Advertencias: Lenguaje fuerte no apto para todo publico, mención de violación y temas sexuales controversiales.
Haikyuu! Ni sus personajes me pertenecen, sus respectivos créditos a su autor Furudate.
El/la chica con ojos de sol
Sintió como sus piernas eran abiertas por completo, incluso podía jurar que parte de sus articulaciones se habían lastimado. Gimió con fuerza, oponiéndose un poco a la brusca entrada del castaño en su interior; pero no podía hacer nada para evitarlo.
Después de todo era su trabajo.
Estaba atado en la cama, desnudo, con solo la playera de vestir de Ushijima en su torso. Su mejor cliente y también el mas difícil de complacer. Jadeó y ahogó un gritó en su garganta. De un momento a otro el de ojos castaños hizo más presión en sus rodillas -frustrante- pensó. No es que fuera quejumbroso, pero la elasticidad que en ese momento le estaba exigiendo Wakatoshi, junto a la inaudita habilidad de no gritar mientras era penetrado; literalmente era inhumano. Jadeo nuevamente sintiendo sus pies contraerse, sus muñecas se movían de un lado a otro tratando de calmar los impulsos de soltarse. Ushijima lo tenía sumido en un vaivén de placer.
Lo hacía perderse.
Le quemaba hasta lo más incognito rincón de tu ser.
–Waka… Wakatoshi–Gimió su nombre. Removió su cuerpo y sintió varias lagrimas recorrer su mejilla, le dolía, le quemaba por dentro a pesar de que su cuerpo estaba moldeado a ese tipo de encuentros. Para el contrario los quejidos, gemidos y lagrimas del rubio eran parte de su diversión y la eterna devoción hacia la práctica sexual. Tsukishima no lo hacía apropósito, el castaño sabía y aseguraba que el placer y los quejidos eran auténticos. ¿Había algo mejor que hacer gemir a una prostituta de esa forma? Después de todo habían llegado a ese nivel gracias a él. A nadie más. Ushijima desde sus inicios en la práctica sexual había buscado el placer carnal, alguna manera de llegar a algo mucho más lejos que la simple penetración, mas haya de unir dos cuerpos como si fuese la cúspide más alta del nirvana cuando aquello era mentira.
Una absurda mentira.
Tal vez por el hecho de haber despertado su curiosidad a la edad de 13 años toda su mente o "pureza" se había ido para siempre, quedando enterrada junto a sus sonrisas y una mirada amable. Se descubrió insatisfecho luego de haber conocido el sexo con su mejor amigo, del que se creyó enamorado, lamentablemente descubrió que no estaba feliz. No estaba lleno y se sentía incompleto.
Algo faltaba.
Fue en ese momento que había descubierto que el placer no se podía encontrar con solo el amor, que para encontrarlo se debía incluso corromper la moral con la que había sido educado. Amaba contraer los cuerpo ajenos con desesperación y exigirle cada vez más, exigirles tanto hasta que terminara de alimentar por completo su hambrienta llama de placer…
Tsukishima abrió la boca en busca de oxigeno, dejando salir un largo alarido. Cuando se trataba de Wakatoshi este no media fuerzas y eso lo comprobaba cada vez que encajaba sus uñas en sus muslos, con fuerza, abriéndolo tanto como le fuera posible, le molestaba pensar que eso dejaría marcas.
Ushijima Wakatoshi había encontrado en la sumisión y el dolor un nuevo sabor, uno indescifrable; uno del que se había hecho totalmente adicto y dependiente.
El castaño sonrió complacido, mientras su boca se entretenía fuertemente en morder y succionar todo lo que estuviera a su alcance, entre ello se encontraban principalmente sus coronillas y abdomen. A determinado tiempo Kei olvidó guardar silencio emitiendo fuertes gemidos en respuesta a sus acciones.
Ushijima no podía negar que le encantaba ver esa cara de sufrimiento y placer entremezclados, sería una gran y descarada mentira.
Amaba profanar su cuerpo de una y mil maneras, deseaba, anhelaba; marcarlo, morderlo. Mostrarle al mundo que él era su único dueño, que no había nadie más que pudiera brindarle aquella satisfacción banal a pesar de que el rubio vendiera su cuerpo a una y mil gentes. Nadie le podía dar el mismo placer que el, debía grabar en su cuerpo cada que tenía oportunidad la promesa de que jamás, bajo ninguna circunstancia alguien tocaría su cuerpo con el mismo fuego y lívido con el que él lo hacía.
Se empujó más sobre su cuerpo, buscando llegar tan profundo como le fuera posible, Tsukishima de alguna forma siempre había sido demasiado estrecho y poco elástico –a pesar de su oficio- podría decir con seguridad que era el que tenía menos flexibilidad que cualquier persona con la que hubiese estado en el pasado. A su entrada le pasaba lo mismo, por más veces que estuvieran en aquella situación Kei seguía siendo jodidamente estrecho, aunque al punto de vista de Tsukishima, Wakatoshi era demasiado "grande". A Ushijima se le antojaba delicioso entrar, asfixiarse en el exquisito placer de su estrechez; incluso podría excitarse solo de pensarlo.
Kei era y sería su prostituta favorita.
Buscó llegar lo mas profundo que pudo usando todo su peso, Tsukishima sintió su miembro rozar su estomago, logrando así que en el fuerte y pausado vaivén el castaño se mantuviera literalmente masturbando al rubio. El roce de pieles era perfecto. Wakatoshi al ver la boca del de ojos dorados abierta y aquel hermoso rostro sumido en el más puro placer, buscó sus labios. Obtuvo como respuesta una fuerte mordida de parte del rubio. Sintió el sabor a metal en su boca y se dio cuenta que estaba sangrando.
El afectado limpio sus labios, pero no podía impedir que la sangrare siguiera brotando. Sonrió con excitación, sus ojos se afilaron y sin poder evitarlo alzó la mano. Tsukishima dilató sus pupilas, el temor se reflejó en sus ojos y comenzó a removerse debajo de su cuerpo.
Todo fue en vano cuando sintió la mano del mayor chocar contra su mejilla con fuerza.
—Supongo que te gusta que te trate como una puta desobediente ¿no es así Tsukishima?— susurró a su oído. Kei gimió de nuevo, esta vez debido a la brusquedad que la mano izquierda de Wakatoshi ejercía en su muslo, por su parte la derecha enredaba y estiraba las largas y onduladas fibras de su cabello entre sus dedos. Sonrió con malicia y sin dudarlo le regresó la mordida, logrando hacer sangrar el labio del más bajo, justo después le robo el aliento con un beso demandante. Kei sentía que le quería aspirar la vida en aquel contacto nada sutil.
Enredaron sus lenguas, compartieron sus salivas y lentamente sentían como el éxtasis llegaba, como el placer sin ningún preámbulo se apoderaba de cada célula de su cuerpo, el sabor a metal de ambas sangres se unían y esta era entremezclada con su saliva, el exceso de ambas secreciones hizo que un pequeño hilo bajara desde su boca hasta la barbilla del rubio.
El beso se mostró asfixiante, rememorando una y otra vez la entrega de sus cuerpos, el vaivén era marcado de forma fortuita, duro. Ushijima buscaba llegar cada vez más y más adentro, incluso si pudiera hubiese deseado partirlo en dos, llegar hasta sus entrañas y llenarlo por completo de él, que en sus pensamientos no hubiese nada mas aparte de su nombre, de su esencia, de sus ojos, de su saliva, de su sangre. Que Tsukishima entendiese que su cuerpo le pertenecía solo a él, a nadie más que a él.
—Kei—Wakatoshi musitó su nombre, separando al fin sus bocas, le recorrió con la mirada y observó sin ninguna pisca de arrepentimiento el golpe mercado en la mejilla del contrario.
Tsukishima ante el llamado desvió la mirada.
La fuerza de la penetración pasó de ser lenta y profunda a rápida y desgarradora, Ushijima ejercía toda su fuerza física y el rubio solo podía someterse al exquisito dolor del vaivén, gemía, danzaba entre las sabanas y su cuerpo podría competir en ese momento con un contorsionista. Incluso, justo después de que sus piernas fueran levantadas a lo que las articulaciones le dieran oportunidad, y Ushijima volviera a entrar de una sola estocada, Kei había sentido que ni gritar era suficiente para expresar lo que sintió.
El sudor ahora recorría ambos cuerpos, incluso con la ventilación encendida, se sentían quemar como el infierno mismo. Vinieron mas estocadas, Ushijima se encargó de doblar al rubio a tal punto que sus rodillas estuvieran al lado de su cabeza. Pensó que era estupendo como el ser humano sumido en el placer, era capaz de realizar actos que cuerdamente jamás realizaría. Era la delgada línea que separaba al límite físico, emocional y moral del humano.
—Duele—Sollozó el rubio, dejó salir varias lagrimas de frustración. Esos sentimientos se unieron en el infinito mar de emociones que Wakatoshi experimentaba, necesitaba más y cuando Kei lloraba solo aumentaba el deseo de quebrarlo. Fue de esperarse entonces que la velocidad aumentara hasta que juntos tocaron la cúspide del orgasmo, uno largo, sonoro, exquisito y único. Aquel tipo de placer que solo se experimentaba en aquellas situaciones, fuera de la moral, fuera de regla. —Eres un sádico–Recriminó el rubio con molestia, las lagrimas aun corrían por sus ojos. Ushijima limpió con su lengua los restos de sangre que había en la comisura de sus labios —Wakatoshi…
El mayor sonrió, llevó sus manos al nudo que había en sus muñecas y por fin luego de varias horas las soltó. Soltó aire con sus labios al notar como las cuerdas habían quedado marcadas en las muñecas de Tsukishima, salió de su interior y se separó de su cuerpo, gruñendo y respirando de forma entrecortada, observando el cuerpo del rubio rendido en la cama.
Moretones, rasguños, marcas, mordidas, sangre, sudor, semen.
Todo se mezclaba en su cuerpo, todo encajaba perfectamente con aquella deslumbrante presentación de Tsukishima Kei, respirando de forma forzada en la cama, dándole la espalda, llorando en silencio.
—Te amo Oikawa…—Dijo de forma suave, ocasionando que un sollozo brotara de la garganta del ojimiel. Ushijima enredó su cuerpo con el del rubio, acomodándolo entre sus brazos.
Tsukishima era su prostituta mas cuidada y preciada. Era el único remplazo donde podía ver reflejado los ojos del que alguna vez fue el amor de su vida y su mas grande fijación: Oikawa Tooru.
Tsukishima mordió su labio inferior y evitó con todas sus fuerzas llorar aun mas esa noche.
A ese paso se le acabarían las lagrimas.
Bajó con lentitud de un elegante auto negro. Sus piernas temblaban y su cuerpo le exigía un largo descanso. Dio un golpe en la pared mas cercana que encontró y con frustración abordó el elevador subiendo hasta su lujoso apartamento. Al llegar a su destino se encontró con una castaña sentada en la puerta.
—Mil dolores no valen la pena—susurró. Alzó la mirada, encontrando sus ojos castaños con los ámbar. Tsukishima mordió por decima vez sus labios esa noche, se recargó en la pared y poco a poco fue cayendo al piso, cansado. Quebrado.
—Unas cuantos rasguños no valen tu seguridad…—Indicó el rubio. La castaña se alzó de un solo movimiento. Su flequillo cubría su mirada.
—Entremos…—Tsukishima tomó el brazo contrario y en en menos de unos minutos se encontraba sentado en el sillón. La recién llegada fue por el botiquín de primeros auxilios, Kei suspiró con frustración al saber lo que venia.—Abre las piernas…
—Te he dicho siempre que esto no necesario—Se quejó el de ojos dorados. La castaña frunció los labios y se agachó hasta la altura de sus rodillas abriendo ambas a la fuerza. —¡Oikawa basta!—Gritó el rubio pero, no pudo terminar de reclamar al escuchar un sollozo de la boca contraria. ¿No debería ser el quien llorara?
—Por favor Kei… Por favor déjame hacerlo… Yo… Mira como te dejó ese animal.—Rogó la castaña. Kei acarició sus mejillas y con ambos pulgares limpio sus lagrimas.
—No es tu culpa Tooru, fue mi decisión… Por el bien de ambas—explicó. Cada día catorce de cada mes Ushijima exigía sus servicios, los exigía sin saber que Tsukishima Kei era primo de Oikawa Tooru, era normal que sus ojos y sus facciones le recordaran a el. Era normal que Tsukishima aceptara con tal de mantener a salvo a la única familia que quedaba a su lado.
No permitiría que Ushijima apartara de su lado a Tooru, no. Prefería someterse a ese infierno cada treinta días antes que permitir que la obsesión del contrarió nuevamente atacara o alcanzara a su primo. Oikawa tomó el algodón con alcohol y con cuidado, como si Tsukishima fuera un cristal roto, fue curando cada herida y limpiando la sangre que brotaba de estas. Ushijima era un salvaje que no medía su fuerza y el mejor que nadie lo sabia.
—¿Iwaizumi sabe que estas aquí?—Preguntó. Enseguida soltó un quejido al sentir arder un largo rasguño cerca de su pelvis cuando el castaño pasó el algodón sobre la herida. Oikawa negó.
—Si se entera, enloquecerá ya sabes lo gruñón que es Iwa chan—Río. Kei rodó los ojos y dibujó una sonrisa en sus labios a pesar de los pequeños sobresaltos que tenía cada que Oikawa encontraba una nueva herida. —¿Qué tal esta la espalda? —preguntó. Kei negó. Había estado atado gran parte del tiempo, por lo tanto no pudo hacer mucho daño ahí.
—Sigue buscándote… Volvió a decir tu nombre al final, para variar… Eso me preocupa–Chasqueó los dientes con frustración. Luego de dos años Wakatoshi seguía tan enfermo como la primera vez que lo conoció y si las perdidas volvían a ser tan malas como la ultima vez, ambos estarían en grave peligro.
Recordaba el pánico en los ojos de Oikawa, sus noches de insomnio llorando y sobre todo la ansiedad, la depresión y los ataques de pánico crónicos que llegó a generar debido al exceso de estrés y aquel suceso traumático para ambos. Si no hubiese sido por Iwaizumi probablemente Oikawa hubiese terminado suicidándose. En aquellos días, Tsukishima decidió que travestirlo era la mejor manera de protegerlo y mantenerlo lejos de sus garras y no es que no lo hubiese hecho nunca, lo que sucedía es que no opto por eso como una forma de vida como lo había hecho el, pero a partir de ese punto debía a comenzar a vivir para no ser reconocido.
—Pero no me encontrará de esta forma—Aseguró.
—Sin embargo si llega a este grado conmigo, no quiero saber que hará si te encuentra. Como hombre o como mujer… Nada cambiara su fijación, ni yo mismo lo he logrado en todo este tiempo… Y tu hermana—El silenció se hizo presente luego de aquellas palabras, no era un suceso que a ninguno de los dos les gustara recordar.
Fue y era uno de los peores episodios de la vida de ambos.
Oikawa ayudo al rubio a desvestirse y posteriormente preparó la tina para que se diera un largo baño. A veces las palabras sobraban y aunque el era fanático de hablar y hablar, sabía que Tsukishima amaba el silencio.
—¿Soy una chica linda Tooru?—Preguntó Tsukishima con una sonrisa boba, estirando su brazo para tomar el jabón liquido con extractos de fresas. Oikawa soltó aire y negó.
—Lo eres… Eres una mujer letal ¿Pero sabes algo?—Tsukishima alzo la ceja mientras con tranquilidad se frotaba el liquido del frasco— Nunca serás tan linda como yo—Kei soltó una pequeña carcajada y Oikawa formó un puchero.
—Dices eso cuando te rehusabas a usar vestidos maquillaje y tacones en un inicio… además, tu cabello nunca será tan bonito como el mío.
—¡Aun no crece lo suficiente! Veras que pronto será tan bonito como el de…Como el de ella—De pronto las risas cesaron. Solo de recordarla el ambiente se volvía negro, pesado y asfixiante. —¿No crees que esta triste?—Musitó. El rubio observó el techo y no pudo evitar pensar que tristeza era lo que menos debía sentir su hermana de donde sea que los observara.
—Murió protegiéndote. Ella estaba orgullosa de ser quien era, nada la detenía y eso mismo nos enseño, a seguir adelante a pesar de todo… Tooru, deja de torturarte, yo estoy aquí para ti, no dejare que nada te pase ¿bien? Hajime te protegerá a ti y a tu sobrino.
—¿Sabias que me dice mamá? Somos una retorcida y bonita familia feliz, incluso su maestra piensa que soy una linda chica—Comentó con una suave risa —Por cierto ¿iras a la universidad mañana?—Preguntó. Kei lo meditó por unos segundos y decidió que lo mejor sería ausentarse dos o tres días. A fin de cuentas tenía cierta inmunidad en las inasistencias. Todo se arreglaba con un justificante medico falsificado por Iwaizumi.
—¿Te quedaras?—Cuestionó el rubio. El castaño asintió y siguió ayudando al contrarió a limpiar de forma correcta su cuerpo.
Quería desaparecer cada rastro de ese hombre llamada Ushijima Wakatoshi.
Al tercer día, lo que empeoró todo para Tsukishima, fue encontrarse en la puerta de su apartamento con la cara estúpida de Kuroo Tetsurou con varios libros en sus manos.
¿Cómo carajos había obtenido su dirección?
Por su parte, la sonrisa del mayor se extendió de oreja a oreja al encontrarse con aquellos ojos dorados una vez mas.
La venganza estaba por llegar.
Fin del capitulo 3
Continuara.
Chan chan chan (¿?) no tuvimos mucho de Kuroo en este capitulo, pero como la mayoría lo pidió y luego de consultarlo con algunas personas el personaje que acompañara a a Kei ¡será Oikawa! Y aparte por que considere que el se parece mas a Kei que Suga si no me creen póngale a Tsukki el cabello de Oikawa y esos gestos de mierda y burlones que ambos tienen, tenían que ser parientes. Bueno, digamos que es el inicio de una larga historia, aun no sabemos nada del pasado de Tsukishima, pero tal vez considere poner un poco de esto en el siguiente, aunque quiero avanzar mas el contacto entre Kuroo y Tsukki. Como dato curioso ¿Sabían que es mi pareja menos favorita? Dum dum dum. Actualizacion por tercera semana seguida ¡Un nuevo record! #familiafeliz Iwa chan y Oikawa cuidan de un nene de cuatro años, este realmente es el sobrino original, pero un poco mas pequeño. En lo personal amo a Ushijima, pero necesitaba a varios personajes de este tipo y pues se dio, en caso de que Suga hubiese sido el elegido probablemente hubiese usado a otro personaje, no se a quien pero bueno, lo hecho, hecho esta (¿?) Por cierto, pronto aparecerá Yamaguchi, mi nene no puede faltar y bueno, un par de enredos que se nos vienen mas adelante. Recuerden que cada rev y follow es una forma de ayudar al autor y motivarlo a seguir adelante el hastage de la semana es #soyunachicalinda. ¡buenas noches! Para los que quieran seguirme en Facebook busquen la pagina como: Fanfic Shinobu Rei.
P.D sigo sin beta (¿?)
