Capítulo 2: Un legado
Hay quienes dicen que Caín fue el hombre que asesinó a Abel por envidia, Dios le castigó por ello y le otorgó una marca como consuelo ante el mal que había hecho. (Génesis: 4:1-16)
Ésta ha sido una de las tantas versiones que se han escuchado en el nombre de Dios. Mi historia se remonta no el panorama del Dios Judío, o el Dios Egipcio o a las deidades Sumerias.
Recuerdo mi hogar: un lugar donde podía extender las alas y emprender el vuelo; donde mis hermanos podían vivir con la naturaleza misma como a su vez en el lidiar con otros pueblos.
Soy una de los tantos hijos que mi madre Coatlicue dio a luz.
Sólo sé que pertenecía a una casta guerrera donde la misión que había sido encomendada consistía en proteger lo creado.
Pude haber sido feliz y seguir con mi vida pero el destino tenía preparado algo más.
Estaba escrito la caída de nuestros pueblos como nuestra existencia. Cuando Huitzilopochtli, el último hijo que nació de nuestra madre se dedicó a juzgarnos destruyéndonos sin piedad. Nos convertimos en estrellas vigilando el caminar de nuestro tiempo.
Si tan sólo no nos hubiera cegado el dolor y la obstinación de Coyolxauhqui al querer matar a nuestra madre y hermano… demasiado tarde.
Sentí que una fuerza mayor había tomado entre sus manos mi espíritu para ser juzgada entre los dioses.
Vi ante mí a un hombre con un matiz de piel distinta a la mía, pareciera que fuese la encarnación del sol. Se presentó ante mí como un guerrero de gran poder.
Tuve miedo e incliné el rostro como señal de mi respeto.
-Caín tuvo descendencia.
Expresó la voz con una seguridad inaudita.
-¿Quién es Caín? – Pregunté de forma respetuosa con temor.
-Un ser que desobedeció las reglas, quien decidió escribir su historia. Su dinastía está considerada a perecer.
Todo para mí fue confuso… un nombre que jamás había escuchado en mi vida.
-Hay muchas cosas que no te han sido reveladas Cuauhcihualt. Debes volver con los tuyos bajo mi mirada.
Aquel hombre tocó mi frente con su dedo, transformándome en un ser mortal.
-Debes aprender por tu cuenta para encontrar tu camino entre los dioses… ellos necesitan de ti.
-Con todo respeto, Señor – Expresé de forma titubeante - ¿por qué debo ser yo quien esté entre ellos?
Aquel hombre me dirigió una sonrisa mirándome a los ojos.
-Porque aún no han visto lo que tú eres capaz.
Una gran fuerza me alejó de su presencia, sentí que mi cuerpo se encogía, cayendo en un profundo sueño.
No podía hacer nada, sólo fui una pluma en el viento ante ése poder.
Notas de Eagle: En éste capítulo se retoma la leyenda del nacimiento de Huitzilopochtli para una mayor referencia, ubicando a la protagonista en un contexto mítico como a su vez tomando las referencias bíblicas.
Eagle
