Post-nupcial

por sahel

¡Este fiki está dedicado a Kea Langrey y a Zusaku! Gracias por la inspiración moshas.


Capítulo 7 Consumación

Advertencia: Este capítulo contiene Lemon.

Esos días de espera, interminables y eternos, esos días de sopesar su situación y considerar las repercusiones, se desvanecieron en el aire con el roce de la fuerte mandíbula de Minato contra su mejilla, de la calidez de sus cuerpos unidos. Ahora, en este momento estaba aquí y le parecía lo más simple en todo el mundo, girar la cabeza para dejar que sus labios se encontraran de nuevo...

-Creo que deben esperar a comer primero antes de llegar al postre. -interrumpió alguien sobresaltando a la pareja- No que me importe claro, soy fiel admirador del exhibicionismo...

Y con aquellas simples palabras, la atmósfera en la que se habían embriagado, se esfumó.

El rostro de Itachi enrojeció completamente, por instinto trató de alejar al rubio empujándolo lejos de sí, pero Minato no tenía intensión de soltarlo, tensó los brazos y abrazó al Uchiha contra su pecho; haciéndolo enrojecer más, cuando descaradamente plantaba un largo beso en su sien izquierda. ¿Qué acaso nada lo inhibía?.

-¿Está bien? Luce más rojo que un tomate... Maa, tal vez por eso te lo querías comer Maestro... -musitó Hakate para mayor irritabilidad del Uchiha y diversión de los otros dos hombres. Itachi le dedicó una mirada áspera y se forzó a sí mismo a eliminar rastro físico de su bochorno. Arrugó un poco el ceño y con un movimiento elegante se irguió entre los brazos del rubio, pidiendo con tan sólo esa acción que se le liberara. Minato no quería soltarlo, Itachi ciertamente lucía devorable sonrojado, pero igual sabía que Kakashi había picado el orgullo del jovencito y retenerlo en aquella desventaja física, lo ofendería más. El peliplateado sólo curvó los ojos en cresta, desestimando así la molestia del Uchiha.

-¿Asi que tú eres mi nuevo hijo, ah?- la voz gruesa y jocosa del tercer hombre, desvió la atención de su pequeña riña. Itachi volvió sus ojos al mayor, abriéndolos hasta casi desorbitar cuando el entendimiento de sus palabras finalmente se asentó en su mente. Jiraiya sonrió. -Dios. Eres muy atractivo. Creo que entiendo porqué Minato pasó por alto tu género. -comentó galante, para luego guiñarle un ojo y soltar una sonora carcajada.

-Maa... ¿Eso cree Jiraya-san? -dijo Kakashi rascando su cabeza para luego ladearla curioso, estudiando al pelinegro- Aa, supongo que pasa por un tomboy...

-Kakashi -reprendió Minato en tono severo, haciendo que el aludido se tensara. Minato entendía su negro sentido del humor, pero no permitiría que bajo ese manto, ni su exalumno -ni nadie- criticaran a Itachi. Kakashi tuvo la cordura de agachar un poco la cabeza, y tras un murmurado 'lo lamento maestro' permaneció sin decir más. El Uchiha sintió un extraño calorcito arremolinársele en el vientre por el accionar del rubio.

-Jiraya Sannin, padre de Minato - dijo el mayor, extendiendo su mano hacia el jovencito pelinegro, quien sujeto la extremidad de aquel alto e imponente hombre de largos y alborotados cabellos blancos. Al verlo, Itachi comprendió de dónde había heredado Minato su fortaleza física.

-Es un placer conocerlo, Namikaze-sama. Yo soy Uchiha, Itachi. Le suplico indulgencia conmigo- musitó Itachi, inclinando la cabeza al saludar propiamente al mayor. Jiraiya enarcó una ceja, miró a su hijo que sólo negó con la cabeza y luego volvió a mirar al pelinegro. Entonces -para confusión del moreno- comenzó a reír despreocupadamente, dando una fuerte palmada en la espalda al delgado joven, sobresaltándolo con el gesto.

-Oye chico, somos familia ahora -dijo jocoso- Llámame Jiraiya, odio la solemnidad, eso es sólo para los que tienen algo atravesado en el trasero.

-¡Papá! -reprendió avergonzado Minato, provocando una nueva y sonora carcajada de su padre.

-Uhm... por supuesto... Señor Jiraiya... -musitó desconcertado, forzando la última palabra. No había sido educado para interactuar con tal familiaridad con nadie, mucho menos con quien era 'su suegro' . Jiraya divertido, cruzó los brazos sobre el pecho y lo miró significativamente, como si comprendiera a la perfección los motivos de Itachi para no llamarle por su nombre, pero igualmente entretenido por el evidente esfuerzo que realizaba el jovencito para complacerle en algún grado. Minato torció los labios en una sonrisa cómplice, abrazando nuevamente al pelinegro por la cintura. Intercambió algunas palabras con su padre y le agradeció el que le buscara pues la cena estaba por iniciar y requería de su presencia.

-Entra primero- dijo Minato, acariciando los brazos de Itachi de arriba a abajo -Shisui debe estar esperándote ansioso- Itachi asintió y revistió esa coraza de elegante altivez que poseía. Se despidió de los otros dos (mas bien de Jiriaya, pero como Hatake estaba ahí, fue un agregado) y se encaminó hacia la recepción. Antes de estar fuera de alcance, Minato le tomó del brazo y en súbito movimiento le robó un beso. Sus mejillas se tiñeron de nuevo aunque esta vez un poco menos visible, se forzó a ello. -Nos vemos más tarde. Te estaré esperando.

Itachi le miró renuente a aceptar. Habían acordado en su última llamada dos días antes, que se encontrarían después de la cena-baile en el penthouse de Minato, sin embargo, ahora no le parecía una buena idea. Minato le apretó el brazo en significativo gesto y ante las intensas pupilas azules, finalmente Itachi asintió.

La cena transcurrió como una película bizarra y anteriormente proyectada. Tal vez, porque muchas de las personas presentes eran siempre las mismas en esta clase de eventos sociales. Tal vez, porque las pláticas siempre giraban en torno a la política, la economía, el divorcio más reciente y las aventuras sexuales de éste o aquel empresario sentado en aquella mesa... Itachi estaba harto del estilo de vida de estas personas, si podía justificar su ausencia, evitaba el presentarse a las reuniones; su tío era mucho más hábil y poseía una labia especial para lidiar con gente tan irritantemente mediocre. Era en situaciones como ésta, por las que Itachi aceptaba que realmente pocos podían compararse con los Uchiha.

Madra apareció minutos antes de que se iniciara formalmente la cena y aunque los Uchiha se sentaron juntos intercambiaron muy pocas palabras. Itachi seguía abrumado por los acontecimientos del día; sobretodo, estaba descolocado ante la idea de que el padre de Minato ahora sabía de su relación. Habían acordado no mencionarlo, enfrentarse de pronto al imponente hombre le congeló la sangre. A su tío, poco le importaba platicar, porque realmente estaba más interesado en fulminar con la mirada a los Namikaze que en prestar atención a algo más. Enjugando en su mente la envidia de creer que debería ser él quien se sentara en la mesa principal y fuese el que recibiera las menciones y toda la atención de la noche. Shisui era el único que llevaba una conversación con los demás comensales en la mesa; interviniendo o acotando para sus distraídos parientes lo que se hablaba en la mesa, cuando se les hacía una pregunta directa.

El mayor de los Uchiha se retiró primero y en cuanto fue socialmente aceptable, aludiendo que debía terminar pendientes de trabajo. A Itachi realmente no le importó, sólo quería alejarse del lúgubre hombre y tener un momento para respirar sin su opresora presencia.

Cuando llegó su turno para retirarse, Minato le observó con fuego ardiendo en sus pupilas azules y su mano sujetó la de Itachi mucho más de lo conveniente, pero al rubio no parecía importarle mucho que hubiera gente esperando su oportunidad para despedirse del nuevo Director del Consejo. De no haber sido porque Jiraya -que parado junto a su hijo también recibía los saludos- se aclaró la garganta lo suficientemente fuerte para que Minato entendiera la indirecta, seguramente en unas horas ya habría rumores sobre la actitud del rubio. Cuando Itachi recuperó su secuestrada extremidad se retiró con rapidez del lugar.

Durante el trayecto en el automóvil, Shisui observó discreto la introspección que su primo presentaba desde que abandonaran Odaiba. Algo le preocupaba, y era obvio no sólo por su semblante serio, ese nuevo tic nervioso (el girar su alianza plateada dentro y fuera del dedo) que había desarrollado tras conocer al Namkaze también se lo comunicaba. El joven pelinegro sabía que su primo estaba pensando en Minato y probablemente en lo acontecido previo a la cena. Cuando salió a buscarlo, pues Madara recién aparecía en escena, lo pudo ver al final del distante pasillo hablando no sólo con el rubio, sino también con el padre de éste. Trató de mantenerse al margen, esperándole en el umbral de la puerta, pues Itachi parecía estar terminando su conversación. Alcanzó a ver cómo el rubio lo detenía antes de alejarse completamente y murmurarle algo tras un beso. Durante la cena y ahora en el auto, Itachi parecía perdido en sus pensamientos, y por los finos movimientos que realizaban sus labios al curvearse hacia abajo; sus cejas, al arrugarse al centro. Los leves y cansinos resoplos, que escapaban de entre sus labios. Shisui, presumía que su querido primo, estaba nuevamente replanteándose su relación con Namikaze. Lo conocía demasiado bien como para saber qué significaban cada una de esas expresiones, diablos, estaba seguro que era una de las dos personas capaces de notar el micro cambio en sus líneas de expresión. El otro sin duda alguna era Kisame.

'Che Itachi tiende a sufrir delirio de mártir -le había dicho Kisame- es un maldito masoquista, aunque nunca lo acepte, se sacrificaría por su familia. Hazlo ir. Hazlo ser el jodido egoísta que debería ser, para que no permita que nadie le quite a 'su querido esposo'.

Shusui pintó una maliciosa sonrisa en sus labios y aprovechando la completa falta de atención por parte de Itachi, el mayor de los dos Uchiha, dio indicaciones al chofer para cambiar el rumbo y dirigirse a Ginza, donde estaba el hotel en el que debía encontrarse con el rubio.

Cuando llegaron, Shisui sacó a su primo de su ensimismamiento con un ligero empujón al contactar sus hombros. Desconcertado, Itachi le cuestionó con la mirada, sólo para recibir una sonrisa sardónica de regreso y la promesa de que pasaría a recogerlo a las siete en punto de la mañana. El Uchiha enarcó una ceja, notando por primera vez la locación en la que estaba; antes de que se negara, su primo casi lo hace salir por la fuerza del automóvil.

Itachi resopló y se adentró al edificio sin mirar atrás en ningún momento.

El lugar estaba iluminado a media luz. Lucía exactamente a como lo recordaba, se acercó al ventanal tras dejar su gabardina y saco en el sofá. La vista era hermosa. Tokyo a media noche es un espectáculo de luz digno de admirarse; La Torre de Tokyo levantándose majestuosa a la distancia, como una inconfundible aguja brillante en el lienzo oscuro de la noche. Las vibrantes y fugaces venas vehiculares que circulan por toda la ciudad, como mágicos ríos de luces y colores, perdiéndose entre las siluetas de los edificios. Los inmensos y bellos jardines del Palacio Imperial, tan armónicos, serenos e imponentes, que incitan a perderse entre sus verdes figuras y recibir las bondades de la naturaleza. Olvidando por un momento quién eres.

Eso sería estupendo

Los hombros de Itachi cayeron ligeramente y tras cerrar los ojos, inclinó la cabeza para apoyar la frente contra el vidrio del ventanal.

Cliché.

Lo sabía. No le importaba.

Sentir los brazos de Minato rodearle la cintura tras la espalda, apegarlo a su pecho y recibir un cálido roce de labios en la mejilla, valía la pena aunque fuese la reproducción de la escena de alguna mala película romántica.

Si. Cliché. Pero que bien se sentía ser protagonista.

-Lamento la tardanza -el susurro ronco que escuchó justo sobre el oído, le hizo cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de Minato. El rubio reforzó el abrazo, apretándolo posesivamente cariñoso. Satisfecho de poder tenerlo entre los brazos. ¡Dios! Cómo había deseado poder abrazarlo sin ocultarse, sin preocuparse por nadie más. Justo como lo tenía ahora. Sentir su cuerpo amoldarse al suyo, para transmitirle este calor incitante y acogedor. Uno que había extrañado en demasía. Uno que se genera sólo con la compañía física de la persona que amas...

Minato se tensó un momento. ¿Amor?

Había amado a Kushina, sin duda. Su muerte le dolió tanto como para dejarlo derrumbado sin esperanza, sí Naruto no hubiese nacido, probablemente su pérdida lo habría consumido. Después de su esposa, nadie había siquiera llamado su atención. Diez años después, por simple coincidencia, un jovencito de negro cabello apareció en su campo visual y adonde quiera que se moviera, sus ojos no pudieron dejar de seguirlo.

Pero Itachi nunca fue sólo atracción física.

Claro, el Uchiha era físicamente espectacular. Sus rasgos finos, su delgada figura, sus profundos ojos negros. El joven destilaba atracción por los poros y sensualidad por sus palabras. Su fluida plática, sus interesantes ideas, su desafiante presencia. Minato fue atrapado por la vorágine que el Uchiha era. Nunca antes de él otro hombre atrapó su mirada, por eso, cuando despertó en con un anillo en su dedo, un certificado del enlace nupcial y el sabor de Itachi en los labios, Minato casi sufrió un paro cardiaco. Es decir, si claro Itachi era grandioso y ¡Joder! Nunca había tenido sexo más placentero y satisfactorio en toda su vida que con el pelinegro ¿Pero por Dios, un hombre? Jamás en su vida lo habría siquiera imaginado. ¿Se arrepintió? No exactamente, estaba confundido eso lo admitía. El nulo contacto del chico los consecuentes días, le hicieron obligarse a pensar que sólo había sido un error y con la inminente elección al consejo, tuvo que pedir el apoyo de su mejor amigo. Kakashi nunca le cuestionó, no le criticó ni hizo ningún ácido comentario al respecto; fueron de hecho sus palabras las que le hicieron meditar qué tanto debía importarle el género, cuando era la persona lo que realmente valía. De ahí en adelante, cuando Kakashi reconoció el brillo de reflexión en sus ojos, su exalumno no dejó de empujarle a que buscara al pelinegro.

A darse una oportunidad.

Claro, haber tenido sexo nuevamente con él, fue sólo una confirmación de su atracción por Itachi; pero habían sido esos días en los que compartieron interminables charlas al teléfono; esas largas noches en las que la suave y varonil voz del pelinegro le susurró al oído, dejándole conocerlo, entenderlo y admirarlo fueron las que tuvieron un efecto definitivo en lo que Minato sentía por él. Itachi no era un parlanchín de carismática personalidad y pláticas entretenidas; no, Minato descubrió a un joven sumamente capaz de llevar una conversación con ritmo, cadencia e interés. Su personalidad fuerte e intelectual era hipnotizante y tras conocerle, el rubio descubrió que poseía un alma compasiva y valerosa. Hablando con él cada noche, encontró su fino y un tanto sardónico sentido del humor, mezclado con dotes de inesperada inocencia de juventud. Itachi tenía además una beta de ternura que le llevaba a ser el excelente hermano que era. Su adoración por el pequeño Uchiha era admirable, y fue ese corazón (el mismo que Nauro reconoció de inmediato al conocerlo) lo que terminó por enamorarlo.

-¿Minato?- Oh, y cómo olvidar, cuando la voz de Itachi siempre controlada y distante, perdía esa fría cualidad para tornarse suave, confiada y se atrevería a afirmar que hasta afectuosa. Escucharla le revolvía el estómago, le emocionaba saber que Itachi le permitía conocerle vulnerable. Y Minato tenía una debilidad por la fragilidad humana.

-¡Minato! - Llamó Itachi de nuevo, esta vez con una nota seria y autoritaria en su voz.

-¿Uhm? Oh, Disculpa... -replicó un tanto divertido, inclinando el rostro para que sus labios pudieran plantarse cariñosos en la pálida mejilla del pelinegro. Itachi gruñó bajo, pero permitió el prolongado beso regalado por el rubio, estremeciéndose entre sus brazos cuando el roce se mudó a la comisura de sus labios. Sin embargo, la sensación despertó al Uchiha, que resopló y en fluido movimiento se separó de los brazos de Minato.

-Necesitamos hablar -dijo, moviéndose hacia el centro de la habitación. Minato resintió el dejarlo ir y le observó moverse con resignación. Si, tenían que hablar. Dejó salir el aire lentamente y vistió sus labios con media sonrisa antes de acercarse también a la sala, sentándose en el otro extremo del sofá de oscuro tapiz, que Itachi había elegido para acomodarse. Ambos quedaron frente a frente, con la espalda en cada uno de los antebrazos del mueble.

-Escucho -musitó el rubio. Itachi frunció las cejas y miró a Minato con evidente molestia en sus ojos, por esa actitud condescendiente que mostraba; como si fuera sólo Itachi el que tenía algo qué decir. Luego de unos segundos de pesado silencio, el rubio tuvo que ceder ante la intensidad con que el moreno le observaba, y por extraño que fuera, al mismo tiempo, se sintió tremendamente orgulloso del Uchiha. Nadie jamás había logrado presionarlo hasta éste punto: que Minato Namikaze cediera.

-¿Qué? Dijiste que querías hablar... -musitó defensivo pero juguetón.

-¿Y tú escucharás? -replicó serio el otro- Tu afirmación parece implicar el que yo tengo algo que decir.

-¿Y no es así?

-Lo es.

-Pero... -insistió Minato, tratando de forzar al otro a que terminara la frase. Itachi enarcó una de sus finas cejas.

-Esta era tu oportunidad para explicarte.

-¿Explicarme? ¿Sobre qué?

-Ciertamente, sobre qué... -Repitió parco el pelinegro y Minato no pudo más que resoplar, desordenando su cabello -algo frustrado- mientras pasaba las manos por su rubia melena. Itachi definitivamente estaba molesto. Esta frialdad era casi la misma que mostró aquella vez en el restaurante, cuando le había forzado a aceptar verlo en el almuerzo. Torció los labios en media sonrisa. Bien, si Itachi deseaba que él iniciara, lo haría.

-¿Ya tienes todo empacado? -preguntó, sorprendiendo al pelinegro con el abrupto cambio de tema- He arreglado todo para traer tus pertenencias aquí. Sólo necesito que me digas qué hora te parece más conveniente. -Y sonrió.

-¿Traer... mis pertenencias?

-Itachi, acordamos el vivir juntos aquí y tratar de hacer funcionar... esto -dijo, moviendo su mano para señalar los a ambos- concluida la reunión de hoy. Bien, la reunión ya concluyó y no veo porqué retrasar más el estar juntos.

Vivir juntos.... El Uchiha arrugó un poco el ceño y sus labios se curvearon hacia abajo ligeramente, para tratar de ocultar el sonroje de sus mejillas tras escuchar a Minato.

-También acordamos no dejar que, por el momento, alguien más se enterara de nosotros. Y sin embargo, hoy tuve que presentarme a tu padre. -contraatacó el moreno, sabiendo a la perfección lo certero de sus palabras. El rostro de Minato -por otro lado- se mostró apenado, aclaró su garganta y rascó nervioso su mejilla con un dedo, desviando un momento la vista del pelinegro.

Ah, momento de explicarme...

-Oh, si... sobre eso... -inició el rubio- No fue intencional, simplemente un tropezón de lengua de Kakashi... -

La mandíbula de Itachi se tensó notoriamente y su mirada se volvió severa con la simple explicación. Escuchar que el peliplateado estaba involucrado no fue nada agradable para el Uchiha; y la condescendencia con que Minato le restaba importancia no hacía más que aumentar el desagrado que ya tenía por el mejor amigo del rubio.

-Lo dudo -dijo finalmente y hablando con tensión; Minato no podía estar en total desacuerdo con el moreno, Kakashi solía usar su careta desenfadada para soltar ese tipo de golpes a diestra y siniestra, sin enfrentar la furia de la gente a la que provocaba. Aunque estaba seguro que no lo hizo con intenciones negativas, si sabía -con total certeza- que el haber informado a Jiraiya del estado civil de Minato, tenía una intención oculta. Daba igual, no tenía tiempo de meditar el porqué de las acciones de su amigo, justo ahora, simplemente trató de aprovechar la situación.

-Bueno, igual no hubo problema alguno con mi padre. De hecho, quiere que compartamos un almuerzo con él, lo más pronto posible. Él, realmente quiere conversar contigo. -comentó el rubio, sonriendo emocionado a Itachi, que resopló y desvió la mirada, sin ser consciente del pequeño mohín que formaron sus labios. Minato casi suelta la carcajada al ver al heredero Uchiha, hacer un berrinche.

-¡Ese no es el punto, Minato! -replicó el moreno, levantándose del sofá para caminar lejos del otro hombre. Minato también se levantó, pero permaneció en su lugar. -Has manipulado esta situación a tu total beneficio, manteniéndome fuera. No me agrada el ser la pieza de juego de nadie.

-No te estoy usando, Itachi.- Ahora fue el turno de Namikaze para enseriar el gesto de su rostro, mirando al pelinegro con severidad. Aunque su voz se escuchó controlada, el moreno supo que Minato le advertía no continuar por ese camino; pero él era Itachi Uchiha, él no recibía advertencias las repartía.

-¿Por qué no me dijiste de la existencia de otro proveedor? -Y ahí estaba, la pregunta que Minato había esperado que se hiciera en cuanto los ojos de Itachi se posaron sobre él en la sala de juntas. Minato levantó una ceja, regresando la misma mirada que el moreno le enviaba: desafiante.

-¿Quién pregunta, el empresario o mi pareja? - Minato observó cómo las facciones del moreno se tensaban luego de escuchar la afrenta de su respuesta. Lo vio luchar con sus emociones, casi el morderse la lengua para no gruñir. Minato había usado la línea que el propio Itachi pintó entre ellos en una de sus conversaciones telefónicas, aludiendo a que debían mantener por separado sus vidas profesionales si querían una convivencia pacífica. Ahora, por supuesto, con ese fuego abrasador en las negras pupilas, no parecía que una 'convivencia pacífica' entre ellos pudiera darse.

Minato resopló pesadamente, percatándose de que si quería realmente iniciar una vida junto a Itachi, no era de ésta forma como lo lograría. Le era obvio que Itachi se estaba tragando las ganas de refutar al verse enfrentado con sus propias palabras; sabía que el empresario en Itachi suprimía esa hambre de respuestas, esa necesidad de satisfacer sus demandas. Y lo valoraba. Sabía también que lo peor que podía hacer era dañar el orgullo de un Uchiha. Inhaló un poco de aire, se acercó al moreno con el rostro más tranquilo y la mirada calma, alcanzó uno de sus hombros con suavidad, un contacto crucial pues de él dependía el rechazo o la aceptación para seguir.

Itacho no era considerado un genio por nada. El entendía la difícil posición de Minato, fue precisamente por eso que no quiso que mezclaran su vida personal y el trabajo que hacían; y por ello, se refrenó en decir más. El reclamarle algo tan obvio, no sólo era incorrecto ¡era totalmente infantil! pero al tratarse de Minato, no podía evitar que sus sentimientos tomaran control y se desbocaran, dejando que su reconocida razón simplemente se fuera de paseo. El roce de Minato, su cercanía y esos intensos ojos cobalto que le solicitaban -ya no ordenaban- comprensión, atajaron y doblegaron por completo ese vulgar impulso, que desde el estómago, le dictaba el zanjarlo todo e irse del lugar. Evadir el asunto largándose sólo mostraría lo inmaduro que era, cuando se pavoneaba de ser un hombre adulto y pensante. No, ambos eran hombres razonables y maduros, ambos tenían razón en no querer discutir el trabajo cuando se trataba de ellos, de su vida como pareja; las llamadas que se hicieron durante los días anteriores y que cimentaron el momento que ahora compartían, nunca se trataron de nada más que de ellos mismos, permitiéndose olvidar el pequeño detalle del trabajo.

-Itachi -la voz de Minato fue un susurro cálido, que el Uchiha sintió rozarle la piel del rostro porque el rubio se acercó hasta casi pegársele al cuerpo. Levantó los ojos para encontrarse con ese hipnotizante cielo azul- No tenemos porqué discutir esto. No lo hagamos.

Los ojos negros de Itachi sólo tomaron dos segundos antes de cambiar su forma de mirar, se mostraron entonces abrasadoramente apacibles. Se curvearon los labios del moreno momentos antes de que, con un elegante movimiento de su cuello, el Uchiha aceptara la tregua que proponía Minato y -deseando también- plantar sus labios en la suculenta boca del rubio, sumergiéndolo en un contacto sensual y apasionado.

Minato se estremeció. Finalmente, luego de eternos días de espera, no más. Deseaba los labios de Itachi, deseaba sus besos, necesitaba escucharle suspirar, sentir su aliento entrecortado y cálido golpearle la piel. Quería esa pequeña lengua rosada a su alcance, donde pudiera tomarla y succionarla. Los brazos del pelinegro subieron casi de inmediato, enredándose en el cuello del mayor y sus dorados cabellos; a cambio los de aquel, se deslizaban por el delgado cuerpo del menor hasta la cintura, aferrándolo.

El beso entonces, no tardó en desbordarse, en volverse vibrante electricidad a cada milímetro que sus labios se rozaban. Días de espera y preocupación, de sopesar las consecuencias de su nueva vida juntos, de las explicaciones que tendrían que afrontar, de todo lo que se les vendría encima, se esfumó en el aire con aquel contacto de sus labios, del roce de la fuerte mandíbula del rubio sobre la pálida mejilla de Itachi, el calor que emanaban sus cuerpos. Éste momento era especial, éste era el momento en que consumaban su unión, ésta era la primera vez que consientes de quién era la otra persona, se le entregaban como pareja. Ésta era su luna de miel, y finalmente estaba aquí. Ahora, parecía lo más simple del mundo dejar que el fuego dentro del estómago se volviera combustible de su accionar; que se volviera la llama que encendiera cada célula de su cuerpo y lo convirtiera en fuego vivo. Nadie más era o sería capaz, jamás, de provocar esa reacción. La sola sensación era adictiva, aun si lo hicieran un millón de veces, nunca sería suficiente.

-Minato... -dejó escapar el moreno cuando la necesidad de respirar se volvió primordial. Minato rió suavemente al notar el usualmente incoloro rostro del menor, cubierto por un tenue pero insinuante tono rosado. Torció los labios en media sonrisa, peinando las mechas de negro cabello lejos del rostro del menor. ¡Dios, era hermoso!

-¿No vas a desmayarte o algo así, ah?-

-Te crees muy bueno, Namizake -Itachi respondió divertido, acercándose para pasar la punta de su lengua sobre el labio inferior del rubio, sonriendo satisfecho cuando el otro se estremeció.

-Sé que lo soy-

-Hm... Necesitaré una demostración -Antes que pudiera decir nada más, fue halado con algo de rudeza, grandes manos sujetaron su trasero, aferrándolo al cuerpo del rubio mientras era empujado en dirección a la habitación. Sus bocas se encontraron nuevamente en algún punto del pasillo, el fuego volvió a invadir sus bocas, sus lenguas se deslizaron desesperadas uno contra la otra. Comenzaba a volverse doloroso el mantener sus piernas juntas, la placentera presión se arremolinaba de tal forma, que no se dieron cuenta cuando alcanzaron el umbral de la puerta, pero se detuvieron contra ese lugar para frotar sus cuerpos con ansiedad, envueltos en el esperado momento que compartían. Nada parecía importar justo ahora, todo lo que importaba era la lengua del otro probando el interior de sus bocas, los estremecedores espasmos que atravesaban el abdomen, y los deliciosos dedos que se paseaban por la baja espalda, removiendo la estorbosa ropa.

Minato lo empujó de pronto con un poco demasiada fuerza, haciendo que casi cayera 'desparramado' sobre la cama de aquella elegante habitación a media luz. Los afilados reflejos de Itachi le hicieron sujetarse a la camisa del rubio, justo en el momento preciso para jalarlo con él, cayendo ambos sobre el mullido colchón. Ambos rieron divertidos, a pesar de lo poco característico que esa acción resultara en ambos. Se sentía bien. Se sentía cómplice.

-Estás algo ansioso, Namizake - casi ronroneó el pelinegro contra los labios del rubio, mordiendo suavemente la lengua de Minato antes de alejarse unos pocos centímetros para poder mirarlo, con un brillo pícaro en sus profundos ojos negros.

-Sí pudieras ver lo sexy que eres, no establecerías lo obvio...-replicó el otro sobre su oído, atrapando el lóbulo entre los dientes para succionarlo luego, lenta y tentadoramente. Itachi no pudo más que aferrarse a la camisa del rubio, formando puños sobre la espalda, tirando de ella segundos después para poder colar sus manos debajo y así, poder sentir los músculos del otro en contacto directo con sus yemas. Con cada segundo, las caricias y los jadeos escalaban en intensidad, la forma en que ambos buscaban friccionar sus cuerpos se estaba volviendo tanto enloquecedor como frustrante, necesitaban más.

Minato se incorporó, quedando arrodillado sobre la cama, con sus piernas a cada lado del cuerpo de Itachi. El moreno se irguió lo suficiente para apoyarse en los codos. Enarcó una ceja y sus ojos destilaron libido. Minato -para incredulidad y deleite de su espectador- comenzó a desabrochar su camisa, en un movimiento lento y sin despegar jamás los ojos del moreno. Su forma de moverse era tarda pero decididamente sensual, sobretodo cuando elevó los hombros y dejó que la tela comenzara a caer desde ellos hasta sus piernas. Los labios de Itachi se torcieron en una sonrisa, estaba recibiendo un gran show. Demasiado. Su respirar comenzó a tornarse pesado, directamente proporcional a los centímetros de piel que iban quedando expuestas, del fornido pecho del rubio. Pasó la lengua por sus labios secos, inconscientemente. Espectacular. Así tenía que calificar a Minato, el moreno no podía apartar la mirada de esos músculos, de la forma en que se movían y marcaban, de la ligeramente apiñonada piel, sus formados brazos y perfectamente curvos hombros. Masculinos. Nunca había pagado por un espectáculo de este tipo, pero entregaría su fortuna por éste.

-¿Debería poner un billete en tu pantalón, Namikaze? -dijo con un tono ronco y provocativo, que envió escalofríos al ya despierto miembro del rubio.

-No estará mucho tiempo puesto, no te preocupes -replicó el otro, guiñando un ojo antes de inclinarse sobre el moreno atrapando sus labios con los propios, haciendo que volviera a recostarse por completo sobre la cama. La presión con que Minato devoraba sus labios le hacían despertar el instinto animal. Un ahogado gruñido escapó de entre sus labios, ninguno supo quién lo emitió y tampoco les importó; era un sencillo reflejo la creciente desesperación que bullía por más contacto. Las manos de Minato se movieron entonces, buscando la camisa de seda negra que usaba Itachi, jaloneándola y abriendo sin cuidado alguno la prenda; el Uchiha ayudó con igual ímpetu. Lo único que quería era sentir la piel del otro en contacto directo con la propia.

Sus labios se encontraron de nuevo una vez que el ofensor pedazo de tela fue exitosamente removido. El calor explotó entonces, cuando el rubio se agachó y puso en contacto directo su húmeda lengua con un pequeño, redondo y perfecto pezón rosado, logrando que Itachi arqueara la espalda y echara la cabeza hacia atrás jadeando complacido.

Minato sonrió, aun con sus labios en contacto con la piel del Uchiha. Se movió luego, subiendo por su cuello hasta la mandíbula y alcanzando de nuevo su boca, enfrascándose en otro duelo de dominio bucal, mientras sus manos se movían sin detenerse, buscando botones, bajando zipers, tirando de la ropa hasta lograr que sus cuerpos consiguieran la ansiada libertad. Minato volvió casi de inmediato a atender al moreno con sus labios, clavando sus ojos cerúleos en el pelinegro, deslizando sus labios y lengua por los músculos del abdomen de Itachi, raspando la piel con los dientes el vientre. Sus manos se unieron, sujetando la cadera del menor para encontrar balance, pues justo ahora decidía cambiar un poco su posición, colando una de sus piernas por entre las de Itachi, que no tardaron nada en apartarse para darle espacio, levantándose un poco al ser flexionadas también. Mismas manos que luego se deslizaron por tersa piel de largas y definidas piernas. Moldeando sensual los muslos de Itachi. El rubio se incorporó un poco, lo suficiente para poder admirar la desnudez de su esposo... era lo más hermoso que jamás vería, y quiso hacérselo saber atendiéndolo de nuevo. Todo, desde la corva de las rodillas hasta sus tobillos fue adorado por los labios del rubio, hasta que Itachi se retorcía entre las sábanas con evidente placer.

Un fuerte puño se cerró sobre las mechas rubias en la nuca de Minato, tirando de ellas y de su dueño para enfrentar un par de pupilas negras que demandaban la conclusión del ejercicio. Minato comprendió a la perfección y pasó saliva con dificultad cuando las piernas entre las que estaba, se abrieron aun más para él. El rubio había planeado inicialmente disfrutar de la antesala, del juego previo al sexo... ¡pero dioses! tener al Uchiha tan ansioso y dispuesto, le estaba arrebatando el control que tenía, el deseo de tenerlo, de probarlo, de tomar el falo del moreno dentro de la boca se hizo incontenible.

Y segundos después el sabor a Itachi llenó por completo sus papilas gustativas; el distintivo aroma de su sexo invadió por completo los canales nasales y fue instintivo el cerrar la boca sobre la húmeda punta del pene de Itachi, sonriendo alrededor de la sensible carnosidad, cuando sus acciones fueron recompensadas con un audible y profundo gemido. Su propio sexo pulsó de placer por el puño en su cabello que le soltó para aferrarse al del moreno, tirando del mismo para tratar de soportar la sensación. Minato alcanzó esa mano y con un poco de insistencia, logró que soltara las hebras negras para fundirse con su propia mano. Se enfrascaron en otro beso ardoroso y furtivo. Itachi logró distinguir un sabor diferente en los labios del rubio. Su propio sabor. Esa idea avivó el fuego de sus entrañas, y antes que Minato supiera qué pasaba, un profundo gruñido se escuchó desde el fondo de la garganta de Itachi y el rubio se encontró recostado sobre su espalda en el colchón, mirando hacia arriba al pelinegro. Fue un cambio de escenario realmente bienvenido, Itachi se veía grandioso sentado sobre su desnuda cadera.

-Mmm... qué buena vista, mejor a como la imaginé... -musitó ronco el rubio. Itachi enarcó una ceja y sonrió de lado, paseando su mano libre por el pecho del rubio, pinchando las tetillas y apretando sus muslos contra el cuerpo que sostenían debajo.

-¿Fantaseaste conmigo acaso? -

-Absolutamente.

Itachi bufó excitado y divertido, inclinándose sobre el pecho del rubio para que sus miembros se frotaran uno contra el otro. Al contacto, ambos jadearon estremecidos y la mano que mantenían sujeta recibió un fuerte apretón. Itachi se inclinó aun más, buscando olfatear el cuello de Minato ahora que lo dejaba expuesto cuando aventaba la cabeza hacia atrás. Sintió las grandes manos del rubio sujetar su cadera y comenzar a moverla sobre su cuerpo para imponer una fricción rítmica y deliciosa, esa que aumentaba el calor entre las piernas de ambos.

De pronto Minato sintió su rostro invadido por una lluvia de besos, de caricias húmedas con una juguetona lengua y resoplidos incitantes; hacía tanto tiempo que nadie le dedicaba mimos como esos, el rubio se sintió derretir por completo ante el cariñoso gesto del moreno regalado a cada parte de su cuerpo disponible. Y estando desnudo, había mucho dónde plantar esos besos. El movimiento de la cadera de Itachi estaba consiguiendo que ambos alcanzaran el punto de quiebre, de seguir con la placentera fricción no tardarían en concluir; pero no habían llegado a éste punto para dejar que la ansiedad les ganara.

Renuente, Minato retiró sus manos del perfecto trasero de Itachi para alcanzar entonces entre ellas su rostro. Lo atrajo hasta el propio y volvió a iniciar un profundo asalto a su boca. Deslizando su lengua dentro de la tibia cavidad de Itachi, mientras aumentaba el ritmo en el que sus miembros se restregaban. La piel del moreno se sentía arder sobre su cuerpo y las respiraciones crecían en urgencia. Ninguno podía esperar mucho más.

Itachi buscó el miembro del rubio y lo sujetó con fuerza, haciéndolo gemir profundamente. El falo pulsaba cálido entre sus dedos, humedeciéndolos con el líquido preseminal que ya comenzaba a gotear la punta. Lo apretó un poco demasiado fuerte, aunque sin lastimar al rubio, sólo lo suficiente para que los ojos cobalto de Minato se clavaran en los propios. Y Minato entendió. Esos ojos negros le decían que su dueño estaba al límite. Lo quería. Dentro. Ahora. ¡Y por dios, que Minato lo habría penetrado justo en ese momento! Pero Itachi le importaba demasiado, quería que disfrutara de éste momento juntos, de su primera vez juntos como (consensuales) esposos. Se incorporó un momento, estirándose para alcanzar la gaveta del buró al lado de su cama. Tomo una botella de lubricante de su interior, estaba por verter el ungüento sobre sus dedos cuando Itachi se la quitó con un rápido movimiento. Le sonrió. Embadurnó sus dedos con el lubricante y de inmediato volvió hacia el sexo duro y caliente del rubio, cubriéndolo con eficacia. Atrapó sus labios nuevamente y susurró entre ellos un: Mételo ahora que hizo que el rubio casi se venga ahí mismo de escucharlo hablar así.

Había mucho que descubrir de su pareja, sexualmente hablando. Pero ahora tendría la oportunidad.

Ambos contuvieron el aliento cuando Minato cruzó el primer anillo de músculos en Itachi, la sensación se incrementó al cerrar los ojos. Era tan intensa la estrechez, el calor de ese cuerpo, pero más que eso, era la emoción del momento. No era la primera vez que compartían la cama, pero parecía que nada podía compararse con este instante, con la abrumadora sensación de estar junto a la persona que amas, totalmente concentrada en ella, en nada más que en el mutuo descubrir, en el mutuo placer; en la asfixiante pasión recorriendo cada célula como una droga. Ese momento en que sus cuerpo se volvían uno, era el principio y final. Una inexplicable perfección de su imperfecta relación. Algo único.

Ambos jadeaban, ambos se entregaban al instante que compartían; toda la espera, fantasías o inconvenientes que pudieron existir finalmente explotaban en este hacer. Itachi se movía sobre el cuerpo del rubio con sensual señorío, él estaba imponiendo el ritmo y la forma en que se compenetraban; el rubio trataba de darle el soporte necesario para que pudiera montarlo a placer, aunque no tardó en empujar también su cadera acelerando un poco el vaivén. Itachi jadeó e irguió la espalda, echando la cabeza hacia atrás cuando Minato alcanzó totalmente su interior, cada embestida era más profunda, deliciosa; increíbles olas de placer sacudían su cuerpo. Itachi se sentía arrastrado a un mundo envuelto en calidez y deseo. Las manos del rubio se aferraron a su cadera, seguramente dejarían una marca, pero eso no parecía importarle a ninguno.

El rubio se incorporó, quedando sentado sobre la mullida cama; permitiendo que Itachi desdoblara sus piernas para enroscarlas en la cintura del mayor. Sus manos comenzaron entonces a recorrer y sentir los anchos hombros y fuerte espalda del rubio a placer. Enredando los dedos a veces en las doradas mechas o bajando por la espina hasta sus nalgas, sujetándolas y apretándolas contra sí. Minato se entretenía entonces en repartir húmedos besos por todo su cuello, mandíbula y labios, tragando a veces los jadeos que escapaban de la garganta del moreno como si fuese el alimento para un pobre desnutrido. Sus manos tampoco se detenían en un sólo lugar, paseaban por las piernas de Itachi y su espalda. Le acariciaba los brazos, los costados y le sujetaba de nuevo por la cintura para levantarlo y ayudar a que las embestidas aumentaran en presión y potencia.

-¡Minato! ¡Dios... fuerte... más fuerte! -jadeó extasiado el moreno cuando comenzó a golpear repetidamente su próstata; entonces todo a su alrededor se detuvo excepto ese hombre que le partía el interior con sofocante certeza; el aroma a sexo llenaba ya por completo toda su capacidad olfativa, así como los gemidos que Minato soltaba, roncos y graves, primitivos.

-¡Itachi...!- El llamado, urgente y necesitado, fue lo suficientemente claro para que el pelinegro entendiera. El otro estaba por llegar al clímax. Por supuesto, el que comenzara a estimular su miembro con la mano, también le hizo saber que deseaba que concluyeran juntos. Ambos buscaron los ojos del otro y sus miradas se engancharon. Se necesitaban. Se deseaban. Itachi tensó los músculos de su interior, contrayendo el sobre estimulado miembro de Minato y haciéndolo enloquecer, llevándolo hasta el límite...

-¡Dentro... aah!... ¡vente, dentro...! -jadeó entrecortado el Uchiha y fue de lo último que estuvo consiente, antes de que su cuerpo se electrificara con incontables descargas orgasmicas, eyaculando entre los vientres de ambos y sintiendo su interior ser igualmente humedecido, gracias al rubio.

Itachi se encontró de pronto mirando el techo de la habitación. Minato había rodado para dejarle recostado sobre la cama y se había tendido a su lado. Recuperando el aliento tanto como Itachi. El Uchiha frunció un poco el ceño, si bien, no era un hombre que gustara de empalagosos arrumacos, por alguna razón ahora no deseaba la libertad que el rubio le proporcionaba al permanecer paralelo a él. Así que decidió obtener un poco de lo que quería. Movió su brazo, pasándolo por encima del cuerpo de Minato hasta alcanzar el brazo del rubio. Sujetó su muñeca y con un firme pero gentil tirón lo jaló para que se recostara sobre su cuerpo. Minato parpadeó sorprendido ante la acción, sobre todo cuando las piernas de Itachi volvían a abrirse y permitían que su cadera se acomodara nuevamente en el espacio entre ellas; para luego ser abrazado por las largas extremidades inferiores del moreno. Uno de los brazos de Itachi se coló por debajo de su hombro, sujetándolo de la espalda y el otro le enroscó en su cuello, obligándolo a recostar la rubia cabeza en el pecho del Uchiha. Sólo entonces, cuando lo tenía apegado a su cuerpo en el posesivo abrazo, Itachi Uchiha se relajó. Soltando un quedo y contento suspiro.

Minato rió bajo, abrazándolo igualmente, dejando una serie de besos sobre la piel del otro. Estaba demasiado feliz para ocultarlo. Creyó que el moreno buscaría su espacio tras terminar, incluso que se levantaría de la cama. Era la impresión que tenía del joven luego de sus previos encuentros, pero para su completo extasíe, no sólo permaneció a su lado, había sido Itachi quien buscó acunarse entre sus brazos.

-Itachi, te amh-

-No lo digas -interrumpió el otro, con un susurro de voz trémulo- Aun no.

Minato asintió. Permanecieron abrazados así por varios minutos, sin volver a pronunciar palabra. No fue sino hasta que las piernas de Itachi se deslizaron adormiladas de su cuerpo y sus brazos perdieron tensión lentamente que cambiaron de posición. Esta vez acucharados bajo las sábanas, recostados sobre un costado, con la espalda de Itachi apoyada en el pecho de Minato y sus brazos aferrándolo protector. El rubio dejó un par de sentidos besos en el rostro de Itachi antes de alcanzarlo en el mundo de Morfeo.

Ya hablarían por la mañana.


continuará...

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