Post-nupcial

Este capítulo está dedicado especialmente a KEA LANGREY, por su cumpleaños. ¡Te quiero mucho, pkño!


Capítulo 8 Contratiempo

Minato inspiró profundo, girando el cuerpo para quedar boca arriba sobre la cama. La conciencia comenzaba a regresar a sus sentidos al mismo tiempo que el sonido de la regadera en el cuarto de baño se dejaba escuchar. Parpadeó un par de veces antes de girar la cabeza hacia el buró a su derecha y observar en el reloj (y sin sorpresa alguna) que sus dígitos marcaban las 5:27 de la mañana. Restregó una de sus manos contra el rostro para eliminar cualquier rastro de sopor que aun quedara en él, toda una vida de madrugar le tenía ya programado, pero aun así le costaba desperezarse de su mullido colchón, sobre todo cuando la noche anterior pasó llena de intensa actividad física.

Los labios del rubio se curvaron satisfechos. Oh si, había disfrutado mucho la noche anterior. Y la anterior, y la previa a esa... De hecho, cada noche de la semana pasada habían sido en extremo satisfactorias. Llegar al penthouse luego de un largo día de trabajo y encontrarse con el objeto de su afecto; ser capaz de compartir con él aunque sea unas cuantas horas de intimidad, de silencio y complicidad. Ser capaz de escucharle hablar de su día, de verlo disfrutar una taza de té, pero sobretodo de sentir sus brazos buscarle, rodearle el cuello y apegarse a su cuerpo con sensual coquetería. ¡Oh, nada era mejor que ese momento! Cuando ambos buscaban acortar la distancia entre sus rostros y se sumergían en un ansiado beso profundo.

Una semana. Siete días de vivir junto a Itachi. Siete días en los que conoció algunos de los hábitos que poseía el Uchiha. Como lo malhumorado que podía ser por las mañanas o lo increíblemente compulsivo que era para ordenar sus pertenencias. Su infantil gusto por comer dango como postre a todas horas. El ducharse siempre que llegaba del trabajo, fuese la hora que fuese y, la que confundía a Minato, su despertador interno: Itachi no entendía el concepto de dormir temprano y ni levantarse tarde.

Hmm, eso explica las lindas orejas que tiene. Minato dejó escapar una ligera risa al pensar en ello. Y supo, aunque no pudiera verse, que su rostro portaba una tonta expresión enamorada. Pensar en el pelinegro, en su compañía y en lo inmensamente agradable que era dormir a su lado, le hacían sentir el estómago revuelto con emoción mientras un calorcito se expandía por todo su cuerpo desde el pecho. Se sentía feliz.

Por primera vez en diez años, podía asegurar que estaba feliz.

Y con la comprensión llegó de pronto un terrible y profundo hueco en su estómago. La sonrisa que había estado portando se desvaneció de pronto, dejando en su lugar una expresión seria y pensativa, que acentuaba una arruga entre sus cejas y formaba una curva invertida en sus labios. Le pareció escuchar que un constante y ruidoso 'bip bip' hacía eco en el fondo de su mente, pero no le prestó atención. Estaba demasiado sumergido en sus pensamientos como para percatarse de algo; no sintió siquiera cuando sus puños se cerraron y apretaron la sábana que le cubría con tal fuerza que sus nudillos comenzaron a ponerse en blanco. Tampoco sintió la mirada oscura de Itachi observarle atento, enmarcada bajo una elevada ceja negra.

Itachi se acercó hasta la cama, consciente de que Minato no lo estaba de él. Con elegancia, se inclinó un poco para posar su mano sobre el aparato despertador y presionando un botón, cesó la hostigante alarma que el rubio insistía en programar, aun y cuando él siempre abría los ojos mucho antes de que fuese necesaria. Sin despegar la mirada de otro, Itachi se sentó al lado del distraído rubio, ladeó la cabeza curioso, mentalmente tratando de descifrar qué motivo podría provocar esa profunda arruga entre sus cejas. Apenas si amanecía, y ayer no había mencionado nada que pudiera justificar su actual estado, qué razón podría tener para estar tan preocupado. Itachi reacomodó su cabello mojado sujeto en una coleta baja para que descansara sobre uno de sus hombros. Apoyó un brazo extendido al lado del rubio y se inclinó sobre él, sin reacción de Minato. Resopló y torció los labios en media sonrisa, en un gesto algo malicioso. Juntó los dedos índice y medio, encorvando los demás y con un certero movimiento los hizo chocar fuerte contra la frente del rubio.

-¡Ouch! -se quejó Minato despertando de su trance, para inmediatamente llevar su mano a la zona afectada y posar sus mirada en el pelinegro que sobre volaba encima suyo, el que portaba una sonrisa traviesa en los labios. El hueco que le había consumido ardió con mayor acidez al percatarse de Itachi; en acto reflejo estiró los brazos, sujetó al pelinegro y lo atrajo contra su cuerpo con fiereza. Itachi dejó salir una expresión tanto de sorpresa como de inconformidad, Minato lo estaba abrazando con demasiada fuerza. Demasiada. Pero algo en la forma en la que se aferraba a él le hizo sentir que el rubio necesitaba sentirlo aprisionado. La desesperación con la que le abrazaba era abrumadora y preocupante. Itachi relajó su cuerpo para que la incómoda posición en la que quedó no le afectara tanto, ladeó la cabeza para acomodarla en el hombro del rubio y escondió el rostro contra su cuello, inhalando su aroma y sintiendo contra su piel el pulso acelerado de Minato.

-¿Qué sucede? -susurró Itachi apenas audible tras un par de minutos en silencio- ¿Minato? -Insistió, sin poder evitar que su voz sonara afligida ante el continuo mutismo del rubio. Se removió, logrando levantarse un poco, lo suficiente como para poder mirar a los ojos a Minato. Esa arruga blasfema seguía empeñada en mancillar el rostro del rubio e Itachi la odió con ferocidad. Alcanzó una de sus manos sobre el rostro de Minato, recorriendo con lentitud desde la profana arruga, pasando por sus sienes hasta llegar a su mejilla, acunándola y dejando que su pulgar la frotara con suavidad, buscando con el sencillo gesto eliminar la sombra que se había posado en los -usualmente luminosos- ojos azules del Namikaze.

-¿Qué pasa...?-

-Te amo...-La respuesta fue tan queda que casi pasó desapercibida. Casi. Itachi la escuchó perfectamente. Como perfecto fue el melancólico tono en la que fue emitida. El corazón de Itachi perdió un latido. ¿Qué responder? ¿Qué entender cuando esa frase, tan anhelada por muchos se te otorga envuelta en pesadez? Minato nunca antes la pronunció. Cierto que, cuando intentó hacerlo siete noches atrás, fue el mismo Itachi quien se negó a escucharla. Desde entonces, cuando el rubio sentía cosquillearle los labios por decirla luego de hacerle el amor, aun con el aliento entrecortado, simplemente alcanzaba su barbilla para hacer que sus ojos se encontraran y mirarlo con esas intensas pozas azules que poseía. Gritando con ellas lo que Itachi no estaba aun preparado para escuchar, le regalaba un beso tierno, le abrazaba fuerte y dormía junto a él.

Y sin embargo ahora, de la nada, y con esa clara aflicción en su rostro le profesaba el que lo amaba. Y sí era así, que Itachi sabía así era... ¿Por qué el amarlo le causaría dolor? ¿Por qué le causaría este temor que percibía destilar en su intenso abrazo?

Oh...

Itachi alcanzó la barbilla del rubio, emulando la caricia que Minato solía regalarle. Busco sus ojos y tras unos segundos, en los que sus miradas se engancharon con la otra, en la que se hablaron a través de ellas, Itachi, portando una sutil sonrisa, asentía apenas y se inclinaba sobre el otro para dejar que sus labios se encontraran tímidos con los de Minato. Fue un beso tranquilo, permitiendo que fuera un beso cariñoso, uno que no pretendía ser carnal. Suave y lleno de significado, lleno de sentimientos largamente reprimidos, de todo lo que había quedado sin decir por años; deseos dejados de lado por el papel de herederos que debían llenar, por conflictos ajenos y cientos de oportunidades desperdiciadas.

Se separaron apenas, sus miradas enganchadas una a la otra; nunca cerraron los ojos mientras compartieron el beso. Las manos de Minato se levantaron y alcanzaron el rostro de Itachi sujetándolo con adoración y sintiendo el pecho contraerse sin poder evitarlo. Estiró el cuello y capturó los labios del moreno nuevamente, un beso profundo. El corazón le latió emocionado cuando Itachi respondió con el mismo fervor, cuando sus lenguas se encontraron apenas. La cercanía que sentía por Itachi lo aterraba, pero al mismo tiempo tenía un efecto calmante sobre su cuerpo cada vez que lo tocaba. El hueco que había aparecido dentro de él no se sentía tan pesado.

Itachi apoyó ambas manos a cada lado de la cabeza rubia, cerró los ojos y se dejó llevar por todo lo que Minato le hacía sentir con su sola presencia. Más aun cuando le besaba de esa forma tan seductora, tan posesiva y a la vez tan tierna.

Había algo fascinante en las sensaciones que los atravesaban cuando estaban juntos, como una ola de euforia con una corriente de placer puro. Todas las inhibiciones y problemas desaparecían en la nada tan pronto como sus pieles se rozaban. Nada importaba, todo se volvía borroso al contacto íntimo del otro.

La habitación, hasta entonces sumergida en susurros, volvió a llenarse de vida con los jadeos, el movimiento de las sábanas, respiraciones aceleradas y gemidos de placer, que los dos hombres sobre la cama emitían sin restricción al perderse de nuevo en las caricias y la cadencia de sus cuerpos compenetrándose.

-Aah... -Itachi echó la cabeza hacia atrás extasiado, Minato había cambiado sus posiciones con un rápido giro y ahora, sobre él, buceaba entre el hueco que formaba su cuello y hombro; sentía sus labios y dientes aprisionar la piel, succionarla y luego, atenderla cariñoso con la lengua. Sentía su respiración jalar aire una y otra vez, mientras terminaba de sacarle la bata de baño que portaba al salir de su ducha. Cuando una mano del rubio subió maestra y sensual por uno de sus muslos, las piernas de Itachi se apartaron instintivamente permitiendo que se acomodara entre ellas. Minato estaba hechizado por el aroma que la fresca piel del pelinegro desprendía. Las hebras de su cabello negro, aún húmedo por su reciente ducha igualmente soltaban un exquisito aroma, uno que estaba por siempre ya, grabado en su memoria. Tan único e intoxicante como el mismo Itachi.

El moreno no evitó el profundo jadeo que abandonó su garganta, cuando Minato unió sus cuerpos nuevamente en un hábil y seguro movimiento, que hizo al Uchiha cerrar los ojos con fuerza en éxtasis. Un respiro luego y los labios del rubio volvían a encontrarse con los de Itachi, esta vez, el contacto fue más urgente, lleno de hambre y ardor. Minato se regodeó en con los labios de su esposo, mientras le penetraba una y otra vez, tocando aquel punto que estremecía al pelinegro, que le hacía tensar los músculos y aprisionar su miembro con deliciosa fricción. Cuando ambos se dejaban llenar por la poderosa sensación de estar conectados, uno dentro del otro, dando y recibiendo recíproco placer, de quien que con cada respiro se volvía el aire necesario para vivir. Entonces, con el nombre del otro fluyendo de sus bocas, ambos alcanzaron el clímax.

Sus cuerpos, satisfechos tras el orgasmo, permanecieron acurrucados sobre la cama, disfrutando de la sensación que los embargaba luego de hacer el amor; era como bajar de la montaña rusa tras dar varias vueltas en ella. Te dejaba con una sensación extraña, excitante y adictiva. Itachi se apegó al cuerpo de Minato, alargando el cuello para poder susurrar contra su oído. El rubio se estremeció al sentir su aliento.

-No hago promesas que no puedo cumplir -su voz era increíblemente gentil- Pero te prometo, que mientras esté aquí, estaré aquí... a tu lado.

Minato sonrió y abrazó al moreno en silente agradecimiento. Ese hueco dentro de él, se sintió completo al escuchar las palabras de Itachi, al sentirlo cerca, al darse cuenta que el moreno le entendía aun sin pronunciar palabra.

-Tch. Ahora tendré que ducharme de nuevo...-musitó divertido.


Itachi entró a su oficina y al instante enarcó una ceja, único gesto delator de la sorpresa por encontrar dentro a un inesperado visitante, quien de inmediato sonrió enorme al verlo, con esa sinceridad y verdadero afecto que sólo él de entre toda su familia (aparte de Sasuke) era capaz de profesarle: Obito Uchiha. Un cariño que estaba conociendo también en un alto rubio.

-¡Hey 'Tchi! ¿Cómo estás? -fue el igualmente despreocupado saludo de su parte. El aludido curveó un poco sus labios en respuesta, un gesto que -aunque parco- Obito sabía estaba dirigido a él con afecto. Se sabía poseedor de la simpatía de su primo, pues con nadie más fuera de su hermano y mejor amigo, se dignaba a realizar tal gesto. Podrían pasar largos periodos de tiempo sin verse, pero durante su vida -y con la familia que tenía- Obito había aprendido a leer a las personas, las veces que interactuaban le dejaban claro que Itachi era muy diferente al resto de la parvada Uchiha.

-Obito, ¿A qué debo el placer de la visita? ¿Logró Madara 'persuadirte' de ocupar una oficina? -el pelinegro preguntó sin dureza ni crítica, Obito sonrió aun más y sus ojos adquirieron un brillo malicioso y desafiante.

-¡Ja, eso quisiera! -replicó orgulloso- No, vine porque un Espantapájaros dijo que cierto Cuervo acaba de comerse un enorme grano de Maíz dorado -comenzó con diversión- Claro está que no pude creerle, pero apostó su preciada bufanda a que era verdad, asi que me decidí a investigar un poco... ¿Qué dices?-

-¿Un Espantapájaros? -Itachi apretó la mandíbula al escuchar la primera parte de la analogía de Obito, definitivamente debía aclarar ciertos puntos con el estúpido amigo de Minato. Resopló apenas.

-Seeh... tú sabes, es un talento mío el hablar con criaturas bizarras.

-Ciertamente -Fue el turno de Itachi de divertirse un poco. Si. La descripción calzaba bien al cretino de Hatake. El silencio entonces se hizo presente en la oficina, no un silencio incómodo, pero si uno decisivo. Itachi no quería negar o aceptar nada, pero Obito (quien sin importar lo que dijera el resto de la familia era tan inteligente como cualqueir Uchiha) supo leer entre el silencio con suma facilidad.

-¡Maldición! ¡¿De verdad?... - Obito dijo con un resoplo jocoso, Shisui enarcó una ceja y posó la mirada en Itachi, quien parecía extrañamente complacido porque Obito le descubriera. El muchacho resopló algo molesto, no comprendía esa paciencia que Itachi mostraba por el idiota de la familia, aun cuando él no tuviera nada personal contra Obito, simplemente no le agradaba la preferencia que su primo le mostraba.

-¡Ah, ese desgraciado sabía que ganaría! -Obito estaba por decir algo más pero de pronto la tonada de un famoso programa infantil con muñecos de felpa se dejó escuchar en el lugar. Dos pelinegros se miraron uno al otro intrigados por la elección de música que su primo usaba. El dueño del dispositivo de telefonía sonrió orgulloso un segundo antes de tomar la llamada.

-Hey pequeño, adivina con quién estoy habland... ¿Qué? Espera, no te entiendo... -El ceño de Obito se frunció y un par de minutos después levantó la mirada hacia Itachi. El heredero sintió su espalda tensarse, los ojos de su primo estaban serios y cautelosos- Ya veo. Prepárate. Voy para allá.

Y la llamada terminó abrupta, como abrupto fue el que Obito se levantara del cómodo sillón y se despidiera de ellos con un apresurado manoteo.

-Lo siento 'Tchi. Algo surgió. Me voy - su voz era seria y los dos Uchihas restantes de la habitación enarcáron al unísono su ceja izquierda, ante eso, Obito se carcajeó en serio -Nos pondremos al corriente luego ¿ne? En verdad quiero oír el cuento.

Con eso Obito partió, dejando atrás a dos pelinegros resoplando resignados de no entender jamás a su primo.

Durante el resto de la mañana, Itachi se dedicó a terminar el trabajo que a cada minuto se acumulaba. Hizo llamadas de conferencia con varios empresarios, sostuvo video llamadas con varios inversionistas europeos interesados en la compañía, revisó a detalle órdenes de compra, diseños de nuevas propuestas y supervisó el funcionamiento de algunos prototipos nuevos que deseaban introducir al mercado. Sin embargo, durante su pesada mañana de trabajo, algo en el fondo de su mente no le dejaba en paz: no podía sacar de su cabeza la penetrante mirada de Obito.


Minato escuchó ruido provenir del pasillo justo afuera de su oficina y le intrigó. Durante el tiempo que llevaba usando el lugar nunca escucho nada más fuerte que los ligeros pasos de Rin. Esto era nuevo. Pero tras unos instantes todo quedó en silencio otra vez. El rubio enarcó una ceja y dejó salir algo de aire. No tenía tiempo para curiosear qué sucedía del otro lado de la puerta. Bajó la mirada y la centró en el grueso folder que permanecía sobre su escritorio y junto a una de sus manos: La propuesta de defensa de Kuchiki. Éste era el segundo folder y no era más delgado que el previo, el que recién había leído. Ciento cincuenta páginas.

-Vale, vale...-musitó para si mismo con un aire cansino- Byakuya es demasiado detallista para su propio bien.- De pronto la puerta de su oficina se abrió con un fuerte aspaviento y dos personas atravesaron el umbral envueltos en gritos y jaloneos. Rin, (una de las personas) con su elegante voz de mando, trataba de detener al hiperactivo hombre-naranja que, a todas luces, trataba de zafarse de ella y alcanzarlo. Alguien que Minato conocía bien, con quien no había tenido una charla en demasiado tiempo. El rubio no pudo evitar la sonrisa que se formó en sus labios al verlos discutir, recuerdos de esos dos unos años más jóvenes pero en idéntica situación, le asaltaron de pronto.

-¡Te dije que estaba ocupado! ¡Salte!

-¡Y yo te dije que ES una emergencia!

-¡Contigo todo es una emergencia! ¡Fuera. Ahora!

-¡No me voy sin hablar con él!

-¡EHM! -Minato aclaró su garganta fuerte y claro. No fue un sonido exagerado, pero si lo suficientemente fuerte para poner un alto a la riña de sus dos ex-alumnos. Al instante en que el rubio llamó su atención, ambos jóvenes se separaron y sus rostros se tiñeron de un ligero rubor. Rin arregló sus ropas y cabello, mirando apenada a su jefe; Obtito, se rascó el cuello y reacomodó -en nervioso gesto- las gafas semi oscuras que usaba.

-Uhm, hola Maestro... yo, eh.. -El pelinegro pasó saliva y apretó los puños- Lamento llegar así, pero necesito hablar contigo. Asunto Uchiha-

La última e intencionada frase borró la suave y cariñosa sonrisa que Minato había usado desde que vio a su otrora discípulo. Pero fue la seriedad y mal contenida urgencia en su lenguaje corporal lo que puso en alerta cada célula del cuerpo de Minato. Cerró el folder y lo deslizó a un lado, haciendo un ademán al pelinegro para que tomara asiento frente a su escritorio. Pidió a Rin el dejarles solos y que retuviera cualquier llamada o cita pendiente hasta nuevo aviso. La chica aun con un ligero mohín en los labios asintió y salió de la oficina.

Ahora, frente a Minato, con sus intensos ojos azules fijos atentamente en él, Obito comenzó a creer que haber buscado a su Maestro no había sido tan buena idea después de todo; porque no se suponía que él supiera de su relación con Itachi pero... Sasuke. Recordó el verdadero motivo de su presencia ahí, tomo aire y se tranquilizó, este era Minato Namikaze no el despiadado de Madara Uchiha; si quería ayudar a su primo no había mejor lugar al cual acudir.

-Te escucho Obito -La disfrazada orden para que hablara ahi estaba. El pelinegro casi ríe, su maestro no cambiaba. El flachazo de un pequeño de ojos negros sentado solo en recepción cruzó su mente y se enserió de nuevo.

-Necesito pedirte asilo, Maestro...-


Itachi terminaba un reporte en la computadora cuando su celular comenzó a timbrar. Miró el pequeño aparato con cierto desdén, la música de desprendía le avisaba quién estaba del otro lado de la línea. Tomó aire antes de contestar, sin importar el asunto, hablar con su padre nunca era fácil. Presionó el botón verde.

-Dime Padre -su cautelosa e indiferente voz se escuchó segura y poderosa. Justo como debía ser.

-Tu estúpido hermano se hizo echar del Instituto, y como el cobarde que es, no esperó a enfrentarme. Itachi, no te conviene intervenir en esto. -amenazó frío- ¿Dónde está?

-No... tengo conocimiento de la situación, Padre- replicó con la mandíbula tensa y la mente acelerada, razonando lo que decía Fugaku, conectando puntos y armando estrategias para encontrar a su hermano. La opresión en el pecho y la sensación de quedarse sin aire en los pulmones, fueron ignoradas. No era momento.

-¿En verdad?- desafió cínico, la inconfundible nota de advertencia estaba ahí e Itachi la conocía muy bien. Tenía que encontrar a Sasuke. Pronto.

-Te aseguro Padre, Sasuke no ha recurrido a mi.-respondió sereno y distante, tratando de aplacar al hombre mayor- ¿Por qué concluyeron su estancia en la academia?

-¿Concluyeron? Esa vergüenza de hijo, tan inferior a mi heredero, actuó como un simplón cualquiera manchando mi nombre con su característica impulsividad idiota. Como resultado fue echado del Instituto.

-Mm, me pregunto por qué... -dijo con aire pensativo, captando con el sencillo tono la atención de Fugaku- No importa qué Padre, Sasuke es un Uchiha. Hasta ahora, su comportamiento en el Instituto no había sido menos que lo esperado. No debería ser tan fácil tomar acciones en su contra. ¿Por qué, entonces, esta decisión de expulsarlo?

-Tienes razón en ello, Itachi. Como siempre. -concedió su padre reticente- Sin embargo, el nombre Uchiha se verá ensuciado como resultado, los medios no pararán de regodearse con ello. Sasuke tiene que ser disciplinado.

Itachi se tensó con esas palabras, las había estado esperando desde que Fugaku preguntó por el paradero de su hermanito. Sasuke podía ser joven, pero era tan brillante como cualquier Uchiha, debió saber también que el disgusto de su padre acarrearía consecuencias, por eso huyó. Y el corazón de Itachi dolió dentro del pecho. ¿Dónde estaría? ¿Cómo estaría? ¿Por qué no acudió a él? Itachi lo ayudaría sin importar nada. Y tal vez, precisamente por eso, no lo buscó.

-Te haré saber de inmediato dónde está cuando lo encuentre -¡Dios, cómo le costó decir eso!

-No -Itachi mantuvo silencio ante la negativa- Recibirá su castigo, pero Sasuke a humillado mi nombre y huido de su responsabilidad. Que viva entonces sin el honor Uchiha, que viva como el simplón que es.

-Padre...-

-Itachi. Es una orden. No interfieras.

-Así será, Padre.

La llamada terminó. Itachi cerró con fuerza el dispositivo celular, apretando su puño con toda la frustración, impotencia y coraje de saber que tendría las manos atadas. Sasuke lo necesitaba. Algo muy serio debió ocurrir para que el menor se arriesgara al grado de ser expulsado. ¡Y él no podía hacer nada! Su padre no confiaría en que se mantendría lejos. Lo vigilaría. Y sabía que Itachi lo sabría, por eso precisamente, no podría buscar libremente a su hermano. Con seguridad, ya había girado instrucciones para cancelar las cuentas bancarias a las que menor tenía acceso y de paso intervenir las suyas, para vigilar sus movimientos. Ya habría puesto sobre aviso a los demás miembros del consejo, prohibido a su Madre el siquiera mencionar el nombre de su hijo; y sobre todo, ordenado a Shisui y a Kisame, el no proceder con ninguna orden suya que concerniera el ayudar al menor.

-¡Maldición, Sasuke! -Itachi se dejó caer pesadamente en la silla, no se percató en qué momento se levantó, pero ahora sus piernas cedían ante la maraña de pensamientos que lo asaltaban. No podía dejar solo a su hermano, pero no podía hacer algo directo para ayudarlo, lo pondría en peor situación. Pasó una mano por su cabeza, analizando cada posible opción. Buscando desesperadamente en su archivo mental quién de entre todas las personas a las que Sasuke podría recurrir, serían capaces de desafiar a Fugaku Uchiha y tenderle una mano. Obito. Itachi levantó la mirada hacia donde había estado sentado su primo esa misma mañana, recordó los pedazos de conversación que sostuvo y sin necesidad de más, supo quién había llamado al pelinegro y entendió esa mirada seria que le dirigió antes de partir. Al menos Sasuke no estaba solo.

Su teléfono resonó de pronto, sorprendiendo a Itachi, su mirada de inmediato se dirigió al número que los digitos de la mini pantalla mostraban. Por un segundo, le invadió la decepción. No era el número de Sasuke. Con el segundo consumido, sintió entonces alivio, justo le llamaba la persona que sentía (aunque no admitiría en voz alta) necesitar ahora.

-¿Si?

-Hola hermoso ¿Qué tal tu día? -El saludo casi le hizo sonreír, estaba ya acostumbrado a escucharlo y aunque se quejara del mismo, por dentro, le hacía sentir cosquillas en el estómago. Minato, siempre le hacía sentir cosquillas en el estómago.

-Minato...-exhaló pesadamente, deseando que éste fuera como cualquier otro día en el que el rubio le llamaba y acordaban comer o cenar juntos. No lo era. -Lo siento pero no puedo hablar ahora. Hay una situación que requiere de mi completa atención.

-Vaya, te escuchas tenso. ¿Puedo ayudarte en algo?

-No lo creo. No. -un resoplo- Te llamaré después.

-Bien. Pero, sólo para que sepas... Sí tu problema tiene algo que ver con un pequeño de doce años, bastante parecido a ti y con tu mismo humor mañanero; entonces puedes encontrarlo en nuestro penthouse.

-¿Qué...? ¿Cómo está...? No importa. Voy en camino. Y Minato...-

-¿Si?-

-Gracias-

-Lo que sea por ti, hermoso-


Escuchó la puerta abrirse y los pasos del recién llegado moverse con seguridad por el lugar. Unos segundos después y la figura de Itachi Uchiha entraba en su campo visual. Minato, cerrando el folder que tenía en el regazo (sip, aun seguía leyendo el reporte de Byakuya, muchas gracias) levantó la mirada al pelinegro. Le sonrió apenas. La noche no tendría más de unos minutos de hacer su aparición en el firmamento y aunque tras su llamada, Itachi le hizo saber que no podría alcanzarlo hasta pasada la tarde, igualmente sintió un gran alivio al verlo cruzar el umbral.

Luego de la visita y petición de Obito por encontrar un lugar seguro para su pequeño primo; Minato había pasado todo el día junto al menor de los Uchiha, y aunque el chico se había comportado educadamente, no logró hacerlo destensar los hombros o relajar el semblante. Definitivamente no había sido el encuentro con su 'cuñado' que había esperado.

-¿Dónde está? -musitó Itachi, sacándose el saco y acercándose a donde estaba el rubio, quien se levantaba igualmente y saludaba al cansado Uchiha con un suave beso en los labios. Itachi se tensó, pero no rechazó el contacto.

-En el cuarto de huéspedes -Los ojos de Itachi se movieron hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones con cierta aprensión. Había esperado todo el día para ver a su hermanito, pero desde que Minato le dijo dónde encontrarlo, una pregunta no cesó de asaltar su cabeza.

-¿Se lo dijiste?-

-No -Respondió el rubio con una ceja ligeramente elevada- Tú decidirás cuándo decirle.

-¿Qué sabe?

-Que fui maestro de Obito. Y soy un amigo en el que puede confiar -Itachi asintió y se dio vuelta para caminar al encuentro de su hermano. Minato le detuvo alcanzando su brazo con firmeza. El pelinegro se tensó al contacto, giró sobre su eje y sus ojos oscuros le cuestionaron curiosos. -¿Estás bien?

La pregunta era sencilla y hasta podría calificarse que superficial. Una frase tan usada por las personas que hacía tiempo había perdido su significado real. Y sin embargo, la voz cauta de Minato y su intencionada mirada, le dejaban en claro que el rubio realmente estaba inquiriendo en el estado de Itachi. Estaba preocupado. Resopló pesadamente, dejando salir con ello un poco de la tensión del día.

-Estoy bien. Sólo necesito verlo -musitó quedo y Minato no necesitó más para entender. Dejó libre su brazo, deslizando su mano por toda la extremidad hasta alcanzar la mano del moreno y darle un firme apretón. Itachi asintió de nuevo y volvió a mover sus pies. En cuestión de minutos se encontraba frente a la puesta de la habitación que sabía estaba ocupando Sasuke.

El menor, se incorporó de inmediato al escuchar que llamaban a la puerta y que la misma se abría casi enseguida. Se levantó de la cama y revistió su expresión con seriedad como le habían enseñado; el señor Minato había sido muy amable con él, pero seguía siendo un extraño.

Sin embargo, cuando sus ojos se toparon con la figura de su hermano, la careta de indiferencia que hasta entonces había podido usar sin problemas, mutó inmediatamente a una mueca avergonzada. Sus ojos bajaron al suelo y sus manos se empuñaron con fuerza. El primer instinto de Itachi al ver a Sasuke, fue el de observarlo analítico, juicioso y en silencio, era obvio que el menor sabía que había cometido una falta y que esperaba un merecido reto. Abrió los labios para comenzar con el mismo, para pedir una explicación de lo sucedido, pero no pudo decir nada. Los nudillos casi blancos de la manos de su hermanito lo paralizaron.

¿Qué demonios estaba por hacer? Maldita la herencia Uchiha...

Itachi tomó aire y meneó la cabeza, despejando todo aquello que Fugaku le había tratado de inculcar en lo referente a Sasuke. Si nunca le había escuchado ¿por qué lo haría ahora que el menor obviamente lo necesitaba? Itachi avanzó hasta la semi encorvada figura de su hermano, y dejándose guiar por el impulso, alcanzó a Sasuke y lo atrajo contra su cuerpo en un potente abrazo protector. El menor, sorprendido y desconcertado por el inesperado gesto, se tensó entre los brazos de su hermano, pero casi de inmediato al sentir su calor y la afectuosa caricia sobre su cabeza, la precaria defensa del pequeño se quebró.

Itachi se encontró entonces, con un sollozante niño aferrado con desespero a sus ropas, repitiendo una y otra vez un 'lo siento' que atravesaba el corazón del mayor con doloroso pinchazo. Un niño. Sasuke era sólo un niño. ¿Cómo podía su padre tratarlo con semejante indiferencia y desdén? Itachi lo atrajo aun más entre sus brazos, para susurrarle lo que había querido decirle desde que Fugaku le avisó de su huida.

-Está bien Sasuke. Ya estoy aquí.


continará...

Lamento la tardanza de la actualización, pero tuve dos meses de curso intensivo en la escuela. No volveré a tardarme tanto ^v^ (espero) En el siguiente cap, habrá más interacción entre Minato y Sasuke, y quien sabe, quiza hasta Naruto hace participación jeje. Gracias por leer. Dudas, sugerencias o comentarios son bienvenidos.