Post-nupcial

por sahel



Capítulo 2- Encuentro

Minato Namikaze era un hombre seguro de sí, inteligente y paciente, además parecía tener una fibra empatica que le hacía comprender las más intrínsecas y complicadas mentes; pero ninguna de esas cualidades le ayudaba ahora que tenía que lidiar con su testarudo amigo (otrora aprendiz). De presentir que obtendría de él sólo persistencia, jamás le habría contado de su extraña noche en Shinjuku.

-Es decir... -dijo de nuevo- Entiendo que quieras todo solucionado, pero...

Minato resopló por enésima vez esa mañana. Y eran sólo las 10 am. Kakashi Hatake su -supuesto- mejor amigo continuaba balbuceando una y otra vez sobre el pequeño, alcoholico y estúpido error que cometió con un desconocido casi dos semanas atrás. No debió decirle nada, pero los consecuentes días se encontró sumido entre juntas, papeleo y creciente trabajo, y necesitaba dejar zanjado el asunto. Por ello le había confiado a Kakashi lo sucedido, encargándole solucionar el problema. (Para algo era su mano derecha, no?) Excepto que, su amigo estaba de alguna manera convencido de que 'su problema' no era ningún error.

-No hay 'peros' en esto Kakashi.- sentenció finalmente harto y cansado del tema que parecía interminable para el de cabellos grisáceos.

-¿Por qué?-

Minato le miró serio con sus profundos ojos azules, al escuchar el reclamo en quejoso tono infantil. El otro se removió incómodo.

-Es sólo que no lo entiendo, Minato. ¿Por qué no lo buscas?

-Y yo no entiendo por qué insistes tanto con esto.

-¡Porque te casaste con el chico!- replicó entusiasmado, Minato rodó los ojos- Olvidemos por un momento que fue con un chico. Iniciaste un encuentro con alguien, a tal grado que no sólo interactuaste con esa persona ¡Te casaste con él! ¡Tú!

-Estábamos ebrios.

-No, no tanto como para no saber que hacías- Y ese era el punto importante en la racionalización de Kakashi. El hombre frente a él llevaba más de diez años en solitario; desde la prematura muerte de su esposa el rubio se había cerrado a cualquier tipo de relación. Sobre todo las íntimas. Se había dedicado a trabajar y educar a su pequeño Naruto, haciendo que las únicas personas con acceso en la vida de su maestro y amigo, fueran su hijo, su padre y él mismo.

A Kakashi le emocionaba que finalmente hubiera aparecido 'alguien' capaz de atraer la atención de Minato por más de cinco minutos, y por su cuenta correría que no le perdiera.

-Él no. Obviamente pensó que todo lo sucedido fue un error. Y yo, a diferencia de ciertas personas, sé entender las indirectas. -le miró significativamente- No es mi intención perseguir a alguien que no quiere ser perseguido, sólo porque piensas que no cometimos un estúpido error.

-Pero...

-¡Basta! Tengo suficientes problemas ahora Kakashi. No necesito más. Detén esta cruzada tuya de una vez y sólo soluciónalo.

Para fortuna del regañado joven, la puerta de la oficina de Minato se abrió justo en ese momento, entrando por ella Rin la joven secretaria de dirección, amiga de infancia de Kakashi y como él, antigua alumna del rubio. La joven se disculpó por la intromisión, y tras recibir una sonrisa y el asentimiento de Minato en señal de que podía proseguir, se dedicó a informar a su jefe de la atareada agenda de trabajo que tenía por delante. Cuando concluyó, luego de anotar algunas peticiones del rubio, dirigió su vista al otro ocupante de la oficina.

-Kakashi, tienes un cliente esperándote, desde hace una hora - retó la jovencita, con un ligero enfurruño en el rostro.

-¡Aah! Iba camino a mi oficina cuando una simpática anciana me interceptó en el pasillo y me pidió ayudarla con su paquetería... -musitó rascando su cabeza. Rin cruzó los brazos sobre su pecho y tamborileó sus dedos sobre uno de ellos. Minato meneó la cabeza en negativa, pero no pudo ocultar una leve curvatura en los labios.

-Anda a atenderle- instó Minato, su voz aunque modulada llevaba la implícita advertencia de no ser desobedecido. Kakashi se encogió de hombros y caminó hasta Rin, tomando el folder que ella le extendía donde sabía incluiría la información que necesitaba conocer de este nuevo cliente. Alguien que tras intensamente insistir durante la última semana, había finalmente logrado una cita con él. Bueno, era con el CEO Namikaze con quien había exigido entrevistarse, pero Kakashi era el filtro principal de la gerencia general; si no hablaba primero con él, era prácticamente imposible que pudiera ver al rubio.

Enarcó una ceja al leer la primera descripción del folder.

-Bueno, iré a perderme por el camino de la vida. -Levantó la mirada, hizo un gesto con la mano y se retiró.

Minato lo observó atento, no era común que el joven se apresurara a atender a los clientes. Aunque fuese insuperable en su manejo de los negocios. Soltó un ligero resoplo, ya después se enteraría de lo traía entre manos, por ahora necesitaba terminar algunos reportes antes de su primera reunión del día. Rin se retiró igualmente, luego de dejar sobre su escritorio una humeante taza de café.

Finalmente solo, Minato se dejó caer pesadamente sobre el sillón de cuero negro y se impulsó para girarla, cambiando la monótona escenografía de su oficina por la vista de la ciudad que ofrecía el gran ventanal de cristal a su espalda. En la privacidad de su solitaria oficina, se permitió tomar de su bolsillo el anillo de oro blanco con el que despertó aquella noche en Shinyuku. Se lo colocó nuevamente y admiró su mano portando la alianza. Era extraño mirarse con un anillo de bodas nuevamente; desde que Kushina había muerto no volvió a usar otro (ni siquiera aquel que ella le otorgó el día de su boda). Siempre pensó que sería un triste recordatorio de su difunta esposa, y por un tiempo lo fue; pero ahora, saber que ese anillo le unía de alguna forma a un misterioso y desconocido joven, le despertaba una curiosa sensación en la boca de estómago. Era casi excitante.

Resopló.

La voz de Kakashi se repetía una y otra vez en su cabeza, instándole a no dejar pasar la oportunidad.

Desde que sus ojos se encontraron por primera vez con la estilizada figura de ese joven, Minato no pudo quitarle la vista de encima. Aun ahora, semanas después y sin rastro de alcohol en su sangre, el recordar tan solo la manera en que su cuerpo se movía y la intensidad de sus ojos negros le erizaba la piel.

¿Qué lo había llevado a entablar plática con él? Curiosidad. Simple y sencilla curiosidad. Una curiosidad que a veces lo metía en problemas, pero que generalmente lo ayudaba a descubrir raras joyas entre un mar de cascajo. Ese joven, sin lugar a dudas, fue una de ellas.

Itachi... recordaba su nombre no sólo del certificado que conservaba, sino también de cuando el pelinegro se lo dijo y nunca antes, un nombre le pareció más adecuado para alguien. La atracción que sintió por Itachi no fue sólo física; cuando comenzaron a platicar le sorprendió gratamente encontrar una mente preparada, astuta y reflexiva que muy a pesar del consumo etílico nunca perdió su inteligencia. Había sido la personalidad intelectual del muchacho lo que le cautivó.

Se permitió una rala sonrisa en los labios, luego de tocarlos distraídamente, inconsciente del acto que realizaba.

Aun podía sentir su sabor en los labios. Ese intoxicante y único sabor que había probado sólo en aquella ocasión, pero fue suficiente para volverlo adicto. Quería volver a probarlo otra vez. Quería volver a besar esa boca que igual exigía que concedía placer. Quería volver a sentir aquel delgado cuerpo amoldar perfectamente entre sus brazos. Deseaba tocar aquella piel cálida, delinear sus formas y perderse por completo dentro de él...

¡Dios, estaba loco!

No era normal sentirse así de necesitado por alguien que había visto una sola noche. Kakashi tenía razón. Algo le había pasado con ese chico. Aquella noche, cuando sus ojos se cruzaron fue atraído, arrastrado por las pupilas oscuras del jovencito y se dejó perder en ellas y el hechizo que desataron sobre él. Su cuerpo se estremeció al recordarlo, y sin con tan sólo esa acción, su cuerpo reaccionaba, no sabía qué haría si le veía de nuevo. Esa era una de las razones por las que se negaba a buscar al joven como insistía Kakashi; la otra era el confuso estado en que toda la situación le tenía. El saber que no sólo tuvo sexo con otro hombre, sino que además de disfrutarlo como nunca, había terminado casado con él.

No quería ni imaginar lo que diría Naruto de enterearse...

A pesar de lo anterior, de su negativa y esfuerzo por dejar esta situación atrás, no podía sacarla de su mente. No podía sacar a Itachi de su mente. Miró nuevamente el anillo en su mano ¿Realmente quería perder la oportunidad de descubrir qué le sucedía? ¿Lo dejaría pasar, así como a así? ¿Sería tan cobarde?

Nunca.

La puerta de su oficina se abrió de pronto, Minato giró en la silla para mirar a un parcialmente asomado Kakashi entre ella. Un folder en su mano agitándose con algarabía.

-Hey, adivina quién a venido a buscarte...


Itachi entró a su oficina cerrando fuertemente la puerta tras él, efectivamente cortando lo que estaba diciendo (o por decir) su secretaria. Cada maldita reunión con los cabeza de familia siempre lo dejaban malhumorado y con ansia de asesinar a toda la linea consanguínea Uchiha. Eran las personas más egoístas, presuntuosas y sádicas que conocía. Sus labios formaron una mueca, en opinión de muchos, se acababa de describir a sí mismo. Maldita la educación que le dieron. Maldita la influencia que tenían sobre él.

Resopló apenas y se irguió de la puerta, dirigiéndose entonces a su escritorio, arrojando sobre el vanguardista mueble la carpeta de cuero negro que traía consigo. Una acción que le permitía liberarse un poco de su frustración y que sólo se dejaba hacer al estar completamente solo. El timbre de su intercomunicador se escuchó entonces, Itachi arrugó el ceño y alcanzó el aparato presionando el pequeño botón de parpadeante luz roja.

-Ahora no- ordenó tajante, sin permitir que su secretaria pudiera siquiera emitir sonido alguno. Cortó la comunicación. ¿Acaso la mujer no había entendido que no quería ser molestado? Agrió más el rostro, se desharía de ella si no fuera porque entrenar a un nuevo reemplazo era más trabajo del que merecía la pena.

-Espero no ser inoportuno - Dijo de pronto un voz gruesa a la espalda de Itachi. De inmediato se volvió sobresaltado por la inesperada voz, molesto tanto por la interrupción como por el no reconocerla. Sobretodo, porque la persona que habló debió estar dentro de su oficina mucho antes que él llegara y no lo notó.

Maldita mujer inútil, está despedida. Sus cejas fruncidas y la mirada de hielo en sus ojos negros listos en su faz para asesinar con ellas al intruso. Su expresión cambió, sin embargo, cuando sus ojos reconocieron al rubio frente a él.

Adorable... pensó Minato al ver la expresión de incredulidad y absoluto terror que los rasgos del jovencito portaron por unos segundos antes de ser cubiertos por molestia en su linda cara. Ese gesto adusto le sentaba bien, lo hacía ver increíblemente apuesto y como aquella vez en el bar, el rubio se sintió hipnotizado por esos bonitos ojos negros.

-Tú...-

-Yo.-

-¿Qué haces aquí? -La voz de Itachi se escuchó segura a pesar del bajo volumen en que fue emitida. Sintió el estómago apretujársele con fuerza cuando el rubio, dando unos cuantos pasos en su dirección, le paralizaba con sus intensas pupilas azules atentamente fijas sobre él.

-Me enteré que me estabas buscando.-dijo tranquilo, varonil y sugestivo. Itachi sintió su garganta reseca y las rodillas temblar, aquella voz era acompañada de la sonrisa más sensual que hubiera visto jamás. Ligeramente torcida, incitantemente húmeda y hechizantemente lenta.

-Y aquí estoy... -susurró Minato, alcanzando la cintura del pelinegro con un brazo, jalando y apresándolo contra su pecho. Los ojos de Itachi se abrieron desmesuradamente, el rubio había llegado a su lado en sólo segundos y ahora tenía su atractivo rostro a escasos centímetros del propio. Levanto las manos por instinto para empujarlo lejos; pero el otro, en fluido movimiento, se inclinó para eliminar la distancia y asaltó sus labios.

¿Qué demonios...?

Itachi lo hubiera dicho en voz alta si su boca no hubiera estado tan ocupada por el momento con la ruda suavidad de una lengua que separaba sus labios. En ese momento nada más existió, sus ojos se cerraron y se hundió en el beso con abandono. Sus alientos se mezclaron, sus bocas se encontraban en un beso ardiente, mojado y profundo, sus lenguas trabánsose desesperadas en una lucha por la dominación, por el placer. Enredó sus manos alrededor del cuello de Minato, sintiendo a la vez como la extremidad en su cintura se enroscaba más, posesiva, mientras que la otra se colaba por entre sus cabellos y la nuca, acercándole casi con violencia.

Un gemido escapó de entre los labios de Itachi cuando fue rudamente empujado contra el escritorio. Las manos del otro sujetaron con fuerza su cadera y le obligaron a sentarse sobre la superficie de cristal, empujándose de inmediato contra sus piernas. Itachi gruñó, pero no deshizo el contacto de sus labios, simplemente apartó los muslos siguiendo la petición del rubio.

Perdidos en el apasionado beso que compartían, sus cuerpos comenzaron a moverse el uno contra el otro en una exquisita y errática danza, sintiendo la obvia excitación del otro y disfrutando de la cercanía que -aunque no reconocieran abiertamente- habían anhelado sentir desde aquella (primera y única) noche juntos.

¿Qué estoy haciendo? Una pequeña parte de la mente de Itachi se cuestionaba incrédula lo que su cuerpo hacía; pero sentir aquel fuerte cuerpo contra el suyo, haber probado de nuevo los labios del rubio asaltándole, llenarse de ese aroma varonil mezclado con madera... ¡Dioses, estaba perdiendo toda cordura! ¿¡De qué otra forma podía explicarse el que estuviera enredado en esa candente sesión de besos con un completo desconocido, en su oficina!? No, no un desconocido es tu esposo, maldito cerebro traidor.

-Aah!!... - jadeó contra la boca que le asaltaba, incapaz de permanecer en silencio con el creciente estímulo que recibía. Necesitaba respirar. Los labios del rubio se apoderaron entonces de su cuello, llenando la pálida piel de húmedos y demandantes besos, que atrapaban trozos de piel para succionarla ávidos, mordisquearla y dejarla con un atractivo color rojizo.

El llamado a la puerta le despertó de aquel trance (como si un gran balde de agua fría le hubiese caído encima) Itachi inmediatamente empujó al rubio lejos de él, poniéndose en pie al segundo siguiente. Recuperando el control de su cuerpo y mente, el pelinegro miró severo al otro, con un creciente gesto de irritación en su rostro. ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué demonios estoy haciendo? Un nuevo golpe en la puerta terminó por sacarlo de aquel inanimado estado. Desvió su vista hacia la entrada de la oficina y con voz segura le hizo saber a quien llamaba que podía entrar.

Segundos después Shisui Uchiha, ataviado en un elegante traje negro, hacía su aparición en aquella tensa oficina, el pesado ambiente era imposible de no notar, intrigado, sus ojos se movieron escrutadores entre los dos hombres frente a él. Algo pasó. La voz fuerte y molesta de Itachi resonó entonces, y aunque sólo pronunció el nombre de su primo para exigir una explicación a su presencia (y a la del rubio), fue suficiente para arrancarle un casi imperceptible escalofrío al otro; Shisui enderezó la espalda y se disculpó.

-Creí que podría alcanzarte antes de que entraras aquí. Para advertirte... pero me fue imposible...

-Obviamente -Itachi cortó tajante, arrugando el ceño. Además de su inútil secretaria ahora sabía quién más pagaría por este incómodo y evitable momento. Shisui se aclaró la garganta antes de continuar, para su crédito, su voz no sonó alterada a pesar de las dagas que le enviaba con la mirada su primo.

-Si. Claro. Debí decirte antes que logré contactarlo.-se excusó encogiéndose de hombros- Aunque, querías encontrarlo. ¿cierto? -

-No. Te pedí que terminaras con este ridículo asunto. Nada más - respondió Itachi intencionalmente lento, mirando al rubio con ojos asesinos, en un silente reclamo por las acciones que apenas unos minutos atrás se habían llevado a cabo en aquel lugar. Minato le devolvió la mirada desentendido de la amenaza que recibía, incluso sonrió un poco. La boca de Itachi, en cambio, se curveó en disgusto.

Shisui enarcó una ceja al observar la escueta pero reveladora dinámica. ¿Su primo y futuro cabeza de familia, se permitía tan abierta expresión de enfado? Un momento... ¿Qué era esa marca roja que comenzaba a destacar en el cuello del pelinegro?

Oh, definitivamente algo ha pasado.

-Como sea, ya que ambos están aquí, por qué no concluimos este asunto -dijo Shisui cauteloso, caminando hacia el rubio y extendiéndole una carpeta. Analizando a Namikaze con disimulado ojo crítico, trató de encontrar detalles que respaldaran la conclusión que su cabeza ya formaba. Minato tomó el folder, agradeciendo al joven con un ligero cabeceo lo abrió y enseguida comenzó a leer los documentos que contenía.

Itachi dirigió sus pasos hacia la cómoda silla de cuero tras su escritorio, sentándose en ella con un grácil movimiento. Agradeció entonces, la estricta etiqueta con la que había sido criado, pues su cuerpo no dejó entrever lo necesitado que estaba del apoyo que le brindaba tan devaluado mueble. Aunque enfadado por la situación (y sobre todo la presencia de ese maldito rubio atractivo) era la confusa sensación de haber perdido total control de sí mismo al sólo mirar al otro, lo que le había dejado con endeble soporte.

-Hatake me proporcionó los datos civiles necesarios, pero asegúrate de que estén correctos. -señaló Shisui, mirando de reojo a su primo antes de extenderle una elegante pluma al alto rubio de ojos azules. Vale, aunque ebrio, Itachi no tiene mal gusto... -Sólo hace falta tu firma aquí y en las hojas marcadas. Todo quedará finiquitado entonces.

Minato sujetó la delgada pluma, más por cortesía que por el necesitar usarla. Levantó la mirada hacia Itachi unos segundos, notando su semblante serio y rígida postura. Desvió entonces sus pupilas azules al otro joven Uchiha.

-Kakashi no mencionó el porqué no firmé antes ¿cierto?- indagó el rubio con un deje de sarcasmo en su voz, conociendo a la perfección la respuesta a su propia pregunta. Shisui enarcó una ceja. Itachi entrecerró los ojos. Minato meneó la cabeza en resignado gesto. Colocó la plumilla sobre la carpeta y se las extendió de nuevo al joven abogado.

-Esta es una petición de anulación. Legalmente improcedente. Por el simple hecho que, para concederla, el matrimonio debe no haberse consumado.-Sus ojos se clavaron intensos en su joven esposado- Algo que nosotros hicimos. Tres veces esa noche. Y una más a la mañana siguiente.

Shisui abrió los ojos con incredulidad al escucharle e incapaz de frenarse, volvió su atención a su primo. El rostro de Itachi estaba rojo. Intensamente rojo. Segundos después, además, portaba un gesto de iracunda vergüenza en el mismo.

Itachi hubiera querido gritar algo ¡lo que fuera! Lo hubiera hecho, sí su garganta no estuviera cerrada entre inexorable cólera e inmensurable aturdimiento. ¿Quién se creía ese desgraciado rubio para soltar algo así? ¡¿Y frente a Shisui por todos los dioses?!

Su primo, sin embargo reaccionó antes que él y mejor de lo que esperaba (Shisui era leal, pero tenía una malsana fijación con él y penosas situaciones), se aclaró la garganta y regresó sus ojos al maldito rubio. Actuando totalmente profesional.

-Bien. Esos detalles son irrelevantes si ambas partes deciden omitirlos en la deposición. -dijo seriamente, aunque le divirtiera el embarazoso momento que atravesaba el otro, no podía por ningún motivo permitir que nadie se mofara de su futuro cabeza de familia- Como expliqué al Licenciado Hatake, la anulación es el mejor recurso al que podemos aplicar, evitaría la innecesaria intromisión por parte de terceros y ninguno de los implicados tendría que preocuparse de lo material.

Minato le escuchó con atención, sopesando cada una de sus palabras. Cierto que Kakashi le había dicho casi con exactitud lo que el joven de negro cabello recién comentaba; pero al escuchar la inflexión de su voz, las pausas y acentos en algunas palabras además de notar la manera en que Itachi parecía tensarse a la mención de que alguien más pudiese enterarse de lo sucedido, le dio una idea clara del motivo real del porqué de la propuesta. Estaba tratando con los Uchiha después de todo.

Enarcó una ceja y acarició el mentón con sus dedos índice y pulgar, pensativo.

-Entiendo. -comentó luego de unos segundos de tenso silencio entre los tres hombres.- Pero no accederé a una anulación.

Los dos jovenes de cabello azabache se tensaron visiblemente. Minato continuó antes de que alguno de ellos pudiera hablar

-Hay una alternativa...-continuó Minato, tan fresco como quien habla del clima, sus ojos volvieron a fijarse en Itachi- Aunque en lo personal no me agrade del todo, estoy dispuesto a considerar una demanda de divorcio. Pero sólo hablaré de eso contigo. En Privado.

Itachi arrugó el ceño. El cinismo de este simplón cualquiera había alcanzado sus límites.

-Fuera. -finalmente el pelinegro habló, levantándose de la silla de cuero. Orgulloso. Su tono de voz no dejaba espacio a que se discutiera la orden que recién espetaba.

Minato enarcó una ceja al escucharle y sus labios se ladearon, adoptando un gesto -un tanto- altanero en su rostro; aunque su cuerpo se estremeció un segundo con la intensidad del menor. Itachi se veía realmente atractivo con ese aire de peligro que lo envolvía al enfadarse. Se encogió de hombros.

-Estaré aquí por cuatro días más. Cuando te decidas, llámame - dijo despreocupado, dando la vuelta para salir de la oficina. Se detuvo un momento para mirar por sobre su hombro a Shisui- Podrá localizarme a través de Kakashi.

Sin decir más el rubio salió, cerrando con un suave click puerta de doble ala. Shisui se atrevió entonces a mirar a su primo, cuya aura asesina no podía ocultar. Itachi habló con frialdad en su voz.

-Contáctame a Kisame.

Shisui se estremeció al escuchar la orden.


continuará...

gracias por los reviews y las vistas ^^!!