Disclaimer: obviamente el Capitán América no me pertenece, esto lo hago por sufrir un rato.
Segundo capítulo. Espero que lo disfruten.
Capítulo II
Después de ese primer café, se ha vuelto una costumbre el que se vean un rato todas las tardes. A veces Steve va a casa de Bucky, o viceversa. Bucky siempre trae algo, alguna vez ha sido él quien ha hecho el café, por alguna razón le sale mucho más bueno que a Steve. Según Bucky bebe tanto café que ha perfeccionado el arte de hacerlo. La mayoría de las tarde está completamente sobrio, pero un par de veces Steve le ha visto echar un poco de coñac a su café con una sonrisa mientras dice que está siendo un día largo. Steve intuye que sus días largos se deben a que no duerme algunas noches. Bucky vive con unos imborrables círculos negros bajo sus ojos, pero algunos días son más oscuros que otros. Ahora que Steve le está conociendo un poco mejor se pregunta cómo es posible que no se haya muerto, o haya colapsado.
Bucky apenas duerme, o come. Bebe demasiado la mayoría de los días hasta tal punto que cuando va al gimnasio, sus gafas negras le delatan. Algunas noches le escucha cantar con voz quebrada distintas canciones. Algunas veces quiere preguntarle por el nombre de los grupos o cantantes, pero no encuentra el momento adecuado.
Sam le ha dado algunas indicaciones para tratar con él, pero Steve siente que está haciendo las cosas mal porque no ve que Bucky mejore.
- Al menos ahora tiene alguien con quien hablar –replica Sam-. Eso es mucho más de lo que hace un mes habrías esperado.
- Ya… pero… Lo cierto es que la mitad del tiempo está bromeando sobre lo que le ha pasado y el hecho de que siga vivo.
Sam suspira. Steve ya le ha contado algunas bromas que ha hecho Bucky y, aunque no es la mejor forma de lidiar con lo que le ha pasado, no puede decir que sea lo peor que ha visto.
- Steve, ya hemos hablado de esto. No se pueden hacer milagros. Las personas llevan su pena de distinta forma y Bucky necesita eso, al igual que necesita pasarse la mitad de las noches cantando.
- También necesita dormir.
- Y comer apropiadamente. Pero has conseguido en dos semanas más de lo que te imaginas. Sale de su casa, bebe menos, se relaciona contigo.
- No es suficiente.
- ¿Sabes lo que va a pasar si te obsesionas demasiado? –pregunta Sam exasperado.
Él sabe lo que pasa cuando uno se obsesiona demasiado con la recuperación de veteranos, cuando se les presiona demasiado al final acaban agobiándose y se sienten mal, o atacados, y todo el esfuerzo acaba tirándose por la borda. Teniendo en cuenta la historia de Bucky, Sam teme que Bucky se encierre en su apartamento y evite a Steve. Está seguro de que le cerrará la puerta en las narices y no querrá saber nada de él.
- Vas a conseguir que se vuelva a encerrar en sí mismo porque la persona en la que confiaba le ha defraudado.
Steve le mira dolido.
- Parte de la razón por la que está contigo seguramente es que está a gusto. No le presionas, no esperas nada de él, que cambie nada. No le has juzgado por deambular borracho por el pasillo, ni por acostarse con extraños. Y en el momento en el que vea que quieres que cambie, aunque sea por su bien, se va a sentir juzgado y atacado porque ahora mismo esas son sus técnicas para lidiar con el mundo.
Sam ve cómo Steve quiere decirle algo, replicarle. Sabe lo que le va a decir, y tiene razón, pero a la vez no la tiene.
- No digo que sean una técnicas ideales, pero le ayudan. El camino de la recuperación es largo Steve, es muy largo y doloroso. No quieras hacer milagros en un día.
Cuando termina ve que las ganas de hablar de Steve se han aplacado.
- Maggie, también estuvo captiva.
- Lo sé.
- Le costó dos años volver a relacionarse con relativa normalidad y salir a la calle sin tener que sufrir un ataque de ansiedad cada vez que salía de su casa.
Steve sabe todo eso. Maggie es una mujer fuerte que sobrevivió a meses de captura y torturas.
- Ella, comparada con Bucky, estuvo sólo seis meses y tardo dos años en volver a vivir con normalidad. Bucky estuvo un año y además de torturas sufrió una mutilación y experimentaron con él. No vas a conseguir que lo olvide, o que lo supere sólo tomando café y hablando con él. Necesita tiempo Steve y tú tienes que dárselo.
Sam tiene razón, Steve es consciente de que Sam tiene razón, pero es frustrante y doloroso de una forma que Bucky no entiende.
- Deja que él marque el paso.
- ¿Hasta cuándo?
- Hasta que esté preparado.
Steve nota la mirada de Sam, le está advirtiendo de que no haga nada. Y hay algo más, como una promesa de que todo va a cambiar pronto.
Y todo cambia al día siguiente cuando Sam se presenta sin avisar en su apartamento. Aparentemente le trae unas fotos que le van a ir bien para el póster que está haciendo. Steve teme que Bucky huya en cuanto vea a Sam, pero no lo hace.
- Debes de ser Bucky –dice Sam con una sonrisa.
Se dan la mano con naturalidad y Steve nota como el cuerpo de Bucky se tensa levemente.
- Supongo que Steve ha hablado de mí.
La voz de Bucky suena un poco pastosa y temblorosa al tener a Sam allí. Está vestido con unos pantalones de tela con cuadros escoceses en tonalidades verde oscuro, una camiseta ancha azul y su bata de rayas azules y negra. A Bucky no le importa demasiado que le vean así vestido los vecinos, pero Sam es otra historia.
- Supones bien.
Steve quiere callarle, pero no puede hacerlo sin que Bucky lo note. De repente quiere gritarle a Sam y recordarle las palabras que él mismo le dijo el día anterior.
- Y espero que sepas quien soy yo, de no ser así creo que Steve y yo tendríamos un grave problema.
- Sí, si eres Sam alguna vez te ha mencionado.
- ¿Sólo mencionado Steve?
El tono casual y entretenido de Sam hace que Bucky se relaje. Sam no está centrando la conversación en Bucky, o su trabajo. Es una presentación más entre dos personas que tienen un amigo en común. Steve admira la forma en la que Sam sigue hablando, le enseña a Bucky las fotos y comenta algo más del póster. Y entonces están hablando sobre el trabajo de Steve y lo bueno que es. Cuando Steve quiere darse cuenta Sam está comentando que debería intentar hacer una pequeña exposición en algún café y Bucky está asintiendo.
- Quizás ahora que somos dos podamos convencerle.
Bucky asiente, está relajado. Steve se pregunta cómo lo ha hecho Sam. ¿Cómo ha podido conseguir ese estado de tranquilidad en Bucky después de presentarse? La primera vez que Steve le habló de Sam, Bucky fue a su apartamento para coger un poco de coñac y echárselo al café, y apenas quiso saber nada más de Sam.
- Bueno, no quiero robaros más tiempo, sólo quería dejarle eso a Steve.
Steve no quiere que se vaya, es evidente que Sam sabe cómo estar con Bucky sin que éste se sienta amenazado mucho mejor que él.
- No es que interrumpas nada –replica Bucky.
Sam sonríe y Steve ve que ese es el cambio que ha estado esperando, ese es el avance por parte de Bucky que Steve ha estado deseando. Es una oportunidad que no quiere desaprovechar.
- Si alguna tarde tienes libre, podrías pasarte.
Para sorpresa de Steve no es él quien dice esas palabras sino Bucky. Ha estado bebiendo un poco, siempre que bebe es un poco más amigable y, aunque sus bromas siguen siendo macabras, no tienen ese tono oscuro y retorcido que Bucky no controla cuando está completamente sobrio.
- Por supuesto. Steve sabe las tardes que tengo libre y puede avisarme.
Todo ha ocurrido tan rápido que Steve no entiende qué ha pasado exactamente. Sabe que el hecho de que Sam se haya pasado por su casa a esa hora no es casualidad y venía con la clara idea de que Bucky supiese quién era y qué hacía de la forma más natural posible. No se le ve tenso y transmite paz. A Steve siempre le ha fascinado esa capacidad de Sam, pero esa es la primera vez que tiene envidia y querría apoderarse de ella.
Steve no ve sus propios celos al pensar que Bucky pueda preferir la compañía de Sam sobre la suya. Sam tiene un don de palabra y una facilidad para hacer amistades que Steve ha admirado al él carecer de ambas características. Pero jamás le ha importado hasta ese instante en el que observa como Bucky le da la mano con una de sus forzadas sonrisas y Sam ni se inmuta. Steve no puede evitar mostrar preocupación o desconsuelo cada vez que Bucky curva sus labios en ese gesto lastimero, pero Sam no, él sigue sonriendo con tranquilidad.
- Steve, avísame en cuanto quedéis en algo.
- Sí claro.
- Bueno, os dejo, tengo bastante que hacer todavía y veo que no llego a tiempo a ningún sitio.
Steve le acompaña hasta la puerta y mientras se despide Sam le guiña un ojo con una sonrisa.
- Nos veremos, ya sabes que te espero una tarde de estas por allí.
Cuando se va y vuelve con Bucky tiene miedo de que le diga algo, pero no lo hace. Está tranquilo bebiendo su café bien cargado de coñac.
- Es simpático –dice cuando se vuelve a sentar-. No esperaba que fuese tan simpático.
Steve no sabe qué decir.
- No me ha dicho que algún día me pase por el centro de veteranos… Me cae bien. Estoy harto de que la gente opine qué es lo que debería hacer, o lo que es mejor para mí. Nadie lo sabe –concluye tomándose lo que queda en la taza.
Es una afirmación contundente. Steve se pregunta si cuando dice nadie se refiere también a sí mismo. Bucky se echa coñac en la taza antes de servirse más café y en el instante en el que sus labios tocan la bebida Steve está seguro de que Bucky es consciente de que es quien menos sabe lo que es mejor para sí mismo. Es consciente de su autodestrucción, pero no hace nada por escapar.
- Por eso estoy aquí –lo dice en un murmullo que a Steve le cuesta escuchar.
Espera alguna broma por parte de Bucky, pero no dice nada más.
- Avisa a Sam para que venga cuando pueda.
- Claro, pasado mañana estoy seguro de que puede venir.
- Bien.
Es extraño, pero agradable el que Bucky quiera que Sam les acompañe algunos días. Debería escuchar más a Sam y no dudar de los pasos que ha dado Bucky desde que le vio en la azotea y le dio su llave sin razón. Quizás algún día pueda ver a un Bucky que no esté sufriendo a cada segundo y que sea capaz de sonreír de tal manera que la sonrisa alcance a sus ojos.
OoOoOoOoOoOoOoO
Sam es agradable y Bucky se sorprende al ser consciente de que no tiene miedo de que le hable de pasarse por las reuniones de ex veteranos. Las dos veces que ha estado con él, aunque habla de su labor en el centro, no lo hace de forma que parece que le está presionando para ir. La última vez que habló con uno de esos hombres en la recepción casi le obligó a ir con él a una reunión. Fue una situación muy violenta para Bucky que acabó huyendo del edificio saltando por la ventana. No ha vuelto a acercarse al edificio desde entonces. Sólo había querido información, no verse arrastrado a una habitación llena de gente mucho más valiente que él que, de seguro, no necesitaban ver algo tan lamentable como un hombre saltando por una ventana. Dos días después le visitaron dos oficiales del ejército para hacerle firmar unos papeles de confidencialidad y sobre los lugares a los que debería acudir en caso de querer tratamientos, los que acabó echando de su apartamento.
No quiere ayuda. La ayuda recibida hasta el momento le ha hecho más mal que bien. Además tampoco cree que le sirva de mucho, no es como si pudiese volver a ser el que era antes de todo aquello.
Cuando esa tarde vienen Sam y Steve a su casa, Bucky ha insistido en ello, todo está en relativo orden, no hay botellas por medio, ni restos de comida. Desde que ha empezado a relacionarse procura ser un poco más limpio. Le habría gustado hacer pryanikis a Sam, pero éste ha insistido tanto en que iba a traer algo que ha desistido, ya los llevará a la casa de Steve.
Sam trae una cajita de una pastelería y la deja en la mesa con una sonrisa.
- La dueña ha insistido en que están deliciosos, espero que no me haya mentido.
Bucky asiente y va a la cocina. Steve y Sam son puntuales, por lo que siempre tiene el café preparado. Es extraño tener a alguien en su casa, aparte de a Steve, y más cuando también ha estado en el ejército. Pero Sam no parece un ex militar, no uno corriente al menos, no habla de sus días como soldado, parece evitarlo y no porque no quiera hablarlo delante de Bucky. No le gusta ese tema. Bucky lo entiende, aunque no hay muchos que lo hagan. La mayoría de militares con los que se ha cruzado hablan de sus tures con auténtica devoción y el deseo de volver allí, casi todos ellos son oficiales que ahora pasan los días en una oficina, así que posiblemente echen más de menos su juventud que los días con un arma en las manos.
Sam abre la cajita y Bucky ve los dulces, le recuerdan a unos dulces rusos, pero no está seguro.
- Se llaman leche de pájaro, un nombre bastante extraño.
- Ptichie moloko –susurra Bucky casi sin aliento.
Conoce esos dulces, su madre no los hacía demasiado, pero cerca de su casa había una pastelería que los hacía y estaban deliciosos. Su estómago se revuelve al pensar en su pasado en Rusia.
- ¿Estás bien? –pregunta Steve.
Se ha puesto blanco al verlos. ¿Podrá comerlos? ¿O acabarán en la taza del váter? La comida rusa le recuerda a su madre y su infancia, y es algo que remueve todo su cuerpo con culpa.
- Sí, es sólo que esos son unos dulces tradicionales de Rusia.
Sam asiente.
- Tiene sentido, la dueña es rusa –comenta.
Bucky les mira fijamente. Quiere ir a esa pastelería, quiere ver si hay más dulces, quiere comprar todos los dulces rusos que haya y llevarlos a su casa. No quiere comérselos, no podría aunque quisiera, pero le gustaría estar rodeado de su olor. Oler algo que le recuerde a su madre y sus orígenes hasta no poder más. Hasta asfixiarse y recurrir a la bebida, como siempre hace.
- ¿Podríamos ir a la pastelería? –pregunta sin pensar demasiado.
Siente la mirada de los dos. Es absurdo, sabe que quiere hacer algo absurdo, pero quiere ir allí y comprar esos dulces. Todos los que pueda y llevarlos a casa.
- ¿Ahora? –pregunta Steve.
No tiene mucho sentido, no cuando están ellos dos allí y el café está recién hecho, pero quiere ir allí. Quizás pueda incluso decir algo en ruso.
- Podríamos tomar allí el café –propone Sam.
- Sí, podríamos hacer eso.
Antes de terminar está en su cuarto vistiéndose. Se quita su bata y la tira al suelo, junto con sus pantalones y camiseta. Tiene que hacer la colada pronto, el montón de ropa sucia ya es bastante grande y pronto se va a quedar sin nada limpio que ponerse. Coge unos vaqueros oscuros y algo gastados y una camiseta roja. Mira los dedos de sus manos, tan brillantes… tiene que esconderlos. Busca la venda y empieza a cubrir su mano con rapidez. Es todo un experto en vendajes después de tanto tiempo. Cuando termina puede observar algunas imperfecciones a causa de la rapidez con la que lo ha hecho, pero está muy bien.
Cuando sale Sam y Steve están hablando en el salón y se callan al verle. Quizás estaban hablando de él, pero no le importa. No es idiota, está seguro de que Steve le ha hablado a Sam sobre él, sobre sus borracheras, sus canciones, sus parejas ocasionales y todo lo que ha tenido que presenciar por su causa. Muy posiblemente Sam le haya aconsejado en cómo tratarle. No le molesta, Sam es buena persona y, sea lo que le haya dicho, no ha provocado que Steve se meta en su vida de forma violenta. Eso unido a la buena voluntad de Steve y su buen corazón han conseguido que se relacione un poco más. Ha descubierto que puede mostrarse tal y como es; tan asquerosamente jodido sin que nadie le juzgue, o intente cambiar sus hábitos autodestructivos.
- ¿Ya estás?
Bucky asiente. Está mareado y su estómago se revuelve sin piedad, pero está preparado. Y lo estará más después de terminar el vaso de whisky que tiene en la cocina.
- Vayamos –dice saliendo al salón de nuevo.
No se ha peinado, no se ha mirado al espejo para ver si está medianamente presentable, si da miedo o pena mirarle. Debería haberlo hecho, aunque no hubiese servido de nada. Van caminando sin demasiada prisa, Bucky mira a cada esquina y memoriza el recorrido. Ir por sitios nuevos siempre le genera estrés y lleva meses sin salir de los tres recorridos que tan bien conoce: el gimnasio, el mercado y el club al que va algunas noches cuando quiere… necesita acostarse con alguien. Ir con Steve y Sam le relaja, se siente menos desprotegido, pero aún así necesita analizar cada esquina, cada cruce, cada punto ciego, cada posible vía de escape. Es una locura, pero no puede evitarlo y le tranquiliza.
- Lo lleva una pareja joven, bueno creemos que son pareja, aunque no estamos muy seguros… No es una pareja convencional –comenta Steve por hacer conversación-. No pegan nada.
Sam ríe a su lado.
- Ya los verás. Ambos dejan una fuerte impresión, pero por motivos distintos.
Bucky les escucha, pero no se una a la conversación. Prefiere escuchar. Sus voces le ayudan a que su mente no se evada demasiado.
Al llegar Bucky nota que el sitio no es especialmente grande y los adornos le recuerdan a algunos edificios rusos. Es acogedor y gracias a los colores claros de sus paredes y sus sobrios adornos da la sensación de ser más amplio de lo que realmente es. Mira la puerta hacia la cocina y los baños, donde están las luces, las alarmas, los aspersores en caso de incendio… Tarda unos segundos en analizar el sitio, le gusta. Siente que puede huir en caso de emergencia sin ningún problema y poner a salvo a Steve y Sam de necesitarlo.
Se sientan los tres en una mesa y antes de que puedan decir nada más el hombre de detrás del mostrador está con ellos.
- No esperaba verte hoy por aquí –le dice a Sam-. No después de la bandeja que te has llevado.
Sam sonríe, como siempre. Su sonrisa es brillante y amigable. A veces le recuerda a su propia sonrisa y le envidia un poco.
- Bueno, al enterarse de que son rusos no ha podido evitar querer venir a conocer el sitio –replica mirando a Bucky.
El hombre le mira con una sonrisa amplia y divertida. Es rubio y sus ojos son azules, transmiten confianza y amabilidad. Es un hombre indudablemente feliz. Sin embargo hay algo en su postura que le dice a Bucky que antes de trabajar en una pastelería ha estado en la milicia, o en cualquier cuerpo de seguridad. Hay cierta rigidez en su cuerpo que lo grita.
- ¿Te gusta la cocina rusa? –le pregunta con genuino interés-. A Nat le vas a encantar, como no ponemos los nombres en ruso nadie lo sabe, no estamos acostumbrados a que la gente se dé cuenta.
- Viví en Rusia unos años, conozco la gastronomía.
No es sólo Clint quien se sorprende al decir eso. No es algo que haya comentado con Steve, no le gusta hablar de su pasado, se siente mal y es mejor que nadie sepa todo lo que ya no es. Y por supuesto no son datos que aparezcan de primeras cuando se busca información sobre él; su biografía sólo parece empezar a partir de que se enlistó.
- ¿De verdad? –pregunta Steve sin poder evitarlo.
No quiere detenerse demasiado en ese dato, pero algo tiene que decir. Por supuesto no va a hablar de las razones por las que se fue a Rusia, ni cuánto tiempo estuvo, pero tiene que decir algo.
- Sí, mis años de instituto los pasé allí.
- Voy a llamar a Nat, le va a encantar poder hablar con alguien en ruso. No te importa, ¿verdad?
- No, aunque llevo mucho tiempo sin hablarlo.
Desde que salió del hospital militar. Durante varios días se dedicó a hablar en varios idiomas sólo por fastidiar a los oficiales que iban a visitarle con la intención de que les permitiese continuar con los experimentos. Desde entonces no ha vuelto a hablarlo, aunque sí que ha cantado alguna vez en ruso estando borracho.
Clint desaparece y Steve señala que no les ha tomado nota.
- Se entusiasma demasiado con las cosas.
- Y por razones como estas no entendemos cómo es posible que sea pareja de Natasha.
- Ahora verás por qué.
Bucky observa salir una mujer pelirroja de detrás del mostrador y siente que todo el peso del mundo se le cae encima. No puede ser, no puede ser ella. Ella no. Natalia no. Ella le conoce, ella sabe, sabrá que la persona que está sentada en esa mesa no es James Buchanan Barnes. Quiere levantarse y salir corriendo, pero todo su cuerpo se bloquea cuando su mirada se encuentra con los ojos verdes de Natalia que brillan con reconocimiento. Es una de las peores sensaciones desde que salió del hospital. Tiene miedo, un miedo atroz de lo que pueda ocurrir. Se lleva el pelo hacia atrás en un vano intento por peinarse un poco. No quiere estar allí, no quiere enfrentarse a la decepción que va a sentir Natalia en cuanto hablen por más de dos minutos.
Cuando ella le conoció estaba de luto por la reciente muerte de su padre, pero estaba completo. Era una persona completa. Se reía, bromeaba, hablaba con normalidad… Era un joven apuesto, con su futuro brillante, con toda su vida por delante. Ella le ha visto agonizar, pero él no está agonizando ahora, no hay nada que ella pueda hacer por él. Y por lo que él está viendo no hay nada que él pueda hacer por ella. Sus vidas han cambiado demasiado desde la última vez que la vio en la fría Rusia con una maleta en la mano dispuesta a dejar su horrible hogar.
- ¿Yasha…?
Está sin aire, Bucky nota que se ha quedado sin aire al verle allí sentado. Intenta sonreír, pero como siempre fracasa. Natalia siempre ha sabido mantener una expresión impenetrable cuando ha querido, pero lo que ha visto debe de ser horrible porque Bucky nota la tristeza en su rostro. Se siente más miserable que de costumbre al ver la reacción que ha causado en alguien de su pasado. Es más patético de lo que siempre ha pensado.
- Natalia.
Se levanta y se acerca a ella para posar un beso en su mejilla. Ahora es un buen momento para huir, para alegar que se encuentra mal, que no está preparado para el reencuentro, pero no puede moverse. Los ojos verdes de Natalia le piden que no se vaya.
- ¿Qué te ha pasado? –le pregunta en perfecto ruso.
- La vida –contesta sin que su sonrisa triste le abandone-. La vida…
Sus manos se aferran a sus brazos y se da cuenta de que está al borde de un ataque. No tiene aire. Antes de darse cuenta Natalia le está abrazando. Es horrible, todo esto es horrible. Necesita irse de allí. Necesita aire y no lo va a encontrar entre los brazos de Natalia. Se separa y mira hacia la puerta, puede salir corriendo y esconderse en su casa, y beber hasta caer de rodillas y tener que arrastrarse por el suelo. Su cuerpo se empieza a mover cuando siente una mano en su hombro.
- ¿Eres el ex novio de Natasha? –pregunta mirándole de arriba abajo-. No esperaba que fueras tan guapo. Y eso que ella siempre me lo ha advertido.
Bucky sabe que es guapo, que lo era al menos. Pero no está en su mejor momento en esos instantes. Está despeinado y ojeroso, y está seguro de que tiene un color enfermizo. No puede gustarle a nadie cuando está mostrando su lastimosa sonrisa. Sin embargo los ojos de Clint le miran con genuina felicidad, y su sonrisa es sincera. Lo dice en serio.
- Es un placer conocerte. Natasha me ha hablado mucho de ti.
De repente es consciente de cómo la llama.
- ¿Natasha?
- Sí, bueno, muchas cosas han cambiado.
No quiere hablar de eso allí, delante de Steve y Sam. Bucky tampoco quiere hablar con ella delante de ellos, ni de Clint. No quiere siquiera hablar con ella, pero no tiene escapatoria.
- Bueno, ahora mismo no hay mucha gente Nat, es temprano, podéis sentaros en una mesa y charlar un rato. Yo les atiendo y me intercambio por… ¿Yasha…?
Clint es amigable y parece completamente ignorante de lo que pasa allí con su sonrisa distraía y amplia. Pero Bucky nota la tensión en sus músculos. Es plenamente consciente de que está ocurriendo algo importante, pero consigue que parezca algo informal y natural.
- Bucky, prefiero que me llames Bucky.
- Por supuesto. Natasha cogerá tu orden y os sentaréis, sé que tenéis mucho de lo que hablar. Yo me quedaré con vosotros mientras no llegue nadie –informa a Sam y Steve.
Natasha le coge del brazo hasta el mostrador.
- ¿Sólo?
- Con un poco de vodka.
- Creí que no te gustaba el vodka.
- Ahora me gusta cualquier cosa que tenga alcohol Natalia.
Asiente y prepara dos cafés con vodka. Cuando se sientan en una mesa, no muy lejos de Steve y Sam, se miran fijamente. Ella está mucho mejor que la última vez. Ya no parece una desgraciada al borde del abismo, parece feliz. Bucky se alegra por ella.
- ¿Prefieres que te llame Natasha?
Ella asiente.
- ¿Prefieres James?
- ¿Todavía te niegas a llamarme Bucky?
- Siempre me pareció un nombre absurdo.
- James está bien.
Se pregunta cómo debería empezar la conversación. ¿Debería enseñarle el brazo de metal? ¿Debería preguntarle si conoce el caso del soldado americano al que torturaron? Es evidente que por las razones que sea ella no ha escuchado nada sobre su caso, lo cual le alegra, pero también lo hace todo más complicado: ahora tiene que explicárselo todo.
- ¿Por dónde vas a empezar James?
- Por el final, el principio no es realmente importante, a no ser que quieras tener pesadillas.
- No me subestimes.
- Natalia, no te subestimo, pero hay cosas que ni la persona más fuerte debería escuchar.
Ella parece entenderlo, un poco al menos. Cuando estuvo en Rusia entre ellos jamás hubo secretos innecesarios. Cuando la verdad fue silenciada siempre fue por una buena razón: la mayoría de las veces que no sabían cómo exponerla, o que dolía demasiado aún para hablar sobre ella y aceptarla.
- ¿No te gusta recrearte en el dolor? –pregunta ella.
Bucky se ríe. Es una risa que jamás ha mostrado en público. Es un sonido agónico y desagradable para cualquiera que la oiga, pero no puede contenerla ante las palabras de Natasha. Le resulta tierno que haya dicho algo tan inocente. Bucky tiene grabaciones en su casa en las que explica todo lo que le hicieron, cada vez que graba uno se recrea en las torturas y en describir todo lo que tuvo que padecer hasta acabar con un brazo de metal. Le encanta señalar todo lo que le hicieron y la duración de las intervenciones y torturas, como le privaban del sueño, o le provocaban dolor indefinidamente hasta que se desmayaba. Adora contarlo todo con lujo de detalles, mucho de ellos completamente innecesarios: el recorrido de su sangre, la saliva que no podía tragar y que a veces le ahogaba, sus cabellos pegados a su cara por culpa del sudor y la sangre… Adora recrearse en su dolor, revolcarse como un cerdo en su miseria completamente borracho, pero no es algo que le guste compartir con nadie. Hay relatos que son demasiado monstruosos como para que quienes lo escuchen puedan dormir a gusto.
No contesta su pregunta, permanece callado mientras se quita la venda de la mano y descubre sus dedos de metal. Observa cómo los ojos de Natasha se abren imperceptiblemente y brillan incrédulos ante lo que están viendo. Su boca se abre formando una pequeña "o" y aguanta la respiración por unos segundos.
- No hace falta que sepas exactamente cómo acabé con eso.
Natasha se encoge de hombros y durante un instante siente la necesidad de empezar a relatarle alguna de las torturas a las que fue sometido. Sólo para ver sus ojos brillar con horror y poder decirle que se lo advirtió, pero no es un sádico.
- Fue doloroso, pasé por torturas… desagradable… pero sobreviví.
Nota que Natasha quiere decir algo, pero espera a que añada algo más, y es lo que hace. Continúa hablando y le cuenta vagamente todo lo que pasó desde que volvió a América. Le habla de los hospitales por los que pasó, las visitas que pudo recibir y todas las que le fueron denegadas de sus compañeros, los test médicos y su negativa a seguir siendo una rata de laboratorio, las amenazas y todos los acuerdos que tuvo que firmar para poder salir de aquella cárcel que habían creado para él. No da excesivos detalles, pero le cuenta toda la historia.
- No me has dado todos los detalles –dice Natasha cuando termina.
- Por supuesto que no, no terminaría nunca de darte detalles. Y no son necesarios, datos médicos y absurdas clausulas de confidencialidad.
Natasha se levanta y se acerca para darle un beso en la frente. Hay una muda comprensión en ese gesto. Cuando se conocieron en Rusia pronto conectaron, no necesitaban hablar las cosas para comprenderse. Era una sensación agradable que les arrastró a pasar horas juntos en absoluto silencio y, que más tarde, acabó en una extraña relación en la que el deseo de no estar solos fue sus cimientos. Fue una de las pocas buenas por aquella época en la que tanto Bucky como Natasha estaban perdidos.
- Me alegro que la vida te haya ido bien.
- No ha sido un camino de rosas.
- Nunca lo es –replica mirando a Clint-. ¿Es bueno?
- Demasiado.
Bucky asiente.
- No has cambiado nada.
Las palabras de Natasha le hacen estremecer. ¿Es que acaso no se da cuenta de lo mucho que ha cambiado? ¿No ve que ya no tiene futuro? ¿No ve que ya no es capaz de sonreír? ¿En qué es igual? Está jodido, esto es peor que perder a su padre, que ver a su madre marchitarse… es algo mucho peor. Es él quien está jodido, quien está muerto.
Se ríe, es un sonido desagradable que inunda todo el local. Natasha le coge la mano. Le pide que no haga eso, que no ría, así al menos. Pero no puede evitarlo. Necesita reírse de esas palabras si no quiere echarse a llorar delante de ella, delante de todos.
En la otra mesa Steve le mira sin saber qué está pasando, por qué, de repente, Bucky se está riendo así, como si estuviese muriendo, como si quisiese echarse a llorar en cualquier momento.
- Mantienes tu sentido del humor –dice en voz alta.
Se levanta y va hacia el mostrador sin mirar a nadie. Sus cabellos cubren sus ojos y es imposible ver si está llorando o no. Permanece en silencio unos segundos. Steve se percata de que un par de clientes están mirando la escena con curiosidad y un poco asustados. Todo el mundo está esperando a ver qué hace. Clint se ha levantado de su silla y Sam está preparado para levantarse en caso de que sea necesario. Todo el ambiente es tenso.
- Me gustaría llevarme un surtido de pasteles, pastas…
Clint va hasta él antes de que Natasha pueda atenderle.
- Por supuesto.
- Una cajita pequeña de cada cosa.
- Eso es mucho.
- Lo sé.
Clint se encoge de hombros y empieza a coger los dulces para Bucky. En el proceso vuelve su sonrisa agradable. Natasha va al mostrador y mira a Bucky fijamente sin decir nada.
- Tengo que irme –dice Bucky mirándola.
Steve le escucha, pero no dice nada por más que quiera. Le observa ir hasta donde está con Sam.
- Siento todo esto, pero tengo que irme…
Quiere añadir algo más, pero no encuentra las palabras. Está incómodo allí.
- El encuentro con Natasha ha sido agotador… Necesito descansar.
No lo dice, pero es evidente que también necesita beber. Steve quiere decir algo, pero no le salen las palabras. No quiere que se vaya solo, pero qué puede hacer. Es evidente que Bucky no puede estar por más tiempo allí.
- Lo siento… Mañana no vengas, no creo que mañana pueda estar para tomar café Steve… pero no te preocupes. Voy a estar bien, todo lo bien que yo puedo estar claro.
Otro amago de broma.
- Sam, nos veremos la próxima vez y te compensaré por la caja de ptichie moloko que has perdido. De verdad.
Vuelve al mostrador y le da un beso a Natasha en la mejilla.
- Volveré.
Clint le pasa un par de cajitas.
- Espero que te gusten.
- Claro.
Van a terminar en el váter.
- Invita la casa, un regalo por el reencuentro –añade Clint.
- Gracias.
Antes de dar tiempo a nada más sale de allí. No es capaz de enfocar la mirada, de pensar en el camino que está tomando, si es seguro o no. Camina derecho a su apartamento sin detenerse en ningún momento. No se da cuenta, pero no está respirando apenas. No puede. Cuando ve la licorería que está a un minuto de su apartamento puede respirar de nuevo mientras pide tres botellas de vodka.
Al entrar en el piso deja las cosas en el suelo junto al sofá y busca un vaso de chupito que sólo utilizará en la primera mitad de la botella. Mira la cámara, puede hacer un vídeo, se siente con las energías de grabarse. Se sienta en el suelo y se quita las botas militares que lleva puestas, no son buenas para cuando se está arrastrando por el suelo. Va a por su bata, se siente protegido cuando la lleva. Abrigado, incluso cuando no hace falta. Al volver enciende la cámara y empieza a abrir las cajas con los dulces y la botella. Entonces mira a cámara.
- Hacía tiempo que no grababa nada -comienza a decir-. Se nota que no estoy borracho aún, ¿eh? –añade con una sonrisa-. Pero tiene fácil solución.
Se echa el vodka en el pequeño vaso y se lo bebe de golpe.
- A vuestra salud.
Mira los dulces y coge la caja para enseñarla a cámara.
- Son dulces rusos y están deliciosos, no los he probado aún, pero lo sé. Confío en la persona que los ha hecho –continúa hablando-. Se trata de una amiga, una ex a la que aprecio mucho. Es una buena oportunidad para hablar de mi pasado, no es un tema recurrente y jamás he hablado de Natasha.
Se echa otro vaso.
- Este va por ti Natashenka. Brindo por tu felicidad.
Se lo bebe.
- Jamás te he visto tan feliz como esta tarde y eso que has tenido que ver el lamentable estado en el que me encuentro. Estoy tan contento –el tono de su voz muestra que está realmente contento por ella-. No te lo imaginas, después de todo lo que vivimos juntos me alegra saber que la vida trató bien a uno de nosotros. Te lo mereces.
Se sirve otro.
- Y este por Clint, tu compañero, la persona que es parte de esa felicidad que desprendes.
Bucky lo bebe con rapidez y se sirve otro más. Mira las pastilas y coge una para enseñarla a cámara.
- Son unas pastas de fruta, esta es de manzana, pero tengo de más sabores.
Se siente enfermo mientras le da un bocado. Está delicioso. A Natasha siempre se le dio bien todo lo que hacía, la cocina no iba a ser distinta. Hay de cereza también y es la siguiente que coge, también deliciosa. Bebe un poco de vodka. Hacía tiempo que no bebía tanto vodka, durante la enfermedad de su madre bebió un poco, siempre cuando sus manos estaban demasiado temblorosas como para poder coger su mano. El vodka siempre le había calmado y sigue haciéndolo. No lo bebe a menudo, le trae demasiados recuerdos, pero tras encontrarse con Natasha es lo único que puede beber en su honor. Ella siempre bebía un poco de vodka todos los días por el frío, pero Bucky siempre supo que no era por eso. El vodka le ayudaba a descansar, le relajaba los músculos cuando nada más podía. Sin embargo, nunca la vio borracha, nunca bebía tanto como él.
- Natalia… Natasha… Natasha fue una buena amiga durante el tiempo que estuve en Rusia, todo el mundo ya sabe que mi padre murió, pero no se ha difundido demasiado la información de los orígenes de mi madre, supongo que hay cierta vergüenza… ¿Quién sabe?
En su momento tuvo algunos compañeros que le miraron mal por tener ascendencia Rusia, le llamaron comunista varias veces e intentaron gastarle algunas bromas crueles y de mal gusto que pudo evitar la mayoría de las veces.
- Aún hoy no gustan los rusos demasiado –bromea.
Vuelve a beber. Desde que experimentaron con él hay muchas cosas que han cambiado, cosas que no ha dicho a cámara aún y que teme pronunciar en voz alta, pero espera que cuando algún día alguien vea los vídeos se dé cuenta. Bebe demasiado, es un hecho y como él hay muchos, pero él no ha desarrollado una dependencia, su cuerpo no le pide alcohol cuando lleva días sin probarlo, jamás ha mostrado signos de tener mono, es su tristeza, o su indiferencia a ratos, la que le pide alcohol. Se acuerda siempre de todo, de lo miserable que es entre copas y todo lo que dice. Y para emborracharse tiene que beber demasiado. Sabe que va a terminar la botella y va a continuar con la siguiente y que sólo va a sentir un agradable hormigueo al igual que una sensación de lejanía con la realidad que muchas veces le ayuda a ir a la cama cuando está demasiado agotado como para intentar luchar por permanecer despierto.
- Tras la muerte de mi padre fui a Rusia, mi madre y yo necesitábamos alejarnos de todo lo que nos recordaba a George Barnes. Conocía el idioma porque mi madre me lo había enseñado desde pequeño, por lo que no tuve problemas en el instituto. Y allí conocí a Natasha.
Describe sus cabellos rojos como el fuego, su piel pálida y tersa, su cuerpo de curvas bien marcadas y que ella se encargaba de realzar, sus labios jugosos y sus ojos verdes que siempre guardaban un brillo triste. Natasha imponía respeto, nadie se metía con ella, nadie le decía nada desagradable y todos suspiraban por ella en la distancia. Habló de su tono cínico y comentarios sarcásticos que pronto se tornaron en susurros y sonrisas que escondían una verdad dolorosa que sólo compartió con él. Habló de la soledad que sintió al principio en Rusia al no conocer a nadie, al no entender bien la cultura y al no poder disfrutar de su madre tanto como antes por culpa del trabajo en el que se dejaba explotar para poder pagar las deudas del hospital.
- Era un desastre, pero tenía futuro. Sólo tenía que aceptar la tormentosa muerte de mi padre.
Se lo llevó un cáncer que duró demasiado. Tres años agónicos de médicos y tratamientos cada vez más duros y que mermaban la vida de su padre y la buena economía de la que siempre habían gozado ante la desesperada mirada de su hijo que no quería perder a su padre, pero tampoco quería verle sufrir así. Winifred tampoco supo lidiar con su enfermedad y alargó la vida de su padre todo lo que pudo ante cualquier mínima esperanza mientras George padecía en agónico silencio el dolor de su familia sin poder hacer nada por evitarlo, porque jamás fue una opción el rendirse, aunque habría sido lo más sensato para todos. De los tres su padre fue el único que supo aceptar su muerte y la esperó sin poder hacer nada por calmar a su esposa e hijo.
Bucky se sintió muy culpable tras su muerte. Tras ver cómo se le iba la vida a su padre, tras pensar en todo lo que había tenido que padecer y luchar una batalla perdida sólo por su madre y él, se sintió terriblemente culpable. Podría haber muerto con mucha más dignidad, con mucho menos dolor, siendo él mismo y no un hombre demasiado cansado como para respirar por sí mismo. También podría haber evitado las numerosas deudas de las que su madre tuvo que encargarse.
Fue una mala época.
- Con Natasha pude recuperarme. Nos ayudamos mutuamente. Conectamos desde el principio y nos conocimos en silencio al principio, después empezamos a compartir secretos, miedos sobretodo y aprendimos a hacernos sentir bien.
Bucky guiña un ojo a cámara, seductor. Puede ser seductor sin dar pena o miedo.
- Estando juntos éramos mucho menos miserables. Al final ella se fue en busca de algo mejor y yo me quedé junto a mi madre sin culparme más de lo necesario y aprendiendo que hay cosas que no puedo controlar. Fui feliz.
Junto a Natasha fue feliz. Encontraron algo reconfortante en los brazos del otro. Nunca se sintieron plenos, siempre supieron que su destino no era terminar juntos, no de forma romántica al menos. El sexo fue una forma de sentirse menos solos, de divertirse cuando estaban aburridos. No había una pasión real, pero en aquellos días no estaban preparados para amar a nadie románticamente. Sin embargo, llegaron a quererse mucho. Bucky aún lo hace y está seguro que Natasha también.
- Éramos un buen equipo.
Pero demasiado parecidos como para pensar en un futuro juntos.
- Brindo otra vez por ti Natashenka.
Sigue bebiendo mientras cuenta algunas anécdotas de su tiempo juntos. Ella era mayor que él y sabía moverse por algunos ambientes totalmente desconocidos para él.
- Mi madre no estaría muy orgullosa de mí, supongo que intuía un poco lo que hacía con Natasha, pero lo dejaba estar porque me ayudaba. Ella también se sentía muy culpable, pero hizo lo que yo no pude desde el principio: desahogarse, llorar y pedir perdón. Después de eso todo mejoró para ella, pero a mí me costó un poco más llegar a ese punto.
Habla entonces de la forma en la que una tarde explotó y se echó a llorar delante de Natasha y a decir en voz alta lo que siempre había temido. Tras una angustiante hora de llantos, gritos y lamentaciones pudo sacar de su organismo todo lo que le carcomió durante ese primer año en Rusia. Después de eso todo mejoró y aprendió a vivir de nuevo. Su madre volvió a ser feliz.
Entre palabras come un trozo de un pastel de Praga, también típico de allí. Alarga la mano y coge la caja que trajo Sam, también los va a probar. No para de beber y comer. Y comenta alegremente a cámara que es la primera vez que está comiendo tanto sin vomitar. Seguramente se deba a que no se siente culpable por Natasha.
Se ríe feliz a la cámara mientras sigue comiendo. Tiene nauseas, pero no las suficientes como para querer vomitar. Se termina la botella y coge la siguiente, la muestra bien a cámara, quiere que se vea bien todo lo que puede beber. Los experimentos le hicieron algo a su organismo, por eso sobrevivió, por eso bebe sin miedo a tener un coma etílico, por eso empezó a beber mientras aún se estaba medicando. Es evidente que el ejército no se dio cuenta de ciertos pequeños detalles, de ser así jamás le habrían dejado ir.
Rodeado de dulces rusos y con la botella en la mano, el vaso quedó olvidado hace demasiado tiempo empieza a cantar. Es una nana que su madre a veces cantaba, la letra es triste. Su madre siempre adoró las melodías lentas, melancólicas… Muchas veces se quedaba absorta mientras tarareaba diferentes canciones y él la escuchaba absorto también. Es uno de los pocos hábitos que heredó de su madre.
Bogatyr' ty budesh' s vidu
I kazak dushoy.
Provozhat' tebya ya vyydu —
Ty makhnesh' rukoy...
Skol'ko gor'kikh slez ukradkoy
Ya v tu noch' prol'yu!..
Spi, moy angel, tikho, sladko,
Bayushki-bayu.
Mientras canta se levanta y utiliza la botella como si fuese un micrófono. Cuando termina le manda un beso a la cámara.
- A mi adorada Rusia, tierra natal de mi adorada y amada madre, y la segunda mujer que más he amado y amaré por siempre: Natasha.
Tras eso apaga la cámara y se tira al suelo.
Fin del capítulo II
He tardado bastante en subir este capítulo porque he tenido mis dudas sobre continuar. El fic está prácticamente terminado. Lo que me ha hecho dudar es la respuesta, o más bien falta de ella. Esto es algo que hago porque disfruto, porque me gusta escribir y crear historias, y lo comparto porque creo que hay personas que lo van a disfrutar. Y cuando veo que no recibe nada, no hablo ya de comentarios, sino de kudos, dudo. Dudo de si lo estoy haciendo bien, de si realmente gusta y la gente quiere seguir leyendo. Como he dicho, esto lo hago porque disfruto, y cuando dudo no me siento bien conmigo misma, y yo no comparto esto para sentirme así.
Quizás mucha gente piense que es una estupidez, que no debería pedir nada porque al fin y al cabo hago esto porque me gusta. Y sí, lo hago porque me gusta, pero lo comparto porque quiero que más gente lo disfrute como yo. Si siento que no está llegando, que nadie lo está disfrutando no tiene sentido seguir.
Por eso voy a hacer algo que jamás pensé que haría. Si no recibo un poco más de respuesta, dejaré de subir el fic. Lo terminaré porque yo quiero saber el final, porque yo realmente disfruto escribiendo, pero no lo subiré aquí. Esto es algo a lo que he puesto mucha ilusión y le he dedicado mucho de mi tiempo y creo que esto merece más que el silencio.
Siento si hay gente que se molesta, o no está de acuerdo conmigo, pero es lo que siento y no me gusta sentirme así. Escribo por diversión y no tener nada, nada de feedback no me hace feliz.
Hasta otra!
