Yey, me han preguntado sobre cuando actualizaría, aquí esta queridos ;) He estado ocupada últimamente, me he sentido mal de animos, asi que probablemente estuve arrastrándome en mi propio lamento todo el dia.

¡Besos a mi beta, pawina!


Capitulo 1: Chèr petit(1*)

Los tonos eran fuertes, largos y cuando parecía que no tendría fin, de nuevo tomaban un matiz melodramático. Las tonadas hacían ecos en las paredes y corrían por los pasillos, acariciando los tapices y los distinguidos pasillos de la mansión Malfoy. Le llegaban a Narcissa que cuidando sus rosas, con el delantal de jardinería y los guantes, miraba hacia arriba al balcón donde sabía, adentro de la habitación, su pequeño Draco practicaba el piano, la brisa fría del creciente otoño pululo por el rostro de la esposa de Lucius y le acaricio los cabellos con suavidad. Su esposo lograba oír los acordes del piano de cola desde su despacho, terminando de firmar un documento sin importancia y la música le llego a los oídos al reclinarse en la silla mientras soltaba un trémulo suspiro, cualquiera que pensara que el piano era un instrumento muggle debería saber que no había más que magia para que algo tan sublime hubiese sido creado.

La melodía termino de abrupto, Draco bajo sus dedos delgados por la edad a través de las teclas y frunció el ceño con algo de molestia, seguía sintiéndose aburrido. Como odiaba los veranos.

Draco, con once años, había crecido sano y vuelto todo un futuro hombre de negocios, con los ojos grises que hablaban de suspicacia y ceños fruncidos caprichosos, era alto para los once años y eso contentaba a Lucius más de lo que nadie creería porque sabía que su hijo seria un digno Malfoy. En cambio Narcissa veía crecer a una pequeña copia de su esposo cada día, aunque Draco era más apasionado y un poco más impulsivo, su hijo era de un corazón blindado y desconfiado. Pero ella sabía, que no había hecho mal en criarle con las enseñanzas que le heredaron sus padres y los padres de sus padres perdiéndose por esa línea interminable de aristócratas y sangre puras. Porque ahora más que nada lo que importaba en la sociedad mágica era la pureza de sangre y la familia de la que provenías, no había nada más y eso se lo dejo en claro a Draco desde el principio, él se casaría con alguien de ascendía pura y seria padre de hijos dignos de su estirpe, ella lo sabía y es por eso que no se preocupaba.

—Dobby—llamo Draco, pasándose los dedos por el cabello mirando hacia al balcón, su madre pasaba caminando por los rosales mientras les cuidaba con dedicación. El elfo domestico acudió al llamado, sus grandes ojos verde olivo mirándolo con respeto, una gran y pronunciada reverencia dirigida hacia su amo.

—El amito Draco ha llamado a Dobby— tembló el pequeño elfo — ¿Qué puede hacer Dobby por el amito Draco?

—Dile a mi padre que quiero salir, a cualquier parte. Estoy aburrido—declaro arrastrando las silabas, bajo del banco con elegancia en los pies y camino con altanería hacia la puerta blanca de madera, cuando vio que Dobby solo se quedaba allí parado en medio de la habitación con sus grandes orejas puntiagudas replegadas en desconcierto se apresuro a gritarle—¡Ahora!

El "Pot" se oyó casi de inmediato, Draco bufo. Elfos domésticos, pensó con mal humor, siempre tan ineficientes. Pero el mal humor se aparto con una sonrisa trémula, ese día sería un buen día. Porque Draco convencería a su padre para que le comprara una nueva escoba y arrastraría a ambos padres a través de las tiendas de juguetes y tal vez, solo tal vez fuera de visita a las casas de sus amigos, preferiblemente no a la de los Parkinson porque ya no aguantaba a Pansy.

Tres horas más tarde, Lucius sabia, terminaría rindiéndose ante los caprichos de su hijo aunque se negara mil veces.


Harry corrió bajando las escaleras de dos en dos mientras las carcajadas de perro le resonaban en los oídos. Oyó el reclamo de su madre por bajar de aquella manera pero el solo pudo gritar "¡Sirius!" cuando al fin diviso la juvenil sonrisa de su padrino que acababa de hacerle una broma a su enfadadiza madre.

—Hey ¡Campeón!—bramo Sirius, risueño. Cargo con facilidad el ligero cuerpo de Harry que reía contento. El Black noto los hombros aun enclenques de su ahijado, Harry, después de las diversas pociones y hechizos de incontables medimagos a través de sus once años, aun seguía siendo pequeño para su edad como lo fue desde bebé lo que preocupaba a sus padres y al resto de los merodeadores — ¿Soy yo o no has estado comiendo últimamente? ¡Estas más delgado cada día!— reprendió Sirius con falso enojo en su voz, Harry escondió la expresión culpable tras una carcajada infantil. El pequeño Potter tampoco ayudaba mucho a resolver la preocupación que aquejaba a sus padres, comía poco y era demasiado activo, correteando por los jardines y siempre riendo a carcajadas, gastaba toda la energía que las comidas le daban.

Lily descompuso el gesto en descontento, intentando batir una mezcla de pastel apoyando la taza en su gran vientre de seis meses mientras intentaba soplar con su boca un mechón pelirrojo que se había escapado de su enredado moño.

—No consigo hacer que coma un poco más—dijo ella, cuando al fin logro poner adecuadamente la taza. James sonreía suavemente con los torpes movimientos de su esposa. Aun pasados los años él la miraba con una adoración tras los lentes y sus ojos marrones. Lily sigue hablando mientras bate y patea una silla junto a la mesa con sus pequeños pies para que Remus se sentara, este le agradece con una cariñosa mirada— Come solo lo previsible aunque intente darle cualquier comida, ni aun así crece. Es un terco de lo peor, lo ha sacado de James—James murmura un ofendido "¡Hey!" cuando Lily está a punto de preguntar por Peter, Sirius pasa junto a ella empujando a Harry hacia el jardín susurrándole un "Se te ha caído algo, querida". Lily baja la mirada hacia sus pies, una gorda rata gris está mirando hacia ella apoyada en sus patas traseras. Lily, aterrorizada, lanza un grito y suelta la taza con la mezcla de pastel al piso, parece demasiado conmocionada, con el corazón en la garganta y las manos en el pecho. Un segundo después ante la mirada resignada de Remus, la rata se convierte en Peter que se ríe desconsoladamente en el piso, pataleando la madera pulida.

— ¡Argggg!—Gruñe Lily—Son lo peor ¡James diles algo! Ha, para que hablo contigo ¡El único con sentido común entre ustedes es Remus! ¿Me oíste Sirius? ¡No tienen cerebro!—fue lo último que escucho Sirius al cerrar la puerta de la hogareña casa rumbo al jardín trasero. Se sentó en el pasto e invito a Harry, el niño salto y se sentó junto a Sirius. Su padrino era el único que no lo trataba como si no fuera a enfermar por el más mínimo descuido y por eso él lo adoraba. Al contrario de Remus que siempre estaba tras su integridad física y de Peter, que prefería mil veces dejar al pequeño Harry dentro de la casa que si quiera llevarlo afuera donde, según James y Lily, es un mundo lleno de accidentes y enfermedades.

—Muy bien campeón—Sirius se reclino hacia atrás con una sonrisa picara y los ojos grises brillando, Harry levanto la mirada de un pequeño insecto que jugaba con sus alas en las hojas de pasto — ¿Qué regalo quieres como despedida para ir a Hogwarts?

La reacción fue inmediata, a Harry le brillaron los ojos tan verdes como los de Lily y Sirius ya escuchaba la palabra "Nimbus 2000" mucho antes de ser pronunciada.


Las cartas a Hogwarts habían llegado temprano, meses antes de los cumpleaños. Draco había leído su carta con orgullo frente a su padre y madre, con la tía Bellatrix sonriendo socarrona junto a su esposo, y sus abuelos más que orgullosos en una cena meticulosamente preparada por su madre especialmente para esa ocasión. Harry, sin embargo, había oído las palabras escritas de los labios de su madre que sentada en el sillón acariciaba su vientre y sonreía con cariño hacia James, en una noche cálida de verano junto a la chimenea apagada y con Dorea y Chalus Potter observando enternecidos.

Es por eso, que ese día en especifico ambos jóvenes, emocionados como ningunos, harían una visita especial a el callejón Diagon, a por sus libros, sus túnicas y aun mejor…sus varitas.

Mientras Harry salta y ríe apresurando a sus padres y a su abuela, Draco espera con paciencia y rectitud mientras su madre termina de arreglar adecuadamente su vestido debajo de la túnica y su padre mira expectante con una ceja alzada. Mientras Draco se aparece junto a sus padres, Harry entra al Caldero Chorreante, mientras uno ríe a carcajadas, el otro sonríe sutilmente y mientras ambos están en sus mundos de niños emocionados y, a su manera, azoran a sus padres, tal vez encuentren cosas interesantes y, aunque no se verán, ese será el primer día de aquella extraña obsesión que avanzaría con los años.

Harry ha visitado Diagon Alley poco, su madre prefiere ir a otras tiendas mágicas porque Diagon le resulta muy ruidoso. Por otra parte, se encontrarían con Sirius en el camino que está listo para regalarle su deseada Nimbus 2000 y, aunque no la vaya a utilizar en Hogwarts) Harry está muy emocionado. Por otra parte, Draco sabe que sus abuelos maternos y un tío segundo los esperan en Gringgots porque oyó a su madre hablar con ellos a través de la chimenea "Que aburrido" piensa, claro está, hasta que ve la fina figura de su tío Regulus Black hablando con su abuela Druella, Regulus puede que sea un gignere educado como tal, pero es un joven con un gran carácter y sobre todo cumplía cada capricho de su adorado sobrino le pedía y por lo tanto tenía el cariño de Draco muy bien ganado.

—Oh—sonrió el menor de los Black. Su sonrisa era suave, única para Draco. Debió añadirse y con clara discreción, que en sus primeros y tiernos años de bebé, Draco se había enamorado de la sonrisa agridulce de Regulus, tiempo ya pasado. Pero que dejaba secuelas cuando Regulus sonreía de esa manera tan encantadora y hacia estremecerse el joven cuerpo de su sobrino—Pero si aquí está mi sobrino favorito—Narcissa rio junto a su madre, mientras tanto Lucius hablaba seriamente con su suegro Cygnus y entonces Regulus le revolvió los cabellos rubios a su sobrino.

—Soy tu único sobrino—rio el pequeño rubio, frunciendo su ceño.

Regulus solo respondió rondando los ojos de forma elegante, mientras su túnica revoloteaba a la par de sus pasos. Regulus no había sido comprometido simplemente porque Walburga esperaba "el momento adecuado" para casar a su preciado hijo menor, ella era muy consciente que su hijo era más hermoso de lo común, con sus grades ojos grises de pestañas largas, el cabello negro reluciente como la noche y la piel tan delicada. Añadido a que su hijo tenía perfectos modales y un porte que solo un Black ostentaba. Solo esperaban el momento adecuado, sobre todo porque Barty Crouch Jr estaba aun soltero y era un hombre de una familia muy adinerada.

—No sabes lo que me gustaría que así fuera—el hermano menor de Sirius frunció el ceño, aun recordaba al pequeño Harry Potter, era un niño precioso, pero su horrible madre muggle no ayudaba a la ecuación. Regulus soltó un suspiro apartando la línea de pensamientos con un gesto ligero y sonrió hacia su sobrino que seguía mirándolo atentamente— ¿Sabes? Tu madre me dijo que quieres una nueva escoba, me dicen que has mejorado mucho y quiero probarlo—Regulus hizo un gesto para que el resto de los adultos siguieran caminando mientras paraba y se hincaba frente a Draco y susurrando con tono confidencial— ¿Qué tal si compramos esa escoba nueva de la que tanto hablan y hacemos un pequeño partido de Quidditch antes de que vayas a Hogwarts?

Draco no pudo evitar la resplandeciente sonrisa que se formo en su rostro blanco, Regulus soltó una agraciada carcajada sabiendo ya la repuesta. Por cosas como esas era por las que Draco tanto amaba a su tío segundo.


Harry suspiro resignado, su madre y la abuela Dorea le había arrastrado a la tienda de túnicas cuando él quería ir junto a su padrino a comprar su nueva escoba, quería estar en todo momento allí porque sabía que su padre era muy persuasivo y tal vez convenciera a Sirius de no comprarle la escoba y eso aterraba por demás al pequeño Harry. Pero aun así su madre era aun mas persuasiva y le había amenazado de que si no iba con ellas sus túnicas serian tan grandes que parecerían sabanas. Cuando entraron Harry solo pudo oler el insistente incienso y quiso vomitar, odiaba la tienda de ropas porque…todo era tan, dulce.

Madame Malkins se la paso la mayor parte del tiempo apretando las mejillas de Harry mientras Lily solo elegía las telas atentamente junto con una Dorea que hacía de buena referencia.

—Es un hermoso gignere, supongo que pronto tendrá un prometido— sonrió la costurera con su sonrisa picara brillando como diamantes, Lily se sobresalto, con el ceño fruncido y las delicadas manos suspendidas en el aire a punto de pagar las prendas, los ojos verdes parecían estar perdidos. Dorea Potter al otro lado de la tienda paro de escrutar un vestido negro y presto más atención a la conversación, aunque Lily se había quedado cabalmente callada, sin siquiera pestañear. Madame Malkins entonces se espanto, creyendo que la señora Potter debía tener un altercado con su sensible embarazo.

Lily se recompuso de repente alzando los hombros con incomodidad y moviendo los ojos como si hubiera vuelto de un sueño profundo, ella solo sonrió y movió sus delicadas manos para posarlas en su hijo. Harry, que había estado todo ese tiempo reclinado hacia el aparador con sus pequeños pies intentando llegar hasta arriba; sintió las manos firmes de su madre. El rostro de Lily estaba sobresaltado, pero su sonrisa intentaba calmar los nervios.

—Oh no—Exclamo Lily con una risilla, alentando a Harry a subir un poco más en el aparador. —No es un gignere, para la desgracia de mi suegra. Solo es algo delgado, espero mejoras sus hábitos alimenticios antes de ir a Hogwarts aunque lo dudo mucho, los defectos son los últimos en irse. Menos en unos cuantos días—ella sonrió calmada, Harry le miro con mala cara. Odiaba cuando su madre tocaba el tema de su condición física –Además, si fuera un gignere me temo que la noble casa Black ya le hubiese casado con el mejor prospecto—Bromeó.

—Mi nuera tiene razón, Madam—la sonrisa fría de Dorea resplandeció en sus bonitas facciones cuando se acerco hasta ellas. Lily cayo, no queriendo importunar a su suegra. Dorea se dio por complacida con eso y esta vez los dedos que rodearon los finos hombros de Harry fueron los fríos y largos de su abuela, el alzo la mirada con infantil inocencia—Si mi querido nieto fuera un gignere—siseo ella, un frio placer parecía formársele en los ojos grises, un regocijo demasiado personal para ser compartido –Ya tendría esposo y tres hijos cuando menos de la mejor estirpe sangre pura, no lo dude. Pero ya que es un varón, mis dolencias son las que los defectos de su sangre serán heredadas por sus hijos.

Madame Malkins pidió perdón apenada, y como era natural opino a Lily recetas de comida que seguro ayudarían a Harry, les deseo un buen día y cuando la familia salió de la tienda, observo con gesto contrariado la pequeña figura de Harry corretear rumbo a la siguiente tienda mientras pedía a su madre con sus suplicantes y hermosos ojos verdes que marcharan rápidamente a la tienda de Quidditch. Ella hubiera jurado que la pequeña complexión y los rasgos dulces se debían a la condición de un hombre fértil, "Vaya" pensó la costurera mientras madre, abuela e hijo se marchaban "Tendré que revisar estos ojos míos. Querida, ya no sabes diferenciar un gignere de un pequeño común y corriente" y se volteo para terminar de coser el pedido de la familia Zabini y pensó, casi distraída "Aunque juraría que hombros tan delicados solo podrían pertenecerle a una niña"


James lo pidió de nuevo.

—Te lo suplico, colega. ¡Mataras a mi hijo si lo montas en esa cosa!—exclamo el Potter, una exagerada mueca de preocupación hacia ver gracioso su rostro a ojos de Sirius.

—No bromees James, a su edad tú montabas la más veloz y hacías piruetas que dejaban a tía en una pieza. ¿Por qué tan preocupado ahora? ¡Es tu hijo!—le recordó, James frunció los labios alzando sus cejas negras, con los ojos oscuros brillando descontentos tras los lentes cuadrados.

— ¡A su edad yo no era tan delgado, ni enfermaba tanto!—bramo James, ajustando su bufanda a su cuello mientras caminaba por los estantes repletos de escobas. —Y no me estoy quejando, simplemente te estoy advirtiendo de que Harry puede salir lastimado ¿Piensas comprarle una escoba e ilusionarlo cuando Lily no lo dejara si quiera tocarla?

—Solo lo sobreprotegen, conozco de primera mano que…—Sirius iba a decir otra cosa, pero sus ojos grises como las tormentas temblaron una imagen justo cuando la campanilla de la tienda sonó, anunciando clientes nuevos—Regulus—susurro sorprendió.

— ¿Qué tiene que ver tu hermano en…?—se quejo James con voz enfadada, cuando volteo hacia la puerta encontró la delineada figura de Regulus Black, de la mano de un niño rubio de ojos grises.

—Vaya—silbo Sirius con cinismo—Que no ha cambiado en todo este tiempo, ese enano tiene su encanto—Sirius se había ido de casa hacia un año, por una tonta pelea con su madre sobre cuando daría herederos y se establecería como un completo sangre pura como la sociedad le exigía. Como era natural en él, Sirius había mandado a la sociedad al agujero más sucio y mugriento que existiera, había invocado sus maletas y se había ido sin rechistar. Actualmente la linda casita cerca del Valle de Godric le era suficiente para él y Remus, que hacia como compañero residencial. No hacía falta resaltar que la familia había quedado en muy malos términos, aunque Walburga aun reservaba esperanzas a por su primogénito.

—Si no estuviese casado con Lily—apunto James, estaban parcialmente escondidos por un estante—Me echaría a tu hermano, colega. No hay criatura más bonita que él después de Lily—carcajeo el pelinegro, sus cabellos saltaron con la risa.

—Oh cállate—bufo Sirius.

— ¿Y quién es el niño que va con él?—Sirius vio a Regulus ponerse a la altura de Draco, quitarle la capa y decirle sutilmente con una sonrisa agradable que revisara la tienda a su gusto.

—El hijo de Lucius Malfoy y Cissy—corto tajante el Black. Sus ojos estaban puestos fijamente en cabello bien peinado de su hermano, corto y que le rosaba las orejas como seda, las manos blancas sosteniendo la tela oscura y ese misterio aislado en sus ojos grises, los ojos de los Black, de su familia.

— ¡Tío Regulus!—grito Draco, Regulus presto atención al niño y se aparto de la puerta. Al mismo tiempo, a través de la vidriería, Lily, Harry y Dorea aparecían tras el vitral. Harry sonreía ampliamente y no tardo en localizarlo, sus ojos brillaron tras la montura de sus gafas y salto estrepitosamente para disgusto de su abuela.

James sonrió a Sirius.

—Sera otro día compañero, pero no cometerás homicidio contra mi hijo hoy—le sonrió, dejo una palmada en la ancha espalda y salió de la tienda, Harry pareció recibir las malas nuevas de que no conseguiría una escoba ese día porque frunció los labios graciosamente y se empecino en inflar las mejillas y enrojecerlas más de lo recomendable.

Sirius bufo "Será otro día" pensó arrastrando la pesada túnica negra. Cuando estaba a punto de marcharse los ojos grises lo interceptaron, limpios, simples y misteriosos, como las nubes a punto de llover.

—Sirius—el tono empleado por Regulus no fue ni desagradable ni cordial. Era más bien un reproche entre silabas y su punzante mirada gris que escondía el más profundo de los malestares. El ambiente se volvió tenso muy rápido, demasiado para ser notado, Sirius intento decir algo, decir algo burlón que sacase de los cabales esa postura elegante y recta a su hermano, que le hiciera recordar instantes de infancia en las que no siempre fue un correcto sangre pura y que podría dejar la perorata del hermano enfadado para otra parte. Pero no fue capaz, "Esta tan hermoso" no lo niegues, fue lo único que pensaste en ese momento. Y él no disto mucho de derretirse ante tu imagen ¡Oh! Que innegables las secuelas de ese amor.

Si Sirius hubiese sabido que era un libro abierto en ese momento tal vez no hubiese mirado con tal adoración a su hermano. Pero claro, era Sirius Black, y por orgullo y más que nada no respondió el saludo y salió airoso. Con su túnica rozando el viento y los puños blancos por la presión. Draco llego pocos minutos después con una escoba bajo el brazo y una Snitch de alas plateadas, sus ojos escrutaban curiosos y no tardo un segundo en preguntar:

— ¿Quién era el que acaba de salir, tío?

Regulus recompuso el gesto y sonrió. Prestando más atención al aire que a Draco; simplemente ahogo un jadeo y insto a su sobrino a que fueran a pagar la escoba.


9 ¾

Era un gran número, un lugar agradable que ayudaba a pensar en tiempos muy agradables, en lo cual, era un número agradable. Aunque para el principio nunca lo fue, han sabido tomarle cariño con los años.

Harry miro asombrado la imposible cantidad de gente que se reunía en la plataforma 9 ¾, su madre le alentó a seguir caminando con el carrito y su padre alzo los brazos cuando vio al abuelo Charlus, que ya presumía canas y tenía una sonrisa más dulce que la de los años mas mozos. Dorea sin embargo, tuvo una ataque de cariño y sin saludar a nadie alzo a Harry en brazos y lo apretó contra su pecho, susurrando un "Que orgullosa estoy de ti, mi niño" en los oídos. Dorea era una Black, pero los años la habían hecho blanda y, debía admitirlo, cariñosa.

—Lily querida—le saludo, cuando uno hablaba de "momentos de nuera y suegra" una palabra cordial y hasta algo cariñosa, era lo que se podía esperar de Dorea Black. Lily solo amplio su sonrisa y alzo el rostro con alegría, a lo lejos Alice Longbottom le saludo junto a su esposo y Neville.

Harry y Neville eran amigos desde hacía años, Frank y James trabajaban juntos y los dos niños habían hecho una unión estable con el tiempo. Neville era un chico tímido aunque muy travieso que hacía de la vida de su abuela un horror. Dorea veía con buenos ojos aquella relación, así que dejo a Harry tocar el piso con los trémulos pies y este, como una bala, corrió hasta su amigo.

— ¡Nevvie!—grito Harry, sus delgados brazos se incrustaron en el cuello de su amigo y este trastrabillo hacia atrás, era solo un poco más alto que Harry y el peso extra le hizo tambalear. Alice empujo a Neville con cariño para que recompusiera la postura aun con Harry colgando de su cuello.

—Aplastaras a Trevor—ahogo el chico, Harry se aparto rápido, entrelazando las manos tras su espalda y con sus curiosos ojos verdes analizando a Neville, Trevor no estaba por ningún lado.

— ¿Dónde está?—urgió el pequeño niño de ojos verdes.

Neville rio y un sapo pequeño se asomo por la camisa de su abrigo croando hacia Harry. Alice, a su tiempo, se acercaba con Frank a saludar a la embarazada Lily y aun distraído James que buscaba a sus amigos a través del andén, lo baúles apilados y el incesante parloteo de las personas, añadido a que el vapor de la locomotora no ayudaba mucho.

Remus jadeo por un instante al otro lado del andén, sus pies se quedaron rígidos al mismo tiempo que sus manos se aferraron a la chaqueta marrón de Sirius. Este le miro con una ceja alzada, preguntando con la mirada el porqué se escondía tras él. La mirada de Remus hablo por sí misma, tan temerosa de siquiera apartar los ojos de algún punto fijo.

Sirius siguió la línea de su mirada y encontró a la familia Malfoy junto a su prima, Bellatrix, que pavoneaba sus caderas al caminar y sonreía coqueta a pesar de ya tener marido.

Lucius Malfoy había sido un tema tabú para Remus, desde el primer día que se había hablado de la "Luna fértil" de Remus. Era un hombre lobo, uno muy discreto y tan secreto que ni el ministerio de magia sabia de su existencia. Resulta que, por razones del destino, Remus había tenido cierto enamoramiento por Malfoy hacía tiempo y eso había perdurado años, hasta el punto de que el solo ver a aquel niño orgulloso que era Draco Malfoy a Remus le dolía el pecho. Y el dolor era mayor si a eso estaba unida la inocente Narcissa, que con su sonrisa besa la mejilla de su hijo y envía una mirada íntima y cálida hacia su esposo.

—Sácame de aquí o vomitare—pidió Remus con la voz apagada, apoyo buscando cariño su frente en el hombro de Sirius. Este arrugo los labios y apresuro el paso hasta encontrarse con James al otro lado del andén.

—Parece que vienen de una corrida de toros—bromeo James al verlos— ¿Donde está la rata de Peter?

—Colagusano se quedo dormido, le dije que Whisky de fuego e Hidromiel no caían bien ¿Pero quién soy yo para dar concejos?—el tono burlón de Sirius hizo entender a James de que todo estaba bien, pero cuando voleo a ver a Remus, con las mejillas fuertemente arreboladas, lo ojos lagrimosos y la expresión más lastimera que había visto en su vida supo que algo había ido mal.

—Por Dios—se exalto Lily— ¿Qué te paso Remus?

Antes de que Lunatico pudiera decir algo con su voz temblorosa Sirius bufo una respuesta.

—Malfoy—gruño, enviando una mirada distante hacia el lugar donde sabia estaba la feliz familia Malfoy. Sus amigos eran lo primordial para él, no había más familia que esa y pensar que la sola existencia de Malfoy hacia sufrir a Remus, esa alma suave entre tanto sufrimiento, no hacía más que enojarle.

— ¿Los Malfoy ya llegaron?—pregunto curiosa Dorea, pasando por encima de los debidos saludos a los recién llegados, ella se inclino hacia el grupo, arrastrando su impresionante vestido de encaje. Lily rodo los ojos ante el entusiasmo mudo de su suegra, la cual por cierto le había hecho lucir un vestido de época color salmón y amarillo que acentuaba su tierno embarazo.

Cuando Sirius dijo que si, no sin antes hablar con sarcasmo sobre lo "Bien que la pase este fin de semana" y el "Todos estamos bien en casa tía, gracias por las atentas preguntas", Dorea se encamino recia, su mano tomo prestada la de Harry el cual se despidió por un minuto de su amigo y siguió a su abuela bajo la atenta mirada de su madre y padre, que se preguntaban qué era lo que Dorea quería hacer con Harry esta vez.

—Espero que no haga estofado a la Harry—bromeo Sirius con las manos en los bolsillos. Lily lo miro espantada y Remus le lanzo un golpe con una frase entre dientes que sonó muy parecida a "Estupido"


Narcissa termino de acomodar adecuadamente el traje de Draco, le sonrió a su hijo y una lagrima orgullosa resbalo por su sonrojada mejilla.

—Creses tan rápido—sollozo Narcisa, tapándose delicadamente los labios temblorosos con las manos enguantadas en piel de dragón.

—Yo diría que aun sigue enano.

— ¡Bella!—regaño Narcissa, con el ceño fruncido.

—Oye, yo solo digo lo que veo—espeto ella, arrullando un bucle de su cabello negro en la varita alzada al aire.

—A su edad yo tenía esa altura, querida Bellatrix—siseo Lucius, evidenciando su altura prominente, se veía elegante tras la túnica de corte ingles.

Bellatrix bufo con capricho, enviando sus ojos a otra parte y cruzando los brazos envueltos en tela con un encantamiento volátil que parecía hacer flotar constantemente los pliegues a su alrededor. Fue en ese instante cuando diviso la distinguida figura de Dorea ¡Oh, al fin! Pensó, una Black con la cual hablar.

—Señor, Señoras. Joven Draco—saludo la mujer, reclinado su cabeza y su elegante moño en un saludo cordial. Bella y Narcissa le imitaron a la perfección con los ademanes aristocráticos, Lucius le dio un beso en la mano y Draco se inclino completamente ante ella.

—Tía—corearon las hermanas, sin embargo Bellatrix diviso a algo tras las faldas de su pariente y exclamo con diversión, jalando un brazo delgado detrás de Dorea — ¡Pero miren nada más! ¡Si es el pequeño mestizo de la familia!

Harry gimió espantado, aferrando una de sus manos a la falda de su abuela. Dorea le miro desenfadada, ordenándole el aceptar a Bella.

—El pequeño Harry—susurro Narcissa, sus ojos azules analizaron al delgado muchacho, casi delicado entre la túnica color aguamarina, la nariz pequeña, los ojos redondos y verdes llenos de un brillo que hasta ahora se traducía a disgusto de que Bella le estudiara tan detenidamente, apuntando con su varita los mechones de cabello negro y revoltoso, alzando la barbilla para ver sus ojos mejor y finalmente, depositando dos toquecitos contra la coronilla en forma de caricia.

—Un encantador muchachito—desdeño Bella, con una sonrisa viperina en los labios pintados de rojo.

—Harry es un poco tímido—el pequeño salivo ante la voz de su tía, volteo levemente y se encontró con los ojos mas intimidantes que había visto en su corta vida, y venia dirigida de un niño de su misma edad. Claro, más alto, más imponente, con un aire de suficiencia increíble y los ojos grises más fríos que hubiera visto. Pero de su edad al fin y al cabo—Saluda a los Malfoy, Harry. La señora y el señor Malfoy. Su hijo Draco y tu tía Bellatrix. Son tus parientes lejanos por parte mía.

—Hola—jadeo con los ojos verdes temerosos. La ceja alzada de su abuela le indico que no fue suficiente—Soy H-harry.

—Un placer conocerlo, jovencito—gruño Lucius, mirándolo por encima de su hombro con desdén, Bella pareció encontrar otra cosa más divertida porque soltó una risita y camino hacia un lugar que nadie vio.

—Mucho gusto pequeño—Narcissa sonrió incomoda, su mano empujo disimuladamente hacia Draco, para que este respondiera.

Harry alzo la mano, para saludarle. Draco frunció el ceño, sus ojos despreciaron la figurita pequeña de Harry.

—Estoy dispuesto a saludarte, pero tomarte la mano nunca. Mestizo—agrego con asco. Harry abrió los ojos inmensos y pareció decaer, luego adquirió un tono rojo en las mejillas, inhalo con fuerza para tomar paciencia -tal como lo hacía su madre- y se marcho sin más, refunfuñando sobre los "Tontos y malvados sangre pura"

—Discúlpenlo—murmuro Dorea, persiguiendo con su mirada los pasos rápidos de su nieto—Es algo …caprichoso.

—Disculpe usted a Draco, señora Potter. Mi hijo no sabe lo que es discreción—siseo Lucius, Draco bufo y busco con la mirada a sus amigos dándole menor importancia a todo ese intercambio de odio que hubo entre ese niño de ojos verdes y él. Dorea se marcho en ese momento.


Cuando Lily vio volver a ella a su hijo lo vio furibundo como nunca en su vida y tan rojo de enojo como el pequeño Ronald Weasley, familia con la cual disfrutaban de cierta amistad, cuando se enfurecía.

—Es un idiota—refunfuño Harry, con sus hombros erguidos y su rostro arrebolado en disgusto—un tonto narcisista que se cree lo mejor.

— ¿Quien se cree lo mejor, cariño?—Lily le miro desde su altura, preguntando algo divertida. No sabía que su hijo tenía ese lenguaje.

—Draco Malfoy—Harry pareció tomar aire para el pequeño discurso que daría a continuación—Es la persona más horrible, insensible e idiota que he visto en toda mi vida y ni siquiera los duendes de Griggots son tan desagradables y horripilantes como ese tonto niñito mimado—rezongo. Lily soltó una risa extasiada, con las miradas de sus amigos y el pequeño Neville puestos en la graciosa escena que era Harry ofendido. Dorea llego en ese momento, olvidando el enfado del desplante cuando vio a Harry tal como estaba.

—Pero Harry, apenas si le conoces—respondió Lily.

—Pero es la peor persona en todo este mundo.

— ¿Sabes algo?—murmuro Lily solo para ellos dos, con sus ojos brillando como perlas. — Yo también dije eso cuando conocí a tu padre, y me case con él. ¿Estás seguro que no te casaras con el joven Malfoy, Harry?—bromeo, Harry adquirió un tono más disgustado en su rostro por tal comentario.

—¡Nunca!—chilló. Incluso Dorea y Charlus se permitieron el reír.


La despedida fue rápida, los hijos saludando desde las ventanas y los padres lloraron su partida en silencio desde el andén. Con los anhelos y los nuevos sueños partiendo a Hogwarts.

James y Lily estaban felices, porque estaban allí, con su hijo partiendo a Hogwarts. Felices, esperando a otro bebé y juntos, todos juntos. Para los Malfoy también era una alegría, porque ya veían crecer a su pequeño niñito, a su digno heredero.

Con las vidas empezando, y los engranajes de esta historia empezando a funcionar.


Nota:

Aquí esta mios amores, el encuentro entre Draco y Harry, ¿Qué tal? Verdaderamente me ha gustado mucho Dorea, ella es una abuela no muy común, y me encanta xD Espero que les haya gustado ¡Dejenme un Review!

¡Besos!

Aclaraciones:

(1*) La traducción de Chér petit, es "Querido pequeño" en referencia a Draco, Harry y también a Neville. (Gracias al comentario anónimo que me corrigió)