Capítulo 6: Jueves

Los días habían pasado volando, tanto que el jueves ya había llegado y eso significaba tener una "reunión".

Las clases de Hermione cada vez fluían mejor y ya estaba lejos de sentirse como el primer día. Por su parte Draco tenía una buena organización en cuanto a la enseñanza sus alumnos, por lo que era raro que alguno tenga alguna duda luego de que él explicara cierto tema o hechizo en específico.

A pesar de su pasado, él se sentía respetado por sus alumnos -aunque sospechaba en que quizá sólo se tratase de tenerle miedo- lo que llevaba a que ninguno se animara a hacerle preguntas como le hacían a Hermione acerca de la Guerra o su ayuda a Harry Potter, incluso hasta su relación con Malfoy -cosa que aún muchos dudaban de que sea cierto, sobre todo alumnos de cuarto y quinto año-. Pero aunque nadie se animara a hacerle esas preguntas a Draco, no significaba que no murieran por hacerlo.

Ambos trabajaban todo el día, levantándose muy temprano y acostándose bastante tarde. Hermione quién le costaba conciliar el sueño, luego de tanto trabajo, eso había cambiado completamente y ahora hasta se desmayaba en su cama en cuando pisaba su habitación.

Ambos no se habían vuelto a ver desde esa vez que ella le había propuesto las reuniones y él la había zamarreado fuertemente en su despacho. Pero por suerte había logrado que él aceptara, y finalmente ese día había llegado.

Desafortunadamente muy rápido.

Hermione estaba sentada sobre su cama, donde por primera vez luego de tantos días se había detenido a pensar en ella, en su vida, en Ron…

Se sentía mal, no quería pensar en él para evitar sentirse culpable de lo que le había hecho, pero ya no podía aguantar más… él la amaba y ella también correspondía a sus sentimientos, por lo que pensaba que quizá sí tendría que haberle dado una oportunidad a una relación a distancia.

Tirándose hacia atrás quedando tendida sobre su cama, miró el techo dando un profundo suspiro.

Recordaba… recordaba todos los buenos momentos que había pasado junto a él desde el primer día que lo conoció, hasta el último cuando él la besó -aunque no estaba segura que pueda llamarse beso a eso-. Mojándose los labios con su lengua, intentaba recordarlo pero no podía. Sin duda, se arrepentía de no haberlo dejado seguir.

Mirando a su alrededor, se sentía más culpable por lo que había cambiado a Ron. Lo había cambiado por un plan, por un engaño a la sociedad, por Malfoy… Cerrando sus ojos con fuerza recordó cuando éste la maltrató, y todas las otras veces que habían discutido.

Pensar en él la hizo automáticamente mirar su reloj, y si… eran las cinco de la tarde, y de seis a ocho tenía clases con alumnos de tercer año, pero Malfoy recién se desocupaba a las nueve, por lo que tendría otra hora libre antes de ir con él.


Draco trabajaba sin parar, sintiéndose todos esos días peor que cuando estaba en época de pruebas y exámenes. Nunca hubiera imaginado que tan dura era la vida de un profesor, aunque se sentía orgulloso tener todo bajo control.

No había pensado en su misión, ni en Granger ni en nadie, sólo en sus deberes profesionales.

Al igual que Hermione, se tiró sobre su cama. Sabía que ese día era jueves y que ese mismo día debía verla, pero definitivamente no quería. Aunque quizá si evitaba las discusiones, todo podía terminar más rápido de lo que pensaba.

Pero no. Definitivamente no. Él disfrutaba hacerla rabiar, hacerla enojar, y por más que quisiera negarlo, sabía que era lo que más le distraía hacer allí en el Castillo. Luego de tanta rutina, sólo eso hacía elevar sus energías al máximo, y ver la cara de ella ante todas las crueles palabras que él le decía definitivamente lo hacía sentirse orgulloso de sí mismo.

Viéndolo de esa manera, quizá la llegada del jueves no era tan mala después de todo.

Allí acostado, dio media sonrisa de costado. ¿Con que sería bueno hacerla rabiar hoy?

Debía aprovechar, y luego de librarse de ella comenzaría con su búsqueda que lo llevara al maldito reloj, aunque aún no sabía por dónde empezar.


Ya habían pasado dos horas desde que Draco había terminado de dictar sus clases, pero aún no había rastros de Granger allí. ¿Dónde demonios estaba? ¿Había sido toda una mentira para que él se quedara despierto esperando?

Finalmente la puerta sonó, Draco enfurecido fue a abrir, sabiendo perfectamente quien estaba detrás de ella. Estaba harto de esperar, y los ojos se le cerraban. Había hecho un esfuerzo enorme para no caer rendido en la cama, o en cualquier lado para dormir.

-Pasa – le dijo asquerosamente cuando vio a Hermione detrás de la puerta con un tono de asco – Creí que te había dicho que ya estaría desocupado a las nueve, no a las once de la noche Granger.

-Lo lamento – contestó ésta poniendo varios libros encima del escritorio de éste – Buscaba información – terminó por decir levantando las cejas, pero evitando verlo a él, quien suponía que fruncía el ceño como siempre.

-¿Buscabas qué? – dijo acercándose y de mal modo – No pienso leer nada de eso, mejor dime que planeas hacer mañana y lárgate de aquí, necesito dormir.

Hermione de espaldas a él, suspiró cansadamente.

-Yo también necesitaba dormir cuando apareciste a las cinco de la mañana, Malfoy – dijo volteándolo a ver. Draco puso los ojos en blancos, sólo deseando que ella se fuera de allí.

-¿Sigues con esa mierda? – Le dijo enojado – Te juro por el alma de Salazar que si no te apuras, esas cosas sucederán más seguido de ahora en adelante.

Hermione dando una mueca, se sentó en el asiento de enfrente de él, quien la miraba con todo el odio que podría existir en el mundo.

-Mira – le dijo abriendo un libro por la mitad.

-¿Que mierda se supone que quieras que vea?

-¿Es que no puedes si quiera estar dos segundos sin decir groserías Malfoy? – contestó enojada. Draco con una mueca se acercó. Quería terminar esa reunión lo antes posible.

Hermione le apuntó con el dedo un párrafo. Era exactamente la página ciento treinta y tres del libro, que hablaba sobre las relaciones de las Artes Oscuras y las transformaciones.

Draco siguió su dedo, y acercándose aún más comenzó a leer lo indicado. Era un libro bastante grande, y la redacción era buena y para nada confusa. Le gustaba sea quien sea el autor.

-Planeo que podríamos hacer dos horas de consultas al mismo tiempo. Tu por tu parte estarás con aquellos que tengas dudas en Artes Oscuras y yo me quedaré con los de tengan dudas en Transformaciones – dijo explicándole – y en la hora restante, podríamos enseñarles a los alumnos como combinar ambas asignaturas, haciendo alguna actividad especial ¿Qué te parece? – terminó por decirle sentada en la silla, con el libro abierto sobre el escritorio.

Él estaba parado con su brazo izquierdo apoyado en el respaldo de la silla de ésta. Hermione levantó su cabeza para ver la reacción de su cara, pero al levantarla sólo notó la poca distancia que había de su rostro al de él, quien leía completamente concentrado.

Nunca se había dado cuenta de cuan suave se veía su piel. Podía observar unas pequeñas y rojizas ojeras debajo de sus ojos, resaltando ante tan pálida tez. Pensó que nunca lo había tenido tan cerca, mientras notaba como sus ojos grises iban de una parte a otra leyendo aquél texto que ella le había mostrado. Estaba concentrado, tranquilo, y si ella nunca lo hubiera conocido, diría que hasta parecía ser buena persona.

Draco terminó de leer, y cuando giró su cabeza de costado para verla a ella, se percató que ésta ya estaba con sus ojos puestos sobre él.

-¿Perdiste algo en mi cara Granger? – le preguntó levantando una ceja.

Hermione nerviosa, salió del trance.

-No – le dijo acomodándose en la silla – sólo comprobaba tu reacción al ver si te interesaba lo que te estaba proponiendo.

Draco se alejó con suma naturalidad y encogió los hombros.

-Me parece bien – contestó simplemente – pero pienso que mejor sería dejar las consultas una hora, y las siguientes dos para las actividades. Supongo que sus dudas no son muchas y que esto les agradaría más.

-Claro – le dijo está levantando las cejas – Supongo que eso es mejor.

Hubo un silencio, donde ambos se dieron cuenta que era la primera vez que se preguntaban y contestaban bien en la vida.

Mientras Hermione por primera vez se sentía a gusto estando con él, éste se sentía enojado consigo mismo: ¿Cómo no la estaba haciendo rabiar como siempre? ¿Por qué demonios le había contestado bien? Sin dudas, eso no podría seguir así. Pensante, se dio cuenta que eso no era lo planeado, él debía maltratarla, no tener una conversación cálida, no… de ninguna manera.

-Bien, lárgate… -le ordenó de pronto Draco - ¿No crees que es suficiente lo de mañana para que aun sigas aquí?

Hermione lejos de alterarse, simplemente se paró de la silla y tomó los libros con sus manos.

Esto hizo que él frunciera el ceño. ¿Por qué ella actuaba tan natural como si lo que le dijera él no le afectara? Eso estaba mal, quizá no estaba siendo lo suficientemente malvado con ella.

-Malfoy, para que sepas… McGonagall me ha dicho que a partir de la próxima semana debemos presentar un informe todos los jueves de un mínimo de veinte hojas – dijo abriendo la puerta para marcharse de allí.

-¡¿Qué?! - dijo este enojado - ¿Por qué no lo dijiste antes? Maldición, que estúpida vieja.

-Porque sabía que reaccionarias así- Contestó ésta a punto de irse. Pero él no quería que se vaya, no debía irse así de tranquila como si nada.

Sin pensarlo, la agarró fuertemente de la muñeca y la acercó a él, pero ésta se soltó bruscamente.

-Creí que te daba asco tocarme - le dijo sorprendida y enfadada al mismo tiempo.

Draco no sabía porque la había agarrado ni acercado a él, pero no podía dejar que se fuera tan calmada.

-Ahora mismo desinfectaré el Despacho y me bañaré Granger, no vaya a ser cosa que contraiga alguna enfermedad incurable - le dijo frunciendo el ceño

Hermione lo miraba confundida.

-Dime qué quieres- le dijo en voz baja aun debajo del marco de la puerta. Pero Draco no sabía qué demonios contestar. Definitivamente el sueño le estaba afectando.

-No vuelvas a llegar tarde, o juro que te… - Comenzó a decir, pero ella lo interrumpió.

-¿Mataré?– dijo completando la frase con un tono irónico – Bien, Malfoy – Terminó por decir y se marchó de allí.


Hermione aún confusa se dirigía a su habitación. A pesar de todo, esa había sido la conversación más calmada que habían tenido ambos. Había conocido otro lado de él. Había podido apreciar cómo la había quedado esperando dos horas a pesar del sueño que éste le había dicho que tenía, cómo se veía concentrado, y cómo le había podido llegar a contestar tranquilamente. ¿De veras ese era Malfoy? Viéndolo así quizá no iban a ser tan malas las reuniones de los jueves. Pero eso no era suficiente y ella no iba a bajar la Guardia. Aún sospechaba que él planeaba algo.

Moría de ganas de contárselo a Harry y a Ron, pero no podía arriesgarse a que la carta sea interceptada por alguien, y se arruinara el plan.

Sentada en su cama dio media sonrisa. Era obvio que Malfoy simplemente había estado más tranquilo culpa del sueño.

Pensaba

¿Qué estaría haciendo Ron en ese momento? ¿Cómo iría la relación de Ginny y Harry? Su gato… ¿Estaría bien? ¿La extrañaría?

No alcanzó a pensar mucho más, cuando cayó rendida en un sueño muy profundo.


Luego de que Granger se fuera de su despacho, Draco se acomodó bien su túnica y también se marchó de allí. No sabía a donde debía ir, ni por dónde empezar a investigar. Tampoco tenía idea de qué cosa buscar. ¿Sería cierto lo del libro? ¿Y si directamente encontraba el reloj?

Sin conocer el rumbo, pensó que lo ideal sería recopilar un poco de información. Debía haber algo en alguna parte, y la sección prohibida fue su primera opción.

Aún tenía mucho sueño, pero al dormir las pesadillas se apoderaban de él, haciéndolo despertar asustado, acelerado y sudado. Eso sin duda lo terminaba dejando más cansado.

-Lumos – dijo encendiendo una luz desde la punta de su varita, marchando ante tan oscuros y fríos pasillos.

Mientras caminaba, podía sentir el profundo silencio del Castillo. Sin duda, su madre había tenido razón: con la confianza del Ministerio y de la vieja de McGonagall, él podía merodear serenamente por el colegio.

Cuando llegó a la Biblioteca en completo silencio, se dirigió directamente a la Sección Prohibida. Ahí debía de haber algo, estaba seguro de eso.

Tras una búsqueda de aproximadamente dos horas, el sueño se apoderó de él, así que sin haber encontrado absolutamente nada marchó de nuevo a su habitación.


Hermione despertó bien descansada, sabía que ese día iba a ser larguísimo, y que iba a pasar un mínimo de tres horas con Malfoy. ¿Cómo iba a poder sobrevivir a eso?

En pocos minutos, se desvistió y se metió a la ducha de agua caliente que corría con suma potencia. Comenzó a masajear sus ojos mientras se empapaban completamente. Suspiraba. Ni siquiera era capaz de pensar qué iba a ser de ellos luego de que terminara ese día.

¿Iba a poder fingir bien delante de todos los alumnos que se llevaba bien con él? Eso era prácticamente imposible, ellos eran demasiado opuestos.

Mientras desayunaba en el comedor, veía lo mismo de todas las mañanas: Un elfo desapareciendo con una bandeja de desayuno, y regresando a los segundos ya sin nada en las manos.

Aún era temprano, así que pasar por la biblioteca quizá no era mala idea. Al cabo de unos segundos, se levantó de su silla, pero alguien la interrumpió.

-Profesora Granger – dijo, haciendo que Hermione volteé inmediatamente. Era McGonagall.

-Buenos días – contestó ésta con una sonrisa amigable, pero un tanto nerviosa.

-Buenos días – contestó ésta devolviendo aquel gesto – Quisiera saber… ¿Cómo anda su relación con el joven Malfoy? – preguntó curiosa, haciendo que Hermione se sorprendiera.

-Bien – dijo sabiendo que esa respuesta no era del todo sincera. No le quería hablar acerca de las amenazas de él, o de los maltratos que había recibido de su parte, como tampoco cuando le ofreció dinero para que renunciara, o que sospechaba que planeaba algo estando ahí.

-¿De veras? – Preguntó ésta dudando de aquello – De ser así me alegro. Espero que hoy puedan… hacer bien su trabajo.

-Haremos lo mejor posible – Contestó Hermione con una sonrisa.