Rurouni Kenshin no me pertenece, menos algunos de sus personajes. Sólo los tomo para crear historias con ellos que puedan entretener, sin ánimo de lucro.
Bonita
Acto dos
El forastero en casa
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Kenshin no servía para estar de ocioso, asi que dedicó el sábado a limpiar su casa. No había mucho que hacer, pero si mucha ropa que lavar y en eso se entretuvo, ya que por más que intentó hacer partir la lavadora de la casa, no pudo. Tuvo que lavar a mano sus prendas y luego, salió al patio a tenderlas.
Tener una casa era algo muy cómodo, pensó mientras estrujaba y tendía su ropa. Podía tener un jardín, un perrito, y dormía por la noche sin escuchar a sus vecinos del lado, o sin enterarse de cuando alguien iba al baño y jalaba la cadena. La casa de los padres de Sanosuke, su amigo era un poco dos veces más grande que su departamento, y tenía más dormitorios. Sabía que el señor Kamishimoemón estaba buscando un comprador para ese sitio y Kenshin pensó que le gustaría un lugar como ese.
Acabó de tender y Kirara, la gatita, se le apareció caminando con elegancia y equilibrio sobre la cerca que separaba su patio del de Kaoru. Se quedó pensando en la chica cuando escuchó los gritos. Al parecer la puerta de casa más grande que daba a su sitio estaba abierta. Escuchó claramente al padre de Kaoru diciendo algo de un manoseo y como ella, ofendida, le reprendía por el poco tiempo que le dedicaba. Se le apretó el corazón cuando escuchó un golpe y más cuando Kaoru salió corriendo a la calle.
La siguió en su auto. Lo hubiera hecho en su bicicleta pero no estaba seguro del estado en que la encontraría. Ni siquiera entendía por qué sentía esa necesidad de inmiscuirse en su vida: Tal vez era porque Kaoru le brindó una amistad sincera en ese lugar donde estaba de paso. Era alguien especial. Una mujer que no lo perseguiría para tener una relación con él, o una que le coquetearía abiertamente. Ella simplemente… era ella y eso a él le gustaba.
A Kenshin le daba miedo la oscuridad. Era una de esos traumas de niño, de una vez que una tía lo encerró en un armario todo un día por hacer una travesura, después de la muerte de sus padres. Después de eso, el niño no pudo dormir más con las luces apagadas de la habitación. Aún ahora Kenshin precisaba de una lamparita para eso. El problema que se le presentaba es que tenía que atravesar un túnel oscuro si quería llegar hasta el lugar donde estaba seguro, se encontraba Kaoru. Y solo.
Respiró profundo y corrió hacia donde estaba la luz. En cuestión de segundos todo había terminado.
Al otro lado, Kaoru rabiaba y golpeaba la arena con absoluta frustración.
Brindarle un abrazo fue más un gesto de instinto, para calmarla. No contaba con que ella no quisiera ser consolada. Ella se soltó de su agarre las dos primeras veces y luego, por alguna razón, la muchacha quiso cerrarse hasta el cuello de la camisa. Esa ocasión la aprovechó Kenshin para abrazarla y esta vez, si bien ella luchó un poco, se rindió a los pocos minutos.
-Tranquila… ya pasará.-
-No, no va a pasar porque siempre es lo mismo. Siempre me deja sola en casa y luego me echa la culpa a mí de lo que pasa. Pero él es el papá, él es el que debería protegerme… él debería llegar a casa todos los días… y él debería estar aquí consolándome.-
Kenshin acarició el largo cabello de Kaoru, notando lo negro que era. Se preguntó cómo lo metía bajo la gorra de béisbol.
-Kaoru, eres muy joven aún, y hay muchas cosas que no entiendes. Estoy seguro de que tu padre tiene una buena razón para eso.-
-No la tiene. Pensé que después de lo de mamá seríamos más unidos, pero no le intereso. A veces pienso que le molesta hacer el viaje hasta aquí para verme.
Suspirando, Kenshin la separó un poco de sí para mirarla a la cara.
-Cálmate y cuando regreses a casa, hablas con él. Pero no te exaltes.
-No quiero hablar con él ni verlo nunca más.-
Kenshin sonrió. Con el ceño fruncido y las lágrimas marcadas en las mejillas, Kaoru tenía algo tierno. Bueno, era muy joven. Quizá era la cara de niña aún.
-Tienes el pelo muy largo. Es una sorpresa. Pensé que lo llevabas mucho más corto. Es bastante lindo.
Kaoru se tensó un poco.
-Tal vez lo sea.-
-Enmarca muy bien tu rostro. Eres muy bonita.-
Esta vez Kenshin pudo notar la tensión absoluta de Kaoru e incluso sintió que quería soltarse. Él no entendió nada y no quiso liberarla para tenerla quieta y poder dialogar.
-¿Dije algo malo?
Kaoru no respondió, pero forcejeó para salir de allí. Kenshin apretó los brazos, un poco molesto.
-¿Me vas a decir qué te pasa o huirás como una niña?-
-Soy una niña, ¿lo olvida?- dijo la joven, poniéndose ambos de pie.- Suélteme.-
Kaoru sintió que una de sus sandalias quedaba mal puesta y perdió el equilibrio. A su vez, Kenshin cayó sobre ella y cuando ella tuvo conciencia de su cuerpo bajo el hombre, se desesperó al punto que comenzó a llorar y gemir como un animal herido. Asustado, Kenshin se retiró rápidamente y la joven se abrazó a sí misma, escondiendo el rostro entre las rodillas al encoger las piernas.
Kenshin esta vez no trató de tocarla, consternado.
-¿Acaso alguien te ha hecho daño, Kaoru?-
La joven solo movió la cabeza como un "sí" Kenshin se acercó un poco más hasta sentarse a su lado.
-¿Qué cosa?-
Kaoru visualizó claramente, como cada día desde lo sucedido, todo lo que pasó. Pero no pudo contarle a Kenshin su historia.
-Yo te contaré algo mío, a cambio de que me cuentes lo tuyo. No es necesario que lo hagas hoy, pero me gustaría saberlo para no meter la pata a futuro.
El llanto de Kaoru cesó en intensidad y le prestó atención.
-Fíjate que yo iba a casarme. Eso ya lo sabes. Pero no los detalles escabrosos que me tienen muy avergonzado. Mi prometida se llamaba Tomoe, es modelo de catálogo de ropa interior. Una belleza, coqueta, maravillosa. Es de estas mujeres que aún recién levantadas y despeinadas se ven bonitas. Pues bien, nos hicimos novios cuando yo tenía tu edad y decidimos casarnos ahora que su trabajo es estable, asi que vimos todo el asunto del banquete, la ropa, los anillos, todo lo del matrimonio. Incluso yo estaba ahorrando para comprar un departamento más grande que el mío, pensando en la familia que formaría con ella. Vendí mi departamento de soltero, lo entregué hace tres semanas y estaba viviendo con Sanosuke, mi amigo. Entonces nos fuimos una noche de copas, y decidí hacer una visita sorpresa a mi novia. La sorpresa me la llevé yo cuando la encontré con un tipo que después me enteré, era el amor de su vida. Traían poca ropa… yo no sé en qué pensaba Tomoe queriendo casarse y a la vez, teniendo una relación paralela.
La pelea afuera del departamento de ella fue muy grande, incluso Tomoe gritó, cuando aparecieron sus vecinos, que… pues… que mis cualidades amatorias dejaban mucho que desear y que por eso ella tenía a su novio que era mejor. Dijo que yo era poco atractivo, que no era el tipo de hombre que tiene porte para presentar a las amigas, y que qué bueno que la había descubierto, porque le daba pena dejarme sabiendo que ella era lo mejorcito que yo tendría alguna vez.
Asi que, mi amigo Sano me sacó de allí antes de que yo matara a esa arpía, y me dio las llaves de su casa de infancia para descansar, aprovechando que sus padres están en otro sitio mientras la venden y que yo… de todos modos me tomaría estos días para la luna de miel.-
-Yo creo que usted puede tener a la mujer que quiera.- dijo Kaoru ya sin llorar.- Es guapo y conozco algunas vecinas además de Megumi que piensan eso.-
Kenshin sonrió.
-¿Y tú, qué piensas de mí? ¿Tendrías un novio como yo?
Kaoru se encogió de hombros.
-Esas cosas no me interesan, pero si yo pudiera… no lo sé, usted está viejo para mí.-
-¡Tengo apenas veintiocho años!- dijo Kenshin decepcionado.
-Y yo diecisiete. Ni siquiera debería preguntarme esas cosas. Me lleva once años.-
-Tienes razón, pero entiende que soy un hombre decepcionado de todo. A veces no razono mucho sobre las cosas.-
-Supongo que usted como novio ha de ser divertido. Creo que la pasaría bien con alguien como usted. Y pienso que cuando no anda por la vida como el Sombrerero Loco, es atractivo. Sería lindo presentárselo a las amistades. Pero por sobre todo, creo que usted es capaz de brindar una compañía muy grata, y es una buena persona. Pasar el resto de la vida con alguien así debe ser agradable cada día.- dijo la joven con el mentón apoyado en las rodillas y los pies hundidos en la arena. Comenzaba a caer el sol y Kenshin la miró muy sorprendido. Kaoru no parecía tener un interés romántico en él, de hecho, era él quien la buscaba cada día para jugar. Pero al parecer, esas cosas que había dicho las creía sinceramente.
-Su ex novia es una tonta.- remató.- Mejor, así le da la oportunidad a una mujer que de verdad lo merezca.-
Una brisa fresca causó un escalofrío en Kenshin.
-Gracias.-
-Lo mío es más complicado.- comenzó la joven.- Mis padres trabajaban, mi madre lo hacía medio día y mi padre jornada completa. A veces me quedaba sola en casa, porque mi madre era enfermera, y trabajaba en las noches o en las mañanas o en las tardes. Yo me quejaba continuamente de eso, así que cuando un hermano de mi madre se ofreció a rondar la casa para ver que estuviera bien, y hacerme compañía, todos pensamos que era una gran idea.
Yo tenía trece años, mi cuerpo había empezado a cambiar y él me lo hizo ver siempre que podía. Yo me sentía muy bonita y muy coqueta, como cualquier niña de mi edad, pero eso cambió una semana que enfermé y caí a la cama con fiebre. Mi madre me atendía, y cuando se iba, quedaba su hermano. Al principio, para bajarme la fiebre, pasaba un paño húmedo por mi frente, mi cuello y bajo mis axilas. Después fue más allá, hasta mis piernas, y mis… mis… - Kaoru suspiró, bajando el tono de su voz.-… mis pequeños pechos. Maldito cerdo. Yo lo sentía sobre mí, pero se me acabó la fiebre y entonces supe que lo que él me hacía estaba mal.
-¿Se lo contaste a alguien?-
Kaoru negó con la cabeza.
-Tenía mucha vergüenza, además él me decía que mataría a mi papá, que la culpa era mía por ser tan bonita y por convertirme en una "hermosa" mujer. Muchas veces usaba un lenguaje obsceno para referirse a mí. Me llamaba su putita, su mujer. Me manoseaba, se masturbaba frente a mí. Me pasaba su cosa por el cuerpo…
La joven se quedó callada. Kenshin tuvo la necesidad de hacer una pregunta.
-¿Te violó?
-Yo no sé si eso me hubiera hecho más daño. No lo hizo, porque un día mi mamá llegó a una hora diferente y escuchó cuando me amenazaba, teniéndome sin ropa. Pensé que todo había terminado, pero no fue así. Mi padre… no hizo ninguna denuncia, me dio a entender que el tío tenía derecho a hacerme esas cosas, porque era hombre y que esas cosas pasaban. Mi mamá en cambio, no le permitió acercarse a la casa. El tío entonces era prometido de Megumi, y mi madre habló con ella para que lo echara de su vida. Megumi dijo que la culpa era mía por provocarlo, pero… ¡Me daba asco! Con las semanas, se destapó un caso de abuso en la familia de Megumi, por parte de mi tío, y entonces ellos hicieron la denuncia. Mi mamá me dijo que declarara, que ese hombre ya no era su hermano, entonces le hice caso, me sometí a muchos exámenes psicológicos y físicos y el juicio fue… asqueroso. El abogado de mi tío trató de hacerme quedar a mí y a la otra niña como acosadoras de él, como mentirosas… que en mi caso, tener trece años implicaba que lo que hizo mi tío no era delito y si un derecho, que lo incité quedándome a solas con él… me arrepentí mucho de haber ido a declarar, pero por lo menos lo metieron preso porque la otra niña si era pequeña. No sé quién fue más horrible, si mi tío o su abogado. Mi padre me decepcionó por no hacer nada para defenderme y echarme la culpa de todo. Que debía haber escapado cuando empezó lo del tío, que tuve que haberles contado, que por mi culpa eso se prolongó por meses. –Kaoru suspiró.- Pero estaba aterrorizada, no sabía qué hacer entonces… No puedo quejarme, me dice que las mujeres deben ser fuertes y jamás mostrar su descontento.-
-No tienes que disculparte.- dijo Kenshin severo.- Eras una niña en manos de un manipulador. Soportaste la situación porque para ti, que el tío matara a tus padres era una posibilidad, y actuaste para protegerlos a costa de ti misma. Fuiste muy valiente, Kaoru. Eso es lo que pienso.
La joven sintió una palmadita en la espalda, y sorprendida, pensó que era primera vez que alguien le decía esas palabras. Sonrió levemente y miró a Kenshin de reojo.
-Tú no tienes la culpa de lo que te pasó, y creo que lo enfrentaste muy dignamente. Eras una niñita que tuvo la mala suerte de encontrarse con ese enfermo.- siguió muy serio.
-Mi padre no cree lo mismo.
-Kaoru, tu padre es como una más de las muchas personas en este país que cree que un hombre tiene el derecho de tomar a cualquier mujer. No esperes que te apoye en ese sentido.
-¿Qué habrías hecho tú?
-Pues… hubiera hecho picadillo a tu tío, porque le pasó lo mismo a la prima que se crió conmigo. Debo decirte que a ella le costó, pero se repuso y ahora está casada, pero de todas maneras… - respondió sinceramente.- … yo odio a los que abusan de niños. Son repugnantes. Son… una verdadera mierda. Pero y tú… ¿Cómo te sientes con todo eso?-
-Pienso que desearía ser invisible, para que ningún hombre me mirara nunca más como lo hizo él. Duermo mal, a veces tengo pesadillas… otras veces siento que me odio, que odio mi cuerpo, que odio verme como una mujer, no soporto que me digan halagos. No ha habido un solo día en todo este tiempo que no recuerde eso. Yo… daría lo que fuera por retroceder el tiempo y evitar que eso pasara, pero… pero no se puede, y debo vivir con esto, y tratar de sacar algo bueno. De dar mi mejor esfuerzo para lograr cosas buenas. Es lo que hubiera querido mi mamá.
-Esa es la actitud que yo esperaba de mi chica.- dijo Kenshin animado.- Nada te liberará del recuerdo de tu desgracia, pero debes luchar para que tu futuro sea más feliz que lo que tienes ahora.
Kenshin sintió que la cabecita de Kaoru se apoyaba en su hombro.
-Disculpe por maltratarlo. A veces no puedo… me cuesta dominarme cuando yo… realmente los hombres me dan miedo. Más cuando se acercan tanto.-
Kenshin acabó por pasarle un brazo sobre los hombros, para protegerla.
-No pasa nada, está bien. Hagamos un trato, durante el tiempo que yo esté aquí, cuidaré de ti. No dejaré que nadie te mire feo, o con ganas, o que te amedrente. No tienes que arreglártelas solita, porque yo ofreceré puños a cualquiera que te caiga mal, ¿está bien?-
La risita de Kaoru fue suficiente respuesta.
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Kaoru iba muy callada en el auto, abrigada con una chaqueta que Kenshin llevaba en el asiento trasero. Él la había convencido de regresar a dormir a su casa, porque la chica quería quedarse en una de las cuevas de la playa. A Kenshin se le ocurrió que ella hacía eso habitualmente.
-Si regresas hoy, te prometo llevar a comer el mejor ramen.-
Al llegar a casa, no había nadie y Kaoru insistió en irse para otro lado. Llamaría a una amiga.
-Está bien que seas una muchacha, pero no pienses a lo tonto.- explicó Kenshin. –Esperemos a que aparezca tu padre.
Kojiro apareció media hora después, cansado en bicicleta. Entonces Kenshin salió raudo del auto y le explicó la situación.
-Ella está muy sentida con usted. Creo que sería bueno que conversaran calmadamente para establecer acuerdos.
De tanto en tanto, Kojiro miraba a su hija, hundida en el asiento del copiloto, con las piernas encogidas. Se le apretaba el corazón de verla así, y pensaba que le hubiera gustado que alguien le enseñara a ser un mejor papá para ella.
-Lo quiere mucho. Lo echa de menos. Es una niña muy buena y cualquiera estaría orgulloso de ella. Cuando la conocí, hacía una cerca para las flores que plantó su mamá…-
Sorprendido, Kojiro miró hacia el fondo del patio. Había notado el trabajo, pero no se le ocurrió preguntar cómo apareció.
Kenshin abrió la puerta del auto y finalmente Kaoru salió, cabizbaja. Ella y su padre peleaban rara vez, y aunque ella se enfadara con razón, le dolía el alma hacerlo contra él. Kaoru lo quería tanto, que realmente era el único hombre cuya presencia toleraba.
-Kaoru, perdóname, no debí tratarte así.- dijo Kojiro con la voz ahogada, abrazándola.- Salí a buscarte, me asusté mucho.-
La joven no dijo nada. Kojiro miró a Kenshin.
-Mi hija me preguntaba si podría usted visitarla en casa durante la semana. Yo… debo reconocer que tengo mis reparos con eso, pero si así ella puede estar más tranquila, puede invitarlo cuando guste. Eso sí, no se puede quedar a dormir.-
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Kenshin despertó tranquilo. Tuvo sueños agradables y ni siquiera le importó seguir soltero otra temporada. Estaba comenzando a pensar que Tomoe le había hecho un favor al tener un amante: realmente hubiera sido un desastre tener una mujer infiel, egoísta y que tenía un bajo concepto de él. Como decía Kaoru, ahora él podría buscar una mujer buena con más calma. Pero debía reconocer que extrañaba el cuerpo de Tomoe en su cama.
Salió al patio a recoger su ropa seca, cuando miró de reojo hacia la casa del lado. Kaoru barría con el mismo vestido del día anterior, sólo que esta vez Kenshin le pudo prestar atención. Tenía una figura agraciada y se veía bonita. Desapareció unos instantes y apareció con sus ropas varoniles y una bolsa. Iría de compras con su padre. Aprovechó de sacar a Negura de paseo.
Kaoru se veía radiante con su padre al lado. Ese día hizo una concesión para mostrar su cabello y lo recogió en una coleta alta, muy sencilla. Pasaron a verlo.
-Mi padre lo invita a almorzar, sería un honor que nos acompañara. Lo quiere conocer un poco más.- dijo la joven.
-Dile que ahí estaré.-
Padre e hija se retiraron y sonó el celular de Kenshin. Era Sanosuke.
Tras el saludo, pasaron a las noticias.
-Pues Tomoe está intratable. No te llamé antes porque me sigue a todos lados, convencida de que en algún momento le diré dónde estás o a qué número llamarte. De buena te libraste. Está bien loca. Ahora se le ocurrió que eres el amor de su vida y que lo de Akira fue un error.-
Kenshin no sintió emoción ante esa idea.
-He de confesarte que me ha sido muy fácil aceptar que Tomoe no me quiere. Yo siempre pensé que si algo así me pasara, sufriría más, la extrañaría… pero estoy muy cómodo aquí, lejos de ella y sus exigencias. He podido salir a caminar, ir a la playa… he conocido a gente buena.
-Apuesto que ya conociste a Kaoru, la hija de Kamiya.
-Si, desde luego.
-Es una chica desaliñada, pero muy talentosa. Fíjate que el cuarto de mi hermano lo pintó ella hace unos años.
Precisamente aquél era el que tomó Kenshin para su descanso. Le gustaban los colores.
-Nunca supimos bien qué pasó, porque de una Barbie se convirtió en un chiquillo. Bueno, no nos podemos meter en sus gustos, pero es una gran chica. Siempre ayudaba a mi madre con las compras, y sabe hacer de todo, incluso sabe un poco de gasfitería. Mi madre decía que aprendió esas cosas porque pasaba todo el día sola en casa y debía valerse por si misma. Mi madre le enseñó a cocinar.-
-Vaya. Realmente es muy agradable. Me inspiró confianza y le he contado algunas de mis cosas.- dijo Kenshin.
Al otro lado de la línea, Sanosuke se atoró con algo.
-¿¡Tú! ¿Confiando en alguien tus asuntos?... Supongo que no le contaste lo de tus padres, porque yo me enteré de eso a los años de conocerte.-
Kenshin sonrió, pero no respondió nada. Sanosuke escuchó una risita.
-Veo que esa chica te ha impresionado, aunque es una niña aún. Debe tener unos quince.-
-Diecisiete.-
-No te metas en líos, amigo Kenshin. Esa muchacha no tiene interés en el sexo opuesto. Se le nota. Además, dicen que quien anda con niños, amanece mojado. Búscate a alguien de tu edad.
-Oye, oye, no insinúes cosas. Ella es… es… como el hermano menor que nunca tuve.-
Sanosuke soltó una carcajada.
-Está bien, te creo, además, no te llamaba para eso, amigo. Ha surgido un problema. Mis padres firmaron ayer el contrato de compraventa con el que será el nuevo dueño de la casa. Así que tienes que salir de allí dentro de los próximos tres días, en que llegarán los contratistas que la arreglarán.
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El miércoles, Kenshin estaba un poco ausente. Kaoru le preguntó si tenía algún problema con los fideos que le sirvió para comer.
-No es eso. Lo que pasa es que tengo que irme esta noche de casa, porque ya la vendieron y mañana llegan otras personas. Tengo cargado mi auto y todo eso, pero no he podido encontrar un lugar por aquí cerca para alojar.-
-¿Quiere decir que se irá antes?-
-No, no quise decir eso, aunque si no resuelvo esa situación, deba irme más lejos, y no sé si podamos vernos tanto.
-Qué mal.-
Kaoru apoyó los codos en la mesa y el mentón sobre sus manos.
-¿No se puede quedar acá, conmigo?-
-Tu padre me dijo que no puedo dormir dentro de la casa.-
-Es verano aún. ¿Qué tal si le armo una carpa en el patio? Dormirá bien ahí.-
Kenshin quería decirle a Kaoru que no era correcto, pero de pronto, se entusiasmó con la idea. Luego se imaginó a Negura y Kirara revoloteando en torno suyo mientras trataba de dormir en el patio.
-En ese caso, es más cómodo dormir en mi auto.- concedió.- Y deberás permitirme aportar para los alimentos y otros gastos.
-Entonces está resuelto.- dijo Kaoru pasando al postre.- Le daré algunas frazadas y listo.
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Dormir en el auto no resultó tan mal. Sobre todo, porque el auto cabía en el sitio de los Kamiya, así que quedó a salvo de las miradas de los vecinos. Kaoru le había dejado el desayuno servido antes de correr a la escuela y estaba delicioso.
Kenshin se dedicó a pasear durante la mañana y se topó con Megumi.
-¿Vendrás a mi fiesta este sábado?-
-No lo creo.-
-Vamos, ven conmigo.-
-No estoy seguro. No conozco a nadie de esa fiesta.
-Me conoces a mí.-
-Debes reconocer que eso no basta.-
-Pues bien, lleva a la mocosa para que no te sientas tan solo. Invítala.
Horas después, en el puesto de ramen, a Kaoru no le gustó la idea.
-No me gustan las fiestas, hay muchos desconocidos.
-Tal vez sea bueno para ti hacer cosas de jóvenes.
-¿Ir a una fiesta de Megumi es algo de jóvenes? Creo que usted está razonando erróneamente.-
-Pero te divertirás… -
-Apuesto que usted no le pudo decir que no y por eso me ha metido a mí en este lío.
-Pues… algo así.- reconoció el pelirrojo.
Suspirando, Kaoru claudicó.
-Bien… pero le aclaro desde ya una cosa. Ni brillo labial, ni vestidos, ni nada especial. Iré como usted me ve ahora.
-No esperaba que fuera de otra manera, Kaoru.- dijo Kenshin, sorbiendo feliz la sopa del tazón.
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Dentro de esa semana, Kenshin tuvo que llevar a Negura al veterinario, porque Kaoru tenía tareas. Luego ayudó a la muchacha a despejar su patio moviendo algunas cosas que ella no podía.
-¿Alguna vez le has pedido ayuda a tu padre para estas cosas?-
-Lo tengo dos días a la semana conmigo. No me gusta molestarlo.-
-Yo creo que es sabio pedir ayuda de vez en cuando.-
Kaoru nada dijo y así se fue volando la semana.
El viernes en la noche, Kojiro llegó cerca de la medianoche, porque terminó temprano sus pendientes y le quería dar una sorpresa a su hija. Pero el sorprendido fue él cuando se encontró el auto de Kenshin en su sitio, y más encima, con él durmiendo adentro con una linterna que empezaba a parpadear. Corrió a exigirle explicaciones a su hija, que se levantó soñolienta.
-Tú me dijiste que él no podía dormir dentro de la casa, y lo echaron de la suya, así que pasa aquí el día y duerme allí afuera.-
Kojiro fue a despertar a Kenshin para que durmiera bajo techo con ellos, y aunque Kenshin rechazó la oferta un par de veces, acabó aceptando.
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-Mi papá es maestro de escuela.- dijo Kaoru a Kenshin cuando Kojiro se dormía una siesta.- Adora su trabajo, enseña matemáticas.
-Vaya. Un papá profesor y una mamá enfermera. Me pregunto qué es lo que te gustaría ser a ti.
-No lo sé. No estoy muy decidida, aunque lo mío va un poco por el arte. Le mostraré algunas cosas.
Kenshin siguió a Kaoru hasta su cuarto, que era todo un mundo dentro de esa casa, con fotografías por todas parte de su familia y amigos. La joven sacó una carpeta del armario, con sus dibujos o con fotos de cosas que ella había hecho, como la decoración del cuarto del hermano de Sanosuke, o un bonito baúl de madera, entre otros.
-Veo que ya tienes un portafolio.- dijo Kenshin alelado.
-¿Un qué?-
-Un portafolio. Así le dicen los profesionales a las muestras que los fotógrafos o diseñadores guardan de sus trabajos, para enseñarlos cuando buscan trabajo. El tuyo es muy completo y bonito. Los retratos te quedan naturales. Yo nunca aprendí a dibujar tan bien como tú. Bueno, tampoco me interesaba mucho.- Admitió.-En la ciudad tengo una amiga que es Diseñadora de interiores, y le va bien en eso. Ella podría orientarte si es que te gusta esa carrera. Se llama Tae.-
A Kaoru le gustaba la idea de diseñar cosas, porque pintar cuadros, si bien le entretenía, no le interesaba para hacer de tiempo completo.
Kojiro despertó de su siesta y al pasar por el cuarto de su hija, la encontró charlando animadamente con el pelirrojo, porque tenían la puerta abierta. Él observaba sus trabajos y le daba una opinión adulta al respecto.
Nunca había escuchado a Kaoru hablarle con tanta confianza a alguien.
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Hubo que convencer a Kojiro para que le diera permiso a Kaoru de ir donde Megumi. La verdad, Kaoru tampoco se esforzó demasiado en conseguirlo, y Kenshin tuvo que prometer miles de cosas, como no dejar que esa mujer molestara a la joven y menos dejarla sola.
-A la una de la mañana iré a buscarlos.- dijo Kojiro severo, y Kenshin ante eso no pudo discutir.
Se prepararon, entonces, y Kaoru, fiel a su palabra, se puso una camisa, una chaqueta sin mangas y pantalones negros y zapatillas chapulinas de color rojo con blanco. Como hacía calor, se dejó el botón del cuello abierto, y se puso algunas cadenas de plata que se veían bastante bien dentro de su estilo. Recogió su cabello y lo tapó con una boina. Feliz con su aspecto feucho, Kaoru salió a buscar a Kenshin.
Cuando él apareció, a Kaoru le pareció que nada quedaba del Sombrerero Loco de las mañanas y en cambio, le habían puesto delante a algún actor de Doramas.
-Se ve rebien.- dijo la chica.- Está muy guapo. Cuídese de Megumi.-
A Kenshin le gustaron los halagos y pensó hacerle uno a Kaoru, pero a ella no le gustaban.
-¿De verdad piensas que me veo guapo?- preguntó Kenshin camino a la fiesta. Iban a pie para ejercitarse.
-Pues si.-
-¿Crees que debería afearme?-
-No. Usted se ve bien. Es muy agradable mirarlo.- contestó con sencillez.
-¿Crees que esta noche pueda conseguir novia? Me siento un poco aburrido de la soltería.-
Kaoru miró a Kenshin sin comprenderlo.
-Lleva apenas unas semanas soltero. Parece que usted es de esas personas que necesitan compañía constante.-
-La vida es más bonita cuando se está acompañado. Incluso las fiestas que no te atraen.- dijo Kenshin entrando a la casa de Megumi.
Había mucha gente, y Megumi, la cumpleañera, se veía despampanante.
-¡Oh, Ken-san, llegaste! Ven, te presentaré a unos amigos.
De pronto, Kaoru se encontró sola en medio de un mar de gente. Se estaba mareando con las luces cuando sintió que la jalaban hacia alguna parte.
-Tu padre me dijo que no me separara de ti, y es lo que haré.- dijo Kenshin. Kaoru alcanzó a ver la mueca de disgusto de Megumi, y sonrió.
-Está bien.-
La verdad, Megumi sabía ser una buena anfitriona, y estaba muy preocupada de que sus invitados gozaran de la comida, las bebidas y la música, pero por lo mismo estaba poco tiempo con cada uno. Kaoru se vio libre de su presencia mucho rato, y seguía a Kenshin que entablaba conversación con cada persona que se le presentaba.
Con el resto de la gente Kenshin demostraba sus veintiocho años. Sabía de mundo, de economía y política. Tenía una opinión con respecto a todo… era realmente un adulto. Un hombre lejos de lo que era ella.
-¿Bailamos?- le dijo una simpática muchacha a Kenshin. Éste miró a Kaoru con preocupación.-Ya veo, no quieres dejar solo a tu hermanito. No te preocupes, mi amiga puede bailar con él.-
Kaoru se encontró bailando al lado de Kenshin, con una chica muy divertida. La joven advirtió de inmediato que Kaoru era una muchacha, pero no le importó y pasaron un buen rato.
-Prefiero bailar con mujeres cuando no está mi novio.- dijo Miyuki.- Los hombres pueden ser desagradables con las mujeres cuando queremos bailar y nada más que eso.
-Pienso lo mismo.- dijo Kaoru realmente contenta. Miyuki era graciosa, ponía caras y hacía pasos divertidos. Aunque a Kaoru no le gustaba llamar la atención, empezó a seguirla, y luego Kenshin y la otra amiga.
-Alguien dijo que Megumi pondría un karaoke. Vamos a buscarlo.-
Los cuatro recorrieron la casa hasta llegar a un cuarto con un enorme LED y un par de micrófonos. Un grupo abandonaba el lugar, aunque había más gente, asi que Miyuki se hizo con un micrófono y manipuló el aparato para seleccionar una canción.
Luego siguió el turno de Kenshin y de Satori y finalmente, todos esperaron que Kaoru cantara.
-No está entre mis habilidades… - comenzó, pero Kenshin le puso el micrófono en la mano.
-Vamos. Puedes hacer todo lo que te propongas. Y además, nadie de los aquí presentes ha mostrado una voz de ángel. Ni nos están prestando mucha atención.-
Kaoru iba a replicar, cuando Megumi tomó uno de los micrófonos.
-Esta noche, Kaoru Kamiya va a regalarme una canción por mi cumpleaños. ¡Por favor, vengan a escucharla!-
La joven buscó apoyo en Kenshin.
-No quiero hacerlo… me da nervio.-
Kenshin se acercó un poco para acariciarle una mejilla y decirle cerca del oído:
-No puedes conocer la vida si dejas de hacer cosas por miedo.-
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Fin Acto dos
El forastero en casa
Agosto 17, 2011
Notas de autora:
Hola!
Las mascotas nos alegran la vida. De pequeña tuve a veces un gato, o un perrito que mi padre acababa regalando. Ahora que tengo mi propia casa, convivo con una gata y dos perras, todas esterilizadas. La gata llegó para espantar ratones, una de las perras estaba en la casa cuando la compré. La abandonaron sus dueños y pasó por una depresión perruna. La perra número dos, llegó porque yo pedí un pastor alemán para ponerle Inuyasha como el de Actuación sin Libreto, y me trajeron una labradora negra. Y se llama Black.
Black es todo un personaje, un desastre andante, el hocico más rápido de Santiago a la hora de comerse mis flores y escarbar, destruir todo lo que cae al patio, y… y…. debo reconocer que la amo, y ella a mi. A veces salimos de paseo… a veces le hablo. Cuando me voy de vacaciones la echo de menos.
Estoy segura que no sería lo mismo sin Black.
Ajá, ahí tienen, fue el desgraciado del tío. Hum, creo que tengo un trauma con eso, digo, pasa algo similar en Prisionera. En esta parte ustedes me dirán que el papá de Kaoru es malvado. Creo que el papá de Kaoru es simplemente un papá normal allá. Japón tendría a nivel mundial, los índices más altos de abuso y maltrato infantil, así que, entre eso y el bullyng, no es tan raro que los chicos se aíslen o se anden lanzando al metro. Bueno, noooooooo todos los japos serán asi, seguramente hay familias rebuena onda entre ellos, pero para la historia, me servía un personaje así.
La edad de consentimiento sexual en Japón es de 13 años. Mayoría de edad a los 20, se pueden casar desde los 16 las nenas y 14 los nenes. Mish.
Las dejo. Pronto nos leemos de nuevo y muchas gracias a quienes confiaron en este nuevo trabajo. Besos!
