Postnupcial

por sahel


Capítulo 3 - Consecuencias

Dejó la oficina con media sonrisa y un resopló incrédulo. ¿Qué le había poseído para 'asaltar' así a Itachi apenas lo vio? Minato no lo sabía, pero ya no podría negarse más a reconocer la increíble atracción que sentía por el moreno. Y sin ser presuntuoso, podría asegurar que el Uchiha también era afectado en similar manera por él. De no haber sido por la entrada del otro joven, Shisui, estaba seguro que habrían llegado a mucho más que sólo esas intensas caricias y apasionados besos.

Pasó una mano por su rubia melena, en un gesto de cansina derrota; reclamándose mentalmente por haber accedido a la petición (hostigamiento) de Kakashi para finiquitar personalmente su matrimonio. Ahora que Minato -en sus enteros cinco sentidos- había probado nuevamente el sabor de los labios de Itachi; ahora que lo había tenido entre sus brazos otra vez; que lo había sentido estremecer, escuchado jadear, inhalado su aroma...

Maldito Kakashi...

No. Ahora no estaba dispuesto a dejar ir al Uchiha sin pelear antes.

El rubio llegó hasta el corredor de elevadores, presionó el botón que indicaba hacia abajo y esperó; casi de inmediato la metálica puerta de uno de los ascensores se abrió frente a él y una sensación de dejavú le invadió al ver a la persona que salía del mismo. Lo reconoció de inmediato y se encontró, así mismo, reflejado en los oscuros ojos del hombre. Le analizó en sólo dos segundos, analítica y fríamente. El gesto de desprecio que estaba grabado en sus rasgos, mutó por un instante en sorpresa y oportunidad. Acababa de ser identificado.

Era lógico que le desconcertara su presencia en el lobby del piso de presidencia de su empresa; se habían visto en contadas ocasiones, y de las mismas, nunca cruzaron palabra. Los rubros de sus negocios no tenían nada en común, aunque ambos supieran de sus respectivas existencias al ser cabeza de las más importantes, bastas y exitosas compañías privadas de todo Japón. Minato sonrió cortes y extendió su mano en saludo.

-Namikaze, Minato. -dijo, y como supuso, las oscuras pupilas se dilataron con un brillo de oportunidad, al confirmarle su identidad.

-Uchiha, Fugaku -contestó el otro con seriedad y un deje de altivez; Minato recordó quién era ese hombre. El orgulloso líder del clan Uchiha y desde hace dos semanas, su suegro.

-Un placer. Creo que es la primera vez que nos presentamos formalmente. -comentó el rubio, luego de que su mano fuera estrechada por el Uchiha y regresara a su perímetro corporal, sana y salva.

-Ciertamente. Y por lo mismo, me intriga el motivo que puede tener el renombrado hijo de Jiraya y CEO de sus empresas, para encontrarse aquí, tan lejos de su sede.- inquirió el mayor, su mirada fría evaluándolo en todo momento, atenta a cada detalle de su cuerpo y palabras. Era bueno que el rubio estuviera acostumbrado al escudriño... y a la pesca.

Sonrió nuevamente.

-Le agradezco, Fugaku, su descripción de mi persona. Me honra el que alguien de su calibre me conozca, aunque esta sea la primera vez que intercambiamos palabra, es halagador. -replicó el otro con una muy ligera inclinación de su cabeza. El Uchiha curvó los labios apenas -satisfecho- sin duda el joven Namikaze sabía manejar sus palabras. Mentalmente aplaudió la diplomacia del rubio, admirando también su temple. Pocos eran los que se atrevían a sostenerle la mirada, y menos aún, los que no se retorcían ante su presencia cuando les hablaba.

-Hm. Aceptará, entonces, compartir más que este fortuito encuentro en el pasillo. No todos los días, se tiene la oportunidad de intercambiar palabras con el CEO de Namikaze Industries. -

-Lo lamento a sobremanera, Fugaku, pero debo declinar. Mi agenda está saturada por el día de hoy; este pequeño y programado detour, sólo se debe a la cortesía que debía extender a su hijo, ahora que estoy por unos cuantos días en la ciudad.

El Uchiha enarcó una ceja y el rubio pudo apreciar por segunda vez, la sorpresa en su mirada. La curiosidad asaltó tanto sus gestos como el brillo de sus ojos con obviedad; pero cual experto negociador, sabía que admitir su desventaja al ignorar el que su hijo y el Namikaze se conocieran no era favorecedor, así que prefirió omitir cualquier pregunta que lo delatara. Ya se encargaría de conocer los detalles de su querido hijo.

El celular de Minato emitió un pequeño zumbido que interrumpió al par. El rubio tomó su móvil y lo silenció en una rápida acción. Volviendo casi de inmediato su atención al otro hombre.

-Lo siento, Fugaku-san. Mi coche ha llegado -se disculpó Minato, extendiendo su mano nuevamente hacia el Uchiha para despedirse. De reojo pudo observar que uno de los guardaespaldas del pelinegro, se movía para presionar el botón del elevador.

-Por supuesto. -respondió cortante.

-Le solicité a Itachi me conceda un almuerzo mañana; entiendo que al ser inesperado no pudiera acceder. -comentó con simpleza, moviéndose hacia el ascensor- Aunque espero que pueda otorgarme el tiempo, y de ser posible, Fugaku-san, extiendo mi invitación a usted también.

-Le agradezco CEO Namikaze, cotejaré mi agenda y le haré conocer mi decisión al respecto.-

Tras un último intercambio de venias apenas notorias, Minato desapareció tras las puertas metálicas. Fugaku en cambio, arrugó el ceño y encaminó sus pies hacia la oficina de su hijo.


Itachi siguió al capitán de meseros hacia el área principal del restaurante, el hombre se deshizo en atenciones una vez dicho su nombre, le esperaban en definitiva. Entró al comedor con la mirada seria y su elegante porte derrochando superioridad, en el instante que lo hizo, exclamaciones de sorpresa y el ruido de vajillas desperdigándose en las charolas de metal se escucharon también. Una fina ceja negra se elevó curiosa del espectáculo que tenía en frente. Todo el salón lleno de clientes aparentemente congelados, algunos a medio bocado otros con la copa llegando al límite de su capacidad al ser servido. Itachi bufó quedo, estaba acostumbrado a que las miradas se posaran en él por dondequiera que caminaba, pero causar semejante impacto era ridículo, incluso para él.

Sorpresivamente, un atrevido brazo rodeó su cintura por la espalda y sintió replegarse en ella, un alto y bien formado cuerpo. Se tensó al instante, y no ayudó que el atrevido individuo, se inclinara sobre él para hablarle al oído con una voz intencionalmente baja. A pesar de ello, la reconoció.

-Hola hermoso, gracias por venir...-Itachi tembló involuntariamente al escucharle, mas no perdió ni un segundo el control expresivo de su rostro, mostrando absolutamente nada. Lo que si se permitió hacer, fue asestar un fuerte codazo en la caja torácica del rubio detrás suyo para separarlo de sí y apuntar su molestia. Minato se quejó apenas, no porque el golpe fuese débil al contrario, el delgado muchachito tenía más fuerza de la que aparentaba su figura, pero tenía que disimular.

-Caballeros, por aquí por favor -dijo el capitán de meseros, llevándolos a donde se localizaba su mesa, la que -Itachi notó- se encontraba justo en el centro del comedor. Una vocecilla en su interior le gritaba que algo no andaba bien con ello, pero no tuvo tiempo para meditar nada, pues el rubio ya le ofrecía el asiento y de inmediato también se acomodaba. Elegante como sólo él era capaz de ser, Itachi Uchiha se sentó frente a su error de borrachera, quien ahora sabía -no sin falta de sorpresa- se trataba nada menos que de un Namikaze.

Maldito Shisui que no le informó antes, y le hizo quedar como idiota frente a su padre, cuando éste, le reclamó no informarle el 'conocer' al empresario. ¿La justificación de su primo? 'Me pediste, enfáticamente, no molestarte con detalles del asunto, excepto para indicarte que estaba resuelto.' Maldito Shisui...

-¿Algo para comenzar, talvez vino? -preguntó cortés el mesero. Minato fijó su vista en Itachi, quien le devolvía la mirada desafiante y sin aparente intención de pronunciar palabra; parecía que esperaba a que él hablara para evaluar su selección. El rubio sonrió.

-Château Margaux del 59 -dijo con seguridad y sencillez, que no por ello resultaba menos imponente. Itachi se recordó a si mismo el respirar cuando esos ojos rasgados, de un azul único, se posaron en él con total atención.

-Lindo lugar ¿no te parece? El diseño corrió a cargo...

-Señor Namikaze, no vine a socializar. -cortó el otro, frío y compuesto- Estoy aquí, exclusivamente, para concluir los términos 'del contrato' que no finiquitamos el día de ayer. Estos son negocios y nada más.

A Minato no le pasó desapercibida la forma en que el Uchiha bajó el tono de su voz y hesitó, casi imperceptiblemente, cuando mencionaba su 'contrato matrimonial'. Sonrió nuevamente y tranquilo, sin prisa, tomó un sorbo del delicioso vino tinto que había pedido, mientras su mirada se dedicaba a admirar cada detalle del joven que tenía enfrente. Itachi se sintió incómodo, el rubio no decía nada sólo lo observaba, pero ni su cuerpo, ni su rostro, mostraron indicio alguno de que el intenso escudriño al que estaba siendo sometido, le afectaba.

-Dime Itachi ¿Has considerado no rescindir nuestro... contrato? -preguntó finalmente luego de varios minutos de silencio. El moreno arrugó el ceño ante la pregunta.

-¿Ve usted alguna ventaja en continuarlo, Señor Namikaze?

-Talvez tú no la veías, porque desconocías mi posición en esto, pero ahora la conoces- Aseveró el rubio con una sonrisa sagaz en los labios. Por supuesto que se había dado cuenta que el Uchiha no tenía ni idea de su nombre cuando se vieron; la actitud displicente y arrogante con que le trató daban cuenta de ello. Y aunque fueran una familia conocida por su altanería, Minato sabía, que su apellido, era uno de los pocos capaz de menguar al distinguido clan. Disfrutó el momentáneo bochorno del pelinegro, pues aunque intentó ocultarlo el sonroje de sus pálidas mejillas le delató.

Maldito, maldito Shisui...

-¿Por eso la actuación de ayer? -le desafió Itachi, enarcando una definida ceja negra.

-Touché... -rió divertido- ¿Qué opinas de ello?

-Shishui cree que debido al tipo de audiencias que conlleva una anulación, resulta más factible sólo presentar... lo que usted propone. Aunque no se explica porqué no pudo discutir eso desde un inicio; cree que como buen adinerado caprichoso, quizá está acostumbrado a hacer que otros pierdan su tiempo en estúpidos juegos sin sentido, por simple egoísmo vanal.-

Si, eso fue lo que su primo dijo; pero Itachi sabía, que Shisui sabía, que eso era lo que quería escuchar para justificar el mal rato que el rubio le hizo pasar.

-Pero tú no crees eso-

-¿Cómo lo sabe? -

-¿Por qué estas aquí entonces?-

-¿Por qué me pidió encontrarlo aquí?-

-¿Curiosidad?-

-¿Sobre qué?-

-¿Alguna vez contestas a las preguntas que se te hacen? -

-¿Lo hace usted?-

Minato sonrió, dejando escapar una jocosa exhalación. Se daba perfecta cuenta de que este joven frente a él, no sólo era un habilidoso e inteligente hombre de negocios, estaba además -y obviamente- empapado de recelosa molestia. Y aunque el enfado acentuaba la singular belleza que poseía, ganarse su enemistad no entraba en la ecuación, no sí deseaba conseguir algo más del Uchiha.

Quizá sería bueno comenzar por el principio...

Y la imagen de ese joven desnudo y gimiendo debajo suyo, fue el principio que de inmediato apareció en su mente.

¡NO! Minato pasó la mano por su rubia cabellera, haciendo en el proceso que la mirada obsidiana paseara también por los movimientos que hacía el otro. Le resultaba intrigante la manera casi irreal con que cada dorado cabello se re-acomodaba en la despeinada sedosa melena, que poseía un inequívoco grado antigravedad. Los mechones parecían ir cada uno por donde deseaba y sin embargo, lucía perfectamente peinada, enmarcando el varonil rostro de angulares quijadas y tersa piel aceituna. Los carnosos labios de un irreal tono malva... apetitosos... se curvearon de pronto...

Itachi arrugó el ceño y viró la mirada hacia los ojos azules que le observaban atentos y complacidos. Lo había descubierto.

Maldito rubio desgraciado, no se...

-Lo lamento.

¿Qué? Trastabilló mentalmente Itachi, aunque su rostro no mostró signo alguno de confusión.

-Sabía que no aceptarías verme por voluntad propia -aclaró Minato, agradeciendo con un movimiento de cabeza el servicio de los meseros que depositaban sus platillos sobre la mesa.

-Es verdad. No vendría -concedió Itachi luego de unos segundos de silencio -Aunque eso no justifica que saliera corriendo a quejarse con mi padre-Minato parpadeó. Si bien era un reclamo, el tono con que habló el Uchiha podría clasificarse como desenfadado, más que cualquier otra cosa. Talvez era su manera de aceptar la disculpa que le ofreció el rubio.

-Un poco infantil de su parte ¿no lo cree, Señor Namikaze?-

-Sin embargo, efectivo -apuntó el otro con un inequívoco aire de victoria y la mirada destellando encanto. Itachi sintió un extraño cosquilleo en el cuerpo con ello. Minato insistió entonces en que disfrutaran de la comida y aunque el pelinegro realmente no tenía hambre, le pareció una excelente oportunidad para desviar la atención y recuperar el temple que la simple presencia del rubio le robaba.

A Minato le incomodó el silencio que se impuso entre ambos, así que tomando la iniciativa comenzó a platicar con el joven pelinegro. Itachi parecía no tener intención de involucrarse en lo que el otro parloteaba, pero no podía evitar escucharle y admitía, que no le resultaba nada insulsa su conversación. Minato, el Uchiha reconocía, poseía un aterciopelado barítono en su voz, uno que resultaba por si mismo agradable; pero cuando a esa tesitura se sumaba la perfecta dicción que tenía, la cadencia con que pronunciaba sus palabras y la agudeza con que las empleaba; escucharle hablar resultaba atrayentemente fascinante. Sin darse cuenta, comenzó a intervenir en la plática, validando algunos de los puntos que el ojiazul comentaba o presentando firmes argumentos de su contraria posición en otros. Sin esperarlo, ya se habían enfrascado en un delicioso y estimulante debate sobre estrategias económicas, política internacional y las últimas investigaciones científicas; un hobbie que ambos descubrieron tenían en común.

El celular de Minato comenzó a vibrar en su bolsillo, interrumpiéndolo justo cuando rebatía la renuencia de Itachi a validar los nuevos resultados de antioxidantes y células madre. Emitiendo una disculpa, el rubio contestó la llamada y aunque fue sólo un minuto lo que tardó, fue suficiente tiempo para que el joven Uchiha recuperara la cordura. Luego de reprenderse mentalmente por caer seducido con un montón de palabras bonitas, Itachi volvió a mostrar su careta altiva y calculadora; esa que usaba siempre en las reuniones de negocios o los consejos de familia. Tuvo que recordarse que estaba frente al rubio para conseguir la disolución de su enlace. Debía obtener la conclusión. Nada más.

-Disculpa, tenía que contestar, mi hijo...-

¿Hijo?

-Señor Namikaze - interrumpió, Minato le miró desconcertado por el cambio de humor del joven y enarcó una ceja curioso- Creo que ya perdimos mucho tiempo y al igual que usted, también tengo una agenda que cumplir.- Itachi puso sobre la mesa y al alcance del rubio una carpeta de cuero grabada que Minato reconoció de inmediato; y aunque estaba seguro que los papeles que contenía eran diferentes a los últimos que había leído en ella, aun así decidió tomarla y ojear su contenido. Para frustración del Uchiha, dejó de lado el folder mientras negaba con la cabeza.

-No hemos discutido los pormenores de nuestro divorcio - replicó Minato e Itachi arrugó el ceño al notar el descuido con el que el otro hablaba.

-Cada parte renuncia a solicitar remuneración, de cualquier tipo, y mantiene intacto el capital con que contaban antes del contrato- repuso el pelinegro, parafraseando el contenido de la demanda. Una separación de común acuerdo y sin peticiones de compensación, el Namikaze no debería tener objeción a eso.

-No me refiero a los términos de la separación de bienes -dijo el rubio- El matrimonio es algo serio y merece respeto. Para mí tiene valor, esto no es sólo una transacción mercantil Itachi.

-Estaría de acuerdo con usted, si hubiese existido uno para comenzar- Renegó con la mandíbula apretada, acaso no le preocupaba al Namikaze que alguien más se pudiera enterar de lo que hablaban. En el mundo en el que se desenvolvían, siempre había ojos y oídos atentos a cada paso que daban.

-¿En verdad crees, que esto no es más que un error de copas?

-¿Debería ser algo más?

-Podría serlo. -aseveró Minato, inclinándose hacia el joven y atreviéndose a alcanzar la delgada mano del Uchiha que permanecía sobre la mesa, regalándole una suave caricia que estremeció al moreno en más de un sentido. El asombro y molestia de Itachi no tardaron en reflejarse en sus ojos negros, que brillaron con furia y desagrado. Se soltó desdeñoso del contacto.

-¿Qué demonios cree que hace?

-¿Qué pasa, acaso hay algo malo en tomar la mano de mi marido? -Los ojos del pelinegro viraron nerviosos alrededor, comprobando que nadie había escuchado la vergonzosa oración; el otro continuó sin ápice de moderación- Soy un romántico empedernido Itachi, quisiera darle una oportunidad a este matrimonio antes de renunciar a él.

-Basta. No sé que clase de juego pretende conmigo, pero no voy a prestarme a él, ni a tolerarlo más -sentenció el Uchiha en un siseo contenido, levantándose de inmediato y empujando sonoramente la silla donde había estado sentado. Minato sujetó su brazo con un agarre firme, que al pelinegro se el antojó de hierro por la forma en que lo inmovilizó, sin darle oportunidad de huir, y lo maldijo mentalmente.

Los comensales giraron su atención hacia ellos por el ruido producido, tanto por el mueble, como por el desplante que protagonizaba el joven. El rubio no se había levantado y al mantenerle quieto, en las posiciones que tenían, evidenciaba el que 'algo ocurría en la mesa donde estaba el Uchiha'. El pelinegro alcanzó a escuchar que murmuraban y maldijo nuevamente al rubio. Por eso había seleccionado esta mesa, porque sabía que podría presentarse ésta situación y que él sería reconocido; los Namikaze se mantenían tan alejados del ojo público, que contada gente podría reconocer a alguno (no así los Uchiha). Itachi mismo no supo que se había topado un uno, hasta que fue demasiado tarde. Maldito rubio astuto, sabía que ante todo, Itachi trataría de mantener el buen nombre de su familia.

-Por favor. Sólo escucha lo que tengo que decirte, es todo lo que pido -dijo Minato tratando de conciliar y aplacar el evidente molestia que sentía el menor. Sin despegar su intensa mirada cerúlea y sin soltarlo, pues estaba seguro que saldría corriendo tan pronto como se viera libre, Minato se puso de pie lentamente; aguardando por una respuesta del pelinegro.

Itachi no sólo estaba meditando la proposición, recordaba la autoritaria voz de su padre advertirle que no estaban en posición para rechazar cualquier encuentro con Namikaze; ofenderlo y disgustarlo.

"El desgraciado pero astuto Jiraya logró desbancar a Madara y colar a su vástago en el gobierno; Namikaze está por tomar el mando del comité de proyectos en el Departamento de Seguridad Nacional. Itachi, sabes bien que ese comité aprueba presupuestos y compras tanto de la milicia como de cualquier tipo de seguridad gubernamental. Lo que quiere decir, que ese hombre estará a cargo de rechazar o continuar nuestro contrato. No me importa cómo lo conociste, ni lo que tengas que hacer de ahora en adelante, sólo asegúrate de mantenerlo complacido con los Uchiha. ¿Está claro?"

-Bien. -El pelinegro apretó la mandíbula y resopló apenas perceptible; dejó que sus profundos ojos negros desafiaran nuevamente al rubio, tiró de su brazo y esta vez Minato le concedió la libertad.

En mudo acuerdo los dos hombres abandonaron el restaurante, ignorando las murmuraciones que su momentánea disputa pudo haber suscitado. Entraron al ascensor y el silencio se hizo pesado. Minato sabía que estaba corriendo un gran riesgo al presionar así al jovencito, pero tenía que aprovechar la oportunidad.

Itachi, por su lado, cerró los ojos e ignoró la presencia del rubio. Era lo único que podía hacer para calmarse, esperando a que el elevador llegara a su destino. Cuando las puertas se abrieron, no le sorprendió que frente a él estuviera un lujoso recibidor. Estaban en el penthouse.

Siguió al rubio que guiaba el camino. Se adentraron a la habitación e Itachi, echó una rápida mirada al lugar. Era amplio de una elegancia minimalista y ¡oh sorpresa! estaba desierto salvo por ellos. Arrugó un poco el ceño y dejó salir el aliento pesadamente. Minato, se había movido hasta el centro de la estancia y ya se deshacía del blazer que había estado portando, dejándolo descuidadamente sobre uno de los sofás. Itachi siguió su ejemplo, se acercó con pasos lentos y seguros, mientras iba quitándose en gracil movimiento la gabardina negra que usaba.

Sus manos no se preocuparon en sujetar la prenda, ni en dejarla en alg·n lugar que no fuera el piso; ellas pronto alcanzaron la tela de la camisa que Namikaze portaba, se empuñaron en ella y tiraron del rubio con seguridad. La sorpresa en el rostro del otro, un aliciente que casi valφa la pena del momento.

-¿Itachi, qué esta---?-

-Cállate - Itachi ordenó con firmeza, una de sus manos se ancló en la rubia melena de Minato, justo cuando la boca del joven allanaba la suya. El contacto no era precisamente como algún otro que hubieran compartido antes, no era permisivo o tentador. Itachi mancillaba la boca de Minato, áspero e implacable, forzando su camino entre esos labios para conquistar su interior. Tomando la iniciativa, dejando que su lengua se moviera por completo sobre los labios del otro, probando el sabor del rubio. Minato -sorprendido y embelesado- no parecía hacer nada para protestar, y aunque sentía su pecho contraerse, se encontró a sí mismo respondiendo sin inhibición. Ardientes labios se deslizaban uno contra otro, inclinando el cuello para presionar más sus bocas, profundizando el beso. Elevó los brazos, y los enredó en la delgada figura de Itachi, pegando sus cuerpos por completo.

Itachi se estremeció. Minato era tan diferente, a sus previas (y contadas) parejas, le desconcertaba a la vez que le excitaba ser el más bajo de los dos, aunque justo ahora no podía encontrar alguna razón para quejarse. La adrenalina y electricidad que recorría cada célula de su cuerpo al sentir como encajaba a la perfección contra Namikaze, el tener que levantar la cabeza para encontrarse con su talentosa boca, la manera en que los brazos del rubio le sujetaban; la manera en que sus propios brazos descansaban sobre fuertes y amplios hombros... podía sentir el movimiento y flexión de los músculos bajo sus dedos.

Sintió las manos de Minato sujetarle con mayor fuerza, mientras lo iba empujando con su cuerpo hacia el interior del apartamento y tuvo que admitirse, que le encantaba la manera en que era manejado por el fuerte rubio. En un rápido movimiento se encontró de pronto izado y contra una pared, instintivamente rodeó el cuerpo del otro con sus piernas y brazos, permitiendo al rubio el mover sus manos con libertad. Y Minato no desaprovechó la oportunidad, con vivaz energía sus dedos se colaron por entre sus cuerpos, alcanzando y trabajando la camisa de satín que usaba Itachi, para abrirla tanto como le era posible y tener a la disposición de sus sensibles yemas la tersa piel del Uchiha. Ansioso, cambió los expertos labios del moreno por la perfecta curva de su cuello, dejando que su boca se divirtiera explorándolo hasta la base, en donde se entretuvo succionando la piel, mordisqueando el hueso juguetón.

Itachi inhalo profundamente, arqueando el pecho para obtener más del toque de Minato, tanto de sus dedos como el de sus labios; echando la cabeza hacia atrás, enterrándola casi contra la pared para darle más acceso y continuar sintiendo esa increíble sensación. Sus manos entonces se movieron por los amplios hombros del rubio, tiraron del cuello de la camisa sin cuidado alguno de arrancar algún botón, sólo ansiosas de colarse debajo de la tela para sentir la cálida piel en contacto directo con sus dedos. Sintió los redondos hombros, los formados bíceps y tuvo que gruñir frustrado cuando no pudo bajar más la tela, los codos del rubio se lo impedían.

La lengua de Minato comenzó a recorrer el delgado y tentador cuello de Itachi; le gustaba, su forma, textura y la manera en que se retraía nervioso al pasar saliva. Sonrió, alcanzando la unión de la mandíbula, con el oído y el cuello; plantó sus labios sobre el sensible punto y comenzó a torturarlo. Paseó la lengua con languidez una y otra vez, sus dientes arañaban la tersa piel volviéndola aun más sensible.

Un quedo gemido escapó de los perfectos labios de Itachi. El Uchiha sintió su rostro calentarse, aun más de lo que ya estaba, le resultaba embarazoso jadear de esa manera por las atenciones del rubio. Cuando aceptó el almuerzo, cuando aceptó subir con él a su habitación, sabía bien que Namikaze tenía como objetivo final llevarlo a la cama nuevamente. Sabía que tanto su padre, como el rubio estaban aprovechando su posición para obtener cada uno lo que buscaba a través de Itachi. Por eso tomó la iniciativa, ya no quería perder más tiempo hablando, cuando la transacción, sólo requería sexo. Quería terminar con esto, para poder retirarse. Sin embargo, Minato estaba resultando mucho más determinado en que ambos gozaran del momento de lo que espero...

Podría haber sido mucho peor... Itachi cerró los ojos, si tendría que venderse para conseguir la firma del maldito rubio, al menos, disfrutaría de él tanto como pudiera.

Itachi empujó su cadera contra el cuerpo que le sostenía, logrando que sus pelvis se frotaran y apretaran una con la otra; el grave gemido que emitió Minato con la acción excitó al moreno. Tanto como el susurró ronco y lleno de deseo con el que pronunció su nombre. El rubio levantó el rostro, sus labios buscaron desesperados los del otro, alcanzándolos para enfrascarse en intensas caricias, cosquilleantes trazos de su lengua sobre los labios, partiéndolos para devorar el fuego que habitaba en el interior de la boca del Uchiha y al cual Minato se había hecho adicto.

Itachi sólo pudo gruñir en respuesta, sucumbiendo a las demandas del rubio. Se restregó contra él nuevamente, usando el apoyo de la pared para empujarse contra Minato y lograr que se moviera. El rubio interpretó bien la petición del moreno. Envueltos en una conjunta rutina de manos y besos, ambos lograron moverse de la antesala hacia la habitación, dejando en el camino un regadero de ropa que a ninguno le importó.

Se lanzaron a la cama apenas entraron en la habitación, y renuentes a separar sus labios o dejar de tocar sus cuerpos, prometía que su estancia sobre el mullido colchón estaría cargado de mucho más que un sincronizado sueño, ahora que la barrera entre sus pieles había quedado vencida. Minato aprovechó entonces la extensión de esa piel pálida, asaltando el torso desnudo, explorando toda la llana y firme extensión con sus dedos, mientras el otro se dejaba llevar y de igual manera acariciaba la espalda de Minato con dedicación.

El rubio, aun distrayéndolo con los besos que deleitaban su paladar y aceleraban el pulso de Itachi, cuando los labios del mayor hacían contacto con sus pezones, se colocó entre sus piernas; para luego sentir la unión de sus labios más abajo en su estómago, el cosquilleante y enloquecedor movimiento de su lengua juguetear con su ombligo. Lo besaba con tal cautela, con una desesperante lentitud que estaba impacientando al Uchiha, tanto, que alcanzó la rubia cabellera para acelerar el camino hacia el deseoso miembro entre sus piernas.

Pero Minato no cedió, se decidió a tomar el miembro del moreno en su mano, y éste no pudo evitar el ahogado gemido que escapó de sus labios, al sentirse envuelto en la firme y cálida palma del rubio. Por instinto se arqueó contra el fornido cuerpo sobre él, concentrado únicamente en la estremecedora sensación de placer que comenzaba a recorrer cada célula de su cuerpo.

-Itachi... -el pesado y caliente aliento de Minato chocó contra su oído- ¿Sabes cuántas veces he fantaseado contigo?...

-Deja de hablar... y muéstrame... -replicó con el aliento entrecortado, olvidando todo pensamiento previo sobre el porqué de la situación en la que estaba. Todo lo que sabía, era que tenía a un magnífico ejemplar de hombre, vivo, respirando y encaramado junto a él, cual fantasía sexual hecha realidad entre sus muslos; tocándolo de manera extasiante, en sus partes más íntimas, con sus hábiles manos. No era sólo la atención que estaba recibiendo del rubio; cada caricia, cada beso que le prodigaba estaban llenos de sincera atención, lleno de cuidado por compenetrarse con él, por hacerle disfrutar el momento.

Gimió sin poder evitarlo cuando la cadera del rubio se frotó con la suya y las erecciones de ambos se encontraron. Itachi elevó la pelvis en respuesta y la fricción que trajo con ello electrizó el aire entre ellos, desprendiendo miles de voltajes placenteros por sus cuerpos.

No hubo más dialogo entre ambos, no lo necesitaron tampoco. Minato asaltó de nuevo la boca del Uchiha que se entregó por completo al beso que le era demandado; mientras Itachi abría sus piernas. Con un cuidado que el moreno no esperaba, Minato deslizó uno de sus dedos dentro de la abertura de Itachi; el moreno arrugó el ceño ante la inicial molestia, pero no duró demasiado. El rubio tenía en verdad una manos prodigiosas, en sólo instantes y sólo con sus dedos ya estaba llevando al Uchiha al límite de su resistencia. Itachi se removía ansioso, sus labios enganchados con los del rubio dejaban escapar jadeos y pesadas respiraciones, mientras se abocaban a succionar y profundizar los fogosos besos que compartían; los brazos se aferraban al cuello del rubio, a los hombros, a los brazos, a todo lo que pudieran alcanzar sus manos, para sostenerse mientras flexionaba y elevaba las piernas, permitiendo que un grueso, húmedo y cálido falo comenzara a abrirse espacio entre sus nalgas.

Un ahogado jadeo acompañó tal acción, y la sensación de aquel miembro adentrándose en su interior resultaba escalofriantemente placentera. Ahora, en sus completos cinco sentidos, el sexo con Minato era mucho mejor de lo que recordaba haber experimentado jamás. Gimió por el éxtasis que crecía dentro de él al ser llenado por el rubio, una vaga vocecilla le repetía que embonaban a la perfección y que esa reflexión no era la primera que tenía al respecto. A Itachi no lo importó, se concentró en el rítmico balanceo que impuso Minato. El movimiento fue incrementando a medida que el calor dentro de ellos los consumía, ninguno esperó sentir jamás las sensaciones que experimentaban al estar juntos.

Tras una certera embestida de Minato, el joven heredero pudo sentir ese punto especial dentro de él golpeado, una y otra vez, logrando hacerlo ver blanco, estremecer hasta el último cabello y los dedos de sus pies apretarse desesperados. El rubio también parecía afectado, si el entrecortado aliento y aperlada piel indicaban algo. Minato aceleró sus movimiento y pronto Itachi fue colmado de la cálida esencia del rubio. El que se estremecía sobre él, repitiendo cual mantra su nombre, con una necesidad de él que resultaba abrumadora. Pronto él también alcanzó el clímax y liberó su propia tensión y deseo, acompañado de un potente gemido.

El peso del cuerpo de Minato cayó sobre Itachi unos instantes después, mientras ambos aun se dejaban llevar por la orgasmica sensación de la culminación. El rubio salió del joven pelinegro con cuidado y se tumbó a su lado para descansar, mientras Itachi -sin pensarlo- se acomodaba sobre su pecho, dispuesto a mantener contacto con ese hombre que acababa de hacerle sentir completamente extasiado y que le abrazaba tiernamente, dejando un suave beso en su frente.


Abrió los ojos y sintió que estaba viviendo nuevamente un recuerdo creado hacía casi tres semanas atrás; excepto que esta vez sabía exactamente quién era el rubio dormido a su lado y no tenía una resaca que le afectara. Itachi arrugó el ceño un segundo antes de frotar sus manos contra el rostro para despejar cualquier resto de somnoliencia o enfurruño.

Se levantó de la cama y recogió sus ropas. Juzgaba que, por la luz que se colaba por la ventana de la habitación, apenas estaba anocheciendo. Minato se removió sobre el colchón, atrayendo la mirada oscura del Uchiha sobre el perfecto cuerpo que poseía. ¡Maldito rubio sexy y su maldito cuarpo! Itachi tuvo que obligarse a recordar que sólo era una transacción lo que había pasado nada más. Algo que finiquitaría cualquier tipo de relación con ese hombre.

Se enfundó sus ropas y salió de la habitación, buscó su celular y encontró varias llamadas y mensajes pendientes, la mayoría de Shisui. Colocó una nota sobre su carpeta de cuero negro y la dejó a la vista del dueño del lugar. Arregló sus ropas y se dirigió hacia la puerta del elevador. Arrugó el ceño, mientras marcaba el número de su primo.

Tenía trabajo que hacer.

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.

.

continuará...

Muchas gracias por las visitas y a los que han dejado un review, me alegra que les guste este fiki. Cualquier comentario o duda, es bienvenida. GRACIAS!! ^^