Toda Invernalia se había sorprendido por la noticia, pero todo el mundo estaba a favor de una distracción. La gente se había animado pensando en una fiesta, un poco de música y una alianza que podría hacerles ganar la guerra.

Los costureros norteños habían apurado toda la noche para preparar el vestido de Sansa y el traje de Jaime. No había tiempo para muchos preparativos, así que la boda fue muy sencilla.

Los "novios" no se habían visto desde que Jon había tomado la decisión. Brienne había acompañado a Sansa todo el día a todos lados, no deseaba saber nada sobre la boda, pero Sansa se lo había rogado, la consideraba su única amiga en Invernalia y Brienne no pudo negarse.

Faltaban unas horas para la boda y Sansa estaba en su habitación, ya con su vestido, mientras una doncella le retocaba el pelo para la ocasión.

Brienne miraba a través del espejo a Sansa. No pudo evitar en fijarse en cómo le quedaba el vestido, en la cara más perfecta que tenía, sus ojos azules… Pensó que era realmente preciosa.

Sansa miró a Brienne y notó como la cara de su protectora estaba triste. Mandó salir de la habitación a la doncella que le arreglaba el pelo y quedó a solas con ella.

-No debes preocuparte tanto, Brienne. –Dijo Sansa, haciendo sacar de sus pensamientos a la guerrera. Brienne solo asintió. –No creo que Jaime sea peor que Ramsey. –Dijo Sansa. –Ramsey me ha violado cuando ha querido, me ha pegado, me ha hecho daño física y psicológicamente… si he soportado todo eso creo que podré soportar a Jaime Lannister. –Comentó Sansa intentando convencer a Brienne y a sí misma, lo que no sabía es que no tenía que convencer a Brienne.

-Jaime no es como antes. Ha cambiado estos años. –Comentó Brienne muy seria. –Te tratará bien. –Sansa sonrió y abrazó a Brienne.

-Gracias. –Le dijo Sansa separándose del abrazo. –Estoy nerviosa. No por la boda si no por… por… -No sabía que palabras usar. –Por lo que viene después…

-Oh. –Soltó Brienne simplemente, sin saber que decir.

-He intentado concienciarme de lo que va a pasar. Solo he tenido malas experiencias en el sexo, ya que todas han sido con el monstruo de Ramsey. –Sansa se tomó un segundo para seguir hablando. –Jaime es apuesto a pesar de su edad, ¿crees que será gentil conmigo está noche? –Preguntó Sansa nerviosa, haciendo sonrojar a Brienne por su pregunta.

Brienne no sabía cómo Jaime era en el sexo, de hecho no sabía cómo era nadie en el sexo. Aun así alguna noche, en la oscuridad antes de dormir, Brienne se había tocado así misma pensando en él. Imaginándose que era él quien la tocaba, recordando sus ojos y sus labios…

Brienne sacudió la cabeza para salir de sus pensamientos, ya que Sansa estaba esperando una respuesta.

-Ser Jaime ha llegado desnutrido y muy débil a Invernalia, si su cuerpo le responde será un milagro. –Dijo Brienne sincera haciendo reír a Sansa sin querer.

Por otro lado Jaime ya se había acabado de vestir, dentro de dos horas sería un hombre casado. En su vida habría querido casarse. Quería ser caballero, y eso además le había permitido quedarse siempre al lado de su hermana, a la cual ahora odiaba profundamente.

Mientras se arreglaba sin ganas frente al espejo su hermano apareció por la puerta.

-Hermano. –Saludó Tyrion. –Veo que estás muy apuesto, para variar. –Bromeó.

-¿Estás van a ser tus primeras palabras después de no verme en todo este tiempo? –Preguntó Jaime.

-Gracias por venir. –Dijo Tyrion sincero. Jaime se agachó para abrazar a su hermano. Ambos tenían ganas de verse.

Después de unos momentos se separaron para mirarse bien. –Te veo bien. –Comentó Jaime.

-Yo a ti mejor. –Respondió Tyrion. Hubo un silencio hasta que volvió a hablar. –Este enlace es necesario. De otra forma no confiarán en ti nunca.

Jaime solo asintió y miró a otro lado. A lo que Tyrion siguió hablando. -¿Por qué no te fuiste a otro lado? Hay lugares lejos de aquí en los que jamás te reconocerían. Podrías vivir una vida más fácil, tienes oro. Podrías haberte ido y comprado una casa, follarte a todas las putas que quisieras el resto de tu vida… Y sin embargo aquí estás…

Jaime lo miró serio. –Podría decir lo mismo de ti. –Dijo simplemente. Tyrion sabía que Jaime estaba ocultando algo.

-¿Por qué has venido? ¿Por qué no has huido?

-Necesitaba venir. Esto va más allá que las casas, honores y juramentos.

Tyrion lo miró profundamente esta vez. Jaime odiaba esa mirada de su hermano, era su mirada analítica. Estuvo callado unos segundos hasta que por fin habló.

-Brienne. Eso es lo que te ha dicho ella. –Dijo Tyrion finalmente haciendo que Jaime se tensara al oír su nombre. Pero siguió arreglándose perezosamente. –Brienne de Tarth… -Repitió Tyrion. –Una mujer interesante, de hecho. Guardia real de Sansa. Habéis vivido muchas cosas vosotros dos. –Comentó Tyrion observando como la mandíbula de su hermano se tensaba y miraba su muñón de reojo. –Desde luego podría ser mi tipo, una mujer como esa es única, tan grande y con esas piernas infinitas… -Jaime apretó su puño y Tyrion quiso ir más allá. –¿Y sus ojos? Ah! Su mirada… Ese azul es de Tarth, sin duda. Normal que el jefe de los salvajes esté petando en su puerta cada noche, a esos hombres les gustan ese tipo de muj… -Tyrion no pudo acabar la frase porque Jaime lo había cogido por los cuellos de su jersey y presionado contra la pared con su única mano. Tyrion podía notar respiración de su hermano en la cara.

-¿Qué quieres que te diga? –Preguntó Jaime furioso. Al momento se dio cuenta de su reacción y soltó a su hermano suavemente, que estaba atónito mirándolo. –Perdón, llevo mucho tiempo andando solo, ya no estoy acostumbrado a que la gente ande con rodeos. –Le dijo Jaime para hacer que su hermano apurara la conversación, ya que ambos sabían que pregunta quería hacerle.

-¿Has venido por Brienne, verdad? –Preguntó Tyrion.

Jaime no contestó, y eso fue suficiente para que su hermano supiera la respuesta.

-A veces es mejor alejarnos de nuestros seres queridos para garantizar su seguridad. –Comentó Tyrion.

-No me alejé de Cersei para garantizar su seguridad, quiero que muera. –Dijo crudamente Jaime.

-No lo digo por nuestra querida hermana, lo digo por Brienne. –Y con eso Tyrion salió de la habitación dejando un pensativo Jaime.

La ceremonia fue pequeña, mientras Jaime estaba esperando por Sansa en el altar, junto a todos los invitados. Pasaron unos minutos y alguien se asomó por la puerta, era Brienne. Llevaba un vestido azul, parecido al que llevó a la boda de Joffrey. Fue por el pequeño pasillo hacia el altar con la mirada fija en el suelo. Al llegar se sentó en una silla muy cerca de Jaime y finalmente alzó la mirada y al fin pudo observar sus ojos verdes centrados solamente en ella.

Por un momento todo el mundo desapareció para ambos, solo podían mirarse y seguir ocultándose las cosas que no se habían dicho nunca.

Cuando Jaime escuchó un carraspeo observó que Sansa ya estaba a su lado en el altar y que la ceremonia estaba por empezar.

La ceremonia acabó sin beso, pero Jaime sutilmente desvió la atención de ese momento saludando a los norteños cogiendo la mano de Sansa, la cual le imitó.

El banquete pasó rápido, no había regalos ya que estaban en tiempos de guerra y no podían permitirse derrochar.

Cuando se dieron cuenta, ambos estaban solos en la habitación que a partir de ahora compartirían.

Ambos estaban tensos, no habían hablado en todo el banquete, solo habían compartido miradas que no duraron ni dos segundos.

Jaime decidió sentarse en la cama, sin saber qué hacer. Bueno, más bien si sabía lo que hacer, pero no sabía cómo evitar que pasara.

Sansa lo miró y observó que él estaba con la mirada perdida en la ventana, así que decidió tomar la iniciativa y tímidamente se desvistió sin que Jaime se diera cuenta.

Otro carraspeo lo sacó de su ensoñación, pero esta vez era de Sansa. La miró y se quedó sin aire al observar su cuerpo desnudo. Era joven, pero ya tenía cuerpo de mujer.

Jaime se levantó rápidamente para coger una sábana, con la cual rodeó el cuerpo de Sansa, tapándolo.

-No tienes que hacer esto.

Lagrimas escaparon de los ojos de Sansa y Jaime pudo notar que a seguridad que tenía cuando se desnudó se desmoronaba en ese mismo momento.

-Gracias. –Dijo ella débilmente. Jaime asintió y la acercó a la cama, haciendo que se acostara y la arropó con cariño. No sabía por qué cosas había pasado esta chica, pero sabía que no era nada bueno.

-Dormiré en otra habitación. Mañana vendré temprano. –Sansa simplemente asintió, pero antes de que Jaime abriera la puerta para marchar le dijo: -Brienne tenía razón, no eres tan malo como parece.

Jaime sonrió tristemente al oír que Brienne no lo consideraba malo. –A veces las apariencias engañan, pero eso se aprende con el tiempo, mi señora.

Y con eso, Jaime se fue de la habitación dispuesto a buscar a Brienne.