Post-nupcial

por sahel

Este fiki está dedicado a Kea Langrey y a Zusaku! Gracias por la inspiración moshas.


Capítulo 12: Conspirador

Minato Namikaze sabía manejar la presión, fuese cual fuese. Había aprendido desde muy joven a lidiar con la gente que buscaba obtener algo de él, que intentaba influenciarlo y manipular las situaciones para hacerlo ceder. Así fueran fieros empresarios, hábiles abogados, presuntuosos socialités y el ocasional extorsionador disfrazado de empleado. Sí, había aprendido desde joven a tratar con toda esa gente y obtener siempre una ventaja. Era bueno negociando, le era nato; tan era así que llegaba a disfrutar de cada encuentro con sus adversarios, los encontraba estimulantes, pues podía disponer de todo su arsenal cognitivo para planear y estructurar una estrategia que le llevara a ganar sus encuentros; sin presunción admitía que su historial tenía muchas batallas ganadas y que eran contadas las ocasiones que lograban siquiera preocuparlo.

Sin embargo, en el último par de meses había experimentado una creciente inquietud, y aceptaba que no era una sensación a la que estuviera acostumbrado. Una sensación a la que se aferraba como sólo intranquilidad, porque se sabía incapaz de reconocer que algo más estuviera sucediendo. ¿Por qué? Porque tenía que ver con quien se había convertido en el centro de su mundo personal: Uchiha Itachi, su pareja. Ese joven quien se suponía debía representar su remanso, en quien debía poder refugiarse del bombardeo al que se enfrentaba día a día, había levantado una gruesa pared entre ellos. Una inexplicable e insondable -hasta ahora- barrera entre ellos.

Lunas atrás, la inesperada llegada de Naruto y su padre a Tokyo había marcado el inicio de lo que Minato llamaba "el distanciamiento Uchiha". Aquella noche, cuando recibió la llamada de un adormilado Kakashi pidiéndole regresar tan pronto como pudiera, tomó la actitud discreta del pelinegro como algo natural, una reacción normal al verse de pronto frente a su desinhibido padre e hiperactivo hijo; quien demandó a gritos el saber porqué había un extraño gruñón durmiendo en su cama, luego del efusivo abrazo que le regaló a Itachi al verlo y a quien hizo prometer que pasaría un día con él.

Una tenue sonrisa llegó al rostro de Minato, relajando sus facciones de la tensión que los últimos días dejaban ya mella en su faz. Sasuke y Naruto habían congeniado de inmediato, sin importar lo accidentada que fue la forma en que se conocieron. (Que Naruto le cayera encima a un dormido Sasuke cuando decidió descansar en su cama, había marcado la dinámica que tenían) Aunque su constante gruñir e insultarse pareciera -para cualquier ojo externo- que se eran insoportables mutuamente. Pero que el "indiferente" Sasuke se ocupara en contestar a cada palabra o pregunta que Naruto hacía (aunque fuese más por soltar sarcásticos comentarios) hablaba a gritos del interés que había logrado despertar en el pelinegro su extrovertido hijo; quien por su parte, no cesaba en buscar la compañía del Uchiha, de tratar de hacerlo hablar y reír de todas sus ocurrencias (aunque la mayoría de las veces sus intentos estaban dirigidos a enfadar al otro) A pesar de todo, ninguno había renegado de tener que compartir la habitación. Si bien había más cuartos en el penthouse donde se hospedaban, Kakashi insistió en que sería bueno para ambos convivir como "los parientes políticos" que eran.

Minato meneó la cabeza, su peliplateado amigo había tenido razón. Verlos discutir era divertido pero extenuante y, por alguna razón, sólo Kakashi parecía tenerles una infinita paciencia cada que comenzaban con sus batallas verbales.

El rubio resopló, pasando una mano por su cabeza, alborotando un poco más su ya despeinada melena. Kakashi, tan perceptivo como era, había notado ya la actitud de Itachi y aunque reservado, no dejaba de lanzar miradas contemplativas en su dirección. Sobre todo cuando Itachi se retiraba intempestivamente o cortaba las llamadas que Minato le hacía con brusquedad y que siempre dejaban al rubio con un gesto vacuo en sus facciones. Su padre por otro lado, se había concentrado en ignorar a los pequeños y observar al Uchiha. Para su extrovertida personalidad, Jiraiya podía -cuando lo deseaba- pasar desapercibido. El hombre había hecho sólo un comentario respecto al moreno y la sangre fría que poseía, luego de eso, se dedicaba a acompañarlo con un trago en la sala o en la terraza del lugar, hablando de cualquier cosa menos del moreno, antes de retirarse a hacer alguna investigación para su nuevo libro.

Escuchó la puerta del penthouse ser abierta y el movimiento por el lugar aunque sigiloso, fue captado a la perfección por Minato. La regia figura de Itachi apareció poco después en el campo visual del rubio. Más detalladamente, bajo el umbral de la habitación de huéspedes donde lo estaba esperando. Casi de inmediato el moreno detuvo su andar y levantó la mirada para dejar que sus ojos se encontraran con los de Minato. El rubio casi rió. Sólo una vez había logrado sorprender a Itachi con su presencia, cuando le visitó por primera vez luego de decidirse a intentar algo con su desposado; luego de eso, el moreno parecía sentir su presencia sin importar que Minato no hiciera ruido alguno o se ocultara entre las sombras para disfrazare con el lugar.

Ambos se miraron unos segundos sin decir nada. Itachi tensó la mandíbula y enarcó una ceja para disimular lo inesperado que le parecía encontrarse al otro esperando por él. Minato le observó atento. Le fue obvia la queda inhalación que realizó Itachi antes de decidirse a seguir su camino, terminar de entrar a la habitación y entablar conversación. ¡Y demonios! Para tan sencillo acto, saber que el pelinegro intencionalmente trataba de calmarse antes de hablar con él, dolía como si le hubieran dado mil golpes secos en la boca del estómago. ¿Qué diablos estaba pasando?

-¿Qué haces despierto? Es tarde -musitó el pelinegro, dejando la gabardina que se retiraba en el respaldo de un sillón, para luego recargarse contra el mueble de forma pesada. Su voz con una inequívoca nota de fastidio y frialdad, a la que rubio había comenzado a -desgraciadamente- acostumbrarse a escuchar cuando el moreno le dirigía alguna palabra.

Minato desvió la mirada un momento, encogiéndose de hombros

-No podía dormir -dijo, tratando de mantener la voz calma- Y necesitaba hablar contigo.

-¿Y no puede esperar hasta mañana? -ordenó Itachi más que sugerir. El pesado resoplo que Minato emitió le hizo enarcar una ceja. Otra vez.

-Es. Mañana- musitó sarcástico el rubio- Además, dado que prefieres dormir en ésta habitación y no en la nuestra, me pareció apropiado esperarte aquí.

Itachi frunció el ceño un momento, tensando la mandíbula y su espalda ante la respuesta recibida. Mejor dicho, reclamo. Poco más de una semana eran los días que -aludiendo a no querer molestar al rubio con su arribo- Itachi había consideradamente decidido dormir en la habitación de huéspedes con la que contaba el piso. Aparentemente, la empresa Uchiha estaba trabajando en algo grande, tan grande que mantenía a su presidente en el lugar desde las primeras horas de la mañana, hasta muy entrada la noche; o en algunos casos, como hoy, hasta la madrugada. Al menos esa fue la explicación que Itachi otorgó a Sasuke y a Naruto cuando le cuestionaron su ausencia. Ambos parecían resentir que el pelinegro no tuviera tiempo para -al menos- pasar una de las tres comidas del día con ellos. Minato había querido sumarse a los pucheros de los pequeños, pero una seria mirada del Uchiha le había advertido el no intentarlo siquiera.

El resoplo del pelinegro lo hizo volver de su momentánea distracción. Por un instante el rubio contuvo el aliento con el silencio que siguió. Sólo había dos formas de entender la falta de palabras por parte del Uchiha. Su completo desprecio a la situación o concederle la razón. Afortunadamente para Minato, la segunda había sido la razón del otro. ¿Cómo lo sabía? El Uchiha no había discutido lo contrario con palabras, pero lo hizo con su cuerpo, con los hombros caídos y la mirada gacha, parecía honestamente mortificado. Minato tragó saliva, tal vez esas alarmas en su cabeza estaban siendo demasiado exageradas y el distanciamiento del joven realmente era por su trabajo. ¡Pero demonios! Qué podía pensar cuando de pronto el joven no dejaba que le tocara. Cuando encontraba cualquier pretexto para no estar a solas con él. Cuando su presencia en la cama que compartían pasó de constante a intermitente y ahora, definitiva y dolorosamente nula. Minato extrañaba el sexo, no lo iba a negar. Luego de diez años de autoimpuesto celibato, renunciar al joven con quien había encontrado un perfecto balance entre exquisito placer y embriagante emoción no le era fácil. Pero la sensación de que le habían robado algo importante no estaba relacionado con lo físico, el contacto de piel a piel iba más allá que sólo satisfacción, era su forma de conectarse con su esposo y ser capaz de mostrar todo lo que sentía por el moreno. Era la forma en que el parco e indiferente Itachi Uchiha le daba a conocer lo que sentía, el único instante en que se dejaba llevar por el momento que compartían y desbocaba en Minato todo aquello que lo acosara.

Últimamente ser incapaz de siquiera besarlo, había hecho que el rubio sintiera una constante punzada atravesarle el pecho. Y Minato odiaba esa sensación, era similar al vacío que dejó tras de sí la muerte de Kushina, y le aterraba pensar en ello, sobretodo sentirlo. No, no voy a perderte... se dijo a sí mismo, levantándose del sofá para plantarse a sólo unos pasos y el largo de su brazo de distancia del pelinegro; quien al percibir el movimiento cruzó los brazos al pecho y levantó el rostro en orgulloso gesto. ¿Por qué estás a la defensiva? Minato arrugó el entrecejo apenas perceptible y se tragó las ganas de gritar al Uchiha. En cambio, alcanzó la mejilla de Itachi para acunarla en su mano, ignorando la rigidez del otro al tocarle y el obvio esfuerzo que hacía para no esquivar el contacto.

-Te ves pálido -su voz sonó tan suave y preocupada como cálida, e Itachi sintió su estómago revolverse por la palpable emoción que no sólo esa voz contenía. Era lo mismo que podía ver en los intensos ojos azules que le observaban.

-E-Estoy cansado. Es todo -replicó, ladeando un poco el rostro para romper el roce con diplomacia. Pero el gesto sólo logró enfadar al rubio, que sujetó fuertemente los brazos de Itachi, obligándolo a enfrentarle. El movimiento fue inesperado y extraño, Minato nunca le había sujetado de aquella forma agresiva y demandante, Itachi no supo cómo reaccionar por un instante, menos aun cuando el rubio profirió una pregunta cargada de confusión y molestia, pero sobre todo dolor.

-¿Por qué no me hablas? -

Por instinto, lo primero que cruzó por la cabeza del pelinegro fue el deshacerse del agarre que Minato tenía en él. Nadie lo sujetaba de esa forma posesiva, exigiéndole responder ¡A él, un Uchiha! SIn embargo peleó contra el instinto, porque uno, el rubio era mucho más fuerte de lo que aparentaba; si el firme apretón en sus brazos indicaba algo (el que seguramente dejaría marcas en la piel) Y dos, el verdadero motivo por el cual trató de contenerse, fueron los ojos de Minato. Su mirada dolida y cansada. Opaca. Fue entones que Itachi se tomó unos segundo para mirar a su esposo -algo que intencionalmente había evitado en las últimas semanas- y tragó una exclamación al notar la palidez en el rostro del otro: las horribles ojeras que portaban sus ojos, la contracción de su entrecejo y la barba rala de un par de días adornando su marcada mandíbula. Minato jamás descuidaba su aspecto. Era una de las razones por las que parecían más una deidad que un ser humano pero... helo aquí... Itachi tragó saliva pesadamente, con una punzada atravesándole en el pecho. ¿Qué estoy haciendo? A pesar de ello, Itachi debía admitir que aun en ese desgarbado estado, Minato lucía tan atractivo como siempre. Hermoso.

¡Y maldición! Por primera vez entendió el apelativo con que el rubio solía referirse a él, ¿así era como se veía a sus ojos? El peso del mundo se sintió peor sobre su espalda al entenderlo.

El prolongado silencio de Itachi, resquebrajó más el interior del rubio. Sus manos se cerraron aun más fuerte sobre el pelinegro.

-No importa lo que hagas -lo que yo haga- él seguirá peleando.

-Oh, lo sé mi querido sobrino. Y es por eso, exactamente, que voy a disfrutar tanto el aplastarlo...

-Itachi por favor. Háblame. -Y el moreno sabía que ese desespero mal contenido en su voz era a la vez una suplicante orden para que Itachi le explicara, para que le diera una razón lógica de su actuar en las últimas semanas. Para que cesara de nutrir el obvio desconcierto y creciente dolor en el rubio. Itachi supo qué era lo que quería escuchar Minato, y supo también, que en un futuro, recordaría este momento como el instante en que perdiera al único ser que lo había aceptado tal y cual era. Supo que era el momento del que se arrepentiría toda su vida.

-No tengo nada que decir -musitó finalmente con la voz ausente, como si hablara de cualquier tema vanal- Lo acordamos ¿Recuerdas? No tengo intención de mencionar nada referente a los asuntos Uchiha.

Las cerúleas pupilas de Minato reflejaron bien lo que estaba sintiendo en las entrañas, un doloroso ardor, enojo y vomitiva sensación de traición, todo envuelto en desesperación de querer estrujar al moreno para sacudirle esa necedad suya de tragarse todo y no pedir ayuda jamás. Para meterle en la cabeza que Minato quería estar con él y que eso incluía apoyarlo con cualquier problema que tuviera. El rubio tensó la mandíbula, y se forzó a mantener la voz calma y la cabeza fría. Él sabía lidiar con gente así de testaruda...

-No te pido que reveles lo que pasa en tu familia -aclaró con un deje de ofensa- Sólo te estoy pidiendo que confíes en mí. No necesitas alejarme, yo entiendo que necesitas espacio; pero Itachi, no voy a permitir que escapes... Te amo

Itachi apretó los párpados con fuerza tras el último murmullo, el que sintió más que escuchar porque Minato no lo había pronunciado, simplemente dejó que su aliento chocara contra su piel, estremeciendo cada célula del cuerpo del moreno. Y el rubio lo sintió temblar.

-¿Por qué estás huyendo de mí? -Preguntó quedo, deslizando sus manos de los brazos de Itachi hacia la espalda, atrayendo al moreno contra su cuerpo... ¡Y Dios, cómo disfrutó del instante en que pudo abrazarlo! De inmediato todo su ser reaccionó (especialmente su entrepierna) a la cercanía de Itachi, a su cuerpo encajando a la perfección entre sus brazos, al adictivo calor que desprendía y al embriagante aroma de su piel. Sobretodo a ese casi inexistente contento quejido que el otro emitía cada vez que lo apresaba entre los brazos.

Las manos de Itachi se movieron de entre el pecho de Minato, donde habían estado atrapadas, hasta alcanzarle el rostro. Sus ojos recorrieron la faz del hombre frente a él con lentitud y un deje de tristeza, grabando cada detalle del agraciado rostro del rubio. Y deseó no haberlo conocido nunca. Minato se estremeció al sentir el suave tacto del menor y buscó la mirada obsidiana, que le estudiaba sin realmente verlo, decidido a encontrar en las expresivas irises de Itachi respuestas a lo que sucedía. No se equivocó. La mirada de Itachi trataba a toda costa de mantenerse fría e indiferente, pero a tan corta distancia y con las suaves caricias que Minato le estaba regalando a su espalda además de sus penetrantes pupilas azules, el Uchiha parecía estar perdiendo la batalla consigo mismo por tratar de ocultar el desespero que sentía ¿O acaso era impotencia? Lo que sea que fuera, estaba atormentando al moreno y para MInato era obvio. Y por eso sentía la sangre hervir. ¿Qué podía haber pasado para tener al moreno en tal estado? Esto no estaba relacionado con los negocios, de eso estaba seguro, pero ¿por qué no le confiaba lo que sucedía? Minato lo ayudaría, lo protegería de ser necesario. Itachi sólo tenía que dejar de temer.

Por un increíblemente corto segundo Itachi bajó la guardia y dejó que su cabeza descansara en la mandíbula del rubio. Soltando el aire pesadamente, dispuesto a ceder ante lo que Minato le ofrecía.

Eres mi carta de triunfo, Itachi. ¿No te hace sentir especial?

-...sería tan fácil si te odiara...- musitó Itachi entre dientes, inconsciente de que sus labios habían pronunciado algo. Pero Minato lo escuchó y aunque quiso demandar una explicación, Itachi volvió a enfocar su mirada en la de Minato y la evidente tristeza de sus ojos le robó el aliento. ¡Por Dios! ¿¡Qué estaba pasando! Pero el Uchiha volvió a sorprenderlo, alargó el cuello y atrapó los labios del rubio con los propios, en un beso suave y cadencioso, que sabía a amargura y despedida.

Cuando Minato despertó, unas horas más tarde, la luz del día apenas pálida comenzaba a colarse por la ventana, pero era suficiente para corroborar lo que el rubio ya sabía. Itachi se había ido... otra vez. Y como aquella primera noche que compartieron juntos, el rubio se quedó recostado en la cama con el sabor de los labios del moreno aun palpitante en los propios y sintiéndose insoportablemente vacío.


El timbre del celular comenzó a escucharse por tercera vez en menos de cinco minutos. Como si el sonido fuese inexistente Itachi continuó leyendo el documento entre sus manos. Inalterable.

Shisui miró extrañado a su primo y con una creciente ansiedad en el estómago. Él sabía perfectamente a quién pertenecía ese tono en particular y aunque nunca eran buenas noticias las que traía el hablar con su tío Madara; nunca era mejor el no tomar la llamada. Especialmente cuando la insistencia era notoria. Shisui sabía que el mayor estaba tramando algo; en las últimas semanas no había cesado en contactar a Itachi, demandándole cumplir con sus peticiones y exigirle a él, dejarlo solo con su primo. Advirtiéndole no mencionar nada de lo que sucedía.

Y por primera vez en su vida, el pelinegro había deseado encarnizadamente desobedecer una orden de su tío, de su familia. Encontrar al Namikaze y hacerle partícipe de... lo que fuera que estaba pasando. Así, al menos, Itachi no tendía que pelear solo contra el sadismo de su tío.

La presión al que el otro estaba sometiendo a su primo era demasiada. Lo notaba en lo tenso que había estado Itachi, la constante arruga entre sus cejas, y la densa tonalidad de sus ojeras. Y sólo había un ser capaz de preocupar así a su primo: Sasuke. Pero hasta donde Shisui estaba enterado, el menor se encontraba a salvo y bien junto a Minato y su familia; Itachi le había hecho un parco comentario al respecto, mencionando algo sobre el hijo de Namikaze...

Itachi resopló pesadamente. Dejando de lado su celular luego de haber confirmado que la llamada perdida había sido de su tío. Y Shisui gruñó para sus adentros. Si no era por Sasuke, entonces debía ser por el rubio. No tenía pruebas, pero estaba seguro que Madara había sido quien vio los archivos del registro civil y obtuvo una copia del acta de enlace de Itachi. Su contacto le había mencionado sólo que alguien lo había descubierto. Y para haber sido capaz de encontrar lo que Hatake y él mismo se encargaron de proteger, definitivamente era alguien con recursos. Pero si Madara ya estaba enterado de lo sucedido con Namikaze ¿Por qué no había hecho algo? Aunque, conociendo a su malicioso tío, la aparente sumisión de Itachi en los últimos días, podía tener una explicación.

Shisui se tensó y dejó escapar una queda exhalación de sorpresa.

¡Si esto era por Minato, entonces el rubio significaba para Itachi mucho más de lo que tenía idea!

-¿Sucede algo? -preguntó Itachi intrigado, al notar que el otro se quedaba tieso de pronto. Shisui volvió su atención al pelinegro y sus ojos inquisitivos, como los de cualquier Uchiha, se clavaron en su primo con intensidad. Itachi enarcó una ceja devolviendo la mirada.

Cuando el timbre de su celular volvió a resonar y ambos reconocieron, otra vez, el tono, los dos pares de ojos llegaron a un entendimiento. Itachi -con toda la pesadez y melancolía que el descubrimiento traía consigo- sonrió apenas. Shisui sabía.

Madara frunció el ceño, adquiriendo en su rostro un gesto desagradable de observar; no sólo por la fiereza que mostraba, sino por la odio que expelía. Apretó el celular con desmedida fuerza, hasta tornar sus nudillos en un pálido verdoso. Itachi se estaba negando a atenderle, y con ello, le estaba dando su respuesta a la orden que le había dado el día anterior.

Estoy cansado de que olvides con quién tratas. No me presiones Madara.

-Te arrepentirás de esto, querido sobrino -musitó con rabia. Tomó el celular y lo llevó a su oído tras presionar una tecla un par de segundos. El marcado rápido inmediatamente le contactó con la persona que a sólo un timbre contestaba con voz vacua y fría.

-Traeme al niño. Y deja evidencia. - Madara cortó la llamada cerrando el aparato. Una sonrisa sádica apoderándose se su rostro. -Aprenderás mi querido sobrino. A ti también voy a aplastarte.

Un par de ojos negros no perdieron detalle de la aterradora mueca, ni los oídos se equivocaron al escuchar cada una de las palabras pronunciadas por el hombre mayor. Y aunque un escalofrío erizó todo su cuerpo ante las últimas palabras de Madara, eso no evitó que sus piernas se movieran por voluntad y con rapidez.

Por primera vez en su vida, ¡tenía que llegar a tiempo!


-¡Te digo que sí! ¡Yo sé de esto, de veras!

-Hn. Eres más torpe de lo que pensaba. Torpe.

-¿Cómo me dijiste, bastardo?

-¿También eres sordo, torp-?

-¡Basta, basta!- interrumpió una tercera voz, autoritaria pero amable- Si siguen así, lo próximo que harán será aventarlo todo y besuquearse. Y no es el tipo de porno que deseo ver.

-¡Aggh! ¡Idiota! ¡Qué asco! ¡Estúpido maestro! -

Las airadas respuestas del par de niños que -sin notarlo- finalmente se aliaban para defenderse del hombre que tan desvergonzadamente se mofaba de ellos, hicieron reír de buena gana a Kakashi. Su semblante alegre y despreocupado, de pronto se enserió y adquirió un aire temerario. Sus ojos mercurio viraron de izquierda a derecha analíticos y amenazantes. Sasuke y Naruto fueron inesperadamente tomados con fuerza del brazo y arrojados tras el peliplateado, chocando un poco contra ellos mismos y contra la pared a espalda de Kakashi. Antes que pudieran reclamar, ambos vieron al grupo de orangutanes que los rodeaban, lidereados por un joven pelirrojo y de aura asesina. Sasuke entendió lo que sucedía, ser el hijo de Fugaku Uchiha le había preparado para este tipo de situaciones (incluso tenían una rutina de escape ensayada en la academia). Naruto simplemente se ofendió y demandó saber qué era lo que pasaba, intentando salir de la sombra de su maestro. Quien con un empujón -hacia los brazos de Sasuke- lo volvía a dejar lejos del alcance de los otros.

-He venido por el chico. Entrégalo y tú y el ruidoso rubio podrán irse sin heridas.

-¡A quién le llamas ruidoso! -Se defendió el pequeño, siendo detenido por Sasuke al sujetarlo por la cintura para evitar que se expusiera. Kakashi afiló la mirada y reacomodó su cuerpo para proteger mejor a Sasuke, sin descuidar, claro, al pequeño de Minato. Aunque no fuera el objetivo principal, el pelirrojo frente a él, lo acababa de señalar como daño colateral si ponían resistencia.

-Maa... No creo que sea bueno dejarlo ir con un extraño- dijo, su voz rasposa se escuchaba tranquila- Es mejor alejarse y contarlo a quien más confianza le tengas, ¿no? -terminó, curveando sus ojos en una aparente descuidada sonrisa, pero los hombres frente a Kakashi, supieron que no estaba tan despreocupado como quería aparentar; se había plantado entre ellos y su presa con una posición de defensa perfecta. Iba a ser -aun con la superioridad numérica- difícil encontrar un punto de quiebre. Sasuke arrugó el ceño y sintió el estómago tensársele con fuerza proporcional al silencio que siguió entre los adultos. Naruto mantenía una mirada desafiante pero guardaba silencio, entendiendo que algo muy serio estaba por ocurrir. Los orangutanes se movieron, abriendo el abanico. No, Kakashi no podría con todos al mismo tiempo.

-Niños... - la voz del peligris resonó autoritaria- Es momento de comprobar qué tan bien aprendieron taijutsu-

Sasuke resopló confiado y altanero. Naruto parpadeó un segundo. Luego, una sonrisa zorruna y orgullosa iluminó el rostro del pequeño, distrayendo a los orangutanes por la avasalladora confianza que emitía un niño de apenas diez años. Pero fue el error necesario que buscaba Kakashi para, en un instante, deshacerse de dos de ellos y esquivar (apenas) el certero puñetazo que el pelirrojo líder lanzó en su dirección casi al mismo tiempo. Mientras los dos pequeños aun resguardados tras el mayor, como si hubieran practicado por siempre, se movían en perfecta armonía y lograban tumbar a los lentos y pesado matones que intentaban sin éxito atraparlos.

-¡Agfh! -el doloroso quejido distrajo al pequeño rubio que, aterrado, vio a quien consideraba su tío, escupir una gran bocanada de sangre. Rompió la mancuerna con Sasuke, y corrió a su lado. El Uchiha apenas si logró propinar un certero gancho contra los testículos del grandote que sujetó su brazo para zafarse y buscar también a su maestro.

-¡Kakashi! -gritó Naruto al acercarse al peligris, sólo para ser salvajemente empujado lejos del mayor. Aterrizando con un doloroso -plaf- a los pies del pelinegro.

-¡Sasuke! ¡Llévatelo, ahora!- ordenó Kakashi tajante, ya en pie y bloqueando los ataques del pelirrojo y el avance de los orangutanes que comenzaban a levantarse del piso.

-¡Pero Kakashi sensei! -protestó Naruto, tratando de llegar al otro, sólo para ser sujetado con fuerza por el Uchiha.

-¡Es una orden Narut-! - sus palabras se cortaron para esquivar de nuevo al inesperadamente fuerte enemigo. -¡Sasuke!- gritó de nuevo y el moreno entendió. Aferró el brazo de Naruto y jalándolo con fuerza corrió hacia el otro lado de la calle, justo en el momento en que Kakashi se lanzaba contra Pain en un ataque frontal y lograba la abertura para que pudieran huir.

Lo último que Sasuke escuchó (además del reclamo del rubio de soltarlo y ayudar al peligris) fue un desgarrador grito por parte de su pervertido maestro. El Uchiha no era un ser espiritual, pero rogó a cualquier deidad que quisiera escucharle, que permitiera al otro salir de esta situación. Él, cumpliría con lo que -sin decirlo- su maestro le había pedido: proteger a Naruto.

Un fuerte tirón lo hizo caer pesadamente, de espaldas. Un orangután (el primero que sacó de combate Kakashi) se incorporaba con una mano bien sujeta de la chamarra naranja que ese día portaba Naruto, quien pataleaba y gruñía, demandando que lo soltaran.

-Ven acá mososo o aplastaré a esta chillante cucharacha- amenazó e hombre. Sasuke apretó la mandíbula y empuñó las manos. Sus ojos giraron hacia donde -a lo lejos- se encontraba su maestro buscando su ayuda, pero Kakashi trataba de evitar la cascada de puños y patadas del pelirrojo, mientras esquivaba y sacaba del juego a cuanto orangután pudiera para darles una oportunidad. Pero eran demasiados.

-Aah... Sa-Sa- suke...-el ahogado grito del rubio volvió la atención del Uchiha y su cuerpo se estremeció. El tipo estaba levantando a Naruto del piso, sujetándolo sólo del cuello.

-¡Suéltalo! -Demandó el moreno. Imperativo. El tipo sonrió maniaco, apretando su agarre en el frágil cuello, obteniendo un quejido seco del pequeño niño. De pronto, Naruto cayó al suelo boqueando por aire y tosiendo efusivamente. El matón, rodó los ojos hacia arriba y cayó pesadamente al lado del rubio.

-Duerme bien, payaso - Y la sonrisa triunfadora se escuchó en la frase de su ejecutor. Sasuke abrió los ojos sorprendido y aliviado.

-¡Obito! -susurró el pelinegro. El joven sonrió y le guiñó un ojo, desestimando lo bizarro de la situación con tan simple gesto. Sin embargo, su mirada cálida se tornó áspera y feroz al observar a su excompañero y amigo pelear contra Pain a metros de donde se encontraban.

-Corre Sasuke -ordenó con urgencia; acarició la cabeza de ambos niños y con un porte intimidante, se volvió hacia Kakashi. Sasuke supo que su maestro estaba por recibir la mejor ayuda posible, Obito era un Uchiha después de todo.

Tomó la mano de Naruto y volvió a emprender la carrera sin mirar atrás. Ahora estaba más confiado en que todo estaría bien.

Alguien había escuchado su plegaria.

-¡¿Qué esperan imbéciles? ¡Síganlos!- ordenó Pain con la voz tensa pero en control total, como si no hubiera estado peleando un encuentro por demás extenuente y alargado (para sus estándares). Se volvió entonces a Kakashi, que yacía arrodillado frente a él y quien intentaba enfocar la mirada en el pelirrojo, tratando de ignorar la dolorosa punzada en su ojo izquierdo, el que cubría fuertemente con su mano y del que sentía brotar un líquido caliente que se deslizaba por su rostro y goteaba al asfalto. El único pensamiento que pasaba por la cabeza del peligris en ese momento, era el haber logrado darles el tiempo necesario a los niños para escapar.

-Fuiste un buen contrincante. Tan bueno como lo fue tu padre. Pero como él, no sobrevivirás-

Las palabras de Pain removieron el interior de Kakashi. El peligris se incorporó mostrando una sonrisa vacía y desdén en la mirada. Pain hubiera enarcado una ceja, de no haberlas perdido de su rostro, al observar la reacción de Hatake. Kakashi no tenía miedo en la mirada, ni un resquicio siquiera de instinto de conservación. Ambos se estudiaron, un nuevo encuentro estaba por empezar y ambos querían terminarlo pronto para ir a buscar al par de niños.

Una nueva serie de golpes hizo erupción entre ellos, pero Pain, fastidiado ya, se lanzó contra el peligris arrojándole uno de los cuchillos con los cuales lo había herido antes, y que ocultaba entre sus ropas, para obligarlo a quebrar su cuerpo y evitar el contacto, aprovechando su punto ciego (gracias a la herida en su rostro), Pain blandió un nuevo cuchillo y lo encajó certero en el costado de su oponente.

Excepto... que Kakashi yacía demasiado lejos de su ataque y su arma.

-Ouch... eso va a doler -musitó sarcástico el recién llegado.

Sorprendido (aunque sus facciones no lo demostraran) Pain observó a Obito Uchiha sonreír maniaco un segundo, para el siguiente estamparle el puño contra la mandíbula en un contacto demasiado potente; logrando así tumbarlo y hacerlo estrellar contra la pared. Un pequeño hilo de sangre comenzó a escurrir por su boca. Para el par de excompañeros, fue una visión satisfactoria.

-Te aconsejo que te vayas ahora que puedes. Mi maestro te hará polvo por tocar siquiera un pelo de sus hijos -Advirtió Obito triunfante. Erguido y altivo, sabiendo bien el efecto que su presencia y sus palabras tendrían en el otro, el ceño fruncido del hombre se lo confirmaba. Era obvio que si Obito estaba ahí, los refuerzos no tardarían en llegar. Además, cualquiera que hubiera investigado un poco, sabría que Mianto Namikaze era una fuerza a la cual temer de enfrentarlo como enemigo. Pain viró los ojos a Kakashi, que ya estaba en pie a pesar de sus heridas, flanqueando su lado derecho, mientras Obito se ocupaba del otro. Tensos segundos pasaron antes que el matón aceptara que no iba a conseguir nada peleando con ellos. Encontraría otra forma de capturar a su presa... además, parte de su trabajo estaba completo. Se retiró.

Y apenas estuvo seguro de que se había ido, Obito dejó caer su cuerpo pesadamente, llevando una mano de inmediato a su costado. Su holgada ropa se le pegó al cuerpo con el movimiento y al instante se tiñó con la sangre del pelinegro. Demasiado rápido. En demasiada extensión.

Kakashi estuvo a su lado en un parpadeo. Evaluando la severidad de la herida, una queda maldición abandonó su boca.

-Hey... ¿E-Estás bi-en? -preguntó preocupado el moreno, alcanzando el rostro de su amigo y tratando de limpiar la sangre de su ojo con la palma de su mano. Kakashi se estremeció, por la punzada de dolor y por las acciones del otro; retiró la mano del pelinegro con gentil pero determinado movimiento.

-Idiota - dijo sin mala gana- Eres tú el que está mal herido- Obito resopló divertido.

-Hn... pero ¿tú e-est-ás bien... cierto? -

-¡Cabezota! -gruñó Kakashi al escuchar el bufido contento del otro, sólo para sentir que su corazón se detenía un respiro después- ¡Obito! ¡Hey, Obito!

La palidez de la piel del Uchiha, esa mucho más que la saludable blancura que naturalmente poseía, ahora estaba tomando un tinte casi verde... demasiado rápido. Presionó con fuerza en el costado del Uchiha, pero sabía que la hemorragia más severa estaba dentro y no podía alcanzarla. ¡Maldita sea, tenía que hacer algo! Rumió por las ropas de Obito, llamándolo constantemente para evitar que perdiera el conocimiento. Finalmente encontró un celular y marcó al número de emergencia.

-¡Hey idiota! ¡No te duermas!- pero Obito no respondió. Kakashi lo zarandeó fuertemente, hasta que logró hacerlo quejar-¡Imbecil! ¡No te atrevas a morirte! - su voz rasposa mal contenida en su ansiedad. Con esfuerzo, Obtio arrugó el ceño y abrió los párpados, fijando sus ojos en el peligris.

-No imp-porta... mientr-aas... estésss... bi-bien... -curveó apenas la comisura de su boca en fantasmal sonrisa.

-Idiota... una y mil veces idiota -musitó quedo, con la voz llena de sentimiento. ¿Por qué hiciste esto? ¿Por qué te metiste?

De pronto, Obito tosió, un fuerte ataque que sólo lo debilitó más y le hizo expulsar sangre por la boca. Kakashi sintió la suya congelar... ¿Dónde estaba la maldita ambulancia?

-I-Itachi... Es una...ttra-mpa...-musitó con esfuerzo el pelinegro, llamando a atención de Kakashi al sujetar su camisa con la fuerza que le quedaba- prom-mete... le dir-aass...

-¿Qué?... ¡Obito! ¡OBITO!

El sonido de la ambulancia se escuchó a lo lejos y a Kakashi le parecieron eternos los minutos en que esperó por ella.


Sasuke y Naruto se asomaron con cuidado.

Nadie los seguía.

Fue hasta ese momento, en el que estuvieron seguros que se habían librado de los orangutanes, que Sasuke soltó la mano del menor y aunque Naruto ya estaba más tranquilo, seguía murmurando el regresar a ayudar a Kakashi.

-No podemos arriesgarnos -dijo el Uchiha, apenas sonriendo ante el puchero que hacía el rubio ante su negativa. Sasuke se sentó junto a él, rozando su hombro con el del menor en pacificador gesto. Naruto lo miró con falso resentimiento pero no objetó, al contrario, se recargó contra el pelinegro.

-Hey -llamó el Uchiha tras unos segundos de silencio- ¿Traes un celular contigo?

-¿Uh? -el rubio levantó la cabeza y miró al otro con extrañeza. Sasuke enarcó una ceja.

-Sabes lo que es un celular... ¿cierto, torpe?

-¡No me digas torpe! -refutó enérgico- ¡Y claro que lo sé, bastardo! Papá me compró uno, de veras.

-Bien. Para algo sirves -musitó el moreno, extendiendo su mano al rubio en silente orden, esperando a que le diera el dispositivo que les ayudaría a contactar con refuerzos; sin embargo, Naruto infló los cachetes y se sonrojó tras murmurar algo que Sasuke no alcanzó a comprender.

-¿Qué dijiste?- cuestionó el Uchiha suspicaz

-¡Que lo dejé en la maleta! -

Sasuke lo miró como si fuera lo más patético que existiera en el mundo. Resopló pesado y meneó la cabeza, exagerando la seriedad y condena que imprimió en el tono de su voz al hablar.

-Me retracto, eres un completo inútil. Torpe.

-¡¿Y por qué no traes un celular tú? ¿Eh, eh?-

Sasuke abrió la boca para contestar, pero se dio cuenta que no contaba con un contraataque superior y verosímil a la sencilla pregunta del rubio. Así que se negó a decir nada, maldiciendo por dentro, para luego decidir qué hacer ahora que esa opción estaba fuera de juego.

-Bastardo mal agradecido..-

-Urusaitonkashi...-

Continuará...


GRACIAS a los que me dejaron un Review y miles de disculpas les ofrezco por la tardanza! Estaba listo desde hace un mes, pero no había tenido oportunidad de subir, además quería desarrollar un poco más el capítulo, pero de nuevo... si seguía esperando tal vez no actualizaría en meses.

Espero les agrade el capítulo a aquellos que aun siguen leyendo este fiki y si tienen sugerencias, son bienvenidas.