capítulo 9 Verdades

El suave click de una puerta, resonó con fuerza en el silencioso lugar. Minato levantó la vista, ladeó un poco la cabeza y extendió una mano al obviamente cansado moreno. Itachi tardó un segundo más del necesario para decidirse a tomarla, entonces, se dejó llevar por el tirón que Minato dio a su mano, para terminar sentado a su lado en el sofá. Al instante, el brazo del rubio le rodeó por los hombros instándole a acurrucarse contra su cuerpo, y descansar la cabeza sobre su pecho. Itachi no se resistió. Se descalzó y subió las piernas al mullido mueble reacomodando su posición, para terminar semi recostado sobre al otro.

Pasaron varios minutos en los que ninguno pronunció palabra, en los que sólo existió el letárgico movimiento de la mano de Minato sobre los cabellos oscuros de Itachi y su arrullador respirar. Era tarde, habían pasado varias horas desde que Itachi llegara y se dispusiera a hablar con su hermano; quien Minato suponía, debía estar dormido.

-¿Cómo está? -susurró el rubio con los labios sobre la frente de Itachi. Al moreno le cosquilleó el roce e instintivamente se apegó más al otro. Unos segundos nada más. No debía olvidar quien dormía a sólo unos metros y una puerta de donde se encontraba. No importaba lo bien que se sintiera estar rodeado por el calor y apoyo de los brazos de Minato. Jaló una profunda bocanada de aire y desganado, se separó del cálido pecho del rubio.

-Cansado. Dormido, y bien. Gracias a ti -musitó parco incluso un poco resentido, pero el rubio no tomó ofensa en ello. Entendía el deseo del moreno por haber podido estar en su posición y ser quien brindara ayuda a su hermano. Sabía también que la espera de todo un día de trabajo podía resultar un infierno, Itachi debía estar igualmente exhausto. La tensión y el estrés por la situación de Sasuke, no podía dejar de afectarle. Minato sabía que a Itachi le dolía tanto como le disgustaba la actitud de su padre hacia su hermano, y por lo que Obito le dijo al pedirle ayuda, Fugaku Uchiha no se detenía por el hecho de que Sasuke fuera su hijo o porque fuese un niño.

Minato le acarició el rostro, peinando tras la oreja de Itachi un mechón de negro cabello. El moreno giró apenas la cabeza para mirarle. Minato sonrió. Itachi debía saber que para el rubio, lo esencial fue el poder ayudar al pequeño. Nada más.

-¿Te dijo qué sucedió? -indagó el rubio.

-No-

-Hm- por alguna razón no le sorprendía que el pequeño se negara a hablar, incluso (o sobretodo), con su hermano- ¿Y ahora qué?-

-Me voy a casa -Aseveró poniéndose en pie. Calzando sus zapatos nuevamente mientras un sorprendido Minato se incorporaba de prisa.

-¿Qué quieres decir? ¿Irte a dónde, por qué?

-Sasuke esta aquí -replicó con contundente obviedad en su voz- No está listo para enterarse de nuestra situación. Y no voy a arriesgarme a que nos vea. Además... -levantó una mano y posó los dedos sobre los labios del rubio, que ya se disponía a replicar- Mi padre seguirá mis pasos a detalle los próximos días, debo mantenerlo lejos de Sasuke y evitar que te descubra.

-No -Minato respondió tajante, sujetando por los hombros al moreno para verle de frente. Entendía a la perfección las razones que le daba Itachi y considerando a Fugaku, sabía en el fondo que eran las acciones correctas a ejecutar. Excepto, no estaba dispuesto a separarse del moreno por nada. Había esperado mucho tiempo para volver a sentir lo que este joven le había sentir, había pasado muchas noches sumido en un insomnio que Itachi, con su sola presencia, espantaba. Cómo dejarlo ir, aunque fuese por unos días, cuando no había algún motivo verdadero para ello.

-Minato... -replicó el moreno arrastrando ligeramente el nombre del otro.

-Itachi -lo interrumpió- Sabes que Sasuke estará bien aquí. No creo que Fugaku o cualquier otro miembro de su séquito, lo relacione conmigo.

-No es tan simple -advirtió el moreno- Si me quedo aquí, sospechará en cuanto sepa que no estoy viviendo más en mi departamento y no será nada difícil saber que éste sitio te pertenece. No creo que sea el mejor momento para desafiarlo y que sepa que su primogénito se casó con quien considera como un potencial enemigo. Trato de ayudar a Sasuke, Minato, tener a la familia respirando sobre mi hombro no me va a facilitar las cosas.

-Bien, tal vez ya es tiempo que tu padre, y todo tu clan, se entere que hace dos meses eres mi pareja y legalmente, un Namikaze. -aseveró con un tono algo autoritario, se estaba cansando de no poder disfrutar de su pareja por los conflictos existenciales de los Uchiha- Detesto utilizar el apellido que porto, pero llegado el momento tu padre no tendría porqué oponerse a una unión que, por cualquier punto, le trae más ventajas a su familia. Además, a través de ti, Sasuke es una extención de mi familia -nadie- puede tocarlo.

-¿Crees que eso va a importarle?

-Lo considerará. Conozco a tu padre -refutó el rubio, con demasiada confianza en su aseveración- Sé que es un hombre estricto y orgulloso, podría asegurar que intransigente. Y estoy consciente de que esto romperá los cannones con los que ha dirigido su vida y la de su familia. Pero si tu padre tiene un punto débil, es precisamente, el desear colocar a su familia un peldaño más alto en la jerarquía social. Y eso es algo que mi apellido puede otorgarle. Quizá no le guste, pero lo aceptará.

-No es el único que se opondrá -

-Lo dices por Madara -el moreno asintió a la aseveración- Sé que muchas de sus decisiones están bajo la inmensa influencia que sobre Fugaku posee tu tío, y ambos sabemos que Madara es un hombre de gran crueldad y ambición. Pero tú no eres tu padre Itachi, tienes partidarios dentro de tu familia y me tienes a mí. Yo temo a lo que Madara pueda hacer.

Itachi arrugó el entrecejo al escuchar la descripción de su tío y la gran sombra que era para su padre. La prematura muerte de su abuelo, dejó a su hermano Madara, a cargo de su único sobrino y heredero del clan, Fugaku. A quien Madara forjó como mejor le convenía para que fuera la imagen de la familia, mientras él se encargaba de dirigirla realmente. Cierto, era Madara Uchiha quien tomaba las decisiones, quien sentenciaba y dictaba lo que la familia debía acatar. Itachi lo supo desde que fue un niño. Bendito o maldecido con una mente prodigiosa, desde pequeño se percató de los entramados que su tío fabricaba para conseguir todo aquello que deseaba usando la figura de su padre a antojo.

-Créeme, es mejor que Fugaku se entere de nosotros, que todos sepan que ahora estás bajo mi protección.

-¡No necesito que me protejas! -sentenció molesto mirando al rubio con altivez y una ceja enarcada- Soy perfectamente capaz de cuidarme y de cuidar de Sasuke. Aprecio lo que hiciste por él, pero no estoy en necesidad de algo más. Puedo manejarlo solo.

-Ahí te equivocas Itachi. No estás solo. Ya no eres tú contra el mundo -musitó conciliador, recordándose a sí mismo que picar el orgullo del moreno no era nunca una buena idea- Estamos casados ¿recuerdas? Estamos juntos, y juntos es como resolveremos los problemas que se presenten. Yo no seré un espectador mudo de lo que te suceda sin mover un dedo cuando puedo intervenir; Somos una pareja, y estar unidos es actuar para cuidar de quien amas; no esperar una orden ni enjuiciar lo que hagas.

Itachi permaneció en silencio, con la mirada clavada en el rubio. Minato sintió un nudo en el estomago bajo esos penetrantes ojos negros, algo no estaba bien; y cuando estiró su brazo para alcanzar al moreno, el menor se alejó un paso, saliendo de su alcance. La reacción de Itachi fue instintiva, fue meramente el protegerse de aquello que le lastimaba, porque no pudo evitar el sentir que su pecho era atravesado por fríos y certeros dardos con cada palabra que el rubio pronunció. La descripción de una relación tan entregada y reciproca, era un concepto desconocido para el moreno, su paradigma de 'pareja' estaba basado en la interacción de sus padres, una relación autoritaria-sumiza. Nada más. Minato era injusto. No podía esperar que sólo porque habían pasado algunas semanas al teléfono y unos días en la cama, mágicamente desaparecerían las enseñanzas de veintidós años de vida.

-Todo lo que has dicho sobre mi familia es cierto, como lo es que una vez más, estás trivializando todo lo que ha sido mi vida. -retó Itachi con un tono más dolido que molesto en su voz. -No ha sido idílicamente perfecta Minato, pero me ha hecho ser el hombre que soy, y la última vez que chequeé, te agradaba quién soy.

-¡Por supuesto que me agradas! ¡Por dios, te amo! -defendió Minato al instante- Lo lamento, no pretendía ofenderte Itachi. Es sólo que no veo el porqué debamos sacrificar nuestra relación en aras de mantener una fachada para Madara o Fugaku. Nosotros, juntos, podemos hacer algo.

-No conoces a Madara -musitó el moreno- No importa quién seas, buscará un beneficio de nuestro enlace y tratará de sacar ventaja sólo para él. Es un hombre peligroso, Minato. No voy a ponerte en la línea de fuego, por haber adquirido tu apellido-

-Conozco a Madara. Sé que es un hombre ambicioso. No es la primera vez que ambos nos enfrentamos por algún negocio o posición, Itachi. Sé perfectamente quién es Uchiha Madara y de lo que es capaz. -Itachi cerró los ojos y negó con la cabeza. Nadie conocía a Madara, por mucho que Minato hubiese indagado en el pasado de su familia, Madara era un ser tan extraño como disuasivo. De él, sólo podía saberse que era capaz de engañar al mismo diablo si éste le serviría en sus propósitos. Era un verdadero logro el haberle mantenido ignorante de su relación. A veces, no era conveniente tentar al destino.

-Confía en mí. -solicitó el rubio mirando directamente al moreno con sus intensos ojos azules.

-¿Confías en mí? -replicó Itachi con un gesto un poco más urgente en sus facciones, porqué Minato no entendía. No sólo intento proteger a Sasuke...

-Itachi, por favor, quiero ayudarte.

-Entonces, sólo quédate con él. Cuídalo. Y déjame hacer lo que creo necesario para solucionar esta situación.

-¿Manteniéndome lejos también? ¿Exponiéndote? No. Me rehuso.

La tensión entre ambos fue clara e intensa, similar a la que nació cuando se reencontraron por primera vez en las oficinas Uchiha. Las fuertes personalidades de ambos no dejaban espacio a ceder terreno y sin embargo, el molesto ardor en el pecho era una clara señal de que ésta tensión, era mucho más importante, pues esta vez, dolía enfrentarse con el otro. Finalmente, Itachi tensó la mandíbula y arrugó las cejas, la mirada cerúlea de Minato le anunciaba que no desistiría. Pero no ganaría.

Maldito rubio testarudo, si no fuera porque me importas...

-Bien. -sentenció, dando la vuelta con elegancia e intencionado desdén, para encaminarse nuevamente al pasillo de donde había emergido antes. Se detuvo a unos pasos, en cuanto presintió que Minato volvería a hablar, cuestionando sus acciones.- Dormiré con Sasuke.

Itachi desapareció con la oscuridad del lugar y Minato resopló pesadamente, paseando una mano por su cabellera. No pudo evitar la tenue sonrisa que asaltó su boca; esta era su primer pelea de pareja con el moreno, y una vez más comprobaba, el gran oponente que era su esposo.

¿Había cedido a lo que deseaba? Aparentemente, pero no lo hizo aceptando una derrota.

Sería una larga noche.


Sasuke se duchó lo más rápido que pudo, manteniendo su marca de cinco minutos. Algo que hacía por hábito más que por necesidad, aun se sentía como en la academia: cumpliendo horarios. Observó la cama y sintió cierta paz; ayer Itachi había vuelto, lo sintió subir y acomodarse en la cama junto a él, tratando de no despertarlo. Lo sintió abrazarlo y sintió también, como por la mañana su cuerpo extrañó el calor que le proporcionó su hermano durante la noche. Resintió no encontrarlo ahi, pero no le sorprendía que su hermano se hubiese levantado antes. Tenía que trabajar después de todo. La pequeña nota que dejó para él, asegurándole que le vería por la noche, le ayudó a calmar un poco la ansiedad que le recorría al saberse solo junto a un desconocido. Miró el reloj y tragó saliva pesadamente, el aparato le indicaba que el día estaba ya demasiado avanzado. Arregló su cabello con algo de prisa y salió de la habitación para reportarse con su anfitrión, era sumamente desconsiderado de su parte hacer acto de presencia tan tarde. Tenía que disculparse profusamente por su acción.

Se detuvo en seco al encontrar al rubio sentado en el desayunador, leyendo el periódico y con una taza de té al lado. Tomó aire; pero Minato debió percibir su llegada porque casi de inmediato bajó el periódico y le miró atento, con una suave sonrisa en los labios.

-Buen día señor -comenzó tenso, esperando del rubio el merecido reto que debía recibir por levantarse casi a las nueve de la mañana. Sin embargo, el otro sólo le observó con ternura, algo que lo desconcertó y que enfrió su sangre cuando no fue un regaño lo que le escuchó decir.

-Buen día, Sasuke-kun ¿Dormiste bien? -

Por supuesto, Sasuke lo entendió como un disfrazado pie para que supiera que su acción no había pasado desapercibida. Así que, pegó los brazos al cuerpo y realizó una profunda venia, que desconcertó al otro, aunque el menor no pudo percatarse de ello por la siguiente retahíla que le siguió.

-Lamento mucho mi conducta señor, no debí dormir tanto. Le aseguro que no volverá a ocurrir, y que mi presencia en su casa no alterará más su día de trabajo-

Minato parpadeó confundido. ¿De dónde demonios salió eso? Tal vez Itachi le había mentido y este chico no tenía doce años. Su manera de comportarse y sus palabras no correspondían en nada a lo que para él era un adolescente. Su hijo era sólo unos años menor que el pelinegro y no podía imaginarlo concebir una sola de las frases que este pequeño frente a él utilizó... ¿Y por qué demonios se estaba disculpando? Apretó los labios, una sola palabra le vino a la mente como respuesta: Uchiha.

-Oh, está bien Sasuke-kun -dijo con un tono suave y contento, desestimando con ello la solemnidad del menor y haciendo que subiera la mirada- Ayer fue un día pesado para ti, es normal que tu cuerpo quisiera recuperar energía durmiendo. De hecho, me sorprende verte levantado, esperaba que lo hicieras tal vez a medio día. Yo lo haría... -Comentó risueño, con la sonrisa alcanzando sus amables ojos azules y rascando distraídamente su nuca. Sasuke lo miró asombrado y un tanto incrédulo, completamente desconcertado de porqué este hombre no lo retaba y al contrario le hacía hincapié en lo justificable que le parecía su holgazanería. Incapaz de formular alguna respuesta, el menor simplemente asintió con la cabeza un par de veces. Increíblemente, la sonrisa del rubio se ensanchó.

-Anda, ven a comer algo. Seguro tienes hambre, ayer te perdiste la cena- Minato le hizo un ademán con la mano para que se acercara y tomara asiento, cuando Sasuke lo hizo, le dedicó otra sonrisa y se levantó. Tomó un vaso de cristal y lo llenó con jugo de naranja, dejándolo al alcance de Sasuke, le acercó luego una cesta con frutas. Se dio entonces media vuelta y comenzó a rumiar por los gabinetes y el refrigerador de la elegante cocineta del penthouse.

-Mmm, veamos... -musitó pensativo- ¿Qué se te antoja desayunar? Podría ser un omelet o quizá prefieres algo más tradicional, hay gohan recién cocido... ¡No, ya sé! ¡Panquecas! -Resolvió emocionado, mirando a Sasuke con una enorme sonrisa en los labios y la mirada brillante -Hace tiempo que no preparo unas panquecas, estoy seguro que te gustarán. Son las favoritas de mi hijo... después del ramen...-

-Uhm... Señor... ¿Va a prepararlas usted mismo? -musitó Sasuke cauteloso y extrañado al ver que el hombre mayor comenzaba a sacar ingredientes y cacerolas para disponerse a trabajar en esas panquecas. ¿Acaso no tenía servidumbre? Según Obito, el hombre era tan acaudalado como su propia familia, por ello podría encontrarle un lugar sin problema alguno, ¿entonces por qué no había un cocinero, un mayordomo o una mucama ahí? Ellos se encargaban de proveerles ¿cierto? Su hermano le había confirmado lo que Obito dijo, pero también comentó que el rubio era un tipo sencillo. Era raro, es lo que era, Sasuke no podía imaginarse a su propio padre haciendo algo tan mundano como esto.

-Por supuesto que si- afirmó Minato, vertiendo en un tazón con harina algo de leche- No te preocupes, soy bueno cocinando.

-Señor, uhm, por favor, no se moleste por causa mía. Yo no tengo hambre. -Sasuke se tensó al instante en que los ojos azules de Minato voltearon a verlo fijamente, no eran severos, pero si intensos.

-Hey, ni tú me molestas, ni está bien que no tengas algo en el estómago. -afirmó el rubio vehemente, suavizó al percatarse que intimidaba al menor- Por favor, permíteme hacer esto Sasuke-kun. En verdad me gusta cocinar y tengo pocas oportunidades de hacerlo.

-Gracias... -musitó el Uchicha apocado, la amabilidad de ese hombre le abrumaba y no sabía qué hacer o qué decir. Nadie, salvo Itachi, le había demostrado tal interés antes.

-¡Bien! Entonces ven acá y alcánzame el aceite... -

Sasuke trató de comportarse como se le había enseñado, a ser un Uchiha siempre, pero la constante plática del rubio y su tranquila forma de incluirlo en la preparación de su desayuno le ayudó a relajarse poco a poco (el rubio incluso le dejó verter la mezcla un par de veces) Para cuando se dio cuenta de lo que hacía, ya había comido y disfrutado de dos panquecas, y estaba en proceso de engullir totalmente la tercera, mientras le comentaba al rubio sobre sus asignaturas favoritas en la academia y los temas de estudio que hasta ayer cursaba. Minato se percató de que el menor se tensó de pronto y guardó silencio; no que hubiera sido un conversador desinhibido, pero ahora parecía guardar un total mutismo. El rubio resintió el cambio, no le gustaba ver al niño tan tenso.

-¿Qué pasa? Oh, no me digas que te han caído mal mis panquecas...-

-No señor.

-¿Entonces, qué sucede?- Sasuke se encogió de hombros y clavó la mirada en el plato frente a él, donde reposaba una semicircular panqueca a medio comer- ¿Te preocupa lo sucedido ayer?... ¿Quieres llamar a Itachi? Puedes usar el teléfono libremente si quieres, anda a llamarlo...

Los ojos de Sasuke brillaron ante la posibilidad de poder hablar con su hermano, pero unos segundos después se desviaron hacia un lado y quedaron ocultos tras el flequillo del menor, cuando agachó la cabeza.

-No. No quiero meterlo en problemas con papá...-La voz de Sasuke fue tan queda y decaída que Minato sintió el impulso de levantarse, tomar al pequeño entre sus brazos y apretujarlo fuerte. Se le contrajo el pecho al verlo así, tan solo y desvalido; sintió al mismo tiempo un irrefrenable deseo de hacerle una visita a Fugaku Uchiha y plantarle un puñetazo en el estómago, sólo para que tuviera una vaga idea de lo que estaba pasando su hijo.

-¡Yoo!- se escuchó de pronto en la silenciosa habitación, Minato levantó la mirada y relajó el semblante al ver al joven de plateados cabellos que de la nada había aparecido. Sasuke casi brincó del susto al oir el inesperado saludo justo a su espalda. Se replegó aun más contra su asiento cuando giró el rostro y se encontró a centímetros de una cara semi cubierta por una bufanda y dos ojos en cresta, sonriéndole desenfadado de ocupar su espacio personal tan descaradamente.

-Hola Kakashi -musitó Minato- Gracias por venir, aunque se supone estarías aquí hace dos horas.

-Maa... venía para acá, pero se me atravesó un gato negro y tuve que tomar el camino largo...-dijo el extraño hombre, moviendose para quedar a un lado de Sasuke y no más a su espalda. Minato rodó los ojos.

-Sasuke kun, este es Hatake Kakashi, un viejo amigo de Obito. -inició el rubio- Kakashi, te presento a Uchiha Sasuke, primo de Obito y hermano menor de Itachi.

-Hola chico -Saludó Kakashi con simpleza. Sasuke le miró curioso y tardó un poco en contestar, no le había pasado desapercibido el que por segunda ocasión el señor Minato, se refirió a su hermano usando sólo su nombre. Algo que Itaachi no le permitía a nadie fuera de su familia directa (o Kisame) Miró inquisitivo a ambos hombres, antes de hablar.

-Es un placer conocerlo, Hatake-san. Le pido consideración conmigo.- Kakashi parpadeó ante la formalidad del niño, se rascó distraídamente la nuca y encogió de hombros.

-Seguro, no hay problema-

-Sasuke-kun, debo atender una reunión ahora, pero regresaré en un par de horas. Kakashi se quedará contigo en mi lugar -informó el rubio, se levantó y se acercó hasta donde estaba el pequeño. Le ofreció una sonrisa y un apretón en el hombro -Te repito, eres libre de utilizar todo lo que hay aquí a tu antojo ¿de acuerdo? O si lo deseas, puedes revisar algunas de las lecciones que tomarías hoy, con Kakashi... -Sasuke lo miró desconfiado y el rubio no pudo evitar reír de buena gana- Sí, lo sé. No lo aparenta, pero créeme que es un buen maestro, podrías aprender mucho con él.

-Maa... gracias -replicó sarcástico Kakashi y Minato sólo sonrió aun más, se despidió del menor asegurándole que volvería pronto. El pelinegro asintió y observó como los dos hombres se retiraban hacia la entrada principal, mencionando algunas cosas sobre reuniones y fechas límite, aunque suponía que también discutirían qué harían con él. Sasuke suspiró pesadamente, de verdad le gustaría mucho hablar con Itachi.

-Me voy, y por favor, compórtate -advirtió el rubio, el aludido levantó una mano y se señaló a sí mismo mientras su rostro adquiría un gesto de falsa inocencia. Minato negó con la cabeza ante las acciones del otro. Alcanzó su gabardina y comenzó a enfundarse en ella.

-No te ves muy bien maestro ¿problemas con 'la señora'?- la voz de Kakashi era simple e indiferente, pero la mirada seria y los labios tensos que Minato le dirigió gritaron una advertencia al peliplateado que, aunque no cambió su gesto desenfadado, evitó decir algo más. El rubio tomó un maletín de cuero y las llaves de su coche, se despidió con un parco -nos vemos- y se retiró del lugar. Kakashi volvió a la cocina y enganchó su mirada con la del menor que aun permanecía sentado en el mismo lugar. Se acercó, y decidió sentarse (en cuclillas sobre el asiento) al otro extremo de la mesa, enfrentando al pelinegro.

-Maa... ¿Por qué no me dices lo que te gusta, lo que te disgusta o tus pasatiempos? Así sabré de qué podemos hablar.

Sasuke enarcó una ceja y sus labios se curvearon hacia abajo ligeramente, el otro casi ríe, ese gesto era igualito al de su hermano.

-Porqué no comienza usted, Hatake san.

-¿Hmm, yo? Veamos, las cosas que me gustan o disgustan... No, no tengo ganas de hablar de eso. En cuanto a mis pasatiempos, tengo muchos pasatiempos...(*) -Sasuke arrugó el ceño, eso había sido completamente inútil, no había respondido nada. Y sin embargo, lucía ese gesto de diversión en su semi oculto rostro. Ambos permanecieron observándose en silencio unos segundos. Finalmente Kakashi habló, mostrándole al otro un pequeño libro de pasta naranja.

-Hey chico, ¿te gusta leer?


Itachi cerró el celular con fuerza. El subdirector de la academia donde había estado Sasuke le negó rotundamente la posibilidad de conocer lo sucedido con su hermano, aludiendo que 'era política de la institución que el lamentable hecho se reportaría exclusivamente al tutor del afectado', es decir, a su padre, e Itachi sabía que el hombre no estaba dispuesto a mover un dedo por su hijo menor. Resopló pesadamente. Durante el par de días que Sasuke llevaba donde Minato, Itachi pudo notar una conducta diferente en el pequeño. Para él, que lo conocía mejor que nadie era obvio que se encontraba seriamente afectado por lo que sucedió . Estaba seguro que su 'expulsión' no era la causa principal del cambio. No, el 'incidente' como lo llamó Kabuto, más la indiferencia de su familia, eran lo que tenía al menor sumido en ese estado depresivo. Su rostro (para él siempre dulce e infantil) ahora portaba constantemente una mueca de preocupación, estaba tenso y huraño. Incluso molesto con él por insistir en conocer lo sucedido.

La situación le irritaba. No estaba acostumbrado a no tener la información necesaria ni a no poder hacer algo para controlar su entorno. No lograr ayudar a Sasuke, no lograr que su hermano -sólo uno días atrás- su más grande admirador confeso y absoluto libro abierto, le rehuyera y guardara secretos, le dolía a sobremanera. Tenía que hacer un esfuerzo por no ceder ante el impulso Uchiha de presentarse autoritario y demandar saber lo que pasaba. Lo más irritante de todo, es que el menor parecía agradarle más compratir su tiempo con el idiota que Minato tenía como amigo. ¿En qué demonios pensaba Minato cuando le encargó al estúpido Hatake tutoriar a Sasuke? Aun sentía la sangre hervirle las venas al recordar el sonrojado rostro de Sasuke semioculto tras el libro que 'Kakashi-sensei' le había recomendado leer para distraerse un poco. ¡El maldito pervertido le entregó porno a su hermano de escasos doce años! Itachi lo habría matado de no ser por la aparición de Minato justo a tiempo para evitarlo.

De acuerdo, no había sido propiamente pornografía. Pero eso no justificaba el manga shounen-ai que le entregó...

-Maa, por qué tanto escándalo. Sólo le ayudo a entender que el amor entre el mismo sexo no es malo... por si alguien de la familia pasa por la misma situación- El maldito se justificó con su cínica indirecta y esos odiosos ojos en cresta.

Gruñó algo inteligible y se levantó para estirar un poco los músculos. Los últimos días habían estado llenos de tensión, lo que aunado a sus limitadas horas de sueño, estaban comenzando a tener efecto en su persona. Extrañar el cuerpo cálido del rubio pegado a su espalda por las noches tampoco ayudaba. El Uchiha apretó los puños con fuerza, le parecía increíble y fastidioso haberse vuelto tan dependiente de otro en tan poco tiempo.

La puerta de su oficina se abrió de pronto y al instante escuchó al voz severa de su padre llamándole. El pelinegro se giró para verlo entrar y dirigirse hacia el sillón principal del juego de sala que tenía en la habitación. Enarcó una ceja al ver entrar también a Shisui con una mueca tensa en el rostro.

-Namikaze no va a prolongar nuestro contrato- espetó su padre molesto, en su voz se escuchaba el contenido intento por no asesinar al primer incauto que se atreviera a cruzar su camino. Itachi frunció un poco el ceño al oirle, inmediatamente buscando con la mirada una explicación de su asistente personal. El resultado de la licitación -hasta donde tenía entendido- no se había pronunciado aún, de ser así, él debía saberlo antes que cualquier otro miembro de la familia. Shisui comprendió bien la silente pregunta sobre el origen de la información, pero para mayor frustración de Itachi, simplemente negó con la cabeza. Él tampoco sabía de dónde provenía.

-Imposible. Nuestra proyecto es insuperable. Además, el dictamen oficial aun no se ha emitido...-

-Aun no, pero se hará en unos días -interrumpió entonces Madara entrando a la oficina, acercándose a los otros tres tras servirse una copa de licor- Namikaze eligió a Kuchiki.

-¿Y cómo sabes esto? -Madara observó altivo a su sobrino, con una sonrisa ácida en los labios.

-Tengo mis fuentes.

-Dudo mucho que hayas colocado a alguien en el comité, que tenga acceso a esa información -rebatió Itachi mirando fijamente a Madara, sin amedrentarse ni un segundo por los intensos ojos del mayor o el gesto burlón de su rostro. Mientras se tragaba -también- la molestia que le nació en la boca del estómago por la insinuante forma en que se expresó, respecto al rubio y al otro empresario.

-Itachi tiene razón -secundó Fugaku- ¿Cómo puede tu fuente asegurar la decisión de Namikaze?

-Tengo entendido que Namikaze se ha reunido por tres ocasiones ya con Kuchiki. Dos de esas ocasiones, fueron encuentros demasiado privados para contar como reunión de negocios. ¡Ja! Ese tipo sin duda ha sabido darle una bienvenida de piernas abiertas. ¿Dime Itachi, cuántas veces te ha contactado a ti?

Itachi tensó la mandíbula. Un gesto que sabía, bien podría validar lo que el otro insinuaba pero no iba a preocuparse de ello ahora. Itachi trataba de contener las voces de su interior que demandaban saber ¡¿Cómo se atrevía a insinuar que Minato -que su esposo- se acostaba con Kuchiki? ¡A insinuar que el rubio se dejaría comprar! Minato no usaba el sexo para hacer negocios; no era el corrupto, ególatra y ambicioso sádico que era Madara. ¡Dioses! Cómo deseaba restregarle en la cara a su 'querido tío' cuántas veces por noche, durante estos días pasados había contactado con Namikaze. Ansiaba poder borrarle ese gesto de la cara, ¡Hacerlo tragar su maldita lengua! Hacerlo tragar su veneno y verlo retorcerse en la agonía de la frustración, al demostrar el poder que sobre Namikaze tenía, por sobre cualquier otra persona en esa habitación.

-¿Es en eso que basas tu conclusión, Madara? -replicó finalmente sin poder evitar que algo de su molestia se colara en su voz- Ellos son conocidos de tiempo atrás y sus compañías mantienen algunos negocios juntos. Sus encuentros, por muchos motivos, no serían del conocimiento de tu fuente. Tú sólo asumes que el dictamen estaría influenciado por una vieja amistad o -si es que existió- intercambio de sexo a favor de Kuchiki. No es información válida para mí.

-La evidencia está ahí, sobrino. Dos hombres de su edad, apariencia y posición social... ¿solteros? Ambos son conocidos por rodearse siempre de compañía masculina. Y como dices, son viejos amigos. Es obvio que esos dos se revuelcan para hacer negocios.

-¡Minato no es ese tipo de hombre! -espetó severo, tajante. Mostrando una ferocidad en la mirada que desconcertó a los dos hombres mayores. La frase, el tono, la decisión y altivez que adquirió su cuerpo... Itachi les había prohibido seguir por ese camino, y advertía también, que estaba dispuesto a defender al rubio. Fugaku Uchiha, por primera vez en mucho tiempo, observó a su hijo ser la temible figura que todos sus subordinados se negaban a desobedecer. Madara entrecerró los ojos analítico y aunque aparentaba indiferencia ante la orden del heredero, su cabeza de inmediato unía puntos que pudieran explicarle esta reacción -Minato es un hombre íntegro, que no se deja comprar o influenciar. Cualquier decisión que tome será la que considere mejor, no la que le satisfaga más.

Varios segundos tensos pasaron entre los ocupantes de la oficina sin que nadie emitiera sonido alguno.

-Me parece que nuestro joven príncipe protesta demasiado... Mm, me pregunto porqué. -murmuró siniestro Madara. Shisui no pudo evitar el escalofrío que recorrió su cuerpo; su primo acababa de despertar a un gigante dormido.


Minato levantó la mirada intrigado, la puerta de la oficina se había abierto sorpresivamente y con más fuerza de la necesaria. Cuando sus irises azules se encontraron con la figura de Itachi Uchiha, la sorpresa inicial se transformo en precaución y un decibel de alarma. Murmuró un "te llamo después" a la persona al otro lado de la bocina del teléfono que sostenía junto al oído y se levantó.

-Lo lamento señor, no pude detener... -La disculpa de Rin fue detenida con un sencillo movimiento de la mano de Minato, indicándole su despreocupación por la aparición del pelinegro. Le sonrió y le pidió que los dejara solos, el rubio sabía que no necesitaba decir más para que la chica entendiera que no recibiría a nadie, ni atendería llamada alguna mientras el otro estuviera ahí. Cerró la puerta con un suave click tras salir de la oficina.

Era bastante obvio que algo estaba molestando a Itachi, toda su postura hablaba de lo tenso y contenido que se encontraba, la firme linea de sus labios simplemente acentuaba la contractura de su mandíbula. Minato arrugó apenas el entrecejo y se movió para acercarse al otro, deteniendo sus pasos a corta distancia. Algo dentro de sí le advertía no acercarse demasiado, y al mismo tiempo, le reclamaba el eliminar la distancia entre ambos y hacer todo lo posible para tranquilizar al evidentemente alterado joven. Segundos sin pronunciar palabra pasaron entre ellos, segundos en los que se miraban con expectativa o ansiedad.

-¿Qué sucede? -finalmente Minato se decidió a preguntar. La respuesta que obtuvo fue aun más confusa y sorpresiva de lo que fue el ver llegar a Itachi a su oficina. El escozor del contacto del puño de Itachi contra su mandíbula y labio inferior, no le aturdió tanto como el golpe en sí mismo; pero debía aceptar, el pelinegro era en verdad mucho más fuerte de lo que aparentaba ser. Un par de segundos le tomó a Minato estabilizar la borrosa habitación, que tan repentinamente había cambiado de escena, sujetó su mandíbula y la movió para asegurarse que se encontraba bien. Lastimada, pero bien. Su labio inferior palpitaba y lo sentía arder, pero fuera de un escaso sabor metálico en la lengua, estaba seguro que no estaba partido.

Se irguió de nuevo, enfrentando al pelinegro, e inmediatamente una de sus cejas se curveó cuestionante. E increíble para Itachi, la mirada del rubio no le veía con molestia, simplemente con curiosidad y un deje de preocupación; entonces, ese fuego en las entrañas que le había hecho buscar a Minato se reavivó. ¡Por qué demonios no se enfadaba! ¡Por qué a pesar de todo Itachi mismo no podía sentirse enfadado! Frustrado, sí y mucho, pues hoy había comprobado lo mucho que le afectaba el rubio, lo mucho que en tan poco tiempo le había cambiado y lo atemorizante que era el no renegar de ese cambio, por el contrario, se sabía bendecido... ¡pero maldita sea, cómo costaba aceptarlo!

De pronto sus pies se movieron por cuenta propia, y en sólo un par de segundos estaba frente a él; las manos de Itachi se levantaron para alcanzar al otro y aferrarse en dos fuertes puños que estrangulaban fieros dos botones de la camisa grisácea que portaba Minato, arrugando la tela alrededor; le jalo con fuerza hacía él mientras alargaba el cuello para dejar una efímera distancia entre sus rostros.

-Tú... Es tu culpa...- Itachi intentó hablar, pero su mandíbula apretada sólo reflejaba su lucha por tratar de poner en palabras lo que estaba pasando por su cabeza- Te odio... odio esta sensación... ¡odio todo esto!

Se observaron en desafiante silencio unos segundos. Segundos en los que Minato busco sin reserva en las hermosas irises oscuras del chico frente a él, una razón, un brillo que le hiciera entender un poco lo que sus acciones y palabras desesperadamente trataban de comunicarle. Segundos en los que Itachi se vio reflejado en la intensa pero serena mirada azul del hombre por el cual se había arriesgado tanto... Entonces el peso del mundo cayó sobre sus hombros y sobrecogido, vulnerable a la presencia de Minato, Itachi cedió. Sus cejas se curvearon un instante antes de que dejara caer la cabeza contra el pecho del rubio, buscando ahora refugio de toda la presión, la tensión y el miedo que transpiró por cada uno de sus poros cuando finalmente en su cabeza, hicieron conexión las palabras que había pronunciado y los juiciosos ojos de quienes las escucharon. El aire salió con pesado alivio de su boca, cuando lo brazos de Minato le rodearon con cuidado, con suavidad e indudable cariño; su respuesta al disparatado actuar que exhibía.

-Itachi... -musitó apenas audible el rubio, aferrando a su pecho al -evidentemente- perturbado joven. A pesar del bizarro momento, Minato estaba feliz de poder ser capaz de tocar de nuevo al Uchiha. Itachi se encogió entre sus brazos, instintivamente amoldándose al cuerpo que lo protegía, levantando un poco la cabeza y escondiendo el rostro en el cuello del mayor.

-Madara sabe... -fue la débil respuesta del pelinegro mientras pasaba los brazos por la cintura del otro y los enganchaba tras la espalda. Sintió más que escuchar el resoplo que acompañó a la voz de Minato antes de ser pronunciada.

-Hn. Ya era hora -Minato dijo con seguridad. Comprendiendo con ese par de palabras la actitud del pelinegro, comprendiendo que cualquiera que hubiera sido la circunstancia que delató su relación, la participación de Itachi en la misma había sido crucial, ergo la molestia del moreno. El rubio sintió el estómago apretujársele con emoción ante la idea de que Itachi había aceptado su relación ante su familia y que a pesar de todo, buscarlo a él para aliviar la frustración de sus impulsivos actos.

Se separó apenas del menor, sujetando entre sus manos su cuello y mandíbula, para levantarle el rostro y comprobar que muy dentro de esas pozas oscuras había no sólo enfado, sino también miedo. Ladeó los labios en media sonrisa.

-No te preocupes, todo estará bien- musitó con esa misma seguridad y convicción que mermaba en todos sus actos, una fuerza intangible pero que podía ser percibida en el brillo de sus ojos, en la calma de su voz, en el roce de sus labios sobre los de Itachi.

Un contacto ansiado por ambos, un beso retrasado en llegar, pues hacía varios días que no habían compartido el calor de tan íntima caricia. Itachi adivinó el movimiento, inclinó apenas el rostro para encontrarse a medio camino con Minato, logrando que sus labios se unieran , empujando aquellos con debilidad, abriéndose y llamándolos para que profundizaran el contacto, para que le robaran el aliento y embotaran sus sentidos. Y la respuesta no tardó en llegar; la lengua del rubio lamió lentamente sobre los rojizos labios de Itachi, se introdujo entre éstos y consolidó el contacto en un profundo beso con el que cazaba a la huidiza lengua del peliazul. Mientras, sus manos se posaban a los lados de la cintura del menor, y sin comedimiento alguno comenzaba a recorrer su cuerpo, sintiéndolo y aferrándolo al propio. Dioses, lo había extrañado tanto. Se separó de sus labios por los instantes que le tomaron el volver a asegurarle, que todo estaría bien.

Itachi deseó creerle.


continuará...

Una gran disculpa por la tardanza y por cualquier error que encuentren, quería actualizar ahora antes de revisar, porque realmente no sé cuándo podré hacerlo de nuevo. Espero que sea pronto.

Gracias a todos los que han dejado un review o han agregado el fiki como favorito, lo aprecio muchísimo.

La frase que le dice Kakashi a Sasuke, es la misma que pasan en el anime cuando el equipo 7 conoce a su maestro. Me encanta esa presentación de Kakashi.