Emma y Regina caminaron por horas antes de encontrar un motel donde quedarse. Ambas estaban exhaustas y Regina optó por quedarse dormida en una de las camas mientras Emma iba a por comida. Por suerte ambas traían sus billeteras en el momento del traslado así que el dinero no resultó problema.
Emma se tomó su tiempo caminando, comiendo y explorando el lugar. Regina estaría dormida pero ella no se sentía lo suficientemente cansada, quería ver bien dónde estaban. Mientras esperaba su hamburguesa royal con papitas fritas extra un carro aparcó afuera del local y dos hombres entraron al local. El más alto tenía una melena fabulosa de la cual no pudo sino sentir un poco de envidia y el otro traía una cara de felicidad increíble mientras pedía dos hamburguesas y pie de manzana para sí, el otro se contentó con algo de pollo. Emma no pudo evitar esbozar una sonrisa al ver a dos personas disfrutar de una noche normal y tranquila.
No tenía idea de lo equivocada que estaba.
Sam y Dean entraron al restaurante buscando reponer fuerzas luego de la exitosa cacería.
"¿Viste cómo cayeron Sammy? 10 vampiros en una, debo haber batido alguna especie de record personal."
"10 y un hermano casi muerto." Replicó Sam.
"Oh vamos, no puedes sentirte algo orgulloso por tu hermano mayor?"
No, no puedo, porque la marca te está consumiendo y cada vez es más y más difícil saciar tu sed de muerte; fue lo que pensó Sam.
"Claro que puedo, pero quizá deja algunos para mí la siguiente vez" fue lo que salió de su boca junto a un intento de sonrisa.
Dean asintió con la boca llena de hamburguesa, quitándole importancia al asunto.
Apenas si terminó de tragar para decir. "Ahora concentrémonos en este manjar de los dioses." Señalo el pie con su tenedor. "Aunque este es mío, pide el tuyo propio."
Sam soltó una carcajada y no pudo evitar sentir cierto sentido de normalidad, como los viejos tiempos. Cuando iban al restaurante más cercano a tragar luego de una larga y cansada caza.
Sam mordió su pollo y extraño los viejos tiempos, antes del apocalipsis, cuando todo era más sencillo y su mayor preocupación eran los casos.
Emma terminó su hamburguesa, pagó y se levantó para volver a la habitación con Regina. Llevaba en una bolsa algo de ensalada con unas galletas y agua, aparte de claro está un par de manzanas que habían tenido guardadas y que había hecho a modo de pedido especial.
No le gustaba estar peleada con su novia y quizá las manzanas funcionaran de ofrenda de paz.
Salió y dejó a los desconocidos disfrutando su cena. Afuera vio el carro negro clásico y no puedo evitar parecerle conocido.
"Yo te he visto antes. ¿Pero dónde?"
En eso se le ocurrió, el carro clásico que casi las había atropellado en la mañana, levantó la mirada hacia adentro del local y vio a los hermanos que comían tranquilos, así que ellos eran los atropelladores.
Tendría que decírselo a Regina, a ver si conseguía que dejase de querer asesinar al conductor (lo había repetido por horas) y conseguían que las acercasen a la ciudad más cercana.
La rubia entró al cuarto y tiró las llaves sobre la mesita junto a la bolsa de comida. Regina estaba en la cama, su casaca colgada sobre una silla y sus botines al pie de la cama, se había quitado el brassier para dormir por lo que este también colgaba de la silla.
Emma sonrió viéndola y sin hacer ruido se quitó los zapatos y exteriores para entrar a la cama con ella. Apenas se recostó Regina se dio la vuelta y la abrazó sin despertarse. La rubia sonrió y la abrazó de vuelta cerrando los ojos. Estaba junto a su novia, habían salido de cosas peores y saldrían también de esta, fueron los últimos pensamientos que ocuparon su mente antes de caer en la inconciencia.
Sam y Dean se quedaron en el restaurante hasta que el dueño tuvo que decir que iba a cerrar y que tenían que retirarse a sus habitaciones. Dean accedió pero no antes de pedir dos porciones de pie más.
"Tragón" le dijo Sam con una risa.
"Solo estás celoso porque lo tengo yo y no tú." Replicó Dean siguiéndole el juego. "Además uno de estos es para Cas." Añadió con una sonrisa pícara.
"Cas no come." Sam alzó una ceja.
"Cierto, entonces me temo que debo comerlo yo." Alzó su tenedor.
"¿Eso es lo que haces cada vez que te encuentras con Cas en un restaurante? ¿Piden comida para los dos y tú comes todo?"
"Quizá…" fue la vaga respuesta del Winchester mayor mientras llegaban a su habitación.
Sam tan solo rió y sacó su teléfono. "Ve entrando, yo tengo que hacer una llamada."
"Como quieres, Sammy."
Sam se dio la vuelta y marcó el número que últimamente había marcado más veces de las que hubiese deseado. Había estado llamando en la tarde pero no había obtenido respuesta y sus mensajes de texto tampoco habían sido respondidos.
Esta vez fue respondido a la tercera timbrada.
"¿Alo, Rowena?"
La bruja estaba recostada en la cama demasiado grande para ella disfrutando de todas las comodidades que hechizar y asesinar al manager del hotel podían traer. Sabía que en unos minutos recibiría una llamada de un alce desesperado por salvar a su hermano.
"Ohh, ¡el drama!" murmuró para si misma mientras sus dedos jugueteaban con unas páginas de una novela sin llegar a leerla. No pasaron ni cinco minutos cuando sonó su celular.
"¿Alo, Rowena?" sonó la voz del alce desesperado.
"Aye." Respondió la bruja con una sonrisa asomando en las comisuras de sus labios. "Recibí tus mensajes, una situación bastante penosa y lamentable si me lo preguntas a mí."
"Bueno no te lo estoy preguntando." Replicó el alce cortante.
Rowena chasqueó la lengua. "Esa no es manera de hablarle a la única que persona que podría tener una solución para todos tus problemas."
El alce soltó un suspiro en la otra línea y se mordió la lengua.
"Aprende modales y vuelve a llamarme." Rowena cortó la llamaba.
Sam miró su celular con incredulidad. "Es en serio…" murmuró para si antes de volver a llamar.
"¡Rowena!"
"Aye? Te encuentras peligrosamente cerca de otra colgada…" la bruja dejó la amenaza colgar.
"No, no. Lo siento. Disculpa si sonó grosero." Se disculpó Sam a regañadientes.
Rowena soltó una risilla. "Eso está mejor. Ahora Samuel, ¿decía? Una situación muy desafortunada sin lugar a dudas."
"Al grano Rowena, por favor," añadió rápidamente "Dean dijo que Crowley le dijo que tú le dijiste que la marca es tan solo es una maldición y puede ser removida, ¿es eso cierto? ¿No estabas jugando con él?"
Rowena dejó pasar unos silencios para la tensión del momento antes de contestar.
"Aye, lo es."
Al otro lado de la línea pudo oír el suspiro de alivio que soltó el alce.
"Ahora bien, eso no quiere decir que vaya a hacerlo…" Empezó a decir.
"Rowen…" Interrumpió Sam.
"Sh sh, aprende a escuchar Samuel! Digo que podría hacerlo, por un precio claro está."
Sam asintió con la cabeza a pesar de que la bruja no podía verlo, ya lo había supuesto.
"Por supuesto, ¿qué es lo que quieres?"
"Me alegra ver que nos entendemos, pero no te lo diré por aquí. Muchos oídos podrían estar escuchando."
"¿Entonces dónde?"
"El restaurante cerca al motel donde os estáis hospedando"
"¿Cómo sabes dónde… olvídalo. De acuerdo."
"Mañana por la tarde, no llegues tarde." Dijo Rowena y colgó.
Tiró el teléfono al otro lado de la cama y se estiró como un gato, tensando y relajando los músculos. "Got ya!"
Puso algo de música con magia y se movió suavemente al ritmo de esta. Si los rumores de los Winchesters eran ciertos, Samuel haría lo que fuese por salvar a su hermano. "Score!"
La bruja pidió algo de helado con champagne a la habitación, era hora de relajarse pues mañana le tocaría trabajar.
Samuel por su parte apagó el teléfono con la sensación de estar haciendo un trato con el demonio, lo cual en se acercaba bastante a la realidad pues acababa de hacer un trato con su madre. Entró a la habitación y vio a Dean concentrado en el pie y su teléfono, no tenía ni que preguntar para saber con quién estaba hablando.
Dean levantó la mirada y su expresión recordaba a la de un niño cuando le atrapan tratando de robar dulces. "Oh esto, es…eh. Cas tenían nuevos datos sobre una colmena más allá y pensó que deberíamos saberlo."
Sam intentó sonreír pero la sensación de estar traicionando a su hermano no lo dejaba en paz. "Aja, seguro." Y se sacó la casaca para recostarse en su cama.
"Ah, okay." Dijo Dean y volvió a concentrarse en su teléfono y el pie.
Esa noche ninguno de los dos durmió bien, el hermano mayor distraído por cierto ángel en una gabardina y el menor por los sentimientos de culpa que lo devoraban entero.
Proximamente
"Espera, entonces tú eres una bruja?"
"Aye, eso es correcto"
"Ya… y eres la madre del rey del infierno?"
"Y eres de escocia."
"Sí…"
"Y tienes más de 300 años"
"¿Pero cuándo se volvió esto un interrogatorio?"
"No no, no es eso. Es solo que… eres tan diminuta."
Y creo que todos podemos adivinar a qué rubia le tocó pasar el resto de sus días convertida en un sapo.
Bueno no, pero más información en el siguiente capítulo (? Espero le guste y hasta la próxima XD
