpa de todos modos". "Además, tuvo una mala noche. Albus Dumbledore fue realmente cruel con él, aunque no se lo merecía". "Ser mortífago encubierto, es realmente difícil. Él no es como Igor. No tiene pensado escapar".
Fue poca, la atención que prestó a la pizarra y a los ingredientes allí anotados. Continuaba pensando en las palabras del fantasma. Espiar a través de los cuadros, sonaba a una gran idea. Pero ella no era una pintura y no podía introducirse a sí misma, en uno de los marcos.
Tenía que pensar en algo.
