Capítulo 5: La verdadera razón

Estaban todos en el gran salón. Los alumnos a partir de segundo año estaban todos allí más que felices por el reencuentro con sus queridos compañeros y amigos.

Tanto Hermione como Draco se encontraban en la mesa alta, acompañados de los demás profesores, la directora y Hagrid. Ambos estaban uno al lado del otro. Hacia un par de minutos habían entrado, provocando que todos los alumnos comenzaran a susurrar en voz baja, mientras que otros más obvios incluso los señalaban con el dedo.

Señalaban, miraban, y ponían cara de completa confusión. Draco trataba de no fruncir su ceño aunque era lo que más deseaba en ese momento. Hermione por su parte sonreía incómodamente, ya que a pesar de estar feliz por estar allí, esos dedos no eran para nada agradables, sin contar con la presencia del ex mortífago al lado de ella.

El murmullo de los alumnos fue totalmente interrumpido, cuando los alumnos de primero ingresaron al Gran Comedor acompañados por Filius Flitwick. Algunos sonreían, y otros entraban muy aterrados. Pasando y en silencio, frenaron en una parte, quedando observando la mesa alta, mirándolos a todos ellos.

-Queridos alumnos de Hogwarts – dijo McGonagall con una sonrisa – En instantes, se llevará a cabo la ceremonia de selección, por los que le pido profundo silencio – en ese momento todos se callaron, siguiendo las órdenes de la vieja bruja– pero pueden festejar cada vez que un alumno sea seleccionado para sus casas – terminado de decir esto, dio una pequeña sonrisa, al igual que muchos alumnos, aunque algunos otros aún seguían confundidos por la presencia de Draco.

El sombrero seleccionador fue alcanzado hasta donde estaba el profesor Flitwick. Sybill Trelawney rápidamente se dirigio a ellos llevando un lindo y alto banco de roble, donde prosiguió a levantar a Flitwick para que este se encargara de irle poniendo el sombrero a cada uno de sus estudiantes.

Inmediatamente, se les ordenó a todos ellos los ingresantes hacer una fila, acomodándose en orden alfabético según su nombre.

Draco miraba aburrido toda la escena, sin duda su idea de despertar a Granger a las cinco de la mañana no había sido tan buena después de todo, ya que luego le costó muchísimo volverse a dormir. Ella, al contrario, observaba todo completamente feliz. Sea donde sea que estuvieran ubicados sus alumnos, ella igual iba a enseñarles, y finalmente todos podrían llevarse bien siguiendo con el plan.

Tanto ella como Draco se habían dado cuenta de cuan tan vacía estaba la mesa de Slytherin. Mientras las demás estaban repletas de alumnos celebrando felices, estos estaban callados, mirando todo indiferentemente, y si había contado bien se podía notar que no eran más de 30 alumnos y todos de diferentes años.

El sombrero como de costumbre, antes de comenzar a seleccionar, cantó una canción compuesta por él en ese mismo momento, acerca de los cuatro fundadores de Hogwarts y las cualidades buscadas por sus respectivas casas, una canción que cambiaba todos los años.

-Vamos Granger, renuncia de una buena vez – le dijo de pronto en suma voz baja a Hermione – estoy seguro que no quieres seguir aquí.

-No lo haré –contestó está también en voz baja dedicándole una mirada furiosa.

Con los labios separados por apenas medio centímetro, Draco siguió fastidiándola.

-No me hagas esto más difícil Granger, puedo hacer esto sin ti – le dijo en un tono donde solo ella parecía escuchar. Ésta queriendo hacer lo mismo, aplicó su misma técnica para responder:

-Esto no se trata de ti – le dijo sin mirarlo – así que cállate Malfoy.

Cuando la canción terminó, la selección comenzó. Para el final habían quedado diez estudiantes en Ravenclaw, ocho en Hufflepuff, ocho también en Gryffindor y nueve en Slytherin.

Era notorio ver como cada alumno era recibido felizmente por más demás casas, exceptuando a Slytherin. A estos les daba lo mismo escuchar que el sombrero seleccionara a alguien para esa casa, de todas formas sabían que no iban a durar ni un mes allí.

Finalmente, el momento había llegado. La vieja bruja volvió a darles a todos una cálida bienvenida, a lo que seguramente ahora vendrían las presentaciones. Draco aún sentía miradas sobre él, muchas, demasiadas.

-¡Bienvenidos un año más, a…! – Comenzó a decir feliz mientras todos le dedicaban una amplia sonrisa - ¡Hogwarts! - En ese momento se pudo sentir como la mayoría comenzó a gritar feliz, celebrando estar de vuelta en casa. Los nuevos miraban confundidos, pero muy alegres – ¡Qué empiece nuestro banquete!

Al terminar de decir esto, inmediatamente las mesas se llenaron de deliciosas comidas, y a pesar de ser tanta, los alumnos comían felices y desesperados, como si esta fuera a terminarse.

Hermione vio de reojo a Draco, éste se encontraba comiendo muy seriamente, como todo un caballero. Se le hacía raro verlo tan tranquilo, ya que ella siempre solía verlo furioso, o con mueca de satisfacción cada vez que la insultaba, incluso parecía una persona… normal.

-¿Qué pasa Granger? ¿Admiras mi belleza? – le dijo haciendo justamente la sonrisa asquerosa que ella había pensado.

Lejos de contestar, simplemente cambio la vista de lugar. No quería hacer un escándalo ahí.

Luego de haber comido todo lo que quisieron, los restos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como antes, dando paso a los postres.

Terminado esto, McGonagall se paró lo que provocó que todo el castillo quedara en silencio.

—Alumnos – dijo con voz alta - ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo el agrado de hacerles un par de anuncios para este comienzo de año: para comenzar con las cosas básicas, quiero recordarles que no deben hacer magia en los recreos ni en los pasillos. Les informo también que las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso y que los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch.

Cuando terminó de decir esto, todos seguían en silencio, esperando que también anunciaran que hacia un Malfoy allí.

-Y como se habrán dado cuenta – dijo haciendo una pausa. Todos continuaban en completo silencio – este año se han incorporado dos profesores nuevos, ex alumnos de Hogwarts – de pronto muchos murmullos comenzaron nuevamente – Tengo el agrado de informarles que la profesora Hermione Granger, un miembro perteneciente al trio de oro, va a ser su nueva profesora de Transformaciones –Hermione notó muchas sonrisas dedicadas a ella, y a varios hombres levantándole el pulgar – ¡Por lo que le daremos un fuerte aplauso! – Ordenó feliz haciendo que todos obedezcan – sin duda es un honor tener entre nosotros como profesor, al mejor alumno que ha visto Hogwarts en años.

Ahora todas las miradas se posaron nuevamente en Draco, era obvio que ahora seguía él.

-Y por como también están viendo, el Ministerio ha contratado a Draco Malfoy para dictar Artes Oscuras – los murmullos fueron tantos que McGonagall tuvo que pedir silencio – Podemos decir que en el pasado cometió muchos errores de los cuales está arrepentido – Draco tragaba escuchando todo atentamente – Pero el Ministerio considera que las segundas oportunidades deben existir… y yo también.

Draco no aguantaba más la tensión, quería que su presentación terminara lo antes posible. Apretaba sus puños con fuerza, tratando nuevamente vez no fruncir el ceño. Hermione lo veía de reojo, pero ella sabía que ese sólo era el principio de la presentación.

-Para informar a quienes son ajenos a lo que está sucediendo, he de decir que me siento apenada de la cantidad de alumnos que han abandonado Hogwarts a causa de quedar en Slytherin – McGonagall respiraba con calma, buscando las palabras justas para describir lo que sucedía de hacía años – No digo que sean unos santos – Su mirada ahora se clavó en Draco – Pero cada año las demás casas los exilian, relacionando a Slytherin con Mortífagos y ex seguidores de Voldemort. Hay dos puntos de vistas muy diferentes en esto, el primero es que se entiende perfectamente que los demás no quieran relacionarse con este tipo de gente por miedo… o rencor, pero el otro punto de vista y no menos importante, es que tampoco debemos permitir que estos niños o jóvenes mayores ubicados en esta casa deban pagar todo lo que sus padres o familias hicieron en el pasado.

Muchos alumnos la escuchaban atentamente, mientras que otros pensaban en sus palabras con la mirada clavada en la mesa.

-Por esta razón, es la que pienso que Draco como muchos hijos de ex Mortífagos merecen una segunda oportunidad, y nosotros somos quienes deben dárselas.

-Vaya, casi me convenzo de que eres buena persona – le dijo en voz baja Hermione

-Muérete – respondió éste, y McGonagall reanudó su conversación.

-Bien – dijo con una sonrisa girando, quedando con la vista fija en ambos – Me imagino que sería bueno que digan algunas palabras antes de mandar a los alumnos a sus dormitorios.

Tanto Hermione como Draco se sorprendieron ante esto, sin duda no se esperaban que debieran presentarse. ¿Acaso el discurso de la directora ya no había sido más que suficiente?

Hermione miró con los ojos sumamente abiertos a Draco, quien se había quedado inmovilizado antes las palabras de la vieja bruja.

-Bueno… - comenzó a decir nerviosa – Cómo ya saben… Mi nombre es Hermione Granger y yo… seré su profesora de Transformaciones – dijo y veía como todos estaban tan callados escuchándola - Pertenecí a la casa de Gryffindor, e incluso fui una simple estudiante hace tres meses atrás. – Se mojó los labios con su lengua y miró a Draco, y de nuevo con la vista hacia el frente continúo – Y a pesar de que Draco fue a la casa de Slytherin, ambos nos llevamos – hizo una pausa. Pudo notar como la cara de Draco se transformaba desde atrás – nos llevamos bastante… bien – Vio perfectamente como la mayoría de los estudiantes se sorprendían ante esta noticia – Eso es todo – dijo y bajó la vista inmediatamente. Todos comenzaron a aplaudir, haciendo un nuevo silencio en cuestión de segundos esperando que el otro profesor comenzara a hablar.

Con una inhalación profunda y exhalación lenta, Draco tomó la palabra.

-Me enferma ver tan poca cantidad de alumnos en Slytherin – empezó a hablar sin siquiera saludar o presentarse. Los profesores –especialmente Hermione- abrieron enormemente su boca – Espero que los que acabaron de entrar no se acobarden como hicieron los de los años anteriores y sigan aquí en Hogwarts.

Las brujas impactadas no se habían esperado nada de esto, al contrario, imaginaban una presentación tranquila, pero definitivamente no había sido así.

-Es muy estúpido pensar que por tener un pasado oscuro ya no podremos ser nadie en la vida.

McGonagall hubiera interrumpido el discurso, sino era que venía a todos los estudiantes de la cuarta mesa sonreír tan ampliamente.

-Me costará no hacer diferencia con respecto a los puntos – dijo encogiéndose los hombros – pero trataré de ser lo más justo posible.

Con las miradas confundidas, los aplausos llegaron.

Prontamente, McGonagall mandó a los estudiantes a sus dormitorios. Los de primer año acompañados de su correspondiente prefecto.

Las alumnas de séptimo año antes de marcharse, le guiñaron un ojo a Draco, a lo que éste no pudo evitar dar media sonrisa. Hermione reacciono rápidamente a esto.

-No puedes coquetear con alumnas, Malfoy – le dijo frunciendo su ceño, tomando sus cosas para marcharse de allí.

-Son mayores de edad – contestó sin darle mucha importancia.


Esa noche, Hermione pudo dormir perfectamente bien, lo que le hacía pensar que Draco seguramente había caído rendido a la cama también.

Antes de alcanzar el sueño, se había quedado pensando un poco en él. No le cerraba el motivo del cual él la quisiera tan lejos de ella. Estaba segura que sus intenciones allí eran otras aparte de limpiar su imagen ¿Por qué le había hasta ofrecido su dinero sino? ¿Y si él estaba tramando algo? No quería verse afectada en caso de que hiciera algo malo en el colegio luego de mostrarse amigable con él en público por más que sea una simple actuación.

-Bienvenidos – fue lo primero que dijo Hermione al entrar al salón y ver a todos los alumnos sentados en completo orden. Ella sabía que era la primera clase de ellos, como la primera vez de ella como profesora.

-Mi nombre es Hermione Granger y seré su profesora de Transformaciones – estaba nerviosa, tanto que su voz temblaba al igual que sus manos.

Acomodando sus grandes libros encima del escritorio, pudo presenciar fácilmente a todos los ojos mirándola fijamente.

-Antes de comenzar con la clase, me gustaría que sepan que son las Transformaciones – comenzó con vos tranquila y firme. Hacía muchísimo tiempo no se sentía de esa manera. Sentía la mirada de todos sobre ella, y el silencio de aquel salón donde lo único que se escuchaba con claridad no era mas que su voz – Para que sepan, las Transformaciones es el arte de cambiar la apariencia y forma de un objeto, o a algún mago en si – Notó como varios se sorprendían ante estas palabras – Este tipo de magia es lo que llamamos Transformación, o… - hizo una pausa captando más la atención – Transfiguración.

Tomando aire lentamente mientras ordenaba en su cabeza las palabras a decir, veía como sus alumnos se sentían interesados en lo que ella estaba explicando. Quizá no iba tan mal después de todo.

Volteando hacía la pizarra y aún con mucha distancia, con su varita enumeró tres condiciones básicas. 1. Concentración – 2. Precisos movimientos de la varita -3. Correcta pronunciación de los hechizos. –Uno debajo del otro-.

-En ésta asignatura van a necesitar de mucha "concentración" - dijo con la mirada nuevamente hacía el frente – También debemos tener "movimientos puntuales/justos/exactos" con la varita si queremos que nuestra transformación funcione, al igual que una "delicada y correcta pronunciación" del hechizo que queramos hacer.

Abriendo su libro, y respirando hondo, siguió.

-¿Algún voluntario que se anime a leer? – dijo esperando a que alguien se ofreciera, y ese alguien no tardó en levantar la mano. Era una chica de Ravenclaw. Hermione la miró y luego bajó su mirada al libro que tenía en sus manos – Bien, todos por favor abran el libro de Guía Principiante para la Transfiguración en la página doce, y tú por favor lee lo dicho por Emeric Switch – le ordenó, brindándole luego una sonrisa final para que ésta alumna no se sintiera tan nerviosa.

-"cuando se transforma, es importante realizar movimientos firmes y decididos con la varita. No muevas o gires innecesariamente la varita, o la transformación fallará."– leyó ésta con voz entrecortada.


Draco se encontraba sólo en su despacho, con todos los fogones prendidos. No tenía que dictar clases hasta dentro de un par de horas más, por lo que no estaba pendiente del tiempo.

Estaba sentado, mientras giraba pensante su varita con sus manos, con la mirada fija en la puerta de madera de enfrente.

Él tenía una misión allí, y no era limpiar su imagen ni mucho menos, sino encontrar esa cosa tan valiosa que su padre y su madre le habían ordenado para dejar de correr riesgo de muerte.

¿A quién le importaba si aún eran mal vistos en la sociedad? Eso le importaba una mierda, era todo secundario. No era nada en comparación a lo que ellos la habían estado pasando. Si él tuvo que irse al Instituto Durmstrang no fue para evitar el desprecio, sino la muerte, y la razón era simple: Eran "traidores".

Así era como los consideraban todos los familiares de los ex seguidores de Voldemort que ahora se encontraban en Azkaban. Y era comprensible, ya que su padre había sido quien los había delatado para no correr la misma desgracia que ellos luego de la Guerra, y fue culpa de su madre que estos perdieran, mintiendo acerca de la muerte de Potter.

Todos los Malfoys luego de aquello eran vigilados, y cada día que pasaba temían más por su vida.

¿Cómo era posible que todos ellos siguieran con su vida cotidiana sin pagar absolutamente nada? ¿Cómo era qué quedaron en libertad cuando las reuniones de los mortífagos eran en su misma mansión? Todo esto se preguntaban los familiares de los ex Mortífagos encarcelados, sintiéndose completamente traicionados.

Mientras él estudiaba lejos en Durmstrang, un día de intensa lluvia, éstos habían aparecido en su Mansión manifestándose -hijos, sobrinos, hermanos, etc. todos con rostros tapados- queriendo tomar la vida de sus padres, pero en ese momento su madre habló, dejando impactados a todos en el lugar, inclusive a Lucius, su padre.

Si ellos querían vengarse por lo ocurrido con sus familiares, ella tenía un plan para sacarlos de Azkaban, con el trato de dejar con vida a toda su familia. Ella sabía algo que Bellatrix le había prometido nunca decir, algo que su hermana le había contado sin querer unos días antes de morir, y al parecer era el único remedio que le quedaba. Ella lloraba al lado de su marido quien ya se notaba rendido, mirando el suelo, no queriendo derramar una sola lagrima. Simplemente había una manera de sacarlos de allí, y sin que ninguno de ellos se vea relacionado.

Ella sabía que día que Bellatrix había ido en busca de Luna a su casa junto a otros mortífagos, habían torturado a su padre Xenophilius Lovegood con legeremancia. Luego de mandar a los otros mortífagos a capturarla, Bellatrix no estaba muy contenta con sólo tener en sus manos a su pequeña hija, por lo que pensó que sería bastante interesante leer la mente de aquél mago un momento más, sólo para seguir explorando, así que luego de unos cuantos Legeremens, ésta pudo saber la existencia de un gran objeto:

Un reloj paratiempo

Sabía que Bellatrix se lo había dicho confiando en que ella nunca diría nada, pero era lo único que le quedaba para salvar a su familia. Según ella, el cómo llegar a aquél reloj estaba detallado en algún libro, guardado por el mismísimo Dumbledore en el castillo, pero encontrarlo no sería cosa sencilla, más si el viejo ex director se había encargado de dejarlo bien oculto. Sólo alguien bienvenido en el Hogwarts, con mucho tiempo disponible y el permiso de merodear sin ser interrumpido podría llegar a encontrarlo, y quizá su hijo aun tendría chance con eso.

Su propio hijo.

Draco dejando la varita en el escritorio, apoyó ambos codos sobre la mesa, levantando sus brazos y manos para agarrarse fuertemente de la cabeza. ¿Por qué de nuevo él era usado para algo así?

Enojado y cada vez agarrándose más fuerte, sentía profundas ganas de gritar. Recordaba tan sólo como en el pasado, debió ser él quien fue elegido para hacer entrar a los Mortífagos a Hogwarts, también con la misión de matar a su ex Director. Y ahora, luego de ser perdonado, debía encontrar aquél objeto y así liberar a todos de esas asquerosas celdas.

Ellos eran asesinos, crueles, y por más que su familia Malfoy los haya delatado, estos no tenían por qué salir de allí.

Ir al Ministerio y solicitar el puesto le había costado horrores, pero el buen Ministro de Magia luego de tanto insistir pensó que sería bueno darle una oportunidad y era por esa misma razón que él ahora se encontraba allí. Había pensado en actuar fríamente, era obvio que nadie iba a estar pendiente de él dentro del Castillo, y en caso de que alguien lo siguiera, engañarlo sería cosa fácil, pero todos estos planes se le habían caído abajo, cuando se enteró qué otra profesora iba a trabajar allí con él.

Granger

Ellos no se habían vuelto a ver después de la Guerra, aunque si mal no recordaba, quizá en algún Juicio también, pero tenía muy borrada esa pequeña parte de su vida como para poderlo confirmar con seguridad.

Sabía que ella no iba a confiar en él, que lo seguiría, y que jamás creería en sus palabras, ya que no era alguien fácil de engañar. Debía hacer algo, pero su primer plan de ofrecerle dinero había fracasado. ¿Y si la hacía renunciar? Ese era su otro plan: fastidiarla, hacerla enojar hasta que explotara, y se dirigiera al despacho de la directora a presentar su renuncia.

Draco se paró de golpe, y se dirigió a uno de los fogones para calentar sus manos, mientras fuego comenzó a reflejarse en aquellos ojos grises. Hubiera seguido ahí si no era porque estaban llamando a su puerta. Con un suspiro y sin ganas de atender a nadie a esa hora de la mañana, no le quedó más opción.

-¿Qué quieres? – preguntó Draco levantando una ceja, al ver que detrás de la puerta se encontraba Hermione.

-Malfoy – dijo ésta pronunciando su apellido con poca simpatía – Quiero que conversemos – siguió firme.

-Lárgate de aquí – dijo Draco, volteándose para volver a entrar a su despacho, no sin antes empujando con fuerza la puerta para cerrarla, pero ésta antes de que cerrara por completo, la volvió a abrir y fue tras él.

-¿Tanto es pedir tener una conversación civilizada, Malfoy? – Ahora el tono de su voz era más alto.

Draco volvió a verla, casi peor que ella.

-¿Quién te crees Granger para entrar así? ¿Acaso no te di a entender que me importaba una mierda que quisieras hablar conmigo? Vete de aquí – le ordenó. No quería hablar con nadie, ni menos con ella qué era la culpable de hacerle su misión más difícil.

Hermione atónita, sin poder creer la situación no quería perder la conversación.

-¿Te enojas por entrar? ¡Ya me habías abierto! ¡Peor es que alguien vaya a despertarte a las cinco de la mañana sólo por estar aburrido!

Draco con el ceño fruncido, sacó su varita y la apunto hacia ella en cuestión de segundos.

-Parece que ya extrañas que haga eso – le contestó – Dime que quieres y lárgate – Dicho esto, volvió a bajar la varita y a darle la espalda. Hermione seguía sin poder creer lo que estaba sucediendo.

Mordiendo su labio y respirando hondo, quiso empezar a decirle lo que ella había estado pensando.

-Mira Malfoy, McGonagall me ha pedido que te dijera que todos los jueves debemos reunirnos, para pensar sobre las actividades del viernes siguiente, y definitivamente no vamos a lograrlo si te sigues comportando de esta manera tan infantil – le dijo ésta seriamente, pero ya en un tono más tranquilo. Estaba tan solo a un par de metros de él, y pudo notar perfectamente cuando los hombros de aquél sujeto lejos de estar caídos mostrando despreocupación, estaban rectos, haciendo notar su enfado.

-¿Acaso la vieja no tiene otras tareas estúpidas que dar? – le contestó aún de espaldas, Hermione bajó la mirada. Pelear con él cada vez que dijera groserías sobre alguien era en vano - ¿Por qué querría tener reuniones contigo? – le dijo ahora volteándose, mostrando la cara de asco que tenía encima – Me importa una mierda las clases de los viernes Granger, yo haré por mi parte clases de consulta por un lado, y no me interesa lo que vayas a hacer tú – terminó por decir firme, como si nada pudiera hacerlo cambiar de parecer.

Hermione aún con la mirada baja, frunció el ceño y levantó su vista para hacer un cruce de ojos.

-Los viernes es donde más debemos mostrar que nos llevamos bien ¡Estúpido! – Le gritó ya sin paciencia – ¡Tenemos tres horas con los cuarenta alumnos! – Dicho esto, se acercó un poco a él - ¿Tanto me odias que no puedes siquiera fingir que nos llevamos bien? ¿Tanto es tu odio que no puedes tener una maldita reunión para programar algo juntos? ¡No lo hago por ti! ¡Lo hago por ellos! ¡Y tu deberías hacer lo mismo!

Draco lejos de alejarse de ella quien parecía cada vez más cerca, la arrastró hacia una pared poniendo ambas manos sobre sus hombros con suma fuerza.

-¿¡QUE MALDITA PARTE DE QUE TE ALEJES DE MI NO TE QUEDÓ CLARA!? – la zamarreó apretándola cada vez más – LO QUE ME DIGA ESA VIEJA ME IMPORTA UN COMINO, ¡Y TÚ TAMBIEN!

Draco la soltó con brusquedad, se volvió a alejar de ésta sumamente enfurecido. Hermione con los hombros dolidos, y los ojos humedecidos, bajó la mirada, quería hablar pero su voz le temblaba.

-¿Qué hice para que me odiaras tanto? Eres tan estúpido Malfoy… eres tan ridícul… - Comenzó a decir pero él la interrumpió.

-Existir – le dijo también en un tono más bajo de voz.

Arrepentido por lo que había hecho, pero sin dejar que ella se diera cuenta de eso, quedó pensante.

Definitivamente por un año entero tenían que dar clases juntos todos los viernes, por lo tanto las reuniones iban a ser sumamente necesarias. La odiaba, de eso no había duda, y más iba a odiar saber que pasaría ratos de los jueves a solas con ella, y los viernes con ella y 40 molestos alumnos más. Con un suspiro de rendición, volteó a verla.

-Arma tú el horario del jueves – le dijo más tranquilo – Yo tengo clases hasta las nueve de la tarde - Vio como ésta asistió con la cabeza, y siguió – Aceptaré esas estúpidas reuniones, y llevarnos bien enfrente de gente, pero créeme que eso nunca hará que sienta afecto por ti como para dejar de odiarte.

-No busco ninguna clase de amistad contigo Malfoy, más que la de un simple colega – le dijo con la vista fija en él, y sin esperar más respuesta, buscó la puerta para marcharse de allí.


Hermione salió rápidamente de allí, aún sentía doloridos los hombros ante la fuerza de él. Pudo notar claramente el odio que tenía hacia ella reflejados en aquellos ojos grises.

Yéndose rápidamente a su despacho para evitar cruzarse con alguien, llegó y no dudó en cerrar fuertemente la puerta.

Por fin estaba allí, sola. Tirándose sobre su cama boca abajo, puso la cabeza sobre sus brazos.

Lo odiaba

Pero todo indicaba que él más a ella. Pero… ¿Por qué? Ella tenía razones y eran simples. Él vivía molestándola del primer día que la conoció, siempre haciéndola sentir inferior en todos los sentidos, haciéndola enojar, gritar, y parecía siempre disfrutarlo, él la denigraba como nadie más lo había hecho en su vida, pero… ¿A qué se debía todo eso si ya no era cuestión de sangre? Recordaba la palabra "Existir" sin encontrarle sentido alguno.

Sentándose en su cama, dirigió su vista hacia la ventana, Al menos había logrado que éste aceptara las reuniones semanales. Sin duda, no iba a permitir que él le arruinara el día, claro que no. Menos una persona que la odiaba simplemente porque si, una persona que había seguido a Voldemort, una persona que había tenido mucho que ver con la muerte de Dumbledore, una persona… de la que simplemente no confiaba.