Post-nupcial

por sahel

Este fiki está dedicado a Kea Langrey y a Zusaku!! Gracias por la inspiración moshas.


Capítulo 6- Cortejo.

La comitiva Uchiha (conformada por cinco miembros) ultimó detalles y se preparó para abandonar el complejo familiar en dirección a la sede del Consejo Nacional Militar, en donde se llevaría acabo la reunión para discutir las propuestas de armamento de los siguientes cinco años; un contrato con miras a ser extensivo no sólo por la duración de la nueva presidencia del consejo que era de ocho años; sino por una longitud aun más prolongada. Itachi Uchiha había estado los últimos dos meses preparando la presentación de hoy día; sobre todo los últimos tres días, en los que no sólo inspeccionaba cada uno de los prototipos que revisaría el consejo y los Generales; también supervisó cada mínimo detalle de la propuesta audiovisual, la imagen corporativa, estadísticas, reportes informativos y de resultados.

Si. Habían sido días realmente intensos e Itachi estaba cansado, estresado y por irónico que fuera, emocionado. No por terminar con esta pesada presentación, que había consumido su vida demasiado tiempo ya; tampoco por el hecho de que, una vez concluido el trato, tanto su padre como su tío dejarían de respirar justo encima de su cuello. Mucho menos por el hecho de embolsarse varios miles de millones que engrosarían la ya de por sí vasta fortuna Uchiha. No. Aquello era bueno sin duda, sobretodo para el insaciable ego de su padre; pero lo que realmente hacía que todo el cansancio valiera la pena, lo que revoloteaba dentro de su estómago y le provocaba unas estúpidas e inmensas ganas de sonreír, era el hecho de que en aquella reunión, por primera vez en poco más de una semana, vería nuevamente a Minato.

Irritado por no poder dejar de pensar en el rubio, resopló un poco demasiado sonoro, llamando la atención de Shisui que viajaba junto a él en el automóvil. Su primo enarcó una ceja e Itachi simplemente meneó la cabeza y volvió la vista hacia el paisaje urbano de la ventanilla; afortunadamente su padre y Madara se encontraban en el asiento frente a ellos, inmersos cada uno en dar ordenes a través de sus celulares, por lo que no se percataron.

Aprovechando un poco de la fortuna que parecía sonreírle, se permitió dejar que su mente se perdiera un poco en lo sucedido cuando visitó al rubio en su oficina central en Sapporo. Aquel beso, con el que aceptó entablar una relación con su desposado y que había iniciado con letárgica cadencia, pronto escaló a una intensa sesión de húmedos, ardientes e intoxicantes besos. Itachi se estremeció imperceptiblemente al recordarlo.

Los cálidos brazos que se enredaron en su cuerpo para apegarlo al bien formado físico de Minato, mientras sus lenguas se deslizaban juntas, reconociendo y degustando el sabor del otro en sus bocas. Minato inclinó el rostro y profundizó el beso, sujetándolo con mayor fuerza, antes de permitir que sus manos comenzaran un sensual recorrido subiendo y bajándole por la espalda. Itachi mismo se aferró a los hombros de Minato, se repegó contra él mientras su lengua se frotaba con la del rubio. Cuando el beso concluyó, ambos estaban sin aliento. Itachi se sintió afectado, (y sabía que no era sólo por la falta de oxígeno) pues hasta sus rodillas por un instante no pudieron sostenerle. Cerró los ojos con fuerza y se aferró a los hombros anchos y fuertes de Minato, quien correspondió apretándolo con posesividad a su cuerpo, bajando la cabeza y dejando, sobre su sonrosada piel, una serie de suaves y cariñosos besos. Nunca había creído que un mimo tan sencillo como ese, podía sentirse tan malditamente bien. ¡Ja! Nunca se había dejado mimar por nadie.

El rubio había robado un último beso de sus labios antes de dejar que sus frentes descansaran una sobre otra, en un contacto íntimamente tierno.

-Quédate esta noche -esa había sido una orden y para sorpresa del heredero, no le importó en lo más mínimo. Tal vez porque lo había dicho con un tono bajo y cómplice. O tal vez fue, por el beso que le siguió.

-No puedo. En verdad, no tengo tiempo para disponer... -replicó con desgana y pesar, realmente no tenía ganas de volver a Tokyo. No, cuando podía quedarse justo aquí, recibiendo esas incitantes caricias y el cálido aliento de Minato rozándole la piel.

-Quédate... -musitó de nuevo, esta vez sobre el oído del pelinegro, acariciando la oreja con sus labios; dejando que la punta de la lengua le rozara apenas. Itachi se estremeció, exhalando aire pesadamente.

-N-No... puedo... -tartamudeó, echando la cabeza hacia atrás cuando Minato mudaba la atención de esos hábiles labios, de su oído al cuello. -Ah... basta... Minato...

Reuniendo la poca fuerza de voluntad que le quedaba, Itachi deslizó sus manos hacia el pecho del rubio y le empujó lejos de si, necesitaba poner un poco de espacio entre ambos. Para respiro del Uchiha, Minato cedió ante la presión, reticente cual fue, pero cedió. Casi. Al menos, dejó de torturarle con sus caricias y el calor de sus besos; pero no dejó de mantenerlo entre sus brazos.

-Huh... Bien... ¿Cuánto tiempo tenemos? -preguntó el rubio

-No mucho. Una hora, máximo, antes de que deba irme-

-¿Y si ofrezco llevarte? Vuelo privado, buena compañía, excelente champagne... -sugirió Minato con un seductor tono en la voz y una bella sonrisa en los labios.

-Galante, pero no bebo. -replicó el otro con media sonrisa y un gesto divertido en el rostro. Minato enarcó una ceja al comentario y el brillo travieso de esas pupilas negras.

-Es deliciosa con fresas - Tentó el rubio.

-Me disgustan las frutillas. -se encogió de hombros

-¿Maní tostado?

-Soy alérgico.

-¿Lo eres?

-No. Pero encajaba. -

Y el rubio rió.

-Bien. Bien. Me rindo. -concedió Minato. Levantó las manos y sujetó el rostro de Itachi entre ellas, acariciando sus pómulos con los dedos pulgares un par de veces mientras enganchaba su mirada cerúlea con las profundas pupilas negras del menor.

-Pero tendrás que concederme algo tú.-dijo suave, con cierta emoción en su voz. Robó un pequeño beso de los sonrosados labios de Itachi antes de soltarle. Rebuscó entre el interior del elegante saco verde militar que portaba y finalmente, luego de un momento, le mostró al pelinegro una pequeña caja negra. Itachi sintió su garganta apretujarse, al ver el objeto en las manos del rubio. ¿Es eso una...? No. Imposible... Enarcó una ceja y levantó su mirada hacia el rostro del otro.

Minato sonreía apocado. Abrió la cajita y los ojos de Itachi se fijaron en su contenido. Era una alianza. Era su alianza.

Parpadeó un par de veces y volvió buscar esas pupilas azules con cuestionamiento en las propias. Minato asintió.

-Kakashi la recuperó para mí -explicó, tomando la argolla, sujetó la mano izquierda del pelinegro también.

-Es tuya; y debe estar justo aquí -musitó, deslizando el aro de oro blanco en el dedo de Itachi. El moreno observó su mano unos segundos, sintió estar viviendo otro dejá vu, sólo que ésta vez el observar aquel anillo venía acompañado de cosquillas en el estómago y un agradable calorcillo que se propagaba por todo su cuerpo. Regresó su vista a Minato y vistió su rostro con un divertido gesto de altanería.

-Estabas muy seguro de que te aceptaría -retó, a lo que Minato solo sonrió- Uhm... ¿Dónde está... uhm...?

-Aquí -interrumpió Minato, entendiendo perfectamente qué intentaba preguntar el menor. El rubio levantó su mano, mostrando el dorso de la misma a Itachi. Y ahí, justo en la base de su dedo se encontraba otra argolla de blanquecino brillo, exactamente igual a la que el Uchiha ahora usaba. -La he usado todo el tiempo.

Y las mejillas de Itachi se encendieron. Ahora que lo mencionaba en su cabeza se arremolinaban imágenes de todas las veces que se habían visto. El rubio si había estado usando el anillo, justo frente a él, frente a su padre, a Shisui, a cualquiera con quien tuviera contacto. ¿Por qué? ¿En qué estaba pensando?

-Minato... No puedo usarlo... -

Itachi bajó la mirada unos segundos, posándola en su mano izquierda específicamente en su dedo índice. Sintió deseos de torcer los labios en alguna mueca. Cerró un poco la mano para que el pulgar pudiera rozar suavemente la argolla plateada. Minato lo había convencido de usarlo, por supuesto, no podía portar el anillo en el falange indicada, levantaría demasiadas sospechas en sus inquisitivos parientes. Itachi tenía la costumbre de usar sólo ciertos accesorios, el utilizar uno nuevo con regularidad y en 'ese' lugar en específico, estaba fuera de discusión, sin embargo accedió a llevarlo aunque fuese en otra manera. Ambos sabrían qué significado tenía en realidad y eso debía ser lo importante; o eso fue lo que su mente alcanzó a rescatar de lo que Minato dijo, le fue difícil concentrarse cuando el rubio lo arrinconó contra la pared y volvió a asaltarle con sus labios, robándole los sentidos con el simple hecho de tocarlo.

Volver a Tokyo le había costado. Mucho más de lo que pensó sería posible. Realmente no conocía al rubio lo suficiente como para querer permanecer a su lado. Claro, le gustaba. Le atraía como nadie jamás, pero no era razón suficiente para la ansiedad que experimentó por la sola idea de separarse.

Ahora, sin embargo, y por mucho que aun le fuera completamente extraño, tenía razones para sentirla.

Desde su visita a Hokaido, no había pasado un solo día en que Minato no le llamara por teléfono, incluso en más de una ocasión el mismo día. Solían platicar por la noche, cuando ambos tenían el tiempo y la privacidad para hacerlo; cuando podían darse el lujo de perderse en la hechizante voz del otro y dejar pasar los minutos hasta convertirse en horas. Sus platicas giraban en torno a todo y nada a la vez. Desde sus pesados días de trabajo, anécdotas vergonzosas, los frustrantes pero insuperables asistentes personales que tenían, su comida favorita, las relaciones con sus familias, cómo se preparaba el mejor café del mundo; los pequeños seres que llenaban sus mundos y hacían que todo su esfuerzo valiera la pena: Naruto y Sasuke.

Una semana y unos cuantos días, habían bastado para que Minato se percatara del incondicional amor por su hermano pequeño; de lo mucho que deseaba poder hacer su vida diferente a la que él había experimentado. De los esfuerzos que hacía por brindarle alguna semblanza de normalidad, de lo difícil que le era portarse distante con el pequeño cuando sus padres estaban presentes, pues aunque sabía que Sasuke entendía también sabía que le dolía el aparente rechazo de su hermano mayor. Y Minato; le había escuchado y le había descubierto con pasmosa facilidad. Y comprendía. Minato comprendía bien y en todas y cada una de esas llamadas, se había mostrado sereno, sincero y galante. Nunca dejó de hacerle sentir lo mucho que le importaba, y aunque solía hacer mención de lo que quisiera estar haciendo con él además de hablar, siempre fue elegante, y aceptaría, que divertido.

Minato con el ronco barítono de su voz susurrando a su oído cada noche, con un ingenio e inteligencia que lo asombraban, con su fluida plática y sutiles concejos, con el palpable cariño que profesaban sus palabras... Sí se atreviera a poner en palabras lo que le hacía sentir, diría que le había conquistado...

-Itachi -la voz de Shisui le llamó con suavidad y el heredero volvió su atención a su primo con una mirada cuestionante - Llegamos.

-¿Distraído, sobrino maravilla? Creí que no viviría para ver un día así...- comentó burlón su tío Madara, dedicándole esa mirada llena de rencor y envidia con la que le había visto toda la vida. Itachi no se inmutó.

-Kuchiki está aquí -dijo en cambio, sorprendiendo a los ocupantes del automóvil y provocando, con esa sola frase, que todos se tensaran. Definitivamente la reunión que sostendrían minutos más adelante, acababa de complicarse aun más.


Las luces se encendieron en la sala de conferencias, tras terminada la proyección, y todas las miradas de los presentes en aquel lugar, se posaron de inmediato en el alto rubio que encabezaba la reunión. Minato Namikaze inhaló una profunda e imperceptible bocanada de aire, se reacomodó en su asiento, apoyando la espalda en el respaldo.

-Bien. Creo que con eso podemos dar por concluida ésta reunión ¿No les parece? -comentó con sencillez y media sonrisa, disfrazando la tácita orden, tratando de aligerar un poco al pesado ambiente que se respiraba en aquella sala. Los Uchiha no habían mostrado nada más que frialdad al enterarse que no eran la única opción que Minato estaba considerando, a diferencia de como su predecesor lo había trabajado; Madara Uchiha lo hizo notar en varias ocasiones durante la discusión de los proyectos.

-¿Cuándo se dará a conocer el resultado? -inquirió Byakuya Kuchiki, con su inconfundible voz de comando. Adelantándose a lo que seguramente también estaba apunto de preguntar Shisui Uchiha cuando abrió los labios para hablar.

-Ambas propuestas son interesantes y diametralmente opuestas. No escatimaré en analizarlas a profundidad. -respondió el rubio, paseó sus ojos del extremo derecho al extremo izquierdo de la mesa, en donde se encontraban sentados los contratistas. Con discreción, sus pupilas se detenían unos segundos más en el jovencito de coleta y profundas ojeras; pero apenas se daba el lujo de disfrutar el mirarlo, cuando se obligaba a apartar su vista del pelinegro. -Kakashi les contactará, tan pronto como sea posible, para concertar una nueva reunión. Por supuesto, privada.

-¿Quieres que permanezcamos en espera de tu llamado? -intervino Madara nuevamente, haciendo notorio su asombro e indignación- Niño. Si quieres la oportunidad de trabajar para nosotros, deberás seguir el protocolo del General Sarutobi, o perder la oportunidad.

-¿En verdad? -desafió Minato, arrugando ligeramente las cejas al centro. Sus ojos se engancharon fieros orgullosos e intimidantes con la mirada obsidiana de Madara.

-Creí que los Uchiha no temían a la competencia, Madara-san -

-Kuchiki. El día que nos llegues a pisar los talones, aun está demasiado lejos para ser siquiera una posibilidad.

-Por supuesto -ironizó aristocrático- Aun así, lo estoy haciendo.

-Maa... Niños no pelen por el mismo juguete. -intervino Kakashi con tono indiferente, a un paso detrás de Minato que observaba al duo reñirse- Compórtense, o se irán a la cama sin cenar. -y sus ojos se curvearon, todo él adoptando un aire desgarbado, como si sus palabras no hubieran sido una ofensiva reprimenda para los dos empresarios.

-Tú. Simplón. Cómo te atreves--

-Suficiente, Madara. -ordenó tajante una voz serena, fría e imposiblemente vacua; el aludido apretó la mandíbula y calló. Itachi Uchiha levantó entonces el rostro y clavó sus orgullosos ojos en Namizake- Sé que nuestra propuesta es lo suficientemente fuerte para aprobar su revisión y sobrepasar a otros proveedores. Cuando esté listo para iniciar pláticas, volveremos.

Por unos segundos, esos segundos en los que sus ojos se encontraron, nada más que ellos existió. Minato pudo ver en esos hermosos ojos negros, los que había extrañado tanto estos días, un reclamo. Un reproche envoltura de ansiedad y anhelo. Itachi estaba sorprendido (y molesto) de saber que no era el único proveedor considerado para la licitación de armamento militar; la inesperada situación, había logrado opacar el brillo con el que sus ojos le miraron, cuando volvieron a encontrarse luego de tantos días. ¡Y dios, cómo había deseado verlo! Itachi se levantó de su asiento, y su comitiva le siguió. Aquel gesto no indicaba nada más que su partida y por mucho que Minato deseara pedirle que no se fuera, inventar cualquier pretexto para hablar con él a solas; Por mucho que deseara cruzar la distancia que los separaba, quitar de su camino a los inoportunos testigos, alcanzar al pelinegro y atraparlo entre sus brazos. No podía.

-Señor Namikaze. Kuchiki. -musitó Itachi con una leve reverencia para ambos. Dedicó una última mirada al rubio y se dio media vuelta, alejándose de la habitación con elegante andar.

Itachi caminó con seguridad, con altivez y (aunque fuese verdad lo negaría) con urgencia. Deseaba salir de aquella habitación y su asfixiante aire opresor. Encontrarse que tenía competencia para su proyecto, le molestó, por supuesto. ¡Pero el hecho de que Minato lo supiera y no le hubiese advertido era ofensivo! Nada en el mundo lo enfadaba más que el no estar preparado. Estúpido rubio... lo mandaría a dormir al sofá si pudiera... Ahora tendría que lidiar con el mal humor de su padre, la viperina lengua de su tío y el nervioso servilismo de su primo. De saber a qué se enfrentaría, se habría preparado desde antes para éste momento.

Los ojos de Minato lo siguieron hasta que desapareció tras la puerta de cedro. Sólo entonces y al escuchar la voz del otro contratista, fue que el rubio logró apartar su atención del joven Uchiha.

-Espero puedas excusar mi comportamiento Namikaze.-Byakuya musitó, levantándose también- Abarai se pondrá en contacto con el joven Hatake para concertar la siguiente reunión. Caballeros.- Y tras una apocada reverencia Byakuya Kuchiki y su asistente personal Abarai Renji, también se abandonaron la tensa sala de juntas, dejando tras de sí a un mortificado rubio que cortés se despidió, pero que paseó una mano por su cabello en frustrado gesto luego de el click de la puerta.

-Maa... no estuvo tan mal -dijo Kakashi una vez solos, rascando su cabeza distraídamente mientras sonreía despreocupado. Minato resopló irónico y volteó a verle con una ceja enarcada. -Ok. Ok. Me callo. Iré a revisar los últimos detalles de la cena de hoy.

Sin más, tomó un juego de carpetas con las propuestas recién presentadas y salió de la habitación. Un segundo después volvió a aparecer, asomando sólo la cabeza.

-¡No te preocupes tanto maestro, el sexo de reconciliación, es del mejor tipo que hay! -sonrió ladino y desapareció antes de que Minato pudiera hacer algo.


La presentación del nuevo comité de la Defensa Nacional se presentó a la prensa por la mañana, por la tarde se llevó a cabo la primera reunión del nuevo presidente con los Generales, Comandantes y Licitadores armamentistas. Y ahora, con la noche extendida por todo Tokyo, Minato Namikaze se encontraba saludando a infinidad de gente de los más altos estratos sociales, empresarios, inversionistas y personal de la Defensa entre otros; todos reunidos en Odaiba para, con una cena-baile, dar la bienvenida al nuevo Director del consejo de la Defensa Nacional. Minato había declinado inicialmente, prefería seguir con el bajo perfil que siempre había mantenido, sin embargo, Jiraiya -como pocas veces- le objetó esa decisión, alegando que desairar a los organizadores repercutiría en el consecuente apoyo que necesitaría para realizar todos los cambios que deseaba instaurar. Consciente de que su padre hablaba con total acierto, cedió.

-Además -había dicho Kakashi- es una buena oportunidad para que le metas mano al gruñón de tu esposo.

Minato sonrió al recordarlo, la desfachatez de Kakashi y esa simpleza con la que se desenvolvía, siempre lograban animarlo. Claro, el condenado peligris, había hecho su comentario cuando Jiraiya estaba presente, provocándole al mayor que casi le diera un paro cardiaco, y que Minato deseara atizarle una buena zurra por lanzar la bomba y luego esfumarse, dejándolo solo para lidiar con su alterado padre y la inesperada noticia de su matrimonio.

A Jiraiya no le había importado en lo más mínimo, que su hijo que se casara con un completo extraño en una borrachera. Se consideraba bastante liberal y una situación así, en otra circunstancia lo habría hecho reír sin parar por años, mofándose y torturando a su perfecto vástago por sus ebrias acciones; pero jamás imaginó que su único hijo, terminara casado precisamente con un completo extraño. Ese era el punto. Un hombre. Y ni siquiera era el sexo, era sólo que Minato nunca antes había mostrado interés por algún tío, era lógico que le sorprendiera. El rubio había tenido sus romances adolescentes con lindas chicas del colegio y cuando decidió unirse con Kushina, aunque apresurado, a Jiraiya le pareció natural. De verdad, enterarse ahora que sus preferencias habían cambiado, lo hicieron querer salir corriendo a buscar a su madre para que revisara a su hijo y le corroborara que seguía cuerdo. Pero buscar a Tsunade era en si una empresa demasiado complicada. Mejor se tomaba un buen sake y asunto resuelto.

Minato había intentado decirle el nombre de su yerno, pero el alto hombre de cabellos blancos elevó una mano para detenerlo, mencionando que si bien no tenía problema con la elección de pareja de su hijo, necesitaba un poco de tiempo y el efecto etílico en su sangre para recibir más información. Minato había sonreído y aceptó las condiciones de su padre.

El mismo que ahora se entretenía contando sus aventuras a un grupo de atractivas damas de alta sociedad, aparentemente fascinadas por las historias del mayor. Sólo esperaba que no fueran de índole sexual, las anécdotas favoritas de su padre.

-Hermosa gala, Namikaze -musitó alguien a su espalda. Minato reconoció la voz de inmediato, no por nada conocía a Kuchiki desde que eran niños; desde que sus padres se asociaron en varias inversiones y compartieron escuela durante varios grados. Se volvió hacia el serio empresario, asintió con elegante movimiento de cabeza y una sonrisa, como saludo y como respuesta a lo que comentaba el otro.

Se enfrascaron en una plática sencilla, rememorando alguna vivencia pasada y comentando sobre el hecho de estar ambos en aquel lugar, ninguno era muy afecto a asistir a ese tipo de eventos de la alta sociedad; aunque Byakuya solía atenderlos mucho más seguido que Minato. La distante pero cordial amistad que mantenían desde chicos ahora les beneficiaba a ambos. Minato escuchaba del pelinegro, nombres y características de ciertas personas que podrían representar una ventaja o una traba en su nuevo puesto; el heredero Kuchiki, aprovechaba el saberse cercano al nuevo Director, para fortalecer su propia posición entre los detractores de su familia.

Ninguno de los dos se percató del arribo al salón de otro de los 'solteros' más codiciados de esa noche: Itachi Uchiha. El pelinegro llegó acompañado de su inseparable asistente. Su padre declinó asistir, aun molesto por encontrarse competencia en la licitación; en su lugar envió a su hijo y a Madara, aunque el orgulloso hombre advirtió que llegaría cuando a él le pareciera conveniente. Itachi no discutió, era mejor estar lejos de su tío cuando estaba de mal humor.

Itachi tampoco sentía ánimo de presentarse a esa cena. Desde que salieron de la reunión, había estado tratando de definir los alcances y repercusiones de que existiera otro contratista, tratando de establecer parámetros y propuestas para controlar cualquier daño colateral que pudiese ocurrir si es que en realidad perdían el contrato. Estaba seguro que su proyecto era inigualable, pero realmente no sabía que esperar con el rubio. Itachi resopló fastidiado, a pesar de que aun seguía molesto con el otro, no podía dejar de pensar en él. Como no pudo evitar ese infantil cosquilleo en el estómago durante el viaje hacia Odaiba, tampoco, el que su corazón palpitara al entrar al lugar y saber que podría verlo.

Tomó la copa que Shisui le alcanzaba y dio un pequeño sorbo. Muy pequeño, sólo para guardar la apariencia. Realmente no bebía (por eso terminó borracho en Shinjuku), mucho menos cuando estaba en alguna reunión social. La cena estaba programada para servirse en una hora más, así que mientras tanto y seguido de su primo, fue moviéndose por el lugar, saludando a algunos de los empresarios y militares que pululaban en el salón. Con discreción, sus ojos recorrieron cada centímetro de la habitación buscando, entre las muchas cabezas que presentes, una melena rubia que se distinguiera del resto. Luego de unos minutos, la encontró.

Las cejas de Itachi se fruncieron al centro, un gesto muy ligero, pero existente. En uno de los extremos de la habitación, enganchados en una aparentemente entretenida conversación, inmersos en ligeras risas, casuales roces y fugaces susurros al oído, estaba el maldito rubio que había ocupado sus pensamientos desde hacía casi un mes, junto a quien se estaba convirtiendo en un desagradable e indeseado entrometido: Byakuya Kuchiki. Itachi sintió una punzada atravesarle el estómago y sin ser consciente, su respiración se volvió pesada. Nunca en su vida había sentido que sus venas se llenaban de algo parecido al fuego, quemándole por dentro con ansiedad, y con un instinto asesino dirigido en su totalidad al infeliz de Kuchiki. Su aura asesina debió ser perceptible para los demás invitados, pues momentáneamente, aquellos que dirigían sus pasos hacia donde se encontraba, desviaban su camino en el último instante.

Minato sintió un escalofrío recorrerle desde la nuca, desvió la mirada hacia donde sentía que alguien le miraba con intensidad. Se le fue el aliento. A unos cuantos metros, un par de hermosos y fúricos ojos negros se clavaban en él con insistencia. Minato tragó saliva con dificultad. Ahí, frente a él, ataviado en un elegante traje negro de silueta sencilla, con minimalistas bordados en carmín oscuro, camisa a juego y fina corbata; se encontraba la personificación del ser más atractivo que sus ojos habían visto jamás. Itachi Uchiha. Un sueño húmedo viviente. Sin poder evitarlo, Minato recorrió la esbelta figura del pelinegro con la mirada, deteniéndola finalmente en los ojos del Uchiha y tras unos segundos de observarse mutuamente, los labios del rubio se torcieron en una seductora sonrisa. Itachi enarcó una ceja, manteniendo su gesto serio como si no le afectara en absoluto el atractivo rubio, pero el tenue sonrojo de sus mejillas le traicionaba, muy a su pesar.

-No se le ve muy feliz -musitó el acompañante del rubio, acercándosele más, como si fuera una confidencia lo que decía. Los ojos de Itachi destellaron con furia.

-Tampoco lo está tu asistente -replicó Minato, dando un discreto paso lejos del pelinegro, que de inmediato volvió su vista hacia su pelirrojo acompañante.- Creo que luce muy dispuesto a deshacerse de mí.

-Aah. - concedió el Kuchiki, con una ligera sonrisa maliciosa en los labios.

-Eres cruel al tentarlo así. -

-Un ocupado empresario necesita de sus distracciones-

-Disfruta entonces... -musitó el rubio, inclinándose sobre Byakuya. Con un leve asentimiento se despidió de su antiguo conocido y se retiró, dejando atrás aun refunfuñante pelirrojo y un entretenido moreno.

Sus pasos le llevaron entonces hacia otro joven de negros cabellos, que ahora parecía ignorarle olímpicamente, clavando su mirada en cualquier otro lugar del salón excepto en dirección a Minato; de hecho, había girado tanto, que casi le daba la espalda. Casi. El rubio sonrió. Esa actitud en Itachi, le hacía ver muy lindo.

-Buenas noches, Namikaze-sama -musitó el joven con una reverencia algo pronunciada cuando estuvo lo suficientemente cerca de los dos jóvenes Uchiha, el aludido esbozó una sonrisa y saludó con un ligero movimiento de cabeza.

-Qué tal, Shisui-san -contestó el rubio cortés- Por favor, no me llames con ese título. Es suntuoso e innecesario.

El pelinegro asintió e inconsciente movió sus ojos hacia el otro Uchiha, el que parecía querer calcinar al rubio con la mirada y aparente indiferencia. Incómodo por la situación (él, en definitiva estaba seguro de que su primo estaba celoso) decidió que la retirada sería mucho mejor y más digna que permanecer en donde no era necesaria su presencia. Se aclaró la garganta y musitando una queda disculpa sobre confirmar sus lugares para la cena, se retiró. Dejando al par en una translúcida cortina de relativa privacidad.

Minato decidió tomar la iniciativa, pues era bastante obvio que el pelinegro no tenía intención de comenzar alguna plática. Escuetamente había respondido a su saludo con un gesto de la cabeza. De verdad Itachi le parecía adorable.

-Alguien tan joven como tú, no debería arrugar tanto el ceño. Te saldrán arrugas. -comentó juguetón, elevando dos de sus dedos para golpear suavemente la frente del pelinegro. El toque, aunque suave, fue lo suficientemente fuerte para que Itachi lo resintiera y frunciendo más el entrecejo, alcanzó el lugar que había recibido el roce con sus dedos y frotó con un movimiento ligero su piel. Un ademán que aparentó existir para reacomodar su flequillo y no sobar su afectada frente.

-No lo haría, sí no tuviera razones para ello -replicó a regañadientes. El tono bajo y cortante con el que habló, terminó por confirmar lo que Minato ya suponía. Estaba molesto. El rubio sonrió, torciendo lo labios ligeramente antes de encogerse de hombros; se inclinó un poco sobre el pelinegro y sintiéndose atrevido, rozó los dedos contra el dorso de la mano de Itachi, en un contacto que (aunque discreto) excedía del tiempo estrictamente necesario para consolidarse.

-Te encuentro excitante cuando te enfadas.

-Idiota -musitó el Uchiha con un gesto álgido en el rostro. Se dio media vuelta y trató de alejarse del rubio. Minato sujetó su brazo al instante, su mano cerrándose fuerte y segura en la varonil extremidad. Sin dar tiempo a que Itachi se indignara y le exigiera ser liberado, Minato le atrajo con elegante movimiento, y emprendió un caminar hacia una de las salidas laterales del salón.

-¿Vendría conmigo un momento, Uchiha-san? -musitó el rubio lo suficientemente fuerte para que oídos curiosos fueran saciados.

-Namikaze... la cena está por comenzar -replicó Itachi, caminando al ritmo que imponía el otro para mantener la fachada de cordialidad y no atraer más atención de la necesaria. Aunque no podía evitar sentir que su rostro se cubría con un fino tinte rosado.

-Entonces, es mejor apurarnos. ¿Cierto? -

Itachi sintió una mezcla de sensaciones, entre incredulidad para la actitud de Minato; ante el hecho de que sin pena alguna le estuviera apartando tan notoriamente de los demás. Sintió excitación por el hecho de que sin pena alguna Minato le estuviera apartando tan notoriamente de los demás. Minato lo llevó no muy lejos del salón, le arrincono en uno de los espacios más desiertos que había en el lugar, uno que se encontraba semi cubierto por ornamentos estructurales y decoración de jardineras. Itachi no se había percatado de que existía ese rincón oculto tan a la vista de todos.

-Minato, qué significa esta acti---

-Itachi -le interrumpió serio- Sé que estás molesto y que necesitamos hablar, pero... -sujetó el rostro del Uchiha entre sus manos- Bésame ahora y riñeme después.

Sin dar tiempo a más, el rubio eliminó la distancia de sus rostros y asaltó los labios de Itachi con hambrienta avidez, moviendo sus labios con maestría para disfrutar de su forma y textura, de su sabor. Una vez más, el Uchiha cosideraba que los labios de Minato debían estar entre los más suaves labios de todo el mundo, tan perfectamente formados para atender y derretir los suyos sin defecto alguno. Itachi se aferró inicialmente tenso a los brazos del rubio, pero sentir su boca atendida tan placenteramente, dejó que sus sentidos se abrumaran con la sensación, con esa electricidad que le atrapaba cuando sus labios se encontraban, con ese fuego instantáneo que nacía en cada célula de su cuerpo; pronto deslizó sus manos por sobre los hombros de Minato, alcanzando la melena entre sus dedos para acercar aun más al Namikaze; mientras Minato, en aturdidoras caricias, mudaba sus manos al delgado y bien formado cuerpo del moreno, sintiendo su forma bajo la fina tela, percibiendo el insinuante calor que transmitía, aferrándolo a su cuerpo como había deseado hacer desde que lo vio entrar a su oficina ese día más temprano.

-¡Aah..! - Itachi gimió mezcla de la presión con que los fuertes brazos del rubio lo apresaron y el placer que tal acción propagó por su cuerpo. Minato aprovechó el instante para deslizar su lengua por sobre sus labios, la invasión no tardó más de unos segundos en ocurrir. Los segundos que le tomaron a Itachi ceder a la petición del otro y abrió su boca para él.

Cuando sus lenguas se encontraron, entusiasmados y adictos, todo los demás se nubló con una cálida cortina de placer. Ambos sintieron el tiempo detenerse envueltos en caricias ardientes e intoxicantes besos. Minato lo aferró por la cintura y coló su rodilla por entre las piernas del pelinegro, logrando que sus pelvis chocaran y naciera una deliciosa fricción entre sus cuerpos. La que les hizo jadear y como si fuera combustible, avivó el deseo de por devorar los labios del otro.

Sólo cuando les fue imperativo el respirar separaron sus labios, jalando aire con sonora ansiedad.

-Mmh... Minato... -musitó entrecortado Itachi, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás topando con la pared al sentir al rubio frotarse descaradamente contra su cuerpo. El firme bulto que Minato tenía entre las piernas era tan prominente como el que Itachi mismo portaba.

-Es-- Espera... la cena... - recordó cuando las manos del Namikae se colaron hábiles bajo el saco negro y la camisa de seda; enviando centenares de agradables escalofríos por todo su cuerpo cuando esos insistentes dedos, comenzaban a rozar su piel.

-Fuguemonos- replicó el otro, haciendo del cuello de Itachi el nuevo campo de batalla para sus labios.

-Mmh... No - contestó el otro con admirable firmeza, a pesar de ceder al tirón que su pierna recibía para elevarse y anclarse en la cadera de Minato. Logrando que sus cuerpos se juntaran imposiblemente cerca. - Aun estoy molesto contigo.

-Mejor. Me encantará debartir contigo... - El sonido de la voz de Minato, ronca y susurrante, envió escalofríos por toda la espina de Itachi, avivando el mar de mociones que ya ardía en su pecho. Esos días de espera, interminables y eternos, esos días de sopesar su situación y considerar las repercusiones, se desvanecieron en el aire con el roce de la fuerte mandíbula de Minato contra su mejilla, de la calidez de sus cuerpos unidos. Ahora, en este momento, estaba aquí y le parecía lo mas simple en todo el mundo, girar la cabeza para dejar que sus labios se encontraran de nuevo...

-Creo que deben esperar a comer primero antes de llegar al postre. -interrumpió alguien sobresaltando a la pareja- No que me importe claro, soy fiel admirador del exhibicionismo....

Y con aquellas simples palabras, la atmósfera en la que se habían embriagado, se esfumó.

Continuará....


Gracias a katsurag: por pensar que el fiki es bueno. Mai-Ojitos-Hiwatari: Espero que te agrade este nuevo cap. Dark-ekin: Aun no llego a la parte de Sasuke-Minato, pero defintivamente se conocerán. Sunaona Shiratori, gatita de Uchiha, Alexa Hiwatari, Lestat OLeary : gracias por el review. Espero les guste el cap. tsunade25: No se me ocurrió un epílogo, más bien continuación. Espero te agrada y gracias por los reviews. .Yaoi: mil gracias por tu review, aquí hay una nueva entrega y sip, planeo que Naruto y Sasuke se conozcan^^ Liliam: Pues si, creo que hay para más capis y aquí va uno más, gracias por tus palabras, son alentadoras ^^ Chris M Black: El fiki continua, espero te agrade ^^gracias por tu review. shaphat: Me alegra que te gustara el fik y que te arriesgaras al leerlo.

De nuevo, gracias a todos los que dejan un review! a los que no lo dejan y a los que se toman el tiempo de leer... ^o^ Espero les agrade el capítulo, cualquier duda o comentario es bienvenido. No se que tan rápido podré actualizar, pero trataré de que sea a la brevedad.