Los personajes de Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y TOEI Animation Co., 1976. Usados en este fic sin fines de lucro.
BAJO LAS ESTRELLAS INOLVIDABLES
Parte 2
Como todo en la vida, esta inolvidable noche en la playa junto al mar también estaba llegando a su fin y el tiempo se agotaba para ellos. Tanto Lilián como Albert lo supieron cuando los primeros rayos del sol ya se despuntaban en el horizonte, al tiempo que dibujaban unos matices naranjas y rojos.
Por lo que en el momento en que el astro rey dio la apariencia como si emergiera de las mismas aguas, la pareja intuyó que pronto vendría la despedida.
Como justo antes del amanecer era el momento más frío de la noche, Albert intuyó que Lilián sentiría mucho frío, por lo que en un momento de silencio él se levantó y luego mirando hacia ella, solamente abrió sus brazos y la invitó a refugiarse en ellos,
-Está un poco fresco y estás temblando, ven...-
Sin siquiera dudarlo, ella se refugió en sus brazos y recargando su cabeza en su pecho, se dedicó en silencio a contemplar la salida del astro rey.
Para entonces, ya habían algunas personas al otro lado de la playa y ambos vieron como el lugar comenzaba a cobrar vida. Era el momento de alejarse de ahí y retornar al hotel.
Así que en contra de su voluntad, Albert supo que la hora que separarse de ella, había llegado. Sin embargo, ante el inevitable adiós que se aproximaba, la atrajo suavemente más hacia él y sin poder evitarlo, comenzó a acariciarle el rostro mientras la rodeó con su otro brazo por la cintura... tal como si no quisiese dejarla ir.
Temblorosamente, la chica se dejó acariciar por él y para ese momento ambos eran plenamente conscientes de lo que pasaba y disfrutaron del íntimo contacto. Después, para la sorpresa del rubio, ella se acurrucó en su pecho dejándose envolver por él de una manera un tanto posesiva, sabiendo que el temible momento estaba por venir,
-Es hora de volver...- finalmente dijo él y ella, alzando su mirada para encontrarse con esos cielos, lo miró expectante mientras él agregaba, -gracias por darme la mejor velada de mi vida- su mano entonces comenzó a acariciarle el cabello.
Luego, peligrosamente se acercó a ella para darle un prolongado y dulce beso en su mejilla, fue uno como si él quisiese llenarse enteramente de ella. Entonces, súbitamente y sin aviso, Albert se apartó definitivamente de la joven colocando sus manos en los bolsillos. Mirándola melancólico, comentó,
-Debo irme. Por favor, permite que despidamos aquí... quisiera que la última imagen de ti en mi memoria, fuera en este lugar.-
Y sin más, tomó sus zapatos y comenzó a caminar con ellos en la mano hacia donde estaban los jardines.
Al haberse despedido, Lilián solamente se quedó ahí, tan sólo mirando cómo él se alejaba. No sabiendo qué hacer, debatía en su interior, pero al cabo de unos pasos lo detuvo,
-Espera- Albert se paró en seco y se volvió para mirarla, ella entonces como dudando le preguntó -dijiste que querías que nos conociéramos, pero...- él solamente sonrío sabiendo de antemano lo que ella le diría -no tuvimos tiempo... quiero decir, yo no sé nada de ti, ni tú de mí- dijo como dudando.
Entonces él se giró por completo y volviendo atrás en sus pasos, retornó a ella para darle un beso en la mejilla y luego acercarse a su oído para decirle,
-Compartir ese silencio de la noche contigo me ha dicho mucho más que todas las palabras del mundo- se separó para encontrarse con un rostro totalmente confundido, así que soltando un suspiro, aclaró -no todo en la vida es expresado con palabras, ya que son las acciones las que más nos dicen y nos dan a entender sobre las cosas. Créeme que si somos capaces de compartir un momento como el que tuvimos sin sentirnos incómodos, entonces cualquier otro no lo será... además, me dejaste compartir algo que en verdad me apasiona y eso mi querida Lilián, me dice mucho de ti...-
Y diciendo esto, entonces se volvió a acercar pero esta vez no lo dudó más y su objetivo fue otro: se trataban de esos labios que tanto había anhelado acariciar para besarlos con intensidad. Ambos cerraron sus ojos para disfrutar de lo que secretamente los dos habían anhelado por largo rato... comprobando ciertamente que en esta ocasión, no se trataba de un sueño.
Luego él se fue separando poco a poco mientras que ella despertaba sutilmente de su ensueño. La miró emocionado por un momento, mientras que Albert grababa a fuego todo detalle de ella en su interior. Sin saber qué hacer, Lilián solamente lo miraba sorprendida, sumergiéndose en esos cielos sin fin.
Entonces, al escuchar gente que se acercaba, Albert regresó a la realidad y sabiendo que ahora el tiempo lo apremiaba, besó tiernamente su frente y mano para rápidamente darse la vuelta e irse a toda prisa de ahí. Sabía que si no lo hacía ahora, no tendría las fuerzas necesarias para hacerlo después. Con cada minuto que pasaba, el alejarse de ella le resultaba cada vez más difícil.
Pero antes de desaparecer por los jardines, se volvió un momento para decirle algo que justo entonces había decidido,
-Nos veremos pronto y continuaremos con esta charla, te lo prometo. Por favor, dame tiempo y espérame- eso precisamente había resuelto hacer, porque la decisión estaba ya tomada: se volverían a ver.
-¿Dónde... será eso?- preguntó temblorosa, no entendiendo bien sus palabras.
-No te preocupes, yo te encontraré... confía en mí- y luego se le vio desaparecer a toda prisa por entre los matorrales.
Cuando se perdió de vista por completo, los ojos de Lilián no tardaron en empañarse por las lágrimas que el adiós había producido en ella... unas que comenzaron a rodar sin control por su rostro. Quería correr tras de él pero sabía que no importando que lo hiciera, momentos después ambos volverían a separarse nuevamente y sin remedio. Así que entre más demoraran su despedida, más doloroso les iba a resultar.
De esta manera, la chica se quedó ahí, sola, en medio de la playa... aún sintiendo el aroma de Albert impregnado no sólo en su ropa, sino también saboreándolo todavía en su boca, al tiempo que sus dedos rozaban ligeramente el lugar donde momentos antes, él lo había hecho. Se sintió desolada.
-
Momentos después y en otro lugar del hotel, Ana continuaba durmiendo plácidamente cuando se despertó por el ruido que se escuchó al abrirse la puerta y de unos pasos se dirigieron hasta el baño. Tratando de enfocar aún somnolienta el reloj en la mesita de noche, la chica se dio cuenta de que eran poco después de las seis de la mañana.
Rápidamente se giró para mirar la cama de al lado para descubrir que ésta seguía intacta. Extrañada, se sentó mientras llamaba a su amiga.
Segundos después, la joven fugitiva apareció por la puerta. Su semblante se notaba triste y esto preocupó a su amiga,
-¿Estás bien?- le preguntó mientras se levantaba de la cama y se dirigió hasta ella.
No pudiendo contenerse más, Lilián comenzó a llorar desconsolada. No sabiendo el motivo por lo que su amiga estaba así, Ana solamente la abrazó para consolarla. Por lo que estaba viendo e intuía, en el fondo sabía bien que este despliegue de emociones seguramente tenían algo que ver con su amigo.
Así que poco después de que la chica se calmara un poco, la llevó hasta la cama y una vez que ambas se sentaron a la orilla, se animó a cuestionarla,
-Dime, ¿por qué estás así, Lilián? ¿qué fue lo que te pasó?- preguntó al tiempo que le colocaba la mano sobre el hombro.
-...- la chica solamente la miró impotente, sin saber qué decir.
-Esto tiene que ver con Albert, ¿no es cierto?-
-...- un asentimiento de cabeza fue la única respuesta.
Así que dejando soltar un suspiro, Ana entendió que seguramente algo había sucedido la noche anterior entre ellos dos. Conocía bien a Lilián y sabía que sería inútil tratar de cuestionarla ahora. Así que en vez de angustiar más a su amiga con preguntas, preparó la cama para que se recostara y tratara de relajarse para poder dormir un poco. Ana estaba muy consternada y no era el momento para hacer indagaciones, ya habría tiempo para que hablaran después.
Como si se tratase de una pequeña, Lilián tan sólo se dejó llevar y aún con la ropa del día anterior, se recostó mientras Ana le acariciaba el cabello,
-Por favor, duerme un poco... te hará bien descansar.-
Preocupada como estaba, Ana no se movió de ahí sino hasta que su amiga con la gran tristeza que sufría y el cansancio que esto le produjo, se dejó llevar hasta quedarse profundamente dormida.
Una vez que consiguió esto, Ana con cuidado y sin hacer ruido, se dirigió hasta el balcón. Lo abrió sigilosa para luego cerrarlo tras de sí y sentarse en una de las sillas que estaban ahí. Consternada, miró hacia la playa que ya estaba cobrando vida, preguntándose una y otra vez lo que pudo haber pasado entre la pareja para que su amiga estuviera así de triste.
Cuando Albert las invitó a caminar por la playa, supuso que sería la oportunidad perfecta para que esos dos tuvieran el tiempo y la privacidad para conocerse. Por esa razón, ella se había hecho a un lado y regresó a su habitación dándoles un pretexto para alejarse. Pero ahora, no estaba segura de que si eso había sido una buena idea y si fue lo mejor para su amiga.
Desconcertada, la joven azafata se quedó ahí por largo tiempo meditando en eso.
-
El sonido provocado por la puerta que se abría, súbitamente despertó a Lilián y aún desconcertada, se levantó rápidamente para ver de quién se trataba. Una señora estaba a la entrada y al ver que la huésped se había despertado con su presencia, la mucama de inmediato se disculpó,
-Lo siento señorita, no sabía que había alguien en la habitación.-
-...- Lilián, aún confundida, no le respondió y solamente vio cómo la mujer se disculpó de nueva cuenta, cerrando la puerta tras de sí.
Atontada aún con todo lo ocurrido, la chica dirigió entonces su mirada hacia el reloj en donde las manecillas marcaban la hora: era ya más del medio día. Tallándose los ojos para espantarse el sueño, se dio cuenta de que aún estaba llevando la ropa del día anterior. Sorprendida, trató de recordar lo sucedido temprano esa mañana. Ahora lo entendía todo.
Mirando por la habitación, se dio cuenta de que Ana no se encontraba ahí, por lo que se levantó para cambiarse y lavarse la cara porque necesitaba despejar el sueño que aún sentía. A continuación, se dirigió al balcón abriendo la ventana de par en par para sentir la brisa mientras que la habitación se llenaba del aire fresco. Tomando un gran suspiro, fue hasta la baranda para recargarse en ésta y mirar hacia la playa que se mostraba bañada por el sol de la tarde.
Poco a poco todas las memorias de lo que había sucedido el día anterior vinieron a su mente. Así que cerrando sus ojos mientras sentía la brisa del mar, como si se tratara de una película en su mente, las imágenes de lo vivido en la noche anterior, comenzaron a hacerse presentes. Para cuando llegó a ella el recuerdo del beso, sin pensarlo, se llevó la mano hasta los labios para de alguna manera revivir lo que sintió entonces... su interior volvió a estremecerse de sólo prensarlo.
Sin embargo, un ruido en la puerta la sacó de este ensueño y volviéndose rápidamente para ver de quién se trataba, pudo percatarse de que era de Ana que recién llegaba. Su amiga tenía el cabello mojado, por lo que intuyó que venía directo de nadar. Al verla cambiada y en el balcón, Ana se dirigió de inmediato hasta donde estaba ella,
-¡Buenas tardes, dormilona! ¿dormiste bien?-
-Sí, gracias.-
-No sabes qué linda está la piscina... no resistí las ganas de refrescarme un poco. Dime, ¿tienes hambre? Yo bajé a desayunar pero como te vi durmiendo tan profundamente, no quise despertarte.-
-No te preocupes, ordenaré algo después...-
-Mi querida Lilián, no es necesario- la interrumpió -al verte tan cansada pensé que despertarías con hambre, así que lo hice por ti... mira- y señaló a una charola cubierta sobre la mesa al centro de la habitación.
Así que casi jalando a su amiga, la llevó hasta el sofá para que se sentara a comer mientras que ella saboreaba un jugo. Tímidamente, Lilián comenzó a comer el pan tostado y unas frutas. Fue al comenzar a comer es cuando se dio cuenta del hambre que tenía.
Ana solamente la miraba con una sonrisa, pero en cuanto su amiga terminó de comer, supo que era el momento de cuestionarla,
-Ahora que estás mejor, por favor dime, ¿qué fue lo que sucedió anoche?-
-...- Lilián desvió la mirada hacia el balcón y mirando como el viento jugueteaba con las cortinas de tul, se quedó callada. Al verla así, Ana intuyó que tal vez algo no muy agradable había sucedido, por lo que de inmediato comentó,
-Espero que Albert no se haya portado mal contigo o propasado, porque si es así...-
-No- interrumpió la tímida chica -no se trata de eso- dijo bajando la mirada a su regazo.
-¿Entonces? Esta mañana no estabas bien y por lo que noté, tampoco no llegaste a dormir. ¿Dónde estuviste toda la noche?-
Tomando un gran suspiro, Lilián se aventuró entonces a mirar a su amiga que reflejaba preocupación en su rostro. Había llegado el momento de compartir parte de lo que había pasado,
-Por favor, no te preocupes. No ocurrió nada malo... Albert y yo estuvimos toda la noche en la playa platicando, nada más que eso.-
-Si es así, ¿por qué llorabas cuando regresaste?-
Le sostuvo la mirada un momento y luego poniéndose de pie, se dirigió hasta el balcón recargándose en el ventanal, para enfocar su mirada en el lugar mismo donde estuvo sentada con él la noche anterior,
-Los dos solamente estuvimos charlando por horas... hasta el amanecer.-
Aún desconcertada, la otra chica escuchaba atenta sin interrumpir, esperando que continuara. En eso, Lilián se volvió a mirarla, pero entonces su semblante había cambiado por uno un tanto melancólico,
-Me dijo que yo le era especial- Ana se levantó de su asiento y se fue acercando hasta su amiga, quedándose a unos pasos de ella -me dijo que yo le hacía sentir algo especial- tragó en seco -nunca pensé que alguien me diría algo así...- sin querer su mirada fue directo hasta la rosa que Albert le dio el día anterior y que estaba junto a su bolsa; para ese instante, las lágrimas ya se asomaban y su reacción fue desviar la mirada de nueva cuenta hacia afuera -y cuando se fue de mi lado, jamás pensé que llegaría a sentir tanto la ausencia de alguien y eso me pone muy triste... muy triste- su voz se quebraba.
Sin poder contenerse, las lágrimas rodaban ya sin control por su rostro. Entonces, su amiga le expresó su apoyo, abrazándola con ternura. Lilián solamente se dejó llevar y sin contenerse más, rompió a llorar desconsolada.
Así, sintiendo el apoyo incondicional de su mejor amiga, la chica dejaba escapar una gran tristeza que no sabía que estaba conteniendo desde esa mañana en que lo vio partir.
De pie junto al balcón, dos chicas muy diferentes entre sí, compartían lo más profundo de su interior: una al expresar lo que realmente estaba sintiendo y que la agobiaba, mientras que la otra mostrando empatía y apoyo. Ninguna de las dos jamás había experimentado antes lo que es el apoyo y la amistad incondicional, y esto, fue un descubrimiento muy gratificante para ellas.
De ahora en adelante todo había cambiado entre ellas y la amistad se transformó en algo más profundo, volviéndose más unidas que nunca.
-
Por otra parte, las dos recibieron con alegría las maletas esa misma tarde y ahora que pudieron cambiarse, después de acomodarlo todo en la habitación, salieron de nueva cuenta a caminar por la ciudad y luego a cenar.
El resto de las vacaciones transcurrieron de lo más tranquilo para las dos jóvenes. En los días que estuvieron en la isla disfrutaron de paseos en bote, bucearon un par de veces, maravillándose con los corales que son únicos en la región. Por otra parte, también tuvieron oportunidad de visitar otra de las islas en una excursión y por la noche les gustaba sentarse en el bar a la orilla del mar, bebiendo un cóctel mientras escuchaban música y platicaban sobre sus aventuras del día. En fin, sus vacaciones se estaban dando tal como lo habían planeado.
Sin embargo, Ana se dio cuenta de que Lilián había cambiado un tanto desde que conoció a Albert. Se le veía aún más callada y reservada que antes. A veces, mientras que la azafata disfrutaba de la lectura bajo la palapa, a Lilián se le veía caminar sola y pensativa por la playa... esa misma que compartió con él hacía tan sólo unos días. Verla así la preocupaba, pero era consciente de que ésta era la manera en que su amiga estaba lidiando en su interior con lo que sucedió esa noche y sobre todo, con el adiós que esos dos tuvieron.
Ana entendió que lo mejor era no cuestionarla más e indagar detalles. No, lo mejor en ese momento era dejar que todo se diera naturalmente, dándole tiempo a su amiga para que afrontara por sí sola de aquello que sucedió con el rubio. Sabía que su querida Lilián estaba tratando de alguna manera de olvidarse del incidente y aunque se le veía sonriente y animada, era obvio que algo la turbaba en su interior... esto fue algo que la azafata entendió perfectamente. Por lo que en este sentido, al darle su espacio y no mencionar más del asunto, Ana estaba respetando su privacidad.
De esta manera, después de disfrutar unos días inolvidables en el Caribe, las casi perfectas y maravillosas vacaciones llegaron a su fin. Así que con un lindo broceado, las chicas se despidieron del paradisiaco lugar al abordar el avión que las llevó de vuelta a casa. En verdad que habían sido unos días inigualables.
Al día siguiente de haber regresado, ambas se reincorporaron a sus trabajos. Ana salió de inmediato del país en un vuelo que la llevó a viajar por Europa, los Estados Unidos y Canadá, mientras que Lilián se quedó en su oficina trabajando.
Parecía que todo había regresado a la normalidad en sus vidas y que las vacaciones y todo lo que habían vivido, con el paso de los días, parecían pertenecer a una realidad lejana. No obstante para Lilián, las cosas nunca volverían a ser las mismas, en especial cuando de vez en cuando miraba la rosa que ahora reposaba en las páginas de su libro favorito. La flor era un constante recordatorio de lo que había vivido con Albert.
Días después al regresar de su largo viaje, Ana se volvió a encontrar con Lilián y esta vez decidieron ir a cenar a su restaurante favorito. Después de ponerse al día con las novedades de ambas, la azafata se animó a preguntarle,
-Cuéntame, ¿te sientes mejor?- su amiga supo de inmediato a lo que se refería -es que desde que regresamos de las vacaciones te noto un tanto ausente, como distraída.-
-No es nada de cuidado- le respondió ella con una pequeña sonrisa -verás que pronto se me pasará.-
Preocupada como estaba, Ana no pudo contenerse más y cambiando su semblante por uno serio, entonces le comentó,
-Si quieres saber dónde está tu corazón, solamente hay que ver con quién se distraen tus pensamientos...- la otra se quedó de una pieza mientras que continuaba -podrás intentar engañarme a mí, pero nunca lo podrás hacer a ti misma... dime, ¿sigues pensando en él?-
Lilián se sintió descubierta, aún cuando trataba de aparentar que todo estaba bien, no podía ocultar lo que sentía entonces y mucho menos, frente a su mejor amiga. Así que bajando un poco la cabeza, su respuesta fue dada con varios leves asentimientos. Ana por consiguiente, comprobó que había estado en lo correcto.
Así que tomándola de la mano, le habló suavemente diciéndole,
-No te preocupes, mientras se ven de nuevo, todo lo que han compartido los mantendrá unidos y por esa razón, estoy convencida de que lo vas a volver a ver... seguramente que en este preciso momento, Albert mismo está pensando en ti- tímidamente, la chica bajo la mirada, no sabiendo qué pensar -tranquila, ya se encontrarán... así sea tan sólo en tus sueños.-
De inmediato, Lilián levantó la mirada para encontrarse con un rostro sonriente que le demostraba que su amiga entendía perfectamente por todo aquello por lo que estaba pasando,
-Así es mi querida Lilián, estoy convencida de que se volverán a encontrar y que él no tardará en venir a buscarte. No hagas mucho caso de este silencio entre ustedes, ya que es probable que sólo sea temporal y se esté dando por sus múltiples compromisos y ocupaciones- y con un guiño, bajo la mirada incrédula de su amiga, la azafata levantó la mano para pedir de inmediato la cuenta, no dándole tiempo a Lilián de pedirle que se explicara.
Por su parte, Ana pensaba que todo con respecto al tema de Albert ya había sido dicho y no había más de que hablar por el momento. Conociendo a Lilián, seguramente si le daba la oportunidad, comenzaría a cuestionaría para saber qué era exactamente lo que significaban sus palabras. Por lo que a los pocos minutos, la azafata se disculpó diciendo que tenía prisa por irse, ya que esa misma noche salía de vuelo.
Así sin más, ambas salieron del lugar para luego despedirse con un afectuoso abrazo.
Momentos después, mientras se dirigía a su casa, Lilián pensaba una y otra vez en las palabras de su amiga sin poder entenderlas del todo: ¿a qué se habrá referido exactamente su amiga? se preguntaba extrañada la tímida chica, sin hallar la respuesta.
-
Días después de ese encuentro, Lilián recibió un mensaje un tanto extraño de parte de Ana en el que le pedía que se encontrase con ella al aeropuerto porque necesitaba darle algo muy importante y que era urgente. Así que cuando se encontraba en camino a la terminal internacional, Lilián se preguntaba la razón por la que su amiga de buenas a primeras le pedía verse con ella ahí... todo esto le resultaba sumamente raro.
Aún así y no entendiendo del todo, Lilián se dirigió hasta la sala de arribos de los vuelos internacionales. Buscando en el tablero si el vuelo de Chicago había ya aterrizado, se dio cuenta de que éste ya había llegado y que solamente en cuestión de minutos los numerosos pasajeros comenzarían a salir.
Sabiendo que la tripulación demoraba un poco más, Lilián se alejó un poco del grupo de personas que como ella, esperaban a sus familiares y amigos, colocándose junto a una columna. No sabiendo qué hacer, se dedicó a checar sus mensajes en el teléfono. Tal vez Ana le había dejado uno indicándole lo que le iba a dar.
Sin embargo, distraída como estaba, no se dio cuenta de que la puerta se abrió para dar paso a los primeros pasajeros que salían de aduana y entre ellos, se encontraba alguien conocido que ni siquiera se imaginaba.
Así que, aún ensimismada con sus mensajes, no se percató de una figura que se acercó a ella, sino hasta que ésta la saludó,
-Hola, Lilián.-
La chica al escuchar esa varonil voz, se quedó paralizada por un momento al tiempo que se le formó un gran hueco en su estómago. Así, después de recobrarse de la sorpresa unos instantes después, lentamente levantó la mirada para encontrase con esos cielos que constantemente recordaba y que jamás se apartaron de su mente,
-Ahora entiendo de que se trataba la sorpresa de Ana- comentó él con una sonrisa sin despegar sus ojos de la chica.
Aún nerviosa por el encuentro, ella no le respondió y simplemente lo miraba fijamente como no creyendo lo que estaba sucediendo. Notando esto, Albert se acercó más a ella hasta casi rodearla con su alta figura, mientras que ella, no pudiendo evadirlo, acabó por recargarse sin escape en la columna misma,
-Me alegra mucho el que vinieras a recibirme- se acercó para darle un tierno beso en la mejilla y luego se dirigió a su oído para susurrarle -no sabes cuánto te he extrañado- ella tragó en seco.
Pálida y sumamente nerviosa por cómo se estaba dando el reencuentro, no encontró palabras para expresarse, así que dijo lo primero que le vino a la mente, algo que fue obviamente algo sin pensar,
-¿Qué... haces aquí?-
-Recuerda que te dije que nos volveríamos a ver- le respondió él con una encantadora sonrisa que iluminaba su rostro -como lo prometí, estoy aquí.-
-...- ella solamente negaba con la cabeza sin acabar de comprender y cuando por fin lo hizo, Albert comenzó a acariciarle la mejilla mientras le decía,
-He venido por ti...-
Aún después de confesarle esto, Albert pudo percibir ciertas dudas en esos incrédulos ojos, por lo que tomando un gran suspiro, la tomó suave pero firmemente de las manos para luego decirle,
-Créeme, Lilián, cuando te digo que he viajado desde Chicago con el único fin de volver a verte. Desde que estuvimos aquella vez en la playa no he dejado de pensar ni un momento en ti. Por eso, en cuanto pude alejarme de los negocios y de mi familia, y recibí cierto mensaje de una amiga tuya, tomé el primer avión para venir a buscarte.-
-¿Cómo... supiste que estaría... aquí?- preguntó dudosa.
-Ana me lo dijo durante el vuelo. ¿Sabes?, creo que el que estuviéramos en el mismo avión no fue una coincidencia, de seguro fue ella quien lo preparó todo.-
Ahora todo quedaba claro. Sí, seguramente su querida amiga al verla tan nostálgica y triste, había arreglado este encuentro entre ellos, usándose como pretexto ella misma y el cuento de que tenía que darle algo. Al parecer, también había contactado a Albert y uso también una ingeniosa excusa para hacerlo venir.
Sin dar tregua a que siguiera dudando de sus intenciones, Albert se acercó lenta y peligrosamente hasta su rostro, para depositar un suave beso en su mejilla,
-No sabes lo mucho que anhelaba volver a estar así contigo. Dime, ¿me extrañaste tanto como yo a ti?-
-...- aún atónita por sus palabras, lo único que acertó a hacer fue asentir lentamente.
Esto es todo lo que él necesitaba y conociendo lo tímida que era, no fue necesaria palabra alguna para saber que era correspondido. Así que sin más, se acercó más a ella para poder depositarle un suave y ansiado beso en sus labios.
Al sentir que la estaba acariciando con suavidad, Lilián se dejó llevar y esta vez lo demostró llevando su mano hasta el rostro del rubio para acariciarlo sutilmente. Esta era la señal para que él profundizara más su caricia y tomándola de la cintura, la atrajo más hacia a él para perderse en el ensueño que ambos al parecer, estaban compartiendo.
La larga espera que ambos habían sufrido, felizmente llegaba a su fin.
-
Mientras tanto, en otra parte del aeropuerto, una figura observaba desde arriba a la pareja, suspirando satisfecha. Su perfecto plan dio el resultado esperado y por consiguiente, todo era un rotundo éxito: ahora sus amigos se habían por fin reunido.
La azafata quería mucho a Lilián y en verdad estaba muy feliz por ella. Especialmente, ahora que estaba al tanto de todo y conocía la verdadera identidad del misterioso joven. Ana estaba segura de que el alusivo joven magnate y heredero, cuidaría bien de su más entrañable amiga.
Con una gran sonrisa de lado, Ana entonces escuchó su teléfono que sonaba tras recibir un mensaje. Inmediatamente lo leyó y con una encantadora sonrisa, miró su reloj para darse cuenta de que era el momento de alejarse de ahí, ya que también a ella la estaba esperando impaciente un ensueño de ojos azules y rubia cabellera hecho realidad, que había llegado en el mismo vuelo y que aguardaba por ella no muy lejos de ahí.
Así que tomando su pequeña valija de mano y sin poder resistirlo, se volvió a mirar una vez más a la pareja que aún continuaba perdida en su mundo de ensueño,
-Se ve que serán muy felices- se susurró a sí misma -¡misión está cumplida!-
Y volviéndose emocionada por lo que también esperaba por ella, la azafata se alejó de ahí con el corazón feliz, sabiendo que no tenía que preocuparse más por ese par. Ellos comenzarían un nuevo capítulo de su vida, y afortunadamente lo harían juntos... y ¿quién sabe?, tal vez muy pronto eso mismo le sucedería a ella.
"Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su hora: tiempo de abrazar, tiempo de callar y tiempo de hablar... pero sobre todo, tiempo de amar."
