Capítulo 8: No me subestimes
Hermione como todos los días, se había levantado dispuesta a ducharse para luego bajar al Gran Comedor a desayunar y almorzar, y así tener energías para el resto del día. Pero hoy aparte de clases tenía reunión con Malfoy.
El sólo pensarlo la estresaba. Mientras se quitaba su pijama para entrar en la tibia ducha, llevó sus ojos marrones a uno de sus desnudos hombros, procediendo a verlo con suma detención, recordando lo mucho que le habían dolido cuando el rubio la había sacudido con fuerza.
La última vez que lo había visto, éste la había llamado de diversas formas, como: zorra, perra, puta. Era lógico ya no aguantarlo más. Cada vez que usaba esas despectivas palabras para denigrarla, le provocaba tal enojo, que terminaba saliéndose de sus casillas haciéndola estallar. Lo peor era que él era consciente de eso, y sin lugar a dudas parecía disfrutarlo.
Por otra parte, aún estaba enfadada con él por las mentiras que le había dicho a Krum. Si bien era cierto que ellos dos ya no tenían ninguna relación sentimental, ambos no tenían por qué haber terminado de esa manera, menos a base de estúpidas mentiras. Recordar que no le había podido ocultar qué él fue su primer beso, y que aún conservaba su virginidad la hacía odiarse en cada segundo más.
-Maldito Malfoy – dijo en voz baja, enjuagándose el Shampoo de sus largos cabellos bajo la ducha.
Dos semanas pasaron volando, y la pequeña bruja ya estaba harta de sus peleas con el ex Slytherin. La llegada de los jueves siempre terminaba en gritos y discusiones, donde cada vez era más difícil fingir acerca de su amistad delante de los demás.
Se encontraba en su habitación, respirando cansadamente, pero a diferencia de hace un mes atrás, ahora se encontraba en la buena compañía de su gato. Lo había extrañado, como también sentía que extrañaba a todo el mundo, sobre todo a sus buenos amigos Harry y Ron. Estar en el castillo era realmente algo muy solitario, por más de estar rodeado de personas. No tenía amigos allí, sólo colegas de avanzada edad, estudiantes pequeños y… Malfoy. Pero este último daba igual.
Luego de una tarde llena de actividades, y de una ducha llena de pensamientos profundos que consumían su cabeza en el horario fuera de clases, sentía que necesitaba liberar todas esas malas energías. Había llegado a la conclusión que Granger era su única y asquerosa distracción allí. Era con lo única con la que podía ser quien realmente era, sin ocultarse bajo una máscara de mago bueno. A ella podía decirle lo que pensaba sin rodeos, como también gritarle y desahogarse. Le divertía el hecho de que ésta no se quedara callada, y por ende hacía las discusiones más… entretenidas.
Mi vida se ha vuelto una mierda, con el sólo pensar que ella puede en algún punto hacerme bien.
A pesar de haber pasado horas investigando en la sección prohibida, a la mañana siguiente, el ex Slytherin se había despertado temprano. Su búsqueda la noche anterior lo había dejado devastado, y cada vez perdía más la esperanza de que podría llegar a encontrarlo. Era inútil. En el tiempo que llevaba ahí, podía jugar por el alma de Salazar que ya había ojeado más de mil sucios libros. Cansado, miraba el techo de su habitación, pensando en donde más buscar, y preguntándose cuanto más aguantaría en ese colegio que más bien parecía una cárcel.
Sin duda, el tener a Granger ahí lo había empeorado todo. Era la única que era lo suficientemente lista como para no creer en sus buenas intenciones. Era la única a la que no le iba a poder tragar el verso de qué él en realidad había cambiado. Por lo visto, hacerla rabiar no era suficiente como para hacerla renunciar. Era malditamente orgullosa, y por ende, no iba a aceptar esa clase de derrota.
Pero al contrario de ella, lo suyo era fabuloso. La asquerosa bruja luchaba todos los jueves en los horarios de consulta, para tratar de mantener a los alumnos al día pero de ninguna forma podía. Él disfrutaba ver esto, verla enojada y rabiar… era excelente para sus ojos.
La intensa búsqueda parecía cada día estar más cerca de ser un cuento de fantasía a una realidad. No había pista alguna, ni ningún indicio que revelara su existencia. ¿Y si había arriesgado y puesto en juego su vida por algo que ni siquiera existía? De ser esto cierto, su tiempo restante en el mundo era contado.
Con la lengua filosa, la esperaba en su despacho. Las uñas de sus dedos parecían que iban a traspasar la madera de su escritorio, pero era una sensación agradable. Estaba dispuesto a saciar su ira, y a olvidarse de la realidad y responsabilidades aunque sea por unos pocos minutos.
Finalmente la puerta sonó, por lo que el rubio paró a atender.
-Qué "sorpresa" – dijo fingiendo interés al verla.
-Buenos días, Malfoy – contestó la bruja entrando, con un bolso, y un libro apoyado sobre su pecho.
-Definitivamente lo eran antes de que aparezcas – dijo de repente, esperando ansioso una respuesta.
-No empieces – contestó dando un suspiro con los ojos cerrados, apretándolos aunque no con tanta fuerza – No tengo ganas de discutir contigo.
¿Desde cuando a él le importaba eso?
-¿Quieres discutir sobre lo que no tenemos ganas de hacer, Granger? – dijo levantando ambos brazos - De ser así déjame aclararte por enésima vez que me pudre el hecho de trabajar contigo, verte todos los jodidos días y encima hacer estos informes de mierda, esas cosas son las que no tengo ganas de hacer.
La bruja lejos de seguirle la corriente, se dirigió a uno de los sofás para sentarse y comenzar a leer el libro que había traído.
Draco con el ceño fruncido la veía de lejos. No se iba a negar la satisfacción que le producía verla rabiar. Decidido a seguir después, se dirigió al otro sillón frente a la chimenea, y empezaron con el informe. Aburridos, cansados.
Habían pasado dos horas desde que habían comenzado. Escribir a pluma unas veinte hojas no era nada fácil. Y tal fue el caso de ambos, donde su exigencia personal siempre les pedía hacerlo bien, hacerlo… perfecto.
-Lo pasaré en limpio – dijo de pronto Hermione, tomando las hojas, apoyándolas sobre su regazo – No se ve muy prolijo así.
-Es un informe de mierda para una vieja de mierda – dijo Draco levantando ambas cejas - ¿A quién le importa la prolijidad?
La bruja dio un suspiro.
-Demonios, Malfoy – sus ojos estaban confusos. Era como si peleara con la mirada con aquella hoja – Tu letra es realmente asquerosa.
-Tenía que tener algún defecto… - encogió los hombros.
-Creí que ya los tenías – contestó con una sonrisa que se tornó automáticamente en sus labios, a lo que él le dedicó una mirada llena de odio.
-Y yo creí que no estabas de humor para discutir – contestó seriamente, acomodándose en el sillón completamente entretenido con la pelea que probablemente llegaría en pocos segundos.
-¿Qué dice aquí? – La bruja le cambió la conversación. Su pelea con las hojas se veía cada vez peor. Draco sin ganas, se levantó del sofá se dirigió a ver la hoja – Aquí – dijo la bruja señalando la palabra.
-"Rehacer" – contestó luego de un par de segundos. Descifrar su letra también era algo complicado para él. Volviendo a su asiento, la bruja lo detuvo con su voz.
-¿Y aquí?
-"¨Perfectamente" – le contestó de mala gana, pero al querer dedicársela mirándola a los ojos, estos solos se posaron en ella, en su silueta. Sentada, concentrada, leyendo atentamente todo. Con más de un mes trabajando juntos, se dio cuenta que ya la podía leer. Era tan obvia…. Cuando algo no entendía, inmediatamente su costumbre de morderse los labios nacía. ¿Tan mala era su caligrafía?
-¿Y aquí? – dijo y de pronto la mordida a sus labios inferiores fue más intensa – Cielos, ¿de veras puedes escribir tan mal? Esto parecen garabatos, Malfoy.
Draco cansado de estar parado, y sabiendo que las preguntas no cesarían, se sentó a su lado, olvidando completamente el asco que decía tener. Al acomodarse, sacó las hojas de las manos de Hermione, y seriamente intentaba adivinar qué decía. La bruja anonadada se dio cuenta de la situación pero optó por no decir nada.
-"Demostrando" – contestó devolviéndole el informe.
-Gracias.
Hermione lejos de estar cómoda, ahora al estar al lado de él sólo sentía nervios. Nunca se iba a acostumbrar a la idea de tenerlo cerca, menos cuando él era inconsciente de lo que hacía.
Dudo que sepa lo que hace.
-Bien, Granger ¿Qué otra cosa no entiendes?
¿Por qué se quedaba muda? ¿Por qué tardaba tanto en reaccionar? Sin duda era demasiado raro verlo de esa forma, tan gentil. ¿Acaso el estar tanto tiempo juntos estaba desenmascarando al verdadero Draco?
-¿Por qué mierda no sigues leyendo? – La miraba confundido. Estas palabras la sacaron de aquél trance.
Hermione totalmente embarazosa siguió.
Las preguntas fueron muchas, pero el rubio no parecía molestarse en responderlas. Era suficiente molestarse consigo mismo por escribir de esa forma, que enojarse con ella por no saber qué decía.
La veía escribir. Ella apoyaba las hojas sobre su regazo, seguramente la mala posición le traería dolores luego, pero ese no era su problema. La veía. Notaba claramente la suavidad de su piel bajo la poca luz del cuarto. Ya se les había hecho costumbre trabajar así: acomodarse en los sillones; él siempre en el sofá de la izquierda, y ella en el de la derecha. Jamás ninguno se había quejado de la poca iluminación de la habitación, por lo que cambiarla no tenía sentido. Las pocas velas encima de ellos, y los fogones eran más que suficiente.
La ex Gryffindor escribía a gran velocidad. Quería irse lo antes posible. No soportaba el ambiente, y ni sabía por qué. Los minutos pasaban muy lentamente. A pesar del helado clima que había a las afueras del castillo, allí dentro el ambiente era cálido.
-Allí dice "objetivo" no "objeto" Granger – Dijo Draco levantando una ceja. La bruja nerviosa paró en seco. Ni siquiera recordaba haber escrito esa palabra. Como si el ex Slytherin hubiera presentido lo perdida que ésta se encontraba, con su mano derecha tomó la de ella. Lentamente llevó ambas manos al tintero y mojó la pluma. La mano de la bruja estaba caliente, pero la de él no. Seguido a esto, fue hasta la palabra y la tachó corrigiendo aquél error. Pero rápidamente algo lo inquietó. ¿Qué era ese aroma que jamás había sentido en su vida? Volteando a verla y notar los pocos centímetros de distancia, la soltó bruscamente y se alejó.
¿Cuándo mierda me acerqué tanto?
Hermione aún sentía el frio de la mano de él encima de la suya. Sabía que él se había dado cuenta de lo que acababa de hacer. ¿Cuándo fue que de repente se habían dejado de tratar como enemigos?
-Termina eso y lárgate – le dijo caminando hacía la ventana, con ambas manos sobre la nuca. ¿Cómo no le había dado asco tocarla?
-Bien – le dijo tratando de acelerar el ritmo.
-Demonios – siguió el rubio deambulando de un lado a otro.
-No tengo gérmenes para que reacciones así - le dijo ésta molesta.
Ese no es el punto.
– Eres ridículo, Malfoy.
-¡Termina de una jodida vez! – dijo levantando la voz
-¡Deja de gritarme! ¡Si tuvieras una letra decente quizá no tardaría tanto! – Respondió usando el mismo tono. Furiosa, cerró el libro de mala gana - ¡Y ojalá alcance a dormir algo! ¡Me romperé la cabeza descifrando sus estúpidos garabatos!
-Nadie te manda a querer entregar algo prolijo, estúpida chupa culos de la vieja cara de pasa esa.
-¿Cara de pasa? – Repitió sin poder creerlo - ¡No te permitiré que llames así a McGonagall!
-¿Y qué mierda se supone que harás? – dijo mirándola con ojos desafiantes, acercándose a ella lo suficiente pretendiendo intimidarla.
-¡Te he dicho que no me provoques! – dijo manteniendo la mirada fija en él. Quería dejarle en claro que no le temía en absoluto – ¡Te arrepentirás!
-¡Lo vengo haciendo desde el primer día que te conocí, Granger! Pero eres tan lamentable, que nunca lograste hacerme ningún tipo de daño. No eres rival para mí - Respondió acercándose más. Estaba furioso, quería lastimarla, solucionando su estúpido error de haberla tomado antes de las manos. Eso iba a sanar su orgullo.
-¿Qué no soy rival para ti? Demonios Malfoy, madura de una buena vez – contestó la bruja alejándose, pretendiendo marcharse de allí. Esas discusiones sin sentido la tenían completamente agobiada. Las venía viviendo hace aproximadamente un mes y siempre terminaban de la misma manera: No cesaban hasta que ella se iba. Discutir con un estúpido sólo la hacía ponerse a su nivel.
-¡Admítelo! ¡Jamás pudiste hacerme nada que me ocasionara algún tipo de malestar emocional, como yo sé que hago contigo!
-¡Cállate! – dijo tomando el picaporte dispuesta a irse, pero él rápidamente la tomó de un brazo, y la arrastró bruscamente hacía la pared. Para evitar que ésta se pudiera librar, con ambas manos sostenía fuertemente cada una de sus muñecas – ¡Me duele! – gritaba, ya sin poder contener la humedad que comenzaba a nacer en sus ojos.
-¡Admítelo! – volvió a decirle, pero esta vez más cerca - ¿Acaso no te lastimo cada vez que te llamo por lo que eres? ¿Una mugrosa SANGRE SUCIA?
-¡CALLATE! ¡No me hace nada lo que puedas llegar a decirme, no eres quien, y no me afecta en lo más mínimo! – contestó aún luchando sin éxito poder librarse de él.
-¿De veras? – El rubio se acercó aún más. Podía sentir el cruce de sus respiraciones calientes. Cuando las puntas de sus narices chocaron, bajó la voz, completamente decidido a lo que iba a decir - ¿Acaso piensas que no me doy cuenta cada vez que comienzas a lagrimear cuando yo te llamo así? ¿No te vas a llorar a tu cuarto, pensando lo mucho que me odias?
Se sentía tan estúpida, tan frágil y débil. Él la superaba en altura, casi por una cabeza; al igual que en fuerza. No podía luchar contra eso, menos con esa lengua tan afilada que sólo era usada para agredir, para hacerla sufrir. Sin poder sacar la varita de su túnica, estaba indefensa. Sintiéndose completamente humillada, rompió el llanto, y un par de gruesas y pesadas lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. Se odiaba.
-Puede que sea cierto – dijo sollozando - Pero cuando recuerdo lo que eres, la basura que eres, pienso que no tiene sentido derramar lágrimas.
-Bien – Contestó éste, levantando con su frente la de ella, obligándola a verlo a los ojos. Esos ojos llenos de oscuridad, más fríos que una vieja roca - Esa es la gran diferencia entre tú y yo, Granger, que a mí jamás me podría llegar a afectar nada, escucha bien: nada de lo que tú me puedas hacer o decir a mí. ¿O Acaso saldrás con cosas de que soy un estúpido? ¿Cosas sin sentido como esas?
-Me da gusto saber que aceptas lo que eres.
-Fíjate que no, porque no hay nada que lo pruebe. No como tú: tú sabes que eres una sangre sucia, y por más que no te lo diga, sabes que es cierto, pase lo que pase.
-Me das lastima – dijo mirándolo fijamente.
-No me saca la felicidad de verte así. Tú me das pena. Me da pena verte y saber lo miserable que eres. Una maldita hija de muggles, quien se cree más que un mago puro, simplemente por comerse todos los libros de la biblioteca. La estúpida bruja amiga de Potter, que ganó popularidad gracias a él – Dijo aun manteniendo su vista fija sobre los de ella, mirando sin piedad sus húmedos ojos- Pero hay algo que nunca pudiste lograr, Granger, y es que a pesar de que en todos estos años te has esforzado en querer hacerme algún tipo de daño, jamás lo has logrado ¿y sabes qué? Nunca podrás. Porque eres inferior a mí, y no tienes ni el poder, ni inteligencia suficiente para lograrlo. Eres malditamente inferior.
-¿Esforzarme en querer hacerte algún tipo de daño? ¿De qué hablas? Me das asco, Malfoy – contestó sin bajar la mirada - ¿De veras alguien como tu aun es capaz de sentirse superior? Tú… que ni siquiera sabes lo que es la felicidad. Jamás has sido feliz, y ¡nos odias por eso! Odiabas vernos reír, vernos contentos ¿Y por qué, eh? Porque pensabas que eras tú quien supuestamente tenía todo lo necesario para serlo: como el poder, dinero, "la sangre", ¡pero no! ¡Jamás lo has sido!
-¿Ya sales con cosas absurdas como la felicidad o el amor, Granger? Es el arma de último recurso, ¿Cierto? – Inmediatamente aplicó más fuerza con sus manos, forzando media sonrisa - Saber que no tienes armas para contraatacar hace aburrido esto.
-¡Deja de subestimarme maldita sea! – Gritó aun queriendo librarse de sus agarres - ¡No hay que ser suficientemente inteligente para querer hacerte daño!
-Por dios Granger, ¿qué se supone que harás? ¿Eh? – Dijo volviendo a hacer la misma mueca que lo caracterizaba - ¿Que puede ser tan grave viniendo de ti? Acepta que en este juego siempre salgo ganando yo.
Sus narices chocaban, y por más que quisiera no podía evitar mirarlo. La inestabilidad de sus pies le jugaban en contra, sentía que perdía el equilibrio mientras era penetrada por esos ojos grises parecidos a los de un basilisco asesino.
Inhalando decididamente, con sus ojos completamente humedecidos, inclinó su cabeza hacia adelante, pasando por su nariz y así chocar sus labios, mojándolo con los suyos.
Besándolo.
Draco totalmente estupefacto, la soltó bruscamente separándose inmediatamente de ella, desconcertado, sorprendido, furioso
-¿QUE DEMONIOS HACES? – gritó mientras con su mano comenzaba a limpiarse su boca totalmente desesperado - ¿Qué mierda hiciste, Granger?
-¡Nunca me vuelvas a subestimar, Malfoy! – Gritó acercándose a él aún con los ojos húmedos y las muñecas adoloridas - ¿Y sabes qué? Por más que quieras cambiar el pasado ¡Jamás podrás! ¡Y tendrás que vivir sabiendo que haz besado a una sangre sucia! – Cuando ya estaba lo suficientemente cerca, bajó la voz, mientras una lagrima caía lentamente sobre su mejilla – Y eso jamás cambiará. Pase lo que pase.
Tomando el libro, rápidamente huyó de allí, olvidando completamente su bolso.
Draco se encontraba desesperado, mirándola sin poder creer la situación. Ella se había salido con la suya, metiéndose con su punto mas débil, metiéndose con su orgullo. Quería ir tras ella y extrangularla, por lo que salió apresurado de su habitación rumbo a buscarla, pero no hizo diez pasos cuando se dio cuenta que era un error.
Tomandose la cabeza, y con un suspiro agitando y el ceño completamente fruncido, no hizo mas que volver por donde había venido.
Me las pagarás, Granger.
Hermione se había dirigido rápidamente a su despacho; sabía que si Malfoy tenía deseos de matarla, luego de esto lo convertiría en realidad, pero luego de tener la guardia alta por mas de veinte minutos, sabría que ya no iría.
Aún no podía creer lo que había hecho, pero todo tenia un motivo y era justamente porque él la había provocado a tal punto, que ya no sabía que hacer.
Tenía todas de perder: No tenía a mano su varita, y sin ésta, defenderse era completamente algo de otro mundo. Su fuerza era demasiado poca a comparación a la de él como para golpearlo y marcharse. No era que temiera a que éste le pegara, pero el sólo hecho de apoderarse de sus brazos para dejarla inmovil bastaba. Besarlo quizá no había sido la mejor opción, pero el rubio había subestimando su inteligencia, e insultado tanto, que por dentro también deseó hacerle algún tipo de daño ¿y qué mejor cosa que dañar su orgullo?
Antes de quedarse profundamente dormida, sólo pensaba en él. Estaba completamente segura de que se vengaría de alguna otra forma. Temblaba con solo pensar qué sería capaz de hacer. ¿Y se le había ido la mano? Él siempre le había tenido asco, siempre la había odiado por su sangre y a ella en si.
A la mañana siguiente, el enojo del e Slytherin aún persistía de tal manera que había llegado a la conclusión de que lo mejor que podía hacer no era mas ni menos que ignorarla. Ella no significaba nada, al igual que el ridículo beso –si es que se podía llamar así- que ella le había dado.
La había subestimado, y de eso no había duda: jamás se hubiera imaginado lo que Granger fue capaz de hacer, con tal de herirlo y ganar la estúpida pelea. Era obvio que estaba dolida, y eso solo lo comprobaba con recordar aquella mirada llena de lágrimas y tristeza, pero nada justificaba a lo que había hecho: él era un sangre pura al que jamás en su vida se le hubiera pasado por la cabeza besar a una sangre sucia como ella, y al parecer lo tenía tan bien en claro que jugó con eso.
Al escuchar un pequeño ruido de tazas en su despacho, se dio cuenta que el elfo ya había llevado su desayuno, por lo que luego de estirarse como niño pequeño, en bata, se fue a desayunar. Sin embargo, a la mitad de su café bien cargado, alguien interrumpió tocando la puerta.
Te mataré si eres tú.
Era lógico que todos estaban desayunando en el Gran Comedor, como una gran estúpida familia feliz. Por lo tanto, no tenía la más remota idea de qué sujeto se trataba. Suspirando, fue a abrir.
-¿Tú? – dijo desconcertado al ver a una mujer de su misma edad al otro lado de la habitación.
-Draco – contestó ella. Su largo cabello negro le llegaba hasta por debajo de los hombros. Sus ojos brillosos resaltaban la felicidad que le producía verlo luego de tanto tiempo. Sin pensarlo dos veces, se abalanzó a él, cerrando rápidamente la puerta detrás de ella – Te extrañé – continuó sin soltarlo.
El rubio anonadado, la soltó con brusquedad completamente desconcertado.
-¿Qué se supone que haces aquí? – Al preguntarle esto, su vista bajó recorriendo todo el cuerpo de la mujer - Tienes el uniforme…
-Así es – contestó esbozando una amplia sonrisa, acercándose de nuevo a éste, besándolo en los labios con completa calma – Volví a terminar mis estudios – terminó de decir volviéndolo a besar.
-Pansy – Draco la separó calmadamente – Tendré problemas si te ven aquí. Lárgate.
-Descuida – siguió ésta sumamente cerca de él, bajando sus labios hasta su blanco cuello – están todos desayunando.
Lentamente, con una mano desató el nudo de la bata del rubio. Aún besándolo, con ambas manos tomó suavemente sus hombros, tirando de la bata que segundos mas tarde cayó al suelo. Dejándolo completamente desnudo.
Draco sin entender la situación, pero completamente excitado por las intenciones de su tan conocida ex novia, la arrastró hacía él con fuerza, arrancándole todas sus ropas con suma brusquedad. Hacía tiempo no tenía sexo, y a pesar de los riesgos que era hacerlo allí con alguien quien ahora no era ni más ni menos que su alumna, no dudó en llevarla a su cama.
La bruja había tardado en conciliar el sueño. Seguía sin entender qué había hecho y por qué. ¿Cómo había sido posible que besara a la persona que más detestaba en el mundo? ¿Qué dirían Harry y Ron si algún día se enteraban de esto?
Sabía que por un lado debía sentirse feliz y vencedora. Lo había lastimado jugando con nada más y menos que con su propio orgullo. Simplemente quizá si él no la hubiera provocado tanto, nada hubiera salido de esa forma. Pero no entendía porque sentía todo lo contrario, quizá las cosas se le habían ido de las manos…
Sentada en su cama, luego de una larga siesta, llevó una de sus manos a sus labios, y comenzó a tocarlos suavemente. ¿Ese era el sabor de un Malfoy? Por segundos, quiso compararlos con los de Ron, pero no había nada qué comparar entre ambos. Ron era dulce y cariñoso, y lo de Malfoy… Ni siquiera se podía considerar un beso, había sido simplemente un choque de labios.
Mirar inconscientemente la hora, la hizo salir rápidamente de aquél trance, por lo que se levantó rápidamente de la cama, dispuesta a comenzar el largo día que le esperaba.
-Oh, demonios – dijo Pansy respirando cansamente sobre la cama, tumbada al lado de su amante; Draco – Hace tiempo no me cogían tan bien.
El rubio completamente sudado, tardó en responder.
-¿Insinúas que tu prometido no sabe cómo hacerte el amor? – contestó agitado
-Él jamás pudo hacerme sentir así.
-¿A qué has venido? – preguntó seriamente cambiando de tema.
-Sabía que no ibas a creer que quería terminar mis estudios en esta mierda – contestó con una sonrisa.
-Responde.
-Me mandaron a comprobar que estés cumpliendo con tu parte del trato – contestó sin rodeos, sentándose en la cama.
-Lo sabía.
-Acepté de inmediato. Extrañaba nuestros "encuentros", y aparte de eso, podía retrasar mi boda aunque sea, unos cuantos meses más.
Imitándola, el rubio se levantó de la cama y se dirigio al baño.
-Vístete y lárgate de aquí – le ordenó sin siquiera mirarla – Cuando salga de la ducha ya no quiero verte.
-Típico de ti – contestó la pelinegra feliz – Déjame repetirte, que nunca hubiera aceptado mi compromiso si no me revelabas que nunca serías capaz de amar a una mujer.
-Por algo te pedí que te casaras con él – contestó Draco aun de espaldas – Para mí las mujeres son… algo fácil que se pueden coger y ya… No busco cosas serias.
-¿Algo fácil? – Preguntó desconcertada – Para ti somos todas unas perras, ¿cierto?
-Vete.
-¡Contesta! ¿Soy una perra para ti?
-¡Sí! – gritó para mirarla fijamente a los ojos – ¡Y amas que te trate como a una ramera!
-Bien – contestó levantando ambas cejas acercándose a él – Es cierto – su tono de voz ya era sumamente bajo – Amo que me trates como a una puta ¿sabes? Y me gusta tanto, que me importa una mierda estar engañando a mi prometido contigo.
Terminado de decir esto, besó los labios del sujeto que tenía enfrente, y sin perder tiempo, se vistió rápidamente y se marchó de allí.
Terminado de decir esto, besó los labios del sujeto que tenía enfrente, y sin perder tiempo, se vistió rápidamente y se marchó de allí.
Bajando rápidamente por las escaleras del despacho, alguien en el camino la hizo pararse en seco.
-¿Tu? - preguntó Pansy con cara de asco
-¿Pansy? - preguntó Hermione sin poder creer lo que estaba viendo - ¿Por qué tu...? ¿Qué haces aquí?
-Vine a terminar mis estudios - contestó seriamente conservando la misma cara - Deberías buscar a Draco después. Ahora está un poco... cansado - al decir esto, sonrió ampliamente - Tú me entiendes - dicho esto, y con la frente en alto se marchó de allí. Dejando a Hermione completamente inmóvil.
