eMuchas gracias a todos los reviewers que me han dejado un mensajito, espero que algunas de sus dudas se aclaren en este capítulo.
Disculpas por la tardanza… trataré de que no vuelva a pasar.
Post-nupcial
por sahel
Este fiki está dedicado a Kea Langrey y a Zusaku! Gracias por la inspiración moshas.
Capítulo 4 Celestina
Itachi abordó un elegante y deportivo auto negro con agilidad y ese aire aristócrata que jamás le abandonaba, la puerta cerró tras él y segundos después, el alto mulato que la había abierto, se sentaba a su lado en el puesto de piloto. Comenzaron enseguida su transito hacia el flat privado de Itachi, en el área más exclusiva de Tokio. Transcurrieron varios minutos en completo silencio antes que alguno de los dos hombres pronunciara palabra. Itachi miraba por la ventanilla con una mueca vacua en el rostro y si cualquier otro fuera, no podría notar la ligera curvatura inversa en sus labios o las suaves lineas de expresión que adornaban sus ojos y pronunciaban las peculiares (y eternas) ojeras que poseía. Pero Kisame no era cualquier persona, oh no, el derogado militar y exconvicto, tenía años de ser el escolta personal del joven heredero y cuando se presentaba la ocasión (rara, pero existente) algo más que su íntimo guardaespaldas.
Una mueca ladina se formó en el rostro del mulato, dejando a la vista sus peculiares dientes puntiagudos (los que se mandó forjar él mismo por su obsesión con los tiburones) Itachí podía lucir todo lo molesto e indiferente que quisiera, esas marcas en su cuello y la postura ligeramente incómoda con que se sentaba, le eran inequívocas señales de las actividades que había estado realizando. Como si supiera la índole de sus pensamientos, el heredero arrugó el ceño.
-Déjalo - musitó, pero su voz ronca aunque en susurro era potente y autoritaria como ninguna otra para Kisame. Claro que eso no evitaba que provocara al pelinegro.
-¿Malhumorado? ¿No te gustó cómo coge? - rió burlón- Sabes que siempre estoy dispuesto a ayudarte con eso... -
Itachi apretó los labios y le dirigió una mirada irritada en advertencia. Kisame rió nuevamente, en apariencia despreocupado, pero sabía bien cuando no presionar los botones del otro. Uchiha Itachi podía parecer frágil pero no lo era.
-Ya. No podía evitarlo ¿puedes creer que el tipo ha estado en celibato autoimpuesto desde hace más de una década?-
Una delgada y bien definida ceja se arqueó.
-Encontraste lo que Shisui no fue capaz -comentó Itachi observando el asentimiento del otro y su mueca de satisfacción- Habla.
-No fue nada fácil localizar informantes ¿sabes? Voy a querer algo extra a cambio -replicó el moreno sardónico.
-Recibirás la paga justa - accedió Itachi y Kisame sonrió más.
6:55 am e Itachi ya traía una clara nube negra sobre su cabeza. Entró a su oficina meditando lo acontecido la noche anterior. De todo lo que pudo haberle dicho Kisame sobre su 'querido esposo' -como el mulato refirió una y mil veces- el enterarse que la valiosa información la sustrajo de su primo Obito le hizo arder la sangre. ¿Cómo era posible que, teniendo tan a la mano la información, no la hubiera encontrado él mismo? De acuerdo, él no sabía que Obito Uchiha conocía a Namikaze. ¡Nadie en la familia lo sabia, maldición! Obito nunca mencionó nada al respecto. De saberlo no habría tenido que pagarle a Kisame por ello ni habría terminado en una intensa -pero frustrada- sesión sexual con su guardaespaldas.
Igual te lo habrías tirado, porque querías borrarte su sabor de los labios... no pudiste
¡Estúpido cerebro traidor!
Aunque no estaba de humor, Itachi no suprimió la tenue sonrisa que se apoderó de sus labios al pensar en su primo.
Obito, la impredecible oveja negra de los Uchiha, era el único miembro de su estricta familia que Itachi admiraba. Precisamente por ser tan diferente al arquetipo Uchiha. Aunque por supuesto nadie debía saberlo, por el propio bien de su primo. A pesar de que en su sangre corrían los genes del clan, su primo siempre se las ingenió para hacer y decir todo aquello cuanto quisiera, era un Uchiha después de todo y cobijado en el desprecio de su propia familia, por su espontaneidad y amable alma, Obito era lo que él deseaba que su hermanito Sasuke llegara a ser: feliz.
Se sentó frente al escritorio y echó un rápido vistazo a los archivos pendientes que ocuparían toda su mañana. Uno en particular llamó su atención: era el proyecto a presentar en dos semanas al consejo militar, el que aseguraría un contrato multimillonario para su empresa. Propondrían un nuevo sistema de seguridad junto con armamento de diseño exclusivo y de avanzada. El consejal se había mostrado muy interesado en ello, por eso Itachi estaba desarrollando la propuesta; pero el consejo militar cambiaba de director y ahora sería presidido por Minato Namikaze.
Arrugó el ceño y empujó lejos el folder.
De acuerdo a lo que Kisame pudo extraer de Obito (cómo convenció el moreno a su primo de tomar unos tragos juntos, estaba más allá de la comprensión de Itachi) el CEO Namikaze, era la actual cabeza de familia y empresas; su padre, Jiraya, era más conocido por su amor a la aventura mujeriega que a los negocios, y ahora se dedicaba a la escritura de novelas eróticas. Su madre, médico de profesión, provenía de una línea secundaria a la actual familia real y de ella no se sabía mucho realmente. La mujer parecía haberse esfumado de la faz de la tierra cuando el rubio no alcanzaba la adolescencia, quedando bajo el cuidado de su irreverente padre. Minato era un genio, a los 15 años ya contaba con dos carreras universitarias, dos maestrías y un doctorado. Realizó una de las más importantes y revolucionarias investigaciones en pedagogía, y por la misma, se le invitó a impartir cátedra en la Todai durante algún tiempo. Ahí fue donde lo conoció Obito, el rubio contaba con escasos 24 años pero dejó una indeleble impresión en su primo, quien se ganó su amistad más allá de la relación maestro-alumno.
Según Obito, Minato era la clase de hombre que aun llevando la etiqueta de 'importante' trataba a toda persona a su alrededor con la misma humildad y respeto de quien no posee nada. Era inteligente y perspicaz como pocos, amable y comprensivo como quien entiende la vida, y los golpes que brinda. Sabía exudar sabiduría pero nunca pavoneaba el tener razón. Era cálido y paternal tanto como era recio e imponente. Tenía cierta debilidad por cuidar de aquellos que entraban en su corazón.
Probablemente por ello, no fue difícil para Kushina Uzumaki, una simple muchacha de una pequeña prefectura y empleada de la universidad, robar su atención. Su matrimonio había sido mantenido en secreto, pues el pomposos e hipócrita círculo social al que ambos pertenecían, sólo la considerarían una simplona advenediza que jamás estaría a la altura de alguien de la talla de Namikaze. Y no tendría reparo en hacérselo saber. Sólo sus amigos más cercanos tenían conocimiento, entre ellos Obito, por eso sabía que tras su unión, Minato se retiró a vivir una sencilla vida al lado de su esposa. Un trabajo de oficina, una pequeña casa en los suburbios y la tranquilidad del anonimato; un sueño que duró sólo tres años.
La prematura muerte de su esposa, a sólo meses de traer al mundo al único hijo de Minato, dejó al rubio con el corazón roto, un pequeño que criar y una hermética vida social. El hijo de Minato, del que Itachi no sabía nada hasta ayer que el rubio mismo lo mencionó, estaba por cumplir diez años de edad y respondía al nombre de Naruto Uzumaki. Itachi suponía que conservaba el apellido de su madre para darle anonimato y probablemente, para mantener algún tipo de contacto con ella.
Le resultaba extraña esa expresión de amor. Itachi sabía que de ser él, probablemente habría olvidado a la mujer de inmediato. Nadie a excepción de Sasuke - pues ni siquiera sus padres- le despertaban esa clase de emoción y ni siquiera con él era ta expresivo. Itachi sonrió nuevamente, el hijo de Minato era casi de la edad de su hermano y vagamente se preguntó cómo sería el pequeño. Talvez su serio hermanito podría encontrar un amigo en Naruto, si el niño tenía algún rasgo de su padre no se le haría difícil congeniar con Sasuke...
¿Pero qué demonios...? ¡No tendrán qué conocerse nunca, maldición! Itachi se retó a si mismo, sintiendo un profundo malestar en la boca del estómago, algo que no supo identificar y que, siendo sincero, no quería ni examinar tampoco. Tenía mucho trabajo pendiente y estarse distrayendo con algo sin sentido y tan absurdo, era inaceptable para alguien como él. Cerró los ojos e inhaló una bocanada de aire, dejándolo salir lentamente y de a poco, para sentir que con ello se desvanecía también la neblina de su mente. Cuando sus párpados se abrieron nuevamente, no había nada más en su cabeza que la resolución de terminar su trabajo y ganar unos cuantos millones para su padre.
Kakashi aparcó el automóvil y echó una mirada hacia el bonito edificio de elegante diseño vanguardista, que portaba en su entrada principal el símbolo de la familia Uchiha. Y justo ahí, cruzando el umbral de la puerta automática de acceso se encontraba el joven desposado de Minato y su razón de estar en aquel lugar, y no aprovechando el tiempo leyendo el nuevo tomo del libro de Jiraya, quién muy amablemente le había enviado una copia semanas antes de salir a la venta. Mucho tenía que ver el que Kakashi compartiera su gran amor por la erótica y fuera su más grande y confeso fan, pero esos eran detalles.
-Espero que me agradezcas esto algún día maestro... - musitó para si mismo saliendo del auto para dirigir sus pasos hacia el pelinegro. El Uchiha -elegante y aliñado desde el cabello hasta los zapatos- revisaba el contenido de su blackberry mientras aguardaba, seguramente, que llegara su vehículo. Era bastante pasado del medio día, pero suponía que el joven apenas salía a algún tipo de descanso para comer, o eso fue lo que le comentó su fuente. Se acercó con sigilo y rapidez, sabía que tendría sólo una oportunidad para abordarlo y tenía que aprovecharla. Arregló su ropa, acomodó la bufanda y puso su mejor cara de circunstancia.
-¡Yo!
Itachi levantó la cabeza sorprendido, encontrándose frente un alto hombre de alborotados cabellos grisáceos, ojos casi por completo cerrados y en cuña, demostrando que bajo la gruesa bufanda que portaba sobre el rostro, debía estar sonriendo. O al menos portar una mueca similar. Itachi le dedicó unos segundos de indiferente mirada antes de girarse para ignorarlo por completo. Kakashi rascó su cabeza como si estuviera confundido por la respuesta obtenida, luego se encogió de hombros.
-Traigo un mensaje de tu esposo -dijo despreocupado, eso captó la atención del Uchiha, quien visiblemente se tensó y le miró con fastidio y molestia en los ojos. Kakashi, sonrió de nuevo.
-¡Oi! Hazte a un lado... -el gruñido vino a su espalda y Kakashi volteó el rostro para ver por sobre su hombro a un fornido moreno con mirada asesina y afilados dientes. ¡Ah! este debía ser el infame guardaespaldas de Itachi, ya había escuchado hablar de él. Kakashi giró los ojos y volvió su atención hacia Itachi.
-¡Hola! Soy Hatake Kakashi, abogado y amigo de tu esposo. -dijo con la misma simpleza de antes, algo que hizo fruncir el ceño del pelinegro. Kakashi rió por dentro- Él tuvo que regresar a Sapporo, asuntos de última hora; pero quería que supieras que volverá en unos cuantos días y que ansía terminar lo que empezaron ayer... tu sabes... en su cama-
Kakashi puso esos ojos en curva de nuevo. Kisame bufó divertido e Itachi deseó con todas su fuerza ser capaz de asesinar al par con la mirada. ¡¿Qué demonios le pasaba a la gente con él?! ¡¿Acaso era una manda el que trataron de avergonzarlo siempre que hubiera oportunidad!? ¡¿Y por qué tenían que gritarlo a los cuatro vientos?! Estaban en plena calle, a la puerta del complejo Uchiha ¡Por Dios! Furioso como estaba, sin embargo, no podía caer en el estúpido jueguito. Levantó un poco más la cabeza y enarcó una de sus finas cejas, dejando que la pesada aura que sabía poseía hiciera efecto en los dos hombres. Kisame resultó afectado primero, se aclaró la garganta y cambió de sitio, poniéndose a la espalda de Itachi. Hizo un ademán de tomar a Samehada su querida arma de entre sus ropas, haciéndole saber al peligris que estaba transitando por una delgada línea con el Uchiha.
Kakashi lo notó, pero no cambio ni su gesto, ni su postura despreocupada. Sacó, en cambio, una pequeña nota de su bolsillo y lo meneó frente a Itachi. El pelinegro reconoció de inmediato el trozo de papel y arrugó el ceño.
-Te vi salir del hotel -comenzó- Y fue realmente una suerte para ti, que yo encontrara este mensaje antes que mi maestro. Tu pequeña y desagradable nota, no habría echo nada más que ofenderlo y créeme, no quieres meterte con un Namikaze enfadado. El señor Minato podrá ser un pacifista, pero es orgulloso y puede aplastarte con un sólo dedo si lo quiere.
-Y su recadero trae una amenaza como mensaje - musitó burlón Kisame, pero su postura indicaba su claro disgusto ante la idea de que el Uchiha estuviera siendo amedrentado.
-Nah, ese no es el estilo del señor Minato. Es sólo una advertencia, considéralo como un favor de mi parte hacia ti. - Itachi afiló su oscura mirada, la misma que le devolvía Kakashi sin ningún reparo. -Te vendría bien dejar de huirle ¿sabes? Y dejar de subestimarlo también. Él es Minato Namikaze ¿qué beneficio obtendría de ti, que no tenga ya?- Aseveró, y las palabras se clavaron duras en Itach, que tuvo que tragarse el fuego que ardió en sus entrañas al escucharle, por mucho que odiara la verdad de esa frase, no podía negarla.
Permanecieron varios minutos en silencio sólo observándose, como si cada uno estuviera sopesando al otro, como si con sólo ello fuesen capaces de verse cual realmente eran. No había sido nada agradable para Kakashi, encontrarse el día anterior, a un cabizbajo Minato Namikaze rumiando por su habitación de hotel con un semi vacío vaso de whisky en la mano. El rubio no tuvo que decirle nada, él había visto al Uchiha abandonar el lugar en solitario, Kakashi comprendía que Minato resentía la actitud de Itachi. Esa manía que estaba demostrando tener, al escaparse a la primera oportunidad sin despedirse o avisar siquiera, afectaba al rubio. Minato era un hombre de alma sensible y el peligris sabía que esos desplantes le dolían porque Itachi le interesaba en demasía. Finalmente su maestro se estaba arriesgando al salir de su caparazón. No merecía el trato del Uchiha y él, sintiéndose responsable por presionar a Minato para perseguir al moreno, se aseguraría de que el heredero no volviera a despreciarlo tan estúpidamente y sin razón. El celular de Kakashi vibró en ese momento, interrumpiendo la silente batalla de miradas. El peligris ignoró la llamada, pero la usó como pretexto para dar por concluida la visita.
-Por cierto, la próxima vez que desees saber algo de tu esposo, llámame. -sonrió de nuevo, rascando su cabeza. Los otros dos lo observaron confusos - Maa... tu tiburón, aquí presente, no es el único que sabe extraer información de Obito. -Se dio media vuelta, metió las manos en los bolsillos y se alejó.
-Tú y tu querido esposo se parecen más de lo que creí -apuntó Kisame. La mirada parca de Itachi dejó claro que no seguiría hablando de lo ocurrido en la calle, por suerte su auto ya estaba esperándolos y ambos se subieron al asiento trasero del elegante coche. Kisame no aguantó mucho antes de retomar el tema.
-Ese tipo estaba realmente enfadado ¿lo notaste? Hn, tendrás que cuidar como tratas a tu querido esposo, su perro guardián fácilmente podría patearte el trasero -señaló Kisame reflexivo, pero sin dejar su tono burlón. Itachi volvió su rostro serio con una ceja elevada escéptica- Bien, bien... no ganaría, pero seguro que no te ibas sin morder el polvo tampoco. ¿Qué decía la nota?
Itachi no contestó prefirió ignorarlo, voltear el rostro y mirar por la ventanilla. Kisame lo conocía bien, seguro que suponía el contenido de su mensaje, sólo quería ver si era capaz de hacerlo hablar. Y de paso, hundirlo más con sus propias palabras. Estaba comenzando a creer que tenía un serio problema de masoquismo, los miembros de su reducido (y voluntario) circulo social, parecían más que dispuestos a mortificarlo y aún sabiéndolo, él los mantenía cerca. Resultaban un fastidio, pero Itachi sabía que cualquiera de ellos, saltaría a defenderlo de ser necesario. Justo como lo había demostrado Hakate respecto a Minato.
'Namizake: fuiste una de las mejores cogidas que he tenido, pero ya que has cobrado lo que querías por la firma, espero los documentos en mi oficina mañana temprano, sin más idioteces de por medio.'
Itachi sintió el estómago apretujarse en su interior al recordar el mensaje que le dejó para Minato la noche anterior; realmente no era su estilo hacer ese tipo de niñerías, pero cuando despertó junto al rubio, con la plena conciencia de haber deseado estar con él, simplemente no supo cómo reaccionar a ello. Cierto, la nota no era nada agradable ¿pero acaso Minato no se había negado a solucionar este problema sin pedir algo a cambio?, ¿No lo había presionado para llevarlo a la cama? ¿No le había confesado, en medio de profanas caricias, que lo había deseado? ¿Qué más podía inquirir de ello? Una transacción. Nada más. ¿Qué derecho tenía Hatake para amenazarlo? ¿Para juzgarlo y descalificar su actitud?
-Te gusta - la voz gruesa de Kisame interrumpió los pensamientos de Itachi- Y te gusta mucho. -El Uchiha habría replicado de no ser por el tono serio y tajante con que habló el mulato- Ayer. No pudiste evitar tensarte cuando te toqué, no pudiste responderme un solo beso. Ambos sabemos que la única razón para ello, es porque estabas pensando en él. -Los ojos de Kisame buscaron la mirada negra de Itachi y le desafió a contradecirlo- ¿Es tan malo acaso que hayas encontrado lo que tanto tiempo se te ha negado? A qué le temes, lo tienes a la mano Itachi. Tómalo, es tuyo.
Por largos minutos Itachi no dijo nada, pero la mueca que portaba se ablandó hasta convertirse en un gesto pensativo. Kisame era en muchos sentidos su mejor amigo. Sarcástico, brutal y sádico como era, Itachi sabía que el militar lo apreciaba aunque nunca lo dijera. El que su voz como su mirada ahora se mostrara preocupadas por sus decisiones, le obligaba a detenerse y analizar lo que estaba haciendo. Ese hombre a su lado, a pesar de su burda forma de ser, estaba haciendo lo posible por ayudarlo a conseguir algo más de la soledad inherente al apellido que portaba. Itachi se removió en el asiento, alcanzó el rostro de Kisame -sorprendiéndolo- y finalmente hizo lo que no había hecho en mucho tiempo. Le regaló un beso, tranquilo y firme, un beso prolongado.
Kisame acarició su pulgar sobre la fina mandíbula del pelinegro y torció los labios en una sonrisa al separarse.
-Joder... voy a extrañar esto-
Elegante y sobrio. Así calificaba Shisui el amplio departamento de Itachi, siempre que visitaba el lugar le gustaba admirar los misteriosos cuadros que ostentaba como decoración principal. Eran una verdadera belleza y sabía que algún día lograría convencer a su primo de cederle una; esta vez sin embargo, no podía perder ni un sólo minuto en admirar las pinturas, estaba al borde de un colapso nervioso causado precisamente por el heredero Uchiha. Nunca en su vida. NUNCA. se habría imaginado que llegaría el día en que Itachi Uchiha la perfección y orgullo de todo su clan, cancelaría su día de trabajo para, sin razón alguna, decidir pasar su la tarde enclaustrado en su casa. En el momento que escuchó la voz de su primo pronunciar esas palabras, sintió lo que seguramente era un paro cardiaco.
Encontró al susodicho sentado relajadamente en el amplio sofá de su sala de estar, una tenue sonrisa en los labios y un plato con dango en la mano. Shisui se asustó aun más al ver la escena, pero antes de que pudiera externar sus preocupaciones, la pequeña figura de Sasuke Uchiha apareció. El niño corrió hacia Itachi emocionado y le mostraba algo que traía entre las mano. Shisui respiró un poco más tranquilo.
-Deja de aparentar ser una estatua y entra de una vez- demandó Itachi a su primo, quien se aclaró la garganta y luego de dedicarle un respetuoso pero cariñoso saludo al menor, se dirigió al sillón para tomar asiento frente a los hermanos. Sasuke le saludo con una leve sonrisa, mientras se acomodaba junto a Itachi y observaba que Shisui dejaba varios folders sobre la mesa ratona (los mismos que Itachi le pidió que le llevara para trabajar desde su casa) y ponía al alcance de Itachi una bonita caja azul cielo. Una bonita caja azul que de pronto comenzó a emitir un sonido.
-Tu caja hace ruido -dijo curioso, pero sin hacerlo notar, como se le había enseñado. Shisui negó con la cabeza y dirigió su mirada al mayor.
-Es un regalo para tu hermano. Supongo que él debe abrirlo para saber porqué suena.
Itachi enarcó una ceja, mirando desconfiado la caja, aunque, para que Shisui la llevara hasta su casa, estaba seguro que su primo ya habría investigado y certificado quién lo enviaba y que no era algún tipo de artefacto que fuera a lastimarlo. Aun así, sus entrañas le gritaban que se arrepentiría de conocer su contenido. En cualquier otra circunstancia, haría ignorado el presente sin dudarlo, pero con Sasuke a su lado y sus enormes ojos sable mirándolo esperanzado por descubrir qué le habían obsequiado a su hermano, le era imposible negarse a abrirlo.
-¿Un celular? - musitó Sasuke confundido, mientras el móvil continuaba timbrando. Itachi observaba el delgado y moderno aparato de cubierta metálica, sus cejas estaban ligeramente fruncidas al centro, sopesando qué hacer con esa cosa en su mano. - ¿No vas a contestarlo?
Itachi resopló.
-¿Es de él?
-Hatake me lo hizo llegar hace media hora -respondió Shisui luego de cabecear afirmativamente. Sasuke intercambiaba miradas entre los dos mayores, consciente a sus escasos doce años, que a veces no debía intervenir en los asuntos de los mayores. Mas ver a Itachi indeciso y con esa arruga entre sus cejas le apretujó el pecho; Itachi se percató de la tensión que estaba generando la situación en el pequeño y se pateó mentalmente. Había conseguido un permiso especial para sacar a Sasuke del internado donde estudiaba, y poder disfrutar del fin de semana con su hermano. Le dedicó una leve sonrisa al acariciarle un hombro mientras se levantaba del sofá.
-Muéstrale a Shisui tu nueva tarjeta Sasuke, volveré pronto -su hermano asintió no muy convencido pero seguro de que Itachi resolvería cualquier cosa que estuviera sucediendo con el incesante celular. Itachi se alejó de la salita, deteniéndose en el umbral de la cocina. Si lo dejaba sonar más, seguro que el otro se cansaría y ya no tendría necesidad de confrontarlo. '¿A qué le temes?' Estúpido Kisame. El Uchiha tomó una bocanada de aire y presionó la tecla con el auricular verde impreso sobre ella para contestar. Aunque no pronunció palabra.
-¿Itachi? -Ah, la voz de MInato se escuchaba aun más sensual a través del teléfono. Y escucharlo pronunciar su nombre luego de unos segundos de silencio le pareció hasta poético. Escuchó un cansino suspiro luego y tres segundos más de silencio.
-Estaré de regreso en un par de semanas, pero me temo, que no tendré tiempo para disponer. Quiero verte. Quiero que hablemos, que aclaremos todo. -Itachi permaneció en silencio. Aquello no había sido una expresión de anhelo, ni el hacerle saber lo que pensaba. La sencilla frase 'quiero verte' había sido una orden. El Uchiha arrugó el ceño y apretó los labios y esta vez, Minato le acompañó en el mutismo.
Cuántos minutos permanecieron sin emitir sonido no tiene relevancia. El que ninguno lo rompiera o cortara la llamada era lo relevante. Se enfrentaban de una manera infantil y absurda, pero ninguno quería ceder. Finalmente Minato lo hizo.
-Leí tu nota -tres palabras e Itachi sintió que toda la sangre se le congelaba y que el maldito rubio, le había ganado de nuevo esa partida. Nuevamente no habló, pero esta vez, no fue por terquedad de no emitir sonido, esta vez realmente no sabía qué decir.
-Quiero verte. -repitió
-¿Para qué? Ya le he dicho lo que necesito. -Finalmente contestó y cuando escuchó la voz del otro, casi pudo asegurar que portaba una mueca en su atractivo rostro.
-Si. Has dejado en claro lo que piensas. Pero no me has dejado a mí decirte lo que yo necesito. Y merezco la oportunidad de confrontar a mi acusador.
-De acuerdo. Será cuando vuelv...
-No. Tú quieres concluir esta situación lo más pronto posible ¿no es verdad? Entonces ven a buscar la firma necesitas. - Itachi se enfadó, nadie jamás se atrevía a hablarle así, ni siquiera su estricto padre cuando le demandaba realizar algo, lo hacía con esa autoridad y reto con que Minato lo hacía ahora. Apretó las mandíbulas con fuerza.
-Bien. Shisui se comunicará luego para los detalles. Buenas tardes señor Namikaze. -Y no dio oportunidad al rubio de negarse o replicar siquiera, cortó la comunicación y cerró con un fuerte 'tap' el celular. Si no lo aventó lejos para descargar su frustración, fue porque él era un Uchiha y los Uchihas no son gobernados por indignos impulsos como ese y -principalmente- porque no quería perturbar a Sasuke ni menguar la atmósfera que siempre disfrutaba al lado de su hermano menor.
Cuando le solicitó a su primo revisar la agenda de la próxima semana, luego de que Sasuke se fuera a dormir, Shisui le miró con notoria extrañeza. No por el deseo de saber qué citas, juntas y encuentros tenía programados el ocupado heredero, sino porque le ordenó cancelar y posponer algunos de esos encuentros pues había decidido viajar. Que el viaje no estaba programado, estaba sobreentendido; que su destino fuese Hokkaido, sin embargo, resultó una sorpresa para Shisui.
Itachi, parco como siempre, le encargó resolver la logística de su viaje así como el comunicarla al Namikaze la fecha de su arribo. No quiso dar explicaciones y el resto del fin de semana se dedicó a ignorar todo lo que no tuviera relación con su adorado hermano menor.
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Continuará….
De nuevo, sorry por la tardanza y que el cap quedara un poco BLEh!, pero si no actualizaba ahora, no lo haría en un mes más 0
CUalquier duda o comentario es bienvenido y si Cronos me da tiempo, les contesto en el próximo cap.
