Hola a tod s mis hermosos lectores *u* Aquí vengo al fin con el tercer capi de mi historia, siento que nome he tardado tanto al menos, y ahora que saldré de vacaciones en poco publicaré los capitulos con más frecuencia, porque pretendo que al menos no dejen con gusto a poco, y tengan todo lo que mencioné anteriormente.

Recuerden que sus reviews son una bellísima inspiración para avanzar con este proyecto uwu (L)

Bueno sin más blabla se los dejo :3 ¡que lo disfruten!

PD: Los personajes incluídos pertenecen a League of sólo los tomé para mi fanfic


Capítulo 3: Confrontación

Actualidad. (Piltóver , 15 junio; 1:03 AM)

-Tsk… Si me sigo lamentando… ¿Qué es lo que voy a conseguir? ¿EH?-

Volví a gritar sobre mi impotencia, así como lo había hecho en toda la mi mano tenía la ultima lata llena de cerveza de las 12 o 13 que había bebido ya. Seguramente perdí la cuenta, pues estaba un poco mareada… que más podía pedir si cada una de esas latas era de al menos medio litro. Mi música estéreo sonaba fuertemente, sin contar mis gritos inesperados y arranques de rabia. Mi departamento iba a derribarse en algún momento, estoy segura.

-¡OYE PELIRROSADA, CARAJO!- sentí como mi techo era golpeado. Mi irritable vecino de arriba no se conformaba con toda la acción que había estado teniendo desde hace algún rato.

-¡ALGUNOS TRATAMOS DE TENER SEXO TRANQUILOS!-

-¡JÓDETE, PENDEJO!- bebí de mi cerveza, para lanzarla al suelo -¡ESTOY OCUPANDO MI TIEMPO EN ALGO PRODUCTIVO…! ¡NO CONTRAYENDO EL SIDA COMO TÚ!-. manifesté, sin apagar la radio ni cesar con mis exclamaciones. Ya me importaban un bledo las denuncias, las cuales no se me serían impuestas por primera vez.

Volví a mirar hacia el frente. ¿En qué estaba pensando? Ah sí, Jinx.

Maldita sicótica chantajista… Hacerme a mí, una persona que ya tenía consciencia de lo bueno y lo malo, dudar de mi propia cordura.

Mi cordura… ¿eh? Sonreí de lado. Eso era algo que también perdería.

Hace casi un mes. (Piltóver; Mayo 02; 20:05 PM)

Casi dos semanas habían transcurrido desde aquella vez en la que Caitlyn se comportó de esa manera. Desde ese día, sin explicación aparente, ella comenzó a simplemente…ignorarme.

No me miraba, y apenas me dirigía la palabra y sólo por cuestiones de trabajo. ¿Qué estaba sucediendo? Siempre que trataba de hablarle ella sólo me evitaba sin ánimos de expulsarme. Pero de conocerme, sabía que yo no me rendiría así de fácil. No iba a perder a alguien tan especial para mí, a pesar del trato que estaba recibiendo, definitivamente creía que si hallábamos la solución en conjunto, podríamos dejarnos de estas actitudes tan evasivas, y yo evitaría el hacer eso que la lastimó de una manera tan terrible de modo que hizo que me dejara de hablar.

Esa misma tarde, apenas ambas salimos del trabajo, me propuse visitarla a su departamento.

Me vestí con una indumentaria básica, con un abrigo y jeans, sin mi armadura ni mis guanteletes, los cuales dejé en casa.A pesar de que para alguien como yo era difícil salir a la calle, me daban igual las criticas que pudiera llevarme fuera de mi trabajo. Sabía que varios criminales nocturnos me tenían en la mira y esperarían la oportunidad precisa para que me distrajera y así, poder darme el golpe por la espalda.

Esos idiotas deberían saber que mis guanteletes no eran toda mi fuerza. Podía defenderme a puño limpio, tenía un cuerpo y una determinación fuertes, y esa noche nadie habría de arruinarla. Quería solucionar las cosas con Caitlyn, y estaba dispuesta a dejar mucho más que mi orgullo de lado.

Me dirigí al sector acomodado de Piltóver. Varios edificios de lujo se extendían por esas calles, sin contar los automóviles y artefactos Hextech último modelo para satisfacer todo tipo de comodidades; desde las rejas se podían notar las aguas termales funcionales a cualquier hora, alguno que otro gimnasio por las ventanas… en fin, esto era mucho más a lo que yo me acostumbraría algún día.

Me detuve en el edificio 5, su piso era el último… Cait era alguien que disfrutaba de las alturas y de las observaciones al cielo, lo sabía.

Mientras más me acercaba a su hogar, más sentía lo fuerte que latía mi corazón… Estaba nerviosa. De pronto me encontraría con esos hechizantes ojos que me nublaban la mente y la vista. Esperaba no quedarme sin palabras cuando su mirada atravesara la mía, cuando sintiera su respiración tan cálida y dulce después de tanto tiempo, el cual se me había hecho eterno.

Al llegar a su departamento, enfrenté esa puerta para tocar el timbre. Diablos,mi corazón latía tan fuerte… Respiré profundo y me peiné un poco, bueno, yo no era de peinarme,pero por si las dudas.

Al fin sentía como la puerta se abría con lentitud.

-¿Quién…?- De la puerta,una desconcertada Caitlyn se mostró. No portaba ya su uniforme púrpura de trabajo, si no que traía un lindo vestido verde brillante y de tirantes, suelto y que parecía de pijama. Me quedé absorta, casi tanto como ella al verme.

Se veía tan hermosa… pero desde luego, no podía ni debía distraerme en eso.

-Vi…- susurró ella, su mirada fue de sorpresa absoluta, como si hubiese sido la última persona a la que esperaba encontrarse. Tragué saliva. No lo arruinaría esta vez.

-Cait…- noté como ella puso su mano y cerró la puerta, pero la detuve.

-No me evites, ya no más. Sea lo que sea que te haya hecho… Estoy dispuesta a hablarlo y a solucionarlo contigo. Las dos juntas.-

Bajó su mirada, ese gesto logró quebrar gran parte de mis esperanzas…

-Nosotras… ya no hay nada de lo que debamos hablar.- Dijo sin más. Eso no me dejó para nada conforme. ¡No podía permitir que esta mierda siguiera así!

-¡Por favor Cait! ¡Estoy volviéndome loca! Si vas a terminarme… si ya no quieres verme más, al menos dime que fue que hice mal… Dime en qué me equivoqué, y estaré satisfecha, voy a dejarte en paz-le prometí. No iba a dejar de amarla, pero al menos solucionaría ese problema.

Ella no dijo nada por varios segundos, y eso logró impacientarme. Justo cuando iba a colocar mi mano sobre su hombro descubierto, alguien más lo hizo.

-Cait ¿Qué sucede? Te fuiste tan repentinamente…-

Sentí como si un cubo de agua fría me cayera en todo el cuerpo. Mis ojos y mi boca tan sorprendidos, mi expresión desfigurada debió de haber sido terrible al fijar la mirada en quien, semidesnudo, estaba tras Caitlyn…

-Jayce…- susurré al tiempo de que mi atónita expresión se tornaba en una iracunda mirada de odio e impotencia pura. ¿Yo había sido engañada?

Mi sangre hervía con tanta intensidad, que rápidamente su odiosa cara fue un blanco perfecto para mis puñetazos. De no haber sido porque sabía que Cait lo impediría…

-¡Pero si es Vi! Lo siento, Cait no tiene tiempo para amigas.- descaradamente la abrazó como si yo no estuviera presente,como recorriendo sus hombros y su cuello. Caitlyn seguía con la cabeza baja.

Simplemente no podía creerlo.

-Vi, vete,por favor…-insistió ella, retirándose del abrazo de Jayce con algo de violencia. Poco me importó. Mi corazón estaba hecho añicos. Me sentía más humillada que nunca antes… Tanto que fue la primera vez en la vida que quería desaparecer,pues creía que ya no había esperanza para mí.

Me dí la vuelta, no quería verle la cara a esos desgraciados que habían jugado conmigo. Ya no iba a creerle esa carita de inocencia a aquella maldita sheriff que había roto mis sueños, deseos y esperanzas desde aquél momento.

-No te preocupes, ya encontré la explicación que quería. Yo ya me iba retirando-.

Puse las manos en mi bolsillo, mientras le dedicaba una perforadora mirada a Caitlyn, que estoy segura le hizo estremecerse y arrepentirse de aquello que había sucedido.

-Puedes meterte tu amor por el culo.-

Corrí desesperada de ese lugar. El pasillo hasta el ascensor se me hizo eterno. Quería desaparecer, mis ojos ya no aguantaban las lágrimas y no me permitiría llorar hasta que estuviera en la soledad de mi departamento.

-Caitlyn, eres una maldita perr….-

Cegada por la rabia,corrí de más mientras intentaba secarme los ojos vidriosos, por lo que pasé de largo en ese pasillo. Sin medir mi fuerza al momento de correr, atravesé el balcón desde el piso 30.

Oh no, un maldito paso en falso que iba a costarme la vida.

-¿Qué…?-

Caí en cuenta para asumir que ese pequeño tropiezo había sido mi fin. Nada podía evitar que comenzara a caer pesadamente desde el último piso de aquél edificio, en ese momento, y por tres segundos, mi vida comenzó a pasar frente a mis ojos.

Era verdad eso de que antes de morir comienzas a recordar lo más hermoso que viviste, y a pesar de que en el pasado tuve una vida dura de sobrevivencia y rodeada de vandalismo, estos últimos años habían sido hermosos como nueva vigilante, trabajando en conjunto al que aún era el amor de mi vida; Caitlyn…

-Tuve una buena vida…- susurré con una sonrisa, sin contener las lágrimas en los últimos momentos de mi vida. Luego de eso todos pensarían que fue un acto suicida o por despecho...¿Que haría cupcake? ¿Se libraría de un peso o quedaría de por vida marcada?

La verdad yo no quería morir de esta manera, pero mientras más caía, más asumía que mi muerte ya era é los ojos para dejarme llevar.

Más lo que sucedió realmente me dejó anonadada por varios segundos.

Mi mano fue presionada de un fuerte agarre por unas gélidas manos que me sostuvieron desde, más o menos, el piso veinte del edificio. Alguien me había salvado de aquél fatal destino.

-¡Oh, mira esto, Carapescado! ¡Me he encontrado a manototas!-

Ay no, esa voz no,porfavor. Reconocí de inmediato a ese ser que me había salvado, al menos…por ahora.

-Jinx…- miré hacia arriba, mi rostro fue de rabia total.

Con su típica sonrisa maniática, esta criminal sostenía mi brazo como si no pesara nada. Estaba desde el balcón de uno de los departamentos y no me explicaba como era posible de que este no estuviera totalmente destruido o con algún policía alrededor.

-Nos volvemos a encontrar,pelo de chicle…- sonrió, para comenzar a levantarme.

-¿Qué estás haciendo?- la miré con real enfado. –Dé morir a ser salvada por ti.-

-Sí claro lo que digas, ahora ayúdame un poco que estás bastante pesada manototas…-

De mala gana apoyé mi mano libre en el barandal y me subí hasta quedar dentro del balcón, cara a cara ante la tiradora más temida de todo Piltóver y quien sabe que más. Su expresión de loca era algo que me aterraba algunas veces, pero esta vez, ya sin jugar al policía y al ladrón, me crucé de brazos para alejarme un poco y darle más seriedad al asunto.

-¿Por qué me salvaste?- pregunté sin más, sintiéndome decepcionada de mi misma de haberme dejado salvar por mi enemiga. Bueno, es que realmente no quería morir en esos momentos a pesar de haberlo repetido tantas veces. En el fondo le daba las gracias, aunque quien sabe si me salvó sólo para poder matarme.

Ella sonrió para apoyarse con sus codos en el barandal. Cerca de éste estaban dos de sus armas; una pistola láser y ese lanzacohetes azul que llamaba tiburón o algo así. Estuve alerta por si en algún minuto las cogía para atacarme.

-En primer lugar.- comenzó a hablar con su chillona voz. –No iba a dejar que murieras porque yo voy a ser quien te mate. Tranquila, no será hoy ni mañana pero algún día- Sonreí de lado ante esa declaración.

-En segundo lugar, tienes algo que me pertenece y me ha hecho mucha falta- Me miró, sabía a lo que se refería.

-Tu ametralladora- asentí para cerrar mis ojos.

-Eres brillante- pareció decirme con sarcasmo. –Y en tercer lugar…- se acercó más a mí. Estaba desarmada, pero no iba a dejar de desconfiar en ella pese a su caridad.

-Como sé que no vas a entregarme a mi Pum-Pum tan fácilmente…- sonrió para observarme con esos ojos carmesí, tan desquiciados como ningunos. –Quiero proponerte un trato.-

-Te escucho.- Ya asumía que algo me iba a pedir por haberme salvado la vida, algo más que su ametralladora, sí, algo más que eso.

-Te seguí. Admito que quería obligarte a que me devolvieras a Pum-Pum por las malas- confesó mientras movia una de sus trenzas como si de una soga se tratara. –Pero ya he visto todo lo que ha sucedido y me conmueves. Sombrerotes te partió el alma ¿Verdad?-

-Lo viste todo…- le dije en busca de respuesta, mientras le dedicaba la mirada más penetrante que pude. Sólo lanzó la carcajada más burlesca de todas, que me hizo enfurecer y preparar mi puño para…

-Epa, Epa,calma manototas…¿Te olvidas de que estás frente a tu salvadora?- me manipuló mientras se acercaba.

-Yo no pedí que me salvaras- le contesté fríamente.

-Pues si quieres morir podemos arreglarlo ahora- Estuvo a punto de tomar su pistola láser. Apreté mis dientes, en mi condición no podría darle una batalla justa como antes y sería una presa fácil, y no me quedó más remedio que aceptar lo que ésta anarquista me propondría.

-Tsk… Está bien Jinx, Acepto el trato. ¡Dimelo ya! ¿Qué mierda quieres que haga?.-

Esperaba al menos fuera algo conveniente para mí. Ella sonrió satisfecha por mi respuesta, para incorporarse y mirarme a los ojos.

-Si me devuelves a mi Pum-Pum…- comenzó a explicar

-Continúa. Me está intrigando-dije sin más.

-Ocultaré el asesinato de ese tal Jayce.-

Esas palabras convirtieron mi sarcástica expresión automáticamente en una grave.

-¿Qué? ¿Porqué? ¿Acaso vas a matarlo?- Pregunté impactada.

-Tú quieres hacerlo ¿No?- me preguntó con una mueca algo aburrida.

-…Es algo que está fuera de mi alcance.- Dije, para luego medir las palabras que había dicho. –Mira, odio a ese bastardo, pero no creo que yo pueda…-

-Y por eso lo haré yo- me propuso con su mirada más demente de lo normal.

-¿Qué dices?-

-El trato es simple. Devuélveme a mi Pum-Pum,y a cambio, mataré a ese hombre que te arrebató a tu sombrerotes- me dijo. Yo estaba tan impactada que no pude decir nada.

-Pero si te niegas…-tomó mi mentón, dándose la libertad de acariciarme y provocarme de mala manera con sus gestos.

Sabes que a pesar de todo puedo tomar a Pum-Pum por las malas, y no sólo eso. Mataré a ese hombre y me las ingeniaré para que tú quedes como la culpable. Imagínate ¡TE PUDRIRÍAS EN LA CÁRCEL POR EL RESTO DE TU VIDA! Y no sólo eso, tu sombrerotes te aborrecería para siempre…-

Apreté mis dientes,alejándola violentamente de mí. –Eres una…-

-Dí lo que quieras, pero sé que lo estás considerando,Manototas-. Sonrió con total seguridad por sus palabras. Odiaba admitir que cada palabra que decía esa loca era cierta. Demonios...

Callé por varios segundos. Si le devolvía el arma,Jayce acabaría muerto y la ciudad seguiría sufriendo destrozos por culpa de esta maniática, además su muerte no me aseguraría un mejor futuro junto a Cupcake, ya que asumía que ya no sentía nada por mí.

Pero si no se la devolvía, no sólo ocurriría todo lo anterior, si no que mi vida acabaría siendo un total infierno nuevamente tras las rejas y esta vez, para siempre.

-Te noto confundida-pausó severamente - Oww bueno,seré generosa- movió sus trenzas con una sonrisa.

-Te doy mes y medio para considerarlo. No provocaré tantos destrozos considerando que sabes que no tengo a mi Pum-Pum- tomó sus armas para comenzar a retirarse. –Así que ya lo sabes,Vi. O es tu vida, o es la de él. Voy a ''visitarte'' de vez en cuando a ver si te decides.- Sin más, se apoyó en el barandal para subirse. –Muy bien, adiós.-

Disparó un enorme cohete en el que se subió y se marchó a la velocidad de la luz. Era increíble que pudiera tener tanta fuerza y agilidad cuando su cuerpo no era más que un esqueleto flacucho.

Aún no tomaba consciencia de las palabras que me había dicho…

Actualidad(Piltóver; Junio 15 ; 3:00 AM)

No había tomado consciencia hasta el día de hoy. El tiempo se me acababa, y debía escoger alguna opción por muy terrible que fuera, pues a decir verdad no me preocupaba que el mojigato de Jayce muriera, sólo me preocupaba en como esto pudiese afectar a mi relación con Cait.

-Así que…¿Te llamas Pum-pum, eh?- Mire la ametralladora rosa, para estirarme en el suelo y cerrar los ojos.

-Pues no me queda más opción…-Apreté mis dientes.

-…Que devolverte a tu dueña-.