Perdón por la tardanza, espero que lo disfrutéis.


Ante la declaración de Brienne, Sansa miró al Matarreyes, que seguía con los ojos fuertemente cerrados, de rabia e impotencia, y su mano seguía agarrando la de Brienne.

Brienne en cambio estaba mirando a Sansa, la cual notó como su protectora la miraba con seguridad, pero a la vez con cierto temor. Sansa aclaró su garganta antes de hablar.

-Brienne, estoy decepcionada contigo, te has dejado llevar por una cara bonita. Es el Matarreyes .–Preguntó Sansa, haciendo que Jaime abriera sus ojos y para mirarla mientras hablaba. –Si fuera otra persona lo entendería, pero… ¿Él?

-No elegimos de quien nos enamoramos, Sansa. –Dijo Brienne, con voz segura, notando como Jaime apretaba con más fuerza su mano, sabiendo que eso se lo había dicho él hace mucho tiempo, aunque en una situación totalmente diferente.

-Pero tienes honor, jamás me imaginaría que te pudieras enamorar de la persona con menos honor de los Siete Reinos… -Decía Sansa sin entender los sentimientos de Brienne. –Además, creía que estabas enamorada del hombre que te regaló la armadura y la espada, como me dijiste la otra noche. –Comentó Sansa, mirando hacia Jaime, haciéndole saber que Brienne estaba enamorada de otro hombre, pero solo se encontró con una sonrisa casi burlona por parte de Jaime.

-La armadura se la he regalado yo, al igual que la espada de acero valyrio. –Comentó Jaime. –Era lo mínimo que podía haber hecho.

Sansa se sorprendió ante la confesión de Jaime. -¿Es eso cierto, Brienne?

-Si… -Suspiró Brienne. -No me he atrevido a decírtelo la pasada noche porque no sabía cómo sería tu reacción. Además… -Dijo mirando a Jaime, el cual le devolvió la mirada. –Confesarlo solo me haría daño. Pensé que sería imposible que me amara y decir en alto su nombre lo empeoraba todo.

-¿Imposible enamorarme de ti? –Le preguntó Jaime. –Creo que te amo desde Harrenhall, o incluso antes. Solo que… estábamos ciegos. ¿Crees me enfrento a un oso por cualquier persona? –Le sonrió Jaime y Brienne le devolvió la sonrisa.

Sansa los miraba atónita. –Está bien. –Dijo. –Esto se consideraría traición en cualquier otra circunstancia, pero no puedo decir que sea traición. –Miró a Jaime. –Eres mi esposo, pero ambos sabemos que lo eres por el hecho de que te necesitamos para ganar la gran batalla, y era la única forma de ganarse la confianza de los norteños rápidamente. Así que… -Miró a Brienne ahora. –No se considerará traición, al menos por mi parte. –Jaime y Brienne respiraron aliviados. Sansa siguió hablando. –Pero no puede salir de esta habitación. Nadie puede saber que esto ha pasado, nadie puede sospechar.

-Muchas gracias, Sansa. –Le dijo Jaime, y luego miró sonriente a Brienne.

-No sabemos qué pasará cuando llegue la Gran Batalla. –Continuó Sansa. –Pero lo que si sabemos es que mucha gente va a morir, cualquiera de nosotros puede morir. –Cogió aire y siguió hablando hacía Brienne. –Brienne, más que mi protectora, eres mi amiga. No sabemos que nos espera en un futuro, puede que nos queden días de vida, así que si quieres pasar tus noches con Ser Jaime… tienes mi permiso y comprensión.

La cara de Brienne se iluminó. –Sansa, ¿estás segura?

Sansa asintió y le sonrió a su amiga. –Claro que si, quiero que seas feliz, y puedo ver que desde que Ser Jaime llegó lo has estado.

Jaime sonrió y abrazó a Sansa, la cual no se esperaba un abrazo de su esposo, provocando una situación graciosa tanto para ella como para Brienne, que los miraba sonriente. Jaime se soltó del abrazo y volvió a su posición, al lado de Brienne.

-Eso si, -Dijo Sansa. –Si vais a dormir juntos tenéis que tener precaución. Siempre entrarás a la habitación de Brienne cuando estemos al cien por cien seguros de que no hay ningún guardia en el pasillo. –Ambos asintieron. –Cualquier precaución es poca.

Sansa volvió a sonreír a Brienne, y ambas se juntaron en un abrazo, mucho menos incomodo que el del Lannister. Era un abrazo natural, de amistad.

-Muchas gracias, Sansa.

-No tienes que dármelas, Brienne. Además, quien mejor que tú para vigilarlo. –Ambas rieron y Sansa se disponía a salir de la habitación, pero justo en la puerta se dio la vuelta para mirarlos por última vez y comentó: -Ah! Y recordadme que mañana ordene que os fabriquen un pestillo, no quiero volver a entrar aquí y encontrarme una escena parecida.

Y con eso salió riéndose, dejando en la habitación a una colorada Brienne y a un sonriente Jaime.

Cuando, al fin, se quedaron solos Jaime cogió una silla de la habitación y atrancó la puerta con ella.

-Creo que así evitaremos más interrupciones, ¿No? –Dijo Jaime mirando a Brienne, que parecía más nerviosa que antes.

Jaime se acercó a ella y, al quedar a su altura, Brienne le agarró la cara con las manos, acariciándole suavemente la poca barba que tenía, y lo besó. Jaime respondió rápidamente y cuando se dieron cuenta ya estaban tumbados en la cama de nuevo.

Jaime volvió a despojar a Brienne de su camiseta, y el aprovechó para quitarse la suya también y se lanzó a sus labios. Le encantaba el sabor de sus labios, y pese a su poca experiencia besando, Brienne lo hacía muy bien, aunque fuera por casualidad.

Jaime se encontraba encima de ella, mientras lo abrazaba con sus largas piernas. Sus besos fueron bajando por el cuello, donde se entretuvo un poco, haciendo que Brienne se desesperara. Notó las manos de Brienne en su pelo, incitándolo a que bajara más, y así lo hizo.

Bajó hasta sus pequeños pechos, besándolos y lamiéndolos, mientras escuchaba como la respiración de Brienne se aceleraba y pequeños gemidos, aun tímidos, escapaban de sus labios.

Después de un rato, la miró desde sus pechos, levantando una ceja y mostrándole media sonrisa, indicándole que iba a hacer algo diferente ahora. Siguió bajando por su firme abdomen, repartiendo besos allá por donde iba, y de un movimiento le quitó el resto de ropa que le quedaba, dejándola completamente desnuda ante sus ojos.

Él se quedó mirándola, por un momento se quedó bloqueado. Tenía a Brienne, solo para él, se iba a entregar a él, solo a él. El corazón le empezó a latir fuerte, tanto que pensó que Brienne lo escucharía. En ese momento se dio cuenta de que ella se había tapado el pecho con las manos, y notó sus nervios.

Jaime suavemente retiró las manos de su pecho, y las sostuvo encima de su cabeza con su única mano. Y Brienne habló, nerviosa. –No pasa nada si no lo quieres hacer, lo entiendo, se que no soy como las demás, se que no soy… -Pero Jaime no la dejó acabar la frase y la besó, no quería oír lo que iba a decir.

-Eres increíble, Brienne. –Le dijo, a centímetros de sus labios. –Claro que no eres como las demás. Eres mejor. Por dentro, y por fuera. –Brienne lo miró, sin creérselo. Y Jaime siguió hablando. –No todas tienen tus pechos. Son perfectos.

Briene bufó y dijo. –Son pequeños.

Jaime sonrió y dijo. –Para mi mano son perfectos, caben perfectamente. –Y llevó su única mano a uno de ellos, apretándolo ligeramente, haciendo que el cuerpo de Brienne reaccionara a su toque. –Y tus piernas, tus largas piernas… -Dijo Jaime mientras bajaba hasta sus piernas. Cuando estuvo a la altura empezó a besarle las rodillas, subiendo poco a poco hasta llegar a sus muslos. –A todos los hombres nos gustan unas piernas largas… -Y siguió besándole los muslos hasta llegar peligrosamente hasta su centro.

Su única mano ahora se coló por debajo del cuerpo de Brienne, tocando su trasero. –Y tu culo, Brienne. Desde Harrenhall he deseado tocarlo. Tan firme, tan trabajado… pero hay algo que estoy deseando probar.

Brienne lo miró, nerviosa, pero las palabras de Jaime habían surgido efecto y se sentía con más confianza. No sabía lo que iba a hacer, así que lo miró expectante. -¿Lo que? –Preguntó Brienne.

-Creo que me va a gustar, pero prefiero probarlo primero. –Y con eso, Jaime acercó su boca hasta el coño de Brienne, y con su lengua empezó a lamerle el clítoris.

Brienne cerró sus ojos y se dejó llevar por la nueva sensación. Jamás había imaginado que alguien le haría eso. Pensaba en sexo, pero jamás en que un hombre le haría sentir ese placer.

Jaime continuaba devorándola, y observó como Brienne arqueaba la espalda de nuevo del placer. Jaime disfrutó al escuchar lo gemidos que surgían de su boca, esta vez no tan tímidos.

Suavemente, introdujo uno de sus dedos mientras seguía lamiendo y besando el clítoris, y al notar que Brienne estaba lo suficientemente húmeda, introdujo el segundo.

Las manos de Brienne sujetaron fuertemente las sabanas, ahora arrugadas. E intentó acallar un gemido, pero le fue imposible, la boca de Jaime la estaba sacando de sus sentidos, hasta que aceleró aun más sus movimientos y el orgasmo la invadió, arqueando más la espalda y haciendo que la boca de Jaime se pegara más a ella, dándole más placer.

Cuando el momento pasó, Jaime se tumbó al lado de ella, mirándola con una sonrisa en los labios. Brienne lo miró, con la respiración aun agitada y su cara colorada.

-¿Qué pasa? –Preguntó Brienne, ante la mirada atenta de Jaime.

-Nada, me gusta verte disfrutar. Parece que te ha gustado, ¿Me equivoco? –Preguntó Jaime orgulloso.

Brienne se enrojeció aún más y tapó su cuerpo con la sabana, tapándose por el frio, pero también por timidez.

-No ha estado mal, Matarreyes. –Dijo Brienne bromeando, y el sonrió. Llevó su mano al miembro de Jaime, el cual notó duro como una piedra. Aun le parecía sorprendente que provocara este efecto en él. Pero Jaime le apartó la mano delicadamente, se abrazó a ella, posando su cabeza en el hueco de su cuello y cerró los ojos, preparado para dormir. Brienne se sorprendió, esperaba hacerlo con él esta noche.

-¿No quieres… ? –Preguntó Brienne confusa.

-Claro que quiero. –Contestó rápido Jaime, abriendo los ojos para mirarla. –Deseaba hacerte lo que te he hecho hace mucho tiempo. Y deseo también follarte… pero creo que la noche de mi boda con Sansa no es un buen momento para hacerlo por primera vez, ¿No crees? –Brienne lo miró y Jaime siguió hablando. –Me encargaré de hacerlo especial, Bri, déjame elegir un buen momento. –Y Jaime se volvió a recostar junto a ella y cerró los ojos.

Brienne podía sentir la respiración tranquila de Jaime en su cuello, sus brazos fuertes, aunque ahora un poco delgados, la estaban rodeando, como si se fuera a escapar durante la noche y no quisiera dejarla ir. Se sintió bien, se sintió feliz, y acariciando el pelo de Jaime, lo acompañó en el sueño.


¿Que pasará por la mañana?

¿Hablará Sansa con Brienne? ¿Se fía totalmente de Jaime?