Espero que os guste este capitulo, es bastante más largo que los otros, creo, espero que lo disfrutéis.

Aprecio los comentarios y podéis darme algunas ideas para los siguientes capitulos! :)


En realidad esperaba no dormir muy lejos de Sansa, ya que la habitación en la que quería estar era la de al lado.

Llamó suavemente a la puerta, era muy de noche y todo estaba en silencio, así que cualquier ruido podría apreciarse perfectamente y no quería ser descubierto. A los pocos segundos se abrió la puerta, mostrando a Brienne, la cual tenía la espada que le regaló en la mano. "Siempre está en guardia" Pensó Jaime.

-¿Qué haces aquí? –Dijo sorprendida.

-¿No puedo venir a verte? –Dijo Jaime sonriente. Brienne frunció el ceño.

-La noche de tu boda no. A parte no es una hora apropiada. –Jaime volvió a sonreír.

-¿Puedo pasar? –Preguntó Jaime entrando ya en la habitación, ignorándola completamente. Brienne observaba de manera atónita como él cerraba la puerta tras de sí.

-No puedes estar aquí. –Insistió ella en voz baja, pero él estaba inspeccionando la habitación, haciéndole caso omiso. Se fijó en la cama y se sentó en ella, probando lo cómoda que era. –Vete. –Le dijo ella. En ese momento Jaime levantó su vista de la cama para fijarse en Brienne, que dio un paso atrás ante su mirada.

-Vale. Mañana por la mañana me voy, te lo prometo. –Dijo Jaime sonriéndole.

-De ninguna manera! –Alzó la voz Brienne dejando la espada en una esquina. –Tienes que irte ahora, imagínate que te encuentran aquí.

-Oh! ¿Ese es tu problema? ¿Qué dirán los demás? –Preguntó haciéndose el sorprendido Jaime. –Pensé que te incomodaría más dormir conmigo, pero me alegra saber que tu única preocupación es el que dirán –Jaime había echado de menos estos momentos con Brienne, sacarle los colores era su pasatiempo favorito, y lo estaba consiguiendo. La cara de Brienne estaba completamente roja, y notó el nerviosismo de su amiga ante sus comentarios.

-Ser Jaime… -Continuó Brienne. –Su esposa se estará preguntando donde está.

Jaime sonrió de nuevo. –No creo, le he dicho que dormiría en otro sitio. ¿De verdad piensas que dormiría con ella?

-¿Por qué no? –Preguntó Brienne. –Es tu noche de boda, deberías hacerlo. –Dijo Brienne. Jaime la seguía mirando sin comprender porqué Brienne le estaba obligando a acostarse con Sansa.

-Jamás la tocaría. –Dijo Jaime poniéndose en pie de nuevo. –He jurado protegerla. ¿Recuerdas? –Se acercó un poco más a Brienne. –Yo no he querido esta boda. No deseo el norte, y mucho menos a Sansa.

-Debes de ser el único hombre que no la desea, entonces. –Dijo Brienne.

-No creo, creo que un tal Tormund tampoco la desea. –Comentó Jaime celoso, haciendo que ella abriera sus ojos en sorpresa. –Creo que prefiere otro tipo de mujer. –Concluyó Jaime esperando la reacción de la guerrera a sus palabras, pero aparte de sorpresa pudo notar dolor en sus ojos.

-¿Has venido a reírte de mí? –Le preguntó, provocando que Jaime se sintiera mal.

-He venido a averiguar quién es ese salvaje. –Continuó muy serio, no quería que ella pensase que estaba mofandose. –Por lo que me han contado expresa constantemente sus sentimientos hacia ti.

-Lo hace, y no quiero habl…. –Pero Jaime la cortó.

-¿Te gusta? –Preguntó simplemente.

-¿Qué? No, claro que no! –Comentó Brienne alzando la voz. Tranquilizando a Jaime, el cual sonrió.

-Bueno, entonces no veo motivo para no dormir aquí.

Jaime se dio la vuelta sonriente, se tumbó en la cama boca arriba cerrando sus ojos y dejando salir un suspiro de cansancio. Al notar que Brienne no se movía de su sitio abrió sus ojos para mirarla. Se fijó que la había visto pocas veces sin armadura, como en este momento, y eso le gustaba.

-¿Te vas a quedar ahí toda la noche? –Comentó Jaime sin moverse.

-No puedo dormir contigo. –Dijo su amiga en voz baja.

-Hemos dormido juntos muchas veces, ¿Recuerdas? ¿Cuál es la diferencia?

Brienne no contestó y miró al suelo, no podía creerse la situación en la que estaba. Tiempo atrás quizá se metería en la cama dándole la espalda y dormiría plácidamente, sin importarle su compañía, pero ahora las cosas eran diferentes.

Sabía perfectamente que tenía sentimientos hacia él. Muy fuertes. Más, incluso, que con Renly. Lo de Renly era platónico, pero lo de Jaime… era real, muy real.

Brienne se dirigió a la silla que tenía su habitación y se sentó. No entendía nada. "Que hace él aquí? No debería estar aquí. No debería estar sintiendo esto. No debería tener las ganas que tengo de dormir con él de nuevo." Se llevó las manos a la cara y cuando quiso darse cuenta estaba llorando.

A los pocos segundos notó como Jaime apartaba las manos de su cara y se arrodillaba ante ella. Brienne pudo ver su cara de preocupación, y ella apartó la mirada, no quería que la viera llorar, no quería que la viera débil.

-¿Por qué lloras? –Preguntó Jaime en un susurro. –Si en algún momento te he hecho sentir mal te pido perdón. No era mi intención. –Brienne lo volvió a mirar y notó la sinceridad en sus ojos verdes, pero eso solo hizo que llorara más. –Por favor, deja de llorar, no quería hacerte llorar. –Dijo él preocupado y agarrando una de sus muñecas con su única mano, para que no volviera a taparse la cara.

-Tienes que irte, Jaime, por favor. –Suplicó Brienne entre sollozos.

-¿Pero porque quieres que me vaya? –Preguntó Jaime dolido, aun arrodillado ante ella. –Somos amigos, Brienne. Por favor, dime porque lloras. –La desesperación en la voz de Jaime era palpable.

-Comandaré la tropa de Sansa en la gran batalla. –Contó Brienne, observando como Jaime se sorprendía ante la noticia. –Lucharé junto a ellos. No creo que sobreviva, son demasiados.

Observó cómo Jaime miraba al suelo después de recibir la noticia, notó como la mano que agarraba su muñeca estaba apretando ahora más fuerte.

-Vas a sobrevivir. Tienes que sobrevivir. –Dijo Jaime, y levantó su mirada para observar su ojos azules, empañados por las lágrimas. –No eres más débil por llorar, si eso te preocupa, todos tenemos miedo a la muerte.

-No lloro por eso. –Dijo Brienne rápidamente. –Lo que me da miedo es no haber vivido. No poder pasar más tiempo las personas que quiero. –Y diciendo eso, despacio, acercó su mano a la mejilla de Jaime, acariciándola, como si lo hubiera hecho toda su vida. El, aunque sorprendido con la caricia, cerró sus ojos, disfrutando de su mano cálida.

Brienne estaba sorprendida de su propio movimiento, estaba acariciándole la mejilla y él parecía que estaba disfrutando. Jaime abrió los ojos de nuevo y observó como el rostro de Brienne había cambiado, y aunque ella no lo supiera, podía notar una pequeña sonrisa en su cara.

-Yo también te quiero. –Las palabras salieron de la boca de Jaime sin pensar, sorprendiéndolos a ambos. Y de pronto, Jaime se acercó lo suficiente a ella para robarle un beso, rozando sus labios. Se miraron a los ojos, y ya no había sorpresa, ambos lo habían sabido desde hace tiempo, pero eran demasiado tercos y orgullosos para verlo.

Jaime se volvió a aventurar y esta vez la besó con más fuerza, soltando su muñeca para acariciar su cara de la misma forma que había hecho ella.

Pasó su lengua por sus labios, pidiendo profundizar el beso, lo que Brienne aceptó rápidamente y en seguida sus lenguas se juntaron por primera vez. Notaba la inexperiencia, pero también notó que en seguida cogió el ritmo del beso. "Aprende rápido" Pensó Jaime, feliz.

La posición en la que estaban era incómoda y las rodillas de Jaime comenzaban a estar doloridas, pero el beso valía la pena. Jaime nunca hubiera imaginado que Brienne tenía los labios tan suaves, tan adictivos.

Jaime bajó su mano hasta su cintura, atrayéndola más hacia el con sus brazos, sin dejar de besarla, haciendo que ella lo abrazara con sus piernas. Con el roce de sus cuerpos, sus respiraciones pronto empezaron a agitarse, provocando sonidos que solo avivaba más la intensidad de los besos.

Jaime se puso de pie rápidamente, cogiendo a Brienne de la mano para que lo acompañase hasta la cama. Y en unos segundos ambos estaban otra vez besándose, pero está vez en cama. Jaime se posicionó encima y ella le abrió sus piernas para que se acomodara entre ellas. A pesar de la ropa que los cubría, Brienne podía notar como el miembro de Jaime estaba más que despierto, rozando constantemente su centro. Mientras se besaban no podían parar de moverse, era como tener sexo con ropa.

Con una mano, Jaime despojó a Brienne de su camiseta, descubriendo que no llevaba nada por debajo de ella. Al fin tenía para él los pechos que le habían despertado la curiosidad en Harrenhall. Sin perder ni un segundo, bajó su boca hasta uno de ellos, haciendo que Brienne arqueara la espalda y emitiera un sonido de placer que Jaime quería volver a escuchar pronto.

De pronto el sonido de un portazo los asustó. Ambos miraron hacia la puerta y pudieron ver que Sansa estaba mirándolos con la boca abierta.

Jaime, enseguida se puso en pie delante de Sansa para taparle la visión de Brienne, que enseguida cogió su camiseta y se la puso de nuevo.

Jaime habló rápidamente. –Sansa, lo siento, he sido yo, de verdad.

Pero Sansa solo miraba para Brienne. –Esto se considera traición. –Dijo Sansa muy seria.

-Sansa, no se que… -Dijo Brienne nerviosa, mientras se acercaba a Sansa. Pero Jaime la cortó.

-He sido yo, Sansa, ella no quería, la estaba obligando, por favor, ella no ha hecho nada. –Jaime estaba desesperado, sabía que la condena por traición era la muerte. Brienne lo miró atónita y lo cogió del brazo de la misma forma que lo había hecho en Desembarco, haciendo que se girara hacia ella.

-¿Pero qué dices? –Preguntó Brienne enfadada, viendo la cara de miedo de Jaime.

-¿Es eso cierto? –Le preguntó Sansa.

-Claro que no! –Exclamó Brienne.

-Si, Sansa, la iba a violar. –Dijo Jaime alzando la voz, para que no escuchara a Brienne. –Si tienes que castigar a alguien es a mí, ella no ha hecho nada.

-Jaime… -Pronunció Brienne, con lágrimas en los ojos de nuevo. Estaba protegiéndola diciendo eso, estaba dispuesto a dar su vida por ella de nuevo.

Sansa los miraba atónitos, ella solo había venido a hablar con Brienne, a contarle que Jaime la había tratado bien y que con él quizá estaría a salvo. Y en cambio, se había encontrado con una escena que jamás imaginaría. Fue obvio para los ojos de Sansa que Jaime no la estaba violando, que ambos estaban disfrutando, le bastaron dos segundos para saberlo. Sabía que él se lo estaba inventando para proteger a Brienne.

-Brienne, -habló Sansa, tranquila, haciendo que los dos la miraran. -¿Te estaba violando?

Jaime miró a Brienne asintiendo con la cabeza, incitándola a decir que si. Pero de los labios de Brienne salió otra palabra. –No… -Jaime solo pudo cerrar los ojos y suspirar resignado.

-Lo siento, Sansa. –Siguió Brienne. –Es la primera vez que pasa, no fue planeado. Se que es traición pero… -Brienne miró a Jaime para acabar su frase. –Lo amo. –Notó como la mano de Jaime se tensó aún más. Pudo ver como por su mejilla caía una lágrima, y eso le dio aún más coraje para continuar. –Si esto es traición, moriría mil veces.