Eran las 12 del día cuando Emma y Regina despertaron. Por un segundo ninguna recordó donde estaban. Solo que estaban juntas, en una cama, pero al moverse un poco Regina la cama rechinó, llevándolas de golpe a la realidad.

"Maldita sea." Murmuró Emma cubriéndose los ojos con una mano. "Casi esperaba que fuese un sueño."

Regina soltó una suave carcajada y se sentó. "¿Alguna vez tenemos tanta suerte?"

Emma metió la cabeza bajo la almohada. "Buen punto."

Regina revoloteó los ojos y le sacó las sábanas. "Arriba dormilona, tenemos que regresar a casa con Henry. ¿O ya se te olvidó en esa rubia cabecita tuya?"

"Es muy temprano y aún no he tenido mi café como para enfrentarme a tu mal humor." Emma sacó la cabeza de debajo de la almohada y la miró con ojos de perrito.

Regina suspiró. "No estoy molesta contigo, solo estoy preocupada por Henry." Recogió su reloj de la mesa. "Además ya son… ¡ya es mediodía!"

"Emma sal de esa cama y alístate, a ver si conseguimos comida y alguna pista en como regresar."

"Bueno, bueno." Emma bostezó y salió de la cama.

Regina ya se había metido al baño por lo que Emma se dedicó a ver su celular pero era inútil, no tenía cobertura. "Vamos a necesitar unos nuevos." Dijo y guardó los ahora inservibles aparatos.

Regina salió del baño ya lista. "Te espero y vamos a por la comida juntas, antes de que nos saquen de la habitación o nos cobren un día extra."

"¡Sí, señora!" respondió Emma en broma y corrió a alistarse.

No pasaron ni diez minutos cuando les tocó la puerta el dueño del motel diciendo que o desalojaban o pagaban un día más.

Ambas salieron más rápido de lo que canta el gallo.

Sam y Dean se despertaron casi al mismo tiempo. Ninguno dijo mucho, ambos preocupados con sus propios demonios interiores. Siguieron su rutina habitual y fueron a desayunar.

"Entonces, yo digo que hoy en la noche ataquemos el nido." Dijo Dean mientras devoraba unos panqueques.

"¿Hoy? No sería mejor estudiar un poco más el lugar, ver el mejor punto de ataque." Sugirió Sam, aunque en realidad buscaba una excusa para poder ir a reunirse con la bruja.

Dean detuvo el tenedor camino a su boca, lo regreso al plato y lo miró con seriedad fingida. "Le quitas la diversión, Sammy."

Sam soltó una carcajada controlada. "Mejor prevenir que lamentar Dean, tú y yo sabemos eso bien."

Dean pareció considerarlo y asintió con la cabeza mientras seguía comiendo. "Está bien. Iremos a explorar primero."

Sam asintió con la cabeza y tomó su jugo de frutas.

Dieron las 6 de la tarde y Sam se dirigió al restaurante adyacente. Se sentó en una mesa en una esquina y esperó por 15 minutos hasta que Rowena se dignó a aparecer.

"Linda tarde, ¿no crees, Samuel?" Saludó la bruja con una sonrisa que no alcanzó sus ojos.

"Rowena" Respondió Sam bastante tenso.

Ésta sonrió aún más y se sentó en la silla con delicadeza.

"Tengo entendido que tenemos negocios que discutir."

Sam asintió con la cabeza y no pudo evitar recorrer su cuerpo con la mirada. El vestido negro de la otra vez había sido reemplazado por uno azul con algunos brillantes y un peinado y maquillaje demasiado elegantes para un restaurante de segunda como aquel. Toda ella resaltaba, como una perla en medio del carbón.

"La marca."

Los ojos de la bruja brillaron con interés y se recostó en sus codos sobre la mesa.

"La marca que tortura a tu hermano y le impide morir."

Sam esbozó una mueca de frustración. "No estoy para juegos, Rowena."

Ésta tan solo soltó una carcajada. "Y yo no puedo hacer negocios con el estómago vacío, Samuel."

Sam tuvo que hacer uso de todo su fuero interno para no empezar a gritar de la desesperación allí mismo. En su lugar cogió el menú y sonrió tensamente. "¿Qué pedirás?"

"Pediría un whisky pero no confío en lo que tengan aquí, así que un vino tinto."

"Yo estoy bien así."

El mozo se llevó sus pedidos.

"Vaya Samuel, un hombre que se cuida. He de decir que siempre lo he admirado."

"Corta los juegos. Ya hemos pedido y vino no es comida."

"Ustedes Winchesters no saben divertirse." La bruja soltó un suspiro dramática. "De vuelta a los negocios. La marca es una maldición que pesa sobre tu hermano y como cualquier maldición puede ser eliminada. Es cuestión de conseguir la contramaldición o cura, como quieras llamarlo, adecuada."

Sam la miró con la esperanza brillando en sus ojos mientras el mozo servía sus pedidos, Rowena esperó a que este se fuera para continuar ya con la copa de vino en mano.

"Si no me equivoco la contra maldición que buscas está en el Libro de los condenados el cual ustedes tienen en su poder."

"¿Cómo lo…?" empezó a decir Sam para ser interrumpido.

"Soy una bruja, sé cosas. De todas maneras ese no es el punto. Incluso teniendo el libro yo no podría leerlo."

Sam dejó caer los hombros y se levantó para irse. "Sabía que esto iba a terminar siendo una pérdida de tiempo."

"No tan rápido, moose. Dije que no puedo leerlo, en su forma presente."

Sam se volvió a sentar. "Continúa."

"Nadia, la bruja que lo escribió, era un cerda arrogante y aparte de escribir el libro en su propia piel lo codificó para que solo sus ojos pudieran entenderlo. Por ello debemos conseguir el códex que traduce el libro y así podré leerlo sin problemas. Soy probablemente la única que pueda."

Sam asintió con seriedad. "¿Alguna idea de dónde puedo conseguirlo?"

La expresión de Rowena se llenó de profundo desdén. "Si yo fuera tú, empezaría a buscar en casa."

Sam la miró con confusión. "Los hombres de letras fueron quienes la mataron, si alguien tiene el códice o sabe dónde está son ellos."

"Y qué querrás a cambio?"

"Simple. Mata a mi hijo, Crowley."

"Hecho."

"Un placer hacer negocios contigo, moose, debo decir que eres mucho más civilizado que tu hermano."

"Rowena…"

"Okay, okay, no más provocaciones. Pero antes debo decir que vos estas pagando la botella."

"¿Qué?"

"A menos que quieras que ponga en práctica mis hermosas dotes de pago." Rowena señalo discretamente un embrujo. Sam la miró alarmado y la cogió de la muñeca.

"No. Nada de muertes de gente inocente."

La bruja le dirigió una sonrisa sardónica, se zafó de su agarre y retrocedió unos pasos hacia la puerta ante la mirada atónita de Sam.

"Quién diría que un hombre de tan buen porte pudiese ser tan terriblemente aburrido."

Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. "Llámame cuando encuentres algo."

En el mismo lugar, unas mesas más allá, dos brujas perdidas analizaban su situación.

"Yo solo digo Regina, esos tíos podrían sernos de ayuda."

"No, prefiero tomarme mis chances con alguien que no vaya a causar nuestra muerte por no medir su velocidad."

"Pero mira, ahí hay uno y se ve bastante civilizado." Emma señaló al de cabello largo que estaba sentado en una mesa en una esquina junto a una pelirroja.

Regina se encogió de hombros y siguió comiendo ignorando a Emma.

Cuando la rubia volvió a mirar la mesa de la esquina estaba vacía.

"Y se fue, vez Gina? perdimos nuestra oportunidad."

"Oportunidad? De matarte en su carro dirás."

Emma suspiró y se dedicó a terminar su hamburguesa en silencio.

Rowena salió del restaurante y esperó que el cazador se hubiese ido para volver a entrar. Avanzó con paso seguro hasta la mesa de las brujas extranjeras. Estas la miraron con la confusión pintada en el rostro cuando apartó una silla y sentó como si fuera dueña del lugar.

Una pena, todo el mundo estaba confundido hoy en día.

Rowena esbozó su mejor sonrisa.

"Buenas noches, señoritas. Me temo que no les han dado una bienvenida apropiada a la magia del lugar."