Capítulo 7: ¿Celoso yo?
Draco como todos los días, había desayunado en su despacho la bandeja que le había llevado aquél sucio elfo.
No le inquietaba saber que la noche anterior no había hallado absolutamente nada, era imposible recaudar información en tan poco tiempo.
Yendo a su calendario colgado en la pared de su dormitorio, vio el día que era: Si… Viernes, Siete de Septiembre. Cerrando sus ojos aunque no con tanta fuerza, algo le dijo que iba a odiar ese día de ahora en adelante.
Fue hacía su baño privado, y se quedó viendo al espejo que había arriba del lavamanos, con sus manos apoyadas en este último. Aún tenía ojeras, y le dolía fuertemente la cabeza, simplemente no había dormido para nada bien. Haciendo memoria, sabía que había soñado con sangre… pero no cualquier tipo de sangre; sino que pura… perteneciente a sus padres. Esto le helaba la piel. Las pesadillas últimamente se habían apoderado completamente de él.
Cuando se hicieron las dos de la tarde, éste se dirigió al aula de Transformaciones donde darían la clase especial.
Caminando con superioridad, le hacía gracia ver como los alumnos le daban paso cuando este pasaba cerca de ellos.
Al entrar, sólo pudo ver a Hermione allí, acomodando unos cuantos libros viejos. ¿Es qué no sabía hacer otra cosa?
-Vaya… Miren a quién tenemos aquí – dijo al entrar, con un tono mordaz – ¡La famosa Granger!
-Compórtate Malfoy – contestó ésta frunciendo el ceño – Pronto comenzarán a venir los alumnos.
-Claro, me debo comportar al lado de la célebre estrella– dijo aún con tono de burla encogiendo los hombros – Perdóneme usted… sobrevalorada gloriosa, prestigiosa, "salvadora" del mundo mágico.
Hermione mordió su labio inferior con fuerza, y buscando su mirada para contestarle lo primero que se le viniera a la cabeza, quedó asustada ante lo que vio.
-Malfoy – dijo acercándose – tus ojos – sin duda se preocupó, e inconscientemente estaba llevando su mano hasta la cara de él, pero Draco sin dudarlo se echó hacia atrás rápidamente.
-¿Qué crees que haces? maldita perra – le preguntó enfadado
-Yo… - comenzó a justificarse, pero aún mostraba preocupación - ¿Por qué tienes los ojos así? ¿Cuánto llevas sin dormir?
-No te metas en mis mierdas, Granger – Contestó éste sumamente enfurecido, y antes de poder decir más, en plena discusión, los alumnos comenzaron a ingresar al salón, por lo que ambos dieron por finalizado el tema.
Draco tranquilamente, se alejó y se sentó encima del escritorio, justamente al lado de los libros de Hermione. Ésta lo miró confusa, y fue ella quien se paró delante de los cuarenta alumnos que tomaban asiento.
Los notaba diferentes, no eran los mismos alumnos a los que ella le había enseñado en la semana. No. Estos estaban más serios ¿La presencia de Malfoy tendría que ver con eso? La respuesta parecía obvia.
-Buenos días – comenzó a decir, mientras percibía el silencio total que había allí – Bienvenidos a la primer clase especial – Siguió diciendo, y al igual que el primer día sintió que los nervios volvían. Tener a Malfoy allí los había cambiado completamente a todos.
Los alumnos veían extrañados. ¿Por qué habían profesores de diferentes asignaturas allí?
-En esta clase, vamos a dividirnos y a resolver las dudas que a ustedes le quedaron en la semana – comenzó a explicar. Draco indiferente jugaba con su varita con completa seriedad – Por lo que les voy a pedir que quienes tengan dudas en Artes oscuras vayan con su Profesor Malfoy, y que quienes tengan dudas en Transformaciones se queden conmigo. Dividiremos el salón en dos partes – aún nerviosa, respiraba entrecortada – Y aquellos que tengan consultas en las dos asignaturas, pueden intercambiarse de lado cuando terminen alguna – Terminado de explicar, miró a Malfoy para ver si él quisiera aportar algo, pero para su sorpresa ni siquiera la miró - ¿Quieres agregar algo? – le preguntó queriendo sonar lo más amigable posible. Draco la miró de reojo.
-Claro querida "amiga" Granger – le contestó cáusticamente – Aunque dudo que mis alumnos no estén al día – inmediatamente dio media sonrisa, dejando a Hermione atónita. ¿De veras no se había retrasado ni siquiera un poco enseñándoles a cuarenta alumnos? Antes de dejarla hablar, éste se paró del escritorio – Acomódense – ordenó estrictamente.
Los alumnos aun conservado el orden, se fueron acomodando en las dos partes del salón. Draco definitivamente tenía razón: con él sólo habían ido tres alumnos, mientras Hermione se había quedado con el resto.
Sin duda eso era impresionante. La organización de él era divinamente perfecta.
Hermione tratando de disimular su enojo, comenzó a resolver las dudas de sus alumnos, y para su sorpresa a todos le costaba lo mismo: Cerilla a aguja, pensándolo bien, con sólo una hora no bastaría para que todos lo aprendan perfectamente, por lo que al tener a casi todos los alumnos con ella simplemente cambió el hechizo.
-Por favor, bajen sus varitas- ordenó y todos obedecieron, cansados de no obtener resultados – Para la siguiente actividad deben aprender un conjuro, por lo que dejaremos éste hechizo a un lado y lo veremos profundamente la próxima clase – los estudiantes escuchaban atentamente – éste se llama Orchideus, y su pronunciación es algo como: "or-KID-ee-us" – dijo articulando bien cada sílaba. Automáticamente hizo un movimiento circular en el aire con la varita, creando un ramo de flores desde la punta de ésta. Los alumnos asombrados, comenzaron a practicarlo.
Diez minutos más tarde, los tres alumnos que estaban con Draco se dirigieron con Hermione.
-Vaya Granger, tienes a todos los alumnos contigo – dijo provocándola con media sonrisa – Simplemente considero que esta clase especial bastaría solo contigo.
Hermione trataba de no fruncir el ceño, aunque moría por hacerlo.
-Mis alumnos ya aprendieron perfectamente todo lo de la semana – siguió diciendo orgulloso – Me llega hasta dar "pena" ver que tú estás en una situación completamente diferente a la mía.
Hermione lejos de creerle, le dedicó una mirada llena de odio, pero luego al llevar la vista al frente se percató que todos los veían asombrados, dejándola completamente espantada.
-¡Eres tan buen profesor, Malfoy! – le dijo de pronto con un tono de completa felicidad – ¡Me encantaría que me des unos consejos sobre cómo lo haces tan bien! – Siguió diciendo exageradamente alegre. Draco horrorizado entendió a qué se debía aquella actuación, pero sin duda no sabía qué contestar ni nada por el estilo.
-Claro, querida amiga Granger – dijo, tratando que no saliera el tono irónico entremedio – Sabes que me en-can-ta poder ayudarte en lo que quieras – terminó de decir, pero para colmo, a Hermione esto le causó mucha risa. Simplemente pensó que nunca estas palabras de él fueran a salir de su boca, y menos de dirigirse a ella.
La bruja estaba segura que Draco rezaba para que la conversación no siguiera, pero ella no se lo iba a hacer tan fácil. Simplemente nunca se iba a olvidar de ese día. Le agradaba verlo así, y definitivamente él se la debía luego de todo lo que le había hecho anteriormente.
-Gracias por el libro que me prestaste, Malfoy – siguió diciendo y mintiendo con una amplia sonrisa, mientras Draco se moría por dentro. Sabía que luego él se vengaría pero todo eso valía la pena – Es realmente muy bueno. Y mira – dijo señalando una bufanda color bordó – traje la bufanda que el otro día dijiste que me quedaba bien, ¿lo recuerdas? – le preguntó, y Draco abrió enormemente sus ojos.
-Las pagarás muy duro perra sucia – dijo por lo bajo, y Hermione le hizo un gesto de no haber escuchado - Claro - contestó ahora elevando más la voz - una bufanda así, sólo podría verse bien en ti - respondió desafiante, dejándola confusa no sabiendo bien si se trataba de un halago o todo lo contrario.
Los alumnos comenzaron a reír disimuladamente, como si presenciaran una escena de amor.
Hermione y Draco se miraron horrorizados. No. No podían dejar que sus alumnos pensarán que ellos estaban involucrados sentimentalmente, de ninguna manera.
Desesperados y muy nerviosos no sabiendo que decir, el mago rompió el silencio entre ambos.
-Deberías leer también el libro que le presté a tu novio Weasley - dijo fingiendo no saber que los alumnos escuchaban, resaltando que ésta ya estaba con alguien – ese también es muy bueno.
-Ya te he dicho que no es mi novio, Malfoy - contestó Hermione, pero ahora en vez de dejar que él responda, un alumno desconocido lo hizo.
-Está celoso - dijo haciendo que todo el salón riera a carcajadas, dejando roja como un tomate a la bruja y a Draco con la boca abierta.
-¿Quién dijo eso? - preguntó enojado pero nadie respondió - No estoy celoso – expuso ensanchando su nariz con el ceño fruncido - Somos amigos, estúpidos - volteando y mirando a todos los estudiantes, una fuerte voz salió de su boca - ¡terminen el maldito conjuro! - ordenó enfurecido - ¡les quedan veinte minutos!
Draco tomó a la bruja por la túnica y la arrastró hacia afuera. Hermione se intentaba librar disimuladamente, pero el esfuerzo era en vano.
Dejando a todos los alumnos practicando dentro, el mago soltó con brusquedad a la bruja contra la pared.
-Escúchame maldita - le dijo en un tono de voz que sólo ambos podían oír - ¿Qué planeas? ¿Se puede saber?
Hermione apoyada contra la pared, le respondió con el mismo tono de voz.
-¿Qué planeo yo? - preguntó extrañada- Mejor es saber qué planeas tú, tratando a los alumnos de esa forma.
-Será mejor que hagas algo para que todos esos idiotas dejen de creer que estoy celoso de ti - se acercó mirándola con los ojos fijos grises como piedra - mi padre me desheredaría si escuchara alguna estupidez así. Como si me interesaras tú o el pobretón ese.
Hermione lo miraba de la misma manera. No iba a ser ella quien cortara el contacto visual.
-¿Disculpa? - dijo elevando un poco más la voz - ¿Acaso te crees superior por la riqueza de tu familia? ¡Al menos los Weasley son más felices y queridos que todos ustedes! ¡Y eso créeme… que no se compra con nada!
-¿De veras te atreves a hablar de familias de Magos, perra asquerosa? ¡Tener familiares muggles es lo que no se puede cambiar por nada, por más que pagues una fortuna!
Hermione estaba a punto de contestarle, pero de pronto un alumno salió del salón y se paró enfrente de ellos.
-¿Puedo ir al baño? - preguntó dándose cuenta que había interrumpido algo.
-Ve - contestó Hermione y Draco desvió su mirada hacia otro lado.
-Tranquilo Malfoy - dijo enojada - Ni siquiera El Profeta se animaría a creer algo así, pero ni creas que yo haré algo para cambiar lo que los alumnos piensen, ya te estoy ayudando más de lo que nunca pensé ser capaz - dicho esto, volteó para reingresar al aula.
-Después no digas que no te advertí - le contestó Draco por detrás, pero ella simplemente lo ignoró.
Ambos entraron nuevamente, pero se ignoraron hasta que las tres se hicieron, y según lo acordado ya debería comenzar la actividad de combinación de asignaturas.
-¿Y ahora qué? - le preguntó Hermione a Draco, luego de no haberle dirigido la palabra desde que habían discutido. Draco simplemente la vio de reojo.
-Atención – pidió de pronto el mago y todos alzaron su cabeza para verlo – Cómo vimos en la clase anterior, el maleficio Flipendo o también conocido como el maleficio rechazo puede ser usado para repeler físicamente a un oponente, derribar un objeto, destruir objetos frágiles y activar interruptores mágicamente encantados, pero nosotros por ahora sólo nos enfocaremos en derribar un objeto, por lo que en estas dos horas deberán hacer -cada uno- una transformación como la de cerilla a aguja o la de Orchideus encima de su mesa, y derribarlo al suelo, o destruirlo con un Flipendo.
Hermione observaba a Draco, efectivamente la docencia le quedaba bien, de eso no había duda.
En las siguientes horas, los alumnos transformaban y destruían objetos. A pesar de que al principio parecía costarle bastante, luego de tanta práctica ya se les hacía más sencillo, y hasta parecían disfrutarlo. El clima del aula se había vuelto mucho más cálido y alegre.
Hermione observaba todo con una amplia sonrisa.
Lo estaban haciendo bien.
Los alumnos reían y se ayudaban entre sí, ignorando a qué casa pertenecía cada uno. Todos se llevaban casi perfectamente bien.
Menos ellos dos.
Casi con las tres horas de clases cumplidas, todos muy cansados se habían vuelto a sentar a petición de Hermione.
Estaban sudando, pero felices, inhalaban y exhalaban cansadamente. Eran alumnos de primer año, y ambos profesores estaban seguros que la felicidad se debía a que era la primera vez que utilizaban magia de esa forma, y más encima combinada. ¿Sería esa a partir de ahora su clase preferida?
Draco también mostraba comodidad estando allí presenciando todo muy satisfecho, pero en ese momento de completa tranquilidad, tambien había estado pensando alguna clase de venganza, no costándole mucho recordar algo que seguramente a la bruja le dejaría con los pelo de punta.
Ese era el momento perfecto.
-Bien, antes de terminar – comenzó a decir tomando la atención de todos - ¿Alguno tiene alguna pregunta o algo qué consultar? – preguntó sentándose nuevamente sobre el escritorio.
Y si, definitivamente habían muchas preguntas, pero fue Hermione quién se encargó de responderlas a todas. Preguntas ansiosas como si las clases siempre iban a ser así de divertidas, o hasta cuando durarían.
Ella mostraba el lado amable de la docencia: era buena, cariñosa, y más paciente. Mientras Draco por su parte era mucho más serio y estricto.
Pero éste iba a hacer lo posible para que esa estúpida sonrisa de su cara desapareciera.
Luego de qué las preguntas finalmente fueron respondidas, la bruja comenzó a hablar.
-Me alegra mucho ver como se ayudan entre sí, eso definitivamente les ayudará a convertirse en excelentes magos.
-Antes de que se vayan – dijo de pronto Draco girando la varita con su mano y la vista al frente – Es cierto que deben ayudarse bastante entre si – Al terminar de decir esto, Hermione quedó realmente sorprendida, ese no era el Malfoy que ella conocía – Me hizo acordar de algo que viví en el Instituto Durmstrang – Parándose de aquél escritorio, comenzó a caminar de una punta a la otra, mostrando aquella sonrisa arrogante que Hermione había aguantado por muchos años – Recuerdo que tenía un "Profesor" que nos enseñaba Quidditch, pero él era una especie de… Gorila… Gorila musculoso y muy torpe – Draco terminó de decir esto con un tono de burla y una enorme sonrisa, lo que provocó que los alumnos rieran imaginándose la escena – Pensar en un mono encima de una escoba era lo mismo que verlo a él – siguió diciendo encogiendo los hombros.
Hermione sabía perfectamente que él se refería a Viktor Krum. Estaba furiosa, demasiado enojada al escucharlo burlándose de él, y a todos sus alumnos riéndose.
-Y para colmo – siguió Draco teniendo completamente toda la atención de los jóvenes magos – éste mono solía hablarse con una… - haciendo una pausa giró su cabeza para ver a Hermione quien lo veía atónita – rata, a través de cartas.
Ella estaba furiosa, sin siquiera sospechar a donde se quería dirigir él con todo eso.
-Pero, yo como me había acercado bastante a él, tuve el agrado de ayudarlo contándole varios "secretos" de aquella rata apestosa que conocía, alejándolo de malas influencias.
Hermione entendió, entendió todo. Quería gritar, y romperle lo que sea en la cabeza. Estaba furiosa como no lo había estado en mucho tiempo.
¡Él era el culpable de que Viktor dejara de responder sus cartas! Culpa de él y sus estúpidas mentiras. No podía creerlo. Sentía sus piernas temblar casi perdiendo el equilibrio, apretando su varita con demasiada fuerza. Lo odiaba, Merlín, lo odiaba con todo su ser, eso jamás se lo iba a perdonar.
-Por lo que él entró en razón. Así que recuerden siempre en ayudarse entre sí.
Con una sonrisa enorme, y vengándose de la escena anterior, Draco no podía estar más feliz a pesar del sueño que tenía encima. Percibía como los ojos de Hermione se humedecían, pero automáticamente su ceño se frunció.
-La clase terminó – dijo de ella repente, y los alumnos confundidos comenzaron a marcharse de allí.
Draco giró y mirándola muy satisfecho, alzó las dos cejas y se fue de allí, dejándola sola en su aula.
Habían pasado cinco minutos, y Hermione aún se encontraba parada en el mismo lugar donde él la había visto por última vez.
Quería llorar, sintiéndose realmente mal sin saber de lo que el maldito de Malfoy le había dicho a Krum. Todo tenía sentido y ahora entendía perfectamente por qué éste no le había respondido sus dos últimas cartas. ¿Qué cosas le había inventado para que Viktor dejara de hablarle? Tenía que averiguarlo y tratar de disculparse por más que ella no hubiera hecho absolutamente nada.
De pronto toda su tristeza se transformó en enojo. Estaba furiosa, quería ir y hechizarlo, golpearlo, verlo… arrepentirse de lo que le había hecho.
Cuando percibió que sus piernas le respondían, comenzaron a moverse rápidamente casi por si solas, dirigiéndose tras él.
Caminaba casi corriendo, furiosa. Notó como su rostro se humedeció luego de que una lágrima brotara de su ojo, pero rápidamente se limpió con su mano derecha para que él ni nadie lo notara.
Al llegar, pasó rápidamente por el aula de Artes Oscuras, y al llegar al despacho de Malfoy, abrió la puerta con tanta fuerza que Draco salió de su cuarto confundido con el torso desnudo y la camisa en una de sus manos.
-¡¿Por qué mierda entras así!? – dijo Draco exaltado acercándose a ella.
-¡Eres realmente un estúpido! – le gritó ésta, tomando un libro de la biblioteca de Draco, lanzándolo con fuerza sobre él - ¡Maldito! ¡Eres un maldito!
Draco protegiéndose como podía de los libros que ésta le lanzaba, sintió perfectamente cuando uno chocaba contra su cara, y provocándole una herida que hizo sangrar su rostro.
-¡Maldita perra! – le gritó furioso, y de pronto los libros dejaron de chocarle.
-¡¿Cómo pudiste?! – le gritó ésta de la misma manera.
Draco llevó una de sus manos a su cara, y luego la vio, notando como se había manchado de sangre, pero lejos de enojarse aún más, con media sonrisa levantó su vista para toparse con los ojos de ella.
-No lo sé, Granger – le dijo – Porque te odio, ¿qué otra razón necesitas?
Hermione luego de desquitarse al ver todos los libros con los que había golpeado a Draco en el suelo, y su rostro completo de sangre ya se sentía más tranquila.
-Muérete, ¿sabes? – le dijo con la intensión de irse de allí, volteándose rumbo a la puerta.
-¿A qué se debe tanto enojo, puta perra? – Le dijo Draco detrás de la espalda de ésta – Creí que como ahora salías con el mendigo ya no te preocupabas por el gorila – Al terminar de decir esto, Hermione volteó a verlo nuevamente.
-¡Deja de llamarlos así!
-¿Por qué es tan importante, eh? – Le preguntó levantando una ceja - ¿Acaso fuiste tan zorra que perdiste tu virginidad abriéndote de piernas a él con tan solo quince años, Granger?
Hermione paró en seco sin poder creer lo que éste acababa de decirle.
-Como te atreves… - le contestó pero en voz baja mirando el suelo, haciendo que Draco sonriera observándola. ¿Había dado en el blanco? – Nunca me he acostado con él – dijo ahora mirándolo confundida – ¿En serio puedes ser tan estúpido? – le preguntó, pero éste lejos de sentirse insultado, seguía con aquella mueca en su cara.
-Ah – le dijo levantando sus hombros – Entonces… ¿Él primer beso, quizá?
-Eso no es asunto tuyo – le respondió, volteando nuevamente para ya irse de allí.
-Lo tomaré como un si – dijo éste – Pero entonces si no fue él quien te hizo abrir tus sucias piernas por primera vez ¿Quién fue? ¿La comadreja de Weasley? O déjame adivinar… ¿El huérfano de Potter?
Hermione tenía su mano sobre el picaporte de la puerta, apretándola con suma fuerza, pero no iba a responder, eso no eran asuntos de él.
-¡Lo tengo! – Escuchó decir a Draco mientras se acercaba más a su espalda - ¿Acaso eres virgen Granger? – terminó por preguntarle, seguido de una risa burlona que parecía no tener fin.
-¡Deja de reírte! – le respondió colorada, pero al ver que la risa de éste no cesaba, directamente se marchó de allí.
