Disclaimer: Little Witch Academia y sus personajes no me pertenecen


-Capitulo 4-


¿Puedes sentir?


La profesora Finnelan detestaba ver a alumnos tan desobedientemente merodear por zonas a la que ellos sabían, no debían estar, pero la sala donde guardaban los libros prohibidos era, sin duda, la más irritante para ella.

Ya iba armando en su cabeza la reprimenda que daría a la maga, que alcanzaba a ver por la luz de una lámpara que iluminaba un lugar alto en uno de los estantes, solo le quedaba acercarse un poco y…

-¿Diana?

La aludida alejó de su vista el libro que estaba leyendo y lo volvió a colocar en su estante, bajando con su escoba hasta llegar al frente de la profesora.

-Buenas noches, profesora- saludó con cortesía.

-Por Dios, Diana ¿Qué haces despierta a estas horas?

-Me pareció un momento apropiado para venir a estudiar sobre unos asuntos que me interesan- contestó con su habitual sentido de servicio.

-Es verdad que se te ha otorgado la lleva de este nivel ¿Pero estudiar tan tarde?

-Prefiero que sea así, profesora. Detestaría ver que mis compañeras se pregunten por qué se me concede privilegios como este, y despierten en ellas sentimientos de envidia que podrían perjudicar al cuerpo docente de la escuela.

-Oh, Diana- exclamó Anne con admiración- eres realmente un ejemplo para todos aquí. Por favor sigue mejorando y con ello también acrecentando la calidad de las demás en la academia.

-Haré mi mejor esfuerzo, profesora- le aseguró la chica, sumando una leve reverencia en muestra de gratitud por las palabras.

-Si necesitas algo más, no dudes en acudir a preguntar- finalizó la mayor, comenzando a alejarse- buenas noches, Diana.

La rubia esperó hasta asegurarse de quedar en soledad nuevamente y fue cuando sacó de su bolso una muñeca de trapo semejante a su aspecto.

-Pero mira nada más como tienes a toda la escuela lamiéndote las botas- habló dirigiéndose a la muñeca-a mí también me pareciste bastante encantadora- siguió acercándosela a la boca y lamiendo la mejilla de tela- y útil… muy, muy útil.

Tomó la escoba nuevamente y buscó el estante donde había dejado el libro, puso a la muñeca en su lugar para que pudieran ver juntos lo que había encontrado.

-Estos libros son realmente difíciles de conseguir y contienen información muy perjudicial para ciertas brujas, pero supongo que todo eso ya lo sabes.

Llegó hasta la página que quería, en donde la imagen de un dragón enrollando su cola en un enorme reloj se dejaba ver bajo el título del capítulo.

-Entonces ¿En dónde nos quedamos? Ah sí… "El reloj del dragón del tiempo"


Buru Guru Dra estaba viviendo en carne propia lo que era ser Diana. Desde todos los privilegios que tenía, hasta todas sus responsabilidades.

No contaba con que la escuela entera le pidiera favores y le encargaran tareas que eran más bien propias de algún profesor, o alguien con mayor conocimiento en la magia que una simple alumna.

En su naturaleza de demonio pudo completar con éxito la mayoría de esos encargos, pero queriendo estar concentrado en sus propios asuntos comenzó a excusarse con exámenes venideros o asuntos importantes de la familia Cavendish los cuales tratar.

Ya había pasado la parte teórica, mientras se ayudaba con el libro, en su habitación, ya casi finalizaba el reloj.

Los elementos que lo componían, junto con la magia a implementar sobre él y los paso a paso, eran realmente difíciles de seguir y conseguir, pero nuevamente el ser "La estimada Diana de todos" le facilitaron la gran mayoría de ellos.

-Eres toda una celebridad, muñequita- dijo cuando tomó aire de su labor, contemplando a la muñeca que descansaba en la mesa- y como odio a los sabelotodo.

Tomó con ambas mano a la muñeca, su dorso y uno de los brazos, estirándolo con fuerza, viendo como la tela se tensaba en lo largo. Vio como el hombro se comenzó a romper, descociéndose, iba a aplicar la fuerza que faltaba para separarlo más pero entonces llamaron a la puerta.

-Lamento molestarte, Diana- era una de las amigas de la rubia- pero si te quedas aquí perderás otra hora.

-Ya avisé que estoy muy ocupada- contestó dejando de lado lo que hacía para ver a la chica.

-Lo sé, pero esta será ya la cuarta clase que pierdes ¿Te sientes bien?

La criatura gruño en su interior. Quizás que alguien tan aplicada como Diana faltara a tantas clases levantaría sospechas.

-Perdón por preocuparte, estoy bien- dijo, poniéndose de pie y guardando algunas cosas en el bolso, incluyendo la muñeca- vamos.


Caminaban por los pasillos que daba a los exteriores, era un hermoso día soleado, por lo que varias alumnas se distendían en el césped prolijamente cuidado de la institución.

-¿Diana?-preguntó Hannah, viendo como su amiga se detenía de su trayecto a clases y miraba hacia afuera del pasillo, siguió su mirada y encontró al grupo de amigas de Akko, con ella, en las afueras, parecían estar en un momento libre.

-Si quieres adelántate a clases, iré luego- dijo, encaminándose ahora hacia donde las chicas estaban- supongo que es momento de pagarte por la ayuda que me estas brindando- dijo en voz baja, sacando la muñeca del bolso y colgándola de su cinto a un costado.

Las chicas notaron la presencia de la rubia cuando esta ya estaba lo suficientemente cerca para hablarles.

-¿Akko?- llamó ignorando a todas las demás.

-Hola, Diana- saludó sin más la aludida.

-¿Puedo hablar contigo un momento?- pidió y se alejó dándole la espalda, sin que le contestaran nada, esperando a que la siguiera.

No camino muy lejos, cuando se dio vuelta, y en efecto la castaña la había seguido, aun podía distinguir las miradas curiosas de las demás chicas.

-¿Qué sucede?- preguntó con inocencia la maga, mirándola con atención.

-Akko, se mi novia.

-… ¿Eh?

-Se mi novia, Akko- repitió- sé que sonara extraño, hasta ridículo, pero me gustas.

-… ¿Eh?

-He decidido que te quiero… de esta forma- dijo tomando una de sus manos.

-¿Diana? ¿Te sientes bien? Estas diciendo cosas muy… raras.

-No son raras, quiero que seas mi novia.

-¡Una abeja del amor! ¡¿De nuevo?!

-No es eso, aunque entiendo tu confusión, alguien como yo fijándose en alguien como tu ¿No es así? Sé que suena ridículo.

-¿Qué?

-Más que confundida deberías de estar alegre. Alguien tan talentosa y bien acomodada como yo sé está fijando en ti.

-¿En mí?

-Sí, en alguien que necesita todo un escuadrón para hacer un simple hechizo de trasformación. Honestamente no comprendo que te veo… pero las cosas son así, me gustas.

-Oh…- comentó sintiéndose muy confundida por toda la información, y en parte sentía la necesidad de defenderse a sí misma- no sé qué decir…

-No es tan difícil ¿Sabes?- preguntó con altanería- ¿Tienes idea la cantidad de personas que morirían por estar en tu lugar en este momento?

Akko guardó silencio, sabía que eso último era cierto. Si Diana estaba diciendo que la pretendía, pues había escuchado a cientos de personas decir que la pretendían a ella, que darían lo que fuera para tener siquiera una oportunidad con Diana Cavendish.

Pero ahora, esa chica en frente suyo, lucia tan desagradable que hasta la desconocía.

-Vamos ¿Qué tanto tienes que pensar? Serias muy afortunada de ser mi novia.

-¿Afortunada?

-Sí, alguien como tu… se resolvería la existencia estando a mi lado.

-¿Alguien como yo?

-Sí, alguien…- comentó viéndola de pie a cabeza con lentitud- bastante desastrosa.

-¡Yo no soy desastrosa, Diana!

-Mírate, ni siquiera sabes hablar correctamente, perdonaré el que me estés gritando solo por ser mi novia, pero solo por esta vez, no dejaré que me avergüences frente a los demás. Quizás tu estas acostumbrada a la humillación por mérito propio, pero será algo que deberás cambiar.

-¡No seré tu novia!

-¿Por qué no? Sería lo mejor que te podría pasar. No estoy hablando solo de lo bien que se vería para ti que una maga, tan talentosa y aclamada como yo, sea tu pareja, también están mis bienes.

-¡No me interesa tu dinero, ni tu fama, ni nada! ¡No seré tu novia!

-No esperaba menos de ti- comentó con un suspiro de hastío- inclusive para un ser con tan poca gracia como tu…

Se adelantó, tomando la muñeca de la chica y tirándola hacia ella, haciendo que Akko se pegara a su cuerpo, aprovechando para agarrar con fuerza su mandíbula y que la mirara a los ojos.

-Entiendes lo atractiva que soy ¿No es así?- preguntó dirigiéndola hacia sus labios, usando su fuerza para agarrarla de la cintura y aun sosteniendo su quijada.

Sonrió sobre sus labios al notar la fuerza que usaba la otra chica para alejarla, finalmente cedió, dejando que la empujara, pero no contaba con el veloz golpe que recibió su mejilla.

-¡¿Qué te crees que estás haciendo?!

El reclamó le pareció de menos, considerando el ardor en su rostro, se cubría la mejilla con una mano para apaciguarlo y miró con desdén a la castaña.

-Yo…- murmuró Akko entre dientes-¡Jamás seré la novia de alguien tan desagradable y engreída como tú! ¿Entiendes?- pregunto, con la cara roja de ira- ¡Jamás!

No solo le dio la espalda a Diana y se alejó de ella, también pasó de sus amigas, caminando apurada sin dejar que nadie le hablara o la siguiera.

El espectro la contempló hasta que se perdió en los pasillos de la escuela, luego comprobó que el resto de sus amigas que aun descansan en el césped, y que habían presenciado lo que pasó entre ellas dos, la miraban con diferentes expresiones, ninguna positiva.

Suspiró sin más y regresó sobre sus pasos, a la distancia Hannah la esperaba en donde la había dejado para volver a clases.

-¿Diana?- preguntó esta sin saber que decir, pero la rubia simplemente la ignoró.

Se adelantó lo suficiente como para estar a sola y tomó la muñeca de su cintura para hablarle.

-Ahí lo tienes, la respuesta a la pregunta que tanto te atormentaba- dijo como si el asunto le aburriera- tu tan querida amiga "jamás" estaría contigo. De hecho, a juzgar por como lo dijo, creo que odiaría bastante la idea ¿No crees? No es que te pierdas de mucho, pero si tanto querías saber…

Detuvo su monologo al advertir la irregularidad en la muñeca.

Si bien esta no podía moverse, defenderse, ni hablar, el espectro era muy consiente que podía ver y escuchar, sin embargo lo que llamó su atención era como en la parte de las mejillas, justo debajo de los ojos, la tela estaba húmeda, haciendo más oscuro el algodón en unas finas líneas que descendían, dando la impresión que lloraba.