Capítulo 9: Pequeña advertencia

El ex Slytherin sentía que los días pasaban más rápido de lo normal, pero para su sorpresa todo marchaba exactamente bien y mejor de lo planeado. Sus alumnos habían rendido el primer examen de maravilla por más complicado que lo había hecho, por ende, no dudaba en absoluto seguir avanzando con los contenidos de la asignatura.

Sentado solo en su despacho, se había puesto a planificar sus clases. Aún estaba confundido por los acontecimientos ocurridos recientemente, como el repentino "beso" de la sangre sucia para alejarse de él, y la extraña llegada de Pansy, quien comprometida aún lo seguía buscándo sin importarle absolutamente nada. Siendo sincero, a él poco le interesaba el compromiso de ella, sólo le importa él y su suerte de poder saciar sus deseos sexuales. Para ser franco, si había algo que realmente había odiado del instituto Durmstrang, era que éste no aceptaba mujeres, por consiguiente el placer solitario se había convertido en un gran amigo.

Con respecto a Granger, seguía pensando ignorarla y así mantener una distancia considerada de sus garras. Venía ignorándola hacía una semana y pensaba seguir con esa misma postura. Aún no podía creer la forma en que lo había contaminado. Su sangre pura, su cuerpo puro estaba infectado de sangre muggle, sangre asquerosa y sucia. Y si había algo en lo que ella tenía razón, era que él jamás iba a poder cambiar el pasado. Para su mala suerte, nuevamente era jueves.

Mierda, mierda, ¡Mierda!

De pronto, miró la hora y se percató de que el sucio elfo llevaba media hora atrasado con el desayuno: ¿Dónde demonios se encontraba? Cuando finalmente se hicieron las diez, partió rumbo a la cocina en busca del sirviente –para colmo muy bien pagado- y exigirle una buena justificación, pero en pleno camino, una voz conocida lo frenó.

-Profesor Malfoy – saludó McGonagall cordialmente. Draco sin ganas de escuchar absolutamente a nadie, simplemente levantó ambas cejas.

-Tanto tiempo – contestó sin mucha expresión, no sabiendo por qué la vieja lo había parado allí.

-Eso mismo digo yo. Tanto tiempo – McGonagall aún mantenía una distancia considerada, pero Draco no tenía intención de acercarse – Vine a hacerle un comunicado, para que no rompa las reglas de profesores a partir de hoy – dijo de repente, dejando confundido a mago al no saber a qué se refería.

El ex mortífago dio un suspiro.

-Disculpe, no sé de qué habla – respondió sinceramente. Él sólo quería ir a descargarse con el mugroso elfo, y no aguantar a viejas chifladas.

-Por eso mismo vine hasta aquí – lo miró seriamente – Desde que comenzaron las clases, no has aparecido a ninguno de los horarios de comidas al Gran Comedor. Y a pesar de qué fue ingenioso de tu parte contratar a un elfo para que te lleve las comidas al despacho, es algo que no voy a seguir permitiendo.

-No hay absolutamente ninguna regla que me impida hacerlo – contestó conservando el mismo tono de seriedad – Me he fijado atentamente.

-Por eso mismo Malfoy. Acabo de añadir esa regla dentro del Castillo, justamente para usted – terminó de decir – Buenos días.

Dejando al mago sin palabras, McGonagall se marchó.

Estaba furioso. Deseaba con todas sus fuerzas golpear una pared hasta derrumbarla, o mejor aún, hasta que sus nudillos no aguantaran más dolor.

En pleno camino, sólo fruncía sus puños con suma fuerza. ¿Qué otra cosa peor que esa? Si tan solo no estuvieran allí… él le haría saber quién daba las órdenes.

A partir de ahora, debía verles la cara a todos para las comidas, y fingir diariamente que se llevaba bien con ella, con ella, con ella, con la presión de dos mil ojos encima.

Con la conversación aún presente en su mente, sabía que ya no podría volver comer en su despacho como solía hacer. Pero seguía sin entender por qué. ¿Qué era lo bueno de ir allí donde estaban todos? La vieja no tenía nada que decir en su contra, él estaba al día con sus enseñanzas, muy al contrario de la perra de Granger.

Vieja de mierda.

Enojado, pero tratando de mantenerse en control, se dirigió al Gran Comedor para desayunar de la misma forma aburrida que hacían todos los demás. Compartiendo.

-Hasta que apareciste muchacho – le dijo de pronto Hagrid al verlo, llevándose una gran rebanada de pan a la boca – Nunca te veíamos por aquí – Terminó de decir con la boca llena, por lo que el rubio solo hizo un gesto de asco.

Odiaba que todo el mundo pensara que tenía derecho de hablarle. Él era un Malfoy.

Ignorando todo, el ex Slytherin tomó asiento en el mismo lugar donde había hablado el primer día de clases, cuando tuvieron que hacer la asquerosa presentación.

No iba a negarlo. Allí el ambiente no era tan desagradable después de todo. Las inquietantes miradas de sus alumnos -luego de casi dos meses- habían desaparecido. Podía verlos perfectamente a todos allí: riendo, comiendo, menos… estudiando. Todo era tal cual a cuando él iba allí. Pero alguien faltaba. ¿Dónde mierda estaba la jodida perra de la comelibros?


Minutos después al dirigirse al Gran Comedor, algo la dejó realmente perpleja: allí estaba él, pero no entendía el por qué. Él nunca comía allí. Mordiéndose los labios comenzó a acercarse muy lentamente.

Ya había pasado una semana desde que ella lo había besado, y a pesar de sentirse victoriosa en su momento, ahora definitivamente se arrepentía. Se había dado cuenta que cometer ese acto era sumamente vergonzoso, y que no sólo había besado a la persona que más la odiaba en el mundo, sino que también había borrado los restos del beso de Ron.

Recordaba. La noche siguiente de esta horrible escena. Se había dirigido a su despacho para así disculparse y recuperar su bolso, pero para su sorpresa se encontró con nadie menos que con Pansy, por lo que pensó que lo mejor era ir en otro momento, aunque terminó optando esperar a que el tiempo pasara, y así olvidar lo ocurrido.

Sin duda ver a Pansy saliendo del despacho la había dejado completamente confundida. Tenía presente que ella con Malfoy habían sido novios por muchos años, aunque en la actualidad –Y según El Profeta- ella se encontraba comprometida con otra persona. ¿Acaso eran amantes?

-Buenos días – dijo al llegar y sentarse a su lado. Por obvias razones, todos contestaron menos él.

Estaba serio, y tal pareciera que ponerle azúcar al café era una tarea que llevaba una suma concentración. ¿Dónde estaban los gritos? ¿Por qué todo estaba tan tranquilo? Lejos de sentir alivio, algo por dentro le molestaba e inquietaba. No sabía por qué, pero la indiferencia sin duda le dolía, e incluso sentía que era peor eso que las miradas crueles que éste le vivía dedicando.

No pasaron ni dos minutos de que ella se había sentado, cuando él se paró y se marchó de allí. La bruja lo veía alejarse, y tras un suspiro agotador, sintió cuando Hagrid le habló.

-Parece que no tenía mucho apetito – se llevó a su boca una servilleta y comenzó a limpiarse la boca y parte de la barba – Aunque con ese cuerpo tan delgaducho tampoco creo que le entre tanta comida – Rio mirando a la mujercita que tenía al lado, pero ésta lejos de contestar simplemente sonrió.

No había duda. Seguía enfadado y seguramente lo iba a seguir estando hasta que su estúpido orgullo sanara. ¿Tan mal había sido ese asqueroso choque de labios? Eso ni siquiera se podía llamar beso, pero era consciente de que eso jamás nadie se lo iba a poder hacer entender.

Mientras tomaba su desayuno seguía pensando en él. Lo odiaba. Oh, santos cielos, realmente lo odiaba. Era un sujeto realmente desagradable, orgulloso, quién se creía ser el rey del mundo caminando siempre con aires de grandeza, con esa molesta mueca en su rostro creyéndose más que los demás.

¿Y si éste viernes actuaba igual que el viernes anterior, y no hacía más que ignorarla? ¿Qué iba a pasar con el informe de esta noche? ¿Cuándo demonios iba a volver a dirigirle la palabra?

Al llevar nuevamente la taza de café a su boca, paró en seco observando su mano. La mano que él le había tomado para corregir la palabra mal escrita aquél día en su despacho, olvidándose completamente del odio que decía tenerle, olvidando las diferencias.

Sin saber por qué, recordar eso le hacía latir un poco el corazón. Parecían ser momentos donde él se descuidaba y por ende la trataba bien, como a un igual, y ese Draco era realmente diferente con el que ella tenía que convivir cada día, era más amable, dulce y tierno.

- Estás muy pensante mi querida Hermione – le dijo de pronto Hagrid sacándola de aquél trance.

-Si – contestó nerviosa, bebiendo de su café cual ya empezaba a enfriarse – Muchas cosas que hacer… ya sabes – Terminó de decirle con una amplia sonrisa.

¿De veras se había quedado mirando su mano? Se estaba volviendo loca. ¿Cómo sus pensamientos la habían llevado a sospechar que él la trataba como un igual? El era una persona realmente malvada, y si él le quería hacer creer qué bajo esa capa de villano existía una buena persona, estaba muy equivocado.


-Vaya, que rápido saliste del Gran Comedor – dijo Pansy detrás de Draco, caminando por un largo y frío pasillo.

-No estoy de humor – Contestó yendo más rápido de lo normal – Tengo cosas que hacer.

-Tus clases recién comienzan en dos horas – terminó por él – Tenemos tiempo para… ya sabes – siguió, con voz seductora.

Ignorando el hecho de que Draco no le respondiera, lo siguió hasta su despacho, cerrando la puerta tras ella, dejándolo a ambos adentro. Sus encuentros íntimos eran diarios, y a veces hasta dos veces por día, pero esto no cambiaba la distancia que él siempre tomaba de ella.

-Vete – ordenó molesto. El saber que ya no tendría a un elfo a su disposición lo ponía de mal humor, y si a eso le sumaba que era jueves, -por ende debía verla a ella- lo ponía peor.

-Te ayudaré a desestresarte – continuó la pelinegra, quien veía a su amante caminar de una punta a la otra en su despacho. Acercándose y acortando distancia entre ambos, llevo sus labios contra los de él, pero Draco lejos de responder, se separó.

-Te he dicho que no – Contestó ya de mal humor - Lárgate de aquí.

-Oh vamos – Insistió volviéndose a acercar, comenzando a besar su blanco cuello – tu nunca estás cansado para el sexo Draco – al ver que él no iba a ceder, se reacomodó su túnica – Bien – dijo secamente - vendré luego – Rendida comenzó a marcharse de allí, pero la voz del rubio la detuvo.

-No – Contestó – Vendrá Granger, así que ni se te ocurra pasarte por aquí si no quieres que empiece a sospechar que me acuesto con una alumna.

-¿Alumna? – Contestó confundida volviéndose a él – ¡Fuimos novios Draco!, ¡todo Hogwarts lo sabe!

El ex Slytherin dio un suspiro profundo.

-Ya no. Lárgate, Pansy – dijo indicándole la puerta con la barbilla. Su mal humor iba incrementando.

-¿¡Qué importa si la puta de Granger sabe que vengo a verte en la noche!? – Dijo completamente enojada aumentando exageradamente la voz - ¿Desde cuándo te importa lo que piense ella?

Draco quedó en blanco. ¿Puta Granger? ¿Por qué mierda le había molestado escuchar eso?

-¡Vete! – le gritó frunciendo el ceño, levantando igual o más su voz – No te volveré a abrir más la puerta si no me obedeces ¡quieras o no soy tu profesor aquí! Te lo ordeno. Así que si no quieres problemas. ¡Lárgate!

-Vaya – dijo ella levantando ambas cejas en modo de sorpresa – Siempre buscando alguna forma de verte superior – dicho esto, tomó el picaporte de la puerta y se fue.

Draco quedó observando la puerta cerrada luego de que esta se fue durante unos largos segundos. ¿Por qué aún le seguía molestando el hecho de que Pansy dijera eso de Granger? Si bien era cierto que era una sangre sucia, no era ninguna puta. Ella mismo le había dado a entender que aún conservaba su virginidad, por ende su inocencia.

Recordando, en esa misma conversación en donde ella le había "dicho" eso -aunque más bien fue delatándose con sus gestos- recordaba también haber adivinado que el simio le había dado su primer beso, y al parecer sólo la comadreja había tocado sus asquerosos labios después. No la culpaba, ¿Quién más se dejaría besar por ella? Era asquerosamente insoportable, aparte de mandona, histérica y mojigata, que "valoraba" esas cosas sin sentido de la vida. Para él los besos jamás habían tenido la más mínima importancia. Se había besado con tantas mujeres que le faltarían dedos de las manos y pies para contar. Sin embargo, si para ella esas cosas eran tan importantes, ¿por qué demonios lo había besado?

Ambos se odiaban, y no tenía duda alguna respecto a eso. Sabía perfectamente que lo que había hecho estaba lejos de ser algo romántico, era más bien algo malévolo, que ponía en juego su orgullo. Jamás en su vida se había animado a estar con alguien de sangre no-limpia, ni siquiera mestiza. Los rumores en Hogwarts circulaban rápido, y sabría que su padre lo mataría en caso de que se enterase de algo así. Pero gracias a Merlín, a él le relajaba el hecho de saber que tampoco nunca haría algo como eso.

Pero aún había cosas que le molestaban.

¿Por qué sus labios no eran asquerosos como debían ser?


Las clases de la tarde -para desgracia de ambos- habían pasado sumamente rápidas. La ex Gryffindor se encontraba acomodando los libros en la biblioteca de su despacho. Necesitaba distraerse de alguna forma, necesitaba borrarlo de su cabeza, dejarla libre de él aunque sea un pequeño momento. Luego de haber abierto más de seis libros y sin poder concentrarse en ninguno, cerró el último con rabia y frustración. ¿Cómo era que su mente no podía poner otra imagen que no sea la del suave cabello platinado de Malfoy? Era un maldito hurón, alguien insensible y asqueroso.

El no saber si éste iba a admitirla en su despacho la tenía sumamente nerviosa, no sabía qué hacer. Si seguía actuando igual que en la mañana, las probabilidades de que a éste se le haya pasado el enojo eran nulas, pero ¿Qué debía hacer? Las cosas no podían seguir así, y no iba a permitirse atrasarse en los contenidos culpa de él, claro que no, de ninguna manera. En definitiva, las cosas iban a ser simples: si él no tenía interés en trabajar con ella, lo haría sola, estaba acostumbrada hacer las cosas por su cuenta.

Faltaban nada menos que diez minutos para las nueve, por ende debía ya estar preparándose para partir rumbo a su verde despacho. No sabía por qué, pero sus piernas le temblaban a más no poder. Acomodándose su cabello con un listón rojo, tomo la decisión de enfrentar los males, por más que ese mal se tratara de Malfoy.

Era un estúpido, y ya no le sorprendía absolutamente nada de él, era un ser insensible, egocéntrico y sumamente engreído. ¡Por Merlín! Este tipo era de lo peor. No conocía a nadie más orgulloso que él. Era una persona a la que sólo le interesaba él y nadie más sobre toda la faz de la tierra.

-Bien Crookshanks, trataré de tardar lo menos posible - dijo de repente tomando a su gato con ambas manos. Luego de abrazarlo cariñosamente volvió a dejarlo en el suelo.

En camino al despacho de Malfoy, iba juntando fuerzas para enfrentar lo que sea. No se iba a dejar pisotear por él, ni menos volver a derramar otra lágrima en su presencia. Mientras caminaba, podía jurar que el camino parecía ser más largo que de costumbre.

Al llegar, tocó un par de veces la puerta. Finalmente había llegado el tétrico momento, y debía verlo de nuevo. Si antes había sentido temblar sus piernas, ahora parecía como si fueran a tomar vida propia y así huir del resto de su cuerpo. Sentía cómo se iban llenando sus pulmones con el máximo aire posible que estos podían acumular. Si Malfoy pretendía gritarle, ella iba a hacer lo mismo, y salir victoriosa como en su último encuentro.

Luego de un par de segundos, y al notar que nadie había atendido, no dudó en volver a tocar. Nada. ¿Es que no pensaba abrirle?

Ya entendía su juego, al parecer iba a seguir ignorándola sin importarle absolutamente nada el maldito informe que debían hacer. Era un grandísimo idiota.

-¿Puedes abrir, Malfoy? – Preguntó detrás de la puerta enojada sin poder entender la postura de su máximo enemigo – Demonios, ¿no crees que ya es tiempo de que madures un poco? – dicho esto, volvió a tocar, pero nadie atendía. Apretó sus puños con fuerza, mordiéndose el labio inferior. ¿Cómo alguien tan inteligente también podía llegar a ser tan estúpido e inmaduro? Luego de varios segundos en completo silencio, murmuró en voz baja – Maldito hurón.

-¿Terminaste Granger? – preguntó de pronto alguien bajo las escaleras del despacho. Esa inconfundible voz la conocía perfectamente. Quedó tan helada que no se animaba a voltear. Era él no había la más remota duda.

Tragando su saliva nerviosamente, sintió cuando éste empezó a subir por las escaleras acercándose cada vez más y más.

-Creí que… - dijo recobrando su valentía, que ahora yacía muerta dentro de ella ante el reciente acto vergonzoso.

-No tienes que vivir de creencias, Granger – contestó éste depositando sus grises ojos en ella.

-Es solo que… - empezó a decir, pero no pudo terminar la frase. Draco sin darle importancia, abrió rápidamente la puerta de su despacho. Parecía estar cansado, como si la tarde hubiera agotado hasta el último porcentaje de su energía máxima. Nunca lo había visto tan tranquilo, mucho menos con ella.

El rubio abrió la puerta, dejándola abierta tras de él para que ella igual pasara. Estresado, se quitó la túnica, dejándola tirada en un sitio desconocido del suelo.

La Gryffindor en silencio, tragaba con dificultad. Había un silencio libre de gritos que la incomodaban. Aún no lograba adivinar si éste seguía enojado o no, o que rayos se le pasaba por la cabeza. ¿Cuál de todos los Dracos que estaba conociendo era el verdadero?

Lo observaba detenidamente. Este le daba la espalda y respiraba de forma muy lenta, ignorando completamente su existencia. Tenía su platinado cabello de costado, la camisa un tanto desordenada, mientras la luna reflejaba su pálida piel. Se veía casi como un príncipe. No. ¿Qué estaba pensando?

Draco se encontraba en su despacho, aprovechando cada décima de segundo para pensar cuál sería su próximo acto. Algo en él estaba fallando, algo no andaba bien. Desde que se había despertado, había estado pensando en la mugrosa sangre sucia que tenía al lado, sin poderla sacar un segundo de su mente. Sus asquerosos cabellos, sus malditos ojos negros, sus horribles pecas, absolutamente todo.

Se sentía enfermo, pero hasta ese día no se había percatado de eso. Los jueves para él eran una tortura. Mentalizarse que debía verla era peor que una gripe, por ende la pensaba hasta que finalmente la tenía al lado. Pero eso no terminaba allí, sino que también se dormía pensando en que debía verla al día siguiente y dictar la peor clase junto a ella. Por si eso fuera poco, los siguientes días se basaban en ir contando cuántos de estos faltaban para el siguiente jueves, como si se tratase de una bomba explosiva con cronómetro.

Y ahora debo obligadamente ir a comer al Gran Comedor junto a ella.

Estaba seguro, que si su mente estaba así, era porque estaba haciendo las cosas mal. Al principio sospechaba que su asqueroso beso lo había contaminado de tal manera que no podía sacársela de su cabeza, pero eso no tenía mucha lógica, por lo que descartó la opción en segundos.

Debía cambiar lo que venía haciendo, pero en el fondo no quería hacerlo. Amaba denigrarla, hacerla rabiar o verla llorar, poder gritarle lo hacía sentir vivo dentro de esa cárcel llamada Hogwarts, pero quizá el hecho que ella tenga esa "importancia" en él lo estaba volviendo loco, no podía ser dependiente de nadie, menos de Granger. Debía tratarla normal, pero fríamente y cortante, y así perder el asqueroso interés que le daba verla.

-Por cierto, traje… - dijo de pronto ella, haciéndolo salir de su trance.

Unos libros – pensó él.

-Unos libros – terminó de decir, sin sospechar lo que pasaba por la cabeza del rubio.

Lo sabía, maldita sea – siguió en su rápida mente.

-Bien – contestó volteando a verla. Se veía diferente, quizá era por tener amarrados sus pajosos cabellos, que por cierto le quedaban igual o más horrendos que cuando los tenía sueltos. Pero en fin… era Granger, y a ella nunca nada podría quedarle bien.

La chimenea los alumbraba a ambos, igual que las pocas velas encendidas en el techo.

-No fuiste a cenar – dijo de pronto la bruja rompiendo aquel incomodo silencio. No sabía si éste iba a contestarle o no, pero debía intentarlo.

-No tenía hambre – contestó yendo en dirección al sofá que estaba enfrente de ella. En el camino, fue desabrochando el primer botón de su camisa, dejando un poco al descubierto su blanco pecho.

-Me enteré… lo del elfo – siguió. Sabía que McGonagall había ido a hablar con él, contándole las nuevas reglas para los profesores del castillo. Una regla que le pareció perfecta.

Draco la miró de reojo, confundido, y enojado.

-No voy a negar que me alegró saber que ya no podrás manejar a un elfo con tu dinero, Malfoy – continuó – Finalmente se hizo justicia.

-¿Justicia? – Preguntó aún confuso - ¿De qué hablas?

-Si Malfoy, oíste bien – Contestó sin mirarlo – Los elfos son amigos… no esclavos ni nada parecido.

-No comiences… - Llevó las manos a su cabeza, y tiró sus cabellos hacía atrás, reuniendo paciencia para no discutir con ella.

-McGonagall tiene mis agradecimientos – Siguió, y rápidamente depositó en él, sus ojos parecidos a los de un león, llenos de coraje y valentía.

-¿En serio piensas que esa vieja chiflada puso era regla para joderme a mí y no tener un elfo a disposición? A ella le importan una mierda los elfos, igual que a todo el mundo – El rubio apretó fuerte un puño. Debía ser paciente y no caer tan rápidamente en sus provocaciones - No seas ingenua Granger, si al menos le interesaran un poco, no tendría a más de cien trabajando en las cocinas de Hogwarts.

-Es diferente… - La bruja tragó con dificultad.

-¿Y Por qué? ¿Eh? Ella simplemente quería que cómo profesor que soy, compartiera las comidas con los otros docentes y alumnos. No lo hizo por ellos, entiende.

-Bien pues, no lo entiendo… Explícame – Su voz sonó entrecortada y sumamente frágil, casi como si le suplicara una buena justificación

-¿Qué cosa?

-Cómo puedes ser así. Tan insensible, y estar a favor de su injusta esclavitud – la bruja lo miraba de la misma forma como miraría al mismísimo diablo, aunque no había mucha diferencia entre ambos.

-Está en su naturaleza ser esclavos, sólo sirven para eso – contestó él sin quitarle la vista de encima. ¿Por qué le importaban ellos? Estaba seguro que era la única en la faz del universo que sentía cierta "lastima" por aquellas cosas mugrosas.

-Eso no es cierto. Ellos están obligados a eso, culpa de seres estúpidos como tú que piensan de esa forma – Hermione contestó levantando el tono de su ya quebradiza voz.

-¿Seres estúpidos como yo? – Repitió levantando una ceja que lo caracterizaba - ¿Vas a echarme la culpa de lo que se viene haciendo por generaciones Granger? Fui criado de esa manera, y no le veo nada de malo a eso. Y para que sepas a los esclavos no se les paga, y yo con éste si lo hacía.

-Aquí sí, pero ¿Y en tu mansión? Tienes a más de…

-Quince – terminó por ella aún con la mirada de fija.

Hubo una pausa en la que a la bruja se le pasaban mil cosas por la cabeza, mientras Draco por su parte estaba pendiente a cuando esta abriera la boca para contraatacar. Sabía que iba a seguir hasta ganar esa maldita discusión. Sabía que por su estúpida cabeza ella estaba buscando la forma de hacerle saber que él estaba equivocado, buscando mil justificaciones para que no le quedaran dudas.

-¿Significan algo para ti? – preguntó de pronto, con calma.

-¿Qué? – contestó desconcertado. ¿Acaso se refería a los elfos? ¿Por qué tenían que significar algo?

-Por ejemplo, Dobby ¿Qué hay con él? – Siguió preguntando mientras se le humedecían sus ojos - Nunca has llegado… ¿A quererlo?

-¿Quién mierda es Dobby? – Preguntó confuso. Sabía que ese nombre le sonaba de alguna parte, pero si no lo recordaba era porque seguramente carecía de importancia.

-¡Era tu elfo! - dijo elevando aún más la voz, evitando que una lagrima cayera de su mejilla - ¿Qué hay con él?

-No recuerdo nada de él – Contestó simplemente - y tampoco me interesa encogió los hombros - ¿Murió?

No sabía por qué, pero sin duda se esperaba esa respuesta. Era un Malfoy, a él nada le interesaba.

-Tu tía… ella lo mató el día que fuimos a tu mansión. Él murió… por salvarnos – terminado de decir esto, Draco empalideció, de tal manera que para que ella no se diera cuenta, se paró rápido del sillón.

-Me había olvidado de su existencia – Contestó nerviosamente -No me interesa, Granger, simplemente me es indiferente. Sólo recuerdo que cuando mi padre lo liberó consiguió a otro par para su reemplazo – Lentamente comenzó a alejarse de los sillones. No quería hablar de cuando estuvieron en su mansión, la cual en ese momento estaba ocupada por muchísimos mortífagos incluyendo el mismo Señor Tenebroso. No quería recordar ninguna de esas imágenes, simplemente… le hacían mal. Él había estado presente el día en que el trio dorado fue allí, el día en que a ella le habían escrito "sangre sucia" en el brazo.

Se encontraba de espaldas a ella, no quería verla, no en ese momento.

-Son cosas de la vida… hay cosas peores de cuales preocuparse – dijo él indiferentemente yendo hacia la puerta – Voy a buscar algo, no tardaré.

Y dejándola sola. Huyó de ahí.


Huyó, rápidamente huyó, quien sabe dónde. Ni él lo sabía.

¿Por qué ella le había hecho recordar algo que él quería sepultar muy dentro de sí? No quería recordar nada de lo que había vivido en su mansión, junto a sus padres, los mortífagos, junto a… Voldemort.

Los recuerdos comenzaron a llegar a su cabeza como si se tratara de una invasión de abejas luego de molestar en su Panel. Recueros, catastróficos. No sabía a cuantas personas había sido obligado a torturar, ni quería saberlo. No quería recordar las caras de las victimas antes de ser asesinadas con la maldición maldita por el mismo señor Tenebroso. Caras llorosas, cubiertas de sangre y polvo. Caras que pedían a gritos piedad.

Caminando rápidamente sin rumbo alguno, se sentó en un frio y oscuro pasillo. Todos dormían, era obvio que nadie iba a verlo, nadie en ese estado de desesperación. Con manos temblorosas, y apoyando sus codos sobre sus rodillas, se tomó ambos lados de la cara, tirando su cabello hacía atrás. Sentía su corazón latir tan fuerte, como si éste en cualquier momento fuera a salir de su cuerpo. Odiaba su pasado, su presente, y su desconocido futuro. ¿Quién sabría cuánto tiempo más seguiría vivo?

Apretando sus ojos con fuerzas, recordaba su fría mansión. Aún luego de la guerra, podía sentir los gritos de todas las victimas retumbar en las paredes. Gritos a causa de torturas, simplemente por ser… ¿sangres sucias?

Él no había tardado en darse cuenta que no había diferencias entre magos, tengan la sangre que sea. Si eras una bruja o mago, ¿qué importancia tenía el porcentaje de sangre pura recorriendo por tus venas?

Tirando su cabeza hacía atrás, miraba el techo. Pensando. Respirando.

"Draco, ven a cenar" – Recordaba la voz de su madre llamándolo a cenar como una gran familia feliz, cómo también recordaba los gritos de Hermione cuando tenía que pasar por aquél sector donde había sido torturada, tal como si hubiera sido ayer.

Realmente se sentía un estúpido, quedándose parado mirando a ese horrible lugar, recordando como ésta se encontraba, recordando sus gritos mientras su tía Bellatrx la torturaba, y él… él sin poder hacer nada. ¿Qué podía hacer?

Siempre había sido un cobarde, y lo seguía siendo, de eso no tenía duda. Pero tampoco nunca le habían dado a escoger, él siempre debió obedecer, de lo contrario "papá sufriría las consecuencias"

"¿Qué miras hijo?" – continuaba en su cabeza la voz de Narcissa. Sonrió aún con los ojos cerrados.

-Nada madre – contestó él en voz baja, por más de no estarle hablando a nadie cerca, simplemente contestando a sus recuerdos. ¿Qué más podía decir?

Nunca se atrevió a preguntarle a sus padres que sentían ellos volver a comer en aquella mesa luego de la guerra. Aquella mesa que había sido testigo de tantas muertes, donde había sido desparramada tanta sangre junta.

Hubo una vez, que Voldemort había matado a un mortífago en su mesa luego de que éste se negara a matar a un niño muggle, cortándole el cuello al niño para luego matarlo a él. Automáticamente ambos cuerpos inertes cayeron al suelo, bañando con sangre su lujoso comedor. Pero no hubo diferencias, prácticamente no podía distinguirse la pura, o la sucia. Prácticamente eran iguales.

Él no odiaba a Hermione por su sangre, y lo sabía perfectamente. La odiaba sólo por ser insoportablemente insoportable, la odiaba por ser tan inteligente, la odiaba porque era amiga de San Potter y la sucia Comadreja, la odiaba simplemente… por miedo.

Tenía mucho miedo.

Si no había sido poco haberle dado la misión de matar a su director, , si no había sido poco obligarlo a torturar tantas personas, si no había sido poco vivir en su casa junto a mortífagos, ahora también había sido obligado a encontrar un maldito reloj para parar el tiempo una hora y así liberar a todos los ex mortífagos de Azkaban, poniendo en juego su vida a través del juramento inquebrantable, jurando encontrarlo antes de que terminaran las clases en Hogwarts. Si de por sí ya era difícil eso, con Granger vigilándolo todo se había multiplicado enésima cantidad de veces. Con ella allí todo sería más difícil, con ella allí él tenía más riesgo de morir.

Y por ende su familia también.

Págale y que se largue. Si se niega, maltrátala, has que te tema, hazla sufrir y así renuncie por su cuenta. Has que se vaya. De todas formas… Más de lo que ya la había visto sufrir, no lo iba a estar. ¿Verdad?

-Tú eres la única que tiene verdaderos motivos para odiarme, Granger. ¿Por qué mierda no lo haces? – susurró en voz baja, levantándose de aquél frio pasillo, poniéndose de pie.

-¿Hablando solo en pleno pasillo? – Dijo de pronto alguien, empalideciendo aún más la cara de Draco. Reconocía esa voz.

-¿Qué… qué haces aquí? – dijo volteando lentamente para verlo.

-¿A qué crees que estamos jugando? ¿Eh? – Siguió caminando lentamente hacía él – El tiempo avanza muchacho, ¡y si no encuentras esa maldita cosa, te mataremos a ti y a tu familia!

Draco completamente bloqueado, ni siquiera era capaz de pestañear.

-Lo encontraré, te lo suplico, no lastimes a mis padr…

-¡Sectumsempra! Gritó el ex mortífago, mientras veía a Draco sangrar en el suelo – Esto es sólo para apurarte un poco muchacho, será mejor que te tomes ese juramento en serio.

Y antes de que alguien lo viera, se convirtió en rata, huyendo rápidamente de Hogwarts.


¡Holas! ¿Qué les pareció? ¿Qué pasará con Draco? ¿Lo salvará Hermione?

Mando un saludo muy especial a damalunaely, ivicab93 y sonrais777 3

¡Espero sus reviews!

Hasta la próxima. Luvana