Postnupcial
por sahel
Capítulo 5. Concesión
Itachi entró a Namikaze Industries y su primera sensación fue un dejavú. El edificio era bastante similar y a la vez tenía varias diferencias de la sede Uchiha. Ambos eran hermosas piezas de diseño arquitectónico modernas y elegantes; era obvio con sólo mirar la fachada (llena de tecnología en seguridad de última generación, pero bien escondida) que el lugar no sólo resultaba exclusivo, sino de real importancia. El interior no era mucho muy diferente tampoco; el lobby estaba lleno de empleados bien vestidos y un incesante tránsito de clientes.
Su empresa entonces, era similar excepto porque sus empleados tenían prohibido el utilizar algo tan bizarro y tan falto de profesionalismo como los subordinados de esa empresa, parecían no poder dejar de utilizar: el sonreír.
Las cejas de Itachi, se fruncieron un poco, los empleados de Namikaze se veían tan accesibles al usarla y los clientes se notaban tan... complacidos. Conociendo al rubio y observando ahora la dinámica que se realizaba en el lugar, Itachi se aventuró a suponer que ese simple gesto en los labios de sus empleados, era la clave para el comentado secreto del éxito de la empresa.
Él mismo había caído presa de ese encanto....
-¡Yo! ¡Despierta! - la aletargada voz del 'asistente' de Namikaze, Hatake Kakashi, el mismo que la noche anterior le recibió en el aeropuerto, portando un desgarbado atuendo casual y una sonrisa bufona, (o esa impresión le dejo, usaba una chaqueta de cuello alto que le cubría parte del rostro) se plantaba frente a él con similar desfachatez; sólo que esta vez vestía un poco mejor.
El rostro de Itachi, de por sí desprovisto de expresividad, pareció adquirir un nuevo tono de vacío; aunque sus ojos no ocultaban el deseo de desaparecer al de cabellos plata. El desagrado no era gratuito. El estúpido abogado, no sólo era el único descerebrado que se había atrevido a retarlo hasta el momento, también le había mentido abiertamente respecto al destino de la nota que dejó a Namikaze. Además, la noche anterior no había cesado de advertirle, muy sutilmente claro, que cuidara sus palabras frente 'al señor Minato'...
-Ese cretino...
-¿Por qué la cara larga? -preguntó Kakashi, sin recibir respuesta alguna.- Unh, bueno... sígueme, te llevaré al privado del señor Minato, él se reunirá contigo en cuanto pueda. -Kakashi curveó los ojos en algún tipo de gesto complaciente y se dio la vuelta para guiar el camino.
Sin embargo a cinco pasos se detuvo, y giró la cabeza para mirar por sobre su hombro que el Uchiha, le observaba con un gesto de hastío y ese porte de superioridad expuesto al máximo. Su mirada seria tenía un claro mensaje en ella: "Yo soy Itachi Uchiha, no espero por nadie, los demás esperan por mí". Kakashi resopló y se giró sobre su eje para verle de frente nuevamente.
-Maa… le dije a Minato que no era buena idea...- Rascó su cabeza distraídamente.- Escucha gruñoncito, tenemos una inesperada... eh... desaparición que... uhn, bien, digamos sólo que el señor Minato, está un poco ocupado ahora; pero le interesa hablar contigo, supongo que puedes regalarnos a los demás mortales tu presencia un poco más, ¿ne?
Itachi enarcó una ceja y sus labios se curvearon hacia abajo. Kakashi resopló.
-Bien, bien... Sígueme...
Kakashi lo guió al piso de la oficina principal, en donde la conmoción por el inconveniente que mencionara el otro, parecía tener mayor impacto. A unos cuantos metros de distancia pudo observar al rubio que había venido a buscar rodeado de al menos seis personas, todas luciendo indudablemente serios y mucho muy asustados cuando la intensa mirada de Namikaze, se posaba en ellos. El rubio no se notaba alterado, ni estaba elevando la voz, pero la manera en que toda su aura anunciaba dolorosas consecuencias, hizo que incluso Itachi, sintiera su estómago tensarse. Cuando el rubio levantó la vista hacia donde él estaba, Itachi sintió toda la piel de su cuerpo erizándose. La intensidad de esos ojos azules era abrumadora, aunque esta vez, no veía esa chispa de deseo que bailaba en sus pupilas desde aquella primera noche en Shinyuku. Esta vez los ojos de Minato estaban llenos de frustración.
-Kakashi, te pedí que le…
-¡No iba a quedarse! ¡No iba a quedarse!- se apresuró a justificar el abogado, manoteando desesperado las manos en señal de tregua, ansioso por evitar que el rubio le condenara.- Le dije que no se quedaría, ¿no es cierto? Y como dijo que necesitaba hablar con él urgentemente, pues...
-Apreciaría que no hablaran de mí como si no estuviera presente.- La varonil voz de Itachi, interrumpió al par ganándose de paso las miradas estupefactas de los otros presentes y un resoplo de Minato. El alto rubio se acercó a él, lo tomó del brazo con absoluta familiaridad y lo alejó unos cuantos pasos de los presentes (que de cualquier modo se hicieron a un lado, todos excepto Kakashi). Itachi se sintió de pronto muy nervioso, Minato casi lo arrinconaba en una esquina, se inclinó sobre él y bajó el tono de su voz para hablarle en un susurro cómplice.
-Tengo una emergencia justo ahora. Es sobre mi hijo. Dame sólo quince minutos y te prometo que concluiremos nuestro asunto a tu entera satisfacción luego de eso. -Ante la mirada indiferente de Itachi, Minato inclinó apenas reverencial la cabeza y su voz adquirió una nota distinta, una muy suave, que a Itachi se le antojó desesperada.- Por favor...
Itachi sintió sus rodillas volverse gelatina, su corazón palpitar acelerado y su garganta cerrarse con un gran nudo. Asintió con la cabeza porque sabía que su voz no podría salir, aunque la forzara.
Minato le guió personalmente hasta el privado de su oficina, prometiéndole que sin falta volvería tras los quince minutos acordados. Le dedicó una mirada significativa y un susurrante gracias, antes de dejarle solo. Itachi resopló cansado. Cada vez se le hacía más difícil no tener algún tipo de reacción física cuando el rubio posaba sus ojos en él.
Resopló otra vez y se movió por la habitación. Era elegante y acogedora al mismo tiempo, pero un poco demasiado iluminada para el gusto del Uchiha. Así que disponiendo del lugar, cerró las cortinas y apagó las luces. La habitación quedó en una suave penumbra que inmediatamente ayudó a que cesara la molestia que retumbaba en su cabeza. Había sido una semana complicada, lidiando con las interminables preguntas de su padre sobre el súbito cambio de agenda, los mordaces comentarios de su tío Madara, y el mudo pero constante cuestionamiento en los ojos de Shisui por sus acciones. Su primo temía que la situación sólo empeorara y llegara a oídos de Fugaku.
-¿También te escondes?
Una vocecita infantil lo sorprendió desde la espalda. Itachi giró medio cuerpo para poder dirigir su mirada hacia el lugar de donde provino la pregunta. Una de sus finas cejas se elevó al notar la silueta de un pequeño niño emergiendo de atrás de un sofá. Aunque no estaba totalmente iluminado, era fácilmente distinguible el rubio del cabello del pequeño y una curiosa mirada brillando en sus pupilas.
-Este es un buen lugar para esconderse. Nunca me encuentran cuando me escondo aquí ¡de veras! -aseguró el pequeño, soltando luego una sonora carcajada, que Itachi pensó daría por traste la idea de seguir oculto. Aun así, el pelinegro no pudo menos que sonreír. El pequeño reía con alegría y desenfado. Itachi nunca había escuchado a nadie reír de aquella forma tan suelta y contagiosa. Se preguntó cómo sería la risa de Sasuke, si tuviera la libertar de explayarse como ese pequeño.
-¡Hola, soy Naruto! -dijo de pronto el pequeño, dejando de reír pero manteniendo una bonita sonrisa en los labios. Se acercó a donde Itachi había decidido sentarse y se plantó frente a él. Se balanceó sobre sus pies mientras sus ojos recorrían con atención a su compañero de travesura. El Uchiha pudo apreciar entonces lo intenso del azul de sus pupilas, una tonalidad que sólo conocía en otro par de ojos. Sumado al gesto zorruno de su infantil rostro y el desordenado cabello rubio, Itachi dedujo que estaba justo frente a la causa del retraso de su reunión con Namikaze: su hijo.
-Papá dice que cuando alguien te dice su nombre, lo correcto es contestar. También dice que si lo hago con una gran sonrisa, es muy probable que esa persona se alegre y pueda llegar a ser mi amigo.- Relató el pequeño.
Rascó su cabecita pensativo y luego levantó el rostro para -increíblemente- sonreírle aun más. Itachi apenas musitaba su nombre, cuando de pronto se escuchó un iracundo grito del otro lado de la puerta. Alguien amenazaba a Naruto, con que la pasaría muy mal si no aparecía pronto; las pisadas del hombre en cuestión retumbaron hasta la entrada del privado y el pequeño niño palideció, corrió tras del mueble nuevamente, asomando apenas su cabecita. Cuando el enfuriado hombre se alejó, un profundo suspiro dejo el cuerpecito del infante.
Naruto asomó de nuevo su carita, y apoyándose sobre el brazo del sofá (ese donde estaba Itachi sentado) y se balanceó divertido.
-¿También te estas escondiendo de Iruka sensei? Él da miedo cuando se enoja, pero hace una cara muy graciosa cuando se enfada. ¡De veras! -Los ojitos de Naruto, evaluaron de nuevo a Itachi; el moreno enarcó una ceja, enmarcando su seria mirada. Naruto tragó saliva y su balanceo cesó- Uhm.. tu también das miedo, pero poquito. Sólo al principio. Eeh... ¿Por qué le tienes miedo a Iruka sensei?
Itachi sonrió mordaz.
-No le tengo miedo. Yo no le temo a nadie.- dijo con solemnidad, impresionando a Naruto con su profundo barítono. Sus ojos abiertos al máximo lo gritaban. Itachi sintió un cosquilleo en el estómago, era la misma mirada que Sasuke, le dedicaba cuando creía en sus palabras como absoluta verdad del universo. La sonrisa de sus labios se enterneció, imaginando a su hermanito en tal posición, le fue natural el guiñarle un ojo al pequeño. Y Naruto sonrió fascinado. Salió de su escondite y trepó al sofá, sentándose junto al pelinegro.
-Le tendrías miedo a mi papá -declaró Naruto con total certeza, casi con orgullo.
-Oh. ¿Tu padre da más miedo que yo?
-¡Si, claro! ¡Mi papá es muy grande y muy fuerte! ¡Él da mucho miedo, de veras! -un segundo después- Uhn, bueno... no siempre… a veces. Sólo cuando se enoja, pero casi nunca se enoja... conmigo.
-Por supuesto.
Naruto sonrió de nuevo, aquel joven le agradaba. Le escuchaba atento y su mirada no era como las de otras personas; no le veía con fealdad o enfado. Y su bonita voz tenía un aire juguetón muy parecido al del tío Kakashi, pero no sentía que se estuviera burlando de él, como su tío lo hacía notar a veces. La puerta del privado se abrió de pronto, sobresaltando a sus dos ocupantes. Itachi se irguió, aun sentado en el sofá, instintivamente se colocó frente al menor ocultándolo tras su espalda. Sintió que el pequeño se hacía un ovillo y se apegaba a él buscando refugio. Colando su despeinada cabeza por entre la abertura de la puerta, Kakashi se asomó con ese molesto gesto de ojos en cresta.
-¿No habrás visto a un pequeño monstruo amarillo por este reino de sombras, o sí? -cuestionó rascando su barbilla como distraído, pero Itachi intuía que era mucho más observador de lo que aparentaba. Su única respuesta a tal cuestionamiento fue un ceño fruncido.
-Maa... qué mal genio el tuyo... Si llegaras a ver al diablillo, dile que su padre viene para acá. Que será mejor que huya de nuevo o esta vez estamos muertos. ¡Adiós!- Y sin más desapareció cerrando la puerta.
Naruto saltó del sofá ansioso, musitando entre dientes un 'estoy frito, estoy frito', brincado de un pie a otro, mirando para todos lados como buscando una salida que no fuera por la puerta (aunque era la única salida). Itachi le observó divertido, se recargó en el sofá nuevamente y apoyó su brazo flexionado en el descansabrazos, recargando su cabeza contra el puño cerrado.
-Creí que no le temías a tu padre -musitó el pelinegro, la mirada de terror y suplica por auxilio que le dedicó Naruto, volvieron a hacerle cosquillear el interior. El pequeño tragó saliva y detuvo su brincotear, miró Itachi con un gesto un tanto indeciso.
-N-no tengo miedo... es que... -
-Ah. Esta vez está molesto- aseguró el pelinegro.
Naruto se rascó la cabecita y adoptó un mohín en los labios, suspiró y luego infló el estómago para soltar tremendo grito.
- ¡ES MI DIA!-comenzó- ¡No es justo, es mi día y papá lo sabe! Dijo que tenía que ver a alguien muy importante. ¡NO ES JUSTO, DE VERAS!. Veo a Papá muy poco y me deja por alguien más...¡POR ESO ME ESCONDI!¡Por Eso, por eso! Tío Kakashi tiene la culpa... fue su idea... y... y se fue y no me sacó de aquí...y... y papá viene para acá... ¡Seguro que ahora si me pega, de veras!
La puerta volvió a abrirse, esta vez sin el urgente aleteo de la misma, pero igualmente inesperado. La voz de Minato Namikaze resonó casi de inmediato.
-Itachi te agradezco por esperar, no fu… ¿Naruto? ¿Qué haces aquí? -cuestionó confundido y un tanto aliviado. No esperó una respuesta, se encaminó hacia donde estaba el pequeño y lo levantó del suelo en un gran abrazo. La pequeña copia de Minato rió nervioso y luego exclamó un ahogado quejido.
-¡Suéltame, suéltame...! ¡Papá...!- Y no pudo más que reír nuevamente, su padre lo sometía a un gran y potente abrazo, y a una lluvia de besos en el rostro que el menor no pudo más que responder. Pasó sus bracitos por sobre los hombros de su padre, acomodó la cabeza sobre uno de ellos, escondiendo el rostro contra el cuello y abrazó su cintura con las piernas. Se dejó hacer.
Itachi observó la escena en respetuoso silencio e intrigada mirada. El rostro de Minato había pasado de la pesadez al éxtasis total; el tono serio y formal de su voz se había transformado en una tesitura rica en adoración y cariño. No era que hablara en falso sonsonete infantil, pero la dulzura con la que su voz se impregnó, le brindaba notas pueristas, mientras le cuestionaba a su cría su paradero y le asegura una y otra vez, que no debía desaparecer así nunca más. Itachi sintió una profunda punzada de celos sazonados con envidia; ni él ni Sasuke, tuvieron jamás alguna muestra de cariño de su padre, como la que ahora presenciaba, y aunque lo sentía innecesario para sí, ciertamente desearía que su hermanito (aun joven) pudiera experimentarla.
-Niño, casi me provocas un ataque... -musitó Minato, dejando en el piso a su criatura, agachándose para quedar a su altura. Naruto bajó un poco la cabeza y comenzó a jugar con sus manos, en evidente gesto nervioso.
-Es mi día, papá... -susurró apenado el niño, mostrando en el rostro una mezcla de enfado y sentimiento; vergüenza y tozudez. Minato sonrió comprensivo, acariciando la cabellera alborotada tan similar a la suya, alcanzó la mejilla sonrosada de su pequeño y le hizo levantar el rostro, para ver ese par de pupilas acuosas y honestas.
-Lo sé, niño... -dijo el rubio con ternura- Y también quería pasarlo contigo, pero ten…
-Te ofrezco mis disculpas pequeño Naruto -intervino Itachi, recordándole al par de rubios su presencia en la habitación, sorprendiendo a uno y confundiendo al otro con sus palabras. Cuando obtuvo la atención de padre e hijo, hizo una apocada venia en dirección a Naruto.- Es por mi presencia en este lugar que tu padre no podía pasar el día contigo. Vengo de muy lejos, sólo hoy puedo estar aquí y por muy poco tiempo.
Dos pares de ojos azules parpadearon.
-Eh... ¿tú eres la persona importante de papá? -musitó Naruto, ladeando la cabeza y mirando al Uchiha con curiosidad.
-Si, lo es -respondió Minato al instante, clavando así mismo sus ojos en Itachi. El heredero enarcó una ceja ante tal afirmación sosteniendo la mirada del otro. Tuvo que morder el interior de su boca para tratar de evitar que ese calorcillo que sentía querer cubrir su rostro, realmente lograra su cometido. La deslumbrante sonrisa que apareció en el rostro de Naruto, y el lanzarse contra el cuerpo de Itachi, a brazos abiertos para abrazarse a sus piernas, logró romper la afrenta de los dos mayores con un acto totalmente inesperado por ambos.
-'Ta bien -dijo con esa enorme sonrisa en los labios- Si es para ti, no me enojo. ¡De veras!
Itachi parpadeó despacio. Su cabeza registraba que un pequeño niño que no era su hermano lo estaba abrazado con sinceridad en sus infantiles brazos. Emoción en sus luminosos ojos azules, y en la cegadora sonrisa que portaba. Como resultado, no sabía que hacer. ¿Debía corresponder? ¿No hacer nada? ¿Palmearle la cabeza? ¿Borrarle de un puñetazo esa mueca burlona a Minato? Si, esa última opción le agradaba bastante.
-Pero promete que vendrás otra vez para verme a mí. -La ilusionada voz de Naruto, le hizo atenderle nuevamente. Y nuevamente, al toparse con esa mirada que sólo había visto en ojos de su hermano, logró que Itachi sonriera apocadamente y asintiera con la cabeza. Aun si nunca pensaba volver a verle, no había necesidad de robarle la esperanza al pequeño. Ciertamente, él jamás perdonaría a nadie que le hiciera eso a Sasuke.
-Naruto. -llamó Minato- Kakashi te llevará a casa y se quedará contigo hasta que yo vuelva. -Se acercó al pequeño y le revolvió los cabellos en despedida -Anda, él está justo afuera, esperándote. ¿Cierto Kakashi? -Afirmó más que preguntar, elevando un poco la voz para que el peliplateado le escuchara. Segundos después, la puerta del privado se abrió y el dueño de una alborotada melena se asomó por ella.
-¡Hola! -dijo despreocupado, como si no hubiera sido descubierto escuchando tras la puerta.- Anda monstruo, vámonos ya. -hizo una seña a Naruto, quien reticente se soltó de Itachi y corrió hacia donde estaba el otro. Antes de salir por completo, Naruto se volvió y movió efusivamente su mano en despedida. Kakashi le observó curioso, se encogió de hombros y miró al rubio- No se preocupe Maestro, lo cuidaré bien. Tómense todo el tiempo que requieran.
Con la puerta cerrada tras Kakashi, el silencio en la habitación se hizo de pronto ensordecedor.
-Le agradas a Naruto. Le agradas mucho. -La voz de Minato fue la primera en escucharse, Itachi posó su mirada en el rubio y respondió con un gesto de indiferencia ante su afirmación. -Gracias por esto... muy pocas personas pueden hacer que sus ojos brillen así.
-Meramente establecí un hecho. Talvez su hijo aprecia el que se le diga la verdad y no tanto al portavoz.
-No. Tú le agradas.
Nuevamente la única respuesta del Uchiha, fue el mutismo. No sabía qué decir a ello. Qué esperaba Namikaze que dijera, si era alguna especie de cumplido, bien hacía en callar y si era alguna entrada para continuar la plática, realmente no tenía nada que decir al respecto. Así que decidió continuar con lo que realmente estaba haciendo en aquel lugar. Terminar -finalmente- su asociación con el rubio.
-Bien, como ya dije realmente no tengo tiempo. Podríamos proceder con nuestro asunto.
Los ojos de Minato, que le habían estado observando con cierta emoción, de pronto se vieron opacados. Itachi sintió una punzada de culpabilidad por ello, incomprensible como era, no cambiaba el hecho de que se sabía responsable de haber alterado esa bonita mirada. El CEO Namikaze aclaró su garganta y se dirigió hacia un elegante mueble de caoba.
-¿Gustas tomar algo?
-No. Sólo estoy aquí porque estableció, que era un requisito para recoger la firma del documento de separación.
-También establecí que merecía la oportunidad de confrontar a mi acusador y sus pensamientos sobre nuestro último encuentro. -Refutó Minato, sirviéndose en un vaso pequeño de cristal, un poco de licor que por el aroma al moreno se le antojó a whisky. Cuando los ojos del rubio le miraron, Itachi mantenía sus pupilas lejanas y sus pálidas mejillas tomaban un tenue tinte rojo. Minato evitó sonreír ante la obvia contrariedad del otro; no sería nada bueno hacerle notar que se había percatado de su bochorno.
-Fue realmente ofensivo, ¿sabes?...- inició el mayor, tomando un trago de su bebida.- Al leer la nota, mi primera reacción fue el salir a buscarte y hacerte tragar tus palabras con un buen puñetazo en tu bonito rostro. -Itachi frunció el ceño e inconsciente irguió su cuerpo, acentuando el natural porte altivo que poseía, desafiando con ello al rubio a intentarlo siquiera. Esta vez Minato si sonrió.
-Pero tenías razón. Al menos desde tu orilla del río.- concedió el CEO- Nuestro encuentro no daba pie a nada más que la impresión que te llevaste y que tan... elocuentemente, me hiciste conocer.
Itachi tragó saliva. El rubio había dejado de lado su trago y se volvió para mirarlo de frente. Sus ojos destilaban apabullante decisión e intensa voluntad.
-Nunca fue mi intención hacerte sentir utilizado Itachi. Me dejé llevar por la atracción que siento por ti y desgraciadamente, sólo logré socavar el favor que había conseguido durante el almuerzo que compartimos. Realmente lo lamento.
-Aun así... -respondió reservado y tras varios segundos de silencio- ...no debí expresarme de la manera que lo hice Señor Namikaze, no es propio de mi educación ni de la posición que frente a usted tengo, fuera cual fuera su razón de actuar.
-¡No! No cualquiera Itachi, -Minato cruzó la distancia que les separaba en un parpadeo, sujetó los brazos del moreno con firmeza y se inclinó sobre él, ocupando todo su campo visual, para efectivamente, hacer que notara la sinceridad de sus palabras. -Quiero que te quede claro. Tú me interesas. Tú. Tal vez mis acciones me contradicen pero yo te respeto, jamás trataría de negociar contigo o con nadie a través del sexo. Nunca. Es por eso... -
Le soltó separándose unos pasos del desconcertado pelinegro. Antes que Itachi pudiera reaccionar, Minato realizaba una profunda venia frente a él. Itachi abrió los ojos enormemente, inhalando aire sorprendido. Toda la escena le pareció surrealista, transcurrió en cámara lenta y a la vez, con agonizante rapidez.
-Uchiha Itachi, te suplico me disculpes por la ofensa que te he causado. Espero poder reparar mi falta y demostrarte cuánto te respeto.
Nunca, ni en sus más extraños sueños, Itachi se hubiera imaginado que cuando Minato le obligó a venir, era para ofrecerle esta sentida muestra de humildad. Era inconcebible. Minato Namikaze, estaba por mucho en una posición superior a la suya, tanto en linaje como en estatus social. Jamás debería ningún Namikaze, postrarse ante nadie que no fuese la mismísima casa real del Japón; y helo aquí, uno de los lejanos -pero posibles- herederos al trono inclinándose para él. Itachi sintió todo su cuerpo estremecer con desconcierto e incomprensión, ningún Uchiha se sometería a semejante muestra de redención. Él nunca lo haría...
-Pero Minato lo hace por mí...- pensó contrariado. -B-basta...- La voz del pelinegro se quebró apenas salió de su garganta, la que aspiraba alteradas bocanadas de aire. No era justo que el rubio le hiciera esto. No era justo que Minato...
-¡BASTA! -ordenó ahogado- No me humille más. Sabe que no estoy en posición de aceptar o ser recipiente de una disculpa suya. Deténgase...
Minato levantó la cabeza aun inclinado, logrando que sus ojos se fijaran en el pelinegro.
-Tú vales esto y más.
Itachi sintió sus rodillas flaquear y tuvo que sujetarse de la pared para evitar que la fuerza de gravedad terminara por hacerle caer. La mirada de Minato, era tan vehementemente sincera; para él realmente Itachi valía su venia.
El calor que se arremolinaba en su estómago cada vez que estaba frente al rubio, ya no cupo dentro de su vientre y se expandió a cada célula de su cuerpo. Le aceleró el pulso, se enraizó en su pecho y se hizo presente con fuerza en sus mejillas, las que estaba seguro tendrían un tinte rojo. Las sentía arder.
-Por favor... -musitó desviando la mirada y sujetándose el pecho, con un tenaz puño. La punzada dentro era demasiado intensa, casi dolorosa. Un suave toque acariciando sus mejillas le hizo levantar y girar el rostro; frente a sí se encontró a Minato, mirándolo con una indescifrable emoción en la mirada. Se sintió tan pequeño frente a aquel hombre.
-Itachi...-
-¿Qué es lo que quiere?... -susurró apenas audible, sintiéndose infinitamente vulnerable con esos intensos ojos azules puestos sobre él.
-A ti. Todo lo que quiero es a ti. -respondió Minato, bajando su voz tanto como la de Itachi, acercándose hasta posar su frente sobre la del jovencito mientras deslizaba sus pulgares por la tersa piel pálida de su mandíbula. El pelinegro tuvo que cerrar los ojos ante la sensación, dejando que sus manos se movieran por voluntad propia y buscaran el soporte de los costados del cuerpo del rubio. Formando dos puños con su ropa.
-¿Por qué? No me conoce... no sabe nada de mí... No soy alguien que incite intimidad ni afecto. No obtendrá beneficio alguno de este enlace...
-No te estoy pidiendo nada a cambio... -musitó sobre la piel de Itachi, recorriendo con sus labios la mejilla, tan lento y electrizante, que el Uchiha no podía sino ladear el rostro para ofrecer más de su piel. Para seguir sintiendo como esa boca, alcanzaba su oreja y entonces saciarse en la sensación de cómo la perfecta nariz de Minato, buceaba entre sus cabellos
-Te conozco Itachi Uchiha. Conozco la crudeza de tu crianza, lo que son y quieren que seas... lo que esperas que sea un cónyuge...
Itachi apretó los párpados y trató de voltear el rostro. Minato le permitió escaparse de su tacto, pero permaneció cerca de él. Demasiado cerca para Itachi, pero el moreno no le soltó.
-Trivializa todo lo que me han enseñado...
-No. Quiero que comprendas que tú y yo no somos tan diferentes. -Itachi levantó la mirada al escucharle. Minato sonrió apocado.- Si, yo también investigué al chico con el que me casé, una de las mejores noches de mi vida.
Las mejillas de Itachi se colorearon de nuevo.
-Itachi, nos entendemos. Nos gustamos, eso es más que obvio. ¿Quién mejor que yo para saber lo que es peso de un apellido? ¿Quién mejor que tú para saber que estoy ante un igual? Te lo dije antes. Yo respeto el valor del matrimonio, no quiero renunciar, sin saber qué podría pasar...
-¿Qué es lo que me está pidiendo?
-"Itachi, tienes un deber con nuestro clan..."- interrumpió la voz de Fugaku en su cabeza.
-Una oportunidad. -Y las manos de Minato, alcanzaron el cuello del pelinegro, acercando sus rostros nuevamente.- Quiero conocer a este enigmático chico, que no he podido sacar de mi cabeza... -un beso en la punta de su nariz,- ... quiero saber cómo te gusta el café, qué lado de la cama prefieres... -un beso en la comisura de los labios,- Quiero saber como puedo hacer que tus ojos me miren y me vean sólo a mí... -un beso sobre la mandíbula.- Quiero una oportunidad para enamorarte, para mostrarte que buen esposo puedo ser...
-"Eres mi sucesor Itachi y como tal, desposaras a una mujer digna de ti, para producir herederos de mi estirpe."
-Yo... No es tan simple...-
-"Tendrás dos hijos, porque es conveniente, pero si tienes mi fortuna, con uno te bastará para sentirte orgulloso. El otro, será daño colateral".
-Una oportunidad. –Pidió Minato.- Déjame enseñarte que no todo es conveniencia y soledad.
La mirada que Itachi mostró en sus ojos oscuros tomó por sorpresa a Minato, ¡había tal desesperación, miedo y dolor en ella!. El moreno no tenía que explicar nada, Minato comprendía lo que debía estar pasando por la mente del Uchiha. Sabía que no le estaba pidiendo algo fácil, que estaría desafiando el futuro que seguramente ya tenían bien trazado para él. Que le pedía confiar, creer en una unión de pareja que no conocía ni comprendía. Minato no supo si fue por su instinto paternal o por esas ganas locas que le despertaba el querer proteger al moreno, pero supo el momento exacto en que sus brazos se levantaron para envolver a Itachi entre ellos, atrayéndolo a su pecho para confortarlo.
Pero Itachi, se sintió ahogar en la ternura de aquellos brazos...
-No... ¡basta!... -Itachi rompió el contacto que tenían, separándose varios pasos de distancia. La cercanía del rubio adormilaba su capacidad para razonar, caía presa de su encanto, de su aroma, de ese susurrar tan incitante y sobre todo, del cariño que emanaba su voz. Uno del que se estaba haciendo adicto con extrema rapidez, uno que lo aterraba hasta la médula.
-Itachi... -Minato intentó acercarse de nuevo, alcanzarlo de nuevo; pero el moreno se alejó dándole la espalda.
-No. No puedo pensar contigo tocándome...- confesó y cerró los ojos con fuerza, tratando de respirar y aclarar su mente.
-Nunca me había sentido así, sabes... y no quiero dejar de sentirlo...-Minato dejó salir el aire pesadamente, pasando una mano por su cabellera y rostro. ¡Lo tenía tan cerca! -Si aún quieres esa firma, estoy dispuesto a concederla. Lo que sea por ti...
Itachi volteó a mirar al rubio. La sinceridad en su mirada y la convicción en su voz conmovieron al moreno, lo hicieron estremecer desde lo más profundo de su ser. La promesa de un futuro a su lado, con aquella bonita sonrisa dedicada a él; con el cariño reflejado en sus ojos por sólo mirarlo, con esa clase de amor que le negó siempre y que podría conocer de la mano de Minato. Semejante a lo que presenció con su hijo...
-Sasuke.- le vino de pronto la figura de su hermano a la mente. Poder brindarle una mejor vida a su hermano era también parte de esa opción.
-¿Es tan malo acaso que hayas encontrado lo que tanto tiempo se te ha negado? ¿A qué le temes?, lo tienes a la mano Itachi. Tómalo, es tuyo...-se dijo- ¿Y si no funciona? -musitó volviendo el rostro, sin enfrentar al rubio. No podía. Aunque sentía todo su ser emocionado con la sola idea de intentarlo.
Minato parpadeó. ¿Había escuchado bien? ¿Itachi estaba cediendo? Con sigilo, pero moviéndose con los pies de Mercurio, el rubio se acercó hasta el Uchiha y se colocó a su espalda. Imposiblemente cerca, pero aun sin tocarlo.
-¿Es ese un sí?- cuestionó Minato, en un susurro justo al oído de Itachi. El moreno cerró los ojos estremecido, ladeando el rostro hacia el cálido aliento que rozaba su piel.
-No va a ser nada fácil... -ofreció el pelinegro, dejando que su cuerpo finalmente se recargara en el fuerte pecho a su espalda. Los brazos de Minato, de inmediato rodearon la cintura del menor; frotando su mejilla con la de Itachi en suave caricia.
-Es bueno entones, que ambos amamos lo retos. -Minato lo aferró a su cuerpo unos segundos antes de soltarlo lentamente, sujetando sus brazos y hacerlo girar para verse de frente. Deslizó sus manos hasta alcanzar las del pelilargo, las atrajo hasta sus labios y dejó en cada una un sentido beso. Sonrió. El rostro de Itachi adquiría un bonito tono rosado. Sin despegar la mirada del par de pupilas negras, Minato hizo una última pregunta.
-Uchiha Itachi ¿me aceptas como tu legítimo esposo?.
Itachi curveó los labios en una tenue sonrisa, y Minato casi siente que se le detiene el corazón al verla, sólo para creer que realmente ha sucumbido al sentir como esos labios se posaban sobre los suyos y musitaban sin voz un 'acepto' en ellos, antes de iniciar un beso. El primer beso que Itachi, por voluntad propia le ofrecía a Minato.
Continuará?....
who knows! jajaja hay otro cap cocinado, pero me han dicho que este es bueno como final. No sé, no sé.. ud qué opina?
Muchas gracias por sus reviews, Uno especial a Zuzaku por la ayuda ^^ y un besotote Kea Langrey por todo su apoyo!!.
Espero haber contestado alguna que otra interrogante con esta entrega. Nos vemos!
