Disclaimer: obviamente el Capitán América no me pertenece, esto lo hago por sufrir un rato.

Retraso en subir por motivos de salud que se juntan con el trabajo y complican mi vida más de lo que debería.

Capítulo IV

Al llegar a casa empieza a hacerlos. Su estómago no se oprime cada vez que prueba la masa para saber si de sabor está bien o no, no siente que se le revuelve todo el cuerpo, ni se marea al oler las galletas al sacarlas del horno. Bucky no es consciente del hecho de que, por primera vez, ha disfrutado cocinando y, aunque sigue sintiendo pinchazos de culpa, son soportables.

Al terminar come algo, un par de barritas. No quiere vomitar esa tarde y, cuanto menos lleve en el estómago, mucho mejor. Podrá soportar las arcadas mucho mejor, incluso disimularlas. Piensa que puede parecer una persona normal, que puede engañar a Natasha y hacerle creer que sigue siendo el mismo, para que no descubra que es una cáscara vacía.

Cuando llega Steve las galletas están en una cajita y le mira con curiosidad.

- Te gustaron cuando las probaste, he pensado que te gustaría volver a probarlas y seguro que Natasha se alegra cuando las vea.

- Por supuesto, no las vende en su tienda.

- Sabe que jamás las hará tan buenas como mi madre –dice en tono de broma.

De repente se da cuenta de que no ha bebido nada. Lleva todo el día sobrio y no está seguro de que eso sea bueno. El alcohol le relaja, y necesita ayuda para ver a Natasha sin derrumbarse. Pero ya es tarde, no puede darse media vuelta para beber un par de tragos. A Steve no le va a importar, pero no quiere que le vea beber, nunca le ha visto beber directamente y quiere que siga así. No es que se avergüence exactamente, pero se avergüenza. Es un sentimiento extraño, pero quiere mostrarse ante Steve de la mejor forma posible, aunque sepa que se emborracha cuando está solo, ya le ha visto demasiadas veces dar tumbos por el pasillo, no le agrada que esa sea la única imagen que tenga de él.

Así que continúa caminando, e intenta no pensar en lo bien que le vendría una copa.

- ¿Te pasa algo Bucky?

Se fija en Steve, debe haber notado algo.

- No nada, sólo me he acordado de una cosa. Nada de importancia –añade con rapidez para restarle importancia.

No debe pensar más en el alcohol, no es indispensable.

Llegan a la cafetería y Natasha les sonríe nada más verles. Steve ve como le da un abrazo a Bucky y suspira aliviada.

- Pensé que no volverías.

- Te prometí que lo haría.

Natasha asiente.

- ¿Lo de siempre Steve?

- Sí.

- ¿James?

- Lo que tomes tú.

Natasha sonríe y asiente.

- Qué listo eres James.

Bucky se ríe con suavidad y no es un sonido completamente desagradable para Natasha y Steve. Es entonces cuando Clint aparece con su amplia sonrisa y saluda a Bucky con su alegría habitual.

- He escuchado una risa y he sabido que habías vuelto.

Lo dice de tal forma que no hay ni rastro de ironía en la voz.

- Me alegro.

Bucky se siente incómodo, demasiada atención. Además la naturalidad de Clint le inquieta porque está seguro de que ha hablado con Natasha y sabe por lo que ha pasado. También debe de haber escuchado la amargura de su risa, pero no lo demuestra de ninguna forma.

- ¿Y eso? –pregunta Clint.

Es un alivio para Bucky que todos miren la cajita que lleva en las manos.

- Un detalle, Natasha los adoraba de joven.

- ¿La receta de Winifred?

- La misma.

- Clint, esto te va a encantar.

Steve y Bucky se sientan mientras Clint y Natasha se van a preparar sus bebidas. Steve sonríe a Bucky.

- Jamás he visto a Natasha tan contenta.

- Natasha los adoraba, sabía que le gustaría y ya que me dejó llevarme tantos dulces el otro día…

Steve le dedica una sonrisa.

- Que amable.

No le da tiempo a decir nada cuando Natasha llega con todos los cafés y se sienta con ellos. Con una rapidez asombrosa se hace con la caja y le da un bocado a uno de los pryanikis que Bucky ha traído.

- Están deliciosos –suspira-. Tienes la misma mano que tu madre James.

Natasha se levanta y le lleva una galleta a Clint que se la come saboreándola bien y le dice desde el mostrador que está buenísima.

- Supongo que tampoco me darás la receta.

Bucky se encoge de hombros. Está bromeando con Natasha, algo que sólo ellos dos conocen. Es agradable ver a Bucky hablar de forma tan casual, sin un rastro amargo en su voz. Su mirada sigue siendo oscura, pero está mucho mejor, es evidente para Steve. Y está contento por Bucky, es increíble estar con Bucky, hablar con él sin que aparezca la sombra de su tiempo en captura. Sin comentarios oscuros y bromas que rozan lo macabro. Steve puede disfrutar del humor negro, pero lo que hace Bucky le duele. Sin embargo lleva un tiempo mucho mejor y ahora que está hablando con Natasha… Steve siente una punzada en el estómago al pensar en eso. Se alegra por Bucky, pero no puede evitar pensar que a él le gustaría poder bromear así con Bucky.

- Nunca entendí por qué tanto secretismo, la receta está en internet.

- Sabes que no se queda igual.

Natasha suspira y mira a Steve con una sonrisa y un brillo en los ojos que Steve no sabe interpretar mientras come una galleta.

- Ya las habías probado, ¿verdad?

Steve asiente.

- Una vez fui a su apartamento.

- La primera vez –matiza Bucky.

- Sí, me encantaron. No esperaba que tuviese tan buena mano en la cocina.

- Intuyo por los kilos que te faltan que no comes muy bien –comenta Natasha-. Aunque te mantienes en forma.

- Necesito tener fuerzas para levantar el brazo –replica Bucky señalando su brazo de metal.

Natasha se abraza a su brazo derecho y, sin dejar de mirar a Steve, habla.

- Pues entonces deberías alimentarte mejor. Steve –le llama-, pídele que te haga algún plato, el que sea, te aseguro que te va a encantar.

Bucky se remueve en su sitio.

- Es un buen cocinero. Pídele lo que quieras y te lo hará sin problemas.

- Nat… déjalo.

La sonrisa de Natasha se ensancha.

- Díselo algún día.

Steve le mira con curiosidad. Bucky no le ha hablado de su juventud demasiado, sólo lo mínimo, por lo que no tiene ni idea de por qué Natasha le dice eso. Seguramente muchas veces han comido juntos y Bucky le ha cocinado algo.

- Algún día –asiente.

- Próximo –añade Natasha y le guiña el ojo.

Natasha siempre le ha dado la sensación de que sabe más que el resto, pero en ese instante está seguro de que Natasha sabe muchísimo más que nadie.

- No has cambiado nada Natashenka –le dice Bucky.

Natasha ha cambiado mucho, pero hay cosas que siguen siendo exactamente igual. Sigue hablando de más cuando quiere sin llegar a decir nada. Y por supuesto mantiene esa mirada que hace creer a cualquier que sabe cualquier secreto que no quieres que nadie descubra. Es increíble.

- Tú tampoco.

Cuando dice eso la expresión de Bucky se vuelve sombría. Todo va bien, relativamente bien. Natasha cree que sigue siendo su James, que no está roto y eso es bueno. Es lo que quería y lo está consiguiendo.

- Por supuesto –suspira.

Ya llegará la hora de la verdad, pero por lo pronto piensa disfrutar.

- Vengo a por otra antes de que se terminen –dice Clint con una sonrisa-. ¿Me dirás cómo hacerlas?

- En la vida te lo va a decir –replica Natasha.

- Vamos… están buenísimas.

- Secreto familiar.

Clint hace una mueca de pena.

- Entonces me temo que no te voy a dejar escapar de nuestro lado.

Le da una palmada amistosa en el hombro con delicadeza. Bucky sabe que lo hace para no hacerle sentir en exceso incómodo y, a la vez, hacerle sentir integrado en el pequeño grupo. Tiene una forma de preocuparse por él natural, de dar pequeños pasos sin que lo parezca. Entiende por qué a Natasha le gusta Clint, por qué se pudo fijar en él aunque a priori parezcan completamente incompatibles.

- A Clint le encanta comer.

Clint asiente con una sonrisa.

- ¿Sabes cocinar? –pregunta-. Aparte de dulces rusos –añade.

Bucky asiente.

- Mi madre me enseñó a cocinar.

- Winifred tenía muy buena mano con la cocina y creo que os relajaba, ¿no?

Bucky asiente un poco incómodo. No quiere hablar mucho de eso. Su mare es un tema que no le gusta compartir en exceso y menos para tratar algo que los dos disfrutaban tanto como lo era cocinar. Pasaban horas en la cocina, casi en silencio haciendo cada uno una cosa distinta sin molestarse, en perfecta compenetración.

- ¿Sabes hacer pizza?

Los ojos de Clint brillan al hacer esa pregunta.

- ¡Clint!

- Adoro la pizza –sigue sin hacerle caso a Natasha-. Sé hacer pizza, pero no consigo hacer la masa del todo bien y no me gusta cómo se queda.

Bucky durante su etapa universitaria aprendió a hacer pizza junto con su madre, una técnica para hacer amigos si su encanto personal le fallaba. Por supuesto no le falló, pero alguna vez hizo pizza para sorprender a sus colegas, que después le liberaban de otras cargas.

- Llevo años sin hacerla.

- ¿Sabes?

- Sí.

- Natasha siempre ha hablado muy bien de ti, pero es evidente que se ha callado muchas cosas. Serías un novio perfecto para mí sino fuese porque Natasha me ha robado el coraz…

No pudo terminar la frase cuando Natasha le dio un codazo en las costillas.

- No seas empalagoso –le regaña.

Bucky nota que se ha sonrojado levemente, es la primera vez que ve algo así en ella. Sin duda alguna está muy enamorada de Clint. Es tierno ver la imagen. Clint se rehace con rapidez sin dejar de sonreír.

- Te invitamos un día a cenar a nuestro apartamento –dice resuelto-. A los dos, incluso a Sam si quiere.

Natasha mira al techo. Es evidente que habían pensado en invitarle a cenar algún día, pero la invitación no ha ido como Natasha había pensado. Clint debe ser un espíritu libre en exceso entusiasta.

- Bueno, antes de abriros las puertas de nuestro hogar –dice con tono serio-. ¿Algún alérgico a los perros?

- Tenemos un perro –dice Natasha a modo de explicación.

Bucky mira a Natasha ante la noticia. Natasha haciéndose cargo de un ser vivo, aparte de Clint, sin duda alguna su vida ha cambiado muchísimo desde que se fue.

- No hay problema.

- No.

- Pues quedad con Natasha, me vuelvo a la barra.

Sin más Clint se va tras coger una galleta más.

- Antes de que preguntes nada, sí, Clint es así. Todo caos y energía.

- Creo que hacéis una pareja perfecta.

Es lo que siente. Natasha siempre fue muy reservada, lo sigue siendo, y alguien como Clint parece poder llegar hasta ella. Incluso a conseguido que tengan un perro en su casa, algo impensable cuando ambos eran adolescentes. Natasha sentía que no tenía nada que ofrecer a la vida y que su destino era la soledad, lejos de todo. Cuando estuvieron juntos los dos estaban lejos del mundo, incluso de ellos mismos. Pero ahora Natasha no está sola. Alguien capaz de encontrar su camino junto a ella sólo puede ser perfecto.

- Eres el primero que lo dice. ¿Tú qué opinas Steve?

- Hasta el momento no sabía seguro si eráis pareja o no.

Los dos le miran sin poder creerlo.

- Sam tampoco estaba seguro.

- Pero si es evidente –replica Bucky sin pensar.

- No es tan evidente, la primera vez que Clint va a decir algo romántico…

- Moñas –le rectifica Natasha.

- Le interrumpes y luego no… no hay gestos que den pistas –se defiende.

Bucky podría hacer una lista de todos los gestos románticos entre ellos, la forma en la que se miran y hay una gran cercanía a cada instante que están trabajando juntos. Podría señalar el suave sonrojo de Natasha y la sonrisa dulce y amplia que Clint le dedica. Pero no lo hace, Natasha le mataría si empezase a decir todo eso.

- Pero supongo que hacéis una buena pareja, se os ve bien juntos.

- Me alegro, no me gusta que nadie diga que Clint no es para mí, que es poco para mí.

No hace falta que añada más para que Bucky entienda que hay mucha gente que les ha mirado sorprendidos y ha opinado que no hacen buena pareja o que Clint no está en la misma liga que Natasha, tonterías.

- No quiero imaginar lo que habrás hecho cada vez que alguien te ha dicho algo parecido.

Natasha le dedica una sonrisa misteriosa. Es agradable estar allí en ese instante. Tan lejos de su mundo, tan lejos del dolor y los recuerdos. Casi se ha olvidado de lo miserable que es su vida.

- La invitación se extiende a Sam también.

- Por supuesto.

- ¿El viernes para cenar está bien?

Todos asienten y Natasha concreta la hora mientras escribe en un papel su dirección y teléfono móvil.

- No hace falta que hagas pizza.

- ¿Temes que robe a tu novio?

- Hace tiempo que ocupo una posición más alta en su corazón que la pizza.

- Sería pizza casera.

- Inténtalo, pero estoy segura de que no tienes nada que hacer.

Bucky ríe y no pasa desapercibido para nadie que está libre de su amargor habitual. No es un sonido natural y cantarino, pero no es desagradable.

- No llevaré pizza casera.

- De todos modos practica porque tarde o temprano va a querer probarla.

- ¿Debería llevar algo? –pregunta Steve.

- Steve no sabe cocinar.

- Pues trae un buen vino. Una buena cena siempre tiene vino.

La tarde pasa lentamente, pero Bucky está cómodo. Cuando Clint puede está con ellos, Natasha se levanta un par de veces a ayudar en la barra cuando hay más gente. Clint no parece molestarse en absoluto por estar solo la mayor parte del tiempo esa tarde, pero Natasha les dice que la próxima vez no podrá estar con ellos tanto tiempo, cosa que Bucky entiende.

De camino a casa se siente bien, relajado, tanto que casi no se fija en todo lo que le rodea, se le escapan detalles de los coches y transeúntes. Va hablando con Steve de cosas sin importancia. Le gusta su compañía y más ahora que no tiene la presión de ser descubierto como el fraude que es, como un muerto en vida. Natasha se niega a ver todavía que nada tiene que ver con ese joven que conoció en Rusia. Pero con Steve no tiene ese miedo y es muy agradable.

No se da cuenta de cómo Steve le mira fascinado, con una sonrisa amplia porque le ve mejor que nunca. Sigue con sus profundas ojeras, su piel sigue con esa tonalidad blanquecina un tanto enfermiza, no sonríe, su risa no es realmente auténtica, ni siempre dice cosas agradables, pero está mejor que nunca. Steve lo ve claramente. Incluso está tarareando una canción, que él no reconoce, pero intuye que es de los años sesenta quizás por el ritmo, que es bastante animado.

- ¿Qué canción es?

Bucky le mira sorprendido, no se había dado cuenta de que estaba tarareando la canción.

- Mr. Postman, mi madre a veces limpiaba con esta canción. Le gustaban las cosas animadas, a veces se ponía a bailar.

Steve asiente.

- Bailaba muy bien, incluso cuando estaba bromeando.

- Eso es una habilidad.

- No es para tanto, se dejaba llevar por la música y le daba igual todo, pero se movía muy bien.

- Créeme, es un don. Ya me gustaría a mí poder moverme con un mínimo de gracia.

- ¿No sabes bailar?

- No puedo bailar, no tengo ritmo y mi cuerpo se mueve de forma extraña. Es horrible verme.

- No puede ser tan malo.

- Lo es. En serio, no te exagero. Si supiese bailar te aseguro que mi vida sería muy distinta.

Bailar siempre ha sido algo que se le ha dado horriblemente mal. No es una exageración. Su cuerpo se mueve de una forma descoordinada que él no puede controlar, y además no tiene ritmo, siempre va demasiado rápido, o demasiado lento, no importa. Peggy jamás consiguió mejorar sus tristes dotes de bailarín, aunque él tampoco es que le dejase demasiado en su momento.

- Algún día, si me siento generoso, te enseñaré algunos pasos que te aseguro van a cambiar tu vida.

- No, ya he aceptado que lo mío no es el baile. No me des esperanzas.

- Ya lo verás.

Bucky le guiña un ojo y Steve es incapaz de decir nada más. ¿Cómo se le replica a eso? Incluso le ha dedicado una media sonrisa seductora. Steve no puede luchar contra eso.

Cuando llegan a sus respectivos apartamentos Steve siente que no ha sido suficiente. Quiere seguir con Bucky, hablar con él un poco más. Pero no dice nada. Bucky se ve bien, pero agotado.

- Mañana nos veremos, avisa a Sam para el viernes.

- Claro.

Bucky abre la puerta de su apartamento, pero antes de entrar hace unos pasos de baile al ritmo de una canción que suena maravillosamente bien y que Steve, de nuevo, no conoce. Da un giro y entra sin darse contra nada.

- ¿Estás vacilándome?

- Aprovechando la ocasión, quizás mañana haya bebido y no pueda hacerlo.

Le dedica una sonrisa miserable, pero hay algo distinto en ella; un rastro de esperanza. Steve le sonríe y se despide de él.

- Quizás si me sigues haciendo demostraciones te permita darme una clase.

- ¿Sabes que debería ser al revés?

- ¿El qué?

- Debería ser yo el que te dijese que podría darte unas clases.

Steve se ríe.

- Pero no es así, porque no me gusta bailar.

- Eso sólo lo dices porque no sabes.

- No me gusta, y como no me gusta no me ha interesado demasiado aprender, y eso unido a mi incapacidad a la hora de controlar mi cuerpo…

- Claro –asiente Bucky-. Pero un par de pasos pienso enseñarte.

- Lo que digas.

- Y me lo agradecerás.

Bucky le guiña un ojo y entra en su casa. Está animado. Ha sido una buena tarde, muy agradable. Se lo ha pasado bien en la cafetería. ¿Cuánto hacía que no estaba cómodo en un sitio que no fuese su casa? ¿Cuánto hacía que no estaba cómodo con tanta compañía? Está incluso alegre, o algo parecido. Bastante agotado también, pero sin duda animado. Va hacia la cocina y mira que tiene de comer. Está hambriento. No se ha atrevido a comer ninguno de sus pryanikis y después de todo es normal que tenga ganas de comer algo. No tiene mucho, pero con lo que tiene puede hacerse un sándwich.

Mientras come tararea alguna que otra canción. Piensa en Steve y se ríe mentalmente al imaginarle intentando bailar con ese cuerpo pequeño suyo. Tiene que ser divertido. Bucky ha visto a muchas personas, en su mayoría hombres, intentar bailar con movimientos destartalados y completamente fuera de ritmo. No quiere pensar que Steve es una de esas personas con la capacidad de bailar tan mal que resulta difícil imitarle. Su estómago no se queja demasiado y bebe agua durante su escueta cena. Al llevar el plato a la cocina va dando cortos pasos al ritmo de la canción que está tarareando.

¿Cuánto hacía que no bailaba? Se siente como una eternidad. Al volver al salón no se sienta, sino que empieza a bailar con una pareja invisible. Recuerda que sus padres bailaban continuamente. Nunca ha hablado de sus padres bailando en todos los vídeos que ha hecho. Siempre se ha centrado más en la enfermedad que se llevó a su padre y hundió a su madre y a él. Sin pensar demasiado enciende la cámara, quiere dejar constancia de eso. Quiere que quienes vean esos vídeos sepan que sus padres fueron extremadamente felices y que el baile le acompañó gran parte de su vida.

Sus padres se conocieron en la universidad, en un curso de baile que daba algunos créditos y que un profesor había decidido dar ese año para rellenar las horas que le faltaban. Su padre necesitaba esos créditos para poder terminar su carrera, su madre se había apuntado porque le gustaba y quería conocer a gente nueva. Acababa de empezar a estudiar y no conocía a nadie, además estaba perfeccionando su inglés para mantener bajo control su acento ruso. A ambos se le daba bien bailar y pronto se pusieron como pareja. Eran los mejores del curso.

- Mi padre siempre me decía que le llamaba la atención su acento, le resultaba gracioso –sonríe-. No se acercó a mi madre porque pensase que era guapa, no empezó a querer ser su amigo porque pensase que era inteligente, sino porque su acento le hacía gracia. Mi padre molestaba mucho a mi madre con ese asunto.

Su padre ha hecho mil imitaciones del acento de su madre por aquel entonces.

- Le encantaba escucharla hablar y la animaba a ello. Le preguntaba por sus estudios, por Rusia… le preguntaba cualquier cosa sólo por escucharla hablar. Hasta que un día se dio cuenta de que se divertía con ella porque le interesaba lo que decía. Mi madre tenía un sentido del humor mordaz y era de naturaleza curiosa, por lo que siempre tenía algo que decir sobre cualquier cosa. Mi padre se reía mucho con ella.

Cuando quiso darse cuenta estaba terminando el curso y George sólo podía pensar en que no podía perder a Winifred.

- Le pidió ser su novia una noche mientras volvían de cenar juntos después de estudiar. Mi madre no supo qué contestar. A sus diecinueve años jamás había pensado en novios, era algo lejano. No le dijo nada aquella noche y, al día siguiente, mi padre sólo le pidió que le dejase ser su amigo y se disculpó por si le había hecho sentir incómoda, que comprendía si necesitaba cierto espacio, pero que le dejase seguir estudiando con ella y que fuese su pareja de baile para el final del cursillo.

Se sabe la historia de memoria, sus padres se la han contado mil veces. Winifred siempre se ha preguntado cómo pudo no ser consciente de lo que sentía George y ella misma. George siempre comentaba lo nervioso que estaba al pensar que podía perder su amistad, pero que jamás se habría perdonado a sí mismo si no hubiese sido sincero con ella.

- Nada más terminar de hablar mi madre ya le estaba abrazando. No se dieron un beso hasta una semana más tarde. Mi padre le había acompañado al apartamento que compartía con otras chicas y, al despedirse, simplemente se besaron, como si fuese algo que habían estado haciendo desde siempre.

No fue nada especial, siempre se lo han contado como si no fuese nada especial. Simplemente se besaron. Simplemente se miraron a los ojos y se besaron. Nada más separarse se rieron porque habían tardado mucho en hacerlo, pero sus padres nunca tuvieron prisa para nada. Él había heredado esa cualidad suya. No tuvieron prisa para besarse, tampoco para acostarse juntos. Las cosas entre ellos habían ido surgiendo poco a poco y de forma natural. Un día se besaban, otro se cogían la mano, al siguiente su padre colocaba su brazo sobre su hombro y su madre contestaba pasando el suyo por la cintura de su padre.

Su padre jamás sintió ningún tipo de presión por acostarse con su madre, le aceptó que lo pensaba a menudo, pero jamás sintió que debiese darle prisa al asunto. Aquella tranquilidad le dio seguridad a su madre que, poco a poco, se fue sintiendo más cómoda con la idea de entregarse a George. Winifred jamás había tenido novio, ni había intimado con nadie, y muchas veces se podía nerviosa al pensar en lo que podría pasar; por si no estaba a la altura, o no le gustaba a George desnuda. Bucky no ha querido nunca escuchar demasiados detalles sobre aquella noche, pero sabe que fue justo el día que Winifred terminó los exámenes de su segundo año en la universidad, los dos estaban viendo una película y simplemente ocurrió.

- Con protección, era algo que a mi padre le gustaba señalar. Si no hubiese habido condón no habría hecho nada porque las cosas hay que hacerlas bien, sin perder la cabeza. No fue especialmente romántico, pero se rieron mucho –añade con una sonrisa triste al pensar en eso-. Al parecer estaban muy nerviosos los dos, creo que mi padre estaba más nervioso que mi madre… quería que fuese especial. Al parecer lo fue, no de una forma romántica, pero se rieron.

Su padre le había dicho muchas veces que las prisas y el ansia no eran buenas para este tipo de cosas. Bucky intuye qué fue lo que pasó, aunque jamás ha querido tener los detalles. No fue para nada como en las películas, George se fue antes de la cuenta y, de alguna forma, se acabaron riendo con cierto grado de histeria al no poder creer lo que estaba pasando a causa de los nervios.

- Mis padres se reían mucho, yo también me reía mucho. Cuando mi padre murió tanto mi madre como yo perdimos la habilidad de reírnos durante mucho tiempo. Cuando la recuperamos, mi madre enfermó al poco y sólo me quedé yo para reírme… hasta que entré en el ejército.

La miseria ha vuelto a su voz, tiene un nudo en la garganta, pero no se detiene. No es como las veces anteriores. No hay culpa en su voz. Está hablando desde el cariño que siente hacia sus padres.

- Me enseñaron a bailar desde que era pequeño. Me apuntaron a una academia. Sé bailar de todo, si mañana saliese un baile nuevo tardaría menos de un mes en conocer los pasos necesarios como para hacer algo decente.

Empieza a cantar y a moverse con soltura delante de la cámara. Lleva mucho sin bailar, pero se siente bien. Bailar es como montar en bici, una vez que se aprende jamás se olvida. Bucky se mueve con soltura e imagina que tiene una pareja imaginaria.

Sus labios se curvan al pensar en Steve intentando bailar y él enseñándole. Seguro que es divertido.

Esa noche se va a la cama tras una ducha de agua ardiendo. Está agotado y piensa que quizás esté tan cansado que no sea capaz de soñar.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Cuando Steve le comunica a Sam que el viernes Natasha les ha invitado a cenar a su casa espera que le diga algo sobre Bucky, lo que sea. Pero no lo hace. En vez de eso le mira sorprendido.

- Oficialmente son pareja entonces.

Porque eso es un tema mucho más importante. Una duda que les ha estado carcomiendo durante días y que finalmente tiene solución.

- Según Bucky era evidente.

Sam se ríe al escucharle.

- Debe conocer muy bien a Natasha para hacer esa afirmación, o tiene unas dotes de observación con las que soñamos tú y yo.

Steve se ríe junto con Sam porque tiene razón.

- Me habría gustado que estuvieses allí porque no se podían creer que no lo supiese.

- Mejor, así no se cachondearon de mí.

- Este viernes se lo voy a recordar para que pases por lo mismo que yo.

- ¿Por qué tienes que ser tan malvado? Tú eres de los buenos Steve.

Sam le sonríe y Steve deja pasar el tema.

- ¿Debo llevar algo?

- Dicen que no, que lo tienen todo cubierto,

- ¿Qué vas a llevar tú?

- Vino.

- Pensaré en algo, sino llevamos cada uno una botella.

De repente Sam cambia de postura y su sonrisa se vuelve seria. Steve sabe de lo que van a hablar ahora.

- ¿Cómo fue esta vez? Espero que no fuese tan intenso como la primera vez.

Steve ha estado pensando en lo que le iba a decir desde que se despidió de Bucky en la puerta. Le vio bien. Bucky se fue a casa y por primera vez parecía feliz.

- Creo que estaba contento al volver a casa –dice-. No parecía tan… tan triste, tan miserable, ¿sabes?

Sam le sonríe.

- Al parecer el reencuentro con Natasha le ha ayudado mucho.

Es algo que Steve no quiere pensar demasiado. Lleva evadiendo ese pensamiento desde que se despidió de Bucky. Está contento por él, pero no puede evitar sentirse mal a la vez. Natasha ha sido muy buena para Bucky, le ha ayudado a reaccionar y Bucky está más dispuesto a salir de su casa, lo que es bueno, pero a Steve hay algo que le duele porque él no puede alcanzar a Bucky, no es suficiente para que Bucky quiera abrirse un poco más al mundo. Y le duele.

- Esto es todo gracias a ti Steve. ¿Lo sabes verdad?

- ¿Qué quieres decir?

- El que Bucky esté saliendo de casa y esté un poco más contento es gracias a ti.

- Que va… si no fuese por ti o Natasha dudo que saliese de casa.

- El primer paso lo dio por ti Steve. No lo olvides y no pienses que has hecho poco por él. Estoy seguro de que Bucky está dando gracias por tenerte a ti como vecino.

Steve sonríe, no está tan seguro. Si bien todo empezó porque se encontraron en la azotea aquella noche, lo cierto es que lo que ha pasado después ha sido gracias a Sam y Natasha. Él sólo ha sido el primer escalón, pero el resto no ha dependido de él. Lo que está bien, evidentemente, pero hay una parte de sí mismo que no puede evitar estar algo triste, o decepcionado consigo mismo por no poder lograr nada más.

- Quizás con un poco más de tiempo Bucky quiera venir a algún día.

- ¿Tú crees?

- Seguramente, él decidirá cuándo. Pero quizás quiera hacerlo antes de lo que pensaba.

- El reencuentro con Natasha ha sido muy positivo.

- El que le invitases a tomar un café contigo fue muy positivo Steve –replica Sam con suavidad.

Hay algo que no le está diciendo, Steve puede notarlo. Hay algo que Sam quiere decirle, pero que no considera apropiado decir todavía. Steve sabe cuando hay algo que está callando. Nunca sabe que se está callando, pero sabe que está a punto de reventar. Recuerda cuando estaba Peggy con ellos, Sam se sinceró con él un mes más tarde de su marcha al decirle que sabía que le gustaba Peggy, pero no consideraba que pudiese decirle nada cuando él no le había comentado nada de lo que sentía. Sam es así. Le gusta esperar a que sea el resto quien hable las cosas, que pida ayuda, que marquen un ritmo con el que se sientan seguros. Sam nunca ha forzado nada.

- Has sido bueno para él.

- Como todos.

Sam se encoge de hombros, no tiene que demostrarle nada a Steve y lo que ha dicho no es mentira. Todos le están aportando algo a Bucky, todos están ayudando a su recuperación al establecer lazos con él, Steve sólo tiene que ser consciente del tipo de lazos que está construyendo.

OoOoOoOoOoOoOoOoO

Mira la cámara un segundo antes de encenderla, es estúpido, pero necesita hacerlo. Le da igual que Natasha se ría de él cuando lo vea, él necesita dárselo a alguien en quien confíe y ella es perfecta. Natasha es la única en la que puede confiar para que cumpla con su palabra. Ella sólo verá los vídeos que él quiera que vea, nada más. Confía en Steve, pero no está seguro de que pueda contenerse y cabe viendo más de la cuenta. Tendría buena intención, pero Bucky no quiere buenas intenciones, quiere que se respete su voluntad y Natasha es la persona idónea para eso.

Enciende la cámara y empieza a grabar. No ha bebido nada, lleva un par de días sin probar apenas el alcohol y, aunque es extraño, no está mal.

- Lo que tienes en tus manos es mi vida Natasha –dice sin rodeos-. Aquí, en estos vídeos, cuento mi vida, cómo era antes de que todo se jodiese, y como es ahora… Es mi pertenencia más importante.

No sabe muy bien cómo continuar, pero respira hondo y sigue hablando sin pensar muy bien en lo que está diciendo realmente.

- Seguro que piensas que estoy siendo muy dramático, que no es para tanto… quizás siempre he sido un poco más dramático que tú, pero no en exceso. Jamás en exceso.

Todo el mundo es más dramático que Natasha, así que ambos saben que eso no significa nada.

- He pasado por mucho, mucho más de lo que sabes… llegar a América no fue el final de mi tortura. Hay quienes quisieron continuar con lo que empezaron conmigo.

No dice el nombre de Pierce, no suele decirlo en voz alta más de lo necesario. Hablar de él es como mentar al diablo y no le gusta. Saca unos papeles y los enseña.

- Esto son papeles que tuve que firmar para que me dejasen ir, una forma de silenciarme y asegurarse de que jamás hablaba más de la cuenta.

Firmó muchos papeles. Bucky los conoce de memoria, cada uno se centra en distintos aspectos: en su tiempo de servicio, la forma en la que le capturaron a él y al resto de su pelotón, las torturas, los experimentos, cómo escapó, lo que pasó al llegar a América… Los peores son aquellos que se centran en su vuelta a casa, lo que se compromete a callar, lo que puede hablar… no puede hablar ni con un terapeuta sobre eso. No puede buscar ayuda para hablar de lo que ocurrió en el hospital militar, lo que le hicieron bajo la supervisión de Pierce, no sobre cómo consiguió liberarse de todo aquello.

- No puedo hablar. No puedo hablar sobre nada, ni tan siquiera de mi tiempo de recuperación. A ti te he contado más de la cuenta… y cuando veas algunos vídeos sabrás cosas por las que podrían encerrarme de por vida por compartir información confidencial.

Le habla de los primeros meses fuera del hospital, de la cantidad de dinero que le dan sólo mantener la boca callada y no montar un escándalo. Es una paga que le queda de por vida y con la que puede mantenerse cómodamente sin necesidad de buscar trabajo. Sólo tiene que ir a ver a Stark cada cierto tiempo para asegurarse de que todo va bien y hacerse algún reconocimiento con el que demostrar que puede cuidarse y está preparado para vivir en sociedad.

- Son acuerdos a los que llegué. Todas las partes están contentas, menos una claro. Hay alguien que quería continuar, quería descubrir qué me inyectaron para sanar más rápido, para sobrevivir al dolor.

No dice su nombre, no quiere que Natasha lo escuche todavía. Ahora se tiene que mentalizar de la situación en la que vive.

- No fue fácil volver a casa y descubrir que no tenía ninguna.

No es fácil descubrir que ha vuelto para nada, que debería haber muerto, que todo sería más fácil si estuviese muerto, o atado a una cama de metal contra su voluntad. Ha perdido las ganas de vivir, su voluntad. No le queda nada, no tiene casi nada en su vida que merezca la pena.

- ¿Comprendes lo que te estoy dando verdad?

Cuando Natasha vea el vídeo comprenderá lo que tiene en sus manos. Le está confiando su vida, le está dando aquello que puede destruirle.

- Siempre me aseguro de que no me están investigando, que nadie me sigue, que nadie me ha puesto micrófonos… Jamás lo han intentado, no después del primer mes, pero eso no quiere decir que me confíe.

Bucky sabe muy bien que no debe confiarse, que debe estar atento por si ciertos fantasmas vuelven a por él.

- Te doy esto porque tú sabrías qué hacer en caso de que muriese. Suena dramático, pero los dos sabemos que no lo es.

No lo es, su muerte es algo muy real y ella lo sabe. Natasha no sabe hasta qué punto es real, hasta que punto él está muerto ahora mismo, pero sabe lo suficiente como para temer por él, como todos. Y él necesita que comprenda que hay mucho más de lo que cree. No son los desvaríos de un veterano de guerra, es algo real.

- Podrás ver algunos vídeos, yo te indicaré cuáles.

No piensa dejar que Natasha vea sus descripciones sobre lo que le hicieron. Es demasiado desagradable, demasiado brutal y de mal gusto. Natasha no puede verle borracho y hablar sobre la sangre que le salpicaba, o las oleadas de dolor que le llegaban cuando el efecto de la anestesia iba desapareciendo. No puede hablar de las torturas, el entrenamiento al que tuvo que sobrevivir. No quiere que vea nada de eso, no quiere que tenga pesadillas. Eso se lo guarda para cuando muera completamente y no le importe que todo el mundo pueda tener pesadillas al imaginar la barbarie de su tiempo como prisionero. Le dará igual que la gente sepa que todos sus compañeros fueron muriendo mientras él sobrevivía por alguna extraña razón. No le importará que la gente mire a Pierce y a todas las personas que consintieron que le hicieran más pruebas de las debidas.

Se despide de Natasha advirtiéndole que lo que va a ver no es agradable, pero que tiene que comprender lo que tiene en sus manos. Es su miseria, ella es la única que puede soportarlo.

- No es justo que te haga esto, lo sé, pero no puedo confiar en nadie más. Los dos sabemos que no busco buenas intenciones, ni redención y tú eres la única capaz de entenderlo.

No busca ser salvado. Natasha sabe lo que debe hacer y eso le tranquiliza.

Apaga la cámara y se va a la cocina, todavía no sabe qué llevar a casa de Natasha y quiere que sea algo especial. Ve la botella de Whisky, la coge y da un corto sorbo. Hay algo mal en lo que está haciendo, ya no se siente tan dulce y resplandeciente, pero eso no le detiene para seguir bebiendo mientras cocina. El alcohol no tiene el mismo efecto, pero aún le calma, aun le ayuda a calmar su estómago y seguir cocinando sin vomitar. No bebe mucho, sin embargo, sólo lo suficiente. No termina borracho, ni arrastrándose por el suelo, simplemente su mente se siente un poco más liviana y sus miedos un poco más lejanos.

El día de la cena Bucky va al gimnasio con energía, algo que Thor nota y le invita a entrenar con él, a lo que Bucky no se puede negar. Thor es respetuoso con su espacio y sólo le pregunta cuando lo cree oportuno, así que le da el gusto. Además no está mal variar un poco y con Thor siempre tiene que esforzarse más, por lo que acaba más cansado en los entrenamientos, lo que le vendrá bien esa noche cuando esté en casa de Natasha.

- Te veo animado –comenta Thor cuando terminan.

Bucky asiente, se nota con más energía, es cierto.

- Sí –asiente.

No está durmiendo mucho, como es habitual, pero su dieta ha mejorado. Esos días ha estado cocinando para ver qué puede llevar a casa de Natasha, así que ha comido mejor, quizás se deba a eso.

- He cambiado la dieta –decide decir.

Thor le cae bien y no quiere ser grosero ni seco, nunca lo ha sido, no en exceso y ahora que su relación ha mejorado y se ha normalizado no quiere perderlo.

- ¿Comes más?

- Podría decirse que sí.

Está comiendo más, aunque todavía hay comida que vomita, mucha. Pero su cuerpo lo está notando.

- La comida siempre alegra, yo también lo noté cuando dejé de ser luchador profesional. –ríe.

Bucky asiente y se despide de él. Thor le deja marchar sin alargar la conversación, nunca lo hace, y se va a otra zona del gimnasio a regañar a unos jóvenes que han dejado de hacer sus ejercicios para mirar su combate.

Sale a la calle y va al supermercado a comprar algunos ingredientes. No va a fallarle a Natasha y piensa llevar algo delicioso, ya lo tiene claro.

Fin del capítulo IV

Espero que lo hayan disfrutado, como siempre comentarios serán bien recibidos y me animarán a continuar a pesar de todos los problemas vitales que siempre están rondando por ahí.