Capítulo 2: No puedo creerlo

Un mes después, finalmente el día había llegado. Ansiosa y nerviosa por saber cómo le iría en su nuevo rol de profesora en aquel colegio donde hace tan solo un par de meses había sido alumna, no le había dejado prácticamente dormir.

No sabía cómo la iban a recibir sus alumnos, si la querrían o sino, o si se iba a poder desenvolver bien al momento de explicar.

Ella se encargaría de la asignatura de Transformaciones, que recordando las palabras de su ex profesora Minerva McGonagall en primer año, se describiría como: "Una de las magias más complejas y peligrosas que aprenderán en Hogwarts". Esta asignatura era obligatoria para todos los alumnos desde el primer año, con la opción de cursos para los ÉXTASIS en sexto y séptimo año.

Empacando, recordaba cuando su directora le había ofrecido el puesto de profesora, un puesto que tiempo atrás no había sido ni más ni menos el que ella tenía.

"Será un honor que la mejor alumna que tuve acepte seguir dictando Transformaciones" – recordó las textuales palabras de McGonagall. Según ella, luego de quedar como directora en Hogwarts, nunca había encontrado a una persona que cumpliera con sus expectativas, pero sentía que Hermione aún con su corta edad era perfecta para el puesto.

La castaña había aceptado inmediatamente.

Los profesores habían acordado ir un día antes del comienzo de clases al colegio, para acomodarse, y también para tener una mejor organización.

Si las cosas seguían igual a cuando ella había empezado, los nuevos alumnos llegarían hasta el castillo cruzando el lago con barcas, conducidos por el mismísimo guardabosques Hagrid.


-Demonios que nervios – dijo en voz baja entrando al castillo. Definitivamente el colegio se notaba muy vacío sin los alumnos presentes.

Comenzó a caminar por largos pasillos, aún no se encontraba con nadie conocido, excepto por elfos domésticos yendo y viniendo tan apurados como si fuera a terminarse el mundo.

-Señorita Granger – dijo uno muy tiernamente al verla – creíamos que no volveríamos a verla por Hogwarts – Hermione le respondió con una sonrisa.

-Parece que estaremos nuevamente otro año juntos – le contestó, y notó como el elfo tenía su mirada clavada sobre las maletas.

-Yo se lo llevo a su cuarto si me lo permite señorita Granger, yo sé dónde están los cuartos de los nuevos profesores – dijo éste, a lo que la bruja comenzó a negar con la cabeza.

-No, por favor – le contestó cortante pero queriendo sonar agradecida al mismo tiempo – puedo llevarlas yo misma, en serio no te preocupes, tu… - El elfo no la dejó terminar.

-Nosotros estamos trabajando aquí a cambio de dinero – contestó acercándose. Hermione se inclinó hacia él para escucharlo mejor – Nos dan dos Galeones por semana – se encogió los hombros dando media sonrisa – trabajamos porque queremos, no porque nos obligan a hacerlo.

La castaña abrió la boca para decir algo, pero ninguna palabra salió de su boca. No lo encontraba justo, pero ahora no sabía qué responder.

-¿Me permite llevarle las cosas? – volvió a preguntarle el Elfo instiendo. Ésta dio un suspiro de rendición.

-Bien – aceptó, aunque no muy convencida del todo.

El Elfo feliz, se acercó a las maletas de la bruja, con la intensión de desaparecer con las cosas y reaparecer en el dormitorio de ésta.

-Al otro joven mago igual ya le dejamos todo en orden – dijo medio segundo antes de desaparecer, dejando a Hermione totalmente confundida.

-¿Otro joven mago? – dijo repitiendo sin saber a qué se había referido. Analizando, pensó que probablemente se tratara de un profesor, ya que los alumnos recién comenzarían a llegar a Hogwarts al día siguiente. Sin duda el elfo la dejó extrañada.

Acomodándose un mechón de pelo detrás de la oreja, partió rumbo al despacho de la directora.

Comenzó a subir al segundo piso. Iba lento. Tenía la intensión de informarle a McGonagall que ya había llegado al castillo. Al llegar, pronunció la ya conocida contraseña, por lo que la gárgola se levantó dando paso a las escaleras en espiral. Esta se dirigió allí y las mismas fueron apareciendo a medida que fue subiendo. Al llegar final de las escaleras estaba la puerta que daba al despacho del director. Tomando aire, la tocó con sus manos, dando tres golpes no muy fuertes.

-Hermione – dijo la vieja bruja al abrir la puerta, estaba feliz y asombrada – me da gusto verte en el castillo. Espero que no hayas venido con la intensión de decirme personalmente que te arrepientes de estar aquí.

-Claro que no – Respondio con una sonrisa - a decir verdad estoy ansiosa de empezar.

La bruja mayor abrió paso para hacerla ingresar, Hermione observó todo el despacho, estaban solas.

-Nunca habíamos tenido profesores tan jóvenes en Hogwarts – La vieja bruja tomó asiento en la silla de enfrente de donde se había sentado la castaña – pero me alegra que tú seas una de ellas – Hermione nunca podía evitar sonrojarse ante halagos que la tomaban por sorpresa – Espero… que les vaya bien – Automáticamente sacó unas planillas de su escritorio, ubicadas en un cajón a su derecha. La castaña se encontraba confusa, no entendía porque la directora hablaba tanto en plural.

-Espero no defraudarla – contestó mirando el suelo – pero quiero que sepa que voy a dar lo mejor de mí, eso se lo garantizo.

-Hermione… - la bruja se dio su tiempo para inhalar y exhalar muy lentamente – quiero que sepas que te encargaras de los alumnos de primer hasta séptimo año. Llegué a la conclusión de querer advertirte que tengas cuidado con los alumnos más grandes. No es que no confié en tus capacidades de enseñanza, sino más bien es porque los alumnos podrían… aprovecharse de tu corta edad – sus ojos estaban fijos en la joven bruja – para jugarte bromas pesadas, o haciendo cosas que seguramente no sabrías como controlar a falta de experiencia. Obviamente que con un profesor mayor también podrían hacerlas, pero las probabilidades son menores – Concluyó.

-Se lo agradezco – Respondió pensativa. Sabía que no iba a ser una tarea sencilla. Estos alumnos mayores la conocían, y era obvio que la seguirían tratando como a una "amiga" o simplemente "una compañera" lejos de tratarla como la nueva profesora. Tampoco iba a notar extraño si alguien le iba a suplicar una buena calificación justamente con esa misma excusa.

-Sabía que comprenderías – le sonrió McGonagall, pero Hermione presentía que aún restaban cosas por informarle – Tienes cara de preocupación – preguntó mirándola sospechosamente – ¿hay algo que quieras preguntarme? – Hermione negó automáticamente con la cabeza.

-No, no – trató de convencerla con un tono que la hacía parecer segura.

-Bien – contestó ésta – ojalá estés igual de calmada dentro de una hora – Automáticamente dio una sonrisa un tanto nerviosa, que dejó pensante a la bruja, pero antes de poder decir algo, su directora cambio de tema – Quiero que sepas que hay una reunión con todos los profesores dentro de tres horas – miró su reloj acomodándose las gafas – en aproximadamente dos horas – se corrigió – por el momento… podrías aprovechar a ubicar tus cosas en el dormitorio que está junto a tu despacho, u ordenarle a un elfo que lo haga por ti – la castaña asistió – Espero que te sientas cómoda allí, tienes todo lo necesario. Y en cuanto a las decoraciones… puedes decorarlas como más te gusten.

-Es más de lo que esperaba – le dijo Hermione con una sonrisa, la cual fue devuelta por la profesora.

Al salir del despacho, tomo camino dirigiéndose al que sería su cuarto. Podía escuchar claramente más voces dentro del colegio, lo que ya no la hacía sentir tan sola en ese enorme lugar.

Caminaba ligeramente, observando las nuevas decoraciones del castillo, girando su cabeza para todos lados. Notaba como las decoraciones de hace tan solo unos meses atrás habían desaparecido, dando lugar a nuevas y más coloridas cosas. De pronto, se quedó observando hacia afuera a través de una gran ventana. El día estaba muy cálido, pero algo la interrumpió.

-¿Qué haces aquí? – fue lo que escucho, sacándola del trance. Esa voz indiscutiblemente la conocía, pero era algo imposible.

Volteó rápidamente sin poder creer lo que estaba viendo. Era un mago, quizá una cabeza más alto que ella, con cabellos largos, y colores en lo que parecía ser un rubio plateado. Sintió como su estómago se retorcía, no se animaba siquiera a pestañar. Sin duda había acertado.

Draco Malfoy

-¿Qué sucede Granger? ¿Decidiste retomar tus estudios? – preguntó seriamente - Contéstame – El tono autoritario de éste la ponía nerviosa, pero no se iba a dejar intimidar por él. Al parecer seguía siendo el mismo estúpido de siempre.

Hermione atónita, un par de segundos más tardes respondió.

-Parece ser que mientras tu huiste a terminar tus estudios a otro instituto de magia, yo me quedé a graduarme aquí, Malfoy – contestó evitando sentirse nerviosa, aunque se apoyaba inconscientemente cada vez más sobre la pared.

-¿Entonces que mierda haces aquí? – le volvió a repetir él, pero esta vez mas frio.

-No eres nadie para que te esté dando explicaciones – contestó ésta furiosa, volteando rápidamente con la intensión de marcharse de allí.

-Bien – le dijo éste – Pero por "advertencia" Granger – dijo remarcando esa palabra – Si es que aún no te has graduado, déjame decirte que por más que sigas considerándote la mejor estudiante de Hogwarts, no conseguirás que te apruebe Artes Oscuras.

Hermione paró en seco. Sintió como el corazón se le había detenido sin poder creer lo que había escuchado. No se atrevía a voltear a verlo, pero sabía que seguramente éste estaría con esa maldita sonrisa arrogante

Notó como todo se le caía abajo, dándole sentido a las frases dichas tanto por el elfo doméstico, y la directora del castillo:

"Al otro joven mago igual ya le dejamos todo en orden"

"Nunca habíamos tenido profesores tan jóvenes en Hogwarts"

"Ojalá estés igual de calmada dentro de una hora"

Ahora finalmente había comprendido todo, pero no podía creer nada de lo que estaba sucediendo, ¿Justo debía ser él? ¿Justo Malfoy? ¿Por qué McGonagall lo buscaría a él para dictar esa asignatura? Si… esas eran tan sólo unas de las pocas preguntas de las que tenía en su cabeza.

-¿Qué sucede Granger? ¿Olvidaste cómo caminar? – Siguió Draco aún detrás de ella, notando su inmovilidad, queriendo pretender ser el mismo de hace años atrás.

Hermione volteó nerviosa para verlo nuevamente. No sabía qué responder. A ella no le habían informado que debía trabajar con él, y todo parecía ser que a él tampoco.

-Parece… Que no eres el único profesor nuevo en Hogwarts, Malfoy –

Draco abrió enormemente sus ojos grises, tragando con dificultad, hasta que finalmente reaccionó muy enojado.

-¿DE QUE MIERDA HABLAS? – Se acercó rápidamente a ella – ESO DEBE SER MENTIRA, TU… NO – Negaba con su cabeza, sin poder creer la situación.

Hermione se mordió el labio inferior sin animarse a mirarlo. Draco se agarraba la cabeza con ambas manos, hasta que una risa irónica comenzó a salir de él segundos más tarde.

-Esto es increíble – dijo aun riendo – Hubiera preferido al estúpido de Neville aquí – volvió a acercarse frunciendo el ceño – pero claro… La come-libros y alumna preferida de la vieja siempre tuvo preferencia por ti – Hermione mordía su labio inferior con mucha fuerza. Segundos mas tarde, llevó su vista y lo quedó mirando fijamente.

¿Estaba asustado?

-Mantente lo más alejada de mi posible, Granger – le dijo luego de un gran silencio, muy amenazantemente,

-No soy tan estúpida como para querer estar cerca de ti – le contestó sin mostrar signos de miedo. Automaticamente comenzó a marcharse de allí - No soportaría verte seguido. Quizá tu estupidez es contagiosa – terminó de decir en un alto tono de voz, yéndose totalmente enfurecida.

Draco quedó pensante mirando su espalda alejarse.

"No soportaría verte seguido"

-Vaya – dijo en un suspiro totalmente agotador – Que dato… interesante.

Sin pensarlo, caminó rumbo a donde había visto al asqueroso elfo hacía un par de horas atrás, encontrándolo sin mucho esfuerzo.

-Oye tu – le dijo mirándolo. El elfo lo miró instantáneamente

-Joven Mago – saludó con reverencia – Sus cosas ya han sido perfectamente acomodadas en el despacho del profesor de Artes Oscuras.

-¿Cuánto te pagan por trabajar aquí? – le preguntó yendo al grano, percatándose de no ser escuchado por nadie.

-Dos galeones a la semana señor – contestó este mirando el suelo.

-Te daré 4 a la semana, si me haces… un par de favores mientras yo esté aquí – le dijo con media sonrisa.

El elfo totalmente impresionado y con la boca abierta, no sabía que responder. ¿A qué se refería con "favores" señor?

-Tranquilo, asqueroso elfo – contestó el mago – Pero te serás bien pagado, y te prometo que no te aburrirás.