Miei amori, ya estamos a la par con Amor Yaoi, presumo de haber tenido un dia de desgracias y cosas divertida. Supongo que el que una abeja "asesina" te persiga por todo el gimnasio del colegio no es presagio de un buen día, ni que te den un pelotazos en donde la abeja te pico… En serio me dolió, aunque fue muy gracioso correr en círculos alrededor de mi profesor.
Pero tuve una buena noche y aunque tengo demasiados exámenes por presentar y me estoy durmiendo sobre la calculadora a veces las cosas van mal en el cielo ¡Ha mal tiempo buena cara!
En fin, disfruten el capitulo.
¡Besos a Pawina mi beta!
Capitulo 3: Quand il ne pleut jamais
Había profesores extraños en Hogwarts, se dijo Harry; sus ojos verdes profundo miraron fijamente con cierto resquemor a su profesor de Defensas Contra las Artes Oscuras, un par de ojos de un escalofriante rojo bermellón parecidos a dos túneles agrios de alguna poción letal le devolvieron la mirada, su cabello negro estaba siempre bien peinado, túnicas bien puestas y ese aire enigmático que hacía parecer a Snape, con todo y su complejo de Lord oscuro de túnicas flotantes, como un insignificante bichejo de la calle. Harry se sentía incomodo cuando Tom Riddle, su profesor de Defensa, lo miraba con aquella atención escalofriante durante clases, sus ojos antinaturales brillando siempre con tanta astucia que asustaba.
Había muchos rumores sobre Tom Riddle, muchos de los alumnos antiguos afirmaron que era un mago oscuro, que era malvado, que hablaba parsel, que había matado a Muggles, que era un demonio y por eso sus profundos ojos rojos e incluso que era el mismísimo descendiente de Salazar Slytherin. Hermione había alegado que eran historias inventadas por los cursos superiores para asustarlos.
Harry no sabía que muchos de esos rumores eran verdad, pero en realidad nadie lo sabía.
—Potter, Harry— susurro con tono silbante el primer día, cuando había repasado la lista de estudiantes. Los ojos rojos habían sido dirigidos hacia él, atravesando su pequeña alma, formando una sonrisa siniestra mientras observaba al diminuto niñito de pálida piel de toques bronceados y grandes ojos verdes. No era de una sonrisas cálida, tampoco de aquellas que presagiaran algo bueno—Hijo de James Potter, supongo—comentó con voz enigmática. Harry no pudo evitar reparar en que, desde ese día, su profesor pareció observarlo asechando cada cosa que hiciera.
—Dicen muchas cosas de él—había mencionado Nymphadora, sus cabellos habían pasado de un largo rizado de color anaranjado a un chillón rubio corto y lacio—Pero es un gran profesor, nadie sabe cuántos años tiene, pero es muy guapo—rio— Es muy bueno en la materia pero es un poco oscuro, nadie se explica porque Dumbledore lo tiene aquí, después de todo es todo lo contrario a los valores de Dumbledore; el profesor Riddle es sangre pura, o eso dicen ¿Sabías que sabe hablar parsel?
—Pensé que eran solo rumores—dijo Hermione, asombrada. Ron solo alzo una ceja, devorando su pastelillo de calabaza.
—Oh no—rio Nympahora— Roberth Madison, de Raveclaw, invoco por accidente a una Pitón reticulada durante una clase de quinto ¡Esa cosa era enorme! ¿Sabes que hizo Riddle? Empezó a susurrar cosas extrañas ¡Como silbidos! Y se la quedo, ¡A una Pitón de casi dos metros! (1*)
— ¿Se la quedo?—el susurro de Harry fue ahogado, sus ojos desorbitados tras los lentes.
—Sí, a veces sale con ella al lago, para que tome sol. Su nombre es Nagini o algo así—se encogió de hombros, su nariz se arrugo ante tan extraño nombre ¿Quién le ponía Nagini a una serpiente?—La verdad es aterrador.
— ¿Pero eso no haría al profesor Riddle un descendiente de Salazar Slytherin, al poder hablar Parsel?—la curiosidad de Hermione hablo entonces, sus grandes ojos castaños preguntaron con insistencia a Tonks, la Hufflepuff solo se encogió de hombros con sus ojos cambiando levemente de forma, ella utilizaba el uniforme desarreglado, la falda un poco más corta y medias largas hasta los muslos, botas altas muggles.
—Supongo que sí—fue su escueta respuesta al seguir caminando.
.
.
"¿Y si sucede algo conmigo?"
"Entonces te cuidare"
Lucius suspiro, cansado, sus manos firmemente apretadas entre sí bajo la barbilla. Narcissa estaba junto a él, postrada en la larga cama de una habitación perdida entre pasillos de San Mungo, ella parecía una imagen divina, quieta en su sitio, con el cabello rubio desparramado en las almohadas mullidas y blancas, sus manos entrelazadas en su regazo, el rostro perfecto sin ninguna mueca y el perfil suave, tan pacifica que parecía perfecta en su totalidad, tranquila, como un ángel.
Él prometió cuidarla. Cuando se vieron obligados a casarse, ninguno estaba enamorado, ni Lucius, ni Narcissa. Pero ella tenía miedo, miedo de compartir una vida con alguien que no la querría; parecía tan expuesta, una mujer tan sola intentando ser fuerte aun cuando se derrumbaba a pedazos. Tan herida como un cervatillo abandonado. Él prometió cuidarla, se volvieron grandes amigos con el tiempo, el amor de amantes se ganaba solo en la cama y por compromiso. Cuando Draco llego, se convirtieron en cómplices. Lucius la amaba como a una hermana, ella era su luz cuando la oscuridad de su perfecta vida de sangre pura extinguía lo poco que le quedaba, era su compañera ¿Cómo dejarla ir ahora?
El medimago entro en el momento justo en el que Lucius se hundía en sus penas familiares, su mirada negra intercepto apresurada la del patriarca Malfoy, vestía una bata blanca que acentuaba los años de trabajo médico, se quedo templado cuando vio al elegante hombre rubio al fondo de la habitación, sentando en una silla cercana a la cama, tan oscuro y altivo como se debería ver un cabecilla de familia. Sinceramente, aterrador si eras la persona que debía de notificarle el estado de salud de su tan amada esposa, aun peor si las noticias no eran buenas.
—Se-señor Malfoy—carraspeo. Lucius elevo el rostro con los ojos irritados, sus gestos eran imperiosos, demandantes, casi peligrosos, la mueca de su boca hablaba de un insulto si no abordaba bien el tema frente a él, lo que sinceramente hacia replantearse concienzudamente al Medimago si de verdad quería seguir siendo el galeno a cargo de la salud de Narcissa Malfoy — Espero que hayan pasado una buena noche. El informe final está listo; la salud de la señora Malfoy es delicada, en el anterior informe, como ya le dijimos, encontramos veneno de Doxy en su sangre. Si los síntomas se hubieran…—vacilo, ojos incómodos mirando hacia cualquier parte, la mancha en el tapiz que había en la esquina de la habitación de repente era muy interesante—…si hubieran estado allí antes, tal vez… pudiéramos haber hecho algo con…
Las manos enguantadas del medimago juguetearon con el informe médico, azorado, parecía que el aire no llegaba a él cuando Lucius Malfoy estaba en la habitación, mirándolo como si fuera el insecto más insignificante del mundo.
—Deme eso—gruño el rubio, el informe en si era un pergamino sobre una tabla de revisión. Lucius trago salida y subió la barbilla, intentando desmesurar todos los códigos técnicos de los medimagos.
Un ruido se escucho en la cama, el murmurar de las sabanas deslizándose. Narcissa se estaba sosteniendo la cabeza con los dedos que se sentían escurridizos entre los cabellos largos, un dedo apretando sus ojos, con las mejillas rojas y esencia desorientada, sus ojos desubicados por la luz del mediodía que se colaba por la ventana y le irritaba la visión.
—Lucius—murmuro casi automáticamente, buscando a ciegas el tacto de su esposo. El mencionado tiro a sus espaldas el informe médico; el medimago a penas y lo pudo atrapar en el aire justo a tiempo. Lucius camino hasta ella, se sentó en la cama y la sostuvo con cuidado, como una copa de cristal que está a punto de romperse, ella suspiro buscando con sus ojos azules los de su conyugue.
—Narcissa—le llamo, ella suspiro de nuevo, con su corazón latiendo pesadamente contra sus costillas entumecidas, enterró su rostro en el pecho de su esposo por sobre el elegante traje sintiendo esa calidez protectora que emanaba Lucius, los dedos arrebujando los largos cabellos rubios hasta ella, donde pudiera olerlos y sentirse tranquila.
— ¿Qué paso?—susurro, sumergida en el cálido abrazo lleno de penas. Lucius deposito un tierno beso en su cabello rubio rizado mientras pasaba un dedo envuelto en piel de dragón por la mejilla tibia.
El medimago, olvidado en la habitación como un juguete viejo y poco usado, hablo con cuidado.
—San mungo, señora—el cordial aviso del galeno se escucho chillón en los oídos de Narcissa, ella le miro con sus ojos aun pesados, sosteniéndose con la espalda erguida sobre las colchas de la cama apenas sostenida por la mano de su esposo—Ha tenido un severo desmayo. Me temo, que la razón ha sido una mordida de Doxy. Lamentablemente no supimos diagnosticar a tiempo—advirtió el viejo medimago, una enfermera entro a la habitación para subir las cortinas y cambiar el florero de rosas marchitas en ese momento, dejando un aviso de que se avisaría a la familia el que había despertado y se les permitiría pasar—Los síntomas fueron silenciosos, casi nulos, usted no advirtió, como suponemos, ningún mareo ni desmayo previo. La mordedura de Doxy por lo general tiende a ser tratada con facilidad ya que los síntomas son muy "claros" pero fue demasiado tarde para usted cuando logramos descubrir la mordedura—afirmo el hombre, señalo con delicadeza una pequeña protuberancia color rosa, casi invisible, en la muñeca derecha de la mujer—No logramos eliminar completamente el veneno, lo que representa un peligro para su salud, estará usted bien si toma la poción prescrita cada día, y viene una vez por mes a una revisión general. El veneno ha invadido completamente su sistema, en este punto es imposible su eliminación y solo se puede tratar; si el veneno sigue avanzando, podría causar su muerte. Debe tener en cuenta que su salud será algo delicada de ahora en adelante, nada de esfuerzos, nada de enfados y manténgase lo más relajada posible. Si sigue correctamente estas instrucciones, tal vez logremos que viva más que una bruja corriente.
—Cuido mi jardín todos los días—murmuro Narcissa, impávida. Aunque por dentro el mundo se caía y aunque estuviera a punto de llorar—Eso, supongo, no generara ningún riesgo ¿o me equivoco?
El galeno soltó una nerviosa sonrisilla, dejando la prescripción médica sobre el buro, una pequeña muestra de poción y la fecha para las consultas. Obviamente Narcissa Malfoy no estaba preocupada por su jardín, al diablo el jardín si se estaba muriendo por dentro, era una clara pregunta indirecta para saber cuan "delicada" se encontraba de salud. Mujer astuta.
—A menos que usted me este hablando de una linda maseta de interior y una botella con dispensador de agua en vez de esos jardines espectaculares de adoquinado, fuente y setos gigantes, entonces podremos entendernos. Sin embargo si estoy equivocado, me veré en la necesidad de recomendarle un jardinero, señora, ningún esfuerzo físico, psíquico o mágico. Estará de alta en dos días para tenerla en observación, una enfermera le informara correctamente sobre su condición y hará una revisión general en usted y luego podrá marcharse con todas sus instrucciones de cuidado, si hay alguna recaída no se contenga en venir a San Mungo en seguida. Debo retirarme—hablo presuroso entonces, sin que Narcissa o Lucius pudiera intervenir—Que pase buenas tardes.
—Usted también—susurro Narcissa, el medimago se marcho y Druella entro echa lagrimas por la puerta, con un pañuelo color negro entre las manos, abrazando a su hija. Bellatrix se quedo apoyada en la puerta, una lágrima solitaria rodando por su pálida mejilla junto con una mueca impávida que mantenía una expresión dura y cruel en su rostro.
Tal vez nadie lo entendiera en ese momento, pero aquello era un reverenda desgracia, por no decir otra cosa.
Draco levanto esa mañana su carta con el ceño fruncido, en medio del desayuno del gran comedor.
— ¿Ha mejorado tu madre?—pregunto Astoria con voz tímida y vacilante. Sus grandes ojos verdes y parte de su educación sangre pura hicieron terciar a Draco de no enviarle una mala respuesta. La chica era amable, y no debía pagar por su enfado.
—Ha despertado, pero padre aun no me deja ir a verla—su tono fue neutro, plano, sin ninguna emoción imprimida en ella. Blaise frunció su ceño y murmuro quedadamente hacia Pansy algo que nadie llego a entender.
—Pero es injusto—manifestó Parkinson, sus enigmáticos ojos negros titilaron con la luz de las velas sobre el comedor—Debería dejar que vieras a tu madre ¿Qué tal si ya no la ves nunca más? Sería una lástima que muriera y no pudieras despedirte apropiadamente de ella.
Pansy, a consideración de muchos, no tenía tacto.
Draco dejo caer sus cubiertos de manera desordenada sobre su plato medio vacío, su rostro completamente rojo, desencajándose en una expresión furibunda y tenebrosa. Se levanto cuidadosamente; el comedor se mantuvo entonces en un sepulcral silencio, en la mesa de Slytherin, que pronto el resto de las casas no tardaron en imitar, viendo fijamente la escena de los chicos de primero.
Theodore fue el primero en interrumpir.
—Ella no quería decir…
—¡No importa!—demando Draco en un susurro arrastrado muy parecido al de su padre cuando se hallaba furioso, sus ojos parecían estar revolcándose rabiosos, algo muy dentro de él luchaba entre salir corriendo o tomar de ese flacucho cuello a Parkinson y asfixiarla hasta morir—¡Ya no importa!—grito, se alejo de su asiento y camino a zancadas gigantes hacia la salida con el rostro empapado en un rojo furioso, los dientes tan apretados como podía dar su mandíbula y los puños firmemente apretados.
— ¿Pero que dije?—susurro Pansy, cuando los sonidos de los susurros volvieron al gran comedor.
Blaise y Theodore le enviaron una mirada reprobadora, casi incrédulos. Por su parte, Astoria se preguntaba si fue la única en ver lagrimas en la comisura de los ojos de Draco.
Harry presencio el mismo el alboroto que se formo en Slytherin luego de que Malfoy saliera, todos parecieron hacer un revuelo increíble, dirigiendo su atención a los amigos del rubio; cuatro niños tan estirados como él, a opinión de Harry. Hermione susurro algo sobre sangre pura y fama de mal carácter. Ron refunfuño y escucho a Neville hablar sobre el entendimiento entre casas.
Harry no sabía exactamente que pensar, sentía un revoltijo en el estomago desde que se había enterado sobre el estado de salud de Narcissa Malfoy, a la cual le tenía cierto aprecio por ser la única que no le insulto por completo, a su parecer, ese día en el andén 9 ¾. Se suponía que debía de odiar a Malfoy, ambos se habían declarado la guerra hacia días, pero luego estaba ese sentimiento pesado que atestaba su joven corazón cuando pensaba claramente las cosas, Narcissa Malfoy ciertamente no se merecía eso, nadie se lo merecía.
— ¿Harry a dónde vas?—el pequeño Potter se dio cuenta de que se había levantado de la mesa y estaba caminando hacia la salida cuando Hermione le pregunto preocupada desde su asiento. Tenía el corazón desbocado, ninguna palabra correctamente legible en la punta de su lengua ¿Qué estaba haciendo? Se pregunto, no supo en realidad, inhalo fuertemente llevando aire a sus pulmones que parecían pequeños en ese instante. Inoportuno, dijo una vocecita en su mente.
—No lo sé—susurro, y corrió hacia la salida, recupero aliento junto a las puertas y simplemente camino arrastrando la larga túnica del colegio que aun no terminaba de quedarle bien. No paró hasta que vio el mechón de cabello rubio relucir ante la luz de las antorchas, en un pasillo oscuro y solitario, Draco estaba hecho un ovillo en la esquina más alejada, las lágrimas cayendo gruesas por las mejillas pálidas, parecía vulnerable en ese instante, no tan altivo como lo conoció Harry, no tan frío y cruel.
Harry, esa misma noche, escondido tras una pared con su pequeño corazón atestado de un sentimiento casi apabullante, sintió a Draco simplemente como un humano más, altos, bajos, aciertos, errores.
Por un momento le vio con otros ojos.
Como un niño perdido y desvalido.
Regulus tanteo el lado sobrante de la cama, sus ojos hinchados por el sueño se elevaron desde las sabanas revueltas. Sirius era la única persona que Regulus conocía, podría verse tan bien sentado en la ventana con el sol a contraluz y un cigarrillo en las manos, soberbio.
—Sigues fumando, sabes que es horrible—murmuro Regulus, su espalda esbelta cubierta por las sabanas manchadas de algún liquido blanco—Odio que fumes.
—He intentado dejarlo—rió Sirius, Regulus tembló frente a su perfil perfecto y frío, casi idílico—Sorprendentemente es imposible hacerlo—Regulus bufo, una mano alborotando su propio cabello, lo pies descalzos de Sirius se balancearon lentamente mirando hacia afuera, el Motel Muggle de siempre, a la misma hora y las dos mismas personas. Como cuando eran adolescentes y se escapaban en los veranos, descubriéndose a sí mismos. Volviendo a las viejas andanzas.
— ¿Qué hora es?—El menor de los Black deslizo las sabanas por su cuerpo desnudo, piel blanca a la luz del día expuesta sin ningún pudor. Sirius hecho un vistazo y sonrió expulsando el humo de nicotina en una línea recta, recordando como los rojos labios que ahora hacían una mueca por no encontrar sus pantalones; antes habían gemido en su oreja de la manera más descarada posible durante gran parte de la noche.
Su espalda estaba apoyada del filo de la ventana, solo pantalones Muggles desabrochados dejando ver el vello color negro rizado descendiendo hasta su intimidad. Regulus le sonrió desde lejos, observando cada detalle de su hermano mayor.
—Las cinco—respondió el mayor con simpleza, el cigarrillo se acabo, lo tiro por la ventana con una mueca divertida y miro hacia su hermano que ya estaba presumiendo las mejillas mas pálidas del siglo.
¡¿Qué hora dijo que era?!
— ¿De la mañana?—quiso intentar Regulus sosteniendo su camisa de una manera casi inexistente, un hilo de voz deslizándose por su garganta.
Sirius soltó una carcajada, se puso de pie con toda su divinidad de dios griego al caminar, planto un beso apasionado al joven muchacho de ojos idénticos y de boca rosada, antes de pasar la lengua húmeda por su oído embobando cada sentido de su hermano menor. La voz rasposa susurro con seducción, instalando sus labios en el cuello terso del menor:
—De la tarde, hermanito.
Regulus parpadeo con espasmos de placer enviados a su columna vertebral; suspiro, proceso por un segundo las palabras, al posar la barbilla en los hombros anchos de su hermano, un gemido atascado en su garganta.
— ¿Las cinco de la tarde?—reacciono en un grito, salto de los brazos de su hermano que bufo pesadamente. ¿Era mucho pedir que Regulus no se preocupara por la hora? — ¡Las cinco! ¡Sirius Orion Black! ¡Las cinco! ¡Padre y madre deben de estar removiendo cada piedra en mi búsqueda!
—No seas tan pesado—exclamo el mayor, vio pasar a Regulus como un mancha de piel blanca y suave cabello negro cuando fue en busca de sus zapatos al otro lado de la habitación.
— ¡Tengo que irme ya!—grito. Sirius rió, sus ojos entrañando la figura de Regulus buscando desesperadamente su ropa— ¡Deja de reírte!—chillo Regulus, su ceño estaba fruncido y sus ojos buscaban desesperados su ropa interior.
—En mi opinión te ves mucho mejor sin esto—susurro Sirius, una mirada gris picara observo divertida como Regulus llegaba a un nuevo tono de rojo cuando vio en manos de su hermano su ropa interior.
— ¡Dame eso!—Regulus lo miro con su mirada más aterradora posibles, sus dedos delgados intentando llegar hasta donde su hermano mayor sostenía por todo lo alto la prenda intima. Un brazo sobreprotector apreso la cintura cubierta por solo la finísima camisa blanca. Su nariz aspiro con deleite en aquel cuello tierno y beso esa parte con vehemencia.
—No quiero que te vayas—susurro en su oído.
—A ti no es al que van a Cruciar hasta el cansancio por ser un irresponsable y luego someterán a una prueba de virginidad que seguramente tendré que burlar de alguna u otra forma, porque quieren que llegue "virgen al matrimonio"—gruño Regulus, aunque correspondió el abrazo y devolvió un tierno beso sobre los labios del mayor, cuando Sirius bajo desprevenido la mano que sostenía su ropa Regulus la tomo y se dispuso a ponérsela lo más rápido posible mientras seguía buscando sus zapatos.
Sirius lo miro entrañable, una sonrisa ladeada en su rostro que parecía estar recordando tiempos memorables.
— ¿Qué?—susurro Regulus, cuando la mirada fue demasiado insistente para él. Sirius ensancho la sonrisa y le apretó en otro abrazo, esta vez un poco más cálido, un poco mas intimo.
—Recordaba cuando nos escapábamos aquí de chicos, cuando fue nuestra primera vez, recuerdo que estabas demasiado asustado como para abrir las piernas—rió el mayor, un dedo paso por el pómulo de su hermano que no miraba con sus brillantes ojos grises, fue una caricia suave, casi adorando la piel suave de Regulus—Luego no las querías cerrar.
El menor rodo los ojos al ver la escena romántica destrozada por tan poco práctico comentario—Pesado—gruño, dejando un leve golpe en el brazo de su hermano mayor. Se dio la vuelta y fue en busca nuevamente de sus zapatos ¿Dónde se podrían haber metido unas tontas botas de tacón bajo?
—Me amas aun así—rio Sirius, el simplemente hecho un vistazo a la habitación y logro encontrar su abrigo, botas y zapatos ¿Cómo lo hacía? Se pregunto Regulus.
— ¿Esta seguro?—Regulus soltó una risita picara, tentando a su hermano. Al fin había encontrado sus botas, estaba echado en el piso intentando ponérselas, eran altas, un poco debajo de su rodilla con cordones interminables.
Sirius levanto una ceja, burlón, ojos brillando con picardía ¡Oh! Bufó la mente del moreno menor, había encendido fuego donde sobraban llamas. Su hermano camino lentamente hacia él, cada zapateo contra el piso hizo pensar a Regulus que Sirius era muy guapo. Cuando estuvieron frente el uno del otro Sirius le miro burlón, con sus ojos grises resaltado por alguna travesura que estaba, seguramente, a punto de hacer; se inclino hacia Regulus y dijo con tono silbante y seductor:
— ¿Estás seguro?—los ojos lanzaron una mirada lasciva hacia el cuerpo del menor, recorriendo sin miramientos. —Porque anoche tus gemidos eran demasiado claros, para mi deleite, ¿Qué era lo que decían?—siguió, jugando con Regulus, el cual ya estaba rojo y muy indignado, pero por sobre todo rojo—Oh si "¡Quiero más!, ¡Quiero tenerte más adentro, Sirius!"—Rió, imitando los gemidos del sexo mientras una de sus manos apretaba los costados de la cintura delgada y un beso era depositado en su frente—Algo muy dulce, si se me permites decirlo.
—Eso no significa que te ame—sonrió Regulus, encontrando el punto en falso de la defesa de su hermano. Brazos cruzados altaneros sobre su pecho con una mirada juguetona entornando su sonrisa burlista.
—Mmm, déjame terminar—rezongo el mayor. Se acerco más a su hermano, esta vez a centímetros peligroso de sus rostros—Recuerdo también, si no me falla mi memoria, amor mío, que también gritaste algo como "Te amo" cuando estabas a punto de correrte en la ¿Tercera o cuarta ronda?
—Estaba delirando—se defendió Regulus, su sonrisa picaresca tentó a Sirius, solo un poco, labios se rozaron con necesidad, un beso húmedo que arrastro los problemas, las manos de Sirius raspando los costados de su hermano de nuevo atrayéndolo hasta él, Regulus jugando con el cabello cercano a su nuca con las puntas de sus dedos.
—Me tengo que marchar—susurro el menor sobre los labios húmedos. Una caricia fue dejada lentamente a través de la sien de Sirius.
—Llorare amargamente tu partida si es lo que quieres escuchar—Sirius puso su mejor cara de cachorro desvalido, Regulus rió.
Salieron del Motel como dos personas desconocidas, una al lado de la otra pero caminado los suficientemente separados como para no notarse un contacto directo o intimo. Regulus había conjurado un abrigo Muggle, una boina cubría parcialmente sus facciones. Sirius llevaba una gabardina gris que hacia resaltas su atractivo. Su quinto cigarrillo entre los labios y las manos embutidas en la gabardina. Se miraron desde la lejanía, se despidieron sonriendo con amor y un secreto entre los labios.
Tal vez esta vez si harían que funcionara.
Harry miro fijamente a Draco por solo un segundo, Herbología era entretenido cuando había algo interesante que cuidar pero aun así no podía evitar no voltear hacia su "enemigo" de vez en cuando. Draco lucia como todos los días, sin una arruga en la túnica y completamente altivo y frío. Nada fuera de lugar, aun así el pequeño Potter no podía alejarse de la cabeza la imagen de Draco llorando, sufriendo, siendo humano.
Por un momento Harry vio más allá de su curiosidad -o lastima, como alguien decidiera llamarlo- Tal vez compasión. Analizo primero el rostro del Malfoy, delgado y aristocrático, aunque la barbilla fuerte ya estaba haciéndose presente por sobre las facciones que dejaban de ser, lentamente, infantiles. Labios delgados mantenía una fina línea tensa y concentrada en su trabajo, cabello perfectamente arreglado de un rubio platinado, hombros que empezaban ya a verse sólidos bajo la túnica de Hogwarts. Harry lo miro con atención, sus mejillas, aunque no lo notara, estaban adquiriendo un soñador tono rosado "Es guapo" pensó distraídamente, una mano fue apoyada en su barbilla para observar con mayor atención, Harry no estaba consciente de que lo que estaba pensando. Los ojos grises se alzaron repentinamente atraídos por la sensación de ser observado.
Harry respingo, avergonzado de haber sido descubierto, sus mejillas se tornaron rojo brillante mientras volvía a su trabajo junto con Hermione. Malfoy estuvo mirándole extrañado el resto de la clase.
Remus caminaba hacia su consulta mensual en San Mungo. James y Lily tenían un amigo medimago, discreto y bueno en su profesión, que revisaba si todo se encontraba bien con él una vez al mes, normalmente iba con Sirius que siempre estaba allí para apoyarlo, pero este no se había aparecido esa mañana en casa, con tal acontecimiento se dispuso a ir solo después de haberse preocupado más de la cuenta por su compañero de piso. Remus era inestable con su licantropía, la rechazaba, por eso esta le atacaba, casi a diario, heridas que aparecían de la nada y ataques de rabia. Una clara forma de decir "Estoy aquí" de una manera demasiado desagradable para su opinión personal.
Iba hacia el ala de "Casos especiales" pensando detenidamente sobre Sirius y su escapada nocturna cuando vio un cabellera platinada caminar en su dirección, cuando levanto la mirada dorada encontró a Lucius Malfoy en pleno, vestido con sus túnicas siempre perfectas, caminado en el mismo pasillo, en dirección contraria, acercándose.
Cualquiera hubiera dicho que el pánico que Remus sintió en ese mismo momento por tan simple hecho era exagerado. Pero nadie sentiría lo que él, por lo menos no un mago que no sufriera de licantropía. El hombre lobo era una criatura mágica, por lo tanto su magia elegía a su pareja sin distinciones, cuando Remus había cumplido su madurez sexual en pleno Hogwarts había descubierto que su pareja elegida era nada más y nada menos que Lucius Malfoy, comprometido con la encantadora Narcissa Black. Lo complicado de todo el problema era que el lobo no aceptaba un no por respuesta, a él le valía, muy bien gracias, si la pareja elegida estaba casada, con hijos o simplemente no podía enlazarse. Lo cual representaba un problema para el correcto y siempre buen Remus que nunca-por-más-que-quisiese rompería un matrimonio u compromiso propósito.
Remus camino rápidamente rezando por que Lucius no reparara en su presencia, tenía suficiente preocupación por no saber donde estaba Sirius hasta ese momento, no quería añadirle más peso a sus hombros al intentar dominar al lobo que dentro de él quería echase a besar a Lucius Malfoy, no importaba si este estaba de acuerdo o no. Sus suplicas no fueron oídas porque el patriarca Malfoy paro su distraída caminata y con la elegancia de siempre saludo a Remus cuando este precisamente creía que ya había ganado la contienda y podría marcharse a su consulta en paz.
—Buenos días, Señor Lupin—dijo Malfoy con voz aterciopelada y educada, tal vez Remus fuese mestizo, pero la educación estaba por encima de todo y Lucius era un hombre de educación. Remus suspiro por dentro preguntándose como se escucharía que lo llamara por su nombre con aquellos delgados labios tan tentadores, por alguna razón se vio preocupado de repente de verse muy insulso con esa ropa Muggle vieja y gastada—Es extraño verlo por aquí, ¿problemas de salud?
—Señor Malfoy, buenos días—sonrió Remus, cordial aunque por dentro era un manojo de nervios. Sus ojos miraron anhelantes los grises enigmáticos, había una razón por la cual Remus evitaba hablar con Lucius y en especial a solas, el lobo se desataba frente a su pareja usualmente y Remus llevaba luchando contra ese instinto por años y no dejaría que un simple saludo mañanero arruinara todo—Me temo que no es ninguna enfermedad, solo una consulta de rutina—sonrió el licano tratando de verse lo mas casual posible—en cambio usted ¿Está bien? No se le suele ver por aquí muy seguido.
—Mi esposa, señor Lupin, tiene algunas complicaciones con su salud—Oh, claro. Recordó Remus, la señora Malfoy; la adorable Narcissa Malfoy, sabía que estaba muy mal de salud, los chismes que se propagaban por toda la comunidad mágica lo confirmaban.
—Espero se mejore—concedió Remus con una escueta sonrisa, aunque por dentro su lobo bailaba de la alegría ante la vista de tener a su "enemiga", que era un tontería- porque Remus se consideraba sin oportunidad alguna con Lucius Malfoy- fuera de combate, enferma y con suerte, muerta. Algo que sinceramente le espanto.
—Eso esperamos todos—Lucius le devolvió la sonrisa, un poco más fría pero funcionaba para Remus. El licántropo fingió un retraso de hora cuando el rubio Malfoy había estado algunos minutos mirándolo atentamente, como si rebuscara entre su alma con su expresión impávida y fría. El Gryffindor había carraspeado incomodo para zafarse de la situación, sonrió y se despidió con cortesía.
A continuación, Lucius Malfoy, su pareja, casado con otra y completamente fuera de su alcance le sostuvo la mano, le miro con una picardía incandescente brillando en sus fríos ojos grises y le beso el reverso de la mano con dedicación, dejando en claro su condición de Gignere, pura cortesía, pura galantería. Remus había sentido la lenta calidez de ese beso subirle a las mejillas y arrebujarle el corazón, un sentimiento dulce robándole un suspiro de los labios y un estremecimiento del alma —Que pase un buen día, joven Lupin.
Entonces se marcho, así nada mas, dejando a Remus confundido y sonrojado en medio de un pasillo vacio, dejándolo con su lobo interno aullando de necesidad. Remus se repitió que más que nada, odiaba a los Slytherin y sus comportamientos astutos y calculadores.
Y que odiaba también a Lucius Malfoy por sobre todas las cosas aunque lo quisiera, aunque lo amara con gran locura y estuviera dispuesto a dar todo, su vida, su personalidad, su libertad y todo lo que fuera posible para estar junto él.
Maldito Lucius Malfoy y su sonrisa de galán.
Nota:
Como ven hay algo de interacción con Narcissa y créanme que su caso es más grave de lo que uno piensa, ya no podrá volver a ser la misma, habrá montones de cosas que dejara de hacer, es como esta enferma por el resto de tu vida, no correr, no ajetrearte estar eternamente cuidándote para no morir antes de tiempo. Sobre Harry ¡Pues nuestro niño al parecer está explorando sus sentimientos! Pero no se ilusionen, se seguirán odiando.
Para las que les encanto la pareja de Sirius y Regulus, pues allí están xD Y lo sé, se que hago sufrir mucho a Remus, pero no lo hago a propósito.
¡Déjenme un review mis amores!
Respuesta a anónimos:
Kasandra Potter (Peeeerdon por no haber respondido tu otro review, se me había pasado por alto. Me alegra que te guste mi fic, yo también amo que Harry sea el uke *besos melosos* espero que te haya gustado este capítulo y gracias por tus review. Mmmm, si soy un poco optimista. Trato de serlo a veces, aunque a veces me dicen que parezco un conejito con sobrecarga de azúcar :D)
Guest1( No sabes lo que significa para mi saber que no les gusta algo pero aun asi la leen, es como decir "Me gusta lo suficiente como para ignorarme a mis misma" xD Enserio gracias por tu review, besos anónima bonita )
Guest2 ( ¡Gracias! Al contrario, no me siento enfadada, me has salvado de pasar aun mas pena con un error tan bobo. A veces me equivoco en cosas tan simples como esa, me equivoco con el español, qué decir del francés, tengo que afinarlo un poco (Mucho). Pero creo que también se debe a que siempre oí Chére petite y nunca un Chér petit, en fin, ya esta corregido ¡Mil gracias! P. D. Es lindo que usted sea profesora de Francés, no vacile en corregirme, por favor x3)
Aclaraciones:
Quand il ne pleut jamais: Significa; Cuando nunca llueve.
(1*): Nagini es una Piton reticulada, especie muy grande y mortal muy parecida a las boas constrictoras.
