La puerta de la cafetería se abrió, y por ella pasó una mujer relativamente delgada, de cabello oscuro corto hasta un poco debajo de la mandíbula, con ondas playeras. Llevaba jeans negros, y en sus bolsillos traseros posaban sus manos, una camiseta de Ramones y una chaqueta de mezclilla.
Una cara nueva en un pueblo perdido. Era normal que todo el mundo la esté observando como si fuera un juguete nuevo, pero no como un fantasma. Pero la morena lo comprendía más que bien, era la desventaja de tener una hermana gemela, a la que todos conocen. Eran completamente diferentes, pero tenían la misma cara, aunque Regina era la "linda".
Claro que eso era al principio. Después conocían la cálida y amigable, pero algo ruda personalidad de Roni, y la distante de Regina, y todos elegían a su favorita sin pensarlo dos veces. Eso era algo que odiaba. Roni sabía que, de las dos, su hermana era la que más merecía amor. Porque, aunque nadie lo lograra ver, la genial era la verdadera perra allí.
Ignoró las múltiples miradas y se sentó en uno de los taburetes del mostrador. La mesera que la iba atender parecía a punto de desmayarse del miedo o llorar de la risa. Eso atrajo una divertida, pero pequeña sonrisa a su rostro. Le estaba gustando todo eso de ser la nueva y que todos la miren aterrados, confundiendola con la monstruosa alcaldesa Mills.
Era divertidísimo, e increíblemente tentador. Es decir, ¡por favor! Me están dejando la broma en bandeja de plata. ¿Cómo decir que no a eso?
Ahh, las cosas de ser la chica nueva. Era mucho más entretenido que en la secundaria.
«Buenos días» saludó a la jovencita con una "amigable" sonrisa.
«B-buen-nos días, alc-» tartamudeó y la sonrisa de Roni aumentó.
«Un café con leche y crema, y un pastel de chocolate, por favor» ordenó antes de que la chica tenga oportunidad de decir el título de su hermana.
«Enseguida» respondió al instante.
Qué bueno es el servicio cuando eres la hermana de la alcaldesa, pensó con una sonrisa traviesa.
Era curioso, había llegado hace dos semanas al pueblo pero nadie parecía haberse enterado de su llegada. Lo que era aún más raro era el hecho de que Roni había vivido gran parte de su vida allí, pero no la recordaban, a pesar de ser un pequeño pueblo perdido en el medio de la nada, donde todo el mundo conoce a todo el mundo. Un poco decepcionante, se admitió, aunque ella no veía ninguna cara conocida tampoco.
Entonces escuchó un murmullo, más alto que los demás, a su espalda. Se giró ligeramente y miró a las dos mujeres detrás de reojo. Era Emma, hablando con una mujer morena, de piel muy blanca, pequeña y de corte pixie. Su acompañante parecía tener una fijación en la hermana de Regina.
«¿Qué le pasó a Regina?» la escuchó susurrar, y una brillante idea llegó a su mente.
Antes de que la rubia lograba contestar, se levantó de su asiento, con una sonrisa juguetona, y se dirigió a las mujeres.
«Hey, Emma» la saludó, y la joven se extrañó por su sonrisa, descubriendo un plan tras ella. Entonces la morena le guiñó discretamente un ojo.
«Hey» respondió aún sin comprender.
«No te ví últimamente por el bar».
«Buenos días, alcaldesa» saludó la acompañante con cortesía.
«Regina está bien» dijo, notando, ahora que estaba cerca, quién era.. «...Mary Margaret».
Palideció ligeramente ante la mujer que no veía hace tanto tiempo, pero se recuperó al instante, sin haber borrado nunca su sonrisa. Había pasado tanto tiempo.
Notó que Emma relajó la reacción y también estaba formando una sonrisa, casi a punto de reír por la situación. Su amiga parecía que estaba viendo como le crecía una segunda cabeza a Roni.
«Claro».
La doble de la alcaldesa giró la cabeza, echándole un vistazo al mostrador. «Oh,» le dijo a la mesera. «Escucha, cariño, voy cambiar de lugar, ¿de acuerdo? Justo aquí, con Blondie y Co.»
Avisó haciéndose un festín con las miradas atónitas de toda la cafetería, que escucharon las palabras de la bartender. La jovencita tartamudeó una respuesta y siguió con su trabajo. Safisfecha con el resultado, Roni tomó asiento junto a Mary Margaret, a quién conocía por tener una muy mala relación con su hermana.
«Bueno...» empezó ella, dirigiéndose a Emma. «¿Cómo fue todo con la reina?».
La joven parpadeó intentando procesar lo ocurrido en los últimos cinco minutos y luego mantuvo abierta la boca por casi el mismo tiempo, buscando una respuesta.
«Mejor de lo que hubiera imaginado» respondió.
«¿Eso es todo?» siguió decepcionada. «¿Ningún detalle acaramelado para compartir?».
«Deberías preguntarle a ella».
«Nah, no tenemos la mejor relación».
«¿De quién están hablando?» interrumpió Mary Margaret, olvidando que la morena a su lado era "Regina".
En ese momento, la puerta de la cafetería volvió a abrirse y Emma echó un vistazo a la persona pasándola. Uy, Roni va estar en problemas.
«Oh, oh» dijo.
«¿Qué?» preguntó Roni girandose para ver quién era. «Oh».
El mismo rostro que cruzaba esa puerta hace unos minutos pasaba por allí otra vez. Solo que esta vez, la mujer llevaba un ajustado y formal vestido morado y tacones negros, su cabello era apenas más largo y lacio, además de ser acompañada por un niño.
«¿Qué?» se agregó Mary Margaret.
Junto a toda la cafetería, la mujer , la mirada entre las dos gemelas con los ojos desorbitados. Típico de Storybrooke, pensó Roni. Mientras vió a su hermana arquear una ceja, mirándola y comprendiendo exactamente qué estaba sucediendo con la gente del lugar.
Regina se agachó y susurró algo a Henry, quién, para su grata sorpresa, corrió con una sonrisa a sentarse al lado de Emma. Detrás de él, caminaba tranquilamente la alcaldesa hacia ellos.
«¿Les importa?» preguntó y tanto Roni como Emma sacudieron la cabeza.
La mujer tomó asiento junto a Henry. Rodó los ojos al ver el brillo de travesura que atravesaba los ojos de su hermana. Estaba segura que no perdió la oportunidad de hacer alguna estupidez. Otra razón por la que la cafetería las mirara como acabaran de arrancar el corazón del pecho de alguien con sus propias manos.
Mary Margaret, por su parte, abandonó la expresión atónita y empezó a asentir con la cabeza a lo largo, una sonrisa de reconocimiento de dibujaba en sus rojizos labios.
«Roni» reconoció. «Ahora todo tiene sentido».
«¿Me extrañaste, MM?» respondió con ironía.
Nunca se habían llevado muy bien, aunque era especialmente por la enemistad que la mujer tenía con su gemela. Bueno, en realidad su relación era mala desde el incidente.
«Ciertamente no extrañé tus bromas...»
«De mal gusto» agregó Regina. «Creí que habías pasado la etapa de intercambiar lugares conmigo».
«Viejos hábitos nunca mueren» replicó con cierta acidez en su voz, una sonrisa apretada y ladeando la cabeza levemente.
«Algo en lo que estamos de acuerdo».
Sus miradas quedaron clavadas por unos minutos, mientras un silencio incómodo se apoderaba de la mesa, pero finalmente se rompió con la mesera que llevaba con la orden de Roni, visiblemente más aliviada, aunque volvió a su tensión cuando Regina pidió lo usual para ella y Henry.
La comida transcurrió calladamente, pero las miradas que se robaban Emma y Regina mientras la otra no estaba mirando no pasaron desapercibidas por la bartender. Por lo que masticó su pastelito con una sonrisa dibujada en el rostro. Tal vez su hermana finalmente se permitiría ser feliz.
Echó un vistazo a la mujer sentada a su lado. Era aún más mojigata que en la adolescencia. Uno pensaría que la madurez hace que las personas se suelten. Aunque sabía que detrás la monjita había un gran cuerpo. O así lo recordaba. Después llegó el campamento religioso y Mary Margaret volvió con el cerebro lavado. ¡Ni siquiera recordaba quién era! Solo creía que Roni era la hermana de la mujer que la odiaba.
Afortunadamente, Roni logró seguir adelante aún después de ese horrible final. ¿Qué clase de padres eligen esa clase de destino a sus hijos solo porque le gustan las mujeres? Pero no se permitía sentir pena por Mary Margaret, sabía que su versión anterior la mataría antes de que siquiera lo pensara.
Entonces notó que la estaba observando, como un raro pervertido. Y que la mujer lo notó también. Peor aún, igualmente lo hizo su hermana, que la miraba divertida. Pero Roni se dió cuenta de que eso no era lo único que Mary Margaret vió. Miraba a las dos mujeres sentadas frente a ellas como descifrando un código, mientras el pequeño entre ellas seguía perdido en su hamburguesa.
La pareja tragó en seco, viendo a la morena que las observaba con sospecha, pero luego rodaron los ojos cuando sus miradas se posaron sobre Roni y su arrogante sonrisa.
«¿De qué me perdí?» preguntó Mary Margaret con recelo.
«Nada» respondió Emma y Regina al unisono, demasiado rápido. La sonrisa de la gemela no hizo más que crecer.
«No. Claramente hay algo aquí» dijo con firmeza, pero la inocencia evidente en su voz derritió el corazón de Roni y dió el deseo a Regina que fingir arcadas. «¿Finalmente solucionaron sus problemas?».
«Esa es una forma de ponerlo...» murmuró Roni, con una sonrisa maliciosa y tono sugerente. «¿Cómo, exactamente, solucionaron sus problemas?» insinuó y rió abiertamente cuando sintió dos pies golpeando su pierna.
«Auch» se quejó Mary Margaret. «¿Para qué fue eso?».
Oh. La golpearon accidentalmente.
«Uy, lo siento» se disculpó Emma.
«Estoy bien, ¿por qué la patada?».
«Fue un accidente» dijo, pero luego vió que las gemelas compartían una sonrisa traviesa.
Regina la golpeó a propósito. La realización le chocó. ¿Qué tenía su... lo que sea que fuera, contra su compañera de piso? Más tarde preguntaría.
No podía esperar para que termine ese desayuno para así poder acompañar con Regina a Henry hasta la escuela. Aunque lo que más le gustaba era lo que pasaba después. Cada mañana tenían la misma rutina, y Henry no podía estar más feliz. Sus dos madres se llevaban bien y lo acompañaban al colegio, luego la rubia acompañaba a la alcaldesa hacia su oficina. Normalmente era una pacífica y agradable caminata, con pequeñas conversaciones en las que revelaban algunos detalles sobre quiénes eran.
Esas caminatas eran lo que alegraban todos sus días. ¿Quién diría que Regina Mills sería su alegría?
Acompañaron a Henry hasta la escuela. Cada una dejó un beso amoroso en la frente de su hijo y lo miraron con una sonrisa entrar. Ahí era cuando la diversión comenzaba. Como siempre, la morena le daba una mirada desafiante y empezaba a caminar a la alcaldía, sola. Y, como siempre, Emma la seguía por atrás.
«¿De nuevo tomando este camino, srta. Swan? Cualquiera diría que disfruta de mi compañía» la provocó, divertida.
«Tal vez la distruto» replicó con simpleza y fue a su lado. Entonces notó la tensión en su rostro. «¿Todo bien? Si no quiere que la acompañe...».
«No sea ridícula» la cortó. «Usted no me acompaña, simplemente camina por casualidad en el mismo camino que yo».
Sí... Eso era lo que se decían. Todas. Las. Malditas. Veces. Era mucho más fácil que decir que pasaban tiempo juntas, y ninguna tenía las agallas de dar otro paso después de todo lo que pasaron.
«Cierto» murmuró entre dientes. «¿Qué sucede?».
«Es mi... demente hermana» dijo con franqueza, ampliando los ojos en exageración y suspiró.
«¿Es por qué se hizo pasar por usted?».
«No... ya me acostumbré» hizo un gesto con la mano, quitándole importancia. «Hace esta clase de estupideces todo el tiempo. Por más descabellado que suene, me preocupa».
«No es raro, es su hermana».
«Si... bueno...» hizo una voz y mueca de duda. Nunca fueron el tipo de hermanas normales. «El problema es una pequeña, e irritante maestra de primaria».
«¿Mary Margaret?» ¿cuál es su problema con Mary Margaret? «Nunca entendí por qué no le gusta».
«Por la misma razón que estoy preocupada por Roni» se limitó a decir, pero cedió a la mirada expectante de Emma. «La srta. Blanchard rompió el corazón de mi hermana».
«¿Cómo-? Pero- No ent-» se cortó y Regina sonrió ante su incapacidad de formar una oración completa. Tan tierna. «No sabía que Mary es lesbiana».
Y la morena largó una risita seca. «Tampoco lo sabe ella. Sus padres religiosos la mandaron a un lavado de cerebro».
«Entonces... ¿Mary Margaret no es realmente Mary Margaret? O, ¿cómo? Nunca entendí cómo funcionan esas cosas».
«Ella ni siquiera recuerda haber estado con mi hermana» dijo con una pizca de dolor, pero no dejó que se notara en su voz. «Eso la dejó en un lugar bastante oscuro. Roni no tiene idea de que la detesto por ello, debe pensar que no me importa lo suficiente» explicó Regina con amargura.
«Pero, Mary Margaret no tiene la culpa de tener padres tan horribles».
«Oh, lo sé. Pero sí tuvo la culpa de jugar con Roni no aceptando su sexualidad y manteniendo todo en secreto. Ella, claro, lo permitió, aunque yo sé que la estaba matando por dentro».
«Eso es...» empezó la rubia, pero no encontraba las palabras adecuadas para expresarse.
«Lo sé» contestó mientras llegaban a la alcaldía. «Bueno... supongo que aquí es donde nos separamos».
«Ajá» asintió Emma, pero no hizo ningún intento de moverse. Sólo se mantuvo mirándola a los ojos con una profundidad que asustó a Regina, quién apartó la mirada. «Entonces, ¿la acompaño en su vuelta a casa?».
Con una expresión dubitativa, Regina sonrió tímida. Casi gritó 'sí' a todo pulmón, pero sabía que eso sería patético y la dejaría en una posición de debilidad. No creía ser capaz de ser débil, aunque sea por la gente que amaba. ¿Amor? No. Es apenas una semana, no puede ser amor... Qué ridículo.
«Eso sería agradable» contestó, intentando ocultar la felicidad en su voz, sin éxito alguno. Para luego dar la vuelta y entrar a su oficina.
Del otro lado de la puerta, Emma suspiró de alivio. Todo estaba yendo mejor de lo que hubiera pensado. ¿Cómo es que terminó en esa situación con una persona que solía despreciar? Ah, sí. Esa maldita Roni.
No sabía lo que pasaría con Regina. Pero sí se temía que no iba a lograr quitarse a esa mujer de la cabeza.
