Capítulo 4: La propuesta
Después de la cena, Hermione se había ido a duchar, y luego a acostar. Sin duda el día le había resultado ser larguísimo, lleno de muchas sorpresas. Pero finalmente estaba allí: en su cuarto. Relajada y sin pensarlo se tiró sobre la cama. Estaba ansiosa.
No podía sacar de su mente, el gran día que sería mañana "Primero de Septiembre". Sonrió e imagino como sería todo: los nuevos alumnos, la ceremonia de inauguración, ella sentada en la mesa más alta junto a McGonagall, Hagrid y los demás profesores.
Daba vueltas en su cama y la ansiedad no la dejaba dormir. Había intentado fallidamente leer algún libro para cansar sus ojos y dormirse más rápido pero tampoco había funcionado ya que leía sin poder concentrarse.
Tenía su túnica de profesora colgada -desde su cama podía verla- era nueva, hermosa, tal y como la de McGonagall cuando la había recibido hace varios años atrás cuando pisaba el castillo por primera vez. Pero ésta lejos de ser un color verde, era rojo, el color que siempre pensó que la caracterizaba, también era más ajustado dándole un poco más de modernidad.
Encima de una de las valijas había dejado su bello sombrero negro de bruja, con el sólo mirarlo, de su rostro le nacía una amplia y feliz sonrisa, olvidándose completamente de Malfoy. Esta felicidad la superaba en todos los sentidos.
Luego de haber dado vueltas en su cama por más de tres horas, se dio cuenta que ya eran las dos y media de la mañana. Finalmente treinta minutos tarde pudo quedarse profundamente dormida.
Un par de horas más tarde, unos fuertes y molestos golpes comenzaron a sentirse del lado de donde estaba apoyada su cama. Un golpe uno tras otro, similar a un ruido que se haría al tirar cascotes de piedra sobre una pared.
Hermione se despertó con un grito completamente asustada, sentía que la bombardeaban a pesar de que no hubiera nada en su habitación a excepción de esos molestos ruidos. Desesperada buscó su bata, el ruido era tanto que debía salir de allí lo antes posible. Le dolían los oidos, ¿De donde era que provenía eso?
Con ojeras y muy enojada, tomo aire con la boca y abrió con brusquedad la puerta y salió del cuarto. Inmediatamente una risa comenzó a salir detrás de ella, dejándola con la boca abierta sin poder creer lo que estaba viendo, pero inmediatamente la cerró y frunció el ceño.
La risa de Malfoy
-¡No puedo creerlo! – Le gritó de acercándose completamente enojada – ¡¿Por qué demonios haces eso?!
-Vaya Granger, que sorpresa encontrarte en mi caminata… casual – le dijo levantando ambas cejas- ¿Qué pretendes de mí saliendo tan ligera de ropa en plena noche? - la miró de arriba a abajo. – Wow, sí que eres horrible – puso cara de asco forzada - tus pelos dan asco, igual que esos ojos llenos de lagañas y…
- ¡CALLATE! ¿ERES ESTÚPIDO? – le preguntó como mucho enfado – BAH, SE QUE LO ERES, ¿PERO TANTO? ¿DE VERAS MALFOY? – siguió, pero Draco sólo trataba de mostrar diversión en aquella escena a las cinco de la mañana.
-Baja el tono de voz, maldita cucaracha – le contestó con tranquilidad.
-¿Cómo puedes haberme despertado así? ¡Compórtate! Ya no somos alumnos aquí.
-Lo lamento – dijo fingiendo una disculpa – sólo que me encanta dar caminatas a altas horas de la noche– se encogió los hombros sobreactuando la escena – ¿deseas algo más? Puedes volver a entrar a tu cuarto.
Hermione se mordía los labios, no podía creer lo que estaba viendo. Ese tono de voz de Malfoy significaba que iba a seguir haciéndolo, lo odiaba con todo su ser.
-Deja de hacer ruido – le contestó bajando el tono de voz pero conservando la seriedad – tardo mucho en conciliar el sueño, y necesito estar bien para mañana, tú deberías hacer lo mismo – dio media vuelta para irse de allí, pero al voltear la voz de éste la detuvo.
-¿Así que te cuesta dormir, eh? – le dijo con tono de gracia. Hermione cerró fuertemente sus ojos: Había sido un gran error de su parte contarle una de sus debilidades – Dicen que la autosatisfacción sirve para conciliar el sueño más rápido Granger, tal vez deberías… no lo sé, juntar dos dedos e irlos introduciendo lentamente dentro de tu vag…
-¡Oh Demonios, cállate! – Gritó ésta totalmente roja ante el comentario de él, mientras notaba su sonrisa burlona – ¡Eres de lo peor Malfoy!
-No tienes de que avergonzarse. La masturbación es algo completamente común – A Draco le costaba pronunciar bien las palabras debido a la gracia que le causaba la situación – Porque si vienes a buscarme a mí, te juro por el alma de Salazar que jamás en la vida me atrevería a tocarte un pelo, por más que seas la última mujer que exista en el universo. Aunque recién es el primer día, ¿Acaso la comadreja no se encargó de dejarte satisfecha antes de venir?
-¡No llames a Ron de esa manera! – Gritó furiosa – Y para tu información él sólo es mi amigo, y no necesito nada de lo que dices, ¿sabes? – Draco seguía feliz viendo lo nerviosa que se ponía, seguramente si seguía así, podía lograr que la renuncia de ella no tardara en llegar. Terminado de decir eso, Hermione abrió la puerta de su dormitorio dispuesta a entrar, pero su voz la detuvo.
-¿Cuánto quieres? – le dijo Draco, borrando de su rostro cualquier tipo de gracia o felicidad.
Hermione volteó a mirarlo, completamente confundida.
-¿Cuánto quiero? – preguntó levantando una ceja.
Draco se acercó a ella, y comenzó a hablarle en voz baja. Hermione ante el susto comenzó a sacar su varita de su bata.
-Granger – contestó Draco mirando el piso, nervioso. Hermione juró que escuchó su corazón latir fuertemente.
El mago no se atrevía a mirarla, simplemente tenía la vista clavada en sus pies.
-Granger, esto ya es muy difícil para mí – le dijo sin levantar la vista. Hermione no se animaba si quiera a pestañear. Jamás en su vida lo había tenido tan cerca, él nunca se lo había permitido aunque ella tampoco nunca había tenido el interés. – Así que te suplico que no lo hagas peor – Tras un silencio incomodo, el rubio siguió – Tengo mucho oro, puedo darte lo que quieras, pero te suplico que te largues de aquí – esta vez él levantó su vista para verla, pero ella lo alejo, empujándolo con ambas manos.
-¡¿Quieres pagarme para que me largue de aquí?! – repitió lo que acaba de escuchar completamente furiosa, en un tono muy alto de voz, pero no tanto como para que alguien más fuera a escuchar. Draco lejos de contestar, se mordió fuertemente su labio – Sabía que planeabas algo Malfoy – le dijo enojada, volviéndose a acercar a él con ojos amenazadores - ¡Dime por qué viniste y que planeas hacer aquí! – él le clavó los ojos, manteniendo fija la mirada – Y pensar que por un segundo realmente creí que eras otro.
-No planeo nada aquí – contestó secamente – Es sólo que no me agrada la idea de tener que estar aquí compartiendo tiempo contigo.
-Vete – terminó de decir la pelinegra, yendo nuevamente a su cuarto.
Antes de dormir, no dudó ni dos segundos en colocar un encantamiento para silenciar el cuarto, y no escuchar absolutamente nada de lo que pasara en el exterior del mismo.
Luego de cuatro horas, la bruja despertó. Estaba cansada, tenía sueño y las ojeras la delataban. Miró la hora: nueve de la mañana, el desayuno seguramente ya estaría servido en el Gran Comedor. Quizá ya sería un buen momento para levantarse después de todo.
Al terminar de vestirse con su nueva túnica de profesora, y preparándose para salir, abrió su puerta e inmediatamente se dirigió al Gran Comedor. Sus ojos se posaron sobre un elfo que llevaba un desayuno en una bandeja. Hermione miró atónita, observando perfectamente cuando el elfo desapareció en medio segundo, para reaparecer cinco segundos después.
-Buenos días profesora Granger – dijo inclinándose, para luego enderezarse con la intensión de irse allí.
-Buenos días – Contestó esta, aun sin cambiar mucho la expresión de su rostro – Disculpa – dijo de repente impidiendo que éste se marchara - ¿Por qué desapareciste con un desayuno? – le preguntó.
-Se lo llevé al señor Malfoy, señorita – le contestó éste
Lo ideal sería que baje a desayunar – terminó de decir levantando una ceja.
-Me da cuatro galeones por semana – dijo el elfo inquieto – ¡sumado con lo que gano aquí, son seis! – Hermione exhaló mirando hacia un costado – Ganaré el triple cada semana.
-Bien – dijo finalmente la bruja no muy contenta saliendo de allí. Se le había ocurrido decirle al elfo que a Malfoy le gustaba el café con sal en vez de azúcar, pero se arrepintió al darse cuenta que luego él se la agarraría con el pobre elfo y quien sabe Dios lo que podría llegar a hacerle.
La tarde se le pasó bastante rápido a ambos, y como si hubiera sido planeado, los dos dedicaron su tarde para decorar sus respectivos despachos y aulas.
Hermione por su parte, se dirigió al departamento de Transformaciones siendo esta un ala del Castillo de Hogwarts, ubicado en la Planta baja en torno al Patio Medio. Esta ala contenía las salas dedicadas a la enseñanza de Transformaciones. El lugar donde daría sus clases seria la mismísima Aula 1B. Ansiosa y parada delante de la pizarra, miraba todo desde allí, estaba tan feliz que el sueño que tenía había desaparecido completamente, tal como si hubiera dormido unas ocho horas o más.
El aula en sí era grande, y estaba rodeada por grandes ventanas, tenía tres filas de tres escritorios, y aun así quedaba el suficiente espacio para varias jaulas y estanterías, dos pizarras y un escritorio. Nada había cambiado. Estaba tal cual lo tenía McGonagall cuando había sido profesora de esa asignatura.
El despacho se ubicaba justamente al lado del aula, al que se dirigió una vez que se marchó de allí. Abriendo su bolso gris que acababa de llevar, sacó todos los adornos y libros que quería dejar en ese lugar.
Draco por su parte, luego de desayunar lo que le había llevado aquel sucio elfo, bajó las escaleras y fue a su salón de Artes Oscuras.
Un candelabro de hierro colgaba del techo, así como el esqueleto de un dragón. En un extremo del aula se encontraba un proyector que se activaba por arte de magia. También había varios escritorios y mesas, así como grandes ventanales.
Luego, volvió hasta su despacho en el segundo piso. Mirando intrigado sin saber qué cosas le harían falta.
Él no tenía idea sobre como decorarlo, lo único que sabía bien era que amaba el color verde, y quizá unas cuantas cosas de ese color no le vendrían nada mal.
Recordando ex decoraciones de la cantidad de profesores que impartieron esa asignatura en los diferentes años, empezó a descartar. Recordó con tranquilidad. El primero que se le vino a la mente fue la decoración del Profesor Gilderoy Lockhart: un despacho lleno de cuadros y de retratos de él mismo – Rio pensando lo ridículo que había sido. Era obvio que él mismo solía tener su ego muy alto, pero sin duda ese profesor lo había sobrepasado.
Descartando la decoración de Lockhart, pensó en otra, la del Profesor Quirinus Quirrell: un despacho oscuro con animales en jaulas y con armarios llenos de libros y una chimenea siempre encendida… le agradaba la idea de los armarios llenos de libros y la chimenea, pero sin duda no iba a permitirse tener animales desagradables ahí dentro, por más enjaulados que estos estén. Sin saber qué hacer, recordó otro, el de la vieja Dolores Umbridge: un despacho lleno de luz y muy colorido, cuyas paredes estaban llenas de cuadros de gatos que se movían y también estaba lleno de flores rosas. No, definitivamente no, eso hasta lo aterraba con sólo pensarlo. Enojado y con el ceño fruncido, pensó sólo decorarlo con tres chimeneas, quitar aquel escritorio horrible que había para dar paso a uno más lujoso -tal como tenía en la mansión Malfoy- y unas cuantas otras cosas mas sería suficiente.
Luego de un par de minutos, miró su reloj.
-Una hora para que comience el sufrimiento – se dijo agotado, preguntándose una y otra vez si iba a poder ser capaz de lograr todo lo acordado del Proceso Reintegración.
