Capítulo 11 Avalancha

La mañana siguiente encontró a Sasuke cómodamente acunado entre los brazos de su hermano, quien peinaba distraidamente sus cabellos oscuros. A pesar de seguir somnoliento, lo ocurrido la noche anterior volvió a su mente y no pudo evitar la sonrisa que visitó sus labios. Su hermano lo quería. Se acurrucó más contra el pecho de Itachi y soltó un suspiro contento. Hacía mucho que no tenía la oportunidad de estar junto a su hermano y simplemente, estar con él. Itachi solía estar ocupado y aunque siempre buscara espacio para el menor, la sensación limitante, de tener el tiempo contado, no dejaba de estar presente. Sobretodo cuanto estaban ante sus padres, cuyos ojos nunca cesaban de enjuiciar y exigir en cada uno de los actos de sus hijos, especialmente los de Itachi. Sasuke sintió un emocionado calorcillo iniciar en su pecho y esparcirse por su cuerpo; él sabía que su hermano solía colocarse como escudo ante esas miradas, y aunque a veces se sentía subestimado, muy en el fondo de sí, agradecía esa distracción. Nunca le era fácil lidiar con la represora mirada de su padre.

-¿Estás despierto? -La voz de Itachi susurró con familiaridad, sin detener nunca el movimiento de su mano en la cabellera negra.

-No -respondió el menor, ocultando su rostro aún más contra el cuerpo de su hermano. El mayor sonrió apenas y esperó algunos segundos antes de hablar otra vez. Había pasado la noche pensando en cómo traer el tema a discusión con Sasuke. No quería lastimar o asustar al menor; por lo que Minato le contó, el pequeño casi sufrió un ataque emocional tras confesarse y por nada del mundo deseaba exponerlo de nuevo. Honestamente, tampoco se sentía capaz de controlar el impulso asesino si veía a su hermano tan afectado como el rubio lo describió.

-Sasuke -llamó quedo pero seguro- Anda, levántate. Tenemos que hablar.

Siguiendo sus propias palabras, Itachi se levantó de la cama. Acomodó sus ropas y su cabello antes de girar para observar al menor aun renuente a dejar el mullido colchón; sin embargo, cuando el mayor volvió a sentarse al borde de la cama para enfrentarlo, Sasuke intuyó que era tiempo de levantarse. Se incorporó para sentarse en la cama y tomó las cobijas para retirarlas, pero la mano de Itachi le detuvo. Confundido volvió la vista a su hermano, que hizo un leve movimiento con la cabeza para negar. Sasuke comprendió que le concedía el permanecer dentro de su acogedor caparazón de sábanas; eso no evitó que le mirara extrañado, pero sin ánimo de discutir esa orden, Sasuke se reacomodó y permaneció en silencio, preparándose lo mejor posible para explicar a su hermano lo sucedido en la Academia.

Que Itachi lo supiera ya, y no estuviera molesto, no hacía más fácil el relatarlo para le menor de los Uchiha.

Los hermanos permanecieron en silencio por varios minutos, mirándose sin mirarse realmente. Ambos estaban nerviosos. No era como si temblaran, se apretaran las manos o se mordieran un labio. No, nada de eso. Pero había algo en sus posturas, en la forma en que sus ojos se entornaban y en el mutismo que mantenían, lo que les delataba.

Itachi resopló, cerró los ojos unos segundos mientras inspiraba nuevo oxígeno, y en su mente escuchó la voz de Minato.

No te diré que hacer, no me corresponde. Pero creo que, dada la reticencia de Sasuke a hablar contigo del asunto, deberías empezar por confiarle algo tú. Yo lo haría. Crea un vínculo Itachi, hazle saber que confías en él y que puede confiar en ti.

-Sasuke, hay algo que necesito decirte... -inició el mayor, robando la atención completa y total del menor; quien hasta ese momento se debatía por el cómo iniciar su confesión; pero entonces lo miró con sus profundos ojos negros expectante. Itachi pasó saliva y tensó la mandíbula. No había forma de decirlo, más que decirlo. Él no solía dar rodeos ni disfrazar la realidad.

-Minato y yo...-Pero decirlo no es fácil...- Él es más que un simple conocido para mi.

Para orgullo de Itachi, su pequeño hermano no mostró mucho más que un curioso parpadeo como reacción a sus palabras, muy al contrario, parecía esperar que continuara con la explicación sin encontrar insólito lo que recién había dicho.

Por supuesto, esa misma falta de reacción resultaba extraña. Si los japoneses eran por naturaleza personas con limitadas formas de expresión e interacción con otros; los Uchiha podían ser considerados el epítome de la frialdad social y de entre esa camada, Itachi debía aceptar que él era uno de los mejores ejemplares de la estirpe. Itachi Uchiha sólo tenía subordinados, contactos y conocidos. Y sólo se relacionaba con ellos para utilizarlos y obtener provecho a sus empresas. Nada más. Únicamente en el corazón de su familia, podría considerar que apreciaba la existencia de otro ser humano, y ese aprecio se limitaba casi exclusivamente a su hermano; para repartirse luego lo que quedaba entre sus dos primos, Kizame y su madre. Aunque lo que sentía por la mujer a veces resultaba demasiado complicado como para poder etiquetarlo.

La existencia de Minato y el reboltijo de emociones que le despertaba era una excepción ciertamente extraordinaria. Sentir algo por él, un milagro. Reconocer y poner en voz que el rubio tenía cabida en su vida, un verdadero imposible.

Sasuke observó a su hermano y fue consiente de que el mayor esperaba algo de él, algo más que su silencio. Por supuesto, Itachi ignoraba lo que él había visto la noche anterior.

-Um... ¿a qué te refieres? ¿Es como... tu amigo?

-No. Más que eso -confesó Itachi. Desvió la mirada y fijó sus ojos en algún inexistente punto de la habitación, recordando- Lo conocí hace poco más de dos meses, luego de la última reunión del clan. Esas juntas son siempre tan estresantes, que fui a Shinjuku para distraerme y... bueno, nos conocimos. Somos muy parecidos en muchos aspectos, así que... encajamos. -El mayor volvió sus ojos a su hermano, quien se sorprendió de verlos brillar con algún tipo de emoción que no le conocía- Le agrado Sasuke. Él sabe quién soy y no le importa, él sabe quién soy y no me busca por ello. Yo, simplemente le agrado. Lo suficiente como para buscarme y convencerme de intentar comenzar una relación. Por eso estás aquí, por eso nos está ayudando.

Sasuke bajó la vista, meditando las palabras de Itachi.

-Sé que mi elección de pareja no es convencional, ni es lo que la familia aprobaría; pero nunca he llevado mi vida privada en base a sus expectativas y no voy a comenzar ahora. -Itachi alcanzó una de las manos de su hermano, dándole un ligero apretón que hizo a Sasuke volver a mirarlo- Pero a ti Sasuke necesitaba decírtelo. Tú opinión, es la única que tiene validez para mí. Lo que tú pienses, puede ser lo único que me haga desistir de Minato.

El silencio se hizo presente entre ellos. Los ojos de Sasuke miraban sorprendidos a su hermano. Itachi no sólo le confesaba su relación con el rubio, también le concedía el poder para terminarla, a pesar de la obvia existencia de sentimientos por parte de su hermano hacia el rubio; porque Sasuke lo conocía y sabía que Itachi no le estaría contando del señor Minato si no fuera algo serio e importante para él; y aun así ¿le daba la posibilidad de prohibírselo?

¿Por qué?

Porque así de importante soy para Itachi... Y Sasuke sintió un gran nudo ahogarle la garganta, cuando algo que ya sabía se volvió aun más claro frente a él. Un latido después, ya había tomado su decisión.

-¿Es tú novio? - Preguntó el menor, con un tono algo curioso, más nunca disgustado por la idea. Tal vez todas esas cosas que Kakashi sensei le había dicho del amor, la vida y el sexo, le habían preparado para esto... Tal vez, simplemente no le importaba. Itachi era Itachi y ya. Su hermano enarcó una ceja y torció ligeramente los labios, mientras trataba de mantenerse entero ante la directa cuestión.

-Es mi pareja.

-¿Lo sabe papá?

-No.

Sasuke lo observó cuidadosamente por varios segundos, entonces sonrió con timidez y complicidad.

-No lo diré. A nadie -prometió solemne-Um, ¿Te gusta también?

-Aa. -Itachi asintió casi contento, casi rompiendo su estoicismo. Casi.

-Hn. Entonces, eso quiere decir que tienes sexo con él ¿cierto? -Itachi se sonrojó hasta las orejas y un pensamiento asesino cruzó por su mente: ¡Maldito Kakashi!


-Hasta que te dignas a aparecer -Retó molesto Fugaku Uchiha, mirando a su hijo con reproche y severidad. No había justificación para que su hijo llegara a la oficina a las once de la mañana. Itachi enarcó una ceja, sin contestar al mayor. Con elegancia se desprendió de su gabardina, pasándola a Shisui que se acercó al verlo entrar a la oficina. El pelinegro la sujetó y en su lugar le entregó una agenda electrónica para que su primo supiera los pendientes del día, incluida la inesperada visita de Fugaku, quién según el registro, tenía casi dos horas esperando por su primogénito.

Itachi arrugó un poco el ceño y levantó la vista, luego de sentarse en su cómoda silla de cuero tras el escritorio y haber revisado el cronograma electrónico. Ignorando en cada momento la presencia de su padre.

-¿El comité de defensa? -preguntó a su primo, la cita agendada para efectuarse en los próximos veinte minutos, no estaba ahí el día anterior- ¿Motivo?

-¿Qué no es obvio? Ganamos la licitación. -contestó Fugaku con la mandíbula tensa- La reunión es para oficializarlo y discutir el contrato. Cumpliste con lo acordado Itachi, esto representará un gran aporte para los Uchiha. Y sólo por eso seré indulgente contigo esta vez.

-Shisui, déjanos solos. -pidió Itachi con voz mesurada, pero su fiera mirada advertía que el moreno no estaba complacido. Su padre el principal receptor de esas irises. Sin decir palabra, Shisui se retiró.

-Madara me informó que tienes escondido al inútil de tu hermano. Quiero saber por qué desobedeciste mi orden -demandó el Uchiha.

-Y yo quiero saber -replicó desafiante Itachi- Porqué decidiste condenar a tu hijo, en lugar de aplastar a aquellos que intentaron lastimarlo.

-¿Acaso creíste su patético cuento? Me sorprende de ti, Itachi -dijo burlón- Aunque fuese cierto, debió comportarse como un Uchiha, no como un simplón cualquiera.

-Sasuke simplemente se defendió; hizo lo que siempre se le dijo, no permitir que nadie lo sobajara. ¿Y lo castigas por ello?

-Itachi, -pronunció condescendiente- tú has tenido que lidiar con ese tipo de situaciones, y jamás te has denigrado al grado que lo hizo él.

-¡Sasuke no es como yo! -interrumpió molesto, no podía creer las palabras que decía su padre- ¡No puedes esperar que haga exactamente lo mismo que he hecho!

-Precisamente. Sasuke no es como tú. -declaró Fugaku con desprecio- Ese niño nunca ha sido más que una molestia. Manchó nuestro apellido y ridiculizó mi nombre, eso no tiene disculpa.

-No padre. Aunque fuera sólo por la apariencia, debiste hacer algo -condenó Itachi con frialdad y aversión en la voz- Creerle al bastardo que intentó abusar de tu hijo y permitirle humillarlo como lo hizo, eso es lo que te ha puesto en ridículo.

-Itachi. No olvides con quién hablas. -amenazó el mayor con sus palabras esperando amilanar al otro, aunque la tensión que sentía en el estómago por la fiera mirada que su hijo le dirigía -provocándole escalofríos en la nuca- le hacía dudar el ser capaz de aplacarlo.

-Disculpen... -interrumpió cauteloso Shisui- Los ejecutivos del comité han llegado y los aguardan en la sala de juntas.

El tenso ambiente en la oficina continuó unos cuantos segundos más antes que Fugaku, altanero como era, girara sobre su eje para salir del lugar y alcanzar a los recién llegados. Itachi lo vio partir y finalmente pudo relajar un poco el ceño; su padre acababa de confirmarle lo que Sasuke estuvo renuente a aceptar horas antes, el hombre tenía conocimiento de lo sucedido y simplemente no hizo nada. El mayor de los hermanos sintió su sangre hervir nuevamente al recordar la apocada figura de su hermano, rehuyendo su mirada y mordiendo el interior de su mejilla para no aceptar en voz alta una dolorosa verdad: A su padre no le importaba.

-Itachi -la calma voz de su primo lo regresó de ese oscuro recuerdo. El pelinegro levantó la mirada- Hatake me pidió que te entregara esto, de parte de Namikaze-san. Quiere que lo leas antes de entrar a la sala de juntas -El Uchiha tomó la carpeta que le extendía su primo y echó un vistazo a su interior; tras unos segundos, sus cejas se arrugaron al centro y cerró el folder.

Una queda maldición salió de entre sus labios, desconcertando a Shisui, pero no por ello se atrevió a preguntar qué sucedía. Itachi resopló pesadamente y regresó la carpeta a su primo, luego se encaminó hacia la puerta de la oficina.


-¡Anda viejo pervertido, apúrate! ¡Auuch!- se quejó el pequeño rubio tras el golpe que inesperadamente recibió su nuca. Sus pequeñas manos se levantaron para tratar de proteger la dañada área y al frotarla, disminuir la sensación de dolor; sus pupilas azules miraron feo al hombre junto a él y causante del actual escozor.

-¿Cuántas veces te he dicho que no me digas así?

-¡No tenías que pegarme!... además, no hay nada de malo en decirte viejo !Lo eres, lo eres. De veras!

-¡Qué! Mocoso insolente... -gruño entre dientes- Para que te lo sepas, ¡Yo, soy todo un espécimen viril y sensual! ¡Las chicas se vuelven locas por este gallardo semental!

-¿Uhn? -profirió confuso el pequeño que lo acompañaba sentado al lado. El mayor simplemente sonrió complacido y algo galante, el menor juraría que hasta un destello brilló en sus dientes. Ante la negativa del otro a explicarse, el niño le miró con las cejas arrugadas y los cachetes algo inflados.

-No entiendo lo que dices; pero seguro es otro de tus cuentos pervertidos abuelo.

-J i r a i y a -deletreó- Te he dicho que me llames Jiraiya, Naruto. 'Abuelo' es un título que no va conmigo, si no fuera porque el calenturiento de tu padre era un mocoso cuando naciste... YO aún estoy en la flor de la juventud.

Naruto rodó los ojos.

-Sí, sí, lo que sea. ¿Falta mucho para llegar? ¡Ya quiero llegar! ¡Quiero ver la cara de papá cuando me vea! Se llevará una gran sorpresa, de veras.

-Hn. Ya lo creo... -musitó el mayor, curveando los labios en enigmática sonrisa, a la vez que su pie presionaba un poco más el pedal del acelerador del coche en el que viajaban. Porque sí, a Jiraiya Sannin le gustaba viajar por la carretera, sentir el aire colarse por la ventanilla y ver pasar el hermoso y escarpado paisaje nippon. Podía volar, podía viajar en tren bala, pero eso no era divertido. En su coche podía detenerse siempre que lo quisiera, comer y charlar con la gente. Encontrar inspiración para sus relatos y sobretodo, vivir cada uno de ellos. Sin embargo, lo que más le agradaba de viajar, era que le hacía recordar las muchas veces que llevó a su hijo consigo en alguna de sus investigaciones literarias, cuando lograba liberarse de la presidencia de su empresa y pasar uno o dos meses a solas con su vástago. Si se atreviera a aceptarlo, diría que extrañaba pasar esos ratos con Minato. Su nieto era una alegre compañía, pero a diferencia de su padre, el niño no podía mantener una conversación por más de quince minutos sin cambiar de tema o saltar por todo el auto demandando bajarse para jugar.

-¡Detente viejo pervertido! ¡Mira! ¡Son vacas, son vacas, de veras!-

Jiraiya resopló. Sí, él también quería llegar.


-¿Alguna pregunta? -cuestionó Kakashi al terminar su exposición del proyecto gerencial que el Director del Consejo Nacional de Defensa proponía para cerrar el contrato con las empresas Uchiha.

Bien, esto es inesperado... -Shusui Uchiha murmuró mentalmente, mirando a los presentes en aquella sala de juntas. Itachi permanecía con una inalterable expresión en el rostro, pero para Shisui, el brillo en su mirada era sinónimo de que su primo estaba analizando lo recién presentado por el Comité. Fugaku por otra parte, mostraba no sólo un rostro tenso, todo su lenguaje corporal estaba al límite. No le habían caído nada bien los lineamientos que Namikaze planteaba para el contrato de abastecimiento y desarrollo que -si aceptaban- habrían ganado. El gran ausente fue su tío Madara, cuya inasistencia igualmente le preocupaba como la apreciaba; sin su influencia directa, le sería más sencillo a Itachi el lidiar con el descontento de su padre y negociar el contrato con el rubio.

-Su propuesta es interesante, Namikaze-san. Realmente diferente a su antecesor -musitó Fugaku con agrura en la voz- ¿Está usted en el consejo Kuchiki-san? No estaba al tanto de que existiera una vacante ¿o acaso es un puesto especial?

-Mi participación es simplemente una asesoría externa, Fugaku-san -respondió el otro inalterable.

-¿Va a asesorar el proyecto o al Director, Kuchiki san? ¿Encontró demasiados inconvenientes al asumir la dirección? Es comprensible, un consejo militar es diferente al manejo de un consorcio como el suyo, por exitoso que sea.

Itachi arrugó el ceño al escuchar a su padre hablar así, por Minato ser Minato y porque no les convenía enfadar a su casi seguro cliente. Le dirigió una mirada severa que Fugaku desestimo, más preocupado por mantener su altanería intacta que por atender la advertencia de su hijo.

-Creo que fui bastante claro, Uchiha-san. No quiero que haya duda en esto. -intervino autoritario y seco el rubio, dejando ver que no le gustó en absoluto la insinuación del mayor- Si bien la gerencia correrá a cargo de Byakuya, la decisión final sobre cualquier punto, a favor o en contra, estará siempre supeditado a mi voto. -formó una tenue curvatura en los labios y su mirada se tornó aguda, templada en cerúleo acero- Entiendo su inquietud, es natural; una reacción esperada a un cambio significativo como el que planteo. No pocos temen al cambio, pero le aseguro que, precisamente porque he considerado las diferencias que mencionó es que he incluido a Byakuya en la gerencia del armamento. Eso nos asegurará, tanto a ustedes como al consejo, transparencia y éxito en el manejo del contrato.

Los ojos del rubio se posaron entonces en Itachi, quien hizo uso de toda su entereza para replegar hasta el fondo de su ser, ese molesto calor que amenazaba con subirle de las entrañas al rostro; los ojos del rubio le miraban con la misma intensidad que había taladrado a su padre, pero que a él lo miraban con expresiva emoción; e Itachi sabía como interpretarlas, esas pupilas azules le pedían que entendiera lo que en realidad decían sus palabras y que confiara en su decisión. Itachi deseaba hacerlo pero el pelinegro estaba batallando con la fastidiosa voz en su cabeza que parafraseaba las suposiciones de su tío, sobre la relación entre Minato y el heredero de la casa Kuchiki. Itachi era un hombre competitivo por naturaleza, era de esperarse entonces que sus agudos instintos no pasaran por alto la forma en que el rubio se dirigía al otro, su familiaridad y obvia confianza si estaba dejándolo a cargo del proyecto.

El moreno tensó la mandíbula, retiró la vista del rubio y la clavó fiero sobre el objeto de su molestia. El aludido, Kuchiki, devolvió la mirada intrigado por los motivos que le hubieran ganado la obvia enemistad del jovencito. Minato, sin embargo, enarcó una ceja y suprimió las ganas de sonreír. Algo le decía que su esposo estaba molesto, y no precisamente por el contrato.

-Namikaze-san- intervino finalmente, aplacando ánimos con su voz fría- Esta nueva... dirección, responde a su propio proyecto de gestión en el Consejo, supongo.

-Así es -respondió con un tono más relajado en la voz- Como dije antes, un tercero asegurará la transparencia y correcto empleo de los recursos. Es sólo uno de los cambios que planeo realizar dentro del Consejo.

-Eligió un camino difícil Namikaze-san -Itachi musitó contemplativo, para luego retomar los papeles que Kakashi les había entregado al inicio de la junta, y aunque ya los habían revisado uno a uno junto con la explicación de la gerencia, los hojeó nuevamente y con rapidez- Bien, el contrato incluye ya los nuevos parámetros y dado que cubre nuestra propuesta crediticia, no veo porqué demorarnos más. ¿Padre? -El mayor aún no se mostraba complacido, pero entendió la mirada de Itachi, entendió lo que su hijo decía, y sobre todo lo que hacía. Estaban haciendo negocios; discrepar con el consejo no era una buena decisión. Además, el responsable tanto del proyecto como de la empresa era Itachi, dependía única y exclusivamente de él aceptar o rechazar el contrato; y sin embargo, ante los demás le estaba presentando como la voz definitiva de la compañía.

No padre. Aunque fuera sólo por la apariencia, debiste hacer algo... Fugaku frunció el ceño al recordar las palabras de su hijo, e ignoró intencionalmente la similitud alegórica de esta situación con la discutida en la oficina horas antes. El hombre tensó la mandíbula y asintió seco, dando con ello su aprobación para concluir con el asunto.

-¡Finalmente! -resopló teatral el peliplateado tras Minato- Pensé que el berrinche seguiría por siempre y yo sólo traje una copia de Icha Icha...

El único que no quiso asesinar con la mirada a Kakashi, luego de eso, fue un semi sonriente Shisui.

Cuando la reunión terminó, Fugaku se excusó de inmediato y se retiró; Shisui comenzó a planear la primera agenda de trabajo con Hatake y Kuchihi mientras caminaban por al oficina hasta salir y dirigirse a los elevadores. Discretamente, tanto Minato como Itachi se acercaron uno al otro y siguieron al trío aunque unos pasos más alejados. Aunque había algunos trabajadores en los pasillos y cubiculos, apenas levantaban la mirada para observar a los empresarios y la retiraban de inmediato, los más atrevidos curioseaban al atractivo rubio que caminaba junto al joven director Uchiha, pero la pesada presencia del pelinegro, los había desistir. Nadie se atrevía a posar los ojos por más de unos segundos en el camino del joven; situación que Minato encontró favorable en ese momento.

Aun así, fue cauteloso y bajo el manto de despedirse del joven CEO, invadió el espacio personal del pelinegro al plantarse a su lado. Itachi enarcó una ceja al notar la suave sonrisa que el otro mostraba al inclinarse un poco sobre él. Su voz baja.

-Te ves pálido.

-Siempre lo estoy.

-No siempre. Sé de algunos momentos en los que tu rostro adquiere un lindo tono rosado- aseguró el rubio con una sugerente media sonrisa en los labios y un brillo especial en sus intensas pupilas azules. Itachi le miró inexpresivo como respuesta, aunque en su interior estuviera dispuesto a soltarle un buen puñetazo. Minato resopló divertido.

-Fugaku-san parecía un poco demasiado molesto. Más de lo necesario para alguien que acaba de conseguir un contrato millonario- Inició el mayor con la mirada analítica sobre la reacción del pelinegro- ¿Todo bien?-

Itachi resopló pesadamente y desvió la mirada.

-Oh. Hablaste con él -aseveró un momento luego.

-Hablar no es algo que mi padre sepa hacer. Pero, sí. Abordé el asunto de Sasuke con él.

-No lo tomó bien ¿cierto? -Susurró el rubio e Itachi negó con un movimiento de cabeza- Supongo que no nos mencionaste.

-Me encargaré de eso.- La pesadez con que se expresó Itachi, hubiera pasado desapercibida para cualquiera como su característico estoicismo. Pero Minato no era cualquiera; el rubio lo observó callado un par de segundos, sosteniendo la resguardada mirada obsidiana. Siguiendo a su instinto, ese que revolucionaba su estómago y despertaba su complejo de protector; le hizo olvidar en dónde estaba y alcanzar la mano del pelinegro entre la suya, sujetándola con firme ternura. Itachi se tensó al sentir el contacto, sus ojos se abrieron ligeramente incrédulos y viraron en rededor buscando testigos, pero nadie les veía y la calidez que se esparció por todo su cuerpo con el roce le relajaron al instante. Minato se acercó un poco más, y sin titubear alcanzó con su otra mano la barbilla del pelinegro, elevando un poco su rostro, dejando que su pulgar acariciara sutilmente la piel antes de retirarse, para plantarse en el brazo del joven.

-Creo que éste es un buen momento para presentarme con él.

-No, Minato. Está molesto por mi desobediencia y por lo sucedido con el contrato. Primero debo asegurarme que no irán tras Sasuke.

-¿Desobediencia? -gruñó pesadamente el rubio- Creo que es imperativo que hable con él.

-¡Espera!-llamó ligeramente severo el Uchiha, apretando la mano del rubio que intentaba soltarle- No tienes que hacer nada, yo puedo manejarlo solo.

-No estás solo, Itachi- interrumpió en amable comando- No pelees solo nunca más. Estoy aquí.

-Disculpen -interrumpió cauteloso Shisui, a prudente distancia de ambos pero lo suficientemente cerca para que el par lo escuchara- Kuchiki-san los está esperando, y creo que Hatake no hace un buen trabajo distrayéndolo.

Minato elevó la mirada, justo al fondo del pasillo de perfil a ellos, alcanzó a ver a su discípulo hacer un aspaviento con las manos, en lo que seguramente era la narración de alguna escena de su amado libro. Byakuya por su parte, aunque mantenía su porte elegante e impávido, no podía disimular del todo el estar buscando una forma de cortar la plática del peliplatedo. Sus ojos volvieron de pronto a Itachi, quien apretó la mano que mantenía sujeta, demandando su atención y respuesta a la petición que le había hecho momentos antes.

-Bien, bien. Será después -concedió el rubio, para luego soltar la mano del menor. Sin embargo y siguiendo ese aire impulsivo que lo asaltaba cada que estaba junto a Itachi, sujetó su barbilla entre sus dedos indice y pulgar, le jaló con suavidad pero innegable comando y le regaló un beso suave. Tan fugaz que Itachi por un instante no supo si fue real, pero tan palpable que sentía sus labios arder e irradiar un cosquilleante calor por todo su cuerpo.

-Te veré en la noche.

Minato se marchó de inmediato, con media sonrisa y dos sorprendidos Uchihas tras de sí.


-Entiendo porqué Kakashi sensei está aquí. ¿Pero y tú, Obito?

-Ah, es una larga historia pequeño -contestó el aludido, sentándose al lado de su primo, pasándole un brazo por los hombros en un abrazo cariñoso e informal. El pelinegro se tensó unos segundos pero no rehuyó al contacto; le miró con suspicacia y enarcó una ceja, igual tomó un puñado de palomitas del tazón que su primo recién había sacado del microondas.

-No te preocupes la pasaremos bien. -dijo Kakashi- ¡Mira, traje la colección completa de la edición especial Universo Icha Icha!

Sasuke arrugó el ceño y trató de ocultar el sonrojo de sus mejillas. Obito simplemente rodó los ojos y bufó exasperado; lanzando un cojín del sillón contra el rostro despreocupado de su ex compañero colegiado. Dándole de lleno y con gran puntería.

-Pervertido. Esa es exacta la razón por la que estoy aquí.


-¿Encontraste algo para mí, Pain? -Demandó Madara al joven de despeinados cabellos rojizos e interminable serie de piersings que entraba a su estudio. El mismo que se acercó y le tendió una carpeta con varios papeles dentro, que el mayor comenzó a hojear de inmediato.

-No fue fácil -comentó parco- Se aseguraron de ocultarse bien y que obtener información fuera casi imposible para cualquiera. Por supuesto, yo no soy cualquiera.

Madara Uchiha bufó ante eso. Sus ojos ágiles y siempre analíticos encontraron las palabras importantes en cada documento, descifrando el significado de cada uno y almacenando los datos en su mente; al mismo tiempo, comenzaba a planear cómo usar esa nueva información. Su lectura se detuvo en el último papel, ese de ligero texturizado y grandes letras negras rezando: Oficialía del registro civil.

Una mueca siniestra nació en su rostro, sus ojos se levantaron entonces a Pain.

-Hn. Mi querido sobrino es más listo de lo que pensé... -se burló despreciativo- ¿El niño?

-Con ellos, custodiado las 24 horas.

-¿El hijo de Sakumo?

-Principalmente.

-Es un excelente adversario entonces. ¿Podrás con él? -Pain no se ofendió ni se inmutó por la pregunta, conocía al pelinegro y sabía bien de sus impasibles ganas por minimizar a cualquiera frente a él. Además sabía que, más que dudar de su capacidad, lo que buscaba era picar su orgullo para asegurar que no fallaría y que obtendría a la presa. Algo completamente innecesario. Él nunca fallaba.

Madara sonrió sórdido al verlo salir tras una leve reverencia. Volvió entonces la mirada al expediente que Pain le había conseguido, del cual sobresalía el último papel y en el que sus ojos se clavaron, el nombre del rubio a quién detestaba aparecía burlón sobre el texto.

Sus facciones se endurecieron. Su querido sobrino debía aprender que a él nadie lo traicionaba.


Abrió la puerta de la suite en la que Minato le citó una hora antes; cuando le hizo llegar un mensaje y la tarjeta de una habitación en el mismo hotel donde se hospedaban, pero en un piso diferente. Lo primero que le recibió fue un sutil pero delicioso aroma florar asaltando su sentido olfativo. En segundo plano y tras adentrarse varios pasos, escuchó suaves notas ambientar el lugar que, aunadas a la mediana iluminación de las lámparas, estaban creando sin duda la perfecta atmósfera para una velada íntima.

-Minato... -musitó apenas Itachi, dejando salir el aire con pesadez. Cansado. Se sentía sumamente cansado por el pesado día que tuvo en la oficina; pero sobretodo por esa última e inesperada llamada recibida no hacía más de media hora. Encontrarse ahora en el lugar que debería reconfortarlo irónicamente no hacía más que acabar de cerrar el invisible grillete que le ahogaba la garganta.

Lo siento tanto Minato...

Giró al escuchar pasos y se encontró con un Minato que emergía del pasillo trayendo consigo un par de copas de cristal con cristalino líquido dentro. El rubio le sonrió al encontrarse sus ojos y le tendió una de las bebidas. Itachi la tomó y agradeció con un suave movimiento de su cabeza. Un segundo después los labios de Minato se posaban sobre los del pelinegro y les dejaban una suave caricia como saludo e Itachi sintió su estómago apretujarse. Así que de inmediato dio un sorbo a su trago.

-Hola hermoso, gracias por venir -susurró Minato, ronco y aterciopelado, haciendo que el pelinegro se estremeciera al escucharlo. Aunque su ceño se frunció ligeramente por la denotativa palabra con al que el otro solía llamarle. Por cariñosa que fuera no dejaba de causarle cierto orgulloso rechazo, y aunque se estaba acostumbrando, ahora más que nunca debía aferrarse a cualquier detalle que le ayudara a reconstruir esa barrera que le permitiría continuar.

-Tu nota decía que necesitabas verme -respondió Itachi con aire indiferente, caminando varios pasos para adentrarse al lugar y observar la mesa puesta para dos- Aunque supuse que deseabas hablar.

-Por supuesto, nada mejor que una buena plática para acompañar la cena. Anda... -invitó el rubio, tomando la mano del Uchiha para llevarlo hacia donde estaba dispuesta la agradablemente aromática comida. Sin embargo, Itachi se detuvo unos pasos antes de llegar, tirando de la mano del otro para llamar su atención. Minato giró y le cuestionó con la mirada el porqué de su estaticidad.

-¿Sasuke? -Era sólo un nombre pero el rubio entendía el tono con que había sido pronunciado. No era sólo para saber el cómo estaba el menor por lo que Itachi preguntaba, era también una advertencia sobre su hermano y cierto tutor, a quien el Uchiha realmente deseaba lejos del pequeño. Minato torció los labios en un gesto entre divertido y pacificador.

-Está bien. Con refuerzos y enterado de que, esta noche, invité a su hermano a cenar conmigo- Itachi entrecerró los ojos, no muy convencido por esa respuesta- Tranquilo. Le pedí a Kakashi que se abstuviera de impartir su... tipo de sabiduría a Sasuke. Además, su dolor de cabeza personal está presente para asegurarse de ello-

El moreno abrió los labios para indagar más en los detalles de esta peculiar situación, pero Minato negó con la cabeza al mismo tiempo que levantaba una mano y posaba los dedos indice y medio sobre los labios de Itachi para pedirle silencio.

-Itachi por favor, disfrutemos de la cena. Lo merecemos. Realmente quiero pasar un momento contigo sin pensar en nada más -El Uchiha le miró atento, con sus intensas pupilas oscuras completamente fijas en el rubio, y Minato cayó presa de esas pupilas, del misterioso encanto que poseían y el innegable y atractivo brillo de peligro que emanaban. Los ojos de Itachi eran al mismo tiempo su más férrea defensa tanto como el reflejo de su mente para quien se atreviera a lidiar con su mirada. Minato la adoraba, por ello podía ver en ellas que la mente del moreno estaba evaluando sus palabras y llegando a una conclusión sobre como proceder. Ceder o no ceder a su petición, permitirse aceptar su compañía y dejarse llevar. Ser sólo ellos dos.

Segundos después, concedía una respuesta.

Sin despegar los ojos del rubio, los labios de Itachi volvieron a abrirse pero no hablaron, sólo se separaron ligeramente para luego ser levantados en un ligero roce contra el par de yemas sobre ellos. Los dedos resbalaron un poco y la boca de Itachi los volvieron a besar, lentamente, con una ligera e incitante humedad que hizo a Minato apretar la mandíbula con fuerza y deslizar sus dedos sobre la suave piel del moreno, acariciar su barbilla y bajar por el fino cuello de Itachi hasta donde se interpuso la camisa de tono vino oscuro que portaba. Minato levantó la mirada, la que inconsciente había seguido el camino de sus falanges, y volvió a mirar al hermoso pelinegro que tenía frente a él. El rostro de Itachi, sus entreabiertos labios, su intensa mirada brillando con deseo... Minato sujetó el cuello de la camisa del otro con sus dedos y tiró de él con seguridad, eliminando la distancia entre sus cuerpos para inclinar la cabeza y atrapar los labios de Itachi.

Itachi emitió un quedo gemidito al sentir el calor del hambriento beso, cerró los ojos y enroscó los brazos en el cuello del otro casi instantáneamente, como si un invisible magnetismo los llevara ahí, su único y correcto lugar para estar: Minato, su calor, su cuerpo... Itachi se sabía atrapado por el rubio, se sabía necesitado de su ser, y aunque no sabía todavía cómo lidiar con las sensaciones y la intensidad de las mismas, sabía que era algo que le encantaba sentir. Aunque lamentaba, que nunca lograría expresarlo como probablemente debería.

Y ya no tendré la oportunidad de intentarlo...

La cabeza del Uchiha de pronto se sintió desorientada, todo su sentido del equilibrio giró por completo y como reflejo sus brazos y piernas se enroscaron posesivos al cuerpo fuerte que lo había izado con tal facilidad y que, en lo que parecían sólo segundos, había decidido olvidar la cena para cambiar escenario; uno en el que Itachi sintió su espalda hundirse contra el mullido colchón, los brazos de Minato lo sujetaban posesivos mientras que el peso de su cuerpo lo aprisionaba. Sus labios se encontraron una vez más, Itachi enredó los dedos en la rubio melena del mayor y sus piernas se abrieron automáticamente para que la cadera de Minato pudiera descansar entre ellas.

El contacto, aun y a pesar de la ropa, los hizo jadear a ambos.

-Itachi... -murmuró Minato, aun atacando los labios del moreno con besos urgentes, Itachi se estremeció ligeramente al sentir los dedos del rubio colarse por debajo del material de su camisa. Había pasado demasiado tiempo sin sentir ese roce, al que se había hecho adicto desde la primera vez que el rubio le tocó. Momentáneamente levantó los brazos, para luego volver a sujetar entre ellos a su extrañado esposo cuando se vio libre de la camisa. Las cálidas manos de Minato se deslizaron libres por su espalda y costados, una de sus manos bajó hasta acariciar el perfecto y redondo trasero del menor.

-Minato... -susurró el moreno, acariciando su nombre con el ronco y necesitado llamado que había pronunciado mientras sus labios no dejaban de besarlo; ¡pero maldición, lo había extrañado! Sus manos siguieron sus pensamientos y la camisa del rubio fue la siguiente en desaparecer. Entonces sus dedos buscaron un poco más abajo, moviéndose sobre los pantalones de uno y otro, jalando botones y abriendo cierres.

La realidad se sintió mucho mejor que las fantasías de los últimos días, e Itachi quiso saborearla cual sediento hombre en un oasis, quiso grabarla a fuego en su memoria para nunca olvidar ninguna sensación experimentada junto al rubio. El cuerpo cálido y fuerte de Minato, su ancho y bien marcado pecho presionando contra el propio, los hombros desnudos expuestos para que Itachi pudiera enterrar en ellos sus dedos... o deslizar su mano por toda la piel de una espalda firme hasta la pequeña curva en la base de su espina. Ambos jadearon, manos explorando los cuerpos del otro, un calor insoportable comenzaba a crecer entre sus piernas, donde el miembro excitado de Minato latía y se deslizaba contra el de Itachi.

-¡Dios... Itachi!- La voz de Minato se volvió ronca, profunda. Entrecortada entre hambrientos y ardientes besos, a los que Itachi respondía susurrando su nombre, y con su cuerpo temblando debajo del rubio. Especialmente cuando Minato deslizaba su mano del abdomen de Itachi hasta alcanzar sus miembros, para atraparlos entre sus dedos con fuerza, arrancándole a Itachi un profundo y necesitado gemido.

No se intercambiaron más palabras, salvo aquellos ininteligibles sonidos de sus agitadas respiraciones. Los jadeos y los gemidos que escapaban con cada una de las caricias que se prodigaban cuando sus cuerpos volvían a unirse en un ritual que habían suspendido por todas las razones del mundo, pero que en el instante que volvieron a tocarse, no parecían tan válidas. Se habían extrañado. Demasiado. Pero no sólo extrañaron el placer físico del sexo; No, lo que faltaba era esa intimidad, el sentir de libertad y protección que los envolvía al estar uno junto al otro, el poder expresar sin refreno, con acciones, todo aquello que sentían y que a veces no alcanzaban a comunicar con palabras. Todo aquello que parecía aun latente.

Todo lo que jamás podré decirte...

Itachi mordió su labio inferior con fuerza y deseó con todas sus fuerzas que el tiempo se detuviera en ese instante, para permanecer por siempre junto al rubio... entonces, sintió como el cuerpo de Minato se tensó sobre él, luego gimió y su cadera se contoneó un par de veces más con unas últimas embestidas. La calidez de la esencia de su pareja comenzar a llenarle justo cuando su propio climax llegaba -Itachi gimió, contrajo espasmódicamente los músculos al rededor del miembro de Minato cuando todo su mundo se volvió por unos segundos cegadoramente blanco- y al sentir el cuerpo del rubio caer sobre el suyo, cansado y satisfecho. Sus brazos inmediatamente lo acunaron pero lánguidos como se sentían, se aferraron a la espalda de su hombre.

Permanecieron así por unos momentos, ambos respirando pesadamente, mientras el sudor de sus cuerpos comenzaba a secar. Luego de un rato, Itachi fue consciente de los dedos de Minato gentilmente peinando su cabello, en algún momento había girado para recostarse sobre la cama sin dejar de acunarlo, e Itachi no dudo en buscar el cobijo de su cuello para hundir el rostro y llenarse del ese aroma único que adquiría la piel del rubio luego de hacerle el amor.

-Deberíamos meternos bajo las sábanas -musitó Minato, su voz aun mostrando residuos de la pasión. Itachi recibió un beso en la mandíbula como incentivo para realizar la petición del otro y con más contenta pesadez que ganas de moverse, el moreno cumplió. Una vez bajo las cobijas, permanecieron recostados, regalándose caricias y suaves besos. Itachi sonrió triste al sentir un fuerte rodearle la cintura y apegarle al otro. Señorial, Itachi reclamó el pecho de Minato como su exclusiva propiedad para descansar la cabeza, aunque todo su ser se negara a descansar, para no perder ni un solo segundo del rubio.

-Te amo -el suspiro taladró dolorosamente el pecho de Itachi cual daga candente, y no pudo más que apretarse contra el cuerpo del otro, buscando su protección. Le hubiera gustado tanto poder decirlo él también...

-Sé que lo haces -musitó finalmente, tranquilo e indiferente. Minato arrugó un poco el ceño al oirle, pero no hizo ningún comentario, simplemente lo abrazó con fuerza.

Luego, la habitación permaneció en cómodo silencio, excepto por el apagado sonido de sus respiraciones y el ocasional roce de las sábanas. Cuando escuchó la profunda inhalación de Minato -quien había caído en el sopor del sueño- Itachi se removió apenas pero permaneció recostado junto al rubio. Tranquilo, sereno... no desperdiciaría el momento sólo porque su pecho se sintiera más pesado que el plomo. No permitirá que nada le robara ese instante con Minato.

No puedes salvarlos a ambos, mi querido sobrino...

Aunque no pudiera acallarla.

continuará...


NA: Lamento la tardanza para todo aquel que había estado esperando actualización. No dispongo de tanto tiempo libre ya, y aunque el capítulo no me convence del todo, si no actualizaba ahora, no sé para cuándo podría hacerlo. ( y por ende, no se cuándo lo volveré a hacer)

Agradezco a todos por sus reviews, cualquier duda o comentario es bienvenido. Saludos.