Pos-nupcial
por sahel
Este capítulo como todo el fic es para ti, pkño. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS KEA!
Capítulo 13 Amargura
El monótono punzar de la bomba de infusión y el cíclico sonar del respirador llenaban la habitación de lúgubre musical. El inconsciente joven recostado en la cama, era un completo ignorante de la paternal mirada cobalto llena de tristeza y preocupación que le había estado observando en lo últimos diez minutos.
-Lo siento señor, pero el tiempo se terminó- dijo de pronto una voz queda pero ligeramente autoritaria que irrumpió en la habitación.
-Un minuto más, por favor- Minato respondió educadamente a la enfermera en jefe, quien sólo le había permitido la entrada a la habitación por la orden expresa que recibió del Director del hospital en persona. El rubio se inclinó un poco sobre el muchacho inconsciente y acarició su cabeza con ternura.
-Muchas gracias, Obito. Yo me encargaré ahora- susurró con profunda gratitud y palpable cariño. Retiró lentamente su mano de la oscura cabellera y dio media vuelta, dejando al jovencito en su silente pelea personal por recuperarse a pesar de las reservas de los doctores por emitir un pronóstico. Minato confiaba en la fortaleza de su exalumno, él sabía que saldría de esta situación.
Una vez afuera, el rubio metió las manos en los bolsillos y caminó meditabundo por el largo pasillo que lo llevaría de Terapia Intensiva hacia las habitaciones privadas del hospital. Una ligera mueca curva intentó nacer en sus labios ante ese pensamiento. Kakashi se sentiría muy incómodo cuando su cuerpo eliminara todo rastro de medicina, y ya en sus cinco sentidos, se percatara de dónde se encontraba. El joven solía sentirse fuera de lugar cuando se le ofrecía cualquier tipo de atención especial; pero quizá, al recordar lo sucedido y la situación, entendería que prefería tenerlo en aquel lugar, donde -dada la habitación- también podía cuidar de los dos pequeños que tanto Kakashi como Obito habían ayudado a salvar.
Detuvo de pronto sus pasos a sólo un par de metros de la habitación del peliplateado y se recargó en la pared con pesadez, apretando lo ojos con fuerza. Cada vez que pensaba en lo que vivieron sus hijos, el tener a dos de ellos en el hospital... ¡Dios! sólo imaginar lo que pudo pasarle a Naruto y a Sasuke. ¡Maldición! La sangre le hervía por las venas con rabia e impotencia, respirar se le dificultaba y el estómago se le revolvía con desesperante terror. Siempre supo que lo sucedido era una posibilidad factible, por ser quien era y por la cantidad de enemigos que no sólo tenía por cuenta propia, sino por sus padres. Sin embargo, nunca había sido una amenaza tan real y tangible como lo ocurrido varias horas atrás ese día; y por primera vez maldijo su propia decisión de tratar de llevar una vida normal y cotidiana rechazando siempre la seguridad privada.
Haber expuesto a Naruto y a Sasuke de esa manera era imperdonable, y el rubio sabía que de ahora en adelante no habría un minuto en que no pensaría en esto, pues sería algo que jamás podría olvidar. Si tan sólo no hubiera...
-Minato...- La voz de Itachi llamándolo de pronto lo estremeció. Escucharlo ahí, finalmente, fue una reconfortante desolación.
Minato abrió los ojos y giró el rostro aún recargado contra la pared para poder observar al pelinegro de pie a unos pasos lejos de él. Tras Itachi, se encontraba su asistente personal, observándolo detenidamente. Minato los recorrió con la mirada, y se centró en la bolsa marrón que cargaba el pelinegro. Por el logotipo impreso, sabía que el contenido era para los dos pequeños dentro de la habitación, y aunque no era partidario de tan dulces alimentos justo antes de dormir, en ese momento realmente no le importó mucho. Los niños se habían ganado esa sencilla recompensa por el día que habían tenido.
Minato les observó por varios segundos, con una vacuidad distante en los ojos que no se molestó en ocultar y que definitivamente fue percibida por los dos hombres a su distancia.
-Yo me llevaré esto -dijo de pronto Shisui, tomando la bolsa de papel de entre las manos del Uchiha- Estaré adentro si me necesitas. -Y sin más, caminó hacia la habitación de Hatake, haciendo un leve movimiento con la cabeza al pasar junto al rubio. Minato lo devolvió y el silencio volvió a cubrir el lugar.
Continuaron observándose en silencio, no fue difícil saber que cada uno estaba atravesando su propia batalla por entender la situación en la que estaban, por buscar una forma de asegurarse que no volvería a pasar. Porque ambos, se culpaban por la misma.
Itachi podía ver en la mirada del rubio que se sentía tremendamente responsable e inmensamente decepcionado consigo mismo. Como si fuera su deber evitarlo; como si hubiera sido capaz de poder evitarlo, cuando todo lo que había pasado era única y exclusivamente las consecuencias de las acciones del moreno; de su desafío abierto e inconsciente a un hombre que nunca se detenía en su propósito de conseguir lo que quería. Había sido un verdadero milagro que no hubiera conseguido lo que se proponía en esa ocasión. Claro, considerando que ese milagro, se lo debía a quien ahora estaba en terapia intensiva luchando por su vida y al lastimado cretino que casi pierde un ojo, y al que tendría que agradecer el bienestar de su hermano.
-Llegas tarde-
El moreno levantó la mirada y salió de sus pensamientos al percibir movimiento. Perdido en su reflexión no se percató que el rubio cambió de posición, y ahora lo tenía justo frente a él, a sólo un brazo de distancia. Sus ojos se encontraron otra vez, y fue como si un golpe duro hubiera sido estrellado contra su abdomen, dejándolo sin aire. Los ojos de Minato le observaban con frialdad, con distancia; a pesar de eso, le era dolorosamente palpable ver en esas pozas cerúleas el tormento por el que estaba atravesando el rubio.
El corazón de Itachi se rompió más si es que era posible.
Minato se veía lastimado. Herido. Un inesperado fuego dentro de las entrañas del Uchiha le demandaba el cuidarlo, el arreglar lo que fuera que lo estaba lastimando; pero Itachi parecía condenado a desear todo lo que jamás podría tener, por el simple hecho de llevar la sangre de su clan por las venas. Resopló.
-Necesito que firmes esta orden de traslado- dijo de pronto el moreno. Desconcertando al rubio por la acritud de su voz y por la distancia que parecía cubrir su mirada.
-¿Traslado? ¿Del mejor hospital del país?-musitó inquisitivo, entendiendo a quién y a qué se refería el otro.
-La familia quiere que Obito sea atendido en el ala privada que poseemos en el Hospital Central- continuó el otro, afianzando con cada segundo la careta de indiferencia en sus facciones.
-No- fue la parca respuesta del rubio. Itachi enarcó una ceja desafiante- No sólo es imposible moverlo en su estado actual; ambos sabemos que Obito se negaría a ser atendido en ese lugar.
-Es un miembro del clan, Minato -replicó altivo- A nosotros compete decidir en dónde debe ser atendido y el curso de acción sobre su estado.
-Los Uchiha son bienvenidos a visitarlo aquí. Pero, de nuevo, ambos sabemos que no lo harán. Nadie se ha dignado a venir o a preguntar por él, sin importar que haya estado aquí por más de medio día.
-Cómo procedemos no es algo que te concierne. Así qu-
-Pero lo es -interrumpió autoritario, logrando que el pelinegro callara abruptamente- Óbito sabía bien, que si algo así le sucedía, no contaría con los Uchiha; por eso me dejó a mí un poder notarial para protegerlo.- Aclaró definitivo, meditando para sí, que de hecho, el titular de dicho poder no era precisamente él, sino Kakashi; quien al estar en similar situación no estaba disponible para tomar decisiones. Minato era el segundo albacea de Óbito y por lo tanto; era quien tomaría el control. Diablos, lo había hecho desde que recibió esa llamada fría y monótona que le informó de lo sucedido. ¿Dónde habían estado sus familiares? ¿Dónde había estado Itachi?
El moreno abrió ligeramente los ojos en sorpresa al conocer que su primo había previsto la situación, y se había preparado para no permitir que nadie que no fuera de su confianza pudiera intervenir. Estúpidamente había supuesto que Minato se había encargado de la situación por ser él a quien contactó la unidad médica cuando Kakashi aún podía dar información; por ello necesitaba de su firma. Pero ahora, con esta nueva información... Una punzada ardiente le atravesó el pecho, exaltando tanto su orgullo como esa simpatía que sentía por el joven. Aunque su relación fue distante para los estándares de su primo, siempre fue cordial y afectuosa; Obito debería saber que podría confiar en él para cuidarle en una situación similar. ¡Él no era como el resto de su familia! Y sin embargo, no lo consideró una opción viable. No. Su primo prefirió dejar su vida en manos de Minato.
Yo mismo lo haría… meditó un segundo, y con ese reconocimiento, se inflamó la flama de orgullo Uchiha. Sus cejas se unieron sobre el puente de la nariz.
-¿Protegerlo? –Repitió el moreno con algo de fastidio en su voz- ¿De su propia familia?
-No. –dijo Minato y su mirada perdió algo de dureza, adquiriendo un brillo paternal- Él está con su familia ahora. Sólo me aseguro que, aquellos que han despreciado su mera existencia, no tengan a la mano la forma de finalmente deshacerse de él.
Itachi sintió un gran balde de agua helada caerle encima ante semejante declaración. Y aunque su orgullo le demandaba el rebatir y de ser posible humillar al rubio con una refutación ácida; su analítico cerebro se impuso al visceral instinto. Él mejor que nadie sabía que esas palabras encerraban demasiada verdad como para poder negarlas.
-Yo no permitiría que nada malo le sucediera- replicó con la mandíbula tensa, y el reclamo en su voz. Porque Minato debería saber que él no era como el resto de su familia.
¿En verdad? -susurró una voz en la cabeza del pelinegro- ¿No estás a caso permitiendo que algo malo ya esté sucediendo? Itachi se congeló ante el venenoso pensamiento -nacido probablemente del último resquicio de conciencia que aún le quedaba- ante la cruel verdad que exhibían las palabras. Ante la revolución que ese postulado desató en su interior; cómo podía negar que era exactamente como aquellos que detestaba, cómo podía negar que por su sangre corría la podredumbre Uchiha.
Los ojos de Itachi permanecieron fijos en Minato, pero no lo veían; percibía movimiento en sus labios, pero no escuchaba lo que estaba diciendo; se sentía sobrecogido por su propio descubrimiento.
Y debió notarse en su rostro, porque reaccionó, sólo cuando el tenue roce de los dedos de Minato alcanzaron uno de sus brazos, y se deslizaron por sobre él.
-¿Itachi? ¿Qué sucede?-preguntó cauteloso el rubio, desconcertado por la repentina mudez del moreno y porque su piel palideció demasiado en segundos.
El moreno manoteó la mano de Minato lejos de su cuerpo al recobrar el sentido, y dio un paso hacia atrás, alejándose el otro. Y aunque el desdén caló hondo en el pecho del rubio, no por ello desistió.
-Itachi... -inició suave, conciliador. Sus previas palabras parecían haber afectado al pelinegro, y aceptaba que fueron expresadas, si bien con veracidad, también con falta de tacto. Después de todo era de la familia del pelinegro de quien hablaba; y como veces antes había dicho, quienes lo hicieron ser el hombre que era. Debía encontrar la forma de manejar esta situación favorablemente.
-Eschucha. Lo sucedido hoy... -resopló pesadamente- Necesitamos estar juntos, ahora más que nunca. No sé quién intentó lastimarlos, pero lo único claro es que iba por Sasuke. Aunque, tengo la impresión que él no es el blanco principal del ataque. -Itachi lo miró unos segundos evaluando sus palabras, antes de desviar la mirada. Validando con tan simple gesto la suposición del rubio. Si Minato supiera que tan ciertas eran esas palabras que ahora pronunciaba. El atentado contra su hermano fue sólo un medio para un mensaje que a él se había enviado. Y permitiría que volviera a suceder.
-Les he asignado seguridad a los niños, a Obito, Kakashi... y a ti. -concluyó Minato, arqueando una ceja al notar el ceño fruncido de Itachi, tras ser incluido en ese listado -Necesito saber que estarás protegido -replicó antes de que el joven pudiera refutar.
-A mí no tienes que protegerme, Minato- dijo finalmente, con una sombra en la mirada que apagó los bellos ojos. Su mirada obsidiana parecía gritarle al rubio que entendiera el verdadero motivo de su negativa. No era conveniente enfadar más a su vengativo tío.
Y por un instante, Minato pudo percibir esa contradicción en el joven. Y no por vez primera, el rubio se preguntaba qué era eso que angustiaba tanto a Itachi. Qué lo había hecho alejarse tanto de él...
Una idea se formó en su mente y el instinto le urgió a decirla antes de que se dejara envolver en esa absurda guerra de egos.
-Tampoco tienes que protegerme a mí, Itachi.
buff...
Buff...
¡BUFF!
-¡Ya para Naruto!
-¡Qué! ¿Acaso no puedo ni respirar ahora?
-¿A eso le llamas respirar, torpe? Pareces un anima-
-¡Basta! -Interrumpió Kakashi suplicante e imperativo, era la tercera vez en menos de cinco minutos que los niños se ponían a discutir por una tontería. En cualquier otro momento le hubiera parecido risible, hasta los habría instigado a pelear con algún ácido comentario, pero justo ahora que esperaba ansioso noticias de Minato, no estaban ayudando -Si intentaban crearme una migraña lo lograron ya. Maa... ¿Por qué no salen a dar una vuelta?
-Disculpe Kakashi sensei -musitó Sasuke, cruzando los brazos y desviando la mirada. Le incomodaba saberse causa del malestar del peliplateado después de todo lo que había pasado por salvarlos- Pero alguien terminó extraviado en el hospital la última vez que nos fuimos, así que ahora no nos dejarán salir a menos que uno de esos sabuesos nos acompañen.
Kakashi resopló al oír la explicación del menor, y giró la cabeza lo suficiente para mirar a Naruto sin que el vendaje de su ojo izquierdo se interpusiera. El pequeño se enterraba en el sofá -donde estaba sentado al lado de Sasuke- y sus labios portaban un puchero que combinaba a la perfección con el sonrojo de sus mejillas. El peligris movió la cabeza ligeramente divertido, el pequeño estaba a punto de estallar...
-¡No fue mi culpa, no fue mi culpa, de veras! ¡Azuma me confundió con tantas vueltas!¿Por qué no sólo entramos y salimos por la pue-?
-Naruto -cortó la desaforada explicación del rubio una nueva voz, que sin alcanzar el volumen del pequeño, fue lo suficientemente intensa para acallarlo al instante. El niño se encogió en sus hombros y volteó apocado para enfrentar al recién llegado -¿Qué te he dicho de no gritar en los hospitales?
Minato miró a su hijo con seriedad, se adentró en la habitación y le entregó al convaleciente hombre en la cama un vaso térmico. El café que le había prometido llevarle luego de hablar con su doctor.
-Uh, mmm... ¿Que no lo haga?- balbuceó Naruto al recibir una segunda mirada de su padre.
-Hn... torpe -gruño burlón y apenas audible Sasuke, sonriendo aun más cuando Naruto volteó sus intensos ojos azules llenos de rabia e impotencia, porque no podía responderle como su garganta deseaba.
Minato resopló mezcla de condescendencia y frustración. Abrió la boca para indicarles algo cuando el celular del pequeño pelinegro timbró. De inmediato, Sasuke lo sacó de su bolsillo y sus ojos se llenaron de un brillo especial, una luz de admiración y orgullo, que fue en perfecta armonía con sus labios, que a pesar del intento de evitarlo, se vistieron con una tenue sonrisa.
-¿Hermano?...-respondió el moreno, levantándose del sofá y alejándose a una esquina de la habitación, buscando privacidad- Estoy bien. No, no estoy solo... No lo sé, yo...- Sasuke volvió la mirada hacia donde estaba el señor Minato y sintió su estómago oprimirse. El rubio lo observaba con total atención. El pequeño tragó saliva. Por eternos segundos le pareció ser el objeto de toda envidia y resentimiento que pudiera albergar el alma de Namikaze.
-Maa... ¿Por qué no contestas afuera? -puntualizó Kakashi con ligereza, rompiendo la tensión- Asuma está ahí, sólo... no te pierdas de vista y no va a molestarte.
Sasuke asintió con un leve movimiento de cabeza y se encaminó hacia la puerta de la habitación. Naruto lo miró con travesura en sus azules pupilas y en un salto corrió tras él. Era la oportunidad perfecta para fastidiarlo y saludar a Itachi, reclamarle su ausencia también. Su padre le podría dar mil excusas de porqué el hermano de Sasuke ya no vivía con ellos, pero no podía ocultarle esa sombra que entristeció su mirada desde que el pelinegro se alejó.
Minato ni siquiera era consiente de la forma en que sus ojos se entornaban afligidos y que sus hombros caían ligeramente ante la mención del heredero Uchiha. Era un instante. Un efímero instante. Pero, para aquellos acostumbrados a verle siempre con su apoloético porte, resultaba obvio y doloroso presenciarlo.
Y reo de ese dolor palpable estaba Kakashi.
Había pasado varios días envuelto en la bruma de los sedantes que le ayudaron a soportar el dolor en su ojo izquierdo; y entre los resquicios de lo que podía recordar, se encontraba la voz de Minato contándole (cuando lo creía inconsciente) de la ausencia de Itachi, de su negativa a hablar con él y de lo mucho que lo extrañaba.
Las cejas de Kakashi se arrugaron al centro de su frente y sus dedos sujetaron el vaso de polietileno térmico y aromático contenido como si su vida dependiera de ello. Desde hacía una semana, cuando ya no había sido necesario doparlo al grado de la inconsciencia, cada vez que Minato le visitaba y su mirada cerúlea no reflejaba nada más que desolación, los labios de Kakashi le carcomían con insoportable roña por contarle las últimas palabras que Obito había pronunciado. Palabras que en ese instante no tuvieron sentido, que aun ahora no lo tenían o no quería que lo tuvieran, pero que infortunadamente parecían haber sido una advertencia que Kakashi no logró entregar a tiempo.
¿Debería decirlo de cualquier manera? ¿Debería acabar con cualquier resquicio de esperanza que Minato aún tuviera para recomponer su relación con Itachi? ¿Debería callarlo y ver agonizar a su maestro por no entender la conducta del Uchiha? Kakashi se debatía entre miles de posibles explicaciones a las palabras de Obito, entre miles de situaciones, reacciones y escenarios de lo que podría ser si se decidía a hablar, si se decidía a callarlo por siempre. La única verdad era, que Kakashi se sentía culpable de lo que ahora estaba padeciendo Minato; de no haber sido por su insistencia en buscar al pelinegro, de no haberlo presionado para darse la oportunidad de intentarlo con el Uchiha...
-¿Qué pasa Kakashi? ¿Está doliendo la herida? -preguntó Minato con clara preocupación en la voz, sujetando el hombro de su ex alumno en confortador gesto.
El peligris levantó el rostro y miró a su maestro con su solitario ojo. La garganta se le cerró al instante. Ese hombre había sido como un padre, luego que el propio falleció, y por su culpa estaba sufriendo tanto... De no tener que callar para evitarle mayor amargura, habría implorado a todo pulmón que lo perdonara.
Curveó su ojo visible y medio sonrió.
-Naah... estoy bien -contestó despreocupado- ¿Qué dijo el doctor? ¿Puedo irme ya?
La mirada paternal de Minato estudió al joven unos segundos. Algo preocupaba al otro, desde que despertó no había dejado de abstraerse del mundo con un semblante sombrío. Como si estuviera llevando el peso de los cielos en sus hombros, cual mitológico Atlas; y por ahora, no parecía haber forma en que le compartiera la pesada carga.
Lo que sea que fuera, Minato sabía que sólo era cuestión de tiempo antes de que Kakashi se decidiera a contárselo. Lo conocía bien. Y le daría el espacio que necesitaba por ahora.
Una sonrisa complacida, discreta pero existente, se posó en sus labios.
-Sí. El doctor te dará de alta hoy mismo, siempre y cuando sigas sus instrucciones de no esforzarte y descansar lo más posible- confirmó Minato, adelantándose al otro cuando abrió la boca para contestar- Eso incluye nada de Icha Icha. Lo siento.
La expresión de mosqueo que el rostro de Kakashi adquirió resultó invaluable. El peligris resopló ofendido.
-Maa... qué caso tendrá entonces irme de aquí... -musitó con pesadez, para luego levantar la mirada hacia la puerta, por donde había deseado salir los últimos días. Su voz bajó de tono al volver a hablar- ¿Cómo está Obito?
Minato sintió su corazón apachurrársele en el pecho al escuchar la pregunta de Kakashi. Cuando el peligris había recuperado consciencia fue lo primero que quiso saber, e incluso, cuando había estado bajo la influencia de los sedantes, solía balbucear el nombre del otro, deseando saber de él. Cada día, Kakashi había esperado que finalmente le pudieran dar buenas noticias sobre el estado de Obito, y cada día, Minato era testigo de la pesadez que se apoderaba del joven al no recibir la respuesta anhelada.
-Estable -contestó el rubio- Te permitirán verlo unos minutos antes de salir del hospital.
Kakashi asintió con la mirada fija en el vaso entre sus manos. Desde que despertó lo único que había deseado era poder ver al otro. Confirmar él mismo que aún estaba vivo, aunque por el momento permaneciera sumido en la inconsciencia. Debió ser por insistencia y petición de Minato que el doctor del pelinegro había accedido a dejarlo ver a su amigo.
-Estoy seguro que está esperando a que vayas y le reclames su tardanza para despertar- trató de bromear el rubio, recordando que sus otrora estudiantes, se habían hecho amigos tras discutir inmensurable veces sobre la impuntualidad del pelinegro.
Kakashi debió recordarlo también, pues sus labios se curvearon ligeramente con el fantasma de la melancolía.
-Sí. Eso es típico a él...
-Tenemos un problema -Anunció para Minato, tajante y pesada, la voz de su padre que entraba a la oficina del consejo y le extendía un folder y un pequeño sobre azulado que el rubio reconoció como una citación. Al sentarse Jiraiya frente a su hijo, Minato ya leía el contenido del requerimiento legal mientras sus cejas iban frunciéndose al centro.
-¿Cuándo recibiste esto? -Preguntó el rubio, ahora que sus ojos recorrían hoja por hoja el contenido del folder y sus labios adquirían una tensión obvia formando una línea seria.
-Dos días atrás -replicó el mayor, sintiendo las entrañas apachurrársele al momento en que tras su respuesta, los ojos de su hijo se clavaron duros en él; señal inequívoca de su desagrado al conocer la noticia. El hombre se aclaró la garganta antes de continuar con la muda pero demandante solicitud de explicar el retraso en informarle. -Obito aún estaba en terapia intensiva, no era el momento para darte a conocer la situación. Al menos ahora, tengo algo más que mostrarte.
La mirada firme de Minato permaneció sobre su padre unos segundos tras oírle. Resopló y desvió la vista, centrándola nuevamente en los papeles que tenía entre las manos. Entendía la razón expuesta por el otro y sabía que el hombre no sólo le había ocultado información por hacerlo, como acababa de decirle, ya había puesto a trabajar a todo el equipo legal del que disponían para contener y combatir la amenaza que esos papeles traían consigo. Y ciertamente, con todo lo sucedido el par de semanas anteriores, debía agradecer que su padre hubiera esperado unos soles para comentarle la situación; ahora que Obito había sido trasladado de terapia intensiva a piso, podía esperar que el pelinegro mejorara. Aun cuando los doctores seguían manteniendo un pronóstico reservado sobre el coma en el que el joven se encontraba.
-¿Te han contactado?- preguntó tras segundos de silencio, su voz aunque mecánica no poseía cualidad alguna de molestia y Jiraiya resopló imperceptiblemente aliviado. Acomodó su ancha espalda en la silla, ligeramente más relajado, el hombre de cabello blanco negó con la cabeza antes de contestar.
-No lo han hecho. Y no me gusta- señaló arrugando el ceño- Estoy seguro que cuando se presenten será porque harán efectiva la demanda.
-Probablemente... -musitó el rubio cerrando el folder y echando la cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldo de su asiento y perdiendo la mirada en las luces que alumbraban sobre ellos. Un momento, sólo necesitaba un momento para aplacar el alterado estado de su interior al, no sólo enfrentarse a una seria demanda, sino, y sobretodo, porque la amenaza venía firmada por el actual cabeza de la familia Uchiha.
Maldición Itachi... ¿Qué estás haciendo?
No era difícil adivinar para Jiraiya que el otro estaba tratando de comprender el actuar del joven Uchiha, incluso, tratar de encontrarle una explicación que lo dejara fuera de cualquier sospecha; pero por más que lo intentara racionalizar, una sombra de pesada consternación cubría ya sus facciones. Presintiendo el rumbo de los pensamientos de su hijo, el mayor aclaró con fuerza la garganta y aunque deseó asegurarse que el rubio se encontrara bien, tenía que pensar en ayudarlo antes que compadecerlo. Y Minato también tenía que hacerlo.
-Tengo a Ibiki revisando cada detalle de esta estupidez. Así como los movimientos de los involucrados. Por ahora estamos protegidos; no hay evidencia alguna que respalde la acusación ni que indique que van a presentarla en juzgado -Jiraiya cruzó los brazos sobre su pecho- Sé que esas alimañas traman algo más, o no habrían mandado esta copia de la demanda.
Minato cerró los párpados con fuerza por unos segundos cuando su padre utilizó el despectivo adjetivo para referirse a los Uchiha. Sabía bien que el mayor tenía razón; el único motivo para que una anónima alma caritativa les hiciera llegar la copia no certificada de la acusación que planeaban los Uchiha, fue por orden misma de ellos. Estaban tras algo más y Minato no podía darse el lujo de no pensar que Itachi estaba involucrado, aunque la idea misma generara una dolorosa vacuidad en el centro de su pecho y se esparciera a lo largo del su cuerpo con intensos escalofríos de metal.
Un segundo más luego de jalar aire a sus pulmones y finalmente levantó el rostro, una máscara colocada en sus facciones al enfrentar a su padre. Quien sintió arder sus venas al notar la indiferencia en la mirada de su hijo y maldijo -no por primera vez- el día en que el rubio cruó camino con el heredero Uchiha.
-Llama a Yamato, pondremos en marcha el registro siete -Jiraiya apretó los labios en desacuerdo, pero no discutió- Transfiere toda la información pertinente a La Torre. Mueve a los cuatro a otra área y asegúrala. Nadie debe saber que está hecho, ni siquiera Kakashi.
-Reconocerá el procedimiento- replicó el mayor- Después de todo, él diseño el plan siete.
-Tal vez... pero la condición de Obito nos dará un par de días de ventaja antes de que Kakashi se de cuenta.
El peliblanco asintió. Las palabras de Minato no carecían de realidad, mantener la facha de normalidad sería la mejor forma de ocultarse a plena vista.
Durante las siguientes horas se dedicaron a ultimar detalles y hacer las llamadas necesarias para implementar su plan de acción; cuando finalmente lo consiguieron, la voz de Rin al otro lado del altavoz les anunciaba que Itachi y Madara Uchiha solicitaban hablar con el rubio. Los ojos de padre e hijo se encontraron al instante y en ese momento comprendieron que apenas habían tenido el tiempo suficiente para protegerse de lo que fuera que estaban por enfrentar.
Minato le indicó a su secretaria que les dejara pasar y que no le interrumpiera. Jiraiya se levantó y sus pasos lo llevaron a colocarse a la espalda de su hijo, enfrentando con toda la altura y corpulencia de su anatomía a los desagradables visitantes que aparecían tras el umbral y que destilaban arrogancia en cada movimiento de sus cuerpos, en esa odiosa sonrisa que el mayor de los Uchiha portaba.
El rubio permaneció sentando, indicando con un ademán de su mano el que se sentaran frente a su escritorio. Su afilada mirada, analizaba y evaluaba a los dos hombres; aunque evitaba centrarse demasiado en el delgado joven de largo cabello negro, quien igualmente parecía querer esquivarlo. Mejor así, tenía que enfocarse en la amenaza y no en el palpitar acelerado en su pecho ante la presencia de su desposado. Sin embargo, Madara se pavoneaba con petulancia, con malicia brillando en sus ojos y veneno en la falsa sonrisa que portaban sus labios. Una vez sentados, tensos segundos transcurrieron en la oficina entre los cuatro hombres.
-Bien caballeros, ¿A qué debo su presencia? -inició Minato con total formalidad pero sin ocultar la frialdad en su voz al dirigirse a los dos pelinegros.
-He venido a darte la oportunidad de retirarte conservando suficiente dignidad -contestó Madara con fingida indiferencia y sin perder tiempo en soltar sus intenciones, ya que el rubio tampoco había ocultado su desagrado.
-Oh. ¿Y por qué haría algo así? -respondió Minato tras arquear una ceja y curvar los labios en desafiante media sonrisa, mientras se acomodaba mejor en su sillón, desestimando las palabras del otro con su pose relajada y algo burlesca.
-Sabes bien por qué.
-Ciertamente. Pero debo confesar que me intrigas Madara- replicó- Pareces creer que podrías siquiera alterarme.
-No te conviene rechazarme Namikaze. En segundos puedo tenerte bajo el escrutiño social y legal. Ambos sabemos que no hay nada peor que poner en entredicho el nombre de una respetable familia.
-¿Por eso quieres acusarme de corrupción y desvío de recursos, Madara? Adelante hazlo. No tienes con qué respaldarte más que enfrentar tu palabra a la mía; y ambos sabemos que en ese aspecto perderás.
El pelinegro arrugó el ceño, haciendo que sus facciones adquirieran una sombra tétrica. El otro no sólo tenía razón sino que se lo restregaba en la cara con esa maldita superioridad suya. Lo detestaba a sobremanera, pero esta vez no iba a dejarse ganar. Se tragó el fuego que deseó escupir, para transformarlo en el veneno que destiló la mueca que hicieron sus labios.
-Me respaldará esto- dijo, lanzando al escritorio un fajo de fotografías que se desparramaron por el mismo, para mostrar al ojiazul las imágenes que contenían.
El rubio enarcó una ceja al observarlas, al reconocer a la pareja que aparecían en ellas y la íntima situación que compartían. Reconoció no sólo a los protagonistas como dos de los presentes en esa oficina, también reconoció la ambientación como el lugar en el que habían estado compartiendo sus noches.
-Si te niegas a renunciar, tendrás que enfrentar una acusación por acoso y violación. Y créeme Namikaze, incluso tú no saldrás bien librado de eso. -Y no mentía, el rubio se había granjeado varios enemigos en altos puestos gracias a su forma de trabajo e intolerancia a jugar dentro de la política de muchos líderes.
Aunque Minato lo escuchó, sus palabras no se registraron del todo en su cerebro. Su mirada seguía fija en las imágenes sobre su escritorio, en las cuales se podía observar a Itachi acorralado contra una pared con él mismo buceando entre el hueco de su cuello; otra más donde el pelinegro parecía intentar alejarlo sólo para, en la siguiente toma, ser subyugado por una de las manos del rubio sosteniendo por sobre la cabeza del pelinegro sus brazos.
Sintió las entrañas arder.
Levantó los ojos, molesto, y clavó sus cerúleas pupilas en Itachi sin ocultar lo herido que se sentía; por las fotografías, por el silencio del otro respecto a ellas, por haberlo alejado también... El pelinegro le devolvió la mirada por primera vez desde que llegó, y Minato tuvo que apretar la mandíbula con fuerza al notar que, dentro de esas pozas obsidiana que le habían hechizado tiempo atrás, no había para él nada más que indolente frialdad.
Para Madara no pasó desapercibido el intercambio entre los dos hombres y acentuó su siniestra sonrisa; satisfecho de traer tal turbación a la mirada del rubio. Pero el gruñido tras Minato lo hicieron levantar los ojos hacia Jiraiya, quien molesto regresaba la desafiante mirada al Uchiha. Había permanecido aparte por su hijo, era él quien debía decidir el orden a seguir, mas no podía mantenerse indiferente a lo que ocurría; el doloroso silencio del rubio y el apenas perceptible decaimiento en sus hombros hirvieron su sangre.
-Eres peor de lo que pensé Madara -inició el peliblanco, con sarcástico pero claro repudio en su voz- Estás dispuesto a someter a tu familia, a tu sobrino, a semejante vejación; aunque sepas que todo esto no son más que viles mentiras.
-Bueno... -bufó el moreno, complacido- Qué tanto permitirás que mi querido sobrino sea humillado dependerá de ti, Namikaze -sentenció Madara, llamando la atención de Minato, quien no regresó su vista al mayor de los Uchiha, pero arrugó el ceño en señal de que le había escuchado. Sin despegar los ojos de Itachi, el rubio hizo acopio de toda la fuerza que tenía en las entrañas para hablar y lograr que su voz sólo se escuchara irritada y no llena de la desesperación que lo estaba consumiendo por dentro.
-¿Por qué lo estás haciendo? Tú eres mejor que esto...-Minato necesitaba una razón del actuar del pelinegro. Un motivo que justificara todo lo que había pasado; que le convenciera de que todo lo vivido con Itachi era real. Las palabras del Uchiha prometiendo permanecer a su lado aún resonaban con fuerza en su cabeza, le daban aliento a cada latir de su corazón. Pero Itachi permaneció en silencio. Inalterable.
-¡Oh, por favor!- replicó burlón el otro- No habrás creído que Itachi aceptó tan indigna posición a tu lado por algo más que no fuera seguir las órdenes de su familia ¿o sí? ¡Patético, Namikaze!
-Confié en ti... -replicó Minato, ignorando al mayor que a cada segundo se vanagloriaba del desazón que comenzaba a mostrar el rubio.
-Te advertí no hacerlo -pronunció finalmente Itachi. Con voz fría, tajante, incluso un tanto desafiante a la acusación que el otro arrojaba en esas tres palabras.
Y en ese instante, el mundo de Minato se derrumbó
continuará
Ofrezco una gran disculpa a todos los que me estuvieron dejando review en espera de que continuara, por muchas razones no lo había podido hacer. Pero al menos ya puedo dejar aquí un capítulo más, espero no les decepcione.
Gracias por leer y por esperar! cualquier duda o comentario es bienvenido.
