Disclaimer: obviamente el Capitán América no me pertenece, esto lo hago por sufrir un rato.
Por motivos de trabajo y salud he tardado tanto en subir el siguiente. No es un proyecto que vaya a abandonar, pero no podré ir rápida porque la vida es como es.
Espero que disfruten el capítulo.
Capítulo III
Cuando se abren las puertas del ascensor escuchan la voz de Bucky, está cantando algo, es sólo un murmullo, pero Steve sabe que está cantando algo. Mira a Sam, que ha decidido acompañarle, en busca de algo que le haga sentir mejor, pero no lo encuentra. Natasha se ha disculpado con ellos, pero no ha dado mayores explicaciones, Clint tampoco lo ha hecho por ella. Todo ha sido muy raro y Steve no sabe qué pensar.
- ¿Debería asomarme? –pregunta.
Sam niega con la cabeza.
- Te pidió que no lo hicieras.
Steve asiente. Sabe que le ha pedido que no lo haga, pero no está tranquilo. Siempre se ha preocupado por Bucky, por que esté a gusto, pero desde que le vio en la terraza ya no se conforma con eso, quiere que sea feliz, que se recupere, quiere conocerle mejor. Detrás de sus bromas macabras, su mirada triste hay una persona increíble. Steve le ha visto ayudar a la viuda Fischer cuando venía cargada con las compras, le ha visto pararse a ayudar a un joven tras caerse del monopatín, le ha visto aprobar cada victoria por una sociedad más justa e igualitaria. Bucky es amable, jamás ha cometido una falta de respeto, ni se ha reído jamás de él cuando le ha contado que quería enlistarse, no habla de sus parejas nocturnas de forma despreciativa, ni peyorativa. Es una buena persona. Y Steve quiere ayudarle.
- Steve, sé que estás preocupado por él, pero ten cuidado.
- ¿A qué te refieres?
- A que te estás involucrando demasiado.
- Sigo sin entenderte.
Sam parece dudar, pero no añade nada más.
- Cuando le veas salúdale de mi parte.
Steve asiente antes de despedirse y entrar en su casa. Tras dos minutos siente la imperiosa necesidad de salir e ir a la casa de Bucky, pero se contiene. Se habría conformado con quedarse sentado en la puerta de su casa, pero no lo hace. ¿De qué serviría escucharle cantar? De nada. Sólo lograría parecer un loco.
Se sienta en su estudio y empieza a dibujar. Durante toda la tarde se ha estado fijando en él sin poder evitarlo, ha intentado memorizar algunas de sus expresiones. La genuina sorpresa al ver a Natasha, la pena, la confusión, la alegría triste que le ha abordado. Está acostumbrado a verle tan miserable que ha sido muy raro el poder observar otras emociones.
El primer boceto de Bucky es riéndose, no puede olvidar esa risa agónica que ha congelado a todo el mundo. Steve casi ha sentido ganas de llorar, incluso Clint ha dejado su pose despreocupada y le ha mirado preocupado. Sam también ha reaccionado, no le ha dicho nada, pero sabe que le ha dejado mal cuerpo. Y lo peor es que nadie ha sabido qué hacer o decir para hacerle sentir bien. Todos se han quedado mirando sin poder hacer nada y al final Bucky se ha ido solo, ha huido de su compañía para encerrarse en su casa… Steve no quiere pensar en su estado.
Steve se fija en los trazos del dibujo, en cómo se van formando sus ojos con esa expresión desquiciada y triste al borde de las lágrimas. Sam no lo ha dicho, no claramente, pero piensa que debería explotar, debería llorar y soltar toda esa rabia que siente, esa pena, que maldiga a quien sea y expulse de su organismo todo aquello que le carcome. Steve no estaba seguro de si quería ver eso hasta esa tarde, ahora sabe que tiene que ocurrir y desea estar a su lado para reconfortarle cuando lo necesite, para que no esté solo.
Al ver el boceto lo arranca del cuaderno y vuelve a empezarlo. Utiliza colores, va probando lápices para encontrar los tonos correctos. Los ojos es lo más difícil, No sólo por ese color azul hielo que poseen, sino también por esa sombra de melancolía que no le abandona y esa forma desenfocada de mirar que tiene Bucky cuando está en una situación tensa, o desagradable… y además en ese instante había desesperación en ellos. Es difícil hacerlos correctamente. Hace miles de intentos alrededor del dibujo, bocetos, trazos hasta que consigue lo que quiere.
No sabe por qué ha decidido dibujar precisamente a Bucky en ese estado, no está seguro. Quizás porque es cuando peor le ha visto, mucho peor que aquella noche en la terraza. Quizás porque espera dibujar algún día a Bucky riendo de verdad para comparar y ver todo el camino recorrido. Pero no lo sabe con certeza. Una parte de él tiene miedo que ese sea el recuerdo más potente que Bucky le dé, teme que lo único que pueda ver de él sea tristeza y desesperación, que jamás pueda verlo fuera de esa niebla que es su depresión y en la que parece muy cómodo viviendo. Pero incluso si sólo es eso lo que puede tener de Bucky lo quiere. Se conforma con cualquier cosa de ese hombre roto al que no sabe cómo puede ayudar.
Poco a poco el dibujo toma forma y son más que unos ojos, más que unos cabellos despeinados, unos labios tensos, más que una mueca doliente y escalofriante, hasta ser Bucky en el momento exacto que algo más de su mundo se rompió, algo que necesitaba ser destruido y que le ha dejado más al borde del abismo, de ese abismo al que tiene que saltar para liberarse de esa penumbra en la que vive.
Le dedica horas sin descanso. Sus manos se mueven con rapidez, los lápices vuelan de un lado a otro de la mesa. Hay migas de la goma alrededor de la hoja entremezclados con restos del sacapuntas. El tiempo pasa fugaz, pero no le importa. Esto, recordar ese instante es importante. A su lado traza las letras para componer la onomatopeya de su risa desquiciada. Cuando lo termina lo observa con detenimiento.
¿Qué pensaría Bucky de lo que ha hecho? ¿Qué le diría si lo viese? ¿Se lo reprocharía? ¿Bromearía? ¿Se quedaría en silencio? ¿Reaccionaría de una vez para salir de esa miseria? ¿Lucharía por que nadie viese nunca más algo así? ¿Se encerraría en su casa?
No sabe cómo reaccionaría, por eso lo guarda en una carpeta. Lo guarda junto a los dibujos de su madre. Esa es una carpeta especial, dedicada a aquellas personas que más aprecia, o ha apreciado. La mayoría son dibujos de Sara, su madre, pero también hay varios de Peggy y alguno de Sam. Ahora le ha llegado el momento a Bucky, él es una persona importante en su vida. De alguna forma lo es.
Es tarde, o muy temprano cuando se va a la cama. Aún está preocupado por Bucky, pero no sabe qué hacer. Podría ir a su apartamento, asomarse para ver si está bien, pero luego qué. Si Bucky está despierto y le ve qué puede hacer. No sabrá que decir y Bucky bromeará sobre el hecho de que está vivo, hará una extraña alusión a que no ha bebido hasta morir y Steve no sabrá qué hacer.
No se duerme inmediatamente, casi ve amanecer. Cuando consigue dormirse tiene un sueño intranquilo. Sueña con Bucky, con sus ojos azules y tristes. Sueña con enterrar sus dedos entre sus cabellos y peinarlos hacia atrás para que no le nieguen la visión de sus ojos. Sueña que se pierde en su mirada y que, por primera vez en su vida, sabe qué decir para verle sonreír. Sueña que sus labios se curvan en una tenue sonrisa, una agradable y sincera. Sueña que sigue hablando y consigue que le muestre sus dientes y se ría, y en sus sueños es un sonido armonioso y lleno de paz. Sueña que sus labios se encuentran, que los dedos metálicos de Bucky le despeinan mientras con la otra mano le agarra por la cintura y sus cuerpos chocan. Sueña con su lengua recorriendo su piel, con su respiración entrecortada y los gemidos que escapan de entre sus propios labios. Sueña que recorre su cuerpo con sus manos…
Cuando despierta todo el sueño está cubierto con una espesa niebla y sólo le queda la sensación de haber soñado con él, de haber sido felices en ese sueño. Recuerda su risa, pero nada más. Steve se lamenta de no tener mejor memoria para los sueños.
Se levanta de la cama y va al baño con la sensación de no recordar lo más importante. Ha sido un sueño agradable, pero no está seguro de qué ha pasado. Tiene el leve recuerdo de una sonrisa y la sensación de unos dedos en sus cabellos, pero nada más.
Cuando esa tarde sale a visitar a Sam al centro de veteranos se detiene unos segundos en la puerta de Bucky. Quiere saber si está bien. Lleva una mochila al hombro con cuadernos y lápices. Podría dejarle una nota, no es algo invasivo, no va a generar una situación que tenga que enfrentar inmediatamente. Antes de intentar ver algún aspecto positivo o negativo más, ya tiene la mochila en el suelo y un cuaderno en sus manos.
No me pude despedir bien ayer, ojalá todo vaya bien.
Te he echado de menos mientras tomaba el café.
Espero verte mañana a la hora de siempre
Xoxo
No sabe si está bien lo que ha escrito, pero es sincero. Lo pasa por debajo de la puerta y se va con el deseo de que a Bucky no le moleste.
Nada más llegar Sam le recibe con una sonrisa.
- No sabía si vendrías hoy.
- Claro que sí, te dije que vendría.
Sam suspira.
- ¿Le has visto?
Steve niega con la cabeza. Sam espera que diga algo más, pero Steve no lo hace, no le cuenta que le ha dejado una nota.
- Mañana le veré.
- Espero que esté bien.
Bien es un término relativo cuando hablan de Bucky, siempre que piden que esté bien, quieren decir que no esté peor. A Sam le cae bien el muchacho, y quiere que se recupere, y más tras ver el empeño de Steve por ayudarle. Sam no es idiota, nunca lo ha sido, siempre ha estado un par de pasos por delante de Steve en lo que a emociones y sentimientos se refiere. Y le preocupa lo que está viendo, Steve se preocupa demasiado, está poniendo demasiado corazón. Le escucha hablar de Bucky, lo lleva haciendo desde que se mudó al apartamento de en frente. Al principio era normal, siempre ha querido hacer bien al mundo que le rodea, pero poco a poco está viendo gestos, miradas, suspiros… Y le preocupa. Bucky es un buen hombre, pero no está en un buen momento de su vida y Sam teme que Steve se deje arrastrar, o quiera obligar a Bucky a dar unos pasos que no quiere dar, que no está preparado a dar.
Es una situación delicada y Steve no sabe lo que está haciendo, ni dónde se está metiendo. Sam teme por los dos. Los dos se pueden hacer daño llegado el momento. Pero también se pueden hacer mucho bien.
- Yo también.
Steve pasa la tarde con Sam en el centro y va a una de sus reuniones en la que la mayoría le conoce y le saludan contentos de tenerle por allí. Entre saludos y sonrisas Steve se pregunta cuánto bien le haría a Bucky venir aquí. Podría compartir sus vivencias y quizás podría ver que no es el único herido que vuelve a casa. Podría dejar de beber tanto y dejar de sentirse tan solo.
- ¿Crees que debería convencer a Bucky para que venga? –le pregunta a Sam cuando están saliendo.
- No creo que sea una buena idea.
Su respuesta le extraña. Sam siempre dice que los veteranos deberían venir allí en busca de ayuda y eso es lo que más necesita Bucky. Antes jamás se había planteado el decirle nada porque no se conocían, pero ahora es distinto, quizás podría convencerle.
- ¿Por qué?
- Porque él no quiere.
- Claro, por eso te digo que podría convencerle.
- No lo hagas Steve, él no quiere ayuda.
- Pero la necesita, siempre lo estás diciendo.
Su tono muestra que está molesto y que hay algo que no entiende.
- Steve, nadie está aquí si no quiere estar aquí. Quienes vienen es porque quieren, porque entienden que van a encontrar un camino para rehacer su vida.
- Ya, pero Bucky no puede seguir así. Sam, tú no lo ves… Está realmente mal.
- Steve veo gente como él aquí todos los días.
- ¡No lo entiendes Sam!
Bucky no es como lo demás. No es como Maggie, o Clark, o Bryan, o Hanna, o cualquiera de los que están allí.
- Yo puedo convencerle para que venga, para que le ayudes.
La mirada dulce de Sam se endurece, pero al replicarle lo hace con calma, aunque con decisión.
- ¿Quién eres tú para convencerle Steve? No eres nadie, sólo un vecino con el que se habla, un amigo quizás, pero al que aún está conociendo. ¿Por qué te iba a escuchar? ¿Porque te preocupas por él? –la voz de Sam es dura, pero en ningún momento cruel-. No eres nadie Steve, no puedes convencerle u obligarle.
Sus palabras resuenan en su mente. "No eres nadie". Es cierto, no es nadie para Bucky, sólo un buen vecino. Pero si le habla de venir aquí será porque se preocupa por él, no hay nada de malo en eso.
- Si lo haces sólo vas a conseguir que se enfade, que se esconda. No quiere saber nada de este sitio. Y tú no puedes obligarle a hacer algo que no quiere.
Sam suspira y se le ve incómodo de repente.
- ¿Te acuerdas de aquel incidente en el que un hombre saltó por la ventana cuando Jack le llevó casi a rastras a una reunión?
Steve asiente temiéndose lo que va a decir.
- Él era ese hombre.
- ¿Bucky?
- Sí.
- ¿Por qué no me lo contaste?
- Porque hay datos que no me siento cómodo compartiendo.
Hay mucho que Sam no le cuenta, que decide no contarle. El día que le habló del incidente lo hizo criticando a Jack por querer obligarle a ir. Ahora Steve entiende el empeño de Jack por hacerle ir, tener al héroe del brazo de metal y ayudarle es algo de lo que sentirse orgulloso y por lo que podría recibir un agradecimiento oficial por parte de algunas altas esferas.
- Bucky no quiere estar aquí, y es mejor que no intentes convencerle, no todavía. Él dirá cuando es el momento de empezar a recuperarse.
Steve permanece en silencio varios segundos. Es frustrante lo poco que puede hacer por él. Es frustrante verle ahogarse y no pedir ayuda. Es frustrante que lo poco que puede hacer por él no sirva para mucho.
- Es frustrante.
- Lo sé, yo he estado en tu posición y sé lo que duele.
Salen a la calle y Steve se sube la cremallera de su chaqueta, cada vez el frío se nota más. No es demasiado agradable.
- Y ahora vamos a cenar, porque no sé tú, pero yo me muero de hambre.
Sam le sonríe y Steve no puede hacer otra cosa que corresponder el gesto. Es una habilidad que tiene Sam y que funciona con todo el mundo.
Durante la cena evita hablar de Bucky, es mejor intentar alejar el tema de su mente. Sam hace fácil esa misión. Hablan de su trabajo, de cómo marchan sus pedidos y lo contento que están sus clientes que vuelven a él. A veces es agotador estar dibujando durante horas por obligación y le falta tiempo para relajarse dibujando lo que realmente quiere, pero no se queja. La vida le va bien y poder vivir de su arte es un sueño hecho realidad.
Al terminar de cenar va a su piso. Cuando pasa delante de la puerta de Bucky se pregunta si habrá visto su nota, pasa de largo evitando detenerse. Todo está en silencio. Se pregunta si habrá salido. Abre la puerta de su apartamento y se encuentra con un trozo de papel. Es de Bucky. Se fija en su letra, parece de caligrafía. Jamás habría esperado que la letra de Bucky fuese tan perfecta. Sus trazos son finos y alargados, no es una letra puntiaguda ni excesivamente redonda, además de muy elaborada. Es una letra ordenada e increíblemente limpia; todas las letras de una palabra están unidas y son del mismo tamalo. Piensa en su letra separada y desigual, y siente un poco de vergüenza. Comparada con la letra de Bucky, la suya es como la de un niño de seis años.
Demasiadas emociones al reencontrarme con Natasha. Mañana nos veremos, no pienso faltar. Yo también he echado tu compañía.
Bucky xx
"Siento mucho lo de ayer". No lo ha escrito, pero esas palabras se ven claramente en la corta nota. Steve mete la nota en el cajón de su mesita de noche y va a la cama con una sonrisa que no le abandona en sus sueños.
A la mañana siguiente ve a un hombre salir de su casa. Es muy temprano y necesita hacer varias compras, y decidió desayunar por el camino para terminar antes. No esperaba encontrarse a ese hombre saliendo de la casa de Bucky. Se miran durante un segundo, es una situación incómoda.
- Buenos días –dice en un estúpido intento por mejorar el ambiente.
- Buenos días –murmura sin mirarle.
Cuando llega el ascensor los dos entran. Es un hombre delgado, casi tan alto como Bucky supone, de cabellos castaños. Es mono. Cuando se baja a toda prisa Steve le observa alejarse y siente un retortijón en el estómago. Le duele ver que Bucky sigue recurriendo a otras personas por no sentirse tan solo, cuando él está ahí. Entiende que no puede darle exactamente lo que busca en esas personas, pero él está ahí, a su lado. Es frustrante no saber qué hacer.
Sale del edificio y se coloca bien la mochila que lleva. No tiene que pensar en eso, de alguna manera ayuda a Bucky y no puede juzgarle por ello. Si el que se acueste con desconocidos le ayuda a beber menos, o a sentirse un poco más acompañado, o lo que sea que sienta, no le corresponde decir nada sobre ese asunto. Sam se lo dijo ayer, él no es nadie todavía para Bucky, pero quizás con el tiempo pueda ser algo más que un vecino y quizás pueda intentar comprenderle mejor, preguntarle y aconsejarle.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Bucky mira a Steve y se siente aliviado al ver que todo está bien, que lo ocurrido en la cafetería no ha cambiado la forma en la que Steve le mira. No habría sabido qué hacer en caso contrario. No lo demuestra demasiado, mejor dicho, no sabe como demostrarlo, pero le preocupa la relación que tiene con Steve. Es una de las pocas cosas agradables que tiene en su vida y no quiere perderlo. Con él se siente menos solo y miserable, y olvida todo lo perdido a su lado. No se preocupa de no poder ser él mismo, de haberse perdido a sí mismo en su captura. No tiene que esconder lo que es, Steve le acepta, y no quiere perder eso.
Steve es una parte nueva de su vida, una de la que no se avergüenza y no quiere cambiar. Y después de lo ocurrido con Natasha podría haber perdido mucho, podría haber roto lo que tiene con Steve y volvería a estar solo. No piensa que moriría, hace falta mucho más para matarle. No moriría de pena, ni desearía morir, no más de lo que ya lo hace; pero sería perder una parte de su vida. Perder a Steve se sentiría como perder un brazo, se puede vivir sin él, pero nada vuelve a ser lo mismo. Y él sabe de lo que habla.
- He estado aquí algunas veces, y siempre he querido preguntar –dice Steve mirando a la cámara que está en la esquina.
Siempre que viene Steve a su casa la quita de en medio.
- Hago grabaciones a menudo –contesta resuelto.
- ¿Grabaciones?
Quizás debería pensar que lo que va a decir a continuación es estúpido, pero no le importa. Esas grabaciones que hace son importantes y servirán para poner en su sitio a muchas personas que no le han dejado volver a su vida normal. Entre ellas Alexander Pierce que tan bien se ha encargado de que tenga que callar todo lo que ha vivido y que, si no ha podido ponerle las manos encima a ese brazo metálico, es porque era un caso demasiado público como para que nadie se diese cuenta de que estaban experimentando con él sin su consentimiento.
- Sí, para cuando algún día todo salga a la luz y hagan un documental o una película.
Quizás suene estúpido para Steve, pero es algo en lo que él ha puesto sus esperanzas.
- ¿Van a hacer una película de ti? –pregunta incrédulo Steve.
- Por supuesto.
- ¿Cómo lo sabes con tanta seguridad?
Bucky sonríe y el gesto es bastante sardónico.
- Algún día harán una película sobre el primer hombre con un brazo de metal que sobrevivió a torturas y experimentación para volver a casa como héroe –hace una pausa dramática-. Para después caer en la bebida, ser un ermitaño y morir solo.
Nota como Steve se remueve nervioso en su sitio. Ha vuelto a hacerlo, ha vuelto a hacerle sentir incómodo. Es una mala costumbre que tiene. Es una costumbre que le ayuda a lidiar con sus demonios, que los ridiculiza y hace que todo parezca menos grave, un asunto de risa, incluso con un tema tan delicado como el del suicidio y las ganas de morir que siente demasiado a menudo. Le gustaría no hacerlo más delante de Steve, pero no puede evitarlo, antes de pensarlo ya lo ha dicho. Y sabe que es algo muy desagradable visto desde fuera.
- Perdona, sé que no es algo que quieras escuchar.
- A lo mejor no mueres solo –replica Steve ignorando su disculpa.
La voz de Steve apenas llega hasta sus oídos y teme no haber escuchado bien.
- ¿Qué?
- Sé que no… bueno… yo…
No hace falta que diga más para que entienda lo que quiere decir.
- Gracias –le corta con una suavidad impropia de él esos días-. Cuando empecé a hacer grabaciones daba por sentado que moriría solo y sin que a nadie le importase –admite sin demasiado dolor-. Gracias por estar aquí ahora, eso lo haría muy poca gente en la vida. Sólo los buenos amigos harían eso.
Steve le mira y le sonríe. Es una sonrisa que ilumina sus ojos y que Bucky adora y envidia por igual. Le gustaría sonreír con la sinceridad con la que lo hace Steve.
- ¿Eso es lo que somos? ¿Amigos?
- Por supuesto.
La sonrisa de Steve se ensancha y Bucky piensa que es lo más bonito que ha visto en mucho tiempo. La sonrisa de Steve es un gesto que dulcifica su rostro huesudo y siempre ilumina su mirada azul. Es un gesto que le transmite paz y cierto grado de seguridad que echa en falta la mayoría del tiempo. No le devuelve la sonrisa, es consciente de que va a distorsionar su cara en un gesto triste que nadie quiere ver. Así que se limita a mirarle sin ser consciente de que su rostro ha abandonado un poco ese aire sombrío que siempre le acompaña.
- ¿Has hablado de mí alguna vez?
- Alguna vez –acepta-. Pero no pienso enseñarte nada, no es algo agradable de ver, la mayoría del tiempo estoy borracho… y no son cosas que nadie quiera escuchar.
Con Steve no vale la pena esconder ese hecho.
- Lo grabas para una película.
- Bueno, en el cine todo es más suave y hay cierta lejanía con la realidad. Y si hacen un documental pues sólo pondrán las escenas menos… duras.
Casi puede sentir la curiosidad de Steve sobre las grabaciones. No va a enseñarle ninguna, pero puede hablarle un poco más si quiere, no es algo que le importe demasiado. Además algún día tendrá que dárselas a alguien para que se encargue de que llegan a algún sitio y su historia se hace pública.
- También salgo yo cantando. Es estúpido, pero me relaja y así no lo joderán en mi película cuando salga alguien cantando, que por supuesto debe cantar como los ángeles.
- Tú no cantas como los ángeles Buck.
Bucky le mira seriamente.
- Canto mejor que los ángeles.
Steve se encoge de hombros. Bucky sabe que es una estrategia para que cante, Steve sabe que canta bien, algo ha tenido que escuchar algún día o noche. Y quizás lo haya hecho borracho y al borde de las lágrimas con la voz rota, pero canta bien.
- Lo que digas –añade sin mirarle.
- Me has escuchado, sé que me has escuchado.
- Bueno, no muy bien…
Antes de poder pensar en lo que va a cantar ya está de pie cantando. No sabe por qué ha escogido esa canción exactamente. Esa película le recuerda a sus padres, a los dos les gustaba verla y tiene en alguna parte el disco en vinilo junto al lector en alguna caja. No ha sacado los discos de música porque le recuerdan demasiado a su madre, a su padre y a todo lo que era bueno en su vida. Estará junto a las películas que tampoco se atreve a ver. Observa la cara de Steve mientras canta, está asombrado, aunque no sabe si es por su voz o porque reconoce exactamente de dónde procede la canción. La película es de hace años, antes de que él naciese, sus padres fueron al cine a verla, a un pequeño cine. A los dos les gustaba la música de esa época y se la ponían desde que era pequeño y no comprendía lo que estaba escuchando. Canta durante un minuto y después se vuelve a sentar.
- ¿Acabas de cantar algo de Jesuschrist superstar?
Bucky asiente.
- Tiene una banda sonora excelente.
- Eres un friki.
Jamás ha cantado algo así delante de nadie, excepto de sus padres que le aplaudían alegres. Durante la adolescencia le dio vergüenza que la gente supiese que le gustaban películas como esas, o que escuchaba grupos de esa época, mucho más cuando estuvo en Rusia y no conocía ninguna canción rusa, excepto nanas, estaba bastante señalado. Natasha supo que le gustaba, estuvo en su casa y vio algunos pósters colgados en la pared que indicaban bastante sus gustos, a Natasha también le gustaba ese estilo y ella le enseñó algunos cantantes soviéticos que podrían resultarle interesantes.
- Solíamos verla durante la pascua.
Los ojos de Steve se abrieron desmesuradamente.
- No lo puedo creer.
- Es una buena película, que además conoces lo suficientemente bien como para saber qué era lo que estaba cantando.
- Es difícil no saber, incluso aunque jamás la hayas visto.
- Dime que la has visto.
Steve mira hacia otro lado.
- No puedo creer que no la hayas visto.
- De pequeño era más de películas Disney –se escusa.
- Espero al menos que te las hayas visto todas.
- Todas y cada una de ellas. Aunque no lo creas por mi cuerpo atlético –dice con tono sarcástico-, de pequeño enfermaba bastante a menudo y me tenía que quedar en casa. Así que era una buena forma de pasar el rato. Mis primeros intentos en el mundo del arte eran personajes Disney.
- Bueno, algo es algo. Aunque tienes que ver esa película.
Bucky asiente. De alguna forma se está convirtiendo en la tarde más amena y distendida que jamás han tenido. Se siente positivo al ver que puede lograr cosas así. Con Natasha no fueron las cosas del todo mal y hoy con Steve todo va mejor que nunca pese a la espantada del día anterior. De repente se siente positivo.
- Creo que mañana iré a ver a Natasha –comenta.
- ¿Vas a la cafetería?
- Sí, le dije que iría a verla y es lo que voy a hacer. Puedo darle mi número de teléfono.
Se levanta y coge el móvil de una estantería. No tiene batería, lo que es normal, lo utiliza muy poco, prácticamente nada. Pero quizás sea el momento oportuno de empezar a utilizarlo. Va a otro mueble y saca del cajón el cargador del móvil.
- Lo compré nada más salir del hospital, última tecnología, pero tras dos llamadas de oficiales y otra de un operador que sólo quería venderme quién sabe qué cosa, no lo he vuelto a coger.
- Supongo que no te sabes ni tu número.
- Que va, durante mi tiempo en cautividad me entrenaron para recordar números y palabras –dice casualmente encogiéndose de hombros.
Le entrenaron para muchas cosas, entre ellas a recordar mejor cosas como códigos, o mensajes en clave. Bucky siempre ha tenido la impresión de que querían entrenar a un súper soldado, pero es algo que no se va a parar a averiguar. Bastante tiene en lo que atormentarse. Cuando mira a Steve nota que está intentando no mostrar lástima y tomarse ese comentario como algo sin importancia.
- Puedo darte mi número si quieres.
- Oh…
- Habría sido lo más normal si lo piensas bien.
- ¿El qué?
- Que te hubiese dado mi número de teléfono en vez de la llave de mi apartamento.
Steve pone una expresión rara.
- ¿Quieres la llave o…?
Bucky le hace un gesto con la mano para dejarlo pasar.
- Nah… quédatela, quién sabe si algún día la vas a necesitar.
No especifica para qué, aunque está a punto de hacerlo. Está a punto de bromear sobre su muerte. Es algo que le cuesta evitar, pero lo consigue en esta ocasión. Se siente orgulloso de eso. Le da el número y Steve queda en enviarle un mensaje más adelante cuando tenga su móvil funcional para que también tenga el suyo.
- Podrías decírmelo simplemente, tengo buena memoria –no puede evitar decir en esa ocasión.
Pero Steve no muestra ninguna inconformidad, quizás haya sido lo suficientemente vago e inofensivo.
- Prefiero mandarte un mensaje.
- Lo que digas.
Efectivamente cuando Steve se va de su casa con la promesa de enviarle un mensaje a lo largo de la tarde, Bucky sólo tiene que esperar hasta la noche, cuando su móvil está encendido y él está peleándose por entenderlo, para recibir un mensaje de Steve. Es una foto de una taza de café con el nombre de Steve en ella y unas frases cortas que indica que va a tener que trabajar gran parte de la noche. Bucky sonríe sin darse cuenta. Es un gesto dulce que no le abandona mientras le contesta.
Van a ir juntos a ver a Natasha, quizás Sam les acompañe, no le importa demasiado. Ver a Natasha le aterroriza por una parte, de alguna forma ella piensa que sigue siendo el mismo, pero pronto se dará cuenta de que no, de que es una sombra, una vaga ilusión de lo que un día fue. Pero por otra… oh, por otra parte es Natasha, es una parte brillante de su pasado, algo bueno a lo que poder aferrarse y poder auto engañarse para seguir adelante. Natasha representa todo lo bueno que algún día tuvo y Bucky adora aferrarse a su pasado y rememorarlo lleno de culpa. Lo lleva haciendo meses a través de canciones y dulces rusos, vomitando en el baño, retorciéndose en el suelo; quizás con Natasha consiga hacerlo sin tanto dolor de por medio. Además Steve está con él, y estando a su lado todo parece un poco mejor, como si no hubiese nada que esconder, como si no fuese un fantasma.
No duerme esa noche. Sabe que si duerme esa noche sólo tendrá pesadillas, no está lo suficientemente agotado como para poder caer en un sueño oscuro en el que no hay imágenes, ni recuerdos. Si en algún momento le asola el cansancio o el aburrimiento, se da lentos y retorcidos pellizcos que le ayudan a despejarse. Piensa en las camisetas de manga larga que siempre lleva, todo el piso piensa que es para que nadie le vea el brazo de metal, y están en lo cierto sólo a medias. Lo cierto es que la otra mitad es para que nadie vea su brazo derecho lleno de moretones de distintos colores que pasan del negro a un tono amarillento de lo más desagradable de ver. Es una persona considerada.
Decide salir a la terraza. No coge ninguna botella antes de irse de allí con su llave metida en el bolsillo de su bata. Al llegar se acerca hasta el bajo muro que hay y se asoma para ver la ciudad de New York, tan brillante y llena de vida. Piensa en cómo podría haber sido todo si jamás hubiese ido al ejército, si jamás le hubiesen torturado. A veces le gusta recrearse en un universo en el que es una persona completa. Él tendría un trabajo estable como traductor, maneja a la perfección varios idiomas que son importantísimos hoy en día, por lo que no le faltaría trabajo. Se habría encontrado con Natasha, están destinados a encontrarse para poder ver que los dos han conseguido salir adelante pese a todo. Y allí habría conocido a Steve. Clint se habría hecho amigo suyo desde el principio y después Natasha habría descubierto sus dibujos y le habría pedido alguno para su cafetería, y en ese momento se habrían conocido porque él no habría podido evitar ir a conocer a un artista tan talentoso que está dispuesto a ayudar a su amiga. Y así habrían empezado a hablar. Alguna tarde habría conocido a Sam y habría alabado su trabajo c ayudando a la gente. Habría conversado largamente con Steve todas las tardes que coincidirían hasta que un día le pediría una cita…
Una cita.
Bucky se detiene en ese instante. Le habría pedido una cita. Eso es lo que habría hecho de ser un hombre completo, de ser Bucky y no el fantasma que es ahora. Le habría pedido una cita y habría tenido un mundo que ofrecerle para que aceptara. Habría bromeado y habría flirteado descaradamente sólo por verle sonrojarse. Habría hecho todo eso porque Steve le habría gustado.
De repente es consciente de que Steve no sólo le gusta. Bucky aprecia su tiempo juntos, se preocupa por él y por que lo pase bien a su lado, pese a que la mitad del tiempo no lo consiga entre bromas de mal gusto. Se esfuerza por mostrar la parte de sí mismo menos rota, la que está más completa y se parece a aquel Bucky que inició una carrera con una sonrisa y la seguridad de que va a comerse el mundo.
Se está enamorando de Steve.
Es una afirmación fácil de aceptar. Seguramente es el sentimiento más noble que ha tenido desde que volvió. Está enamorado de él, es un hecho. Steve es, ante todo, buena persona, es respetuoso y educado en exceso. Steve es demasiado bueno para ser real. Es todo lo bueno que hay en el mundo, tiene todo lo necesario para lograr todo lo que se proponga, es valiente y tiene arrojo, es justo y luchador. Su mayor defecto es que no sabe rendirse. Le ha escuchado hablar demasiado sobre peleas en las que se ha metido desde niño por defender derechos y causas justas, aún cuando la otra persona le sacaba dos cabezas. No sabe rendirse, y es por eso que ahora está allí pensando en él.
Si Bucky jamás hubiese ido al ejército ahora mismo se estaría riendo y pensando en lo afortunado que es por tener a alguien así a su lado, estaría pensando en tirarse al vacío y le pediría una cita. Pero fue a la guerra y no es, por tanto, ese Bucky.
- Oh… joder.
Se maldice mentalmente. No puede pedirle una cita, no debe hacerlo. Steve es mejor que él y se merece una persona que pueda ofrecerle el mundo. Bucky no puede ofrecerle nada. No tiene ni su propia vida para ofrecérsela. No tiene una mierda. Sólo botellas vacías y pesadillas. Y una risa angustiosa y retorcida que muestra dolor y desesperación. No tiene nada que poder darle, ni una sonrisa que no provoque dolor.
Se cubre la cara con las manos con fuerza. Le cuesta respirar, la palma de sus manos están obstruyendo el paso del aire, pero no las retira, de hacerlo se echaría a llorar. Está jodido. Está perdido.
Bueno, piensa mientras curva sus labios es una sonrisa desfigurada, no pasa nada. ¿Qué importa que él esté enamorado? No significa nada. Sólo implica que puede amar, que aún no ha perdido esa capacidad. Más allá de eso, no significa nada. No tiene que hacer nada, decir nada. Puede disfrutar de su amor, de la compañía que Steve le otorga hasta que se acabe, hasta que sus caminos se separen. Puede disfrutar de unas migajas de su tiempo sin desear nada más. Así está bien. Bucky está bien sólo con eso. Pedir más sería ser egoísta. Decirle lo que siente, sería ser egoísta.
Así todo está bien.
Se deja caer al suelo con brusquedad. Debería haberse subido una botella. La ebriedad le habría ayudado a soportar la verdad mucho mejor. Es un hombre roto que puede amar, pero no debe recibir amor. Estaría mal. Steve le ofrecería el mundo, mientras él le ofrecería un cofre lleno de demonios. No puede hacerle eso.
Mira el cielo. Las luces de la ciudad no le dejan ver las estrellas. Piensa en Rusia, las noches tirado en la hierba junto a Natasha viendo las estrellas, pidiendo deseos como dos idiotas. ¿Cuántas veces deseó la felicidad de ella? En aquellos días le dio el mundo a Natasha. Ella también le ofreció el suyo, pero no supieron qué hacer con lo que le ofrecía el otro. No era el momento, tampoco eran los sentimientos adecuados. Ojalá hubiese estrellas en el cielo de New York, así podría desear por Steve, podría desear por poder ofrecerle algo también. Pero no hay estrellas en New York. Y quizás sea mejor así, la esperanza hay que mantenerla a raya.
Se levanta y va a su piso a beber. Necesita beber, necesita revolcarse en su mierda sin sentirse tan miserable. Tiene Whisky escocés. Coge la botella, pero no vasos, no los va a necesitar. Empieza a beber largos tragos. Lleva horas sin comer, por lo que el alcohol hará más efecto.
Mañana verá a Natasha y llevará mala cara, pero no le importa. Es mejor que le vea así y se quite de la cabeza esa estúpida idea de que sigue siendo el mismo. Quizás debería ir borracho, dando tumbos y riéndose de su triste realidad. Podría hacerlo, es algo sencillo, empinar el codo siempre es sencillo. Se ríe y empieza a tararear una canción de Elvis, es apropiada para la situación.
Enciende la cámara y la mira fijamente unos segundos antes de empezar a hablar. Es difícil sincerarse a veces, aunque sólo sea a una máquina.
- Cuando me enamoré por primera vez, me alegré de que fuese de Natasha. Ella siempre ha sido una buena persona y amarla fue una bendición, no era el mejor momento para ninguno de los dos, pero fue bonito… fue especial. En aquellos días el amor era algo precioso.
En aquellos días todo era una oportunidad para crecer, para aprender.
-Cuando me di cuenta me reí como un idiota y la besé lentamente. La había besado muchas veces antes, pero no como esa. Fue algo nuevo.
Recuerda ese beso perfectamente. Ha besado mil veces a Natasha, pero ninguno fue como ese.
- Fui feliz –suspira con resignación-. Hoy me he dado cuenta de que vuelvo a estar enamorado. Quiero ser mejor, quiero mostrarle que puedo ser mejor de lo que soy –dedica una amplia sonrisa a cámara que muestra toda la pena que siente-. Es evidente que no soy feliz ahora.
Nota que se le agolpan lágrimas en los ojos, pero las retiene.
- Steve es una buena persona, un buen vecino. Siempre sonríe, siempre tiene tiempo para dedicar unas palabras amables. Es bastante nervioso y siempre quiere hacer lo correcto, aunque le perjudique. Siempre tiene ganas de ayudar.
Se detiene y deja de mirar a cámara. ¿Cómo explicar cómo es Steve? ¿Cómo hacerle comprender al mundo cómo es?
- Tiene un cuerpo escuálido, pero no dudaría en meterse en una pelea con alguien que fuese el doble que yo si hace algo malo; si intenta abusar de alguien o agredirla. No se lo pensaría dos veces. Se lanzaría y no le importaría que le pegase una paliza. Él es así.
Bucky era así antes. Era popular, siempre estaba rodeado de niños, pero no le gustaban los abusones, se peleaba con ellos, aunque con mejores resultados que Steve. Ahora todo le da un poco igual supone. No tiene energías para nada.
- Quería apuntarse al ejército para ayudar a la gente, pero no pudo: demasiadas enfermedades… Me alegro por ello.
No hay un atisbo de duda o pena en su voz. Steve le ha hablado de sus enfermedades, de su asma y lo mal que lo pasó en gimnasia, de sus fiebres y las veces que cogió una neumonía. Steve habla de su infancia y juventud con cierta pena hasta que conoció a Sam, lo pasó mal, pero a Bucky no le importa. Ahora Steve está bien, y no ha tenido que pasar por el ejército. Si Steve escuchase esto se enfadaría, se pondría rojo de la ira y todo, pero es lo que Bucky siente y no puede evitarlo. Sin embargo, siente la necesidad de disculparse con Steve por alegrarse.
- Steve –dice su nombre con suavidad-, siento que tengas asma, que hayas pasado por todo lo que has pasado, y enfermes con relativa facilidad… lo siento de veras –se disculpa con sinceridad-, pero… pero no puedo evitar alegrarme… porque… esto va a sonar horrible, pero es la verdad… me alegro porque así jamás pudiste entrar en la milicia. Ese lugar te habría destruido. Habría acabo contigo, como lo hace con la mayoría de la gente buena que va allí… Se me rompería el corazón si supiese que entrarías allí…
La gente buena no debería poder entrar en la milicia, no debería hacer ningún tour, ni ir a la guerra, o ver a ningún muerto. La gente buena no debería ver nada de eso. Steve jamás debería ver eso, Sam jamás debería haberlo visto tampoco.
- Se me rompería más de lo que ya está –ríe.
Cuando su risa se apaga mira al suelo. Piensa en lo fácil que fue todo con Natasha, piensa en lo fácil que era antes todo. Y se siente estúpido al recordar cómo se sintió por aquella época, tan perdido y desesperanzado, pero supo lidiar con las cosas. Siendo adolescente todo parecía dificilísimo, pero ahora se da cuenta de que no era nada. Se habría solucionado hablando más, siendo más comunicativo con su madre, con Natasha, expulsando todo lo que sentía por su padre. Lo demás fueron todo nimiedades de la edad. Pero ahora es distinto. No puede decirle a Steve lo que siente, no tiene nada que ofrecerle, nada que merezca la pena, no puede darle su mundo, está destruido.
- Te quiero Steve, me estoy enamorando de ti a cada segundo –dice con una tranquilidad escalofriante-. Es fácil enamorarse de ti, demasiado fácil, como lo es hablar contigo, dejarte entrar en el desastre de mi vida, aunque no quiera, pero es imposible decirte que no. Podría seguirte al final del mundo si me lo pidieses Steve, soy así de idiota. Espero que tú no seas tan idiota como para pedírmelo. No soy una buena compañía.
Bebe largos tragos de la botella y nota cómo le empieza a hacer efecto el alcohol, su cuerpo se siente más liviano y las palabras revolotean por su cabeza libremente.
- Amarte es lo mejor que me ha pasado desde que te di esa llave y entraste en mi vida. Amarte es fácil y es agradable. No te diré lo que siento, no a la cara… no te mereces este peso.
Vuelve a beber.
- Adoro escucharte –dice atropelladamente-, adoro perderme en tus ojos azules que brillan cuando entusiasmados cada vez que me hablas de arte. Adoro la forma en la que te ríes, adoro la forma en la que echas la cabeza hacia atrás y vuelves a echarla hacia delante –habla con energía-. Adoro cómo te sonrojas y balbuceas cuando piensas que has dicho algo estúpido. Adoro la forma en la que se marcan tus huesos cada vez que te mueves. Lo adoro todo de ti, incluso lo que no me gusta, lo que a ratos me molesta. Pero me reservo tus pequeños defectos para mí –añade llevándose la mano derecha al pecho tras dejar la botella en el suelo.
Steve tiene defectos, el amor no los elimina, pero Bucky se guarda ese pedazo de su corazón para sí mismo. Es un pequeño placer que se permite.
- Te deseo lo mejor Steve.
Sigue bebiendo unos minutos en riguroso silencio hasta que empieza a tararear, a veces se detiene para dar otro trago y después continúa un poco más hasta que empieza a cantar con voz grave y lenta. Sus padres muchas veces bailaron esa canción en el salón de su casa mientras sonaba en el lector de vinilos con ese sonido algo sucio que les transportaba a otros años. Bucky se deja transportar en esos momentos también. Cierra los ojos y se olvida de todo excepto de Steve y la botellas de whisky de la que bebe y que utiliza como micrófono. Su cuerpo se mueve con lentitud, su mano izquierda, que está libre, se estira como si quisiese coger algo del aire antes de dirigirla a su pecho y aferrarse a su camiseta. En ningún momento abre los ojos, no quiere abandonar la imagen de sus padres bailando.
- For I can't help falling in love with you –termina con la voz rota y la mano estirada hacia la cámara.
Y es en ese instante, en el que la última nota abandona su garganta que abre los ojos y mira directamente al objetivo. Esa canción es para Steve. Se la ha cantado a él y espera que algún día pueda escucharla. Cuando la nota muere entre sus labios cae de rodillas al suelo y termina la botella. Se arrastra para ir a por otra y en el camino apaga la cámara. Ya está todo dicho.
Se mantiene despierto y en mitad de la noche se acaba la segunda botella. Está bebiendo rápido, pero no le importa. Se siente bien, mucho mejor que hace un par de horas. Todo sigue siendo igual, pero el alcohol le permite echarse unas risas. El alcohol le ha ayudado a superar cualquier ataque de pánico o situación difícil, y ahora mismo le está ayudando a ver su situación mucho más brillante y menos lamentable.
Pero al rato de acabarse la segunda botella y notar el sueño, en vez de ir a por la tercera, se dirige al baño. Necesita una ducha caliente. Sentir su piel arder bajo el agua. Recordar un poco de tortura a veces se siente bien.
Se desnuda con lentitud y observa su cuerpo, necesita comer más si no quiere perder más masa muscular y que Thor le regañe por no cuidarse lo suficiente. Su piel le pide sol, está demasiado blanca, sólo la ha tenido así de blanca desde que le ataron a esa cama metálica, desde entonces no ha recuperado un color saludable. Ve las cicatrices de un tono rosado, qué pensaría Steve si las viese. Nadie las ha visto excepto los médicos, ni tan siquiera las personas con las que se acuesta, de alguna manera siempre consigue que no le quiten la camiseta. Siempre se encarga de crear una atmósfera de urgencia que lo impregna todo y evita que se tenga que desnudar por completo. Es fácil. Todo lo que le ayuda a vivir en esa miseria es fácil.
Le da al agua y espera a que le queme la mano antes de meterse en la ducha. Mientras el agua resbala por su piel empieza a tararear una canción. Últimamente tararea muchas más canciones de lo habitual. El agua le abrasa y su piel va cogiendo una tonalidad rojiza. Bucky observa su brazo derecho enrojecer cada vez más. Duele, pero es un dolor soportable que no le importa sentir y se siente bien.
Bajo el agua empieza a desaparecer la sensación de lejanía que el alcohol le proporciona siempre. Todo vuelve a sentirse más real y cercano, el dolor también. Se pregunta cuánto tiempo puede soportar ese ritmo de vida antes de que su cuerpo deje de reaccionar. Supone que algunos años más.
Cuando sale de la ducha está bastante despejado y decide comer algo antes de ir al gimnasio. No le va a venir mal la comida. Hay keche y cereales, además de alguna barra de proteínas. Con eso tiene bastante. Se obliga a terminarse el cueco se echa, además de la barrita. No puede seguir perdiendo peso. En algún momento le van a obligar a ir a una revisión médica y si ven que está desnutrido y demasiado delgado pueden obligarle a ir a un hospital, y eso es lo que menos desea, volver al hospital militar. Tendría que volver a ver a Pierce que seguramente se las ingeniería para hacerse cargo de su tratamiento alegando que no está en condiciones de vivir solo. Bucky no puede permitir eso, tiene que poder pasar los exámenes médicos para evitar alguna consecuencia desagradable.
Va al gimnasio y Thor le sonríe desde la lejanía. No siempre se acerca a saludarle y eso le agrada, no parece que le esté controlando. Sabe que el ejército vino a hablar con él para que se asegurase de que iba a entrenar y mantenerse en forma. Bucky no les ha visto, pero lo sabe. El ejército le controla, Alexander Pierce le controla. No es un paranoico, sabe que no le siguen, o le han pinchado el teléfono o tiene micrófonos en su casa, no está obsesionado con esas cosas, pero sabe que conocen al gimnasio al que va, el supermercado que más visitas y alguna que otra cosa, como que bebe demasiado. Es un sujeto jugoso y si quieren tenerlo de vuelta a un laboratorio hay que tener pruebas de que necesita la ayuda que sólo ellos le puede proporcionar, pero Bucky no se lo va a poner sencillo. No es un adicto, gracias a lo que sea que le hicieron en esa mesa, no necesita el alcohol, su cuerpo no lo necesita, aunque le ayuda a soportar su vida. No está desnutrido, ni ha perdido excesivo peso. No tienen nada para pillarle y, si lo hace, se encargará de que las cintas lleguen a algún periodista. No va a amenazar a nadie, nadie va a saber lo que tiene, simplemente aparecerán en la tele algún día y que se jodan todos ellos.
Cuando termina va a comprar para hacer pryanikis, Natasha lo agradecerá. Siempre le gustó la receta de su madre y es posible que no haya probado nada igual desde que se fue de Rusia. Además a Steve le encantaron y espera que a Sam y Clint también les gusten. Es extraño, pero es agradable saber que va a hacer algo que la gente disfrute. Es la segunda vez que los va a hacer para que alguien los pruebe y no terminen todos en la basura. Su madre estaría feliz con él por una vez en su vida.
Fin del capítulo III
Bueno, esto es todo. El siguiente lo subiré el mes que viene si todo va bien.
En el capítulo anterior hablé sobre la falta de confianza que generaba el no recibir feedback y quiero agradecer a las personas que me dejaron un comentario. Este capítulo va por vosotras, y he decidido subirlo por vosotras. Espero seguir recibiendo esos comentarios porque son los que me animan a continuar con esto.
Tras pensarlo detenidamente, creo que no es ninguna barbaridad lo que voy a decir. Continuaré con el fic si recibo tres o cuatro comentarios por capítulo, no es ninguna locura y, como ya he dicho, el feedback me da confianza y energía y, en estos momentos, necesito de ambas cosas.
Muchas gracias por todo y hasta el siguiente!
