Capítulo 3: Proceso-Reintegración

Hermione se dirigió furiosa al baño de mujeres en el segundo piso. No quería ir al primero y encontrarse a Myrtle, no. Quería estar sola. Estaba enojada, no lo podía creer. ¿Draco Malfoy nuevo profesor de Artes oscuras?

Caminó directo al lavamanos, metiendo ambas manos debajo de la canilla de agua fría que acaba de abrir, sintiendo su helada temperatura. Se miró al espejo: estaba frunciendo el ceño. Tenía tantas preguntas que hacerle a McGonagall que creía que su cabeza iba a explotar.

Bajó su mirada, esa no era ella. La Hermione que ella conocía estaría feliz por empezar, sin importarle con quien debiera trabajar.

Relajó sus cejas, y llevo ambas manos con agua a su cara, quizá todo era un sueño y el estúpido de Malfoy no estaba ahí.

Pensaba confundida. No había nada que podía reprocharle a su directora, ella no tenía el derecho de informarle a quienes contrataba y a cuales otros despedía, claro que no.

Se secó sus manos con su túnica. Aún sentía frio.

Aflojando sus hombros y estirando su cuello pensó que quizá las cosas no eran tan malas después de todo. Ambos enseñaban diferentes asignaturas, en diferentes horarios, y él ya le había dejado en claro que no la quería cerca de él. Confundida, dio un suspiro. ¿Y si el realmente había cambiado?

Segundos mas tarde, llegó a la conclusión que lo mejor era ignorarlo. Si ambos se ignoraban –que era obvio por parte de Malfoy- quizá se vieran las caras solo para el horario de las comidas en el Gran Comedor.

Yéndose de allí partió rumbo a su dormitorio, un lugar donde iba a tener paz, podría estar tranquila, descansando de todo el mundo –obviamente que solo en horas libres- y descansando de él.

Hermione entró al cuarto. Era sencillo pero muy bonito. Tenía una pequeña pero linda cocina. Mirando hacia la izquierda vio dos puertas: En una se encontraba el dormitorio que contaba con una cama doble plaza -con un lado apoyado sobre la pared- y del otro lado una mesa de luz. Tenía también una biblioteca, y un ropero firme. Mientras que en la otra puerta un pequeño baño. Era todo perfecto para ella.

Vio sus maletas encima de la cama, y sin nada que hacer en esa hora y media que restaba para la reunión de la directora, empezó a abrirlas y acomodar sus cosas. Pero aún había algo que le molestaba: ¿Por qué él había tomado esa postura con ella? Comparando al Draco que había conocido desde su primer año, lo único que podía decirse de él era que era un niño rico, mandón, que pensaba que todo el mundo tendría que tenerle los respetos como si fuera un rey. Era un amante de los ideales que le había inculcado su familia, como el pensar en la superioridad de los sangre Pura, y el desprecio que debía hacer notar hacia los demás, considerándolos inferiores. Orgulloso… Sí que lo era, pero no había duda que desde la vez que Voldemort había tomado su mansión, su orgullo había sido pisoteado por el Lord. Recordando muy por encima, se había hasta acordado que en ese último año juntos en Hogwarts, tanto ni Crabbe ni Goyle lo obedecían como años anteriores. ¿Y si buscaba eso? ¿Si la había tratado así, para volver a sentirse poderoso con esa actitud arrogante y así ganarse el respeto su respeto y el de los demás? Luego de que ella junto con Ron y Harry lo habían salvado del incendio en la sala de Menesteres –Por ende, salvándole la vida- Había pensado que quizá éste en forma de agradecimiento pudiera llegarla a tratar… mejor.

Tú, y tus estúpidas ideas Hermione…


Después de estar acomodando todas sus cosas en perfecto orden, se dio cuenta tarde que el tiempo se le había pasado volando, y que tenía exactamente cinco minutos para llegar al despacho de su directora.

Sacudiendo su túnica por si algo hubiera saltado encima, salió sumamente apurada de su dormitorio. Al llegar al despacho, tocó la puerta como ella solía hacer -con tres golpes- esta vez con una fuerza incontrolada debido a su apuro.

-Hermione – dijo McGonagall al abrir la puerta y encontrarla detrás de ella – Eras la única que faltaba – La joven bruja bajó la mirada.

Terror. Sí. Eso sintió al entrar y darse cuenta que dentro del despacho sólo se encontraba su directora, y joven rubio sentado del otro lado del escritorio.

-¿No era yo la única que faltaba? – preguntó atónita.

-No querrás que los viejos profesores vuelvan a escuchar las reglas que ya se saben de memoria - contestó McGonagall levantando una ceja, mientras sus anteojos se bajaban al mismo tiempo que su cabeza.

Hermione incomoda, queriendo decir tantas cosas, tenía su mano apoyada sobre la única silla disponible allí, una silla ubicada al lado del ex mortífago.

-Veo que no te has sorprendido de la presencia del señor Malfoy – comenzó a decir McGonagall mientras caminaba, queriendo aparentar estar tranquila, pero cuidando cada movimiento de la joven bruja por si se le ocurría hacer una locura allí dentro – Me relaja saber que no debo decirte que también trabajará aquí.

-Podría haberlo mencionado antes de venir – contestó sin pensarlo. Estaba enojada, no había duda de eso – Tengo tantas cosas que quiero preguntarle que… - No la dejaron terminar.

-Como yo también tengo muchas cosas que informarte – McGonagall hizo una pausa y siguió – Nadie te está obligando a quedarte aquí. Si las condiciones no son de tu agrado, puedes marcharte y no firmar el contrato de profesor, Granger.

Draco estaba allí, tranquilo, mirando todo de reojo, cosa que también le parecía raro a Hermione, ya que ni en clases compartidas junto con él se comportaba con la misma seriedad, pero igual eso había sido hace varios años atrás.

-Antes de comenzar con ambos, quiero comunicarles que esto debe ser secreto. – El rubio seguía conservado su tranquilidad, mientras tanto ella seguía escuchando confundida atentamente cada palabra, aún sin siquiera sentarse – Cada primero de Septiembre, Hogwarts da comienzo a sus clases de Magia y Hechicería. Pero desde la caída de Voldemort, los alumnos que quedan en el colegio han decrementado notablemente. No porque son menos los que se inscriben, sino que nadie quiere pertenecer a la casa de Salazar Slytherin. La gente los ve como… -hizo una pausa buscando las palabras correctas– personas cuyo corazón pertenece al lado oscuro – hizo otra pausa – Es una lástima… pero cuando el sombrero seleccionador los elige para esa casa, muchos lloran en ese mismo momento y se marchan a sus hogares. Otros más valientes eligen quedarse, pero las demás casas los exilian, haciendo de cuenta que estos no existen. No es culpa de ellos, la mayoría tiene sus razones para hacerlo. Ya sea por algún tipo de rencor, o pedido de sus padres, o lo que quieran lógico de pensar. En lo que termina que ese alumno de Slytherin abandone el castillo al mes de haber comenzado.

Hermione estaba muy asombrada. Ella en sus últimos dos años había estado tan ocupada estudiando, que no se había dado cuenta qué era lo que ocurría con los alumnos de los primeros años. Draco por su cuenta miraba el piso, solo se podía escuchar su respiración.

-En definitiva… solo el quince por ciento de los alumnos de Slytherin son los que siguen en el colegio, ignorando la indiferencia del resto de los estudiantes del castillo.

Hermione finalmente pudo hablar más tranquila.

-No puedo creerlo – dijo desconcertada

-Por ende – siguió la directora dando un suspiro – El ministerio quiso intervenir en esto, ya que no podemos seguir así – levanto las cejas capturando más la atención de sus ex alumnos – en lo que contrató al señor Malfoy para el cargo disponible en Artes Oscuras – esta vez los cuatro ojos posaron en el ex mortífago.

Con razón él ya lo sabía

-Disculpe directora – dijo Hermione esta vez tomando asiento y pensando bien sus palabras - pero ¿por qué el Ministerio contrataría Malfoy, sabiendo que probablemente los alumnos se asusten con su sola presencia debido a lo que hizo años atrás?

Esta vez Draco lejos de estar tranquilo, le dedicó una mirada llena de odio.

-Cierra tu estúpida boca – le dijo mientras un mechón de cabellos dorados caían sobre sus ojos.

McGonagall quedó observándolos, haciendo un silencio incómodo. Luego reanudó ignorando lo que acaba de escuchar.

-Malfoy fue a terminar sus estudios al Instituto Durmstrang, un colegio que se enfoca en las Artes Oscuras, por esta razón fue que consideró bueno ofrecerle a él el puesto disponible de profesor. Para ser francos, luego de la Segunda Guerra, por más que en el Juicio los Malfoys no hayan sido enviados a Azkaban, gracias a Narcissa por ayudar a Potter, a Lucius por colaborar con la justicia, siguen siendo mal vistos por la sociedad – Draco miró hacia otro lado – Ya que la gente tarda más en olvidar las cosas malas que recordar las buenas. Por lo que esto que les diré a continuación, favorecerá a todos en partes… igual de buenas – McGonagall tomó asiento – Con Malfoy trabajando aquí, la gente pensará en darle una segunda oportunidad, ya que estando aquí significa que tiene mi confianza y la del Ministerio de Magia, haciéndoles saber que las segundas oportunidades existen, y que incluso él ha cambiado sin buscar nada a cambio, volviendo al colegio por el que él peleó, incluso trabajando a honores.

Era tanto el silencio que tenían los ex alumnos, que solo podían escuchar sus respiraciones cuando McGonagall hacia una pausa para luego seguir hablando.

-Por otra parte - siguió – Cuando los alumnos que sean seleccionados en Slytherin sepan que un ex mortífago, que también perteneció a esa casa, es uno de sus nuevos profesores… ellos mismos se darán cuenta que pueden llegar a aspirar muy alto en la vida, por más de ser parte de familias que ayudaron a Voldemort, sin ponerse a llorar pensando que todo está perdido, aunque suene exagerado.

Hubo otro silencio, pero esta vez fue Hermione quien lo interrumpió.

-Disculpe, ahora si me lo permite – dijo, y al ver como su directora asistía dando pase a que tomara la palabra, siguió – Tengo varias preguntas que hacer… Entiendo que los alumnos nuevos tengan once años, pero eso no los convierte en estúpidos. Ellos mismos pueden pensar que Malfoy actúa sobre su bondad, haciendo que solo teman de lo que él pueda llegar a hacerles, y por otro lado, por más que ellos no abandonen el castillo, no significa que las demás casas vayan a tener interés en hablarles, no es tan fácil, ¡todos los de esa casa tienen algo que ver con ex mortífagos que han matado a muchísimas personas! Y… -hizo una pausa corta bajando su voz – y tampoco entiendo qué tengo yo que ver en todo esto.

McGonagall aclaró su garganta.

-Usted es la clave, señorita Granger – la castaña abrió enormemente sus ojos – Para contestar sus preguntas "con sentido" me atrevo a decir, quiero infórmale que su papel en esto será el más importante de todos.

Hermione estaba nerviosa, enojada, se sentía prácticamente utilizada. ¿Acaso su directora no la había escogido por su buen promedio? Acaba de darse cuenta que no, todo era parte de un plan que al parecer Malfoy estaba enterado, que consistía en ayudarlo a él, no podía permitir eso luego de que él la hubiera tratado de esa forma, olvidándose de cómo sus amigos le habían salvado su vida en dos oportunidades la noche de la Guerra.

-No ayudaré a Malfoy – dijo seriamente, sin siquiera pestañear. Se sentía una estúpida por haber creído por una vez que Malfoy había cambiado, y por creer que estaba allí gracias a su buen promedio.

-No se trata de ayudar a Malfoy ¡Esto está mucho más allá de eso! – le contestó la vieja bruja enojada y mirándola cerró fuertemente sus ojos y respiró hondo – Granger… - continuó – Nosotros necesitamos que cumplas tu papel en plan, llamado Proceso de Reintegración – Malfoy continuaba mirando serio – El plan del Proceso de Reintegración, consiste en integrar a los alumnos de Slytherin con las tres casas restantes, así los alumnos los comienzan a tratar como humanos, y no monstruos tenebrosos. Por lo que éste año he decidido juntar las cuatro casas para las asignaturas de primer y segundo año.

Hermione abrió grandemente sus ojos.

-Por lo que tendrán un promedio de cuarenta alumnos por clase – dijo mirándolo a ambos, aunque Draco no despegaba su mirada de la vieja pared – Pero al ser muchos alumnos, la atención no será la misma para cada uno, por lo que hay otra noticia en todo esto y quizá sea la más importante de todas – nuevamente volvió a mirarlos a ambos muy seriamente – es justamente allí cuando nace lo que vamos a llamar "Clase especial" – Tanto Draco como Hermione quedaron sorprendidos. Eso ni él lo sabía – esta clase especial solo se dictará para los alumnos de primer y segundo año, de forma intercalada todos los días viernes.

-¿Y qué tiene de especial? – Preguntó Hermione sin entender levantando una ceja – Es simplemente como agregar un día de clases más a la semana.

-Lo especial aquí… es que deberán dar una clase en conjunto – terminó por decir McGonagall – y ambos reforzarán los conocimientos que sus alumnos adquirieron en la semana donde tambie… - Inmediatamente fue interrumpida.

-¿Qué? – Dijo Draco atónito – ¡Eso no fue aclarado por el Ministerio! Me niego a dar una clase con ella aunque sea vez por semana – grito furioso, rechazando la idea ferozmente.

-Usted dijo que haría todo lo solicitado en este proceso para limpiar su imagen señor Malfoy, ya he aclarado al principio que ninguno está obligado a estar aquí – Éste dio una mueca, Hermione también parecía estar enojada.

-Sigo sin saber bien qué tengo que ver yo en todo esto, cualquier profesor puede dar clases compartidas – dijo de pronto con un tono con alta seriedad y enfado.

-Granger… solo usted puede lograr esto – volvió a aclarar su garganta- Usted luego de la Segunda Guerra, es muy querida por el mundo mágico, siendo parte de uno de los integrantes del trio dorado, la gente deposita toda su confianza en usted. Para contestar las preguntas anteriores, quiero decirle que si usted mantiene una buena relación con el señor Malfoy, la gente ya dejará de desconfiar en él, mientras que al mismo tiempo también lo harán las demás casas, y perderán su miedo de relacionarse con estudiantes de Slytherin.

-¿Buena relación? – dijo ella sin poder creerlo, y recordó que existían las cosas imposibles, tal y como le había dicho Ginny en la casa del padrino de Harry.

Draco se levantó de la silla, dando unas fuertes pisadas acercándose a la directora.

-¡Me dijeron que debía fingir una amistad con algún estúpido que usted eligiera de profesor, pero me niego si es ella! – McGonagall lejos de enojarse siguió con su cara de seriedad.

-Disculpe profesora – dijo Hermione desde su asiento – pero no quiero mentirle a la gente de que me llevo bien con él, entiendo el fin pero…

-¿Qué entiende el fin? ¡Me siento completamente decepcionada! – Dijo de repente, Hermione nunca pensó oír esas palabras de su ex profesora – ¿Lo único que los tiene mal es el hecho de no querer llevarse bien entre ustedes? Prefiero terminar esta reunión inmediatamente si es que no son capaces de poner un poco de empeño en esto. ¡No puedo confiarles la intensión de querer integrar a más de mil alumnos si ni siquiera pueden hacerlo ustedes mismos!

Hermione bajó su cabeza, estaba mal. Su profesora nunca iba a entender todo lo que ella despreciaba al sujeto que estaba a su lado, con solo recordar la cantidad de años que él se paseaba al lado de ella sólo para decirle groserías que nadie jamás nunca se había atrevido a decirle, le había despertado tal odio que ya era difícil de expresarlo. Y a pesar de creer que él había cambiado, ya le había demostrado que seguía siendo el mismo.

Draco también había quedado en silencio, pero no tenía escapatoria. Si quería limpiar su imagen de una buena vez por todas, y cumplir la misión que le había dado su padre, debía trabajar con ella.

-Yo firmaré – dijo. Hermione abrió enormemente sus ojos – No dejaré que nadie me detenga en esto, por más que se trate de ti – dicho esto, la miró totalmente malhumorado.

McGonagall dio un suspiro más tranquilo y miró a Hermione buscando su aceptación.

-Bien – dijo finalmente la bruja menor – Seguramente más tarde me arrepienta, pero si esto va a servir para que la sociedad deje a un lado su indiferencia supongo que… está bien.

Draco no estaba feliz con eso, él no quería que ella aceptara, quería que dijera que no. Con ella ahí todo se le haría totalmente imposible.

McGonagall volvió a pararse de su silla, pero esta vez con una cara llena de felicidad. Tomó unos pergaminos que tenía al lado, lo que parecía ser los contratos.

-Me alegra ver cómo han madurado, dejando de lado su orgullo – dijo, y ambos al mismo tiempo revolearon los ojos dejándolos en blanco – bueno, parece que no tanto – dijo al terminar de presenciar la escena – quiero pedirles una buena actuación delante de los alumnos, ellos deben creer que ustedes se llevan bien, ya que por lo visto nunca tendrán una buena relación real. La clase más importante será la de los viernes, ahí es donde más deberán tratar de llevarse bien, ellos los estarán mirando continuamente.

McGonagall le siguió dando consejos sobre cosas que hacer, todas favorecedoras para que las casas se acerquen entre sí, luego otras cosas comunes, como no dar puntos favorecedores a una casa porque si, solo por haber pertenecido a ella. Les aclaró que tampoco podían convertir a alumnos en animales para castigarlos, y muchas cosas que ellos ya tenían más o menos presente.

Una larga lista con todas las reglas fue entregada a cada uno de ellos, que debieron leerlas antes de firmar, hasta una regla a lo último del papel que decía con una letra un poco más grande: "Acepto ser fotografiado/entrevistado por el diario El Profeta de Barnabas Cuffe". Al parecer tanto como Hermione y Draco lo leyeron al mismo tiempo, ya que apretaron fuertemente sus ojos en el mismo segundo sin poder creerlo, pero sin más que hacer firmaron aquella hoja.

La bruja mayor, los acompañó hasta la puerta yendo hasta la salida. Era la única que estaba feliz entre ellos tres.

-Esperen – les dijo interrumpiéndolos, llevándose una mano a sus lentes para bajarlos un poco – No quiero peleas estúpidas de ahora en más – su tono de voz era severo – A partir de este momento son profesores, ya dejaron de ser alumnos, por lo tanto se deben comportar como tal.

Dicho esto, cerró su puerta, ambos se marcharon de allí.


Hermione quería marcharse inmediatamente. Pensaba que el dolor de cabeza que le estaba agarrando en ese mismo momento se debía a estarlo viendo tanto. Iba a empezar su rápida caminata rumbo a su habitación, pero él la interrumpió.

-Oye estúpida– le dijo acercándose, en un tono bajo de voz. Esta se mordió los labios, enfurecida.

-Creí que ya no creías en la veracidad de los ideales de Voldemort, Malfoy, y que luego de rescatarte de la sala de Menesteres ya no… - él no la dejó terminar.

-¿Creías qué? – Éste se acercó aún más frunciendo el ceño – tú no tienes porqué creer nada de mí. Puede que ya no me moleste que los sangre sucia como tú estudien magia o que ya no crea en que son seres inferiores, pero eso no quiere decir que te quiera Granger, ten presente que siento un profundo odio por ti, y que por más que en este mismo momento se confirme que eres una sangre pura me importaría una mierda, te odio, y eso no cambiará nunca.

-Eres un enfermo Malfoy – le dijo esta, queriendo tomar distancia extendiendo su mano derecha entre ambos, rozando con las yemas de sus dedos la túnica de él.

-¡Ni se te ocurra tocarme! – Le dijo alto, esta dio tres pasos hacia atrás, por lo que este volvió a acercarse con ojos amenazadores – No te creas que por formar parte de un mismo plan vayamos a ser amigos, y ni se te ocurra dejarme en ridículo frente las clases porque las pagarás duro.

Ella quedó dura ante estas severas palabras de él. Pero al volver en si notó cuando se marchaba enojado, y muy rápido, quien sabría dónde.

Paciencia… - dijo mientras se apoyaba en la pared detrás de ella apretando sus ojos, estaba cansada, aquella conversación la había agotado.