Harry Potter, los libros y películas y todo lo que tenga que ver con ellos (incluidos Tom Felton, Daniel Radcliffe y RalhpFiennes) son de sus respectivos dueños, asociados e inversionistas ¡Proyecto hecho sin fines de lucro!
Gracias a Scarlett por Betear este capítulo.
Capítulo 7: Prudence.
No podía ocurrir.
Ni siquiera podía estar pasando.
Pero era cierto, Regulus había hecho la prueba con seis pociones distintas de los mejores pocionistas ilegales que vendían en Knockturn y todas sedimentaban un color amarillo intenso, todas y cada una de ellas.
Rojo escarlata es No.
Amarillo sedimentado es Si.
Estaba embarazado.
Intentó evitar aquello desde que tuvo sexo con Sirius por primera vez, ambos aprendieron hechizos anticonceptivos muy eficaces, estaban siempre con un pie delante de la situación debido a que darse el lujo de quedar embarazado y explicarles a sus puristas padres que se amaban no era una opción. Pero no recordaron los hechizos después de reconciliarse; no, por supuesto que no. ¡Tenían que ser un par de idiotas enamorados!
¿Y ahora qué harían?
El simple hecho de no hacer su relación oficial en todos aquellos años siempre radicó en la antipatía de Sirius por las creencias de la familia y por la importancia que Regulus les daba a las mismas. Orion Black no creería que el mayor de sus hijos pasó años convenciendo al menor de escapar de la familia con él, mucho menos que el menor rogó mil veces porque hicieran su relación formal y cumplieran las fases de cortejo como una pareja sangre pura común. Ambos eran Black después de todo y la terquedad corría por su sangre al igual que la magia.
Regulus se paseó inquieto por la habitación antes de sentarse sobre la cama y hundir su rostro entre sus manos. ¿Qué le diría a su madre? Ella estaba entusiasmada con la propuesta oficial de Barty Crouch Jr. Walburga era la que mejor conocía a Sirius, tan pronto le dijera que estaba embarazado de él, haría el drama más grande que se haya visto en su familia por generaciones.
Sostuvo una fuerte discusión con Sirius un par de días atrás, mucho antes de que las pociones estuviesen listas, sobre el futuro que tenía su relación si de verdad un niño estaba de por medio. El tiempo correría rápido como para tomarse el lujo de pensar con detenimiento.
—Aún no creo que pueda ser verdad—Regulus gimió, su rostro bonito empapado de lágrimas. Un gignere adecuado no tendría un desliz como aquel, un gignere adecuado esperaría a la propuesta oficial de un hombre en edad de casarse para empezar un cortejo. No debía revolcarse con su hermano rebelde y concebir un hijo.
El picotazo insistente de un ave colorida interrumpió su lloriqueo, era la mensajera de Sirius. Regulus se enjugó las lágrimas y con fingido orgullo caminó hasta la ventana para recibir a la avecilla, venía con una carta gruesa.
Era la respuesta de Sirius, el menor de toda la casta Black besó la solapa del sobre antes de abrirlo, una esperanza impresa en el gesto.
La carta aún tenía prendado el olor de Sirius.
-AprenderAVivir-
La segunda semana de Agosto Harry arribó a la casa de los Weasley, Hermione llegó treinta minutos después como lo acordaron en un desastroso correo alrededor de toda la semana. Fue una sorpresa para todos saber que James y Lily le dejaron ir de vacaciones por una semana a la casa de los Weasley, toda la familia pensó que ambos se negarían rotundamente. Para Harry fue en cambio una sorpresa agradable.
Lily tampoco podría creer que estaban permitiendo tal cosa, pero supuso que todo era por el bien de Harry, una vez que su condición fuera expuesta toda su libertad se iría, quería que su hijo disfrutara de la niñez sin prejuicios, sin El Ministerio tras su mano y sus modales de etiqueta o sus posibles pretendientes. Entretuvo sus inquietudes en explicarle a Molly cada una de las medicinas que Harry podría necesitar, a que era alérgico y que pociones no podía ingerir con mucha frecuencia, dejando una canasta con todas las medicinas etiquetadas.
—En verdad son muchas—se río, mientras pasaba la canasta a las manos capaces de Molly—Pero él de verdad las necesita.
Molly menosprecio tal hecho con un gesto, su sonrisa hacia que las rechonchas mejillas con pecas se abultaran más.
—No lo digas con esa cara— La Sra. Weasley guardó la canasta en una repisa—Entiendo, Percy era tan enfermizo de pequeño que parecía se rompería en cualquier momento—un "¡Mamá!" se oyó desde la planta alta, era Percy—, está en buenas manos querida.
Lily asintió con rostro preocupado, confiaba en Molly, era una de sus antiguas amigas de Hogwarts y por eso la decisión de dejar a Harry en su casa fue tan fácil de tomar, claro, no de aceptar. Acomodó a Adrian en sus brazos, el niño empezaba a tener más control sobre sus manos e insistía en jalar el cabello de su madre.
James hablaba fuera con los hijos mayores de los Weasley cuando Hermione Granger y sus padres Muggles aparecieron entre el fuego verde de la chimenea.
—¡Ya estoy aquí!
Ron, que no había bajado ni con la llegada de Harry, saltó varios escalones para llegar a la sala justo para cuando los Granger se sacudían la cenizas de la Red flu. Harry también interrumpió en la sala lleno de hierba en las rodillas, tierra y pétalos de flores silvestres en el cabello.
Hermione dejó todas sus maletas para ir a abrazarlos.
—Vaya, que viaje más agitado. Nunca pensé que se podría viajar en una chimenea—el entusiasta padre de Hermione rió, la madre en cambio, más rezagada, aún parecía de piedra.
—El primer viaje en chimenea es así, mucho gusto soy Molly Weasley—mientras los niños se ponían al corriente, Molly ofreció una mano al hombre alto con una gran sonrisa. El hombre la aceptó— Su hija es una gran bruja, no pensé que la dejaran venir pero les aseguro que la cuidaremos muy bien.
—Puedo decir lo mismo—asintió Lily, usando un vestido de flores con su largo cabello rojo trenzado y limpio sobre sus hombros —Soy Lily Potter, yo les contacte por correo sobre Hermione. También soy hija de Muggles así que pueden pedirme ayuda cuando gusten, estaré complacida.
—Es un placer, soy Jia-Li. Este es mi esposo Jack(1*)— La madre de Hermione era una mujer más bien pequeña, de cabello corto y mirada seria color chocolate, sus ojos rasgados parecían peculiares, así que no había mucho problema en creer que era descendiente de asiáticos—Es un placer conocerlos, como podrían intuir estábamos inquietos, pero… —Ella calló por un segundo y miró hacía Hermione, que hablaba animada con Ron sobre alguna aventura que tuvo en el supermercado con magia accidental. Parecía nunca haber visto a su hija así de feliz—, pero Jean estaba tan emocionada por esto que simplemente confiamos en ella.
—¿Jean es tu segundo nombre?—Ron se burló—¡Pero es de niño!
—Es unisex—la niña se cruzó de brazos con fanfanorrería.
—Ronald Bilius Weasley no te burles de Hermione—le reprendió Molly.
—¿En verdad tu segundo nombre es Bilius?—Harry se rió—, pensé que solo era una broma.
Ron se puso tan rojo como un tomate luego de eso.
—Se llevan muy bien—Lily susurró a los padres de Hermione, apenas podía sostener al inquieto Adrian en sus brazos, el bebé regordete se empecinaba en jalar del cabello rojo de su madre o intentar saltar sobre su regazo, finalmente ya fastidiado, rompió a llorar—Oh—le arrulló Lily— Adrian, cariño.
Harry se desconectó de la charla de sus amigos para ponerse a un lado de su madre, su rostro inocente expectante. Lily sonriendo, le entregó a Adrian, el bebé balbuceó extasiado de estar en los brazos de su hermano mayor.
—Este pequeño es mi hijo Harry— Lily le alborotó el cabello con una amplia sonrisa en el rostro—Se lleva muy bien con su hermano menor, por eso no gastare en niñera cuando crezca.
—Pero me pagarás ¿Cierto?—la vocecita de Harry preguntó con inocencia, la risa de los padres no se hizo esperar, Harry frunció el ceño—No es justo.
—Oh, mi niño. Claro que te pagaré ¡Con un montón de besos!
Los adultos siguieron bromeando por un largo rato hasta que debieron marcharse, los padres de Hermione se fueron confiados de que dejaban a su hija en buenas manos. Lily y James en cambio no pudieron evitar una larga despedida, ella abrazó a su hijo mayor con tanta insistencia y luego le besó la frente, James en cambio le dio unas palmadas en el hombro con una sonrisa intranquila.
Harry rió un rato con Adrian, sosteniéndolo en sus brazos; su hermano era pequeñito y frágil. Lo entregó a su madre y se despidió con una sacudida de mano casi pesarosa, quienes tomaron la red flu para dejar a Harry solo en la sala de los Weasley.
—Ey, Harry. ¿Ya se han ido? Le pediré a Charlie que suba tus maletas—Ron se asomó en el umbral que daba paso a un saloncito.
—¿Porque no lo hacen los gemelos?—una voz se quejó al otro lado de la sala, era un chico alto. Harry había oído de él por Nymphadora y Ron, pero no era nada como tenerlo cerca, era alto con el cabello tan rojo como el resto de los Weasley, pero su sonrisa acogedora y mirada chispeante lo hacía verse como alguien libre, en efecto lo era, Charlie era el hermano que domaba dragones en Rumania.
—Los gemelos convertirían todo en mermelada con sus bromas— Ron refunfuñó—Además, tú puedes utilizar magia.
El joven pelirrojo bufó, sin embargo una suelta sonrisa fue dirigida a Harry y con una floritura de su varita las maletas de Harry volaron escaleras arriba hasta la habitación de Ron. Harry las siguió junto con Ron, bromeaban sobre tonterías y se tropezaban en los escalones más altos. Había casas de familias mágicas únicas, pero la casa de los Weasley y sus inquilinos, Harry descubrió, era su favorita.
-AprenderAVivir-
Ya el crepúsculo empezaba a apagarse cuando la señora Weasley llamó para la cena.
—¡Un momento mamá!—Replicó Ron, gritando hacía el corredor.
Los tres niños habían hecho un gran lio de almohadones en el piso, Hermione ya estaba vestida con un pijama.
—Oh, vamos. Tan rápido—Harry se quejó—Pero es temprano para cenar.
Ron se encogió de hombros.
—Ella lo dice, esa es la ley—Ron se encogió de hombros mientras calzaba las pantuflas.
—¿Enserio puedes hablar chino?— el pequeño Potter dirigió de nuevo su atención a Hermione,ella se sonrojo y asintió con timidez.
—Mamá me enseño, ella sabe mucho. Pero sólo sé lo básico—Ella frunció el ceño, aquejumbrada—No les parece… ¿Raro?
—¿Qué?—ambos niños exclamaron.
—Bueno, que mi madre sea…asiática—ella vaciló—¿No les parece raro? Ella suele ser muy estricta pero es fantástica, sé que no es como las otras madres y que no es habitual pero…
Harry y Ron se miraron con extrañeza, si no fuera porque conocían a Hermione, ella incluso parecía…insegura.
—Oye, es fantástico—Ron la animó, empujó su hombro contra el de Hermione intentado reconfortarla—Eso de hablar chino y de tener otra cultura en casa, ya sabes. Es fantástico.
Hermione se ruborizó y paró de tartamudear, sus ojos incrédulos se dirigieron a Harry, que asintió con fervor.
—Es grandioso. Porque así eres mucho más especial, Hermione.
Por un momento, Hermione pareció tener lágrimas en los ojos.
—Bueno, ya sabes, en realidad… es Mandarín—intentó excusarse, una de sus manos pequeñas pareció rozar casualmente su mejilla pero Ron y Harry sabían que se enjugaba una lagrimilla traicionera.
—¡Niños, bajen enseguida! ¡La sopa se enfriará y entonces la hechizare para que tenga sabor a pulpo!—La voz de la señora Weasley resonó por toda la casa.
—¡Ya estamos bajando!
La gran familia se reunió en torno a la mesa esa noche, desde Bill Weasley el apuesto hermano mayor de sonrisa pícara, hasta Ginny. Hermione y Harry se sorprendieron por la gran familia que Molly y Arthur Weasley lograron criar.
Incluso, era pintoresca su forma de cenar, charlaban sin parar y los gemelos hacían bromas, Percy insistía en reprenderlos frente a Arthur, que no prestaba mayor atención que a su charla con Bill, el hombre parecía acostumbrado a el revuelo de platos volando y los cucharones que servían por su cuenta.
La comida de la señora Weasley era deliciosa, a Harry le sorprendió encontrarse pidiendo a los cucharones encantados un segundo plato y luego un tercero. Nunca comió más de la mitad del plato en casa, no se debía malinterpretar, su madre cocinaba estupendo. Pero, la comida de la mamá de Ron, esa era maravillosa.
Con la panza llena, los Gemelos propusieron acampar en el jardín con una vieja carpa extensible que estaba en el sótano. Todos se armaron con chucherías, colchas y almohadas para la noche, incluso se unió la pequeña hermana menor de Ron, Ginny, una pecosa muchachita energética que pronto cumpliría 11.
—No olviden cerrar bien la carpa. Si algo pasa, nos llaman.
—Sí, papá—repleto de cachivaches Ron apenas pudo responder a la orden de su padre.
—Si Señor Weasley—Hermione y Harry canturrearon.
Los gemelos rieron mientras encendían dos lámparas de gas, sus sonrisas largas y siniestras mostraban todos los dientes blancos, si Ron conocía bien a sus hermanos, estaban planeando algo.
—Bueno, a ver. Los aburridos de Bill, Charlie y Percy están adentro. Así que empezaremos la noche…—Fred silbó, mirando a cada uno como un gato mira a un canario.
—¡Con historias de Terror!—Exclamó George, sus brazos extendiéndose alrededor de los niños como telaraña.
Ginny chilló espantada, se escondió tras el brazo de Harry con apenas un ojo marrón abierto.
—Oye, no con Ginny aquí—tartamudeó Ron.
—No tendrás miedo ¿Cierto?—Hermione le picó.
—P-por supuesto que no–Ron negó con fervor, sus mejillas pecosas ruborizadas. Hermione sonrió de forma boba en ese instante, los gemelos apenas pudieron captar el momento pero en su fuero interno, Harry sabía que ambos lo archivaban para una posible extorsión familiar.
Ginny rió con el gesto de Hermione, sus manos apretadas a la manga del pijama de Harry, ella le sonrió inocente y Harry le devolvió la sonrisa, algo en el cuello de él brilló bajo la luz acogedora de las lámparas.
—¿Qué es esto?—preguntó. Sus dedos jalaron de una larga cadena en el cuello de Harry, al final un dije tintineó, era color ámbar con el diseño de una moneda con una florexótica impresa en ella.
—¿No es el dije que te dio Cedric?—Hermione se acercó más a la joya, Ginny frunció el ceño cuando oyó la pregunta de Hermione, pareció ser un aliciente para jalar más fuerte la cadena. Ron y los gemelos se acercaron también, Fred fue quien apartó a Ginny del cuello de Harry.
—Sí. Él me lo dio—aceptó Harry con timidez—Pero no es la gran cosa, dijo que era para mi cumpleaños, porque no podría enviarme ninguna carta durante vacaciones—La suave sonrisa de Cedric el día en que se lo dio volvió a él. El sentimiento que embocaba ese recuerdo era cálido y apañaba su corazón una bruma atiborrada de añoranza.
—Pero no te separas de él—Ginny chilló, su vocecilla parecía enfadada, colgando de los brazos de Fred, ella parecía una pequeña comadreja.
—Ohhh, vamos. ¿Nuestra pequeña Gin esta celosa?—se burló George.
—¡Claro que no!— las palabras de la niña no coincidían con su rostro, que estaba tan rojo como su cabelló. Fred apretó contra si a su hermanita con un brazo para alborotar su pelo con el otro.
—Pero mira nada más, esta tan pequeña y ya se ha enamorado. Pobre, pobre, Gin.
—¡Que no!—Ginny lloriqueó en voz alta.
Harry aprovechó el momento de distracción para guardar el dije de nuevo bajo su pijama.
—Oh, vamos. Déjenla, solo estaba diciendo algo de verdad, Harry nunca deja ese dije y si se le llega a perder entonces moriría de pena.
—¡No es cierto!—Harry murmulló avergonzado.
—Vamos, ¡Es sólo la verdad!—Hermione entonces se cruzó de brazos, desafiándolo a contradecirla.
Los gemelos se rieron, hicieron un par de bromas tontas y al notar que la temperatura descendía, propusieron hacer una fogata al aire libre, el entusiasmo se extendió por todos hasta el punto de mudar algunas bolsas de acampar junto a la pila que sería pronto una fogata. No fue buena idea, llovió a cantaros aquella noche.
-AprenderAVivir-
—¿Dónde está Draco?—Remus se incorporó sobre la cama casi con un gesto mimoso, sus redondeadas facciones y ojos picaros brillantes. Lucius, adormilado, no pudo evitar componer una cara de circunstancias.
—Nunca preguntas por él, mucho menos le llamas por su nombre—Malfoy imitó a su amante, ambos estaban desnudos y aún cansados por el sexo.
Remus bufó algo por lo bajo.
—Entonces, olvídalo.
El hombre lobo se cruzó de brazos en gesto casi infantil, Lucius no pudo evitar que la risa brotara por su garganta, ronca y satisfecha. Se inclino a la menuda espalda de Remus y con delicadeza le dejo besos en el omoplato. Lupin no pudo evitar estremecerse.
—Puedes llamarlo Draco—Lucius rió en la oreja de Remus, pellizcando con los dientes su lóbulo—Él y Narcissa visitan la casa de sus padres estas vacaciones, quiere tener algo de tiempo familiar.
Acarició el cabello cobrizo de Remus con suavidad. El chico era casi perfecto, alto, delgado y pícaro en la cama, Lucius había puesto sus ojos en él por su piel suave y la frágil mirada de sus ojos ambar, pero descubrió a un hombre sagaz con un gran pasado que parecía lastimarle.
—¿Ella—las manos de Remus se apretaron en su regazó, Malfoy recorría su cuello con suaves besos que lo hacían derretirse—, sabe de nosotros?
Las caricias pararon.
—¿Quién?—la fuerte voz ronca de Lucius inquirió.
—Tu esposa—suspiró Lupin, no se percató del momento en el cual acumuló tanta tensión en sus hombros—¿Está consciente de que la engañas con un hombre pobre y mestizo?
Aquello parecía la típica pelea de los amantes, la que terminaba agravada y en gritos, con corazones rotos y esperanzas vacías.
Lucius se apretó el puente de la nariz en un gesto de mesura, cuando Remus sintió el colchón volverse más ligero se dio cuenta de que Lucius se levantó para caminar hacia la mesita que adornaba la habitación. Nada lo cubría y a pesar de ello se imponía orgulloso de su figura, el castaño se preguntó cómo Lucius mantenía su estado físico, tenía las pantorrillas y los glúteos revestidos de músculos tensos, era delgado y alto, pero parecía esculpido para mostrarse en una plaza griega.
Había tantos aspectos de aquel hombre que no conocía que su corazón prácticamente se encogía ante tal hecho. Ambos estaban en la misma posición, Lucius no tenía idea sobre el pasado de con quien compartía cama.
—Ella lo sabe—la voz profunda del hombre rubio interrumpió las divagaciones en las que se sumergía, las velas que iluminaban la habitación daban un juego de sombras sobre su figura desnuda, los labios remojados en Whisky y en su mano el vaso de cristal servido—, ya no duerme en esta ala de la casa incluso. Le pareció bien que encontrara a alguien por el cual pudiera sentir algo más que cariño, se que aún me ama, pero no nos gusta vivir en una mentira. ¿Y tú, Remus? ¿Black sabe con quién te acuestas ahora?
El tono arrebatado de Lucius le sorprendió en meditativo silencio, se percato de un momento a otro de que Lucius había caminado hasta él y se había puesto en cuclillas para mirarlo a la cara. Ojos grises insondables le miraban justo al alma, debajo de su piel, desnudando cada capa de la gruesa protección que construyo años tras años de desilusiones.
—Sirius y yo no somos nada más que amigos…
—No me mientas—advirtió la ronca voz de Lucius, manos grandes recorrieron sus muslos bajo las sabanas arrugadas—Él conoce tu cuerpo, ha tocado tu piel. ¿Puedes mirarme a la cara y decirme que no lo has hecho con él?
Las manos estimularon con calma su entrepierna, Remus gimió, duro y sin aliento. Sus ojos empapados gritaban lo que intentaba callar.
—N-no.
Lucius sonrío, lánguido y sin prisas, al igual que sus dedos acariciando a su amante.
—Seremos sólo nosotros aquí, Remus. Nadie más.
No era esa típica confesión de amor, pero estaba en el mismo idioma para ambos.
-AprenderAVivir-
Desde hace tres días Harry no había parado de estornudar, la poción Pimentónica fue inútil y una vez rendida, Molly tuvo que llamar a Lily. Si la Señora Weasley alguna vez se considero una madre obsesiva por instalar un reloj mágico para identificar los paraderos de sus hijos las 24 horas nunca se imagino las dimensiones de Lily.
La esposa de James Potter se apareció en menos de diez minutos en la chimenea, Molly la dejó pasar con algo de pena.
—Realmente lo siento, estaban pasando el tiempo afuera alrededor de una fogata y simplemente empezó a llover. Entraron enseguida pero no pensé que sería tan grave—Se excusó Molly.
—No te preocupes—la suave voz calmada hizo a Molly parpadear, por lo general aquel era el momento donde la otra madre se enfadaba—Harry no es realmente alguien con una salud muy regia.
Lily le sonrió con compresión al percibir el suspiro aliviado de su amiga, no llevaba consigo a Adrian sólo por el hecho de que Remus se ofreció a cuidarlo mientras veía a Harry.
—Los niños están cerca del gallinero. Los llamaré para la merienda— la mujer rechoncha dio un paseo por la sala para recoger unos cuantos tejidos, invito a sentarse a Lily y se apresuró a ir al gallinero donde cuatro chiquillos jugueteaban durante la recolección de huevos –Harry, cariño— a su llamado un niño en overol y sonrisa grande volteó hacia ella, Hermione, Ron y Ginny lo acompañaban. Harry tenía la mejilla llena de sucio pero lo que más destacaba en su rostro era su aspecto enfermizo–Tu madre está aquí para verte.
La sonrisa se borró casi al instante de la cara pequeña, con largos y pesados pasos Harry caminó hasta Molly para alcanzar el jardín y luego el interior de la casa. El rostro de Lily pareció brillar de felicidad al sólo verlo.
—Buenos días mamá—Harry murmuró.
—Buenos días, Harry— su madre pasó una mirada preocupada alrededor de su diminuta figura de niño de doce años—Parece que pescaste un resfriado fuerte ¿No te duele la garganta?
—No mamá—rezongó, Lily contraatacó con una mirada severa. Se hincó y observó atenta el rostro infantil de su pequeño, las mejillas estaba rojas, los ojos llorosos y la nariz mocosa.
—Un poco de reposo, té y sopa de pollo—concluyó. Se giró hacía Molly con una espléndida sonrisa— Puedo hacerla con tu permiso, además hace mucho que ambas no tenemos una pequeña reunión.
Molly pareció animarse con eso porque sus mejillas volvieron a tener color.
—Por supuesto ¿Y sabes qué? También podremos hornear ese pastel que quedó pendiente.
Entre la charla y los consejos sobre cocina; se le prohibió a Harry jugar más afuera por lo que restaba de semana y de tomar sus medicamentos. En toda su vida Harry no se sintió más timado en todos los sentidos.
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Draco se encontró insatisfecho con sus vacaciones ¿Qué tipo de vacaciones eran aquellas en las que no podía jugar o siquiera tener un amigo de su edad cerca? No debía de malinterpretarse, adoraba la casa de sus abuelos Druella y Cygnus, aprendía cada día de etiqueta y de la historia de la familia, pero para un niño de doce años pasar todos los días tocando el piano, tomando lecciones o tomando el té nunca fue ameno. Él quería jugar Quiddicth con su padre, pasar un día de campo con su madre o incluso visitar a Pansy ¡Y el odiaba tanto, en verdad tanto, visitar a los Parkinson!
Ni siquiera había visto a su padre en una semana, demasiado ocupado en negocios y fortuna familiar.
—Estoy aburrido—bufó.
Druella lo escuchó, era una mujer guapa debido a los genes de su familia, su sonrisa aristocrática siempre permanecía en su rostro limpio, más su suspicacia, era por completo proveniente de ella. Inclinada sobre el servicio de té tomó una tacita con sus manos enguantadas y le dio un sorbo.
—Tu madre descansa, Draco ¿Acaso no te gusta pasar tiempo con tu abuela?
Con una expresión casi fría, Draco se retractó.
—Por supuesto que me agrada—el niño apartó la taza de té que se le ofrecía—Pero deseo pasar tiempo con personas de mi edad justo ahora, estoy aburrido de hacer todos los días lo mismo.
Druella río.
—Si es así, le mandaré una carta a la señora Zabini, sé que te agrada su hijo— con un chasquido de dedos convocó a un elfo tembloroso que recogió el servicio de té y preguntó si deseaban algo más—Tinta y papel, quiero escribir una nota.
El elfo se inclinó de una manera exagerada y desapareció para aparecer de nuevo con una mesita para escribir repleta de tinta de diferentes colores, plumas exóticas acompañadas de pergaminos de colores con detalles delicados.
—Dime Draco, ¿te gusta alguna chica o un chiquillo de Hogwarts?— mencionó mientras escogía con cuidado una pluma adecuada.
Draco apretó los labios, la imagen de Harry Potter y su sonrisa contagiosa invadió su mente tan rápido como apareció.
—No-no realmente.
Druella le miró inquisitiva tras los lentes de lectura, había tartamudeado.
—Bueno—el niño rubio y sonrojado intento remendar su error— Astoria Greengrass y su hermana gemela son muy inteligentes.
¿Por qué había elegido a las Greengrass? Quizás, tal vez, y sólo tal vez, porque eran las dos personas que se parecían más a Harry dentro de su círculo social.
—Y también deben de ser guapas por como pierdes la compostura—masculló antes de doblar el pergamino dentro del sobre y sellarlo con el escudo de armas de la familia, por el rabillo del ojo vio como Draco se sonrojo aún más.
—Yo no-
—Tranquilo Casanova, tu secreto está a salvo conmigo—ella le guiño, acomodo el paquete de correo, enseguida una lechuza color gris se posó junto al sillón. Druella le entregó con paciencia su encargo y le dio instrucciones especificas—Lleva la azul a la casa Zabini y la segunda a Malfoy Manor.
Draco parpadeó, incrédulo de no haber visto antes las dos cartas que la lechuza llevaba sujetas en la pata.
—Invite a los Zabini a un picnic entre tus lecciones de esgrima para que practiques con Blaise, y como sé que extrañas a Lucius le he pedido tiempo para una partido de Quiddicth ¿Te parece bien?
Incapaz de expresar la felicidad que sentía por ver a su padre después de aquella larga semana, Draco atinó sólo a asentir con entusiasmo.
-AprenderAVivir-
Gólubev era un anciano hombre ruso, viejo amigo de los hermanos Black, trabajaba en Nockturn desde hacía tanto tiempo que parecía incluso parte de la decoración de su tienda. Les ayudo tanto en preservar la clandestinidad de su relación, que el hombre ni siquiera se inmutó cuando Regulus le dijo que estaba embarazado, en vez de ellos lanzó una larga y rasposa carcajada burlona.
—Yo lo sabía— su acento fuerte impedía conocer muy bien lo que decía entre carcajadas— No podían salirse con la suya hasta el final.
—Necesitamos que nos ayudes—masculló Sirius, la tienda estaba muy adentrada en el callejón, casi oculta, eso no impedía que Regulus y Sirius portaran capaz gruesas para cubrir sus rostro y la silueta, ambos parecían estar a punto de saltar a penas alguien más entrara al destartalado establecimiento.
—¿No pensaran abortarlo?—el hombre se escandalizó—La firma mágica nos dejaría a todos marcados ¡No quiero ir a Azkaban, no de nuevo! ¡He dejado de hacer ese tipo de cosas desde hace mucho tiempo, no me arriesgare por ustedes, niños! (2*)
—No iras a Azkaban—Regulus apretó los dientes, apenas un susurró salía de su boca— Queremos que me examines, no podemos ir a San mungo... no es, no es seguro.
Gólubev abrió sus pequeños ojos azules con asombro, detrás del mostrador relleno de objetos oscuros y pociones ilegales era una enorme mole que no encajaba en el pequeño lugar.
—Ya, ya— él alzó los brazos—Hace años que no examino a alguien embarazado, no desde el incidente. ¿Estás seguro, pequeño?
Regulus, apretado al costado de Sirius asintió cohibido, no parecía convencido del todo pero al ruso le basto. Les abrió el paso a través del mostrador repleto de cachivaches.
—Entren por el pasillo—les indicó. Si afuera el lugar era sucio y desordenado, dentro de la pequeña salita donde almacenaba la mercancía era asquerosa. Ambos Black, nacidos en cunas perfectas y criados en las mansiones más opulentas no pudieron ocultar su disgusto.
—No confió en esto— el mayor de los hermanos le susurró al otro al oído.
— Es el único en quien podemos confiar.
El ruso entro un minuto después, llevaba guantes limpios y una varita torcida que representaba muy bien a su dueño.
—Recuéstate en aquel diván—señaló un diván milagrosamente limpio en una esquina de la habitación. Regulus corrió hasta él como si fuese su tabla de salvación, Sirius lo vio seguir atentamente las indicaciones del hombre, descubrió su estomago, se relajo, respondió con calma cada pregunta que Gólubev le hizo.
Las manos del hombre no tardaron en palpar el estómago de Regulus, buscando un pequeño desperfecto bajo su piel.
—Aquí—se detuvo justo en su bajo vientre— Es un chico sano, debe tener entre cinco a siete semanas, muy ansioso, magia fuerte y lista para desarrollarse— Después hizo una floritura con su varita y unas espesa niebla cubrió el vientre de Regulus para mostrar una borrosa imagen dentro de sus entrañas— Allí esta, sano, no sé si es una chica o un chico pero estoy seguro de que será fuerte.
El hombre se entretuvo en los detalles sin darse cuenta que ni Regulus ni Sirius le prestaban atención, ambos observaban atónitos la pequeña mancha que se movía con cada latido. Y al contrario de otros padres en su situación no se sintieron abrumados o asustados.
Embobados por la simple imagen de su hijo, ambos habían encontrado una razón para dejar el orgullo colgado.
Nota:
¡Esto no podía ser un AU sin una visita a la casa de los Weasley! Así que vimos un poco de las vacaciones de ambos pequeños (las de Draco son vagas debido a que hace lo mismo la mayor parte del tiempo, incluso con el mismo protocolo) Les agradezco por haber esperado este capítulo con paciencia y les recuerdo que la única persona que hasta ahora verdaderamente gusta de Harry es Astoria.
Un beso a todos y gracias por leer.
Aclaraciones:
(1*)Jia-Li: Desde que vi una serie de fan arts de Harry Potter con todos los personajes de diferentes etnias no pude dejar de pensar que la madre de Hermione fuera Asiatica ya que encajaría perfecto con el carácter de Hermione y el cómo debió ser criada ¿Por qué Jia-Li? Sólo piénsenlo GrangerJia-Li o Jia-Li Granger.
(2*) Gólubev: Por la ayuda que pidieron Regulus y Sirius imaginaran a que trabajo está afiliado este hombre. Si tomamos en cuenta la escasa población de personas mágicas en comparación a la muggles no es de extrañar que el aborto sea penado por la ley.
Respuesta a anónimos:
Dolce ( Hola Dolce! Te mando un gran abrazo porque está allí y un súper beso esperando que la pases bien, gracias por comentar en mi fic siempre)
Nico ( Hola, Nico. No sé si eres chico o chica pero te diré algo: ¡Nunca dejare en lo humanamente posible mis fics! Son mis bebes, y agradezco que los aprecies. Sólo soy muy tardada para actualizar, espero entiendas eso y me tengas paciencia. Besos )
